Disclaimer: Frozen y sus personajes no me pertenecen.
Capitulo 6
Si había algo que Elsa detestara; eso era ser el centro de atención, algo que le solía suceder a menudo cuando vivía en Arendelle, pensó que ahora que nadie sabía quién era ni lo de sus poderes nadie le prestaría atención alguna, pero tuvo que involucrarse con la familia real de las Islas del Sur, ahora todos la observaban fijamente como si aguardarán a que ella cometiera el más mínimo error para señalarla y burlarse de ella.
— Elizabeth, ¿Cómo has estado? — Pregunto Klaus tratando de terminar con el silencio que reinaba en el gran comedor.
— Bien, gracias por preguntar. — Respondió con amabilidad. — Espero que usted también.
Klaus sonrió cálidamente, mientras el Rey observaba atentamente cada movimiento de Beth, como si tratara de descifrar algo de la joven, el rey se llevó la copa a los labios y bebió aquel licor amargo que por alguna razón le gustaba.
Carraspeó su garganta atrayendo la atención de todos los allí presentes.
— Elizabeth. — La ojiazul le dirigió una mirada. — La última vez que nos vimos no me comporté de la mejor manera, fue algo inapropiado y grosero de mi parte y me disculpo por eso. — Elsa estaba sorprendida, sabía el motivo por el cual había sido invitada a cenar con los Westergard, pero sin duda no esperaba una disculpa así.
— Majestad, no tiene porque disculparse, entiendo que no vea con buenos ojos que una campesina esté aquí en palacio, no buscaba incomodarlo y mucho menos hacerlo enojar. — El Rey había quedado boquiabierto, para ser una simple campesina Elizabeth parecía tener muy buenos modales. —, y en verdad me disculpo, tal vez mi conducta aquella vez no fue la mejor.
— Beth, no tienes porque disculparte. — Murmuró Hans, quien estaba sentado a su lado. Hans no quería verla pedir perdón a un ser tan despreciable como lo era Clemente Westergard, pero la joven solo le dedico una sonrisa para tranquilizarlo.
— Quizá Hans ya te ha comentado sobre la conversación que tuvimos esta mañana. — Volvió a tomar la palabra el Rey. —, entenderás que mi hijo tiene cuentas pendientes que cumplir y no puede darse el lujo de no cumplir con sus tareas. — Elsa se sintió un poco avergonzada, sabía que el padre de Hans había notado que ella lo había convencido de dejar sus tareas e ir a pasear.
— También me disculpo por eso, creo que fue incorrecto convencer a Hans de dar un paseo aquella vez. — Comentó ella.
— Tienes razón. — Dijo con un poco de severidad. —, pero lo que comente a Hans es que, pueden continuar viéndose, pero durante las tardes y es mi deseo que se reúnan en los patios del palacio. — Elsa estaba confundida, no entendía porque el hombre que tanto la despreciaba ahora la recibía con los brazos abiertos en su hogar.
— Si así lo desea majestad, así lo haremos ¿Cierto Hans? — La muchacha de cabellos obscuros tomó la mano de Hans entre las suyas y aguardo una respuesta de su parte. Hans se sintió enrojecer debido al tacto de Beth.
— Claro, si eso es lo que quieres padre, está bien con tal de ver a Beth. — Él le sonrió ampliamente y ella correspondió el gesto tímidamente
— ¿Ves Fredbjørn?, incluso Hansi tiene novia y tú no. — Comentó Nikolaus burlándose del mencionado hermano de Hans. Para el pelirrojo era algo nuevo no ser de quién se burlaban esa vez.
Fredbjørn dirigió una mirada asesina a Nikolaus, advirtiéndole que jamás volviese a reírse de él. Fred era el hermano número 3, amante de la naturaleza y siempre había evitado a las chicas, razón por la cual a sus 37 años continuaba soltero.
— A este paso nuestro hermanito dará su primer beso antes que tú. — Comentó Viktor haciendo rabiar a Fredbjørn.
— ¿Por qué es tan importante? — Todas las miradas se enfocaron en Elizabeth, quien se había dado cuenta recién de que había dicho eso en voz alta. — Es decir, es solo un beso. — Dijo nerviosa.
— Fred morirá virgen de labios, tal y como la Reina Elsa lo hizo. — Comentó Linus, era inusual que uno de los hermanos menores se burlara de los más grandes, era como firmar una sentencia de muerte, pero eso no parecía importarle a Linus, el hermano número 11.
Elsa estaba sorprendida, hasta ahora no había escuchado alguna conversación donde se le mencionará a ella, sabía que se le consideraba muerta, es decir habían pasado ya tres años, pero jamás se enteró como fue su supuesta muerte.
— ¡Basta ya! — Intervino el Rey Clemente. — ¿No pueden comportarse?, tenemos visitas. — Dijo refiriéndose a Elizabeh. —, además no es correcto burlarse de los muertos.
— No nos burlábamos de la Reina Elsa, que en paz descanse. — Dijo Vicktor. —, de quien nos reíamos era de Freddy. — Comentó estallando en risas.
— Y bueno, Hans no se queda atrás. — Comentó Andrew. —, apuesto a que no a besado a Elizabeth porque tiene miedo. — Y fue así como Hans volvió a ser el centro de atención, pero no de la forma en la que le gustaría.
— ¡No lo volveré a repetir, compórtense! — Gritó Clemente, sus hijos ya eran todos unos adultos sin embargo continuaban comportándose como unos niños. —, Además seguramente Hans ya beso a su novia Beth. — Aquel comentario provocó que Elsa por poco y gritara.
— Este..yo...él...— comenzó a balbucear la joven aún tratando de asimilar lo que el Rey había dicho. — Así que... ¿De qué murió la Reina Elsa? — Pregunto cambiando el tema, además tenía que admitir que su supuesta muerte era un tema que le intrigaba al no saber nada al respecto.
— ¿Enserio no sabes? — Exclamó Damien sorprendido, él pensaba que hasta el más ignorante sabia aquello. Ahora el hermano número 7 había etiquetado a la amiga de Hans como una tonta.
— Es una historia trágica honestamente. — Comentó Alexander. —, aunque no se saben muchos detalles acerca de lo ocurrido.
— No exageres, no es para tanto. — Comentó Hans rodando los ojos. Para él Elsa se lo había buscado, la mayor de las hermanas Anderson había sido una piedra en el zapato para él y jamás la perdonaría por haber arruinado su plan.
— Eso lo dices porque ella no te hizo caso y no cayó rendida a tus pies. — Se burló Robert. — Aunque claro, ninguna princesa te haría caso, eres el número trece, el de la mala suerte y Dios, las personas que pertenecen a la realeza buscan estar más cerca del trono, contigo jamás lo lograrían.
— De acuerdo, ya déjense de estupideces. — Interrumpió Alexander. Para suerte del Rey Clemente no estaban allí presentes sus nueras y sobrinos, debido a que había preferido una cena con sus hijos y la reciente novia del menor de sus hijos (y primer chica que Hans presentaba), las esposas de sus hijos podían llegar a ser demasiado impertinentes y sus sobrinos unos diablillos que hacían travesuras en cuanto tenían la oportunidad. — Beth hizo una pregunta y me gustaría responderla.
— Había una vez una Reina llamada Elsa, tenía 21 años y murió, fin. — Dijo Linus. — ¿Qué más se necesita saber? — Pregunto con indiferencia.
— Hace tres años, la Reina Elsa pareció haber desaparecido, por lo menos eso pensábamos todos, pero la Princesa Anna jamás inició una búsqueda, lo cual era extraño ya que dicen que ambas eran las mejores amigas. — Dijo Alexander. —, tiempo después muchas personas habían escrito a la princesa para saber lo sucedido, la Princesa confesó que su hermana se encontraba muy enferma, se desconoce cuál fue el padecimiento de la joven Reina, pero falleció y aquello deprimió bastante a su hermana, en el funeral no paraba de llorar.
Elsa sentía que la sangre le hervía, estaba furiosa, enzima de todo lo que Anna había hecho también se hacía la víctima de todo. Anna era una hipócrita.
— Eso no es lo que pasó. — Dijo el Rey. —, la Reina Elsa si enfermo y pereció debido a eso, pero la razón de su enfermedad fue que la envenenaron. — En ese punto Elsa no sabía si enojarse o reírse de la cantidad de mentiras que Anna había dicho. — El Rey Richard de Cettovia, era un pretendiente de la Reina. — Elsa abrió los ojos lo más que pudo, Richard no le agradaba, pero estaba segura de que él no estaba involucrado. —, al parecer la Reina Elsa no accedía a casarse con él y él la enveneno, fue sentenciado enseguida.
Elsa no sabía cómo reaccionar, Anna era peor de lo que pensaba. Con razón ella insistía tanto en que saliera con aquel hombre, para hacerlo responsable de todo y que nadie sospechara de la dulce e inocente Princesa Anna.
— Si, una historia bastante triste. — Murmuró sarcásticamente el pelirrojo. Definitivamente Hans la odiaría por toda la eternidad, incluso creyéndola muerta la detesta.
— Seguramente a la Princesa Anna le ha sido difícil superar la muerte de su hermana. — Comentó Elsa, no sabía qué decir al respecto y sería bastante sospechoso si trataba de decir algo en contra de la princesa de Arendelle.
El resto del tiempo, todos se dedicaron a cenar tranquilamente aunque en ocasiones alguien hacia un comentario sobre diversos temas, además de que casualmente Linus, Robet y William le hacían una broma a Hans, quien se auto controlaba para no golpearlos.
— La cena no estuvo tan mal. — Comentó Elsa una vez que todo había terminado. Los dos se habían dirigido al patio. —, además debo admitir que la comida que cocinan aquí es fantástica.
Hans rió ante aquel comentario, pensó que quizá Beth se fijaría en que tan grande era el castillo, en lo bonito que eran los patios, sin embargo lo que pareció haber cautivado a la joven fue la comida que se servía allí.
— Soy una pésima cocinera y es un milagro el que no me haya intoxicado yo misma. — Bromeó la joven.
— ¿No te intriga el no saber el porqué Klaus insistió en que vinieras? — Preguntó Hans, tenía un mal presentimiento y a pesar de que la cena había transcurrido tranquilamente aquella sensación de que algo terrible pasaría no desaparecía.
— Debo admitir que no sé cuál pudo haber sido la razón por la cual quisiera ayudarte, o mejor dicho, ayudarnos. — Respondió. —, pero Hans, creo que estás acostumbrado a saberlo todo y el que Klaus hiciera algo por ti sin razón aparente te incomoda.
— ¿Está mal quieres saberlo todo?, así se evitan sorpresas desagradables. — Dijo Hans. — Planeas todo cuidadosamente y nada sale mal.
— No puedes saberlo todo Hans, sé que en ocasiones pasan cosas malas, sin embargo no es algo que puedas controlar ni evitar. — Elsa se acercó un poco a él. — y no siempre las sorpresas son malas.
Elsa y Hans estaban un poco incómodos debido a que sabían que eran observados por todos los Westergard. El padre y los hermanos de Hans pensaban que el dúo no se percataba de que ellos estaban mirando cada uno de sus movimientos desde una distancia prudente.
— Quisiera poder escuchar. — Comentó Robert.
— O por lo menos saber leer los labios. — Dijo Andrew.
— ¿Tú crees que la bese? — Preguntó Linus a William.
— Lo dudo. — Respondió rápidamente. —, no se atreverá a hacerlo.
— Quizá incluso ella se le declaró a él. — Comentó Linus antes de comenzar a reír a carcajadas, algunos se rieron del comentario que Linus había hecho.
Elsa sonrió nerviosa, no sabía qué decir ya que se habían quedado sin tema de conversación.
— Sabes que nos están mirando, ¿Cierto? — Comentó Elsa. — Es...raro. — Jugaba con sus manos, cosa que indicaba que estaba nerviosa.
— Pensé que no lo notarías. — Se sentía un poco avergonzado, no se sentía orgulloso de que su familia llegara a ser tan chismosa. — Mil disculpas por eso, son así cada vez que alguien trae a casa a una chica, cosa que no ocurría hace mucho realmente.
— Creo que jamás podremos convencerlos de que no somos pareja. — Dijo Elsa. —, se empeñan en decir que soy tu novia.
— Ya se les pasara, no te preocupes. — Comentó Hans.
— Eso espero. — Hablo Elsa. —, realmente no es agradable ser observada, no me gusta ser el centro de atención.
— A mí me gustaría serlo, si es por algo bueno claro. — Comentó Hans. —, cuando era pequeño mis hermanos me solían ignorar, pero eso era mejor que cuando si notaban mi existencia, ya que solían unirse para molestarme.
— Yo tenía una familia, pero sinceramente creo que la perdí a los 8 años ya que después de que algo sucedió en casa, me volví la villana de la historia, o eso pensaban mis padres. — Confesó la chica de los ojos azules. —, nos volvimos distantes y cuando decidían pasar tiempo conmigo solo era para culparme de todo lo malo que les pasaba, ¿Puedo ser honesta contigo?
— Claro. — Hans realmente estaba sorprendido, no esperaba que ella tuviese una familia incluso peor que la de ella, aunque Beth no era de las que hablaba mucho sobre su vida.
— Cuando mis padres murieron, sé que debí sentirme desecha, triste y sí, me entristecí un poco, pero no pude evitar sentir un gran alivio y sé que estuvo mal, pero creo que me sentí feliz. — Dijo ella sintiéndose la peor persona en la faz de la Tierra. —, soy una mala persona, ¿Cierto?
— No sé si seas una mala persona, no te conozco lo suficiente para saberlo. — Respondió Hans. — Sobre lo de tus padres, no te sientas mal, ellos se lo buscaron y si quieres mi opinión sincera, no sólo debiste alegrarte, también debiste haber bailado sobre su tumba.
— Eres terrible. — Dijo riendo un poco, lo empujo un poco sin dejar de sonreír.
— Soy una mala persona, lo sé. — Admitió Hans, no había mucho que pudiera negar, había tratado de asesinar a la Reina Elsa después de todo. —, pero al menos te he hecho reír y eso es algo bueno.
— Acabas de hacer tu acto de bondad del año. — Dijo jugando con su cabello. — Y sobre lo de bailar sobre la tumba de mis padres, jamás lo pensé, pero lo cierto es que soy una terrible bailarina, seguro que si alguien me viera bailar se burlaría de mi.
— Eso es algo que tendré que arreglar algún día. — Comentó Hans. —, eres una joven bonita posiblemente en un baile conozcas al amor de tu vida, sería una pena que lo pisaras.
— Eso de encontrar al "indicado" en una fiesta es algo tonto y fantasioso. — Opinó la pelinegra.
— Olvidaba que tú no eres como las otras chicas. — Dijo el Príncipe sureño. —, eso me agrada.
— Pues tú también me agradas, no eres como pensé que serías. — Dijo ella. —, definitivamente es mucho más agradable conversar contigo que con las chicas del pueblo, o con las chicas en general. — Hans rió ante el comentario de la joven. —, pueden llegar a ser demasiado superficiales.
— Solo espera a que conozcas a alguna Princesa. — Comento Hans. — Algunas parecen tener arena en la cabeza en lugar de cerebro.
— Un segundo, ¿Dijiste "Espera a que conozcas a alguna Princesa"? — Elsa parecía nerviosa, pedía que nunca Hans la invitase a algún baile, o algo por el estilo.
— Es posible que alguna vez te cruces con alguna. — Contestó encogiéndose de hombros. — Más ahora que eres mi novia. — Elsa rodó los ojos, cuando se lo proponía Hans podía llegar a ser un poco gracioso.
— Creo que ya es tarde. — Comentó ella. —, debo regresar a casa, tengo algo que hacer.
— Claro, te acompaño. — Se ofreció el pelirrojo. Elsa podía cuidarse sola, pero no había nada que pudiese hacer para persuadir al necio Príncipe que se empeñaba en llevarla a casa, como si algo fuese a pasarle en el trayecto a casa.
No sabía que tenía la noche, pero le gustaba y a pesar de temerle un poco al océano a ella me agradaba el sonido de las olas chocando contra la arena, quizá era su imaginación, pero a ella le parecía que la sonoridad del mar era distinta en la noche, además era lindo ver el cielo iluminado por las pequeñas estrellas y la luna en lugar del sol que le molestaba la vista.
Las calles desiertas del pueblo permitían apreciar la belleza de las Islas del Sur, o por lo menos de una de las islas que conformaba el reino. Eran 35 islas que pertenecían a las Islas del Sur según sabía, por aquellos sitios había aproximadamente 406 islas, de las cuales solo 70 estaban habitadas, prácticamente la mitad era parte de las Islas del Sur (Sin tomar en cuenta las islas deshabitadas), algunas otras eran parte de las Islas del Norte, un reino que no estaba muy lejos.
— Bello, ¿No te parece? — No se había percatado de cuando se había perdido en sus pensamientos, Hans la había regresado a la realidad. —, es hermoso cuando no hay gente gritando por todas partes.
— Es muy bonito. — Dijo sin despegar sus ojos de las olas apenas visibles. —, me gustaría que durará por siempre.
— Bueno, no puedo hacer que dure para siempre, pero tranquila todas las noches luce igual. — Comentó Hans. —, puedes verlo todos los días.
— Jamás me había detenido a mirarlo de noche. — Dijo. —, ¿Tú eres almirante, cierto?
— Lo era, me retiraron el título después de lo de Arendelle. — Respondió. — ¿Por qué la pregunta?
— En la noche a penas y se ve el océano, ¿No te podrías perder durante el viaje? — Preguntó ella. —, ¿Cómo sabes a dónde ir cuando estás en medio de la nada?
— Pues, hay que trazar una ruta antes de navegar. Después solo la sigues y te guías con alguna brújula y las estrellas son de mucha ayuda, por eso es muy importante conocerlas. — Explicó ligeramente el pelirrojo. Elizabeth parecía estar bastante interesada en el tema, cada vez que tenía una duda hacia algunas preguntas, algunas eran muy buenas preguntas y otras eran bastante obvias, pero a Hans le agradaba estar en compañía de Beth y se sentía feliz de que alguien se interesara por algo que él dijera.
— ¿No te asustas cuando debes de viajar? — Preguntó. — Debe ser muy feo cuando hay alguna tormenta.
— La primera vez que subí a un barco era un niño, me asusté un poco ya que el barco se mecía y sentía que me iba a caer. — Dijo riendo un poco. —, mis hermanos se habían encargado de atemorizarme un poco, pero al poco rato simplemente olvide todo, era bastante agradable sentir el viento en el rostro y ver el agua moverse, creo que desde entonces supe que eso era lo que me gustaba. — Sonrió. — Sobre las tormentas, son divertidas. — La expresión en el rostro de Elsa lo hizo reír.
— ¿Cómo es que una tormenta puede ser divertida? ¡Podrías morir! — Dijo, le atemorizaban las tormentas aún estando en tierra firme, no quería ni imaginar cómo eran estando en medio del océano, además sus padres habían muerto en altamar.
Que — Beth, no hay nada de que temer, a menos que sea una tormenta bastante fuerte, pero si la tripulación del barco logra estabilizar el navío todo estará bien. — Comentó Hans. —, además existen los pronósticos del tiempo, que no entiendo cómo se hacen, pero casi nunca se equivocan. Cuando se espera una tormenta se evitan los viajes en barco.
— Creo que prefiero mirar el mar desde aquí. —Dijo ella.
— No sabes de lo que te pierdes Eli, si te empeñas en temerle a algo no verás lo hermoso que puede llegar a ser. — Dijo acercándose a ella. — Algún día te llevaré a dar un paseo en bote, al menos así podrás ir perdiéndole miedo al mar.
— Sé que debo dejar de lado mi miedo, después de todo quiero ir a Arendelle y para eso se necesita cruzar el océano. — Dijo.
— Estaré encantado de llevarte, hace años que no subo a un barco y en verdad lo extraño. — Comentó Hans. — y dime, ¿Hay algo que te guste hacer?
— ¿Cómo que? — Preguntó.
— Hasta ahora sé que le temes a los viajes en barco y detestas el baile, pero ¿Qué te gusta hacer? — Preguntó Hans.
— Ven conmigo. — Dijo ella, no le dio tiempo al Príncipe de responder y lo jaló del brazo hasta su pequeña casa. — Espera aquí. — Pidió antes de dirigirse a su alcoba, regresó con dls cuadernos en mano y se los extendió a Hans. — Solo debes prometer que no se lo dirás a nadie. — Alzó una ceja antes de entregar los cuadernos.
— Lo prometo. — Dijo el pelirrojo. Tomo uno de los cuadernos y en su interior había hojas repletas de palabras. — ¿Qué es esto? — Preguntó asombrado.
— Me gusta mucho leer, pero hay historias que tienen un final decepcionante o finales abiertos, me gusta cambiar los finales de las historias y pensar en lo que pasaría después de que el libro termine. — Comentó. — Es divertido, en ocasiones voy a la biblioteca y leo un poco.
Hans hojeo un poco el cuaderno, aún no podía creer que la misteriosa Elizabeth le confiara aquello. La joven le extendió el otro cuaderno y Hans lo abrió rápidamente.
— Se que no soy la mejor dibujante del mundo. — Comentó, ciertamente los dibujos de Elizabeth no eran los más elaborados y había visto mejores, pero los vestidos que había allí dibujados merecían ser confeccionados. —, sé que no soy como las otras chicas que solo piensan en ropa y maquillaje, pero en ocasiones se me ocurren algunas ideas para vestidos, así que los dibujo aunque jamás los confecciono.
— Deberías hacerlo. — Sugirió Hans. — Incluso podrías venderlos en el pueblo, seguro muchas mujeres quedarían fascinadas con tus diseños. — continuó viendo cada uno de los dibujos. — ¿Era alguno que no te había gustado? — Dijo señalando una hoja arrancada.
— Si, algo así. — Respondió, en esa hoja que había arrancado estaba dibujado un boceto del vestido de hielo que se había hecho cuando había huido a la montaña del norte el día de su coronación.
Pasó un rato y Hans realmente estaba fascinado con algunas historias que había escrito Beth, en ocasiones detenía su lectura para decirle que debería escribir un libro, aunque claro que los libros escritos por mujeres no tenían mucho éxito.
— Me alegra que te gusten, llegue a pensar que considerarías que era algo tonto. — Dijo. Normalmente cuando una mujer hacia algo que no fuese verse bonita, bailar o cantar era mal visto.
— ¿Bromeas? Tienes un gran talento. — Dijo Hans. —, no deberías avergonzarte de eso. — Ambos se sonrieron mientras reían un poco sin razón aparente, se fueron acercando y sus ojos se fueron cerrando poco a poco, tan solo unos pocos milímetros los separaban, pero ella pareció reaccionar y apartó su rostro rápidamente.
— Creo que deberías volver a casa, podrían estar esperándote. — Hablo rápidamente. Jalo a Hans hasta la puerta y se despidió rápidamente de él antes de cerrarle la puerta en la cara. No entendía que acababa de pasar, se llevó las manos a la cabeza tratando de convencerse de que nada había pasado realmente.
Debía distraerse así que reanudó su trabajo y termino de reparar la pequeña cadenita que entregaría al día siguiente.
¡AHHH! — Ese había sido el primer sonido que se había escuchado en el castillo, el cual despertó a todos. Una criada asustada gritaba y lloraba, sus palabras eran poco entendibles. Señaló el establo aterrada. — Ca...ella...establo...muerta. — Balbuceaba a uno de los guardias que había acudido a ayudar.
Uno de los guardias la sujeto de los brazos y le pidió que se tranquilizara un poco y respirara profundamente. Mientras el resto de los hombres se dirigió al establo. Todo ese alboroto había atraído la atención de Hans, quien se encontraba camino al establo cuando escucho aquel grito, se acercó sigilosamente y allí vio el cuerpo inerte de la amante de su hermano, Carlota.
Hans estaba un poco espantado, ¿Qué había ocurrido?, ¿Por qué aquella sirvienta estaba muerta en el establo?
— Fue ahorcada. — Escucho decir a uno de los guardias mientras examinaban el cuello de la víctima.
— Encontré esto. — Dijo uno mostrando un par de guantes completamente mojados. Hans reconocía perfectamente esos guantes, eran suyos, definitivamente alguien trataba de inculparlo por el crimen.
Quizá no fue lo más prudente huir sin ser visto, eso lo señalaría como el responsable inmediatamente, pero había entrado en pánico y su familia jamás lo había escuchado, ¿Por qué lo harían esta vez?, ante los ojos de su padre sería un asesino de por vida, así que solo se escabulló y huyó.
Mientras en el pueblo, Elsa llevaba guardado en una bolsa el collar ya reparado, le pareció extraño el ver la joyería un poco más concurrida de lo habitual, pero no le tomó demasiada importancia y entro al establecimiento.
— ¡Es ella! — Gritó el señor Wicker mientras la señalaba, rápidamente dos guardias la sujetaron por los brazos y puedo distinguir el rostro de una persona allí presente. — Grant. — Susurro, ¿Qué hacía allí uno de los hermanos de Hans?
— Señorita esta usted acusada de estafar a la familia real. — Dijo uno de los guardias, enseguida Elsa trato de defenderse, pero el dueño de la joyería comenzó a hablar.
— Le di a reparar un collar y lo reemplazó con otro material sin valor. — Dijo el señor Wicker. —, ayer su alteza el Príncipe Grant me dejo encargado un collar, ella lo reparo y seguramente ha hecho de las suyas nuevamente.
— Si no ha visto el collar, ¿Cómo es que sabe que ella cometió tal crimen? — Cuestionó uno de los guardias que sostenía a Elsa. — ¿Tiene alguna prueba?
— El collar está en mi bolso, revísenlo para que vean que me están acusando de algo que yo no hice. — dijo la joven esforzándose para que le prestaran atención. — Príncipe Grant, juro que yo no hice nada malo.
— Revisen el collar. — Ordenó Grant mientras se sentía muy enojado. Su plan de arruinar la felicidad de Hans podía fallar. Un guardia introdujo su mano en la bolsa y extrajo el collar de plata.
Uno de los guardias reviso personalmente la joya, no quería arriesgarse a que el dueño de la joyería mintiera para acusar a la joven.
— Esto es plata. — Dijo. Ese guardia sabia mucho sobre piedras preciosas gracias a un negocio familiar que ahora era atendido por sus hermanos. Inmediatamente soltaron a Elsa.
— Yo solo reparo collares con él material que el señor Wicker me entrega. — Dijo Elsa. Aquel anciano pagaría por haber intentado traicionarla de aquella manera. — Siendo sincera no sé nada sobre distinguir joyas, es decir, míreme solo soy una campesina. — Le dieron un punto a la chica, no había mucho que una joven de su clase social pudiese saber sobre piedras preciosas.
— Registren el lugar. — Ordenó uno de los guardias, se registró el lugar completamente y descubrieron los fraudes del señor Wicker, quien fue arrestado inmediatamente y el establecimiento fue clausurado.
— No tenía idea de que trabajabas aquí Beth. — Dijo Grant fingiendo sorpresa. — Es una lástima que hayan clausurado el lugar, si así lo deseas podría conseguirte empleo como sirvienta en palacio. — Comentó antes de retirarse, no sin antes empujarla "accidentalmente"
Elsa estaba preocupada, ¿Qué iba a hacer ahora?, por suerte tenía un poco de dinero ahorrado, pero no duraría por siempre y las probabilidades de conseguir empleo siendo mujer eran casi nulas. Regresó a casa, se sorprendió al no encontrar la casa con seguro, abrió la puerta nerviosa.
— ¿Quién está allí? Tengo...una bolsa y no tengo miedo de usarla. — Después de esa patética amenaza se adentró a su hogar y allí sentado en el sofá estaba Hans. — ¿No te enseñaron a que no se debe entrar a la casa de otras personas sin permiso?
— Cierra la puerta, no grites y escucha. — Dijo tranquilamente Hans. Elsa cerró la puerta tal y como él pidió. — Tratan de inculparme de un crimen que no cometí.
— Bueno, ya somos dos. — Dijo tumbándose en el mismo sofá en el que Hans se encontraba.
— Alguien asesinó a Carlota, ese alguien quiere que todos crean que yo lo hice, así que huí. — Dijo Hans. Elsa lo miro fijamente por unos segundos.
— ¡¿Estas loco?! — Y entonces, estalló. — ¡Al huir solo confirmas las sospechas de los demás!, ¡Hans, ¿No te das cuenta de lo que acabas de hacer?!
— ¡No sabía qué hacer, estaba aterrado! — Exclamó Hans. —, escucha, hace tres años trate de asesinar a alguien, ahora que hay una mujer muerta y todas las pistas apuntan a mi, ¿Crees que alguien me escuchara?, o peor aún, ¿Alguien creería algo de lo que yo dijera?
— Hoy tu hermano Grant trató de culparme de un crimen, digamos que el dueño del lugar en el que yo trabajaba y él se pusieron de acuerdo para ponerme una trampa, todo parecía señalarme a mi. — Contó ella. —, solo usa lo que tienes a tu favor, incluso esas pistas que te señalan a ti podrían ser usadas a tu favor.
— ¿Grant hizo que? — De todo lo anterior dicho por la joven, lo único que pareció importarle a Hans fue el hecho de que su hermano tratara de perjudicar a Beth.
— Eso ya no es importante, ahora hay que solucionar tu problema. — Dijo ella. —, quizá no averigüemos quien lo hizo, pero hay que limpiar tu nombre.
— Creo que eso es imposible, créeme todos me consideran un criminal. — Dijo Hans. — No hay nada que puedas hacer al respecto.
— No es justo que se te inculpe de algo que no hiciste, hallaremos alguna solución. — Dijo Elsa. —, no sé porqué pero presiento que tus hermanos están involucrados, piénsalo si Grant trató de enviarme a prisión, también él o alguien más pudo intentar hacerte lo mismo. — Tal parecía que el juego se había vuelto en su contra y en lugar de ellos atormentar a la familia de Hans, los Príncipes de las Islas del Sur parecían querer deshacerse de ellos.
— No me entregaré ni pondré un pie en palacio, tú tampoco lo harás. — Elsa pensaba que Hans estaba perdiendo la cabeza completamente. —, me atraparan Eli, no quiero que te involucren en esto ya que no tienes la culpa.
— Hans, es una locura. — Dijo Elsa tratando de hacerlo entrar en razón.
— Debemos atormentarlos a todos, y a cada uno de ellos. — Dijo Hans. —, si lo hacemos bien dejaran de meterse con nosotros y podremos salir del reino, te llevaré a Arendelle y después regresare a aclarar las cosas, me meterán en un calabozo de por vida, pero no estarás involucrada en esto.
— Hans, no puedes hacer eso. — Insistió la joven. —, debe haber otra manera.
— Hasta no saber esa otra manera, ese es el plan. — Dijo Hans. —, no te acerques a palacio, ¿Preparada para la venganza?
En palacio, después de haber encontrado el cuerpo de Carlota todos estaban aterrados. El Rey Clemente no podía creer que algo así hubiese sucedido en su palacio.
— El único que se acercó a ese lugar además de los trabajadores, fue Hans. — Ese pensamiento se cruzaba por su mente una y otra vez. Hans había tratado de asesinar a la Reina de Arendelle, era verdad, pero había algo que le impedía creer que Hans hubiese cometido aquel crimen.
— No hay señal de Hans. — Informó Klaus a su padre. El Rey se negaba a creer lo que todas las pistas señalaban, debía haber una explicación para la ausencia de Hans.
— Posiblemente esté con esa chica, Elizabeth. — Dijo rápidamente, su ultima esperanza era que Hans hubiese pasado todo el tiempo con su amiga, ella podría desmentir todo. — ¿Dónde vive ella?
— No sabría decírselo, padre. — Dijo Klaus. —, no sabemos nada sobre ella. — Eso era una ventaja para Klaus, esa joven no estaría siquiera enterada de lo sucedido y quizá pensaría que Hans ya no desea verla, después de todo Hans no sería tan tonto como para refugiarse en casa de Elizabeth.
En otra parte del castillo, Grant estaba furioso. Odiaba a Hans y se había jurado que jamás permitiría que el menos de los Westergard fuese feliz, debía encargarse de que Hans jamás volviese a estar cerca de Elizabeth, ella lo hacía sonreír, cosa que Hans jamás hacia.
— Cariño, el collar quedo incluso mejor que antes. — Comentó su mujer felizmente. Hacía tiempo lo había estropeado accidentalmente. — Quien lo reparo hizo un espléndido trabajo.
— Me alegra que te gustara. — Grant beso los labios de su esposa. —, lo reparo Elizabeth, la novia de Hans. — Los ojos de Santina Westergard mostraron sorpresa.
— El mundo es un pañuelo. — Comentó Santina. — Aunque claro, vivimos en una isla. — No era difícil encontrar a alguien en aquel sitio. — Esa chica es buena reparando joyas.
Santina comenzó a conversar sobre las joyas, del cuanto le gustaba aquel collar, pero Grant no prestaba mucha atención. Hans había sido una piedra en su zapato desde el momento en que se supo que iba a nacer. Hans no merecía ser feliz.
— No se que planeas que hagamos, no tenemos nada ideado aún. — Dijo Elsa mientras jugaba con su cabello. —, mucho menos sabremos qué hacer sin acercarnos demasiado al castillo.
— Podríamos acercarnos sin que nos vean. — Dijo Hans. —, pero hay que ser muy cuidadosos, además podemos hacer cosas pequeñas y efectivas, nada demasiado elaborado.
— Dudo que funcione, pero veo que no puedo hacer nada para hacerte cambiar de opinión, así que ¿Qué hacemos? — Preguntó sin muchos ánimos.
— Tengo un par de ideas. — Respondió. Buscaron algunas cosas en casa de Elsa, iban a comenzar con algo pequeño.
Escondiéndose detrás de los arbustos del patio de palacio vigilaban que nadie estuviera cerca. Elsa opinaba que lo que harían no era una gran venganza, de hecho solo eran bromas que un niño pequeño haría.
— Tijeras. — Pidió Hans, la muchacha le entregó unas pequeñas tijeras de punta redonda.
— Hans, ¿Estás seguro de que esto enfurecerá a alguno de tus hermanos? — Preguntó Elsa.
— No, pero si enfurecerá a Verónica, esposa de Viktor y créeme, hará un escándalo que distraerá a todos. — Comentó tranquilamente. Hans se apartó dejándola sola, ella se dedicaría a observar cómo el Príncipe arruinaría un pedazo del jardín.
Verónica disfrutaba de la jardinería y cuidaba sus flores mejor que los jardineros del castillo, Hans y Elsa solo observaron la función. Grito y todos pensaron que se debía a algo similar a lo sucedido esa mañana, todo el castillo llego y eso les dio tiempo suficiente para correr y entrar al castillo sin ser vistos.
— Ahora empieza la diversión. — Dijo Hans guiando a Elsa por los corredores de palacio. Entraron a una habitación. — Bienvenida a la habitación de Robert, ten. — Dijo pasándole las tijeras. — Corta su ropa. — No dio tiempo de decir algo y Hans entro a lo que parecía ser el baño.
Elsa abrió el armario e hizo cortes desiguales en cada una de las prendas, arruinandolas por completo. Mientras en el interior del baño Hans vaciaba la botella de shampoo y en su lugar ponía crema de afeitar que había encontrado allí.
En la siguiente habitación, era la de Linus según había dicho Hans. Elsa había metido un gato que estaba por fuera de la ventana, Hans comentó que su hermano era alérgico así que Elsa lo puso sobre la cama y el minino comenzó a juguetear con las sabanas.
— Escribe un diario, y dice que yo soy el patético. — Comentó riendo mientras se guardaba el pequeño cuaderno en su saco.
Tenia una colección de esferas de nieve, todas fueron tiradas al suelo y terminaron completamente rotas. Hans tomó las prendas de su hermano y las introdujo en la tina de baño, dejó caer el agua y Elsa dejó caer el contenido de un recipiente que contenía colorante vegetal, el cual utilizaba para hacer la cubierta de los pasteles.
El siguiente fue William. Era un aficionado al arte, con las pinturas que encontraron mancharon las paredes y cortinas, manchándose a ellos en el proceso, pero no importaba, incluso lo consideraban divertido. Arruinaron algunos cuadros y salieron rápidamente, no querían ser descubiertos.
Luego siguió Grant, Elsa lo consideraba algo personal. — ¿Traes los embutidos? — Cuando Hans había asaltado su cocina primero había reclamado, ya que se quedaría sin comida si la utilizaban para la venganza en contra de los hermanos.
Hans colocó algunos cuantos embutidos dentro de la funda de una almohada. Elsa comenzó a romper algunos collares que lucían costosos, Hans puso jabón en el suelo para que su hermano resbalara al entrar, rompieron el espejo y cortaron las cortinas, lo mismo hicieron con algunas prendas y luego salieron de la habitación.
Continuaron con Derek, no hacía falta esforzarse demasiado. Estaba obsesionado con la limpieza y el orden; saltaron en la cama, tumbaron algunos muebles, rompiendo cosas en el proceso. Tomaron un poco de maquillaje en polvo que pertenecía a la esposa de Derek, fue fácil romperlo y luego lo esparcieron por algunas partes de la habitación.
Siguieron con el resto de los hermanos, cuando habían comenzado con la habitación de Alexander las personas habían comenzado a entrar al castillo, debían apresurarse, lograron salir del castillo corriendo, sus respiraciones eran agitadas, estaban manchados de pintura y algo sucios, pero comenzaron a reír una vez que habían llegado a casa de Elsa.
Aquello de arruinar las habitaciones de los hermanos de Hans solo había sido una advertencia para los Westergard, peores cosas se avecinarían.
Nota de autor:
Hey, soy Wildy y este ha sido el capítulo más largo hasta ahora... No sé si estuvo entretenido o interesante, quizá algunos no llegaron hasta este punto. Pero si aún después de leer este capítulo estás leyendo esto gracias por leer :)
No sé qué tal haya salido eso de al final...
saludos y nos leemos :D
