Emm... Buenas noches, bueno lo son para mi xD... Antes que nada me disculpo por las demoras anteriores y esta, que no ha sido como las anteriores pero en si es una, he tenido unos tiempos difíciles con asuntos como la Universidad y el trabajo... Como sea...

No les ha pasado que a su Mouse les da sindrome anarquico y desea revelarse contra ti y no te deja usar como quisieras el ordenador, ¿no? ¿Solo a mi? Bueno, pues suele pasar y no ayuda mucho que seleccione todo lo que se le venga en gana :v
Bueno, ya dejando mis tonterias de lado, es dejo el siguiente capítulo, espero y sea de su agrado... Ahhh y soy mujer jovenes -_-!


Viviendo entre hienas 1: Conde Frederich Di Varendlí

''¿Has sentido alguna vez placer por el dolor? Te has preguntado alguna vez el porqué de aquel sentimiento. Digo, se trata de dos sensaciones que suelen ser completamente opuestas: dolor y placer, suelen asociarse con lo negativo y positivo, pero lo cierto es que a nivel cerebral están más cerca de lo que crees. Científicamente, la línea que separa dolor y placer es muy pequeña. Ambas sensaciones, primariamente físicas y que son muy intensas, activan el mismo circuito cerebral y liberan dopamina. La dopamina, es un químico cerebral que de cierta manera recompensa al cuerpo con una sensación agradable, similar a la de las drogas. En el caso del placer, la dopamina genera esa sensación de relajamiento y bienestar y, cuando hablamos de dolor, llama a disminuir en algo ese sufrimiento. ''

Cerró aquel libro y lo lanzo sobre su cama, mirando nuevamente por aquella ventana, sintiendo como la brisa fresca le reconfortaba; recordándole a cierta rubia platino que le robaba suspiros.

Cuanto humor tenía el mundo, cada que había algo que le hiciera sentir bien siempre lo cambiaban por algo doloroso; aunque de cierta manera lo disfrutaba. Era como tener una manzana prohibida codiciada hasta por su misma sombra, pero siempre sabiendo que solo había una persona que podía probarla; Ella.

-¿Porque tenían que hacer su inoportuna aparición cuando la soledad se afligía ante nuestra sonrisa perpetúa? ¿Qué incesante costumbre de hacernos sus actores en esta comedia fortuita, llena de altibajos que nos roban suspiros?-

Se tumbó bocarriba en su cama mientras cerraba los ojos, rogando al insomnio que la dejase de velar y diese paso a la inconsciencia, buscando que al menos de aquella forma sus pensamientos guardaran silencio para que su tormento fuese menos en aquel instante.

-Un poeta silencioso ante la humanidad afligida por sus propias reglas preestablecida ¿Cuánto más deben sufrir unos amantes perdidos en el tiempo para que sus labios vuelvan a sellarse?-

Antes de que lo notase sus parpados se habían cerrado y los recuerdos la habían vuelto a asaltar, como si de dagas se tratasen y quisiesen seguir abriendo las heridas que ya su alma contenía.

-º-

-Sí, se convirtió en la cosa más imperfecta de este mundo- planto un beso en la comisura de los labios ajenos, recibiendo un pequeño gruñido de la menor, no pudo evitar sonreír ante aquel gesto –Tomo mi amor fraternal, se convirtió en odio para después llenarme de confusión- unió sus labios y despegó rápidamente –y al final volverse este sentimiento inalcanzable, totalmente leal e indomable- sus labios se unieron por unos segundos, sus latidos se acompasaron y la sonrisa de ambas afloro –Te amo, Anna, y no precisamente como a una hermana-

-También te amo Elsa-

Sus labios se unieron en una danza imperfecta, descubriendo en ambas la inexperiencia en aquel tacto. Eran un beso casto, sin lujuria ni presunción, lleno de miedos, debates internos, deseos vividos y amor palpable. Era sin duda la muestra de su humanidad ligándose al infinito romance característico de los perdedores; aquellos que sufren sin parar solo para descubrir que la felicidad no se encuentra en el horizonte, si no a la extensión de su brazo. La rubia platino no pudo contenerse y, en un movimiento inesperado, coloco sus brazos alrededor de la cintura de Anna y la elevó dando un pequeño giro sobre sus propios ejes.

-¡Elsa!- gritaba entre risas la menor, mientras sostenía firmemente los hombros de la mayor

-¡Anna!- imitó en un intento de molestarle

Las manos en los hombros cedieron en su agarre y rodearon con delicadeza el cuerpo ajeno, la mayor sonrió y lentamente regreso a la chica al suelo. La noche había hecho su aparición, cobijándolas y resguardándolas de ojos curiosos, delineando sus siluetas en una imagen tan cómica para cualquier ladrón que supiese su historia y ridículamente romántica para cualquier pintor de cadáveres.

-Nunca pensé que fuese hacerse realidad esto- dijo de la nada Elsa, sintiendo como el peso abrumador de su silencio se escabullía sigilosamente lejos de su cuerpo

La menor solo oculto su rostro en el la abertura del cuello de la mayor, siendo acogida por los brazos ajenos en un tierno abrazo.

-Ni yo pensé que fuese posible, en realidad tenía la intención de huir a tu castillo de hielo y hacerme compañera de vivienda de Malvavisco si lo hubieses sabido alguna vez-

Unió sus frentes en un gesto de comprensión, dejando que una pequeña risa escapase de sus labios.

-Si eso hubiese pasado, créeme, habría ido por ti sin pensarlo-

Era el ambiente perfecto, entre la nebulosa que formaba el viento, los pétalos de las rosas caer y el rociar de la noche que comenzaba a ser más pronunciada, hacían de aquel momento el más perfecto que alguna vez imaginaron…

Sin embargo hay actos que acarrean problemas que nunca esperamos enfrentar, no nos alistan para cada escena de la vida, para cada caída y levantamiento de telón; aunque se piense que los problemas se esfumaran porque el tiempo y las condiciones estás de nuestro lado.

Una joven castaña, la misma que tiempo atrás se había retirado de aquel santuario privado, atravesó el umbral de la puerta con una velocidad descarriladora, llegando de tal manera que hizo que ambas jóvenes se soltaran con miedo a ser descubiertas. El semblante de ambas se puso serio al verla parar en seco frente a ambas e intentar articular palabras, que terminaban silenciadas entre balbuceos y exhalaciones chillantes.

Una mano blanquecina se posó en su hombro y la miro con seriedad, dejándola sin palabras por la impresión, una sonrisa cándida y un asentimiento de la pelirroja fueron suficientes para darle a entender que podía relajarse y tomar un poco de aire antes de decir aquello que la tenía con tal alteración.

Negó con rapidez y tomo sus rodillas en un intento de hacer llegar el aire a sus pulmones con más rapidez. Levanto el rostro y cruzando miradas con la monarca dijo tras una gran exhalación…

-La guardia de uno de los reinos visitantes está aquí, junto a dos miembros del consejo, dicen que su majestad debe acompañarlos en términos de arresto-

Anna quedo petrificada ante aquella noticia, Elsa sin embargo estaba estática e imperturbable, con una seriedad perfecta. La pelirroja tomo su mano, frunciendo ligeramente cuando sintió los pequeños espasmos provenir de la monarca.

-Elsa…- la menor iba a comentar algo para intentar calmar a la mayor pero está interrumpió

-Diles que bajo enseguida, y que por favor no armen un alboroto innecesario-

Quedaron en silencio hasta que la castaña atravesó nuevamente aquella puerta, Elsa giro y miro a los ojos a la chica que le sostenía con fuerza las manos.

Sus ojos conectaron y nuevamente aquel tan conocido sentimiento se instaló en ellas, la rubia platino negó, recibiendo un abrazo efusivo de la menor.

-No es justo… No lo es- con sus palmas recorrió con pequeñas caricias la espalda de la menor, está solo reforzaba el abrazo

-Ambas sabíamos que tarde o temprano este momento llegaría- Anna asintió y elevo su rostro y le miro con lágrimas recorriéndole

-Lo sé, pero sigue sin ser justo… Ahora cuando las dos…-

Los labios de la mayor atraparon los ajenos, haciéndolos callar al instante, los cuales no tardaron en responder. Se separaron con lentitud, sin embargo sus rostros seguían a escasos centímetros, la mano de Elsa recorrió con lentitud el rostro de la menor, besando las lágrimas que moraban un pequeño sendero salado, dedicando una cándida sonrisa cada que tocaba la piel.

-Anna, quiero que me hagas un favor…- la menor le miro intentando descubrir aquellas palabras antes de que salieran de los dulces labios de su hermana -…quiero que te quedes fuera de esto...- un dedo detuvo los arbitrarios labios que intentarían reprochar aquella petición antes de dar explicación –No quiero que veas como me llevan, sé que si alguno de ellos me mira mal, lo cual pasará, o me insinúa un insulto te volverás explosiva e irracional- acercó sus labios al oído de la menor y beso –lo cual me encanta, por cierto- un escalofrió recorrió su espina pero lo ignoró por el comentario anterior

-Prometo contenerme, sé que puedo….-

-Sé que puedes, pero no dejare que alguno de ellos te ofenda a ti en mi presencia…- Tomo su rostro y le miro con seriedad a los ojos –Si alguno de ellos intenta tocarte, insinuar algo u ofenderte frente a mi persona prometo que pasara lo mismo que sucedió con aquel hombre- desvió su mirada y sonrió con melancolía –Tengo más miedo de lo que te puedan hacer a ti de lo que me puedan hacer a mí, yo soy solo un mons…-

Unos labios tomaron presos los suyos, robándole el aliento, cortando sus palabras.

-No se te ocurra completar esa frase en mi presencia Elsa Arendelle, o atente a las consecuencias-

La mirada oscurecida de la menor le erizó la piel y solo pudo asentir mientras sentía como se atragantaba con su propia saliva; sintiéndose tan vulnerable ante esa chica que lloraba en ese momento.

-Comprendo y siento mi avidez, ha sido solo la reprimenda mental a causa de está situación- sonrió de medio lado y le beso la mejilla derecha, Anna sonrió y volvió a unir sus labios

Las manos blanquecinas recorrieron la cintura ajena, atrayéndola e intensificando aquel beso. Los segundos pasaban con velocidad alucinante, obligando a la rubio platino a separarse de la menor para corresponder a sus responsabilidades.

Un nuevo silencio se instaló entre ambas, mientras recuperaban algo de oxígeno, Elsa le miraba con intensidad esperando su respuesta, la menor solo se debatía entre lo que era mejor en ese momento. Al final solo desvió la mirada y asintió, recibiendo un abrazo y un ''Gracias'' de parte de la mayor.

-º-

La cabellera negra revoloteaba de un lado a otro, siendo despeinada por el nauseabundo aroma de aquel pueblo podrido, o eso pensaba aquel joven de ojos verdes. Su vestimenta constaba de un saco rojo con bordado dorado, encubriendo una camisa blanca perfectamente peinada en las solapas y el cuello, un pantalón de vestir con las mismas características del saco y zapatos negros; el típico atuendo de un niño de reino. Suspiro y recostó su espalda en el respaldo del asiento. La noche estaba cayendo pero él debía atender los asuntos de su padre en su ausencia. Sonrió con ironía y volvió su vista a la ventanilla.

Sus ojos recorrieron sin interés todo lo que lograban captar del pueblo de Arendelle, aquel lugar del que todos hablaban y a él le había parecido tan hermoso al llegar; sin embargo ahora parecía tan vació, frio y vil. Apretó sus puños al ver a las personas caminar tan sonrientes por todos lados, ignorando el hecho de que un día atrás se había encontrado a un hombre muerto, sin duda alguna mutilado por hielo.

-Vivir en la ignorancia les trae placer- menciono entre dientes

-No deberías juzgarlos antes de conocerlos, Frederich- él chico volteó y miro con calidez a la mujer castaña que sostenía su mano, sonrió y suspiro, aun con la espina de rencor clavada en su pecho

-Lo sé, Madre, simplemente no entiendo cómo pueden ignorar tal hecho como si hubiese sido un perro callejero el que murió- su mandíbula se apretó y una lágrima rodo por su mejilla

-Tranquilo, pronto sabremos que sucedió-

Suspiró con pesadez y, soltándose de la mano protectora de su madre, tomo posición recta y cruzo los brazos con el ceño fruncido. Le miro con tristeza, sintiéndose protegido ante los orbes cafés de su progenitora, y con una pequeña sonrisa irónica desvió la mirada de sus ojos.

-Aclarar los hechos no me devolverá a mi Padre- sentencio antes de volver su mirada a aquella ventana y seguir observando al gentío que cruzaba

-º-

-Elsa Arendelle, queda arrestada por el asesinato del Duque Franz Di Varendlí-

Se quedó estática en su sitio, sintiendo que el poco valor que la consumía era remplazado por el miedo y la confusión ante aquellas palabras; era verdad que había decidido tentar su suerte y pedir explicaciones de que se le acusaba, pero nunca pensó en aquella respuesta. Un mercantil importante, quizás, un primo de algún noble, quizás, el protegido de algún general, quizás… pero nunca pensó en un Duque. Y eso la hizo enfurecer.

Escucho el tintinear de unas llaves y supo que habían llegado a su destino. La puerta de la carroza se abrió y, entre cinco guardias, fue escoltada hasta el salón de juicio.

Su mirada se mantenía concentrada en los pasos ajenos a los suyos, preparada para cualquier circunstancia que intentara atentar contra su vida; conocía las emboscadas que se le hacían a cuanto noble se pudiese, solo para ver un reino vulnerable y atacarlo, y ella no tenía razones para confiar en guardias ajenos que no le dieron explicaciones de su arresto hasta que salieron del castillo.

El camino era largo y silencioso, con un aire ofensivo que alertaba a ambas partes. Llegaron al final de aquel corredor, que parecía interminable, frente a dos puertas monumentales de color cobre, figurando un león con espadas cruzadas como símbolo del valor y la honestidad; justicia fatídica, pensó la monarca.

Uno de los guardias se paró frente a ella y le mostro unos grilletes, Elsa comprendió y elevo sus brazos, dejando que apresaran sus muñecas con tales herramientas. Sonrío al recordar todas aquellas historias que redactaban los libros de las bibliotecas, siempre remarcando el intenso frío que caracterizaba a los brazaletes de metal que llevaban aquellos que tentaban su suerte en el juicio; ella los sentía tan cálidos, si no fuera por su naturaleza fría se habría atrevido a cuestionar todas esas historias e incluso desprestigiar a cada autor por sus falacias.

Las puertas se abrieron de par en par, develando una pequeña sala común, donde se encontraba el escritorio del Juez, del cada lado había un par de sillas donde se sentaban uno de Ministerio Público y Defensa, Secretario de Acuerdos, el Testigo y el lugar del Ofendido. Todo dando una perfecta vista al pedestal donde le tocaba pararse al acusado, en este caso ella.

Se posicionó y todos esperaron a que los guardias tomaran sus posiciones en toda la sala, preparados para cualquier percance que pudiese suceder. Suspiro hastiada de aquella situación, levanto su mirada y la dirigió a todos los lugares. El Juez era sin duda el consejero del Rey, el General de la Guardia Real era el que representaba al Ministerio Público y Defensa, la joven Jefa de Navío era la Secretaria de Acuerdos, un joven de melena castaña, quien le miraba sonrojado, era quien ocupaba el lugar del Testigo y el Ofendido, le parecía demasiado elegante para todos los que se presentaban, así que asumió que era parte de la familia del Duque o de su jerarquía.

-Primeramente, buenas noches su Majestad- comenzó el Juez con un rostro sereno

-Buenas noches- respondió con frialdad

Los presentes devolvieron el saludo y el Juez tomo unas hojas que se encontraban frente a él y se las entregó a un guardia quien las acercó a la rubio platino.

-¿Sabe a qué se debe nuestro repentino encuentro, Majestad?- menciono mientras miraba a la joven que escudriñaba con rapidez la información de aquellos papeles

-Se me acusa del asesinato del Duque Franz Di Varendlí ¿no es así?- pregunto regresando los papeles a las manos del guardia

-Es correcto- asintió mientras hacía señas para que le regresaran los papeles –Así que ahora hare la pregunta correspondiente ¿Cómo se declara?-

Elsa les miro sin pizca de miedo, siendo la seriedad quien reinaba en su mirada. Con voz firme y sin titubeos aclaro…

-Culpable, he visto las fotos y es verdad que yo mate a ese hombre-

Todos asintieron conformes, aliviados de no tener que sobrellevar un extenso y agotador juicio, litigando lo obvio con la absurda negligencia del monarca.

-Me alegra que lo reconozca mi Reina, pero aún es necesario que nos diga a que se debió ese acto, entendiendo que bajo su testimonio y las pruebas se tomaran las riendas para la sentencia que se impondrá- dicto el Juez con dureza, dando a entender que nada lo haría cambiar de opinión, ni siquiera su cercanía a dicha familia

-Comprendo- asintió y dio un hondo suspiro

Los miro a todos a los ojos, entendiendo que todos esperaban con paciencia su relato, elevando una ceja ante la ansiosa mirada del joven pelinegro, quien la escudriñaba de manera incomoda.

Con la postura firme y la voz serena comenzó a relatar la salida con su hermana, la visita a la celebración del solsticio de otoño, el encuentro con el chico reno, la competitiva carrera en los puestos de juegos de azar y la caminata de regreso. Trago pesado y apretó un poco los puños, dejando que la ira, entremezclada con el miedo, invadiesen un poco de ella. Había explicado de manera banal y poco detallada aquellos momentos que no eran relevantes, sin embargo esto debía ser dicho a completo detalle. Cerró los ojos y suspiro, obligando a sus sentimientos sucumbir ante su terca personalidad serena y fría.

Los presentes le miraban sin emoción, analizando y haciendo apuntes a cada palabra que mencionaba, lo que le hizo sentir orgullosa; saberse parte de un jurado que no distinguía entre realeza y personas del pueblo.

Volvió a sus memorias, después de su inútil divague por tratar de ordenar sus pensamientos y emociones. Las palabras salían acorde a las memorias que cruzaban su cabeza, detallando con mero desagrado cada partitura de aquella sonata que solo canturreaba la muerte ajena. Más de una vez su voz tembló, dejando en claro el dolor y la ira que le embargaba.

Sus palabras cesaron tras un ''Eso fue todo''. Todos los presentes asintieron, no sabiendo que decir y pidiendo tiempo, en palabras mudas, para poder organizar sus ideas ante la situación descrita. Excepto un joven de ojos verdes que le miraba con una pisca de impresión, sintiendo la ira recorrerle ante el rostro sereno y la mirada fría que sostenía la monarca. Sin embargo su malestar no era que la situación no pareciese molestarle a la chica, ya que la lágrima que bajaba por el ojo derecho daba a entender lo contrario, si no el que su padre fuese el culpable del dolor y pesar que la chica experimentaba.

Pego sus codos a la mesa y unió sus manos, dejándolas sobre su cabeza mientras agachaba el rostro y apretaba la mandíbula, maldiciendo internamente a aquel que solo le hacía confundirse y herirse más.

Flashback-

-¿Es tu última palabra?- gritaba el joven pelinegro mientras lágrimas recorrían su rostro

-Ius Primae Noctis, ¿pensé que ya lo tenías claro?- respondía un hombre tomando entre sus manos varios papeles –ahora has el favor de retirarte que necesito terminar este papeleo-

El castañear de los dientes del joven solo hacían la sonrisa repudiarte de aquel hombre ensancharse más. Suspiro con asco y levantó su mirada, retando a la que le miraba con superioridad. El color verde jade que ambos compartían en sus iris solo hacía que la ira fuera en aumento, cegando con clandestinidad su razonamiento.

-¡Ius Primae Noctis!- golpeo con fiereza la meso frente a él –¡¿No estarás hablando en serio?!- Se puso de pie y tomo las solapas del ropaje de aquel hombre, obligándolo a levantarse -¡Violaste a mi prometida maldito degenerado!-

Una risa estruendosa le hizo desesperar, pero antes siquiera que pudiera levantar la mano para asestar un golpe contra aquel hombre unas delicadas manos sostuvieron sus brazos.

-¡Basta!- giro su rostro y sus fuerzas volvieron a sucumbir ante la mirada rota de la joven rubia que le sostenía

Soltó los ropajes de aquel hombre y la abrazo con total protección.

-Lo siento Elena, lo siento- sus rodillas querían ceder, pero los brazos lánguidos y débiles le recorrieron

-Pero mira que hermosa pareja, una impura y un nob…-

Las palabras del hombre quedaron en el aire cuando un golpe fue asestado en su rostro.

-¡A Elena no la vuelves a ofender!- volvió asestar otro golpe en su estómago y antes de que cállese le tomo de las solapas y lo elevo hasta quedar sus rostros a escasos centímetros –Un día me las vas a pagar, juro que me las pagaras- farfullo ente dientes

Soltó al hombre y dejo que el cuerpo golpeara de lleno contra el suelo. Miro nuevamente a la joven y la tomo entre sus brazos mientras salía de la habitación.

-Lo siento, Frederich, yo…- el joven la miro y con una lágrima recorriéndole, y una sonrisa beso sus labios

-Nada fue tu culpa, así que no te mortifiques más, entre ambos superaremos esto- fue besado ahora por la mujer que le miraba aun con culpabilidad

-Te amo Frederich, no sabes cuánto-

-Y yo a ti, mi preciosa Elena-

Flashback end-

Una mano en su hombro lo despertó de su pequeño letargo, giro y noto al oven herrero que yacía como testigo de la situación, este le sonreía con comprensión, después de unos segundos en los que se miraron, el herrero quito su mano y volvió su vista a la joven que esperaba paciente cualquier dictamen.

-¿Puedo preguntarle algo, su majestad?- dijo sin despegar su mirada de la reina

-Claro- respondió volviendo a posar su mirada en la monarca

-¿Usted que hubiera hecho?- dijo fijando la mirada en el conde

Respiro con lentitud y recordó el relato de la joven. En ningún momento escucho de su parte algo sobre enojo, furia, ira decepción o algún sentimiento y o situación que la hubiera hecho querer atentar contra la vida de algún individuo. En realidad se le veía feliz al recordar ese paseo por el pueblo que, algo avergonzada admitió, apenas conocía, siendo su guía la joven princesa consorte.

Poso su mano en su cabello y miro al joven herrero, este le miraba esperando su respuesta, le sonrió y cerró sus ojos.

Las imágenes de la platina relatando una caminata, para culminar un día memorable fue donde hizo la primera pausa que hubiese tenido, siendo por fin alguna emoción, que no fuese alegría, la que surcara sus facciones; ira, enojo, frustración. Encontró sus puños cerrados y mandíbula tensa una muestra de la humanidad que pocos creían que tenían. Lo que relato después fue solo el culmina para saberla inocente ante cualquier cargo, siendo ella la victima convertida en victimario por las circunstancias, protegiendo lo que más amaba.

Miro nuevamente al herrero y este le sonrió, como si supiera que el necesitaba aquel tiempo para analizar la situación, suspiro y miro nuevamente a la joven. Admirando aquella valentía tenaz por mantener sus emociones al margen, mostrándose estoica e inquebrantable; digno de una monarca redimida, pensó.

Recordó a su prometida, la cabellera rubia y los ojos miel, los labios rosados, sus hoyuelos al reír, sonriendo inconscientemente. Asintió tras unos segundos y volvió a mirar al joven.

-Hubiese hecho lo mismo- el herrero asintió conforme y volvió a desviar su vista a la monarca

-Yo igual- sentencio antes de que el Juez carraspeara un poco para llamar la atención de los presentes

-Antes de dar el veredicto, es necesario que el Testigo explique parte de su experiencia-

El joven herrero asintió y se levantó, mirando con admiración a su monarca, quien correspondía con una mirada de aprobación.

-Como he dicho antes de que mi Reina mostrará presencia- le asintió a la monarca –Yo estaba en mi taller terminando algunas dagas y espadas que el General de había pedido- el General asintió dando razón –como ya era tarde decidí salir un poco, ya saben a tomar aire fresco y fumar un puro- todos asintieron –al estar fuera me dio un poco de hambre, recordé las festividades del pueblo y decidí encaminarme y comprar algo para comer. Llegue, hice mi compra y me retire, aun me quedaba bastante trabajo y las festividades duraban hasta el día siguiente. Cuando iba cruzando por un callejón escuche algunos ruidos extraños, así que me acerque un poco ante la curiosidad- un tono rosáceo comenzó a teñir sus mejillas y desvió la mirada –Vi al hombre en cuestión y a una joven en pleno coito, así que decidí retirarme para no interrumpir sus actividades- tosió un poco y sacudió la cabeza, en un vano intento de desaparecer el sonrojo de sus mejillas –como estaban en la otra esquina de donde paso para llegar a mi hogar, me di media vuelta y tome el camino largo, así aprovechaba y me distraía un poco de lo que acababa de ver, afortunadamente me encontré con Isaac, un artesano con el que me asociaba cuando eran pedidos grandes o necesitaba piezas de especial proveniencia- una sonrisa adorno su rostro –Nos dimos el tiempo de cotillear un rato y ponernos al tiempo con nuestras vidas- la Jefa de Navío asintió conforme, siendo ella la que interrogara al sujeto en cuestión –decidí, cuando supe que ya era tarde seguir mi camino, así que seguí por el camino largo, pasaron unos minutos cuando visualice la calle estrecha del pueblo y vi al hombre de antes. Este iba tambaleándose así que supuse que estaba ebrio, camine detrás de él por si acaso caía auxiliarlo, es normal que en estas fechas ocurran casos así. En un momento lo perdí de vista, así que supuse que habría entado a su hogar, continúe mi camino. Al llegar a cierta altura note a la reina y la princesa abrazadas, bueno la reina abrazando a la princesa, esta solo sollozaba. Iba a acercarme, pero en cuanto iba a dar un paso note las columnas de hielo emergentes del suelo y al hombre incrustado en ellas- trago pesado –me quede en shock, y solo fui consciente de que huía cuando llegue a mi casa y caí de rodillas frente a la puerta-

Un nuevo silencio se formó en la sala, el hombre miraba con disculpa a la reina, esta solo le sonrió y asintió, quitándole la espina de culpa que habría surgido ante su testimonio. El Juez se puso de pie y tomo unos últimos papeles, caminando y entregándolos personalmente a la reina, está sonrió y los tomo.

-Ante su testimonio, las pruebas hechas al cadáver, el testimonio del testigo y la descripción del hijo de este sobre el sujeto en cuestión, no nos queda duda de que ha sido defensa propia- giro y camino de nuevo a su lugar, mirándola a los ojos en cuanto tomo su posición –sin embargo, aun así ha cometido un delito su majestad- Elsa asintió- que será castigado, no de manera severa como lo sería un asesinato intencional, pero aun así castigado- miro al General y este asintió mirando a la monarca

-Por la presente acta, que se le ha entregado hace unos momentos, se le dará un acto de formal prisión por un mes, despojada de sus bienes y poder sobre el reino en este lapso de tiempo, sin embargo cumplida la sentencia, y sin inconvenientes, será devuelta su posición y todo volverá a la normalidad- termino con voz firme y haciendo unas señas a los guardias

-¿Puedo pedirles algo antes de que me sean quitados mis criterios de gobernante?- pregunto la joven con una sonrisa, el juez asintió deteniendo a los guardias que caminaban hacia la joven, Elsa asintió y miro a la Jefa de Navío –Por favor, ayuda a Anna en sus labores reales, eres la persona con mejor entendimiento sobre la estrategia mercantil y cultural en esta tierra, es lo único que le pido- la joven asintió, sintiendo un imperceptible rubor adornar sus mejillas

-Por mi honor lo hare su majestad-

-¿Eso es todo lo que tiene por decir, Reina?- dijo el juez mirándola, esperando que negociara una prorroga o un acuerdo para el encierro

-Sí, es todo Juez- el joven pelinegro le miro con sorpresa

-Juez, si me permite quisiera abogar un poco por ella- cuestiono Frederich al ver que no intentaba nada por librarse del encierro

-Conde Frederich, todo está dicho….- Elsa le miro con sorpresa

-Lo sé, pero ya que ella es firme en su postura y no permitirá que las leyes sean quebradas o fisuradas con la oferta de una prórroga, quisiera saber si fuese posible entregarle un perdón por la injuria, que no era más que un acto de defensa, y que se resolviese con un acto de solidaridad entre los reinos-

El Juez le miro sorprendido, si no fuese porque el escucho a ese joven decir que quería condenar al responsable de la muerte de su padre, hubiese creído que ese juicio no tenía sentido. Medito unos segundos las palabras del joven y asintió, mirándolo de nuevo.

-¿Y qué clase de acto solidario tiene pensado?- el joven cerro los ojos y pensó

–Vera, a mi prometida, Elena, le ha encantado un palacio de hielo que está en la montaña del norte- miro a la Reina y se rasco la nuca- me preguntaba si sería posible que se pudiese hacer un viaje de excursión, incluyendo a los niños del pueblo que aman a su majestad-

Elsa seguía sin creérselo, estaba preparada mentalmente para pasar a la prisión y cumplir sus responsabilidades por aquella muerte, sin embargo el joven, que ahora sabia hijo del difunto, le daba una salida igual de responsable, pero más benéficas para ambos reinos. Asintió, todavía con su mirada de asombro, sacando una sonrisa del Joven que le miraba con entusiasmo.

-Gracias Reina, en verdad gracias-

El juez miro sonriente la escena de ambas partes, satisfecho con el culmine de todo esto. Volvió su vista a los representantes de la Guardia y los tratados mercantiles, antes de todo estaba la democracia que había establecido la Monarca, estos asintieron sonrientes, y miro al testigo, este solo se encogió de hombros y asintió.

-Bueno, habiendo terminado las negociaciones y todos los presentes de acuerdo, será tramitada su inmediata liberación y el perdón del nuevo Duque Frederich será entregado en el plazo de una semana o antes- levanto una mano y un guardia se acercó y quito los grilletes de las manos de Elsa, quien se sobo inconscientemente estas –Si no hay nadie más que tenga algo que decir o mencionar sobre dicho juicio doy por termina…-

-Yo tengo algo que decir-


El derecho de la primera noche, o Ius Primae Noctis en latín, era el derecho del noble a tener relaciones sexuales con una muchacha recién casada durante su noche de bodas, antes que el marido. Hay datos de esta práctica desde hace 4 mil años y su época más famosa fue en la Edad Media, pero muchos cuestionan que realmente sucediera.

También era usada como excusas para cometer violaciones a diestra y siniestra, creando una laguna en los juicios, donde salían impunes y con aire de ser solo guiados por los mandamientos del Reino... Si, me puse a leer xD

Bueno, después de haber aclarado todo, ya estoy escribiendo el siguiente capítulo y se que esta vez estará mucho antes que este... Ah si, el final esta cerca, así que afilando sus antorchas y prendiendo sus tridentes :v (Se lo que escribí xD)

Aldmagali: Jajaja, como ves, ya me pondré las pilas y publicare más seguido. Me alegra que te haya gustado y espero no tardar mucho... Y ya actualice xD

Danae Ravenclaw: Primeramente gracias por tu comentario, me alegra que te guste la historia.

Y yo también odio a su padre!

Y bueno... Llegando al punto importante sobre la etiqueta de tragedia, ya tenia pensado desde un principio que la historia fuese algo tragica, como has visto...

Jajajaja Si, a mi también me ha pasado que aniquilen mi felicidad en varios fic, y siendo sincera... No te diré si sera un final bueno o no, estoy algo indecisa aún, pero espero y te guste sea como sea que termine (No se mucho inglés así que respondí en español xD)

majo cf: Jajaja claro que la seguire escribiendo y espero y siga siendo de tu agrado, saludos *-*

Bueno ahora sin más, espero y siga gustando y saludos xD