=7. Apariciones inesperadas=
=Vogue=
11:30 PM
-¡Aimeé!- gritó Franca desde el marco de madera, de la puerta de su oficina. Sujetaba el marco con una mano y con la otra, se apoyaba en su cintura. Sus ojos grandes y como siempre delineados entre esas gruesas capas de delineador y resaltados con excéntricas sombras en los párpados; no expresaban nada más que desacuerdo, ira contenida y una gran exasperación de tener que llamar a la castaña.
Aimeé por su parte, realmente no reparo en nada de eso. Se puso de pie y caminó firmemente a la oficina donde Franca le esperaba. Su rostro estaba cansado por la desvelada de la noche anterior y muy en lo profundo enfurruñada de tener que trabajar también en sábado. Sin embargo, la felicidad que la embargaba era mucho mayor que todos los reproches que ese día pudieran hacerle. Su corazón palpitaba de alegría por todo lo acontecido la noche anterior… La cena, El bar, la competencia de tequila, la pelea de Kojiro, El beso…
Ese maravilloso y delicioso beso que la había transportado a lugares increíbles y que le había expresado tanto siendo solo una caricia. Ese beso que había revelado todo lo que sus corazones habían guardado celosamente y que confesaba lo que las palabras no podrían revelar. Sonrió. Sabía que conocía poco a Hyuga, que su relación había surgido solo y gracias a su trabajo y que en realidad si por primera vez había aceptado estar con el tigre, era por la entrevista que necesitaba conseguir… Pero no le importaba. Porque no creía que eso fuera lo único. Dentro de ella, tenía la esperanza y la certeza de que Hyuga era distinto. De que su corazón no sufriría a su causa y que podía entregarlo sin reservas porque en manos del tigre, que había resultado ser más dócil, tierno y caballeroso de lo que podía imaginar.
Llegó a la oficina de su editora y tomó asiento en el lugar que por costumbre ya quería bautizar como suyo. Franca como siempre, la miro recelosa y con demasiado desdén. ¿Por qué le habría dado a ella ese puesto tan cerca de ella, si tan mal le caía?
-Llevas semanas con esa estúpida entrevista y cada que te llamó vienes igual que siempre: CON NADA- le reclamó la italiana. Aimeé bajó la mirada, más por la molestia en la cabeza que le causaban los gritos de su jefa (que sinceramente, se agraviaban con la resaca que aún llevaba encima)
-Lo siento Franca… es que…- comenzó a decir la chica
-¡Es que nada! Te doy tan solo una semana más para que tu entrevista este lista. Si no…- sentenció la editora- Puedes dar por hecho que estás despedida y que no tendrás ninguna carta de recomendación, por holgazana e irresponsable- Aimeé alzó la vista furiosa de que se le llamara con calificativos que no iban con ella. Ella no era holgazana, ella siempre trabajaba. Ella no era irresponsable, si lo fuera, no se habría levantado esa mañana con la resaca encima. Abrió la boca para hablar, pero rápidamente, fue interrumpida por Franca.
-Lárgate de aquí. No quiero verte-
A regañadientes hizo caso de lo que su editora decía, solo porque no deseaba empezar una gran discusión. Se dirigió a su cubículo asignado y buscó su celular en su bolso. Al mirarlo, un SMS había llegado. Y al abrirlo, no pudo evitar olvidar todo y sonreír tontamente. Hyuga había escrito.
De: Hyuga A las: 11:32 AM
"¿Qué tal va a resaca? Buenos días….
Si no es demasiado pedir, me gustaría verte. Dame solo 5 minutos
-Gracias por una gran noche- Te quiero."
¡5 minutos! ¡5 minutos! No…. Ni en sueños Aimeé podría haber pensado en solo estar 5 minutos con el tigre. Quería verlo, charlar, parlotear como siempre lo hacían… ¡Y pedirle la entrevista!
Aunque también…. No podía evitar preguntarse, si no solo era su imaginación, si de verdad, podría avanzar en una relación con Kojiro… una relación que si se detenía a pensarlo… Tal vez… no fuera lo que ella esperaba. A Kojiro después de todo, no le gustaba compartir su vida y era sumamente meticuloso en el reto de guardar su privacidad, eso incluís, sus relaciones amorosas. Entonces… ¿sería ella un secreto más? ¿Sería una buena reserva…? ¡No…!
Aparto de inmediato esos pensamientos que para nada le agradaban y decidió que debería hablarlo con Kojiro, si para empezar, se decidía a avanzar de pronto en esa relación o ir poco a poco como hasta el momento habían ido.
Tomó su bolso, llaves y celular y decidió darle la sorpresa a Kojiro de aparecerse como siempre en el campo de entrenamiento. Antes de salir del lugar, tomó un poco de agua en el despachador y se tomó una aspirina más, que le haría soportar ese maldito dolor de cabeza que amenazaba con comerla. Y se fue.
Ya en el estacionamiento, buscó su auto entre los muchos que por ahí estaban, mientras notaba como su celular vibraba de nuevo. Presa de la alegría de que quizás se tratará de Kojiro, dejó de prestar atención a los autos y pegó los ojos al celular. Y el mensaje la sacó de combate:
De: Número desconocido A las: 11:51 AM
"¿Aún te gustan los clásicos? Lindo auto"
Se detuvo de pronto. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo y por un momento la sangre se le heló. En el mundo, solo existía una persona a la que le había hablado largas horas y durante semanas de lo que le gustaba de lo que adoraba con pasión: los autos clásicos. Y esa persona… No, no podía ser. Esa persona se había ido de su vida mucho tiempo atrás y realmente aunque eso no hubiera pasado tampoco podía tratarse de él…
Continuó su camino con lentitud, hasta que divisó el cofre de su Charger. Sacó las llaves de su bolsillo del pantalón y preparó la llave del carro. Sin embargo, no llegó a la puerta. A penas dividió bien su auto y estuvo frente a él, encontró a alguien recargado en uno de los laterales. Un hombre. Alto, delgado, de cuerpo atlético, de tez bronceada. Su cabello corto con y peinado al más y puro estilo de Taylor Lautner, era castaño claro y brilloso. Y sus ojos, negros profundamente, con un destello que alguna vez le había alegrado y aunque podían pasar por similares a los de Kojiro, no se acercaban a ese toque de agresividad y cautela.
-Hola cariño…- saludó el chico mirándola con una sonrisa, que aunque no hubiera deseado, se expandía hasta sus ojos, que brillaban con dulzura.
-¿Qué haces aquí Marco?- preguntó ella, con el alma en los pies.
:-:-:-:-:
=Campo de entrenamiento de la Juventus=
=12: 06 PM=
El día había sido por demás agotador. El entrenamiento aunque ligero por tratarse de la práctica de fin de semana, había puesto al límite sus energías y lo había dejado en el gran esfuerzo de arrastrarse a las regaderas. Aunque si bien, tampoco podía quejarse… Kojiro rebozaba esa mañana de una extraña felicidad que aunque notoria no había dejado que sus compañeros le interrogaran. Y claro, él sabía el motivo de esa gran alegría… nunca se había sentido así. Ha excepción claro, de una vez. Pero incluso entonces, esa ocasión no era para nada, comparada con la que en ese momento sentía.
Había pasado una velada muy divertida, aún por sobre aquel mal trago con el italiano ebrio que había insultado a Aimeé… pero incluso eso, lo hacía sentir bien. Porque había tenido la oportunidad de conocer sus límites respecto a la chica. ¿Qué tanto podía hacer por ella? Podía beber sin control… podía bailar hasta lo que nunca imaginó… podía pelearse por que se insinuara algo de ella… podía besarla de la manera más tierna y dulce… podía darle esa entrevista… podía hacer muchas cosas que jamás pensó hacer.
¿Y todo porque? Por mantenerla con él, porque estuviera cerca… había conocido en la chica actitudes que creía que alguien no podía poseer, había encontrado en Aimeé el cariño que buscaba, sinceridad y sobre todo, alegría. Sabía que podría haberle confiado su vida la noche anterior, que podía haberle dicho que si no hablaba con la prensa era porque no quería ser tachado de débil… Y lo era en ocasiones. Sabía que de haberlo hecho, no se arrepentiría. Y lo haría.
Tiró un último balonazo al portero a sabiendas de que con ello, también daba por terminado su entrenamiento de ese día. El esférico, no tardó demasiado en estamparse contra la red y dejar perplejo al portero. Hyuga sonrió. Y detrás de él, unos escandalosos gritos vitorearon su nombre y cantaron su victoria.
Su corazón se aceleró.
Por un momento, había pensado que se trataba de ella, de Aimeé. Que esa dulce y tierna voz manaba de unos labios que una noche atrás lo habían vuelto loco y esclavo… que esas palabras se escapaban de la misma boca que le había dicho tigrecito y que le había arrebatado lo agresivo y reservado… Pero no era así.
Sus compañeros como él, no podían creer lo que sus ojos miraban. Gentile fue el primero en hablar, después de digerir la presencia de aquella persona que se había dado por ausente permanente desde tiempo atrás…
-Hyuga… creo que tu animadora ha regresado- le dijo alzando la voz, para que Hyuga detrás de él, le pudiera escuchar. El tigre japonés, reticente se giró. Sus talones reaccionaron a la orden de su cerebro con resistencia, pero finalmente le dejaron frente a frente con quien hasta el momento, no le había pegado con todo el dolor que debió haber sentido un año atrás… Pero ahí estaba esa herida. Porque dolía, lo que importaba.
Y ahí estaba. Alta… delgada, de cuerpo exquisitamente formado, de curvas de envidia y esa pose de deportista que había tenido desde que la conoció. Y ahí estaban… esos ojos caramelo, tan dulces e hipnotizantes, esos ojos que desde que los vio, le habían transmitido calor y seguridad… Pero que no había visto al decir adiós. Y esos cabellos semi castaños, semi rojizos que una vez se habían pegado a su nariz y le habían impregnado de aroma a chocolate. Maki Akamine con todo su esplendor, estaba ahí, frente a él… vitoreando y clamando su nombre como si fuera lo más lindo del mundo, como si fuera lo que más le gustaba gritar.
Lo miraba y su sonrisa se extendía por toda su cara, lo miraba y le comunicaba lo feliz de estaba de verlo. Pero él no lo estaba.
Continuara…
:-:-:-:-:
Buenas tarde a todos… bueno, este capítulo está muy cortito, lo sé. Pero es que realmente de hacerlo más largo, me habría robado el contenido del siguiente episodio, ja, ja, ja… Y he aquí, como comienza nuestro siempre necesario drama…. Espero que les guste y que se animen a dejar un comentario que siempre, siempre tendrá el mismo efecto, sea bueno o malo… alentarme.
Nos estamos leyendo.
JulietaG.28
(Los agradecimientos, los pondré en la siguiente ocasión… por si llegan más… ¡Saludos!)
