Kanade quedó confundido en su lugar mientras que Kirika hacía el mejor esfuerzo por controlarse. Tsubasa prácticamente se había desligado de todo, inclusive de su apellido y se unió a la guerra sin ningún buen motivo aparente, pero sus últimas palabras… no tenían sentido. Sus ojos bermellón miraron a Genjuuro Kazanari quien continuaba mirando incrédulo el Ame no Habakiri, el arma definitiva de los Kazanari, regentes del norte, su temple sin duda era tenso como el suyo pero había algo diferente que Kanade no logró identificar.
— ¡¿Gah?! —Kirika de nuevo atrajo su atención con su grito, provocando que casi abriera su mandíbula hasta el suelo al encontrar al nuevo emperador anclado de su pierna, quien ahora que notaba, ¿no era en extremo similar a Shirabe?
— ¡Te encontré! —Festejó alegremente el niño mientras que el rubio se miraba cansado, pero igualmente sonrió de manera cansada.
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La guerra apenas estaba comenzando a nacer. Los guerreros del clan Kazanari apenas recién un lustros atrás comenzaron a dirigir sobre la región del norte después de que el señor Kazanari Fudou los defendiera; la unión de las pequeñas tribus en una sola región no se hubiese logrado de no ser porque el carismático segundo hijo del señor Fudou acabó con la vida de aquella bruja que tantas desgracias les había regalado. Genjuuro Kazanari ganó el mérito que tenía después de que en sus manos llevara el moribundo cuerpo de Finé, la mujer que más amaba en su vida.
Lo que pocos sabían, es que la majestuosa Fine no había muerto en aquella ocasión, sino quince años después.
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Shirabe se encontraba comiendo de la comida que le proporcionaron las hermanas Cadenzavna. Chris a su lado igualmente comía con bastante poca etiqueta para alguien de notable alta posición, aunque curiosamente ella comía con parte de la etiqueta que Chris, por más que intentaba, no podía adaptarse; aunque por parte de la menor más bien parecía que esa etiqueta era mancillada.
—Oye…—Habló Chris después de un rato, bastante curioso de los mancillados modales de Shirabe, pues por lo que pudo reunir de Kirika, aparentemente ambos siempre vivieron en las calles, siendo él rescatado y cuidado por Tsubasa y ella rescatada por el mismo Kirika. La más grande diferencia es que ella se notaba ligeramente más educada que él, llevando ya bastantes años con el clan de los Kazanari—No es por ser mal educado, pero…
— ¿Quieres conocer más de mí? —Interrumpió Shirabe. Antes esto lo hubiera sorprendido, pero llevando poco más de un mes conviniendo con ella notó que la menor era sorprendentemente perceptiva, pero igualmente callada. Chris asintió a su pregunta recibiendo que su mirada rosada lo recorriera fríamente de arriba abajo. —Realmente no hay mucho que contar—Comentó—Siempre he vivido vagando de punta a punta sin nadie que ampare por mí, siempre han buscado lastimarme como si fuera una escoria y desconozco el por qué.
— ¿No conociste a tus padres? —Inquirió curioso. Shirabe negó.
—Había unos soldados que solían seguirme y abusaban de mí—Chris pasó saliva nervioso, esperando que ese abuso del que hablaba no fuera el mismo que se pintó en su mente—Ellos dijeron que mis padres me abandonaron. Kiri-kun ha sido el primero que me ha tratado como un ser humano valioso y usted me inspira confianza al igual que Kazanari-san y Amou-san.
— ¿Pero nadie cuidó de ti antes? —Shirabe negó— ¿Entonces como sobreviviste hasta ahora?
—Yo…—La mirada de la azabache se volvió esquiva, clavándose en su plato ya vacío antes de volver al albino—…yo… no lo sé. No recuerdo nada de mí antes de los doce años.
Chris sorbió un poco más de su sopa, terminando así la conversación de manera abrupta, no queriendo incomodar más a la chica que Akatsuki Kirika le encargó cuidar. Pero curiosamente, habló:
—Yo también quiero conocerlo, Yukine-san.
—Chris…—Pidió.
— ¿Por qué se permite sufrir con Kohinata-san?
—Yo no…
—Sólo quiero comprender sus motivos, sólo eso—Interrumpió la menor—No pido otra cosa más que conocer su percepción.
Cuando Finé decidió alzarse en contra del hombre que amaba su cordura estuvo a nada de perderse, siendo recuperada cuando su ya no tan fiel amigo, el doctor Ver, diagnosticó que estaba con casi tres meses de gestación. Estaba esperando un hijo en el momento más amargo a poder ser escogido. Hizo cuentas y coincidió al momento en que decidió entregarse a Kazanari Genjuuro como su mujer, quiso sonreír, pero lo cierto es que el dolor era más palpable. Ella no había hecho más que ayudar, y de la nada, cientos de personas querían su cabeza, siendo él, su querido Genjuuro-kun quien encabezaba aquella orden en su contra.
Ver sugirió interrumpir aquel embarazo, pero ella se negó. Aunque quisiera deshacerse de todo recuerdo de Genjuuro, simplemente no podía. Antes de perderse en su odio hizo lo más sabio que su mente formuló. Tal vez no fuese lo mejor a futuro, pero sí que lo era en ese momento, cuando la guerra apenas estaba comenzando y comenzaba a preparar Kadingir, la creación de ambos, para la sequía que se avecinaba, sólo así ese bebe crecería como debería hacerlo y no lo haría desprotegido o desprotegida.
—Ver…—Abrazó al albino, quien sin evitarlo acarició su espalda con un sentimiento de pesar, dividido entre la lealtad a su amigo y los Kazanari y los sentimientos que albergaba por quien le abrazaba desde años atrás en los que guardó silencio— ¿Por qué Genjuuro-kun haría algo como esto cuando dijo que me amaba? ¿Por qué hay tanto odio en su mirada?
Ver no contestó, sólo acarició los cabellos rubios de la maga con suavidad hasta que fue capaz de calmarse.
— ¿Por qué Genjuuro-kun busca mi cabeza?
—Porque es un bastardo que sólo utilizó tus poderes. —Contestó sin saber lo que estas palabras causarían en un futuro.
Cuando la noche se cernió sobre la capital muchos dieron por hecho que todo aquel asunto estaba por terminado. Aunque heridos, los miembros del clan Kazanari regresaban a su región, aislándose de la guerra que indirectamente se había desatado por Genjuuro, pero que claro, nadie más que los difuntos Fudou y Yatsuhiro sabían de esto. ¿Qué le diría su hermano mayor si estuviese vivo y presenciara todo lo sucedido con su hijo? Apretó la espada que con orgullo otorgó a su sobrino y subió a su caballo seguido por Ogawa y Kanade. Los maestros partieron apenas Tsubasa lo hizo al no poder viajar con rapidez, por su lado, Kirika había decido no volver con los Kazanari sabiendo que su presencia allí sólo era tolerada por Tsubasa. Kanade le prestó dinero para alquilar una noche y preparar sus provisiones para que viajase a Kadingir de vuelta con Shirabe, ya se encargaría despues de llevarle sus pertenencias antes de que acabase el siguiente mes.
Aquellos que compartían iniciales se encontraban igualmente pensativos. Kanade planeaba miles de teorías que justificaran las acciones de su amigo y sus mudas peticiones. Kirika estaba planeando que hacer con su vida ahora que no tenía que deberle cuentas a su maestro ni a los Kazanari, estaba seguro de querer estar junto a Shirabe (a decir verdad, algo dentro de él se lo ordenaba también) pero no sabía si Kadingir era el lugar adecuado para ambos, sabiendo que lo que más deseaba la menor era estar en paz y estando las hermanas dirigentes del lugar debiendo a todo mundo cuentas sin saldar, dudaba que eso fuese bueno para ella. Era como si ese algo que le ordenaba estar junto a Shirabe también le ordenara mantenerla alejada de todo el caos. Extraño, pero no se detendría a analizarlo. Caminó sin rumbo de nuevo terminando en las puertas del castillo, Shul lo extrañaría, desde que se conocieron hasta hoy, casi una semana después de que Tsubasa abandonara todo, habían jugado diario y parecía que se encariñó con él; Kanade se burló diciendo que tenía pegue con menores mientras que le felicitaba y reñía por hacerse entre comillas cercano a la mayor autoridad en el país. Debería despedirse de él, pero eso sería mañana, ahora toda la ciudad dormía a excepción de los soldados que imponentemente estaban recostados contra la acera.
Momento.
Kirika se puso alerta al ver las manchas de sangre sobre el piso provenientes de dos guardias que sin dudar estaban muertos. Revisó el pulso de los cuatro soldados, todos estaban muertos, aquello le dio desconfianza. Corrió a la puerta Este encontrándola abierta, y, siguiendo a su sentido guerrero ingresó en guardia, notando que la puerta este estaba casi conectada con las habitaciones reales, no se encontraba armado en esta ocasión, pues su hoz la había dejado en la posada, confiado en que su caminata no sería mayor a los cinco minutos, así que hizo su mejor actuación silenciosa. Encontró a dos hombres vestidos de negro conversando con uno de los sirvientes que Kirika recordaba bien por siempre ser la sombra del pequeño Shul Shagana. Siguiendo las enseñanzas de su maestro se escondió detrás de uno de los pilares y observó la interacción lo mejor que pudo en la obscuridad. El sirviente parecía estarles dando indicaciones y entonces la puerta detrás de él se abrió mostrando la sirvienta encargada de Shul con el mismo en brazos, dormido. Si aquello de por sí era extraño, se volvió más cuando le extendió al niño antes de que comenzaran a correr.
Siguiendo las enseñanzas de Kanade, golpea primero pregunta después, tomó dos de los jarrones allí sin importarle su valor monetario y los lanzo directo a la parte trasera de ambos dejándolos inconscientes al instante, debatiéndose en si tratarlos o en ir por el niño, decidiéndose por esto último, comenzando a reconocer de a poco en donde se encontraba gracias a que ya conocía bien el lugar después de recorrerlo entre juegos con el heredero que estaba siendo secuestrado.
Recordando entonces su observación acerca de la seguridad en el palacio y la construcción del mismo dedujo por donde tratarían de escapar, saltó por la primera ventana que encontró y escaló hasta llegar al techo corriendo encima del mismo y saltando cada vez que el terreno para correr se terminaba para pasar a otro, llegando por fin a la parte sur del extenso lugar y esconderse ente los árboles que servirían perfecto para aquellos secuestradores para cubrir su rastro.
Esperó y esperó hasta que finalmente escuchó pisadas aceleradas y el sonido de una antorcha siendo encendida. Sus ojos ya acostumbrados a la obscuridad se aturdieron un momento antes de notar una abertura para entrar, aquellos hombres se encontraban seguramente confiados de que todo les había salido bien que le dieron la oportunidad perfecta para atacar desde atrás al que sostenía al joven emperador y tomarlo bajo su custodia, quitándole al mismo tiempo su arma, una espada colgada en su cintura, y si bien el experto en espadas era su ya no maestro Tsubasa Kazanari, esto no indicaba que Kirika no supiera usar una, sería un insulto si no lo hiciera, por lo que gracias a su rápido actuar y la lenta reacción de quien tenía la antorcha, fue capaz de atravesar rápidamente su estómago, haciendo que la antorcha cayera al suelo y su vida se apagara lentamente. Removió la espada y su máscara encontrándose con la innegable pinta de soldados del noroeste, mismos que, ahora que caía en cuenta, casi abusaban de Shirabe de la peor manera posible. Recogió la antorcha y se apresuró a volver a dónde dejo los cuerpos inconscientes de los traidores, no dejaría que escaparan. Se encargarían de su ejecución las autoridades correspondientes, él sólo de aprenderles.
Durante esa noche, Kirika no se permitió dormir. Tuvo suerte de que al llegar el sirviente apenas mostrara reacciones de querer despertar para poder dejarlo plenamente inconsciente inmovilizándole junto con la sirvienta. ¿Por qué querrían secuestrar al joven emperador de sólo cinco años? ¿Qué pretendían lograr? Alguien definitivamente quería acabar con la familia real, ¿pero quién? ¿Por qué razón? Alzó la mirada sintiendo un hueco en su corazón al mismo tiempo que su cabeza comenzaba a doler, ahora más que nunca quería estar junto a Shirabe.
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Antes de que el amanecer llegara a la pequeña tropa de sólo diez hombres que se dirigían con el jefe de los Ayase, el soldado de guardia en turno se encontraba ausente, dejando a su tropa desprotegida y vulnerable, pero sabía que no tendría otra oportunidad que no fuera aquella. Tsubasa se encontraba limpiando todo rastro de tierra que pudiera delatar su ausencia y escondiendo entre las mangas de su uniforme lo que había oído a recoger el tan famoso libro que Leiur Darahim le comendó entregar a sus aliados, no los Ayase, no los Nishikino, los Sonoda o los Toujou, sino las dirigentes del fuerte luna, Kadingir. Sin embargo, el lugar de donde había recogido eso no se quedaba vacío, pues en la misma caja estaban dos cartas nuevas escritas de su propio puño y letra.
Cuando el sol salió por completo y el primer soldado de los cuatro que le seguían junto con los cinco eunucos que informarían de todo a Phael Suyuf, salió, se encontró con la imagen del antiguo líder de los Kazanari tallando sobre la madera un águila de fiera imagen en tamaño de tótem que utilizó como collar una vez que le ató un cordón para amarrarlo a su cuello. Preparado todo, siguieron en su viaje, si seguían con el mismo paso llegarían en un par de días más, aquellos espías mediocres para vigilarlo sólo hacían su viaje más lento y latoso, en parte agradecía lo primero, pues sinceramente no quería regresar a la capital, sabía lo que le esperaba y deseaba de todo corazón que Kanade fuese capaz de comprender su mensaje.
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Maria se encontraba meditando en la misma caverna en la que conoció a Tsubasa, lugar en el que aprendió a controlar sus poderes gracias a su maestra, Finé. Habían pasado tantas cosas en tan sólo un par de meses que parecía como si estuviera atravesando una prueba de fuego. Miró su cabello temerosa, las puntas, al igual que sus raíces, estaban pintadas de rosa y sus poderes incrementaron ligeramente su fuerza, pero sus manos ardían cuando intentaba usar las dagas gemelas del Airgetlám, una reliquia de gran poder que su maestra confío en ella y en Serena.
El agua continuó cayendo de la cascada que nació en su primer encuentro de Tsubasa, una nueva historia que aun con todo su temor, se atrevió a comenzar. Le debía mucho a decir verdad, era un buen hombre y sus sentimientos eran verdaderos, por eso a pesar del enorme peligro que representaba se encontraba calmada, confiando en que el volvería, a pesar de que las mismas palabras fueron dichas por aquel hombre que traicionó a su maestra y que, a pesar de que nunca quiso decirle concretamente quien es, sabía que pertenecía al clan de su amado.
Sus ojos cían miraron el tallado con el hechizo de a apatía. ¿Cómo es que Tsubasa lo conocía si quien lo creó fue Finé para asesinar a quien le engañó y se lo mostró deseando que jamás lo tuviera que utilizar?
—Tsubasa…—Murmuró su nombre sintiendo como su pecho se apretaba obligándole a toser. No se sentía muy bien. Decidió blanquear su mente y centrarse en nada más que en su deber con la gente del fuerte, recordando sin querer como es que su historia con Finé comenzó.
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No lo admitiría, pero saber que soldados directos del palacio decidieran verlo, le había puesto de los nervios. Estaba consciente de que revelarse contra el castillo no era algo que debía hacerse a la ligera, por lo que agradecía sinceramente que no se tratara del escuadrón secreto. Encargó a su esposa con la esposa de su amigo Nishikino y se mentalizó para poder portar su fría e imperturbable fachada para no caer ante los trucos de los eunucos, dicha fachada se destrozó cuando sus ojos azulados se toparon con una copia más joven del regente que más problemas había traído a su movimiento, Yatsuhiro Kazanari. Con cortos cabellos azulados y una mirada azulada más fría que la suya propia aquel hombre con ropas del palacio le intimidó más de lo que el servicio secreto lo hubiese hecho, pero sin duda lo que más le llamó la atención era su colgante, una réplica exacta del águila que reposaba en la puerta interior de Kadingir, nadie que no hubiese entrado allí podría imaginar ese diseño y ni los Kazanari ni los eunucos habían entrado allí jamás.
—Ayase Eri, líder del Clan de los Ayase recientemente unido con los Tojou. Bienvenido sea, señor. —Decidió presentarse mientras que aquel que indudablemente tenía parentesco con los Kazanari, avanzaba hacia él con una de esas nuevas canastas enormes capaces de preservar perfectamente la comida a pesar de los días. Cuando el peli-azul alzo la canasta, dando a entender que era un obsequio, le señaló la mesa a su izquierda, en dónde inmediatamente dejó el canasto, sentándose el rubio de ojos azules de frente mientras que los otros cinco consejeros tomaban asiento detrás de ellos por unos cuantos metros.
—Vine a traerle golosinas en nombre de su excelencia—Dijo ¿Kazanari Tsubasa? (¿Se trataba realmente de él?) mientras que extendía el contenido de los diferentes planos dentro de la misma canasta—Los mejores dulces del palacio…—pronunció de una manera que atrajo su mirada.
— ¿Piensa que así remediará el hecho de lo realizado a mi mentor, Uriel Darahim? —Cuestionó hostil.
—No hablemos ahora de cosas que puedan arruinar su apetito, Ayase-san.
Cuando los últimos dulces fueron mostrados, fue visible también un pergamino con la indistinguible caligrafía de su mentor. Estuvo por agarrarlo de inmediato, pero su mano fue detenida por su contrario peli-azul.
—Los dulces del palacio saben bien—Dijo Tsubasa poniendo uno de los dulces en su mano, escondiendo el pergamino de nuevo—Pero son pegajosos. Pruébelos y su carrera será un asunto del palacio. Espero que el líder de los Ayase y los Tojou actúe como es debido y cuelgue la cabeza de Uriel Darahim sobre el campo.
Las palabras de Tsubasa eran muy contradictorias a sus palabras dirigidas a parecer de Eli, hasta que un susurro lo hizo comprender todo inmediatamente.
—Entiendo—Dijo con seriedad, mirando entonces a los consejeros del palacio y el collar tallado a mano en Tsubasa.
—Si es así, ¿Por qué no lo dice? —Preguntó con indignación dándose la media vuelta mirando de frente a los consejeros, seguramente por haber actuado tan rudamente.
Eri se levantó de su lugar y se hincó frente a la espalda del Kazanari haciendo el clásico saludo de sumisión.
—Nosotros los Ayase, también en nombre de los Tojou, aceptamos. —Entonó calmando de manera notable a los presentes, pidiendo perdón en cientos de maneras a la memoria de su mentor y la dirigente de Kadingir.
—De pie—Dijo Tsubasa, el hizo caso y se levantó, caminando con sus visitas hacia afuera y haciendo lo dicho con tal de eludir a las autoridades. Observó a la distancia a su amigo Nishikino mirarle con desaprobación, ordenándole con un gesto que aguardara, necesitaba contar con su apoyo con lo que su mente estaba formulando además de conseguir información sobre el peli-azul que le estaba entregando la cabeza de Uriel Darahim para finalmente unir a su clan y humillar de tal manera la memoria de su mentor.
La mirada del peli-azul se notó melancólica una vez clavada en el hasta, cosa que lo descolocó.
¿Qué estaba realmente sucediendo con ese hombre?
Aquí el capítulo de la quincena espero lo hayan disfrutado.
Segunda vez que no alcanzo los 4K pero ahora fue a consciencia ya que lo quería dejar para el siguiente episodio sólo por el placer de verlos sufrir.
Como notaron, Kaede, Neferet se trataba de Genjuuro, sigan haciendo teorías que a mi me encanta leerlas. Sí, Kaede, el cabello de Maria se tornará rosa pero aun no descubrirás el porqué xD
NOTA: Posiblemente suba un fanart de Maria en este fic durante la semana a mi página de Facebook, Link en mi perfil ya saben ;)
En otras noticias... Oh my fucking god an English review! I feel soooooooooo excited, especially when this fic is in spanish. First Guest-san, thanks for reading i really appreciate it. I don't know what other fic are you talking about but Seducción (Seduction) and Te protegeré (I'll protect you) had been already translated by RandomTranslations but yeah, the translation of this fic is already planned so be happy (?) See you next time :D
Dejando mi vergonzo inglés de lado... ¡Nos vemos de nuevo dentro de quince días! Espero que después no quieran matarme cuando vean el capítulo D:
