Para Naruto la situación había llegado a un límite que no podía soportar más, debía madurar un poco tal como le dijo Hinata. Decidió terminar con todo y al verla salir de su trabajo a vió salir muy a gusto con el pelirrojo, últimamente compartían demasiado tiempo juntos, le resultaba un poco molesto verlos tan felices juntos, no por el hecho de ver a esa mujer sonreír, era porque Hinata le sonreía de la misma manera que le sonreía a él en su añorada época de pareja. Llegaba a su departamento vacío, se alegraba un poco de separarse de Sakura, jamás había sido feliz a su lado, en cada mujer buscaba a Hinata, siendo sincero consigo mismo, ninguna mujer era similar a ella, ni un poco, ella era delicada y detallista, capaz de recordar hasta el más mínimo detalle de sus palabras, a pesar de ser tan tímida tenía un carácter que le hacía seguir sus impulsos más bajos.
La noche estaba totalmente estrellada, Naruto miraba al cielo como si fueran pequeñas lágrimas, no pudo evitar coger su teléfono y llamar a la mujer que tanto le había hecho sufrir, después de todo, el rechazo de esa joven lo carcomía poco a poco.
- ¿Naruto? - su nombre se escuchaba tan bien.
- Hinata, hola - no se le ocurría una respuesta más ocurrente.
- ¿Qué sucede? Tú nunca me llamas - reclamó suavemente.
- Sólo quería hablar contigo, escucharte por un momento, ¿se puede? - se le escuchaba tan lastimoso que su corazón no pudo negarle algo tan sencillo.
- Sí, claro. ¿Has estado bien? - su preocupación era sincera y lograba hacerle sentir un poco mejor con su persona.
- Eso creo, no me he detenido a pensar en ello, creo que es la primera vez que hablamos por teléfono de manera tan civilizada - Hinata bufó, si se alteraba era porque se molestaba con él.
- Eso es porque me decías cosas que no debería decir un hombre en ese entonces casado - el rubio soltó una risa cargada de ironía.
- Jamás te he visto confundida, te he visto triste y feliz, muchas veces enojada, pero jamás confundida - decía el rubio riendose suavemente sin darse de cuenta de que había detonado en la chica un sentimiento melancólico.
- No me tengo permitida la confusión, cuando ocurrió la noche de la fiesta jamás dudé en lo que hice; no suelo hablar de este tema, me incomoda - Naruto la escuchó suspirar pesadamente - todo lo que hice contigo fue sin dudar un segundo, hasta que me enteré de lo engañada que me tenías, no digo esto para refregartelo en la cara, si es lo que piensas - Hinata sentía como su voz estaba a punto de quebrarse.
- No eres capaz de semejante cosa - respondió el rubio con sumo cariño en su voz.
- En ese momento sí estaba confundida, no sabía que sentir hacia ti, una parte de mí estaba profundamente enamorada de ti y otra se sentía traicionada, abandonada y usada - las lágrimas comenzaban a rodar por sus mejillas - ¿por qué no puedo evitar llorar cuando hablo de esto contigo? -decía suavemente mientras caminaba sola en las calles.
- Es un recuerdo doloroso para los dos, aunque para mí es un recuerdo de mi pecado - relataba el rubio mientras bajaba del elevador - ese pecado de haberte lastimado tan profundamente siendo los dos tan jóvenes - comenzaba a acelerar el paso al ver la figura de la muchacha.
- ¿Naruto? - dijo suavemente sin dejar de sollozar - ¿vives aquí? - el rubio asintió y al guardar su teléfono la acurrucó en sus brazos con fuerza, al sentir que ella le correspondía no pudo evitar soltar un lágrima.
- Perdóname, te lo suplico - al mirarla a los ojos y ver que asentía sólo para volver a enterrar su rostro en su pecho sentía como su corazón volvía a estar en paz.
- No puedo seguir con esto, me estoy engañando, soy incapaz de odiarte - confesó entre lágrimas mientras subían al elevador.
Ninguno de los dos soltó otra palabra, llegaron al departamento de Naruto y se sentaron en el sillón, Hinata no era tan sincera, pero se había quedado sin fuerzas frente a la búsqueda del rubio, se sentía tentada ante lo que le decía que se escuchaba tan lindo. Al quedar sentados los dos juntos mirando al frente sin un punto fijo suspiraron, ella ya no lloraba y él se sentía finalmente en paz. El ambiente no tenía carga hasta que sonó el celular de la chica.
- Gaara, hola - el rubio pudo detectar el nerviosismo, se imaginaba que ella se sentía infiel al pelirrojo.
- Hinata, ¿estás bien? - preguntó con un poco de preocupación.
- Sí, no te angusties, lamento no haberte mandado un mensaje - respondió tratando de calmarse.
- Sólo con saber que estás bien me basta - dijo y colgó.
- ¿Te está controlando? - preguntó el rubio con un deje de burla.
- No es la pregunta más apropiada para tu condición - dijo volviendo a ser la misma seria Hinata.
- ¿Él sabe que estás aquí? - volvió a preguntar, ella negó - vaya, no eres una buena chica - Hinata le miró enojada.
- No tienes moral de decirme eso, él no es mi pareja, tampoco tú - dijo totalmente seria - estoy harta de que creas que soy tuya sólo porque fuiste el primero con el que me acosté - sus palabras eran duras y le hicieron ver sus intentos fallidos de acapararla por completo.
- Lo sé, ahora eres una mujer libre y no soportas que yo intente hacerte mía - la expresión se entendía de varias manera y la Hyuga no pudo evitar sonrojarse hasta las orejas.
- Si lo sabes, deberías dejar de intentarlo - sus miradas finalmente se conectaron como no lo habían hecho en mucho tiempo.
- Creo que es el momento, a pesar de que deje mi alocado intento de volver a estar a tu lado mis sentimientos no cambiarán en lo absoluto. Lo he perdido todo en la vida, al amor eterno de mi juventud y al amor de mi adultez, porque me has enseñado a ser mejor, en este momento creo que soy libre de mi idealización de ti - Hinata no pudo evitar sentir lástima de su confesión, tomó su mano con suavidad, estaba fría y su rostro cubierto por su cabello, al descubrir que a la luz de la noche estaba llorando como un niño pequeño lo acurrucó en sus brazos.
- Ven aquí - le susurró, podía sentir su dolor en cada una de sus palabras - me parte el alma verte llorar y saber que no puedo hacer nada para detener tu sufrimiento - decía acariciando sus rubios cabellos.
- Lo sé, no eres lo suficientemente cruel como para que disfrutes este momento. Debo admitir que Gaara es el más apropiado para ti, justo y apasionado, al igual que tú, es tu colega y podrían ser excelentes compañeros, mucho más de lo que yo puedo ofrecerte - estaba derrotado, estaba dejando ir a la mujer que tanto quería y por la que tanto había sacrificado - él siente lo mismo que tú, es cuestión de tiempo que ustedes - su voz se quebró dejando salir un alarido de dolor.
- No sigas - dijo la chica dejando que sus lágrimas rodaran, como si deseara hacerle compañía en su dolor - no pienses en eso - le besó tiernamente la frente y Naruto se aferró a su cuerpo con fuerza, sentía que era la última vez que la iba a ver, en efecto.
- No es bueno que te siga viendo cada día, el departamento me ha ofrecido irme a reportar la situación de los tribunales internacionales en Holanda - confesó un poco derrotado - no tengo nada a qué aferrarme, así que aceptaré y quizás me quede ahí - Hinata se sentía feliz y triste en aquel momento, él podría crecer profesionalmente, pero se iba con una profunda soledad.
- Si nos alejamos te daré la oportunidad perfecta para que crezcas, así encontrarás a una chica que te de mucho más de lo que yo podría darte, te amo, pero como se ama a un buen amigo, tú me has enseñado a ir por aquello que de verdad quiero - Naruto detuvo sus lágrimas - fuiste mi primer amor sincero, a pesar de todo - confesó acariciando su mejilla con una sonrisa melancólica.
- Finalmente ha terminado este capítulo - Naruto suspiraba con pesadez, era la triste realidad, ya no era parte de la vida de la mujer que tanto adoraba.
Esa mujer que muchas veces le parecía irracional, loca y demasiado necesitada se había transformado en lo que siempre fue, una joven preocupada y cariñosa, de espíritu tan noble que lo acompañaba en su dolor. Ambos cerraron los ojos al momento de unir sus labios, estaban confundidos por lo que sentían en ese momento, amor, amistad o lástima, se besaron como nunca en sus vidas, Naruto lo hizo desde lo más sincero de su ser, con lágrimas en los ojos embargado por la felicidad y la tristeza de que sólo duraría ese beso, jamás en su vida se había emocionado con un beso; por primera vez cuestionó si era lo correcto dejar de intentarlo, en un beso sentía todo lo que ella daba de su ser. Hinata por su lado lo disfrutaba, aferrada a su cuerpo jalaba de su camiseta como si fuera a desvanecerse en un instante y ese momento sería sólo un sueño; sus labios eran finos y fuertes, capaces de llevar el ritmo que él deseara. Al separarse sólo se podía escuchar a Naruto hipar como un niño pequeño abrazado a la cintura de la chica.
- Perdona, me resulta tan difícil hacer lo correcto, debo dejarte ir - decía una y otra vez con los ojos cerrados - no puedo suplicarte que te quedes conmigo, no sería justo - Hinata seguía sin reaccionar.
- Fue un beso - se decía a sí misma tratando de relacionar lo que había hecho con lo que pensaba - yo... Juré no hacer eso, no caer en tus redes, y heme aquí, contigo en mis brazos - acariciaba de manera automática sus cabellos dorados - siempre fue tan suave - dijo deteniendo al rubio mientras ella se sentaba a su lado.
- Hinata - decía tratando de calmarse.
- Lo sé, esto que acaba de pasar puede cambiarlo todo - Naruto sintió como una pequeña llama se encendía en los ojos de Hinata - debo irme, necesito pensar - tomó su bolso y escapó rápidamente, pero no pudo moverse, el rubio le tomó la muñeca.
- No te marches, no ahora - ella negaba con la cabeza sin escucharle - ¿no ves la conexión que tenemos los dos? - ella le miró a los ojos tratando de no hacerle caso.
- Pensé que habías cambiado, pero la gente no cambia - dijo mirando al suelo, en realidad guardaba la esperanza de que él pudiera seguir adelante, ya había pasado bastante tiempo, pero si lo pensaba bien, él no la veía más que como una obsesión, lo cual le parecía deprimente, no sentía culpa, pues ella no le daba pie para eso, sin embargo, en ese beso podía cambiar esa idea.
- ¡Han pasado más de 5 años! ¡Olvida ya ese episodio! - su orden expresaba toda esa ira reprimida por los rechazos de esa mujer.
- Me lastimas - se liberó con fuerza del agarre - no me pidas imposibles, no puedo olvidar ese episodio, tú eras mi primer amor. Los hombres son en verdad estúpidos, si creen que por estar con ellos un momento somos suyas, pues no, no me hago la difícil, de verdad no quiero estar contigo - era tan claro en esas frases que ya eran gritos.
- Pero me besaste - se arrepintió por ser tan violento, pero ya no sabía como llegar a ella.
- Se acabó, vete a Holanda a ser feliz y olvida todo, un beso se lo puedo dar a cualquiera - tomó su bolso y salió de ese apartamento.
Cada momento con él le reafirmaba que de verdad no era bueno para ella. Cuando salió de ese infernal departamento pensó en lo que había pasado, si de verdad su amor por él estaba extinto, nunca fue de gran ayuda para su vida, nunca la apreció como debía. Esa calma que le dio darse cuenta de eso la impulsó a tomar su teléfono.
- ¿Diga? - se escuchó del otro lado de la línea.
- Gaara, ¿estás libre ahora? - su pregunta era demandante, pero quería ir más allá del tibio cariño que le brindaba el pelirrojo.
- Sí, estoy en mi departamento - le dijo con deseo de que ella viniera a verla.
- Iré, si no te molesta - moría de deseo de verle, de sentir ese calor tan propio de él.
Como si no hubiera un mañana, como si huyera de lo más aterrador, aunque nada la aterraba más que su pasado. El beso que compartió con él no fue más que un acto de caridad, nunca sentiría la misma admiración ni el mismo ¿amor? que sentía por el pelirrojo, nunca le daría la misma seguridad. Al encontrarse frente a la puerta del departamento de Gaara sentía que ya no había vuelta atrás, ni ella ni el pelirrojo tenían opción, su destino no se había cruzado por mera casualidad.
