¡Muchas gracias a todos por sus reviews!

En especial a Ah!Thah gentleman (no te preocupes, amo tus largos comentarios :D) conniekirkland, Kumikuma-chan, Altair snape black y LoretoLovesglee. De verdad muchísimas gracias a todos ustedes que siguen la historia. (Aun a los que no dejan comentario :D)

Disclaimer: Ni Glee ni sus personajes me pertenecen.

Capitulo 7

Edward Bruce Evans había llevado una larga trayectoria en el departamento de policía de Ohio.

Oficial condecorado, logró pasar el examen de detective integrándose perfectamente al escuadrón de vicios y después a homicidios, para luego ser referido al de Víctimas Especiales en el cual se destacó de manera brillante gracias a su carácter gentil y su carrera de psicología cursada en la Universidad de Stanford.

Durante el tiempo que trabajó en esa unidad, logró quince arrestos y cerró veinte casos, convirtiéndose en uno de los mejores elementos. Por eso, cuando cumplió sus dos años base en ese escuadrón, en lugar de transferirlo a otra unidad como hacían con sus demás colegas, el capitán decidió reclutarlo en el pequeño grupo especial de detectives que estaban formando, ya que el comisionado de Ohio consideraba que era necesario enviar elementos especializados a los departamentos de las comunidades pequeñas del estado para que les ayudaran a especializarse en esa delicada área que era la de Víctimas Especiales, pues los casos en aquellos pueblos pequeños aumentaban de manera alarmante y las policías locales se veían prácticamente incapaces de lidiar con eso por falta de la debida preparación y asesoría. Al principio Evans se hallaba renuente, pues esto significaría trasladarse junto con su familia a una zona más pequeña y eso sería un cambio radical en sus vidas, en especial en la de su hijo, que pese a hallarse interno en una escuela de varones, estaba acostumbrado a la vida rápida de la capital del estado. El cambio a un pueblo pequeño podría llegar a afectarle y desagradarle.

Evans no aceptó de inmediato, primero debía hablarlo con su familia, y fue solo por ellos que accedió a tomar el puesto ofrecido como asesor especializado de la U.V. E de Lima Ohio, por su esposa y su hijo que le animaron a hacerlo.

De ese modo, los Evans llegaron a Lima Ohio y Edward comenzó a encargarse de llevar a cabo su tarea con la incipiente Unidad de Víctimas Especiales de Lima.

Sabía desde un principio que sería difícil, pero esa noche Roland Hawkins le había demostrado que sería aun más complicado de lo que pensaba.

Debería lidiar no solo con la escasa preparación técnica de los detectives del lugar, sino también con la nula empatía o sentido común de estos hacia las víctimas. Pueblo pequeño al parecer era sinónimo de prejuicios grandes y ahora entendía porque según su nuevo compañero, en Lima no ocurrían casos de violación, porque seguramente la mayoría de las víctimas que reportaban eran tratadas como culpables que buscaron lo que les pasó o simplemente al saber del trato que otras habían recibido, la gran mayoría se abstenía de reportar, dejando el historial de Lima como el de un pueblo limpio y lleno de santos.

Sí, ya se imaginaba que debía atenerse a los prejuicios de la gente, pero no podía evitar sentirse molesto con su compañero.

-Cometiste un gran error.- Le dijo, molesto a Hawkins mientras conducía de vuelta al pueblo. Hawkins se limitó a chasquear la lengua contra sus dientes.

-¿Por qué?-

Evans sintió que su enojo iba en aumento, la respuesta tan simplona y despreocupada de Hawkins le hacía rabiar aun más.

-Punto número uno a considerar en este trabajo, Roland. No se debe acusar a una víctima de ser la responsable de su propio ataque. Con lo que has dicho has conseguido que el chico se cierre y desconfíe de nosotros. Si tiene algún dato que aportar seguro no querrá hacerlo ahora y todo es por culpa tuya.-

Roland volvió a chasquear la lengua mientras desviaba la mirada con desinterés y una sonrisita burlona.

-Por favor, Edward, ¿Acaso te crees esa historia? El chico lo inventó todo, no necesitas ser detective para darte cuenta. De hecho lo venía sospechando desde el primer día.-

Evans le miró con extrañeza. Al notarlo su compañero dijo:

-No puedes pasar en alto su voz, a leguas se le notaba en el hospital que es afeminado y hoy obviamente lo confirmó al ir de la mano de ese otro. Un chico como ese no puede traer más que problemas.-

Enfurecido, Evans se orilló bruscamente y frenó el auto.

-Escúchame bien, idiota.- Le espetó con dureza.- A ti no te toca juzgar la vida o calidad moral de una víctima, ¿Está claro? Tu trabajo es investigar y encontrar al victimario, para eso te pagan y que no se te olvide.-

-Te tomas esto demasiado en serio.- Replicó el otro, comenzando a molestarse.- Es lógico que ese muchacho es una bala perdida. Como dije, habrá invitado a algún pervertido a su casa y cuando llegaron sus padres se encontró con que la mejor manera de evitar un regaño era decir que lo habían atacado, y aquí estamos nosotros como imbéciles siguiéndole el jueguito, haciéndole el teatro más grande.-

Evans sujetaba el volante con fuerza, tratando de contenerse para no partirle la cara al idiota de su camarada.

-Si no, ¿Cómo explicas que lo recabado en su "kit de violación" no fue compatible con las muestras del perpetrador en serie que atraparon en Powell y que atacaba ahí y en Westerville?- Respondió, refiriéndose a un violador en serie que había atacado a varias mujeres en los últimos tres meses en aquel pueblo a quince kilómetros de Westerville. El tipo, usando ropa negra y un pasamontañas, se introducía a las casas de sus víctimas por las noches, atacándolas para luego largarse.

Dado estos datos, Evans hizo que las muestras de ADN de ese sospechoso se cotejaran con las del caso Hummel. Estaba casi seguro de que no serían compatibles, pero el protocolo lo inclinaba a hacer ese pedido al laboratorio. Tal y como lo había pensado, las muestras de ADN no concordaban.

¿Y por qué estaba seguro? Por su experiencia.

Desde la entrevista con Kurt aquella noche sabía que no tenía todos los datos fidedignos. Evans había trabajado con cientos de víctimas y sabía muy bien cuando una se acallaba parte de la información. ¿Los motivos? Miedo, culpa y vergüenza; la desconfianza hacia los demás en una situación tan vulnerable y las posibles amenazas por parte del agresor, hacían que hasta la persona más valiente se quebrara y se guardara incluso hasta el nombre y domicilio de su atacante.

La declaración de Kurt lo decía a gritos, en toda su narración se había referido a su agresor como "Él", nunca "ese sujeto ", no "Aquel maldito", sino "Él".

Además, los técnicos de "Escena del crimen" habían encontrado un juego de huellas dactilares ajenas a los miembros de la familia (pues por requisito habían recabado las huellas de Burt, Carol, Finn y Kurt) en la puerta que conectaba al garaje y el pasamano de las escaleras, las cuales no se hallaban registradas en el banco de datos de la policía, o sea, no era un agresor con antecedentes. Si el atacante usaba un pasamontañas para evitar ser reconocido quizá en parte se debía a que tenía historial y si era así ¿Por qué no había usado guantes para evitar dejar esa pieza primordial de evidencia?

Para Evans, eso quería decir que la víctima conocía a su victimario.

Por esa razón deseaba hablar con él. Quizá después de esos días el chico habría puesto en orden sus ideas, quizá habría iniciado una terapia y eso lo podría orillar a no seguir callando, a sentirse seguro, protegido y libre de romper su silencio.

Y Hawkins lo había echado a perder.

Más convencido que antes de no compartir sus sospechas con el cabeza hueca de su compañero. Evans arrancó el vehículo nuevamente y retomó el camino a Lima. Ya volvería a Dalton, pero esa vez lo haría solo.

Kurt había pasado casi toda la noche leyendo los temas del foro que Blaine le había sugerido.

Los testimonios de las personas que habían escrito en ese lugar, le hacían sentir que leía su propia historia. Narrada con muchas variantes y marcadas diferencias, pero básicamente en el fondo, era la misma.

Historias de dolor, sumisión, humillación y desesperanza.

Cada uno de los posteadores, anónimos todos ellos, narraban la serie de sentimientos que les embargaban a raíz de su traumática experiencia. Los cambios que se habían suscitado en sus vidas, su personalidad, sus rutinas. La sensación de que no había un mañana, el deseo de volver el tiempo atrás y el auto recriminarse por no haber actuado diferente, de que si hubiera hecho una u otra cosa, o si no hubieran hecho alguna otra, nada habría pasado.

Todo esto hizo que Kurt se sintiera identificado y en cierto modo aliviado, en especial cuando otros miembros del foro, con más años en terapia y sanación, les respondían a estas personas ayudándoles a minimizar su dolor.

Después de leer algunos de esos posts, sintió deseos de registrarse, quizá para poder hablar un poco, pero no se atrevía. Varias veces dio click al botón de registro solo para dar vuelta atrás.

Por fin después de muchos intentos, logró armarse de valor y llenar el formulario, todo con datos falsos como era de esperarse. Mail, direcciones y en especial un nickname que no tuviera nada que ver con él, o por lo menos no de forma que sus conocidos, si por alguna extraña casualidad daban con ese foro, pudieran relacionarlo.

Pensó unos minutos y recordó aquel fin de semana en el que David, fanático del anime, había monopolizado el DVD de Blaine y los tuvo a todos viendo sus series favoritas. Una de ellas tenía una preciosa canción que a Kurt le había dejado fascinado. Recordó la traducción que aparecía durante el ending de la serie y la letra le recordaba a como se sentía ahora.

Still doll.

Terminó el registro y volvió al portal del foro.

Observó por un momento la pantalla. Ahora que ya se había registrado volvió a acobardarse ante la idea de participar activamente y compartir su historia.

Eran casi las cuatro treinta de la madrugada. La laptop anunció que se quedaría sin batería. Kurt conectó el aparato al cargador y se acostó para tratar de conciliar el sueño. Aunque su cabeza seguía dándole vueltas a todo lo que había leído. El impacto que había hecho ese foro en él parecía ser beneficioso.

Al llegar la mañana, nuevamente se levantó muy temprano. Apenas había alcanzado a dormitar unas cuantas horas, pero el cansancio ya casi parecía ser parte de su vida diaria. Se disponía a salir de la habitación cuando tocaron a la puerta. Kurt abrió.

-Buenos días, rayo de sol.- Dijo Blaine, haciendo alusión a aquella vieja canción de "Hair". Kurt sonrió alegremente al verlo.

-Buenos días, ¿Qué haces aquí tan temprano?-

-¿Qué más va a ser? Escoltarte al comedor por supuesto. Sabes que estoy en pie de guerra y no dejaré que te pases el día sin comer como has estado haciendo últimamente.-

Kurt ya no discutió. Blaine le ofreció el brazo y el joven soprano lo tomó con delicadeza y un ligero rubor en las mejillas. Los dos se encaminaron hacia las escaleras.

-Por cierto…- Murmuró Kurt mientras andaban.- estuve revisando el foro que me mostraste.- Blaine dio un ligero respingo y prestó toda su atención.- Es… interesante.-

-¿En verdad?-

Kurt asintió.

-Lo que ahí dicen… es interesante, te agradezco que me lo hayas mostrado.- Añadió, sin atreverse a contarle que se había dado de alta.

-¿Te ayudó?-

El soprano asintió con un poco más de energía y tratando de esbozar una sonrisa.

-Sí… debo admitir que me ayudó a despejar algunas dudas. Gracias por mostrármelo.-

-No tienes nada que agradecer.-

-¡Hey, Kurt, Blaine!- Gritaron detrás de ellos Wes y David, dándoles alcance. Al ver que sus amigos iban tomados del brazo, los dos chicos no pudieron evitar algunas exclamaciones.

-Ya era hora.- Declaró Wes. David le dio un codazo.

-Déjalos en paz.- Murmuró.- Aunque sí, ya era hora.-

Tanto Blaine como Kurt se sonrojaron en el acto.

-Por cierto, Kurt… ¿Cuántos años quieren darte?- Inquirió David.

-¿Qué? ¿Cómo?- Soltó Kurt sin entender.

-Sí, que cuantos años quieren refundirte por lo del poste.- Aclaró Wes.- Para eso vinieron los detectives, ¿No?-

Kurt empezó a reír al mismo tiempo que Blaine. Wes y David los miraban sin entender.

-No, no entienden.- Logró decir Blaine.- La policía no quiere levantar cargos contra Kurt, al contrario, quieren saber si recuerda algo del desgraciado que lo sacó del camino.- Y al decir lo del "desgraciado", no pudo evitar que una sensación de rabia y amargura le inundara. -Además, no sé aun de alguien al que hayan encarcelado por un poste.- Concluyó.

-¡Uy, pues te diré!- Intervino Wes.- A mi tío Andy una vez se lo llevaron arrestado por haber chocado contra un poste enorme de mármol, y…-

-Wes, ese no era un poste.- Le corrigió David.- El tarado de tu tío Andy se fue a estrellar contra el monumento a Washington, ¿O acaso olvidas que mi papá tuvo que ir a buscarlo hasta allá para representarlo? Moraleja, no bebas y conduzcas al mismo tiempo.- Concluyó David con aires de sabio.

-Ah, cierto, es verdad.- Replicó el muchacho con expresión despreocupada, sus amigos no podían parar de reír.- ¡Oh, por cierto! Kurt, necesito que me hagas un favor.-

Kurt, extrañado, miró a Blaine y luego a Wes.

-Claro, ¿Dime?-

-Verás… la semana que viene es el cumpleaños de Carly, mi novia.- Empezó a decir Wes. David y Blaine se miraron entre ellos sin comprender, pues si no mal sabían el cumpleaños de Carly ya había pasado.- Y bueno… no sé que obsequiarle. Blaine dice que eres un genio de la moda.- Agregó, haciendo sonrojar al aludido al revelar de esa manera las cosas que decía sobre Kurt en privado y provocando que el soprano mirara de reojo a Blaine.- Así qué ¿Qué dices? ¿Me acompañas junto con este par de mensos al centro comercial a escoger algo lindo para ella?-

Blaine y David comprendieron de inmediato la idea de Wes y les pareció grandiosa. El chico quería llevar a Kurt fuera para animarlo, pues a él como a David también le preocupaba el estado anímico de su amigo. Blaine le dio las gracias moviendo los labios pero sin emitir un sonido. Wes le sonrió y negó con la cabeza, respondiéndole también con un silencioso "ni lo menciones".

Kurt dudó un momento. ¿Salir de Dalton de nuevo? La simple idea de volver a abandonar el edificio y encarar el exterior le hacía estremecer de terror. Le daba la sensación de que Karofsky se hallaba por ahí, acechando como un animal a punto de atacar. La aterradora experiencia del fin de semana, le hacía temer por peligros casi improbables.

Pero por otro lado, Wes le estaba pidiendo un favor, y consideraba al chico un buen amigo. Ahora que le pedía su ayuda no podía negársela, sería una grosería.

-Está bien, será un placer ayudarte.- Respondió, esforzándose por sonreír con naturalidad.

-¡Gracias! Muy bien, entonces nos reuniremos después de clases, ¿Les parece? Iremos en el auto de Blaine por que el de David está en el taller y el mío tiene algunas multas que no he pagado.-

-¿A quien decías que iban a refundir en prisión?- Soltó Blaine, mirándolo de manera acusadora. Wes solo hizo un ademán con la mano restándole importancia al tema.

La tarde llegó y con ella la inevitable hora de la cita.

Kurt se hallaba muy nervioso al momento de salir del edificio. A pesar de que se esforzaba por aparentar normalidad, a veces miraba de reojo a todos los rincones como si esperara que alguien le saltara de la nada. Al notarlo, Blaine le tomó de la mano, sonriéndole, infundiéndole valor y confianza para avanzar. Kurt se tranquilizó un poco y correspondió al gesto del chico, aunque por dentro la ansiedad seguía carcomiéndolo.

Tomaron el auto de Blaine y se dirigieron al pueblo. El viaje fue muy ameno, pues tanto David como Wes estaban decididos a animar a Kurt por todos los medios posibles, razón por la cual charlaban animadamente con él, contaban chistes e incluso cantaban a viva voz acompañando las canciones del estéreo. Blaine les acompañaba, animando a Kurt para que se les uniera, el soprano con una leve sonrisa pretendía seguirlos en su canturreo, aunque en realidad solo movía los labios sin emitir sonido alguno. Esto no pasó desapercibido para Blaine y le preocupaba, pues al parecer el dolor que Kurt llevaba por dentro le estaba apartando de una de las cosas que más amaba, cantar.

En pocos minutos se encontraban en el estacionamiento del centro comercial de Westerville. Un edificio de tres pisos con escaleras eléctricas y grandes ventanales que daban al exterior, enormes plantas adornaban las estancias y grandes locales de marcas reconocidas abarcaban la zona hasta donde la vista alcanzaba. Este lugar, que en tiempos pasados podría haber significado el paraíso para Kurt, ahora se le presentaba como un sitio de escaso interés, pues su deseo era terminar rápido con el encargo para correr de nuevo a Dalton y encerrarse en su habitación. David y Wes se mostraban muy emocionados, parte por animar a Kurt parte por que no solían salir muy a menudo del colegio. Blaine tomó nuevamente de la mano al soprano y los cuatro chicos se encaminaron al interior del lugar.

-¿Y bien, por dónde comenzamos?- Inquirió David mirando todo el lugar como si se hallara perdido.

-Preguntémosle al experto.- Dijo Wes, girándose para ver a Kurt.- ¿Y bien mi estimado Tim Gunn, por donde empezamos?-

Kurt, algo nervioso, miraba a su alrededor un tanto a la expectativa. Wes y David se miraron entre ellos para luego ver a Blaine con preocupación.

-¿Kurt?- Blaine posó su mano con suavidad en el hombro del chico, provocándole a pesar de todo un pequeño sobresalto. Apenado, Kurt reaccionó y salió de su ensimismamiento.

-Lo siento… eh… bien, ¿por dónde empezamos?-

-Tú guíanos, ¡Oh, gran Gurú del estilo!- Soltó Wes haciéndole una reverencia que provocó la sonrisa de sus amigos.

Los cuatro chicos de Dalton se internaron entre la gente, caminando por los pasillos, mirando los escaparates de las boutiques y las tiendas de bisutería y maquillaje. También entraron a las librerías, las tiendas de discos, las de gadgets e incluso a un gran almacén de papelería, pues David quiso aprovechar el viaje para surtirse de algo de equipo de dibujo, ya que ese era uno de sus pasatiempos favoritos y le faltaban algunos materiales. Al salir de ahí, no solo él llevaba una bolsa de compras. Blaine también había comprado algo, pero no quiso mostrarles de que se trataba.

Hicieron una parada en una cafetería, ya que Wes y David empezaban a quejarse amargamente de hallarse deshidratados y pedían casi a gritos un descanso y una bebida, llevándose las manos a la garganta y jadeando mientras fingían una sed mortal. Luego se dirigieron a otra boutique. Wes, aun con el pretexto del regalo para su novia, instó a los chicos a entrar, pues el lugar era de moda unisex y pensó que quizá eso por fin cambiaría el semblante tenso del joven soprano.

Y en parte su plan tuvo éxito. Quizá el chico no miraba la ropa con interés para si mismo como solía hacerlo antes, pero el que constantemente le preguntaran su opinión sobre algunas prendas para Carly y sobre estilos para ellos le hizo tener cierto contacto con su verdadero yo, relajándose un poco y hasta llegando a bromear con sus amigos. Blaine también se unió a la estrategia, pese a ser más versado en modas que sus dos amigos, debía admitir que Kurt era aun más experto que él, así que sus preguntas no resultaban tan increíbles. Después de pasar casi una hora dentro de la tienda, por fin lograron elegir algo para Carly, además de llevar algunas cosas que les habían gustado y que Kurt les había dicho, les sentaban muy bien. Salieron de la boutique charlando animadamente al tiempo que un chico y una chica se acercaban a la puerta con la intención de entrar.

Kurt, que iba distraído escuchando lo que Wes iba contándoles, no notó cuando la pareja se acercó a la entrada y chocó de frente con el muchacho. Al sentir el ligero golpe, giró su rostro. Lo que vio lo dejó helado.

Era alguien usando una chaqueta deportiva de la escuela preparatoria McKinley.

De inmediato su mente volvió a traicionarle, llevándolo de vuelta al terror de aquella noche. Como un "flash" la imagen le sobrevino de repente. De un golpe era derribado al piso al tiempo que Karofsky se le subía encima, el dolor le invadió de nuevo, podía ver sobre él el pecho de Karofsky con aquella misma chaqueta, moviéndose al ritmo con el que le penetraba. Kurt pudo escuchar sus propios gritos.

Solo que estos no estaban solo en su mente.

Había comenzado a gritar de terror. Inconscientemente empezó a lanzar golpes contra aquella persona con la chaqueta, este le tomó de las muñecas para detener su ataque. Al sentir que era sujetado por aquel tipo su terror se convirtió en verdadero pánico y comenzó a forcejear para liberarse del agarre.

-¡Kurt, tranquilízate!- Era la voz de Blaine, pero a Kurt le sonaba lejana. El moreno le tomó de los hombros para tratar de evitar que siguiera forcejeando y se lastimara más las costillas. El chico de la chaqueta deportiva le había soltado. Blaine abrazó a Kurt, hablándole al oído, tratando de traerlo de vuelta de aquel oscuro pasadizo en el que su mente se había internado.

-¡Kurt…! ¿Estás bien?- Inquirió preocupada una voz femenina. Esto hizo que el soprano por fin regresara del todo al mundo real. Sus ojos parecieron liberarse de una espesa niebla que le impedía ver y pudo notar a Sam y Quinn frente a él con expresiones preocupadas. La chica llevaba su uniforme de Cheerio y el muchacho usaba la chaqueta deportiva de McKinley.

-¿S… Sam, Quinn? ¿Qué… qué hacen aquí?-

-Mi mamá encargó un vestido en la sucursal de esta boutique en Lima, pero no ha llegado.- Replicó la chica, confundida.- Sam me hizo el favor de traerme hasta aquí para hacer la reclamación. No esperaba verte.- Añadió con una mezcla de gusto por verlo después de tanto tiempo y extrañeza por lo ocurrido.- ¿Qué ocurrió aquí?-Preguntó sin comprender. La gente de los alrededores los miraba con curiosidad.

Kurt se hallaba muy nervioso, sus manos temblaban visiblemente. Miró a Sam con su chaqueta del colegio y el terror se convirtió en ira.

-¡¿Por qué demonios siempre tienen que usar estas estúpidas cosas?- Le gritó con furia, empujándolo con ambas manos para luego salir casi corriendo de ahí. Blaine salió a toda prisa detrás de él. Wes y David se despidieron de la pareja de McKinley y fueron con sus amigos.

Blaine siguió a Kurt hasta el estacionamiento. Lo vio llegar a dónde habían estacionado el auto para luego sentarse junto a este, recargando su espalda en el vehículo, con los brazos apoyados en sus rodillas y la mirada en el piso.

El moreno se acercó y se hincó frente a él, colocando su mano suavemente sobre su hombro.

-¿Estás bien?-

Kurt emitió una suave risita que desconcertó un poco a Blaine.

La risita fue poco a poco en aumento hasta convertirse en una risa histérica que derivo pronto en llanto. Blaine abrazó a Kurt a pesar de que el chico trató de evadirlo.

-Tranquilo… respira hondo, respira…- Le susurraba al oído. Wes y David llegaron al lugar pero al ver la escena guardaron su distancia.

-No voy a lograrlo, Blaine.- Murmuró el niño muy cerca de su oído.- En verdad, no puedo, no voy a lograrlo…-

-No digas eso Kurt, por favor.-Le suplicó.- ¡Sé que puedes hacerlo, lo lograrás!-

Kurt negó vehementemente con la cabeza.

-¡No, no puedo, lo sé, estoy muerto! ¡Ya no soy el mismo de antes, solo queda este horrible y estúpido cuerpo vacío, pero yo ya no soy el mismo, no soy yo, no soy yo!-Gritó, sollozando amargamente.

-¡No es así, aun eres tú Kurt, es solo que estás perdido y es normal, después de lo que ocurrió es normal. Te encuentras perdido en esa oscuridad pero aun sigues siendo tú, dentro de tu bello y valioso cuerpo aun se encuentra ese valiente chico loco, ese dulce y temperamental artista capaz de conmover con su talento hasta a las rocas, aun está ahí el Kurt Hummel que amo!-

Kurt se aferró a Blaine con fuerza, llorando a más no poder.

-Vamos a salir de esta Kurt, entre los dos vamos a salir de esta, ya lo verás, confía en mí.- El moreno se esforzaba por contener su propio llanto. Kurt solo logró asentir débilmente.

El viaje de regreso a Dalton se hizo en un total silencio, nada que ver con la algarabía de la tarde. Al llegar al colegio, los cuatro amigos subieron a los dormitorios. Apenas eran las ocho de la noche.

Blaine acompañó a Kurt a su habitación. Wes y David fueron con ellos. Por suerte Roman se encontraba en la biblioteca por lo cual se ahorraron el toparse con él.

El soprano quiso ducharse por lo que apenas al ingresar en el cuarto tomo su ropa y se encerró en el baño. Los tres chicos se quedaron envueltos en un tenso silencio.

-Es obvio que no sufrió un accidente de auto. - Murmuró Wes, sentándose en la cama de Roman. Blaine no dijo nada. Era obvio que esa mentira ya no iba a funcionar, pero no iba a decir la verdad, no sin el consentimiento de Kurt.

-¿Lo atacaron?- Aventuró David. Blaine siguió en silencio.- No te preocupes, no tienes que decir nada, la verdad… fue muy evidente.

-¿Qué quieres decir con "atacaron"?-preguntó Wes sin estar seguro de si comprendía o no.- ¿Lo asaltaron, le robaron?-

-O lo golpearon, ¿No es así?- Siguió aventurando David con cautela. Después de todo habían muchos casos de chicos gay que eran golpeados por grupos homofóbicos y la verdad, siempre tenía el temor de que los siguientes en sufrir una agresión semejante fuera alguno de sus dos amigos, pues sabía muy bien como se las gastaba la gente intolerante. Blaine se limitó a asentir. Era la verdad, hubo golpes de por medio. -¿Es por eso que vinieron los detectives?-

-Sí.- Murmuró Blaine, pero ya no iba a decir nada más.

-Entiendo… debió ser muy duro para él. ¿Te dijo como pasó?-

Blaine negó con la cabeza.

-Escucha, no creo que sea bueno que lo dejes solo. Quizá debamos volver a repetir lo de la otra noche.- Le dijo Wes a Blaine. El moreno levantó la vista hacia su amigo. Este continuó.- Le diré a Roman que se mude conmigo esta noche y así tú podrás quedarte para cuidarlo.-

-¿En verdad?- Exclamó Blaine con sorpresa y alegría. El hecho de poder quedarse a cuidar a Kurt le hacía sentir un gran alivio. Wes asintió.

-Sí, no hay ningún problema. Kurt también es nuestro amigo, queremos que esté bien y al parecer tú eres el único que puede ayudarle.-

-Gracias.- Replicó el moreno, abrazándolo con efusividad. Wes y David sonrieron por la reacción de su compañero.

Sam y Quinn volvieron a Lima. Cada uno trataba de encontrar una explicación lógica a lo ocurrido, algo que sonara coherente como motivo del porqué, su amigo y ex compañero de glee había gritado como si lo estuvieran matando tan solo al toparse con ellos.

¿Acaso el cambio a Dalton no había sido tan beneficioso como se esperaba? Quizá había sido para mal, es decir, ¿Y si ahí había alguien que le torturaba aun más de lo que Karofsky lo había hecho en McKinley? Aun así, ¿eso justificaba un ataque de histeria como ese?

Quinn pensaba que quizá podría estar enfermo, pero para Sam esto le brincaba de una forma que le parecía medianamente familiar, había algo ahí que no lo dejaba tranquilo.

-¿Habría que decirle a Finn?- Dijo la chica cuando por fin entraron en el pueblo y se estacionaron frente a la casa Fabray. Sam la miró con duda.

-¿Crees que sea conveniente?-

-No lo sé… no estoy segura. Admito que lo que pasó me dejó perturbada, pero, también me pregunto si no estaremos dándole mucha importancia, no sé…-

Sam suspiró y le abrazó.

-Lo sé, te entiendo.-

-Quizá… quizá debamos esperar, no lo sé, quizá no sea para tanto y si le decimos a Finn solo vamos a preocuparlo por nada, ¿Verdad?-

-Es posible.- Aceptó Sam, igual de confundido que ella y lleno de las mismas dudas.- Tienes razón, quizá debamos consultarlo con la almohada. Mañana veremos si debemos comentárselo o no.-

Quinn asintió medianamente más tranquila. Ambos bajaron del auto y el chico acompañó a la capitana de las Cheerios hasta la puerta de su casa.

Cuando Kurt salió de la ducha, se encontró con Blaine en la habitación. Vio que traía sus cosas, lo cual le extrañó. Ante su mirada perpleja, el moreno se limitó a decir.

-Roman pasará la noche con Wes, creo que se han hecho amigos.- Le sonrió.

-Deben pensar que estoy loco.- Murmuró, refiriéndose al incidente de la tarde.

-No más de lo usual.- Soltó Blaine, tratando de hacerlo reír.- Piensan que sufriste una golpiza por parte de un grupo de intolerantes.-Añadió ahora con seriedad.

Kurt se sentó en su cama, suspirando con algo de alivio.

-Gracias.- Le dijo en un murmullo. Blaine se sentó a su lado y le rodeó los hombros con su brazo.

-¿Te sientes mejor?- Kurt asintió con la cabeza tímidamente. Blaine le acercó más a su cuerpo, recargando la cabeza del soprano en su pecho. Aun no comprendía que había detonado el ataque de histeria del chico, pero ya se encargaría de averiguarlo, por el momento lo importante era que él estuviera bien.- ¿Quieres que llame a tu papá?-

-No, no es necesario.- Replicó, sobresaltado.- Ya pasó… puedo controlarlo, tú lo dijiste, ¿no es así?- Kurt trataba de sonar alegre. Blaine esbozó una leve sonrisa.

-Por cierto, Kurt, respecto a lo que te dije…-

Kurt al principio no entendía a que se refería Blaine. Después, de repente recordó lo que le había escuchado decir en el estacionamiento.

"El Kurt Hummel que amo"

Kurt se puso nervioso y se apartó del pecho de Blaine.

-¿Di… dime?- La verdad, lo que fuera a decir no le daban ganas de escucharlo. Seguramente Blaine, en la búsqueda de decir algo que lo ayudara había dicho más de lo debido, algo que en realidad no sentía y ahora quería aclararlo. Evitaba la mirada de Blaine, pues no quería mostrarle lo que sentía en esos momentos.

-Solo espero no haberte incomodado… sé que ahora no te sientes bien y lo que menos necesitas son más problemas, pero yo… -

-Está bien, no tienes que decirlo, tampoco es que me lo haya creído.- Dijo Kurt intentando reír, como si hubiera tomado su comentario a broma. Blaine al escucharlo sintió como si le hubieran clavado una daga en el corazón.

-No fue una broma.- Soltó con seriedad. Kurt se quedó helado y miró a Blaine a los ojos, tratando de descubrir en ellos algún indicio que le mostrara que se estaba burlando de él, pero no era así, lo único que vio en los ojos de Blaine era una sinceridad total y un amor absoluto.-En verdad te amo.-

Blaine lo abrazó de nuevo, acercando gentilmente el cuerpo de Kurt al suyo. El soprano se dejó guiar. Amaba a Blaine desde hacía mucho tiempo y el saber que él sentía lo mismo era algo que lo hacía inmensamente feliz. Blaine lo aferró con suavidad y acercó su rostro al de Kurt, buscando sus labios, posando su mano en la cabeza del chico con dulzura.

Pero la mente de Kurt parecía haberle declarado la guerra al soprano y estaba empeñada en hacerlo miserable. En cuanto Blaine rozó sus labios con los suyos, otro "flash" vino a torturarle. Los labios de Karofsky se apoderaban de los de Kurt invadiendo su boca con la lengua, ahogándolo, impidiéndole respirar.

Aterrado empujó a Blaine. Al darse cuenta de que era él y no Karofsky el que había intentado besarlo, ocultó su rostro entre sus manos.

-Lo… lo siento… yo… yo…-

-Está bien, tranquilo, lo entiendo.-Replicó Blaine, volviendo a abrazarlo, rodeando sus hombros con sus brazos, recargando la cabeza de Kurt en su pecho.

-Te amo, Blaine…- Sollozó Kurt.- En verdad te amo, ¡solo es que ahora… no puedo, aunque deseo besarte, no puedo!-

-Lo sé, lo entiendo. No quise presionarte.- Le susurró al oído. Feliz por saber que era correspondido y apenado por haberse apresurado.- Será a tu ritmo, ¿De acuerdo? Iremos con calma, a tu ritmo, no nos apresuraremos.- Kurt asentía levemente.

Los dos chicos se quedaron así por un momento, abrazados. Sus corazones estaban inmersos en una comunión intima, una conexión que solo les pertenecía a ellos, algo que no podrían tener con ningún otro. Blaine pasaba su mano por el cabello de Kurt al tiempo que le cantaba suave y dulcemente al oído, deseando tranquilizarlo y hacerlo sentir bien. El soprano sonreía de un modo que creyó jamás volvería a hacerlo, sincera y totalmente feliz.

-Eres lo mejor que me ha pasado, ¿Lo sabes?- Le susurró Blaine al oído. Kurt le abrazó con un poco más de fuerza.

-Al contrario… tú eres lo mejor que me ha pasado, lo digo en verdad.-

-Por cierto, casi lo olvido.- Blaine no deseaba romper el contacto, pero no le quedaba de otra. Dio un suave beso en la frente de Kurt y se levantó de la cama para ir a donde tenía sus cosas. Sacó la bolsa de la papelería a la que habían ido.

Extrajo de ella un diario, de tamaño mediano, pasta dura forrada en color gris D'ior y una cerradura plateada que impedía que fuera abierto por cualquiera a menos que usara la llave, esta venía insertada en el ojo de la cerradura, era plateada también, una hermosa pieza de estilo clásico que pendía de una larga cadena.

-Te traje un obsequio.- Le dijo, entregándole el diario. Kurt miró el regalo con curiosidad.

-Gracias, es hermoso… pero… ¿Qué es?-

-¿No reconoces un diario cuando lo ves?- Inquirió Blaine con una sonrisa, volviendo a sentarse junto a Kurt. Tomó de sus manos el diario y giró la llave, las hojas eran de un suave color gris y tenían márgenes decorados.- Leí por ahí que… cuando se ha sobrevivido a una experiencia tan fuerte es bueno escribir todo lo que no puedes hablar, es una especie de terapia, eso te ayudara a desahogarte.-

-Es un diario muy bonito como para escribirle algo como eso, ¿No crees?-

-Pero es una forma muy segura. Gracias a la cerradura solo tú podrás abrirlo, así que nadie más podrá leer lo que escribas. Sé que hay cosas que no puedes o no deseas hablar con nadie, lo entiendo y lo respeto, te aseguro que no te presionaré a que lo hagas, pero no puedes guardártelo Kurt, te hará daño. Con el diario podrás expresar todo aquello que no puedes compartir, lo que no debes callar.-

Kurt miraba el diario. Quizá era una buena idea. Blaine volvió a cerrarlo, giró la llave en la cerradura y la sacó para luego ponerle la cadena en el cuello a Kurt.

-Solo tú tendrás esta llave, así que solo tú podrás abrirlo.-

-Eres muy bueno conmigo.-

-Solo quiero lo mejor para ti.- Volvió a darle un suave beso en la frente. Kurt le sonrió. Blaine le pasó la mano por la mejilla, admirando su rostro y aquellos hermosos ojos claros que lo tenían loco. Vio sus labios, el deseo de besarlos se apoderó de él nuevamente.

Desvió la mirada y esbozó una sonrisa, Kurt hizo lo mismo.

-Bueno… creo que será mejor que yo también me de una ducha.- Murmuró nervioso, para luego levantarse, tomar sus cosas y dirigirse al cuarto de baño. Kurt lo vio irse al tiempo que le sonreía.

Se quedó con sus pensamientos. Aun se sentía confundido, pero a pesar de todo, estaba feliz. Habría deseado que la declaración de sus sentimientos entre ambos se hubiese dado mucho antes, haber disfrutado de la paz que tenía a lado de Blaine, haber podido besarlo cuando no tenía miedo y sí, haberle entregado a él su virginidad en lugar de permitir que aquella bestia se la robara.

Suspiró. Se recostó en la cama y miró el diario, le dio vueltas en sus manos mientras admiraba cada uno de sus detalles y luego lo abrazó contra su pecho. Sin darse cuenta se quedó dormido, pues el agotamiento como siempre le había ganado la partida.

Blaine salió de la ducha después de unos minutos. Llevaba puesto un pantalón holgado y una camisa ligera mientras se secaba el cabello, el cual, libre del gel que solía usar, empezaba a alborotarse con la naturalidad de sus rizos. Miró a Kurt que se hallaba sumido en un profundo sueño y esbozó una sonrisa. Se le veía tan hermoso, con unos rebeldes mechones de cabello castaño sobre su frente y rozando sus largas pestañas, sus hermosos y sonrosados labios entreabiertos, sus mejillas como dos dulces y apetitosos duraznos. Parecía una pequeña hada, un ser mágico e irreal que había salido de un bosque de ensueño y le había hecho el honor de concederle no solo su compañía, sino también su amor. Su sonrisa se amplió aun más al darse cuenta de lo afortunado que era. Se quedó ahí, admirándolo, como hipnotizado. Amaba verlo dormir, contemplarlo, llenarse con su presencia. Eso y el tiempo que pasaban juntos era algo que atesoraba y adoraba.

De pronto, notó que sus parpados cerrados se movían, señal inequívoca de cuando se tiene un sueño agitado. Tenía razón, el chico comenzó a moverse en la cama de un lado a otro, peleando en sueños al tiempo que se quejaba, el diario cayó al piso. Blaine se acercó, le tomaría de la mano como aquella vez y quizá podría volver a ahuyentar esas pesadillas. Se sentó a su lado y volvió a tomarle la mano, pero esta vez no fue suficiente.

Kurt seguía debatiéndose de un lado a otro, al parecer aquel sueño era aun más profundo y terrible, quizá resultado del ataque de histeria que había tenido en la tarde. Blaine no sabía qué hacer, ¿Debía despertarlo acaso?

-No… por favor… para…- Suplicaba Kurt en sueños.

Blaine sintió que la sangre se le congelaba, un escalofrío le recorrió de repente al escucharlo. Debía despertarlo. Empezó a agitar a Kurt para despertarlo, pero el chico se hallaba inmerso en aquel pasadizo oscuro de su mente del que Blaine había tratado de sacarlo en el centro comercial.

-¡Kurt… despierta!-

-¡… déjame en paz, suéltame…!- Las lágrimas comenzaban a correr por sus mejillas.- ¡Te lo ruego, por favor, te lo suplico, Dave por favor no lo hagas, para, no lo hagas, NO!-

-¡Kurt!- Exclamó Blaine, agitándolo con más fuerza. El soprano se despertó y se incorporó de golpe, se hallaba muy agitado.

Kurt miró a su alrededor. Estaba en Dalton, estaba a salvo. Vio a Blaine a su lado, sintió que le había tomado de la mano y él la aferró a su vez con fuerza.

El moreno se hallaba desconcertado… ¿Dave? ¿Acaso Kurt sabía el nombre de su atacante?

Entonces recordó lo ocurrido en la boutique, el ataque de histeria y lo que le dijo a aquel chico.

"¿Por qué demonios siempre tienen que usar esas estúpidas cosas?"

Haciendo un repaso mental de Sam, recordó la chaqueta deportiva de McKinley. ¿Acaso su agresor usaba una de esas chaquetas?

Cuando conectó todo, sintió como si un balde de agua helada le cayera en la cabeza. Kurt trataba de recuperar el control de su respiración.

Blaine le tomó por los hombros y lo giró para verlo a los ojos.

-¡Kurt… Fue ese desgraciado! ¿No es así?- La respiración de Blaine se hallaba agitada. Trató de controlarse para seguir, pero le era difícil.- ¡¿Te atacó ese desgraciado de Dave Karofsky?-

Kurt le miró con sorpresa y horror, más pálido que nunca.