LABIOS
Marceline cerró rápidamente los ojos y retuvo su respiración para no aspirar aquel asqueroso olor que intentaba colarse desvergonzadamente por su nariz, mareándola al instante. Su grande y delgada mano frotó con aliento la espalda del chico, incitándolo a expulsar todo de su ser.
Parpadeaba rápidamente cada vez que escuchaba a su amigo vomitar todo lo tóxico de su estómago, más que tóxico eran los malditos mareos que le producía el viaje en barco. Aunque no quisiera admitirlo.
—M-me arrepiento… ¿P-por qué vine? —Se lamentaba nuestro querido Jake mientras controlaba sus numerosas náuseas.- y… y tú estas acá… cuando t-tienes que cuidar… a Bonnie de ese…
—Dios cállate y sólo dedícate a vomitar... —Lo calló empujando su espalda para que siguiese con lo suyo.
Claro que tenía que cuidar y estar atenta a su omega, más cuando el chico la perseguía como perro en celo. Pero era Jake al fin y al cabo, su mejor amigo desde la infancia y el único que no le decía "realeza" como los demás niños cuando era tan sólo una cría, al parecer ser pálida también sería un blanco para las burlas.
Cerró fuertemente los ojos cuando sintió como una arcada fuerte se atoraba en su propia garganta y rezó para que la maldita no llegará tan lejos. Sintiendo de fondo a su amigo, el aroma tranquilo y trivial de una persona comenzó a entrar en el radar de Marceline, olvidando por completo a su amigo y a sus propios reflejos de vómitos.
—¿Marcy? —La llamó desde el camarote y sus pisadas comenzaron a sentirse cada vez más cerca de ellos.
—¡Estamos en el baño! —Chilló contenta por tener a Bonnibel cerca suyo. La chica escucho el grito de Marceline y caminó los pocos metros que le quedaban por recorrer y abrió la puerta del pequeño baño personal del camarote.
—¿Jake estas vomitando? —Inquirió manteniéndose cerca de la puerta y detrás de la pálida, que aún están en cuclillas apoyando a su amigo.
—¿Yo? No como crees… —Ironizó y volvió a inclinar su cabeza para seguir escupiendo el mal estar.
—Siempre tan gracioso Jake —Soltó una pequeña risilla y Marceline inconscientemente sonrió.- si hubiera sabido que no estás hecho para el mar no te hubiera traído…
—Descuida… e-estoy de diez… —Dijo y se quedó sin aire cuando otra arcada subió por toda su garganta.- c-creo que… estaré bien… s-solo… pueden irse —Gimoteó.
La más alta quería replicar diciendo que se quedaría hasta el último con él, pero el chico volvió a expulsar una cantidad asquerosa de vómito, sorprendiendo a ambas chicas por igual y haciendo que corrieran la vista hacia otro lado lejos del crimen.
—¿Sabes que? Lo entendemos —Dijo rápidamente la princesa mientras tomaba el antebrazo de Marceline para arrastrarla con ella lejos del baño.- nos vemos
Salieron del camarote al mismo tiempo que el rey Bubblegum quería entrar en el, chocando de frente con las jóvenes. Rey que las miró sorprendido por sus caras agitadas y porque también estaban tomadas de las manos, algo que inconscientemente hizo Marceline.
—¿Qué sucede? —Interrogó de manera fría y distante. Mirando fijamente a la más alta.- ¿Marceline?
—n-nada padre… sólo estábamos ayudando a Jake… él no se siente bien —Respondió apresurada por la tajante mirada que ahora estaba posada en ella.
—Como siempre estas haciendo algo que no te corresponde, ve con tu próximo alfa y tú Marceline ve a ayudar a los demás con la comida
Su voz sonaba autoritaria y altiva, dando a entender que es la única opción que había y que debía ser cumplida al pie de la letra. Y así lo hicieron las chicas, Marceline asintió apretando sus labios y caminó en sentido contrario, maldiciendo por lo bajo cuando se alejaba lentamente. Bonnibel sólo le dedicó una nerviosa sonrisa y caminó hasta donde debería encontrarse el rubio, justo apoyado en el barandal de la popa. Mirando distraído las bellas aguas.
—¿Le apetece la compañía de su próxima omega, su Majestad? —Dijo y rompió el silencio y tranquilidad que había formado el muchacho. Giro su cabeza hasta que sus ojos dieron con la causante de esa voz, sonriendo y asintiendo encantado con la idea.
—Estaré encantado, pero es mejor que tomemos asiento. No es bueno para usted, omega mía
Antes de que la princesa dijera algo, la mano de Finn tomó insistentemente su antebrazo y la arrastró al hermoso banquillo que había a unos pocos pasos, sin respaldo y cerca del barandal para observar el hermoso baile que hacían las olas. Finn tomó asiento primero y quedó mirando al océano, pronto lo siguió Bonnibel sentándose y procurando crear un espacio personal entre ambos. Espacio que Finn desvergonzadamente rompió al deslizarse más a ella.
—Cuando lleguemos a mi reino te mostraré las maravillas por el cual se nos caracteriza —Charló.
—Con gusto, me gustaría ver aquellas maravillas de las que dices —Bonnibel sonreía sinceramente porque ella conocía muy pocos reinos y este era su primer viaje a otro. Giró su vista al océano cuando la mirada de Finn era demasiada pesada para sostener.
—Y… ¿Sabes cocinar?
—¿Para qué tendría que saber?
—Pues prefiero que tu cocines mi comida a que una empleada, ya sabes… natural —Mofó deleitándose con su propia idea de omega ama de casa.- y creo que no harás el trabajo de reina…, eso toma demasiado tiempo y te necesito para mí cuando lo solicite
—Vaya, mi Alteza eres algo modesto con tus expectativas… —Ironizó manteniendo la calma.- no le gustará, pero prefiero mantener mi trabajo en la corte y que te cocinen las que trabajan en ello y no yo. De otra manera tendrás que aprender por cuenta propia
—Eres verdaderamente un grano en el culo, Bonnibel Bubblegum. Pero cuando seas mi omega dejarás de pensar libremente… como si estuvieras por arriba de los alfas y hombres de este mundo —Soltó y bufó ruidoso.
—De ser así mi vida en el futuro, juro que escaparé con mis propias manos Finn. Además no es de caballero comportarse así frente a una omega
—Eres tan ocurrente Bonnibel —Rio amargamente.- ya veremos cuando seas mía…
Sostuvieron una mirada desafiante dejando de hablar por un buen momento en el que sólo miraban hacia el mar y nada más.
Odiaban la presencia del otro, eran polos opuestos y no en el buen sentido. Chocaban y se sacaban chispas a lo loco, el orgullo de uno y la dignidad del otro no hacia más que una mala mezcla entre ellos y sobre todo por los ideales diferentes que crearon ellos mismos.
—Como las omegas nunca hacen lo que dicen, cuando nos casemos y bajo las leyes de la obviedad, tendré varias concubinas, amantes si eres bastante idiota. Te estoy diciendo esto para que te vayas preparando, necesito a una esposa con experiencia en ese campo
—Claro su Alteza, mañana mismo me acostaré con el primer estúpido que tenga en frente —Bramó. Su aroma inconscientemente comenzó a ser retador y agrio, demostrando que podía saltar a la yugular en cualquier momento, e hizo que el rubio riera.
—Ese aroma de una omega que cree poder pelear es tan tierno, rosita
Algo que no sabían, era que esa misma nube había sido soltada en gran cantidad y la fresca brisa la llevó afortunadamente hacia la cocina, donde una concentrada pelinegra estaba cortando las cebollas. Cuando el ácido aroma de Bonnibel se coló por la pequeña ventana ubicada en lo alto, Marceline levantó la vista de la tabla de cortar y aspiró profundamente y miró a la ventana buscando respuestas. Fue en ese momento en que otra oleada de brisa atrajo más de Bonnibel, confirmando las sospechas que comían la cabeza de la pálida. Tirando el cuchillo y su paño para salir prácticamente corriendo de la cocina.
Con la mandíbula completamente tensa y sus colmillos ya listos para saltar caminó decidida hasta donde se encontraba su omega, rugiendo al ver que Finn estaba invadiendo el espacio de la más joven. Saltó los últimos pasos que quedaban y empujó al rubio, recelosa, sentándose en la banqueta y su cuerpo tapó a la omega que aún soltaba unos agresivos aromas. Entonces Finn comenzó a carcajear desde el suelo, aunque no se levantaba por que el aroma que expulsaba Marceline era mucho más fuerte que el suyo propio.
—Marceline, no te esperábamos —Dijo y lentamente se levantó y sacudió la tierra que se instaló en su ropa.- pero tendré que pedirte amablemente que te vayas, con la princesa estamos charlando
—No —Bramó con una voz mucho más grave que lo normal, al parecer inconscientemente había sacado la voz de su verdadero alfa. Fin frunció en ceño cuando la escucho e intento caminar hasta la rosa chica, aún escondida en el cuerpo de Marceline, pero sólo se encontró a Marceline de frente, parada mostrando su alta estatura y dejando ver sus afilados colmillos.
Ambos alfas estaban listos para saltar y comenzar a pelear. Marceline presentaba todos los signos de un alfa molesto y para que un alfa muestre su verdadera cara quería decir que alguna "pertenencia" suya estaba siendo "tocada" por alguien más y eso sería peor que otra cosa. Finn era otra cosa, el se mantenía al margen tratando de no molestar más a aquel alfa que media metro y setenta, mucho más que su metro sesenta, claro también era por que probablemente si habría pelea estaba claro quien ganaría. Y eso era lo que más temía Finn.
—M-marcy… para… —Chilló asustada por la agresiva fragancia que invadía su nariz. Gracias a Dios, pensó Finn cuando la pelinegra perdió el enfoque de la conversación y parpadeó repetidamente para luego girar a Bonnibel.
—¿Te pasó algo? ¿Estás bien? —Escupió deprisa mientras sus manos recorrían su cuerpo buscando alguna herida o hematoma.
—Solo hablábamos… ella se acercó —Finn se cruzó de brazos cuando el silencio de Bonnibel era mucho más alargado, dando a entender que el era el único culpable.
—Cállate —Volvió a rugir y giró con intenciones de provocar un homicidio, algo que se cumpliría sino fuera por la voz bajita de la rosa chica.
—M-marcy para… sólo me enoje con él, estoy asustada por tu reacción… y tú aroma —Reveló y por inercia la pálida dejó de expulsar ese retador aroma, volviendo a su estado neutral para no asustarla más.
—¿Lo ves? Tu eres el problema, caballero —Alardeó sobre la ventajosa verdad que soltó la princesa.- como te dije, cuando llegaste la princesa y yo estábamos hablando… es mejor que te vayas así continuamos —Dijo y caminó un poco hasta ella.- ve a pelar papas y a prepara mi comida, que digo, nuestra comida —Se burló altivamente.
—Claro que lo haré cuando te mate, asqueroso bastardo —El estado tranquilo de Marceline volvió a estallar una vez más, haciendo asustar otra vez a la joven rosa.- tú te irás de aquí… lentamente
—¿Quién te crees que eres para decirme que hacer? —La retó y respiró el denso aroma de Marceline, junto con una pequeña porción intranquila y nerviosa de la princesa. Y dio otro paso, chocando prácticamente su nariz con la de ella.
—Eh… Finn, ¿Q-qué tal si hablamos luego? —Interfirió en el medio y los empujó lejos, dejando la mano con la que tocó a Marceline aún sobre su pecho. Al parecer logró calmarla porque eso dejó de oler esa densa nube. Esperaba que fuera eso, pensó la princesa.- e-espero que siga en pie el recorrido en tu reino, su Alteza…
—S-si… claro, estaré encantado de mostrarle su nuevo hogar —Dijo y miró a la pálida esperando una reacción.- hay mucho espacio para que jueguen nuestros cachorros… —Sonrió el socarrón y se topó con la mirada más seca posible de la pálida, con sus ojos abiertos a más no poder y la mandíbula ligeramente apretada trató de mantener la calma.- ya sabes… eso lo haremos apenas lleguemos al castillo, porque creo que estoy cerca de mi ciclo
Y se marchó, sin esperar una respuesta de la rosa y de Marceline, que estaba mucho más enojada por la última afirmación. Mordió, casi arrancando un pedazo, su mejilla interna. Quería gritar, quería matar a ese cerdo que se hacía llamar Finn y quería destrozar a todos los alfas que miraban deseosos a la omega sin reclamar que estaba frente suyo, con su mano aún en su pecho.
—Me voy a casar con un troglodita peor que tú —Intentó bromear Bonnibel cuando minuciosamente olió las pocas feromonas que dejó escapar su amiga.
—¿Qué es troglodita? —Preguntó una vez compuesta.
—Eres estúpida Marceline Abadeer… —Rio y bajó su mano.
A la pelinegra no le importaba los múltiples apodos y groserías que escuchaba salir de su omega, está de más decir que una omega no tenía permitido decir aquellas palabrotas ni comportarse como si fuera libre y hacer lo que quisiera. Marceline, con su corazón agitado y dolorosamente angustiado, corto la brecha que había entre sus cuerpos y la abrazó, asfixiándola con un hermoso abrazo de coala. La rosa correspondió gustosa a la muestra de afecto, porque sólo ellas tenían permitido abrazarse sin que el rey salte y los separe, y su sonrisa quedó en el hombro de la más alta. Marceline, por otro lado, respiraba aquel aroma de miel y coco que tenía la más baja y, posesivamente, frotó su cabeza con la suya dejando su aroma en la más baja.
—¿Qué comeremos hoy, chef Abadeer? —Chilló divertida.
Automáticamente una sonrisa se plasmó en el rostro fino y delgado de Marceline, contenta por haber encontrado a esa omega sin reclamar. Murmuró algunas palabras que la joven princesa entendió y volvieron juntas a la cocina, tomadas de las manos mientras platicaban sobre todo y nada.
No fue hasta más tarde de ese mismo día cuando la princesa salió en puras de pie de su camarote que compartía con el su padre, el r Bubblegum. Los pies de la chica la guiaron hasta la proa del barco Y se apoyó en el hermoso barandal de seguridad que rodeaba todo el barco, de color oro brillante la chica disfrutó la nula iluminación de la luna; tan hermosa y serena siendo la madre del silencio y de la belleza tímida de la noche. Cerró los ojos cuando una fresca brisa se estrelló de lleno contra su rostro, y sonrió complacida con la carencia de alguien más aparte de ella.
Sus ideas en su cabeza dejaban que desear, todo era un lío de pensamientos e ideas dementes que iban de la mano con sus emociones. Estaba molesta, irritada, triste y de vez en cuando aparecía una idea similar a "tirarse por la proa", porque la princesa no estaba bien y no haría nada para ocultarlo. Sintiendo el golpeteo doloroso de su corazón tomó una decisión, quería escapar, está claro; pero la única forma de hacerlo era salta del barco Y probablemente eso la mataría -sin contar que aún se encontraban en medio de la nada y rodeados por el inmenso mar que los abraza-
Y todo esto debido al terror que se aproxima apenas toque las tierras de Martín y el príncipe Finn. Aún no estaba lista para casarse, no quería pasar el resto de su vida al lado de un cavernícola como lo era Finn Mertens Campbell; y ella estaba segura que la apariencia "amable" del rey Martín era sólo una fachada para ayudar a su hijo y conseguir una esposa de una vez por todas.
Su mente quedó en blanco cuando su pie, sin ser consciente de lo que hacía, subió a la rendija de metal que tenía el barandal y se apoyó en ese pie para seguir escalando con el otro hasta estar prácticamente sentada en la barra de seguridad. Ya lo tenía todo inconscientemente y sólo debía decidir si saltar o no. Volvió a pensar cuando otra brisa chocó su rostro, temblando de miedo cuando el barco se topó con una gran ola de mar, haciendo que el mismo se tambalee violentamente.
Antes de caer por aquella sacudida que dio el barco, alguien la tomó y rápidamente la volvió a la seguridad de la proa. Sabía de quien se trataba, olía las feromonas nerviosas y miedosas de una pálida alfa.
—¡¿Qué diablos crees que haces?! —Gritó alterada y giró a la chica para enfrentarla pero sin dejar de abrazarla.
Bonnibel no contestó, aún seguía aturdida y el frío de la noche la hacia darse cuenta que también pudo haber muerto por una hipotermia lenta y dolorosa. Alzó su vista hasta mirar finalmente a la pálida, ahora sentía un poco de vergüenza por lo sucedido y abrió la boca para hablar y excusarse.
—Lo sien… no estoy lista para casarme, Marcy… —Soltó descuidada, y lo que parecía en una disculpa terminó siendo una revelación penosa y deplorable.
—¿Q-qué… él t-te hizo algo? —Tartamudeó por el peso de la revelación, pero muy en sus entrañas ella deseaba escuchar eso.- juro que si te hizo algo lo mataré, Bonnibel…
—No, no me hizo nada. Supongo que la pared de indiferencia cayó por fin cuando la llegada a sus tierras está pisándome los talones y eso quiere decir que hay una boda también…
—Nunca digas eso
—¿Quieres que viva en una puta ilusión y que este viaje sea eterno? —Escupió y caminó para darle la espalda a la chica.- n-no pensaba… cuando me di cuenta mi cuerpo ya estaba al otro lado de la valla, en realidad, Si no fuera por el soplido del viento probablemente ya estaría nadando…
La pelinegra quedó muda y expectante a los pasos de su omega, sentía su aroma agitado y percibía los movimientos corporales que tal vez ella no sabía que estaba haciendo. Sus brazos se auto abrazaron por la cintura y levemente su cuerpo se sacudía por el clima fresco de la hermosa y descarada noche, ella decidida eliminó la pequeña distancia que había entre ellas y la abrazo por la espalda, apoyando su cabeza en el hombro de la princesa, arqueando ligeramente su espalda para lograrlo.
—Puedo hacer todo lo que me pidas, Bonnibel… —Rogó y su voz casi se perdía por el sonido de las aguas cuando chocaban con el barco.
—Él dijo que tengo que tener experiencia… Ni siquiera he dado mi primer beso ¿Cómo perderé mi virginidad con alguien que espera demasiado de mi? —Murmuró tranquila por la fragancia de la pálida.
—Puedes negarte cuando estés en el altar… yo estaré ahí para correr junto a ti…
Ante esa confesión casi exponiendo los verdaderos sentimientos de Marceline, la chica más baja se mordió el labio sintiéndose nerviosa de pronto y giró tan lentamente como los brazos cruzados de Marceline se lo permitieron. Chocando prácticamente sus narices e intercambiando una profunda mirada la princesa se colocó en puntitas y sus labios se posaron con delicadeza sobre los de Marceline, pálida chica que se atragantó por la sorpresa y rompió el suave contacto de sus labios.
—¡¿B-bonnie… q-qué… qué haces?! —Dijo nerviosa y de pronto rio mucho más avergonzada e inquieta.
—Pensé que era buena idea, no le daré dos cosas de mi. La virginidad ya es mucho —Murmuró con el entrecejo ligeramente fruncido.
—¡C-claro que es buena idea! —Sonrió feliz y otra idea cruzó su mente.- ¿Q-que tal si compartimos… un segundo b-beso…?
Dijo inocentemente con sus mejillas aún coloradas y se relamió sus labios esperando alguna aprobación de la otra más baja. La princesa se rio por lo bajo cuando las acciones de Marceline le parecían extremadamente tiernas y ella asintió; y al poco tiempo sus labios fueron capturados por Marceline en una danza pausada disfrutando de la textura suave y sutil de esa carne.
O eso era lo que pensaba Marceline, sintiendo también un zoológico alborotado en su estómago.
—Ugh… M-marcy… espera —Dijo contra sus labios.- me estás babeando toda la cara…
Y con esa desalentadora frase, el zoológico se vino abajo junto con su dignidad y orgullo. Soltando a la princesa, la chica pálida no hizo más que sonreír y apoyar su frente con la de Bonnie, disfrutando de esa hermosa caricia que recibía su oreja por parte de Bonnibel.
—Espera… ¿Eres virgen? —Exclamó sorprendida luego de unos eternos minutos en silencio.
—mhm —Afirmó con los ojos cerrados.
—Pero eres omega…
—¿Y qué tiene?
—… ¿Cómo le haces?
—Tengo una dieta de flores y hierbas para esos días, Marcie. Así es mucho más fácil y el pago es mucho más alto si soy virgen y sin reclamar
—¿Pago?
—Tienes que pagar primero para tener a una omega de la realeza, Marceline…
—¿Cuánto?
—No lo sé, ¿Varios chelines y francos?
—¿Cuándo te refieres a "muchos" son como… tres?
—Eres tan graciosa Marceline —Murmuró contra el hombro de la más alta sin ser consciente que Marceline hablaba enserio y más si se trataba de su omega.
—S-si… claro que soy graciosa… ¿Bonnie?
—¿Si?
—Dicen que la tercera es la vencida… ¿Puedes darme otro beso? —Dijo y la cabeza cansada de Bonnibel salió de su escondite y le dio una hermosa sonrisa.
ESPACIODETIEMPO
—¡Por fin Dios escuchó mis plegarias! —Gritó alzando su brazos al cielo, feliz y excitado por no estar en el barco.- ¡Eres grande, barbudo!
—Jake para, hay gente mirando
Dijo la pálida chica mientras bajaba por la rampa bien armada y preparada para recibir a los monarcas y a su gente. El grupo más valioso entre los viajeros habían bajado y fueron recibidos por los campesinos que pasaban por allí y decidieron curiosear un poco y ver quienes eran los Reyes del tan aclamado Ooo, cuando la gente se abrió paso los coronados subieron a lo que sería su transporte y son esperar nada más, el galopeo furioso de los sementales comenzó en dirección al castillo. Dejando a los demás a su suerte propia.
—Vamos —Dijo y se subió al caballo que un caballero de la corte le entregó. Y comenzó el andar cuando su amigo estuvo ya listo.
—Me acabo de enterar de algo asqueroso, Marceline —Platicó cabalgando a su lado.
—¿Sobre qué?
—El reino de Lich se caracteriza por defender el…
—¿Lich? ¿Así se llama este reinado? —Preguntó cortando el cotilleo de su amigo.
Doblaron por una esquina y a lo lejos vieron los enormes portones del moderno castillo, siendo vigilado innecesariamente por numerosos soldados. Seguramente la princesa y su padre ya estaba adentro charlando con el idiota y el padre del idiota, pensaba mucho más celosa la chica. Después de haber compartido esos tres besos -mas unos dos pequeños al despedirse- la pelinegra se sentía mucho más celosa y posesiva con Bonnibel.
Por la mañana, unas pocas horas antes de llegar, la pelinegra se pegó a la princesa y recelosa la siguió a todos lados, siendo cuidadosa cuando el rey estaba cerca o lo veía pasar.
—Si Marcie, así se llaman estas tierras… como decía, según lo que dijeron muchos en el barco…
Dentro del Castillo, los que eran aludidos anteriormente se encontraban reunidos en un amplio salón decorado con bellezas exóticas, estatuas egipcias, floreros orientales y flores tan caras como la vida de la misma princesa. Sin contar que en ese mismo salón no sólo estaban los Bubblegum y el príncipe y Martín, se encontraba sentada al lado de su hermano la princesa Fionna; una hermosa omega de maravillosas curvas naturales y poseedora de unos hermosos cabellos dorados.
Bubblegum había tenido un particular saludo con ella, alargando mucho más la muestra caballerosa del saludo y aprovechó para olfatear su cabello; percatando un distinto aroma, más bien parecía que su propio perfume era tapado por otro, frunció el ceño cuando no encontró la marca que dejaría un alfa para apoderarse completamente de ella. Alzó la vista asombrado cuando parecía saber el porque.
—Luego del pequeño descanso que tomaremos, princesa y Finn irán a ver el pueblo —Habló sonriente y apoyo sus codos sobre la mesa imponiendo respeto.- y con el rey hablaremos sobre algunos detalles que quedan…
—Hablando de eso "su Alteza" —Mofó queriendo enojar a Martín.- ahora que estoy sentado justo al frente de esa hermosa vidriera que contiene al más sublime objeto encontrado por el santo Rial… Quiero que hablemos sobre, no sé, cambiar un poco mucho el acuerdo…
Y si, el objeto a que se refería el rey era nada manos que una hermosa daga de oro, decorada delicadamente con unas piedras preciosas similares a los diamantes, rubíes, esmeraldas y a la frágil piedra lapislázuli. O así describía la princesa a esa hermosa daga bien posada, porque ella también busco al objeto que describía su padre.
—¿Q-qué? ¿Hablas de mi daga? —Dijo confundido y giró hasta dar con la estantería que sostenía a la hermosa cuchilla.- ¿De qué hablas, Bubblegum?
—Bien, seré claro —Su cuerpo se relajó contra su silla y estiró sus brazos para apoyarlos en la mesa, pensando en como empezar.- mira, te daré a mi hija si tu me das esa hermosa arma, sólo la daga y nada más… De lo contrario no hay trato,
—¿Qué? —Escupió alterado el príncipe.
—D-disculpe… pero, ¿Qué?
—Ya hablé, esto es un reloj de arena y la oportunidad se va al igual que la arena. Tu decides, lo dejas o lo tomas, Martín Mertens
—E-eso no era lo que hablamos, Bubblegum. No puedes hacer esto justo unos días antes de la boda… —Gruñó embravecido.- no puedes hacer esto
—Puedo y lo haré, es mi omega y todo esto es un buen trato —Dijo calmado pero rápidamente su nariz comenzó a percibir un aroma perteneciente al chico frente suyo, al parecer estaba apunto se estallar.- ¿Crees que aceptaría esas monedas sabiendo que tienes todo un museo de reliquias?
—Su Alteza, creo que su… hija, ya me pertenece… es más, ¿Por qué no dejamos que ella elija? —Dijo altivamente el chico, pensando que Bonnibel ya había caído a sus pies.
—¡Ja! Me encantaría ver eso —Contestó burlándose del precoz cachorro.- pero primero apostemos, si mi hija se queda contigo tu, Martín, no me pagarás absolutamente nada. Pero, si Bonnie no lo hace el matrimonio se cancela y tú me entregas esa daga, amigo
—Aceptamos, —Sonrió el rechoncho aparentemente seguro de las habilidades de su hijo.- prepárate para perder Bubblegum, ninguna omega puede resistirse a mi orgullo —Rio.
Los tres alfas se levantaron de sus sillas y cada uno intercambio un apretón de manos, sellando así el nuevo acuerdo. Martín tuvo la cara para bromear con el rey sobre la que sería una victoria para los Mertens y no para los monarcas visitantes, alardeando de los supuestos encantos que poseía Finn Mertens. Ambas princesas quedaron aún sentadas observando a los alfas molestándose entre sí.
Fue cuando Martín caminó hasta la vidriera y sacó de ella a la hermosa arma, portando una ridícula sonrisa en su regordete rostro y la dejó sobre la mesa, mirando expectante a la princesa para que dijera las palabras esperadas.
—Bien, Bonnibel puedes elegir… —Dijo su padre sin mirarla, y otra vez en el día una oleada de alegría la ahogó por completo. Sabía que tenía que decir no, y eso, eso la mataba de una euforia placentera.
Sin decir palabra, la sonrisa que lanzó a Finn fácilmente lo engañó, haciéndolo creer que ella lo iba a elegir por sobre todas las cosas. Y también le lanzó otra sonrisa al rey Martín y una última a la princesa Fionna, quien le contestó con una mirada extraña y una sonrisa torcida.
—Han sido unos caballeros, durante el viaje y… lamento decirles, pero no estoy interesada en el casamiento… no ahora —Soltó finalmente.
Recibió lo que esperaba, unas miradas desorbitadas de los dos alfas que tenía al frente, una mueca desencajada y pronto llegó una oleada fuerte y densa de feromonas. Estaban enojada, habían sido engañados por una puta omega y, sobre todo, por un jodido alfa más inteligente que ellos; dañando así sus orgullos.
—¡¿Qué?! —Bramó Finn y corrió hasta la princesa queriendo tomar su brazo para sacudirla, pero el brazo grueso y fuerte de su padre se lo impidió.
—Llegas a tocarla y juro que te mataré con mis propias manos, maricón —Gruñó y usó su aroma para hacerlo retroceder.- calmen sus auras, al juego ya lo gané y exijo mi premio…
—Maldita omega, sabía que eras una puta al igual que todas —Rugió Martín observando como su amigo estiraba su mano para alcanzar su daga.- eres un maldito bastardo, Bubblegum… una verdadera bolsa de mierda…
—Siempre tan amable —Sonrió.
Se miraron furiosos, habían sido engañados por los malditos que venían de Ooo y había sido tan fácil como si de un juego de cartas se tratase. Pero Finn aún continuaba expulsando un agrio aroma, aun seguía molesto por lo que Bonnibel hizo, aun seguía pensando que el ya la tenía en la palma de su mano. Pero la mente de la rosa estaba nublada por una chica de cabello largo y rebelde, alfa y extrañamente muy pálida.
—Quiero que te vayas de mi reino, Bubblegum…
—Pero me encantaría escuchar un poco más al pequeño Finn alardear sobre sus nulos encantos hacia las omegas o mujeres en general… —Se burló picando la paciencia de el joven.
Cuando estaba listo para saltar y gruñir, la puerta del gran salón se abrió y golpeó estrepitosamente la pared, produciendo que durante el bramido algunos bellos cuadros se cayesen. Y entraron dos cuerpos, uno se quedó parado en la puerta y el cuerpo más delgado caminó nerviosa hasta los Bubblegum, quedando detrás de la princesa.
—¡Princesa! ¡Mi rey! No puede vincularse con esta gente —Gritó aún más nerviosa porque todos los ojos cayeron en ella, aunque también lo hizo una débil sonrisa de la rosa chica.
—¿Y eso por qué, Marceline?
—¡Ellos practican el incesto! —Chilló Jake desde la puerta y se acercó a sus monarcas.- mi rey, estas prácticas se consideran asquerosas y hasta encienden la furia de los dioses y de los más grande…
—¿Incesto? No estúpidos caballeros, es normal fornicar con tus hermanas, claro si son omegas…
—Martín por favor, no intentes salvar esto… —Habló desinteresado el rey y miró otra vez al chico.- ¿La única omega que te dio atención fue tu hermana? —Bromeó.
—¡Maldito! ¡Esa puta iba a ser mi omega! —Escupió y con su aroma encendido caminó unos cuantos pasos hasta la princesa.- ¡Tuviste que haber dicho que si! ¡Soy el único que puede darte todo!
Mientras el rubio príncipe soltaba los insultos y sus argumentos diciendo el porque tenía que decir que si y aceptar, aunque ya nadie le prestaba atención. El rey junto con Jake admiraban la hermosa daga sostenida de la mano de Bubblegum; Bonnie, como siempre, estaba perdida en sus pensamientos mientras tarareaba por lo bajo y Marceline -aún detrás de la rosa chica- disimuladamente olfateaba el cabello de su omega, averiguando que alfa estuvo cerca de ella y quien no.
Pero no tan disimulado, la cólera terminó por explotar cuando vio a la pálida chica inclinarse para oler el cabello rosa de su omega, de la manera más tierna posible. Fue cuando rugió y todos le prestaron atención, y cuando el comenzó a caminar en dirección a la distraída chica, Marceline estaba ya lista para saltar.
—¡Diles maldita puta que eres mía! —Bramó y bruscamente la tomó del codo obligándola a cortar la distancia entre los cuerpos y alejando de Marceline su cuerpo.
Y como el rey había planeado muy cuidadosamente desde que descubrió esa hermosa estantería con la daga, Marceline reaccionó tan rápido como le era posible y fielmente saltó sobre el chico y ambos cayeron. Pronto se escucharon unos violentos rugidos de ambos y el aroma que desprendían sus cuerpos era sofocador, cosa que hizo que ambos omegas se escondieran detrás de un alfa, pero la verdadera pelea no vino después de un chillón grito de Finn, y todo quedó en un silencio abrumador.
El cuerpo de la pálida se había quedado quieto por unos instantes, aun estando arriba del que era príncipe. Y cuando volvió en si, lentamente comenzó a levantarse del cadáver degollado de Finn, con su cabeza baja y sintiendo como algunas gotas de sangre caían por su boca caminó lentamente hasta quedar lejos de ambas familias, siendo consciente que había matado a un miembro de la familia real con sus propios dientes.
Martín, dolido y furioso, rugió queriendo ir hasta Marceline para matarla como venganza por su hijo, pero otra vez el rey Bubblegum apareció en escena y con la voz más trivial y apática dijo:
—Ya no tenemos que preocuparnos por la boda, el príncipe murió a causa de una mujer alfa… murió con honor —Dijo e inconscientemente con su mano desocupada tanteó buscando a su hija, que la encontró temblando de miedo.- hay muchas omegas, ya tendrás otro primogénito… Nos vamos, Jake, trae a la princesa
—¿Q-qué… p-por qué me haces esto Bubblegum? —Tartamudeó viendo como el alto alfa con barba tomaba delicadamente a la princesa.- p-puedo… atacar a tu reino, Bubblegum…
—Primero, el incesto no lo tolero y más si se trata de tu hija y segundo, ¿Atacar? ¿Tú? Te recuerdo que tengo a la mejor tropa siendo a tierra, a mar o por cualquier otro medio… sigues siendo inferior a mi —Gruñó y se dio vuelta para empujar a su hija a la salida.- cuando necesite otra reliquia vendré y la tomaré, nada de tratos ni nada de pagar. Adiós
ESPACIODETIEMPO
La princesa sentía la penetrante mirada de Fionna y sostenía una rara sonrisa sin mostrar sus dientes, durante toda la semana que había durado el viaje en barco para regresar a las hermosas tierras de Ooo, la chica parecía estar interesada en Bonnibel o eso pensaba la pelinegra, que desde la lejanía cuidaba y vigilaba a su omega pero no se acercaba por lo ocurrido anteriormente. Aun sentía un poco de vergüenza cuando lo recordaba, había perdido contra sus más arcaicos sentidos, siendo nublada por la rabia de ver a su omega siendo maltratada por otro alfa.
Y ahora, después de dos semanas y algunos días más, por fin se encontraban en el carruaje que los llevaría a su reino y ,acompañados como no, con la nueva princesa. Princesa que el mismo Bubblegum vendería al primero que diese el pago.
—Umh… p-padre, creo que iré con Marceline… ¿Podrías detener al jinete…? —Habló incómoda por los ojos azulados de Fionna. Su padre, admirando aún esa hermosa daga saca su brazo por la pequeña ventana y golpea el techo del carruaje, haciendo que este parase automáticamente.- gracias…
Ni lerda ni perezosa la princesa salió del vehículo y casi corrió hasta los caballos que también se habían detenido, caminando directamente hacia una asombrada pelinegra. Ella alzó sus brazos al cielo como niña pequeña y Marceline rápidamente la agarró subiéndola y la sentó como una señorita en el caballo, quedando delante de la pálida. El carruaje reanudó su andar al igual que los caballeros con los caballos.
—Princesa, cuenta el chisme —Husmeo Jake llegando con su caballo al lado de las dos chicas.- ¿Para qué trajimos a esa chica?
—Supongo que la venderá como si fuera su hija… —Respondió del mismo modo, interesada en seguir escupiendo rumores y habladurías.
—¿Y por qué estas aquí?
—Ella es un poco rara… su vista me incomoda
—¿Ella te hizo algo? —Habló finalmente Marceline. Mirando a la joven princesa.
—Ugh, no. —Sonrió.- pero espero que no sea siempre así…
—De acuerdo… —Mordió sus labios.- y-yo lamento que me hayas visto en esa forma, Bonnie… El te tocó y no pude controlarme…
—Tranquila, está bien. De todas formas reaccionaste pésimo, ya no era un peligro no iba a casarme…
—¿Por qué? —Dijo atento a la conversación.
—Si, pero eso no lo sabía. Lo supe cuando estábamos ya en el barco…
—¿Por qué no? —Volvió a interferir Jake, anhelando saber el secreto más grande.
—Ay Jake eres molesto… no me casé porque mi padre sólo quería esa daga…
—¡¿Lo ves?! ¡Te lo dije Marcy! —Gritó y jugó con las correas de su caballo.
La pelinegra suspiro cansada y sus labios presionaron en la parte posterior de la cabellera rosa, escuchando como Bonnibel y Jake intercambiaban algunos que otros comentarios acerca del pueblo que anteriormente visitaron, y sin darse cuenta ella comenzó a olfatear sin cuidado a la princesa que tenía en brazos. Con su nariz yendo y viniendo, de un lado para otro y hasta incluso olfateo detrás de su oreja, buscando rastros de otros alfas pues ella no pudo seguirla como siempre en el barco, porque aún se sentía avergonzada. Y la vergüenza llegó cuando ella dejó salir su lado troglodita, como sabía decir la rosa, y mató a Finn sabiendo que a su princesa no le gustaba que las personas sean controlados por su lado animal. Pues hasta Marceline estaba de acuerdo que la princesa necesita a su lado a alguien civilizado, y no un asesino por naturaleza como lo era la pelinegra.
Aunque dejó de pensar en eso cuando la mano fina y suave de la susodicha se posó con delicadeza sobre la suya, ofreciéndole unas pequeñas caricias con su pulgar. Y sonrió dejando otro beso en la cabellera de su Alteza.
《¡HOLA! Les traigo el capítulo más largo que escribí y espero de corazón que lo disfruten (porque sinceramente no sé si estoy mejorando en escribir:v)Acá está lo más esperado de todos7u7. ¡FINN MURIÓ! Jaja y el rey Bubblegum es el puto amo! También descubrimos que Jake es muuuuuy cotilla. La princesa Fionna se irá cuando aparezca su pareja así que no habrá tanto drama, o eso:v. Cualquier duda dejen su comentario:3Quiero agradecer de corazón a todos lo que comentan y dejan su corazón:3. Como siempre espero que el capítulo sea de su agrado y aviso que este capítulo no lo revise, si encuentran algún error de cualquier tipo sólo déjenlo pasar:3Los amos:3》
l
