Hi!

Vengo con el séptimo capítulo de esta historia, un encuentro revelador para la joven Ling y una aparición especial de alguien del otro mundo, disfrútenlo...


Cap VII. Recuerdos

Inuyasha llego a aquella cueva, siendo guiado por su olfato, ahí encontró a Ling, quien parecía un poco contrariada, pero sobretodo llamó su atención aquel aroma presente en el lugar; sin lugar a dudas pertenecía a Sesshomaru, sin embargo no había rastro de el en aquel lugar.

— ¡Ling! — se escuchó la voz de Kagome, llamándola desde la entrada de la cueva, recien llegaba junto con el resto de sus amigos. — ¿Te encuentras bien? — pregunto revisándola por todas partes, una vez que llego hasta ella.

El resto del equipo se mantuvo cerca, pero al margen, aunque Miroku observaba curioso como Inuyasha olfateaba por todos lados, en busca de un rastro en específico. Kagome y Ling conversaron un momento, antes de que Sango se acercara a ellas, sugiriéndoles refugiarse esa noche, para poder descansar.

En una cabaña abandonada, no muy lejos de aquella cueva, pudieron refugiarse por esa noche, mientras Ling les contaba todo lo ocurrido, omitiendo el hecho de que fue Sesshomaru quien la salvo y por supuesto, aquel inesperado beso entre ambos, solo se limitó a decir que una extraña figura fue quien destruyo a aquella mujer y salvo su vida, también comentando el hecho de que esa mujer buscaba la perla de Shikon.

— Debemos darnos prisa en encontrar la perla, de lo contrario corremos el riesgo de que otros se apoderen de ella — menciono Miroku.

— Pero ya hemos buscando por todas partes, excelencia, y no hay rastro de ella, es como si hubiese desaparecido por completo — hablo esta vez, Sango.

— Aun así no podemos darnos por vencidos, debemos dar con ella — sugirió Kagome.

El resto de la noche, antes de dormir, se dedicaron a hablar sobre las posibilidades de encontrar la perla de Shikon y en que lugares se pudieran encontrar la misma, mientras que Ling se mantenía sumergida en los pensamientos que en su cabeza habían surgido a raíz de aquel beso, realmente no lo esperaba, pero tampoco le molestaba, la realidad era que su corazón sentía que había esperado mucho tiempo para recibir, aquella demostración de afecto.

Como lo habían planificado la noche anterior, al día siguiente, hicieron un enorme esfuerzo, buscando la joya, aunque sin éxito alguno pues no había un solo rastro que seguir, en las aldeas cercanas nadie volvió a ver ni una sola vez la perla, desde la pelea contra Naraku. Mientras tanto, Ling, Kohaku y Kagome buscaban algún rastro por su parte, en el bosque donde se encontraban ahora, solía haber avistamientos de diversos demonios, podrían encontrar algo de información en aquel lugar, o al menos eso esperaban.

Los tres se separaron, procurando no alejarse demasiado entre ellos, por seguridad para Ling, ya que de ser atacada nuevamente, no podían esperar a que ella se defendiera por sí misma. Pronto un extraño resplandor llamó la atención de la pelinegra, era algo que no recordaba haber visto jamás, sin embargo, algo en él, la atraía, de una manera que no podía explicar, sentía que debía ir hacia él, lo cual eventualmente, hizo.

Una joya se presentó frente a ella, era de color lila claro, sin embargo, en el centro de ella, había un resplandor que llamaba mucho la atención, de pronto vino a su mente aquella perla de la que todos hablaban, esperando que fuera la misma y con el deseo de ayudar a sus amigos, busco tomarla en sus manos, sin embargo, lo que paso a continuación, fue sorprendente.

Todo se volvió blanco, de pronto se encontró en una especie de Limbo, pero no era para nada terrorífico, por el contrario, en aquel lugar se podía sentir una gran paz, de la nada apareció frente a ella, la figura de una niña pequeña, de cabellos oscuros y alborotados, con una tierna mirada achocolatada, de unos ocho años de edad, la cual le recordó mucho a ella misma en su infancia.

— ¿Quién eres tú? — pregunto la joven.

— ¿No me recuerdas? — respondió la niña sonriente.

— No lo sé, quizá, ¿por qué tengo que recordarte? —

— Te hare las cosas mas faciles, yo soy tu —

La pelinegra se sorprendio. — ¿Como es posible? —

— Yo soy parte de tu alma, asi que mejor dicho, yo fui tu, en tu vida pasada —

— No, no te comprendo —

— Mi nombre es Rin, yo fui una niña que vivió en la época de las guerras civiles, fui asesinada por los lobos y resucitada por un Youkai de nombre Sesshomaru — lo dicho por la niña, evidentemente, impacto a la chica, quien no entendía que relación tenía ella con Sesshomaru. — Yo viaje a su lado y aun a mi edad, yo ame mucho al señor Sesshomaru, pero mi tiempo en este mundo termino, antes de que yo pudiera brindarle la felicidad que él necesita —

— Pero... —

— Pero, reencarne, en ti y la razón por la que estas en este lugar, no es una coincidencia, tú puedes terminar mi misión... si así lo deseas... —

Todo era sumamente confuso, sin embargo, la joven, entendía las circunstancias mucho mejor a cada momento y decidio escuchar por completo la historia, que aquella niña estaba dispuesta a relatarle, así se dejó llevar por la oportunidad que le había regalado aquella joya...


Muy bien, hasta aquí con el séptimo capítulo, en el siguiente habrá un pequeño Lemon, así que espero que sigan leyendo... hasta entonces.

Ya ne

Nao