Felicita escuchaba los gritos y sollozos de su amiga, y por primera vez no fue capaz de detenerlo que le hacía daño, ni de consolarla. Solo era un objeto decorativo en la tapa de un libro de un ser mítico; se arrepintió por no escuchar a Sherry, o tal vez por escucharla era que estaban en una situación de vida o muerte.
Vio como todo a su alrededor se volvió oscuro y supo que Ukyo había guardado el libro en su túnica. El ambiente se volvió silencioso unos momentos, hasta que Toma volvió a hablar,
—Oye Kent, ¿Podrías callar a tu saco? Sus gritos me aturden
—Si no fuera inmune a mi magia ya tuviera tiempo callada —concordó Ukyo
Felicita quiso salir del hechizo, Si se atrevían aponerle una mano a Bonnie…
— ¡Gaahhh! — protestó Kent, en un tono más profundo y amenazador.
Bonnie se calló un momento, Felicita creyó lo peor, pero empezó a gritar de nuevo y supo que estaba bien. Un olor a humedad empezó a llenar el ambiente; los seres llegaron a la mansión. Ukyo deshizo el hechizo y Felicita volvió a ser humana y caminaba detrás de Ukyo, aunque en estado catatónico. Shin los esperaba sentado en el barandal de las escaleras principales. Y de un salto ágil se puso delante de ellos examinando a las chicas. La mirada perdida de Felicita, lo hizo fruncir el ceño.
—Si sigues usando magia en ella la volverás inútil. Suéltala ya.
—Me niego — respondió el hechicero alzando un poco la voz. — deja de darme ordenes como si fueras mi maestro, pequeño diablillo.
— ¿¡A quién le dices pequeño diablillo!? Tú, brujo de poca monta
—Grrrrr
—Kent tiene razón, dejen sus peleas o nos arruinarán la cena — interpuso Toma.
Shin puso los ojos en blanco y dio media vuelta.
— ¡Orion! ¿Dónde se metió? Ah, ahí está. Llévatelas y prepara sus cuerpos para la celebración.
El aludido salió detrás de una estatua de grifo y se enfrentó a los chicos saludándolos con una reverencia. Hizo levitar a las chicas más de un metro del suelo para llevarlas fácilmente al segundo piso. Ukyo no mostró emoción alguna al dejar ir a Felicita, pero Kent se mostró reacio a soltarla en un principio y cuando por fin lo hizo, Toma lo agarró de los hombros y lo llevó a la estancia.
Orion las llevó hasta una habitación que hacía años nadie la abría. Estaba llena de joyas y ropa de varias generaciones de moda.
Bonnie se había cansado de intentar escapar, y ya no tenía fuerza ni de levantar la cabeza. Orion le dio la esperanza de que no fuera tan terrorífico como los otros y si no era posible evitarles la muerte, al menos le diera respuestas.
Mientras el pequeño ser flotante buscaba la ropa adecuada en uno de los dos grandes roperos, Bonnie buscó la pregunta más importante— ¿Qué es esto? — salió de sus labios.
—Son las invitadas de honor en una cena — Orion le respondió aun metido entre la ropa.
— ¿Nos… van a matar? —Bonnie no pudo evitar que su voz temblara al final de la oración, ni que al instante comenzara a llorar de nuevo. Se llevó ambas manos a la cara sin reparar en el dolor que esa acción le causó.
Orion volvió junto a ella y la miro con algo parecido a la compasión. Sacó una botella de color verde y se la ofreció — Bebe esto, te sentirás mejor y aliviara tus dolores. Perdón, no puedo ayudar. Por favor no los hagan esperar.
—¿Esperar para qué? ¿Para qué nos asesinen? —Orion bajó la mirada; Bonnie se sintió mal por hablarle de mala manera. Bajó su tono de voz, y se dirigió a él nuevamente —¿Cómo puedes vivir aquí? Son todos unos monstruos… — farfulló entre sollozos y agarró la botella. Orion levantó su cabeza facilitándole el trabajo.
—Yo también soy un monstruo. — Orion se sentó frente a ella, levitando a unos cuarenta centímetros de ella. Miró al techo con aire nostálgico, y suspiró — Hace unos años, perdí a alguien especial y todos mis buenos pensamientos se fueron con ella. Éste es el único lugar donde me recibieron, y me dieron de cierta forma un propósito. — miro de nuevo hacia la cama y soltó un grito de pánico al ver la pierna rota de Rin, y la otra ya sin venda, con la mordida al descubierto. Dio un brinco y sacó un frasco de un mueble deshecho debajo de la cama, vaciando su contenido sobre la herida.
Bonnie se levantó de medio cuerpo y vio horrorizada y sorprendida, como el hueso se reparaba, luego el musculo y al final la piel: todo quedó sin una sola marca.
— ¿No curarás su otra pierna?
—Es una mordida de hombre lobo, no es algo que sane con mi magia. Lo siento.
— ¿No sanará?
Orion alzó los hombros sin saber que responderle; en todo lo que llevaba siendo el mayordomo de la mansión, Toma solo mordía a Kent o a Shin en plan de juego, pero ellos no eran humanos y jamás pasaba a mayores.
Felicita que abrió los ojos lentamente, como si se despertara de un dulce sueño… pero lo que vivía era todo lo contrario a eso. Orion la ayudó a incorporarse y le dio una taza pequeña color blanco con incrustaciones de oro en forma de cadenas alrededor de la base, con lo mismo que bebió Bonnie. Orion miraba a Felicita con respeto y nostalgia, a diferencia de la compasión que mostraba con Bonnie, sus ojos delataban el brillo de alguien que espera paciente la llegada de un ser querido, y por fin llega. Nadie habló mientras la recién despertada examinaba todo a su alrededor. Recordó la escuela y los acontecimientos subsecuentes, cayendo en la cuenta de que esa era la realidad, por más que deseara despertar en su cama, a salvo. Sintió a Bonnie abrazarse a ella con fuerza, infundiéndole valor y que pasara lo que pasara, estaban juntas. Bonnie se escondió en su regazo llorando sin parar. Una serie de golpes en la puerta tipo clave, impulsó a Orion a dejar la habitación.
Una vez solas miró a todos lados: solo había una puerta, por donde entraron y una ventana. —Vamos a salir de aquí, por el ventanal. Solo es un piso y abajo hay unos arbustos que detendrán un poco la caída. En cuanto estemos en el piso, salimos corriendo por el patio.— mencionó seria. Bonnie se irguió y miró a donde su amiga señalaba
—Bien… Espera, ¿Cómo lo sabes?
—Es un presentimiento. —Felicita se volteó con Rin — ¡Qué le pasó!
—Orion dijo que es una mordida de hombre loco y que no podía curarla. — Bonnie inspeccionó el ventanal; las cortinas estaban mohosas y pesadas pero logró hacerlas de lado y mirar hacia abajo. Un enorme acantilado estaba en lugar de los arbustos. —Fel… creo que tus presentimientos están mal.
—Imposible. Yo recuerdo esto, debe de haber una salida… —Felicita se mordió el labio, recordó vagamente una plática sobre Toma, y lo que pasaba si mordía a los humanos. Su mente y sus recuerdos eran confusos. Pero con la seguridad de que todos eran reales, hasta ese momento. Dio vueltas por toda la habitación intentando acomodar las imágenes que aparecían en su mente como flases rápidos; la estancia era la misma, las escaleras y las cortinas de terciopelo azul naval. Cada adorno le parecía extrañamente familiar.
Orion suspiró y con una reverencia previa, l habló.
—Hay una manera de salir de aquí. Y usted es la única que la sabe. Usted sabe todos los secretos de esta casa
—Lo sé. Lo he leído
Orion negó con la cabeza
—Usted vivió aquí… hace casi cien años
