Los personajes de Naruto no me pertenecen si no a Masashi-Sama...

Cuando era una adolescente, leí una de mis primeras novelas que me enamore completamente de la historia. La verdad es que por problemas la perdí y (aunque paresca una broma) no recuerdo el nombre de la autora, ni de la novela en sí :'( . No pude encontrarla aún tampoco, pero bueno... Ésta historia esta basada en ella, en partes... Recuerdo el comienzo y el final y parte del desarrollo. Entonces por eso decidí agregarle unas cuantas cosas.

Si alguien reconoce el concepto de la historia no me podrían decir ¿cómo se llama? Le estaría eternamente agradecida...

Notas: En la novela, en la cual me base para la idea, no tiene nada de fantasía. Esa parte la agregué yo ya que no me acordaba el motivo del secuestro :P ( Detalles, detalles hahaha)

Héroe

Capítulo 5

Poder total

Hinata sentía que su cuerpo se movía sólo y le dolía cada parte de su ser por la cabalgada del día anterior. Se quejó aún con los ojos cerrados, creyendo que tal vez Kiba o Shino intentaban levantarla. Pero sus ojos se abrieron de golpe al sentir la mordaza en su boca.

Copas de árboles pasaban por arriba de ella y se dió cuenta que su cuerpo se movía ya que la llevaban en una carreta de madera. Parpadeo cuando un rallo de sol le golpeo en los ojos. Quiso mover sus extremidades para ponerse más cómoda, pero sus manos estaban atadas a su espalda y sus tobillos también.

Poco a poco y cada vez más despabilada, empezó a escuchar voces y los cascos de los caballos golpiar contra el suelo. Se preguntó por Kiba y Shino, rezó para que ellos estuvieran bien y no les hubiera pasado nada. Lo último que recordaba era que se había dormido en el improvisado campamento que habían armado.

Cuando la carreta se detuvo, cerró los ojos y relajó el cuerpo para que creyeran que seguía dormida. Sintió los pasos que se acercaban a la carreta e intentó mantenerse totalmente relajada.

—Sigue durmiendo. Milord estará complacido.

Una segunda voz se unió.

—Es una dama muy hermosa.

—Recuerda, es peligrosa. No la sueltes ni le saques la mordaza. Es una serpiente venenosa.

Hinata se mordió el interior de la mejilla para no contestar. Así que después de todo, el Duque Toneri había conseguido encontrarla y "rescatarla". Hubiera deseado que nunca lo hubiera logrado.

—Milord no le gustará que hables de esa forma de Milady...

—El duque me lo dijo, idiota. No te dejes engañar por su bonito rostro. Puede ser que sea tan bruja como su madre. El Hokage a castigado a nuestro señor con éste matrimonio...

—El duque parecía más bien furioso cuando se enteró que su prometida había sido secuestrada..

—Obviamente — le interrumpió el otro—. Es de él, su propiedad. Nadie le saca algo al duque de Hiden, imbécil. — La voz poco a poco se iba apagando, lo que le decía a Hinata se que apartaba de la carreta.—¡Ayúdame con ésto! Deja de mirarla de esa forma..

—Es que es muy hermosa...– Fue lo último que llegó a los oídos de Hinata junto con los pasos de hombre.

Respiró profundamente para tranquilizarse, porque más que asustada estaba furiosa.

Debía buscar la forma de liberarse.

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Los jadeos del garañón interrumpian el silencio que reinaba el bosque junto con los cascos golpeando en el suelo.

Naruto no sacaba la vista del frente, buscando alguna señal de sus hombres, pero nada le demostraba que estaban cerca. Desde que había salido del castillo de Otsutsuki no había detenido su marcha y si lo había hecho fueron unos intervalos cortos para dejar que su caballo descansará, transmitiendo su fuerza con la ayuda del Kyubi.

Unos aleteos en lo alto del cielo llamaron su atención y el llamado del Alcón le hizo saber que era uno de los suyos. Tiró de las riendas, detendiendo al caballo en su carrera. Silvo con fuerza alzando el brazo derecho, el Alcón bajó en picada después de dar unas vueltas en aire. Las garras de la magnífica ave se incrustaron en su brazo, pero el rubio no presto atención a ello. Sacó el pergamino envuelto en la pata y lo leyó sin perder un segundo.

"Plan B"

Naruto maldijo en voz alta y dejó que el alcón volará. Nada estaba saliendo como lo habían planeado.

Hizo que su caballo volviera en sus pasos. Debía interceptar a los hombres de Toneri y para eso no necesitaba a nadie, pero primero debía saber adónde se hayaban. Bajó de su garañón y ató las riendas en una rama baja. Se sentó bajo un tupido árbol, para protegerse de los rayos del sol y cerró los ojos.

Kurama no sólo lo hacía más fuerte, resistente o veloz que los demás, tenía muchas cualidades que sólo él sabía. Se concentró, respirando con tranquilidad hasta que sintió como si su mente dejará su cuerpo. Pudo apreciar los alrededores sin siquiera levantarse y con una velocidad extraordinaria comenzó a recorrer el bosque, buscando a la persona que debía encontrar.

Árboles de distintas edades paseaban a su alrededor, conejos saltando buscando comida, un jabalí tomado agua del arroyo, una serpiente arrastrándose en el camino. Pájaros de distintos colores volando a distintas direcciones. Cada vez su mente volaba más lejos, giró a la izquierda, derecha y derecha de nuevo, buscando la escencia de un humano. Cuando estaba para girar a la izquierda escuchó un grito que perforó el aire. Los pájaros, que estaban tranquilos en las ramas, volaron asustados por la interrupción de la paz de su santuario y su mente voló a la dirección de ese alarido de dolor.

Antes de llegar a ese lugar, vió como Hinata encima de un caballo iba en la dirección del cual él venía. La oji perla veía sobre su hombro, sin prestar mucha atención por donde se dirigía el desbocado caballo moteado.

Su mente volvió a su cuerpo en un parpadeó y él volvió a levantarse, corriendo a su garañón.

Debía buscarla antes de que ella se alejará más de él.

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Hinata recién se detuvo cuando el sol se estaba ocultando, dejó que el caballo descansará mientras ella se acercaba al río que escuchaba no muy lejos de ella.

Tenía la camisa rasgada en la manga y rasguños en los brazos y mejillas. La tarde comenzaba a refrescarse y ella no tenía nada para abrigarse. Se lavó el polvo de las manos y el rostro, sintiéndose desesperada por saber que había sucedido con Shino y Kiba. Rezó para que estuvieran bien con la vista perdida en el agua.

Tan sumida en sus pensamientos estaba, que no escuchó los pasos que se aproximaban a ella.

—Hinata...

Ella dió un respingón, dándose vuelta se levantó rápidamente. Sus pies se enredaron entre sí y sintió que caía de espaladas al agua. Brazeo buscando algo de que aferrarse y cuando estaba segura de que caería de bruces al agua, una mano calida la tomó de la muñeca y la tironeo hacia la dirección contraria. Aterrizó sobre un pecho duro como la roca y un aroma que le resultó familiar. Unos brazos abultados y musculosos le rodearon la cintura, aunque estos eran duros como el acero, la caricia fue tierna y delicada.

Hinata levantó la mirada para encontrarse con unos ojos celestes que le hizo sentir segura una vez más. Su cuerpo, que sin que se diera cuenta, estaba tenso como una cuerda de violín se relajó en esos brazos que la sostenían. Se estremeció de pies a cabeza al observar en sus iris color cielo la preocupación y el alivio de haberla encontrado y sin pensarlo dos veces envolvió sus brazos en la caderas estrechas del hombre que le transmitía paz interior.

Naruto enterró su rostro en el cuello de la oji perla y la estrujó en sus brazos, sintiendo el alivió correr por sus venas. Estaba preocupado por no encontrarla antes del anochecer. No creía que Hinata se pudiera arreglar sola en el bosque, buscar comida o encender una fogata, si no podía hayarla para la noche, era probable que no sobreviviera.

Había visto al caballo y buscó sus huellas, siguiéndola hasta el río. La vió tan indefensa, triste y desamparada que necesitaba consolarla. No pensó dos veces al caminar hacia ella y llamarla, el terror que había apreciado en su mirada lo enfureció, no quería ver que sus perlados ojos tuvieran ese tono nunca más. Pero ahora que la sostenía en sus brazos, no podía soltarla. Acarició su espalda, mientras ella se apretaba más contra él. Sus cuerpos se encajaban perfectamente, como si hubieran sido creados para abrazarse mutuamente. Su aroma lo rodeo e invadió cada partícula de su ser.

Sin ser conciente de sus acciones, tomó sus mejillas con ambas manos y separó su rostro de su pecho y lo alzó levemente para verla. Hinata tenía los ojos empañados, con una leve sonrisa en sus labios llenos y rosas, sin dudarlo más bajó su cabeza y cubrió su boca con la suya.

Hinata abrió grande los ojos al sentir el suave roce de los calidos labios de Naruto, una ráfaga de frío le corrió por la espalda, erizandola como gato y abriendo todos los poros de su cuerpo. Sintió que una fuerza comenzaba a invadirla desde la punta de sus pies hasta la coronilla de la cabeza. Cerró los ojos y se derritió en los brazos del rubio al sentir el dulce roce de la lengua de él en su labio inferior. Un suspiro entrecortado se escapó de su boca y Naruto aprovechó para sumirse en un beso más pasional.

Con un gruñido de satisfacción, Naruto se tomó el tiempo en saborear el sabor dulce e inocente de Hinata. Sus dedos se sumergieron en los cabellos negros de ella, obligándola a que su boca no se escape de su escrutinio. El calor se apoderó de todo su cuerpo, sin importar que corriera un viento helado, su cuerpo estaba en llamas desde que había conocido a Hinata y él deseaba consumirse en ellas. Unas de sus manos bajo para acaricirle el cuello con la yema de los dedos, apreciando la suvidad de su piel y alentandola con su lengua que siguiera su paso.

Hinata se sentía mareada y sofocada con el abrazador beso de Naruto. Apretó su ropa en puños, buscando una forma de sostenerse de él para no caer, sus piernas temblaban, amenazandola de perder los cimientos.

—Tu piel es tan suave..— Susurro él cuando desvío sus labios para besarle la comisura.

Hinata no podía contestar, sólo podía intentar llenar sus pulmones que de repente se habían achicado, ya que no le entrana ni la menor partícula de oxígeno. Naruto seguía besándola, esta vez llendo a su cuello, saboreando cada lugar que encontraba.

— Él no te merece..— dijo sin ser consciente que decía sus pensamientos en voz alta.

La oji perla no lo había escuchado, pero tampoco lo podría entender. Naruto llegó donde su pulso errático se marcaba y mordió levemente. Pero así como lo hizo fue despedido hasta los árboles que estaban a su espalda. Hinata cayó de rodillas sin tener de quién agarrarse y vió a Naruto con la vista empañada por la pasión que él le había despertado.

El rubio no sintió el golpe en su espalda, apesar que había golpeado contra el tronco de un árbol y éste se había partido a la mitad. Quedó tendido en el suelo, boca arriba, intentando recuperar el aire que había perdido por la excitación. Gadeante se dió cuenta que no sentía ningún dolor, más que la punzante erección que había en sus pantalones. Se sentía fuerte como si pudiera mover montañas con sus manos desnudas. Levantó una de ellas para ponerla en su camino de visión, abriendo y cerrando los dedos. Era una sensación que no podía explicar y una sonrisa sin sentido se pintó en sus labios.

Cuando pudo normalizar su respiración, se sentó para mirar a Hinata y preguntarle qué había pasado. Pero cuando la vio tendiad en la orilla del río olvidó toda pregunta y corrió a ella. No se dió cuenta que en menos de un segundo estaba a su lado arrodillado, su velocidad era sobrehumana.

Hinata estaba palida y desmallada, como si hubiera perdido toda su fuerza. Él la alzó en vilo, acomodándola en sus brazos como si pesara menos que una pluma.

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Toneri se detuvo en seco mientras bajaba por las escaleras a las mazmorras cuando oyó las carcajadas de su prisionera. Frunció el ceño y apuró el paso. Los hombres que estaban apostados a los lados de la puerta miraban hacia ella como si hubiera aparecido el mismísimo diablo.

— Abrela— ordenó cuando estuvo frente a la puerta.

Las carcajadas seguían después de Toneri ingresó al calabozo. Vio en la esquina más alejada a la mujer Tsuki sentasa sobre sus talones, mirando el muro y sin dejar de reir de forma escandalosa. Toneri sintió un escalofrío, no era normal que la mujer actuara de esa forma y por un momento creyó que había perdido la cordura.

—¡Haz llegado demasiado tarde!– gritó la mujer mirándolo sobre su hombro con una sonrisa maliciosa.

Toneri frunció el ceño, sin entender qué decía.

—¿Qué sabes?– exigió saber.

La mujer comenzó a reir nuevamente, sin costestarle. El duque hizo una seña a uno de los soldados y éste se acercó para agarrarla del codo y levantarla bruscamente. La empujó para que ella cayera de rodillas frente a Toneri y éste sonrió de lado al ver que había dejado de reír. Pero su sonrisa de borró cuando ella levantó la vista y seguía teniendo esa sonrisa burlona en sus facciones sucias y un brillo en los ojos aperlados que no había visto hacía mucho tiempo.

—Mi sobrina al fin a despertado y nada te salvará... milord—, dijo con sorna.

Toneri entendía perfectamente las palabras y perdió todo color de su rostro mientras sus ojos se agrandaban, estupefactos, retrocediendo un paso. Pero así como se sorprendió se enfurecio. Sus ojos grises cambiaron a los celestes eléctricos y agarró a la mujer de los codos, la levantó sin esfuerzo.

—¡Mientes!– gruñó.

Ella volvió a sonreír y con rugido la arrojó a la esquina en la que había estado. Toneri se volvió, pero antes de salir se detuvo en el umbral y mirando sobre su hombro le habló a su prisionera.

— Tu sobrina morirá. Y entonces tú serás la última de tu especie. Ve haciéndote la idea... Hanabi.

La puerta se cerró y Hanabi quedó sola en la celda nuevamente. El golpe contra la piedra le había lastimado la frente y sentía sus codos quemar, pero ya no se sentía tan mal. Aunque no podía curarse cuando un Otsutsuki la dañaba, ya no le importaba el dolor.

La hija de su hermana, Hinata, había llegado a la madurez. Los que tenían conocimiento de los Tsuki, sabían que hacía muchas decadas que las brujas no podían tener varones, por un antiguo maleficio de los Otsutsuki.

La historia decía que el patriarca de los Otsutsuki, se había comprometido con Taguya, la matriarca de las Tsuki. Los dos clenes, poderoso por sus poderes, habian hecho una alianza. Pero Taguya, deshonró la alianza no llegando virgen al matrimonio. El patriarca, furioso, la despreció al darse cuenta que estaba embarazada de otro hombre. La maldijo a ella y a su prole, diciendo que nunca tendrían un Tsuki. Pero lo que no sabía el Otsutuski fue que Taguya también los maldijo, diciendo que sus poderes nunca estarían completos. Sólo con el tiempo, el patriarca se dió cuenta de ello. Él se había vuelto a casar, pero sus hijos no podían desarrollar todo el potencial que debían tener. Y así nació la leyenda de que los clanes debían volver a juntarse, para que las Tsuki tuvieran hijos varones y los Otsutsuki consiguieran todo su poder.

Hanabi volvió a sonreír cuando recordó lo que le había dicho a Toneri. El peliblanco estaba seguro que si él desfloraba a la hija de Hana, recuperaría todo su poder y Hanabi no lo había corregido de su error. Ella sabía que una Tsuki llegaba a su madurez cuando se enamoraba y ese amor era correpondido. Hanabi sintió el cambio de Hinata, pudo sentir el poder de su sobrina librarse de la prisión de su mente. Su hermana la había vuelto la guardiana de Hinata y por eso lo supo.

Pero lo que no sabía Toneri y nunca se lo diría, es que por más que ella hubiera estado casada con su padre y ya no fuera casta, nunca se había enamorado. Hanabi no podía librarse de esa prisión, sólo por el hecho de que su poder total dormía dentro de ella.

Ahora sólo le quedaba resar de que al hombre que le había entregado ese gran poder su sobrina lo supiera usar bien o en su defecto no lo pudier usar.

Continuará...

Corto pero intenso...¿o no?