¡Hola! Aquí dejo la continuación del capítulo de ayer. ¡Nos leemos pronto! ¡Besos a todos! =)


Capítulo 7

Encontraron al resto de profesores en las escaleras que subían a la torre de Astronomía, luchando frente a varios mortífagos. Ellos debían de ser los que habían salido de la Sala de los Menesteres. Ningún otro miembro del ED había acudido a la llamada de Hermione.

Ginny y Hermione luchaban una al lado de la otra contra dos mortífagos corpulentos. Cerca de ellas, Luna lanzaba extraños maleficios contra otro de los magos oscuros, intentando alejarle de Neville, quien se encontraba en el suelo tras haber recibido un hechizo unos segundos atrás. Ron combatía hábilmente contra Amycus, mientras miraba hacia el lugar donde se encontraban Ginny y Hermione, temiendo perderlas de vista y que les ocurriera algo horrible.

Tras unos minutos de lucha, donde los profesores intentaban frenar a los mortífagos antes de que escaparan por alguno de los pasillos, Snape bajó de la torre de Astronomía, llevando a Malfoy sujeto por el cuello y empujándole hacia delante. Iban seguidos de varios mortífagos, entre los que se encontraban el matrimonio Lestrange y Greyback. Parecían estar huyendo y los demás mortífagos mantenían ocupados a los miembros de la Orden que se encontraban allí para ayudarles en su escapada. Sin embargo, Greyback se dio la vuelta y se dirigió hacia el grupo que peleaba, pillando a Bill de espaldas. El hombre-lobo le mordió en el hombro y comenzó a rasgarle la piel. Este ataque hizo que Bill aullara de dolor y cayera al suelo de rodillas, sujetándose con fuerza el lugar donde había sido mordido.

―¡Bill! ―Ron se dirigió rápidamente a ayudar a su hermano―. ¡Alarte Ascendare!

Por unos centímetros, el conjuro falló su objetivo y Greyback sonrió hacia el pelirrojo, quien sería su próxima víctima.

―Vaya vaya, ¿Qué tenemos aquí? ―El licántropo hablaba pausadamente, mientras se acercaba a Ron―. No me gusta que se metan entre mis víctimas y yo… Ahora tú serás el siguiente.

Ron, quien había quedado paralizado ante el peligro que se acercaba, fue retrocediendo hasta quedar bloqueado por la pared de ladrillo que se encontraba a su espalda. Greyback estaba a escasos centímetros de él. Un único pensamiento pasó por su cabeza en ese momento: Hermione. «Si debo morir, que sea pensando en ella. Espero que logre sobrevivir a esta lucha. Ella siempre fue mejor que nosotros, estoy seguro que conseguirá salvarse». Cerrando los ojos, Ron esperó encontrarse con la muerte. Pero ese momento fue interrumpido por un grito.

―¡NOO! ¡RON! ¡PETRIFICUS TOTALUS!

Greyback cayó hacia atrás, pero antes de rozar el suelo, se desvaneció. Ron abrió los ojos, encontrando a Hermione corriendo hacia él. Cuando la chica llegó a sus brazos, la abrazó fuerte, pensando en lo afortunado que era al tenerla como amiga.

―Me has salvado la vida, Hermione. No sé qué haría sin ti. Seguro que habría muerto en el primer año de colegio. Te quiero, ¿Lo sabías?

Hermione se tensó al oír aquellas palabras, pero no se separó de él. Había estado a punto de perderle para siempre. Al escuchar esa confesión por parte del pelirrojo, algo dentro de ella le dijo que esos sentimientos que Ron tenía no eran, simplemente, de amistad. Ella también sentía algo así por él, pero hasta ese momento había decidido huir con sus padres cuando acabara el curso para ponerles a salvo. Un pensamiento cruzó su mente, haciéndola cambiar de opinión, «No puedo hacerlo. No puedo apartarme de Harry y de Ron, no ahora. Me necesitan junto a ellos en la lucha contra Voldemort… Yo necesito a Ron a mi lado…». Separándose, vieron como Harry bajaba de la torre, corriendo y lanzando hechizos a todos lados, intentando dar a los pocos mortífagos que quedaban. Al ver que su amigo se agachaba junto a Neville, los dos corrieron a su lado. Sin embargo, no llegaron a tiempo, ya que Harry salió a toda velocidad hacia el lugar por el que habían desaparecido Snape y Malfoy.

―¡Neville! ¿Estás bien? ―Hermione se agachó junto a su amigo.

―¿Dónde iba Harry?

―No… No lo sé ―Neville hablaba con cansancio―. Le dije que Snape y Malfoy habían escapado en esa dirección y él se fue corriendo.

Antes de que pudieran salir corriendo en su búsqueda, la profesora McGonagall acabó con el último de los mortífagos que quedaban y, con una voz atronadora, les pidió a todos que ayudaran a llevar a los heridos a la enfermería. De esta forma, Luna y Ginny ayudaron a Neville a levantarse; Ron y Lupin cargaron con Bill, quien se estaba recuperando del dolor del mordisco; Hermione, Tonks y la profesora McGonagall les seguían de cerca. El resto de profesores habían ido a controlar al resto del castillo, puesto que muchos alumnos habían salido de sus salas comunes al escuchar los ruidos que se estaban produciendo.

Antes de llegar a la enfermería, un alumno de Hufflepuff vino corriendo hacia la profesora McGonagall. El niño, que debía de estar en primero o segundo, parecía asustado y le costaba hablar con claridad.

―Pro-profesora, algo…algo ha caído…yo estaba en…en el pasillo y…v-vi como…caía…desde la torre…ha-ha caído en los jardines…era algo…algo grande…como una persona…

―Remus, Tonks, será mejor que vayamos a echar un vistazo.

―¡Minerva, rápido! Venga a fuera… ¡Qué desgracia, qué desgracia! ―El profesor Binns, el fantasma que enseñaba Historia de la Magia, había aparecido por una de las paredes.

Todos se dirigieron hacia fuera, siguiendo al fantasma por los pasillos. Multitud de alumnos, fantasmas y profesores corrían hacia los jardines del colegio. Todos parecían escandalizados y asustados.

Cuando llegaron a los jardines, una imagen les heló la sangre, paralizándoles en las escaleras por las que se entraba al castillo. Unos metros más allá, un bulto tembloroso se encontraba agachado junto a algo que estaba tumbado en el suelo. A su lado, una figura tan grande que solo podía pertenecer a Hagrid, temblaba y sollozaba, lanzando alaridos tan fuertes que habrían podido romper todos los cristales de las ventanas.

La profesora McGonagall, junto con otros miembros del profesorado, se dirigieron hacia Hagrid y las dos figuras que se encontraban en el suelo. Al descubrir que se trataban de Harry y Dumbledore, todos se quedaron clavados en el suelo.

―¡Profesor Dumbledore! ―La voz de McGonagall se quebraba con cada palabra que intentaba decir―. Potter, ¿Qué-qué ha pasado?

―Él le mató…él le mató….―Harry temblaba y lloraba, sujetando fuertemente a Dumbledore entre sus brazos―. Snape mató al director...

―Albus es-está muerto…―la profesora McGonagall se llevó la mano a la boca. No podía creerse lo que estaba viendo―. Potter, será mejor que entre al castillo. Hoy ha sido una noche muy difícil para todos nosotros, en especial para usted.

Sin embargo, Harry no se movió del lado del director. Ahora debía continuar solo en la búsqueda de los Horrocruxes. Dumbledore había muerto, el que habían encontrado era falso y aún quedaban varios por localizar. Él no tenía ni idea de por dónde debería empezar a buscar; siempre pensó que lo haría junto con Dumbledore.

Uno a uno, los profesores y alumnos sacaron sus varitas y lanzaron chispas de luz al cielo, logrando que la Marca Tenebrosa desapareciera por completo. Todo estaba en silencio, solo se escuchaban los sollozos de Hagrid al lado de Harry.

No supo cuánto tiempo había pasado, pero cuando una suave mano se apoyó en las suyas, Harry levantó a mirada. Allí estaba Ginny, sujetándole las manos y rogándole que se levantase. Todos los demás se habían ido. Solo quedaban ellos dos, Hagrid y algunos profesores.

―Potter vaya a la enfermería con la señorita Weasley. Allí encontrará al resto de sus amigos y podrá verle la señora Pomfrey ―la profesora McGonagall le miraba de una forma maternal muy poco característica de ella―. Hoy ha hecho usted algo muy noble. El profesor Dumbledore estaría orgulloso de usted. Ahora es el momento de que los profesores nos ocupemos del cuerpo. En pocos días celebraremos un entierro en el colegio, para despedirle como se merece.

Sin poder discutir más, Harry se guardó en uno de los bolsillos el Horrocrux falso y dejó que Ginny le guiara hacia el interior del castillo. Fue entonces cuando recordó las palabras de la profesora McGonagall a cerca de donde se encontraban sus amigos. Una sensación de vacío se apodero de él al caer en la cuenta de que, al bajar de la torre de Astronomía, había pasado por encima de algunos cuerpos.

—¿A quién más han matado, Ginny?

—No te preocupes, a ninguno de los nuestros.

―Vi a Bill en el suelo, ¿Está bien? ¿Y Neville?

― A Bill le mordió Greyback… Nadie sabe qué consecuencias tendrá el mordisco, puesto que no estaba transformado en hombre lobo… Neville también está bien. Recibió una maldición y está un poco débil, pero pronto se recuperará.

Llegaron a la enfermería. Al entrar, Harry vio a Neville acostado en una cama cerca de la puerta; al parecer dormía. Ron, Hermione, Luna, Tonks y Lupin se apiñaban alrededor de una cama al fondo de la habitación. Todos se volvieron hacia la puerta. Hermione corrió hacia Harry y lo abrazó; Lupin también fue hacia él, con gesto de aprensión.

―¡Oh, Harry! ¿Estás bien? Ron y yo quisimos seguirte cuando te fuiste a buscar a Snape y a Malfoy…

―Tranquila, Hermione. Estoy bien…de verdad… ―Harry se dirigió a Lupin, quien le miraba con preocupación―. Fue Snape…él mató a Dumbledore.

Liberándose de los brazos de Hermione, Harry se dirigió hacia el resto de sus amigos. Abrazó a Ron, quien estaba pálido y ojeroso. Fue entonces cuando se giró hacia la cama que ocupaba Bill. Estaba tan magullado y lleno de cortes, que era difícil reconocer en él al apuesto joven que había sido hasta esa misma noche.

―La señora Pomfrey dice que se pondrá bien… ―Ron fue el primero en hablar. Adivinando los pensamientos que se estaban cruzando por la cabeza de Harry―. Greyback no se había transformado, así que Bill no se convertirá en un… en un…

—No, no creo que Bill se convierta en un hombre lobo propiamente dicho —observó Lupin—, pero eso no significa que no exista cierto grado de contaminación. Esas heridas están malditas. Es poco probable que se curen por completo y… Bill podría desarrollar algunos rasgos lobunos a partir de ahora.

La profesora McGonagall entró en la enfermería, seguida por los señores Weasley y Fleur. Los tres se acercaron a Bill con preocupación. La señora Weasley comenzó a llorar y a abrazar a su hijo.

―Potter, me gustaría hablar contigo un momento.

Harry asintió y siguió a la profesora McGonagall fuera de la enfermería. Ron y Hermione le miraron y asintieron, dando a entender que ya tendrían tiempo para hablar de todo lo ocurrido.

Los dos días siguientes fueron un continuo goteo de magos y brujas que llegaban a dar sus últimos respetos a Dumbledore. A pesar de que Harry, Ron, Hermione y Ginny siempre estaban juntos, había largos periodos de tiempo en los que Harry desaparecía solo, sin dar ninguna explicación. La noche antes del funeral de Dumbledore, Harry se marchó de la sala común cerca de la medianoche, llevándose consigo la capa de invisibilidad y el Mapa del Merodeador. Preocupados por el extraño comportamiento de su amigo, Ron y Hermione decidieron quedarse un rato en la sala común a esperar a Harry. Por la hora que era, todos los alumnos se encontraban acostados, por lo que no había nadie más en la habitación. Las clases habían sido suspendidas desde la trágica noche y, según les había informado la profesora McGonagall durante la cena en el Gran Comedor, todos los que quisieran volver a sus casas podrían ser trasladados al día siguiente. Por el contrario, todos los que desearan quedarse para el funeral de Dumbledore, podrían alojarse en sus habitaciones hasta que se celebrara la despedida. Aquel curso finalizaría tras el funeral, siendo suspendidos todos los exámenes que quedasen por realizar, así como la Copa de las Casas.

Ron estaba jugando con los naipes explosivos para evitar quedarse dormido. Por su parte, Hermione paseaba de un lado al otro de la sala común, nerviosa por los acontecimientos que habían vivido unas noches atrás y lo que significaban para el mundo mágico y, en especial, para los muggles y los nacidos de muggles.

―¡Hermione para! Me estás poniendo de los nervios ―Ron había sonado más duro de lo que pretendía. Al ver la expresión de dolor que se había instalado en el rostro de Hermione, Ron se levantó y, torpemente, fue hasta donde se encontraba su amiga―. Perdona, no quería ser tan brusco. ¿Qué es lo qué te tiene así? Y no me digas que es solo por lo de Dumbledore, porque yo también estoy intentando asimilar lo que ha ocurrido, pero no estoy en este estado de nervios en el que te encuentras. Llevas muy ausente desde la noche en que ocurrió todo…

Sin contestar a su pregunta, Hermione no pudo aguantar más y se lanzó a refugiarse entre los brazos de Ron. Éste, intentando poner en práctica lo que había estado leyendo en aquel libro que le habían regalado los gemelos, la abrazó fuertemente. Al notar que estaba llorando, la guió hasta el sofá y la sentó, quedando él de rodillas delante de Hermione.

―Ey, no llores Herms ―suavemente le limpió una de las lágrimas que recorrían sus mejillas―. Odio verte llorar, lo sabes. Cuéntame qué es lo que te preocupa, quizá pueda ayudarte.

―Es…es por todo Ron. ¿Sabes lo que significa la muerte de Dumbledore? ―A medida que sus preocupaciones salían de su pecho, donde habían estado viviendo los últimos meses, Hermione notaba que su respiración se aceleraba, llegando a hiperventilar en algunos momentos―. ¡Ahora qué Dumbledore está muerto, todos los muggles y los hijos de muggles corren un peligro mayor! ¡Voldemort vendrá a por nosotros y nos matará!

―Para, para, para. Nadie va a hacerte daño a ti o a tu familia Hermione, te lo prometo. Mi familia os ayudará a esconderos o lo que sea. Seguramente, si hablo con mamá y papá, estén de acuerdo en que tú y tus padres os vayáis a vivir a casa de la tía Muriel…

―Ron, no puedo pediros eso. Os pondría en peligro a vosotros también y, sinceramente, tu familia me ha tratado durante tantos años como una más y ha cuidado mucho de mí…yo…no podría haceros eso… He estado pensando y, quizá, lo más seguro sería que me fuera con mis padres del país… que nos escondiéramos en algún lugar del mundo y que usáramos otras identidades… podría cambiar nuestro aspecto para que no me reconocieran…

―Pero, Hermione… eso significaría que… tú…tú te irías… y yo… quiero decir, Harry y yo… no sabríamos nada de ti. ¿Cómo voy a estar tranquilo sin saber si estás a salvo? ―Ron se puso rojo al ser consciente de la pregunta que había hecho―. Quiero decir… que… Harry y yo estaríamos muy preocupados…

―Yo tampoco quiero alejarme de ti, Ron… de Harry y de ti. Pero creo que sería lo más apropiado. Así, vosotros no correríais más peligros de los que ya corréis siendo quienes sois. Debéis cuidar el uno del otro, Ron. Harry te necesita ahora.

Sin dejar tiempo a Ron para protestar por lo que acababa de decirle, Hermione le dio un beso en la mejilla y se dirigió a los dormitorios. Cuando llegó a las escaleras, se volvió, para encontrar a Ron arrodillado delante del sofá con la mano apoyada en el lugar donde ella le acababa de besar y con la mirada perdida en algún punto de la pared. «¿Cómo voy a ser capaz de dejarle solo? Harry y él también me necesitan… Pero, si me quedo… ¿Qué ocurrirá con mis padres? Ahora todo es distinto. Dumbledore está muerto y todos somos más vulnerables». Con este último pensamiento, Hermione subió hasta su habitación.