Esta vez ya estaba decidido, si como Chat ya tenía el corazón de Marinette, como Adrien me encargaría de que nacieran los mismos sentimientos. Después de todo ¿qué podría pasar?
La clase trascurrió con un debate acerca de que debíamos elegir para el desfile. Se propusieron todo tipo de ideas, disfraces inspirados en animales adorables como conejitos, gatitos, perritos y demás bichos. Cosplayers de videojuegos conocidos por todos. Al final se dos ideas quedaron en la selección: ropa de época, inspirada en la historia de la moda, y mi favorita hasta el momento: una gama de ropa inspirada en los superhéroes de París: Ladybug y Chat noir.
La idea de ver a Marinette inspirada con su alter ego y el mío me provocaba una emoción indescriptible. Una mezcla de alegría, ansiedad, expectación y algo más. quizás un poco de vanidad, o tal vez orgullo. Fuera lo que fuera algo era seguro, estaba esperando ver las ideas que fluirían de esa hermosa y creativa cabecita suya.
La votación fue muy reñida, la diferencia para que la ropa inspirada en ladybug y chat noir fuera la ganadora fue apenas de dos votos. Marinette se vio cohibida durante toda la sesión, parecía distraída, distante, me pregunte más de una vez que pasaba por su cabeza en aquellos momentos.
Cuando la maestra pasó a otros temas. Me acerque un poco a mi princesa y le susurre.
-un café por tus pensamientos
De inmediato se sobresaltó en su sitio, rebotando de tal manera que sus piernas chocaron contra la madera de debajo de su pupitre. Algunos alumnos volvieron la mirada para verla, entre ellos Alya y Nino, eso la hizo sonrojar, sabía muy bien que no era el tipo de chica que le gustaba llamar demasiado la atención.
-lo siento- dije cuando las cosas parecieron volver a la normalidad, y esta vez alertándola de mi proximidad aclarándome levemente la garganta.- no quería asustarte Marinette, pero te vi tan concentrada que me pregunte…- no termine la frase, deje la idea implícita.
-no… no pasa nada- un susurro tan quedo que tuve que mantener la cercanía para poder escucharle.-…solo…esto… creo…- se fue quedando callada mientras esperaba su respuesta.
-¿acaso no te gustó que Alya te nominará?- aunque esa no era la verdadera pregunta que deseaba formular, fue la única que deje escapar de mis labios.
-¿eh?... no, es decir, Alya es impulsiva, pero sé que no lo hizo con una… bueno… mala intención…- estoy segura que al final de la oración pude oír un "eso creo", pero lo deje pasar.
-¿entonces qué ocurre?- que gallina me estaba poniendo ahora, no dejando que las palabras que en realidad me moría por decir salieran. Quería preguntarle si le incomodaba el hecho de que tendríamos que trabajan juntos, si mi presencia le resultaba incomoda ahora. Estaba pensando demasiado, lo sabía, pero me era inevitable. La incertidumbre estaba causando estragos en mi sistema.
El silencio que hubo entre ambos fue demasiado incómodo, Marinette no me veía, tenía la vista puesta en algún punto de su libreta, moviendo las piernas ligeramente.
-¿Marinette?- trate de captar su atención, necesitaba algo que me dijera que estaba bien. Tardó unos minutos en responderme, dio un largo suspiro, como si fuera la resolución que su mente acababa de dar y se giró hacia mí. Sus brillantes ojos azules me miraron fijamente y el comienzo de una sonrisa se asomaba por la comisura de sus labios. Ese tipo de sonrisas que te dicen que las cosas están bien, que no hay nada por que preocuparse.
-lo siento Adrien, no.. no ocurre nada, sólo, bueno la verdad no esperaba trabajar en algo así, pero es emocionante- ladeo un poco la cabeza, dándole un aspecto muy dulce a su expresión- estoy ansiosa de trabajar en esto. Espero no ser una carga para ti.
"jamás en esta vida, tú eres todo para mí, menos una carga" me mordí la lengua para no decir nada. solo moví la cabeza de forma negativa, para que entendiera mi punto.
-bien, entonces creo que estaremos trabajando por un rato ¿eh?- miro levemente hacia donde estaba Alya, que todo el rato había mantenido un ojo sobre nosotros.
-sí… yo..- no supe que agregar sin que sonara forzado o estúpido o increíblemente comprometedor, así que lo deje pasar.
La escuela trascurrió sin incidentes, las clases fueron demasiado rápidas para mi y antes de que me diera cuenta, el día había terminado.
Marinette y yo no intercambiamos muchas palabras después de la conversación matutina, eso me generó un malestar que se acento en mi estómago por tiempo indefinido.
Ninguno había mencionado el beso que le había dado en la mejilla, la verdad no sabía que pensar. No estaba seguro si ella lo había tomado bien o ese atrevido movimiento de mi parte había sido mi condena, es decir, con ello había instalado una barrera entre ambos.
Cuando estábamos preparándonos para irnos, me decidí a hablar. Alya esperaba a Marinette en la puerta junto a Nino, pero en cuanto mi amigo vio mis intenciones, entendió que necesitaba unos minutos a solas y llevó a su novia hacia la salida del colegio.
-ehh…. Marinette- ella buscaba en su pupitre una libreta para meter en su mochila.
-¿qué ocurre Adrien?- no me miro mientras cerraba su mochila. Apreté la tira de mi propia mochila, nervioso.
-respecto al proyecto…¿cómo deberíamos organizarnos?- no quería presionar, pero si era preciso lo haría, esta era mi oportunidad para estar cerca de ella como Adrien, dejarle ver mi día a día, como Chat conocía mi historia, como Adrien descubriría mis temores, mis planes a futuro, aspectos que no podía decir sin delatar mi identidad.
-oh, no lo había pensado- estaba seguro que dentro de su mente se comenzaba a trazar un plan de trabajo- podríamos quedar después de clases, pero recuerdo que Nino mencionó que tenias esgrima o clases de chino… entonces quizás podría hacer algunos bocetos y dártelos para que los vieras y me dieras tu opinión u anotaciones.
Mi mente gritó no, podía aplazar las clases, podía hacerlas más temprano y limpiar la agenda de cualquier actividad que me impidiera estar a su lado.
-no tengo ningún problema con faltar a algunas clases, creo que un descanso sería maravilloso- su rostro me miro con una máscara digna de un juego de cartas. No vi ninguna emoción, no supe si eso la incomodaba, la alegraba o simplemente le era indiferente.
-oh, siendo ese el caso, entonces podríamos quedarnos después de clase en la biblioteca o…- se dilató más de la cuenta para decirme su segunda opción, así que era seguro que estaba dudando- o quizás estaría bien trabajar en mi casa, si gustas.
-es perfecto- no quería que cambiara de idea, no le daría la oportunidad de apartarme de ella fácilmente.- entonces estaré a las cinco en tu casa ¿de acuerdo?- parece que la deje muda y un poco sorprendida de que le dijera aquellas palabras tan pronto.
-¿no es muy pronto? Quiero decir, entiendo que debemos de trabajar duro y todo, pero tienes responsabilidades, no deberías de dejarlas solo por cumplir, ya te dije que podemos trabajar por medio mensajes y anotaciones.
-ni hablar, estoy encantado de hacer esto, y si es contigo, mucho mejor, he visto parte de tu trabajo, y creo que eres asombrosa y muy, muy talentosa.- no estaba inventando absolutamente nada. Tanto Adrien como chat habían visto sus bocetos, elegantes y sobre todo dotados de su sello personal. Esa huella que parecía decir " la vida es toda una aventura".
Marinette solo se sonrojó levemente y siguió con la vista abajo. Era linda verla así, por lo regular no se le daba el arte de recibir elogios, siempre que lo hacia ella solo sonreía y se sonrojaba adoptando el color de un tomate.
-es… esta bien, si no tienes nada que hacer esta tarde, podemos comenzar a trabajar en los diseños-. Se tocó su codo derecho, y me di cuenta de que estaba invadiendo su espacio vital. Muy mal por parte de un caballero, pero en cualquier caso, ya en otras ocasiones había estado codo a codo con ella. –pero… si tienes que arreglar algo, o necesitas tiempo puedo comenzar a trabajar y así puedes acomodar tus actividades extracurriculares.
¿Era yo o parecía que quería evitar que nos viéramos esta misma tarde? Nadie impediría que me acercara a ella en mi forma de civil, ni siquiera ella misma.
-ya me ocupó yo de que todo esté en orden, tu descuida- deje salir a mi lado juguetón y le di un guiño mientras descansaba mi mano en su hombro, una maniobra evasiva porque en realidad esa caricia iba dirigida a su mejilla.
-te veo en un rato- aunque quise volver a besarle, me contuve, retrocediendo y apretando las palmas de las manos. Un saludo informal fue suficiente y me retire hasta la entrada de la escuela, donde el auto estaba esperando.
Una vez adentro, telefoneé a Natalie y a pesar de que parecía algo disgustada por tener que modificar mis citas y clases, incluso hubo algunas que no pudo cambiar, pero al final me dejo cerca de dos semanas libres para trabajar a gusto. No mencione que tenía planes escolares, solo solicite el tiempo por "un poco de cansancio".
Llegue a casa y corrí escaleras arriba, aventé la mochila sobre la cama y busqué en mi armario el atuendo perfecto, cuando lo elegí, me metí en la ducha.
-¡hey! Para la próxima podrías ser un poco más cuidadoso cuando alguien viaja en tu mochila- Plagg atravesó la puerta del baño mientras una de sus manitas sobaba por encima de su ojo derecho, el lugar de su cabeza que seguramente impactó contra el colchón.
-lo siento Plagg, pero apenas si tengo tiempo- tome el shampoo y comencé a tallar el cabello, generando demasiada espuma que no me permitía ver.
-¿tiempo justo?- la voz de Plagg se escuchaba desde el lavamanos, por lo que supuse que se había quedado ahí sentado para darme algo de privacidad- ¡pero si quedaste con la chica a las 5!, tienes al menos hora y media de sobra ¿por qué tendrías el tiempo justo?
Le contesté mientras metía mi cabello bajo el chorro de agua.
-es obvio que no quiero llegar con las manos vacías a la casa de Marinette, así que antes de llegar pasaremos a por unos encargos, los hice en el recreo y supongo ahora estarán listos- fui por el jabón líquido para el cuerpo.
-pero ya fuiste a casa de la chica una vez y si no mal recuerdo sus padres estuvieron encantados de recibirte.- claro que recordaba ese día que había ido a practicar videojuegos para la competencia de la escuela, pero quería que esta vez fuera diferente. De alguna forma necesitaba demostrar lo contentó que estaba por tener una oportunidad más de estar en su casa, con ellos, y si tenía esperanza y la suficiente suerte, quizás incluso sentirme uno de ellos.
-es difícil describirlo, así que digamos que son cosas humanas.- termine mi ducha y salí de la regadera para tomar una toalla, secarme y comenzar a vestirme. Mientras caminaba al lavamanos, vi a Plagg sentado en la orilla de este con los piecitos moviéndose de un lado para otro.
-tengo siglos en la tierra y jamás comprenderé porque ustedes se complican tanto las cosas, por eso yo prefiero la comida-. Se fue volando, seguramente a buscar un poco de queso. Mientras yo me ponía lo que había elegido para la ocasión. Unos pantalones de mezclilla oscura, una camiseta de mangas cortas blanca y encima me pondría una camisa de lana a cuadros color azul.
Antes de salir, tome todo lo necesario, incluido a Plagg y corrí para llegar con el chofer e ir a las paradas que le iba indicando en el camino.
Cuando tuve todo listo, fuimos a casa de Mari, esperando que los regalos fueran bien acogidos por ellos.
No eran cosas ostentosas, de hecho era algo simple. Esta era una de esas ocasiones cuando una persona debía de ser creativa para llevar algo a casa de un invitado. Dado que ellos eran dueños de una panadería, cualquier pan, postre o bizcocho quedaban automáticamente descartados.
Al final opte por una variante un poco menos común: comida china. Si bien Sabine sabía cocinar los platillos de oriente de una manera excepcional, pero sabía que el restaurante donde había encargado la comida era el favorito de su madre, un lugar donde su padre llevaba a sus princesas y disfrutaba de su compañía mientras celebraban algún evento importante para ellos.
Cajas con arroz, diversos platillos y las famosas galletas de la suerte. Todo listo y preparado, mientras yo rezaba para que el trabajo se prolongará hasta la noche y tuviera la oportunidad, la más ligera esperanza de poder compartir la mesa con ellos.
Aquella mesa pequeña pero tan acogedora, rodeada de personas que preguntaban cualquier cosa y no tener que llegar a una casa que la mayoría del tiempo estaba vacía y tener que tomar algún alimento en la enormidad de un sitio que siempre se sentía frío y sin vida.
Quise poner cada gramo de mi fe en que ese pequeño acto podría pasar, ´tanto así que me tome la molestia de llevar comida para más de tres personas, esperando que ellos no lo notaran.
Entre las manos descansaba un sencillo ramo de flores lilas, las favoritas de Marinette, pues aunque no estaba planeado que las comprara, una vez que pase enfrente de ellas, simplemente no pude concebir que no estuvieran adornando alguna parte de su casa, o con suerte, en su habitación.
Como chat, algunas veces me había tomado el atrevimiento de llevarle alguna rosa, y aunque recibió todas con alegría y una radiante sonrisa, era claro que esas flores no eran sus favoritas. Observando descubrí que ella preferías las pequeñas, de olores y colores discretos y casi me golpeó la cabeza por no haberlo deducido antes, su gusto por las flores era un reflejo de lo que era ella, una chica sencilla pero con una belleza cautivadora.
Cuando el automóvil paro enfrente de la casa de Marinette, sentí como los latidos de mi corazón comenzaban a acelerarse un poco. Tome respiraciones varias veces para calmarme antes de bajar. El chofer me preguntó que hora era la adecuada para venir por mi, y yo le respondí que le enviaría un mensaje cuando fuera necesario.
El se fue y con mis presentes para la familia Dupain camine hacia la puerta trasera y toque el timbre, vire hacia la avenida, dándole la espalda a la casa y aguardando a que me abriera.
-¡hey! ¿Crees que la chica tenga algo de queso? Mi reserva se ha agotado- Plagg y su apetito insaciable hacía su acto de aparición.
-primero, no estamos aquí por queso, y debiste haber tomado más si sabías que comerías tanto, y segundo, ella no es una chica, es Marinette- en ese preciso instante la puerta se abrió y Marinette asomó la cabeza, con el ceño ligeramente fruncido.
-¿hablabas con alguien?- y yo que había esperado que no hubiera escuchado nada.
-ehh, no ¿Por qué?- trate de salirme por la tangente haciéndome el desentendido.
-me pareció oír a alguien hablar- río un poco nerviosa- incluso pensé que había escuchado mi nombre.- sonreí en respuesta, tratando de parecer tranquilo. Alce la mano donde sostenía las flores y se las ofrecí.
-te traje un obsequio- tome el resto de las cosas y entre en casa, cerrando la puerta detrás de mí. Marinette parecía cohibida cuando tomó el ramo.
-no… no tenías que haberme traído algo así- no estaba seguro si estaba incómoda o un poco cohibida.
- no hay ningún problema. La verdad en cuanto las vi pensé en ti y creí que eran perfectas para ti- su sonrojo se acentuó más, así que optó por darme la espalda y subir las escaleras hasta su casa. Tome las bolsas de comida y comencé a subir detrás de ella. Una vez en su casa, espere en el vestíbulo mientras ellas se deslizaba sus zapatos por unas sandalias cómodas y le decía a su madre que habíamos llegado.
La señora Dupain salió de la cocina con un paño entre las manos, Una mujer menuda de hermoso rostro y sonrisa llena de energía y felicidad.
-¡hola, Adrien! Un gusto tenerte otra vez en nuestra casa- me acerque a la señora y le extendí las bolsas.
-perdone la intromisión, señora Dupain, he traido unos presentes en esta ocasión- sonreí caballerosamente, recordando mis modales. La señora tomó las bolsas, reconociendo de inmediato su contenido.
-¡No tenías que haberte molestado! Eres tan amable, una de las razones por las que Marinette habla tan bien de ti- estaba casi seguro que esa frase estuvo acompañada de un fugaz guiño de ojo, pero Marinette me empujó un poco, tratando de evitar que siguiera hablando con su madre.
-mamá, estaremos trabajando arriba- comenzó a empujarme ligeramente hacia las escaleras.
-está bien, les llevaré un refrigerio en un rato- sonaba tan contenta y tenía un tono algo conspirador que me hizo preguntarme si la madre de Marinette no estaba planeando alguna boda estilo oriental.
Siempre pensé que las habitaciones para dormir eran sin duda la mejor forma de conocer a una persona a profundidad, y el cuarto de Marinette solo podía describirse de un modo: único.
Desde su puerta, ubicada como trampa de cobertizo hasta la manera en que se dividía en dos, la zona de la cama y el resto, hasta su balcón al que se accedía por un tragaluz. Hermoso y único, como ella. Dios solo sabía cuantas veces había pasado las tardes en aquella habitación a veces conversando, otras simplemente apreciándola trabajar en sus proyectos personales, diseños inspirados en cosas tan cotidianas como los turistas, las calles de parís en una mañana de lunes o la lluvia de una fría tarde.
Tenía tantas ganas de acurrucarme a su lado en su cama, disfrutar de una taza de café y croissants recién hechos. Podía vivir así de manera indefinida. Las paredes de su cuarto habían cambiado mucho desde que chat y ella se conocieron, los recortes de Adrien ya no estaban, en su lugar, había uno que otro artículo de Chat salvando el día y curiosamente su fondo de pantalla había cambiado la foto por una imagen de un gato negro. Dulce y extremadamente lindo.
-así que te gustan los gatos- dije, señalando su fondo de pantalla.
-¿Qué? Ah, si, me han comenzado a gustar mucho los gatos, me esperas un segundo, iré por un florero para ponerlas en agua- tomó el ramo y bajo las escaleras, el sonido de la pulsera que le regale repiqueteaba a medida que bajaba. Cuando estaba a punto de sentarme en el diván, vi la chaqueta negra que estaba haciendo cuando me declare como chat. Ahora estaba terminada y reposaba en el maniquí. Los detalles en verde y la elección de material eran los adecuados, una perfecta obra inspirada en un gato callejero. No pude ocultar mi sonrisa cuando la vi.
Esta chaqueta era por mí, de alguna manera la había hecho pensando en mí, y eso me hacia quererla más, dándome unas terribles ganas de ir a ella y besarla hasta la locura.
-ya estoy aquí- no escuche cuando subió las escaleras, de inmediato deje de apreciar el trabajo textil y fui a ayudarla con el florero.
-¿Dónde las pongo?- le pregunte dudando se las debía de dejar cerca del escritorio o en algún otro sitio. Mari señalo el lugar indicado, cerca de la ventana, donde el sol le daría una parte del día y las mantendría saludables. Ella mientras tanto cerró la puerta y se dirigió a su estante de libros, de donde sacó una libreta rosa pequeña, la había visto antes, era su libreta de diseños, pero ¿Por qué la sacaba ahora? Estaba seguro que no trabajaría en ella, sino en una de dibujo.
-así que…¿por dónde empezamos?- me acerque a ella, tratando de echar un vistazo al interior del contenido de la libreta, curioso por saber por qué la había tomado. -¿Marinette?- dio unas cuantas vueltas más a las páginas, hasta que finalmente se detuvo y me mostró
-aquí- dijo señalando una serie de dibujos. Me quedé asombrado.
Esos diseños nunca los había visto, pero en ellos estaba plasmado la esencia de Chat, todos los conjuntos eran para masculinos, pero destacaban el color verde y negro. Aunque el modelo no tenía rostro, estaba casi seguro que era yo.
-¿Cuándo los hiciste?- página tras página contemple los diseños, Ropa casual, deportiva, de gala, cada conjunto tenía sus especificaciones y sus accesorios a juego. Perfectos.
-ehh… yo solo… me sentí inspirada hace tiempo…así que…- se rascaba la nuca con disimulo´, una forma de ocultar su nerviosismo- ¿Qué te parecen?
-increíbles- no podía decir menos que la verdad- Marinette, eres una gran diseñadora, y estos trajes son excelentes, deberían estar en una pasarela.
-¿enserio? ¿No le modificarías nada?- parecía asombrada de mi comentario.
-¿por qué crees que necesiten ser modificados? Es obvio que los colores son por Chat noir, aunque admito que sería interesante ver ropa para dama en lugar de todo para caballero. Pero son magníficos, Marinette sé qué hace tiempo te lo dije, pero lo repito, son asombrosos y debes de confiar en tu talento, además siento que estos están hechos específicamente para pensar en Chat. – me mordí la lengua enseguida, pero no pude contener el picarle con ese comentario y ver su reacción.
Ocultó un poco el rostro, pero tomo de mis manos su libreta y con cariño miró los dibujos, como si pensará en alguien, sentí que un suspiro de satisfacción salía de mis pulmones.
"yo también pienso en ti en cada momento, amor mío"
-creo que podría ser un comienzo- comenzó mientras sacaba un blog nuevo, dejando su libreta a un lado, cerrada- no sé qué tengas en mente, pero pensaba que ya que ladybug es niña podríamos hacer toda la línea de mujeres basados en eso y la de los hombres en Chat.
-es una buena idea, pero personalmente me gustaría que fuera intercalada.
-¿ropa de Chat y Lady sin distinguir el género?
-algo así, pensaba que podríamos hacer de los dos, ropa de chat para hombre y mujer y también de lady ¿Qué opinas?- le mire con entusiasmo, le gustaba participar en un proyecto con ella, aunque mis dotes de dibujante no eran las más aptas. Ambos acercamos las sillas a la mesa de trabajo, donde descanso un par de hojas limpias y acomodó algunos lápices y colores.
-la verdad es que nunca me lo había planteado, pero podría funcionar- cerró los ojos unos segundos, concentrándose y visualizando antes de comenzar a trazar.
Me fascinó verla tan concentrada que no hice ruido alguno cuando comenzó con el trabajo. Ella era tan cautivadora que no podía apartar los ojos. Su rostro completamente serio estaba enfocado en el dibujo que realizaba. Se perdió tanto que ni cuenta se dio cuando su madre subió a dejarnos un refrigerio, que con gusto acepte.
Le tomó una hora acabar cuatro diseños, dos vestidos de chat y dos trajes lady. El primero parecía un vestido de coctel, su corte era simple, era un vestido tipo de los 50, la parte del torso ceñida y de la cadera hacia abajo una caída amplia. De tirantes y el escote justo sobre el pecho, tenía pequeños detalles de la propia tela. Los holanes eran de tul y caían en cascada sobre la rodilla. El conjunto era en negro y solo se destacaba una banda alrededor de la cintura, ancha de color verde. El cabello era adornado con una par de broches en forma de gatito y del cuello colgaba un garrita en plata vieja. Los zapatos eran de tacón mediano cerrados.
El segundo traje era más casual. Una chamarra, blusa, short y calcetas largas.
La chamarra, floja tenía en las orillas verde, el gorro terminaba con orejas de gato, en la parte delantera había plasmadas dos huellitas de gato sugerentemente sobre el pecho de la modelo. La playera que había debajo era holgada color gris.
El short era a la altura de medio muslo, con el corte a la cintura.
Las calcetas llegaban a la rodilla de color verde con caritas de gatito.
Los trajes de lady bug eran elegantes. El del hombre constaba de un pantalon negro con una camisa roja, los tirantes del pantalón que cruzaba por encima eran de moteados. Zapatos negros. el otro atuendo, igual de manera casual era una camisa con un estampado parecido a una catarina, pantalones de mezclilla y vans moteados.
-¿están muy feos?- no me había dado cuenta que había pasado mucho tiempo en silencio, por lo que estuvimos mucho tiempo en completo silencio.
-¿Qué? No, nada de eso, creo que son buenos- la verdad que lo eran- mira. Solo faltaría agregar algunos accesorios- le indique que podría combinar a la perfección con los atuendos, mientras ella los dibujaba y ponía pequeñas notas en post it, para después pegarlas en las zonas correspondientes. Trabajamos de esa manera y buen rato más. Mientras ella estaba sentada trabajando, yo estaba detrás de ella señalando algunos complementos. Cuando me preguntaba acerca de tendencias y cosas por el estilo, le mencionaba lo necesario. Le pregunte si le molestaba que pusiera algo de música para acompañarnos, y cuando dijo que no, reproduci toda la discografía de Jagged Stone, un gusto que ambos compartíamos. La tarde se me fue como rayo y para cuando nos alzamos la cabeza la noche ya había caído en el cielo.
-vaya, parece que se nos ha ido la vida en esto- y yo por el contrario sentía que el tiempo había sido demasiado corto.
-si… supongo que lo dejaremos aquí por hoy ¿no?- me rasque mi nuca, no sabía que más decir ¿Cómo se supone que terminas algo que realmente no quieres que nunca acabe?
-si, bueno yo..
-¡Marinette, Adrien, bajen!- el gritó de la señora Sabine nos asustó un poco, y cuando nos dimos cuenta de la reacción del otro solo atinamos a reírnos.
-vamos, mamá de seguro ya se dio cuenta de la hora.
Bajamos las escaleras y tanto su padre como su madre nos esperaban al final de las escaleras.
-mamá, Adrien ya se iba- comenzó a decir Marinette, aunque la verdad yo no tenía mucha prisa porque sucediera eso.
-¿enserio? Vaya eso es un gran problema- comenzó a hablar el padre de Mari.
-¿Por qué papá?
-bueno, tu madre y yo esperábamos que nos acompañara a cenar- agradecí a cualquier deidad que me estuviera cumpliendo el sueño de cenar en familia.
-oh, pero papá, de seguro el padre de Adrien le está esperando, sería una descortesía si lo retrasamos- eso pudo haber sido un golpe bajo si Marinette supiera la verdadera situación familiar que los Agreste vivíamos actualmente.
-la verdad es que mi padre está trabajando hasta tarde hoy, así que…- me encogí de hombros, restándole un poco de importancia al hecho de que llegaría a una casa vacía.
-siendo así, no veo el problema- la madre de Marinette de inmediato me tomó de la mano y me guío a la mesa, que curiosamente estaba preparada para cuatro lugares. Ellos deseaban que me quedará, querían compartir sus alimentos conmigo y en ese momento estaba seguro que podía soltar una lágrima de felicidad y algunos brincos de alegría.
Al ser una mesa cuadrada, nos acomodamos de tal forma que el padre de Marinette y yo quedábamos frente a frente, mientras tanto, su hija quedaba a mi lado derecho y su esposa a mi lado izquierdo. La mesa la prepararon con la comida que traje, depositándola en hermosas charolas y cerámica.
Incluso en vez de los convencionales cubiertos, la mesa solo tenía cuatro pares de palillos. Cada quien se sirvió la cantidad que consideró adecuada. Yo tomé una porción de tallarines y un poco de carne asada y rollos primavera.
-estuvieron trabajando mucho allá arriba, así que díganme, ¿en que andan ustedes dos?- el padre de Marinette comenzó la plática mientras se llevaba una gran porción de arroz frito a la boca, para terminar llenó de migajas en los bigotes, las cuales su esposa se apresuró a limpiar.
-Hemos sido seleccionados por nuestros compañeros para realizar bocetos para un desfile de modas, en realidad creo que su hija es la que esta haciendo todo el trabajo, yo solo colaboró medianamente con alguna sugerencia, pero ella crea- sonreí mientras miraba de reojo a Marinette que estaba comenzando a encogerse en su asiento.
-¡Mi Marinette siempre ha sido una chica creativa!- el pecho de su padre pareció inflarse un poco- desde pequeña siempre a tenido esa iniciativa por crear, recuerdo que varias veces en la panadería terminaba cubierta de harina por querer hacer algo nuevo y diferente- su relato se vio interrumpido por su hija.
-papá- protestó con las mejillas coloradas. Se distrajo tomando un vaso con agua. Lo que hubiera dado por una foto de ella cubierta de harina.
-¡vamos hija! Es normal que hablemos de ti cuando eras pequeñas, siempre has sido nuestras luz- que hermosa calidez y amor brillo de los ojos de su madre- y Adrien, no creo que mi niña se deba llevar todo el crédito de su trabajo en equipo, estoy segura que hacen una pareja increíble.- casi se atraganta con las palabras de su madre.
-¿estas bien?- de inmediato me levante para ver que todo estuviera en orden y no se ahogara ante la inocente sugerencia de su madre.
-mamá. ¡pero que dices!- si antes había estado colorada, ahora conocía al menos tres tonalidades de rojo en su rostro.
-Nada malo, corazón, simplemente creo que ustedes dos harán un trabajo increíble. Según nos ha contado Marinette, eres modelo, por lo que debes pasar tiempo sabiendo acerca de la moda, tendencias y cosas por el estilo. Marinette por su parte gusta de ver cosas hermosas donde nadie más mira de cerca, y creo que juntos crearan algo increíble, bueno al menos es mi punto de vista, y no lo digo simplemente porque sea tu madre- concluyó señalando a su hija.
-tu madre tiene razón, Adrien y tu harán algo que dejara a todos sorprendidos.- su amplia sonrisa parecía decirlo todo.
Marinette se disculpó para ir al baño, mientras yo me limitaba a cambiar el rumbo de la conversación, haciéndola amena y tranquila. Entre bromas y chistes, dejamos el tema del trabajo y nos concentramos en otros aspectos. Ame cada momento en familia. Y me atreví a pedir que esto fuera repetido muchas más veces.
Los padres de Marinette no solo me abrieron las puertas de su casa, sino también de su amor, de su familia, y a la larga, quería que también me permitieran estar con su hija para siempre. Cuando me despedí de ellos, me invitaron a quedarme todas las noches a cenar cuando tuviera que trabajar en su casa. Yo acepte encantado, y me ofrecí a llevar algunas cosas, aunque Sabine dijo que no era necesario.
Marinette me acompaño hasta la puerta y espero conmigo mientras mi chofer llegaba por mí.
-perdona a mis padres, a veces se entusiasman mucho con las visitas- la noche había enfriado un poco, por lo que Mari fue por un suerte. Me senté en banqueta que habia frente a su casa y ella cerró la puerta y terminó uniéndose a mi. Codo con codo, sentí parte de su calor corporal. Como anhelaba abrazarla para que no pasara frio.
-¿Por qué debería de perdornalos? Marinette, creo que tus padre son geniales y ellos te aman, mucho.
- gracias por pensar eso Adrien- sonrío un poco mientras frotaba sus manos sobre los brazos para conservar el calor.
No lo resistí más, me acerque. Abrí un poco mi camisa de lana y envolví parte de su cuerpo en ella, atrayéndola hasta que su cabeza quedó recargada contra mi pecho.
-Ad…aADrien… ¿Qué…ué…estas…. haciendo?- ni siquiera se atrevió a subir la mirada.
-solo no quiero que te vayas a resfriar, no quiero que mi compañera de equipo tenga que trabajar con 37 de temperatura o con un paquete de pañuelos para el catarro- levemente, aspire el aroma de su cabello y me concentré en memorizarlo. Su esencia me volvía valiente y loco.
Para mi desgracia, mi chofer llegó, así que nos separamos, ella se despidió rápido y entró a su casa sin levantar la mirada. Decepcionado, camine hasta mi auto y lo abrí, para llevarme una gran sorpresa.
-vaya, pensé que le habías pedido a Natalie que dejara tu agenda libre para tomar un respiro, pero no sabía que los respiros ahora lucían como jóvenes de tu edad- mi padre, con las piernas cruzadas, miraba algunos bocetos en un book mientras esperaba que entrara al auto.
-y bien ¿piensas entrar?- de mala gana me senté a su lado y cerré la puerta. Atrapado con las manos en la masa, mi vida no podía trascurrir de mejor manera.
- pensé que tendrías algunas excusas, pero dada tu falta de palabra, seré yo quien haga las preguntas ¿Por qué estabas en la casa de una chica?- mierda, mierda y más mierda. ¿que debía decirle? Que lo hacía porque estaba hasta los huesos por una chica que también resultó ser la heroína de París. Una verdad simple pero imposible de decir.
-estoy haciendo un trabajo escolar- me cruce de brazos y puse mi espalda contra el asiento.
-me preguntó qué clase de trabajo te tuvo desde la cinco de la tarde aquí- ni siquiera alzaba su cara de los malditos bocetos ¿ yo era su ultima prioridad o algo así?
-en un desfile de modas escolar, los compañeros decidieron a dos personas para el trabajo de diseño y creación.
- pensé que no te gustaba el diseño- cerró su book y lo cambio por una tableta electrónica- ¿porqué con esta señorita, específicamente?
-recuerdas a la chica que ganó el premio por el bombín, resulta que ella es la misma chica con la que trabajo.
-¿Por qué no has ido a trabajar en casa? Tenemos el salón de estudio y el escritorio de mi oficina además de materiales más adecuados.
-no quería importunar, además Marinette también tiene su área de trabajo- la verdad no estaba seguro que mi padre la recibiera con los brazos abiertos. A Nino, mi mejor amigo, lo había corrido simplemente por quererme organizar una fiesta de cumpleaños. Quien sabe que sería capaz con Marinette a mi lado.
-quiero que hagas tu próxima cita de trabajo en casa, y de hecho me gustaría que esta chica ¿Marinette, cierto? Viniera a casa y conocer quiero conocer sus trabajos- ningún gesto, nada detrás de esa perfecta máscara de hielo.
-de acuerdo- no podía decir que no sin que eso repercutiera en mis libertades.
En casa, di las buenas noches y corrí hasta mi cuarto, era tarde pero no me importó, me transforme en Chat y brinque hasta su balcón. Toque la ventana y está casi de inmediato se abrieron. Por ella asomándose una preciosa manta de cabellos azabaches.
-hermosa noche para visitar a mi…- ni siquiera acabe la frase. Sus labios estamparon contra los míos. Sensual, pero sumamente raro, ella nunca había tomado la iniciativa para besarme. Se movió, disfrutando del beso exigente y lleno de pasión que nos estábamos dando. Pero algo andaba raro, no era normal. A regañadientes me separe de ella y acune su rostro entre mis garras, ella puso sus manos sobre estas.
-Mi princesa ¿Qué ocurre?- me preocupe que en el poco tiempo que estuvimos separados algo malo le hubiera pasado.
- te amo- dijo- te amo. Te amo, te amo- era un mantra que repitió muchas veces, y aunque casi ronroneo del gustó, algo parecía extraño, como si con esa frase, ella tratara de que fuera más para sí misma que para mí.
-también te amo, princesa- acaricie sus mejillas con los pulgares- siempre lo haré- la bese, pero esta vez suave, lento. Me deleite con sus labios, su lengua.
-quédate- pensé que había imaginado su petición, hasta que la repitió- quédate conmigo esta noche.
-¿Por qué?- necesitaba saber que todo estaba bien, que estábamos bien.
-por favor, solo quiero sentirte a mi lado, Chat, te amo, no preguntes más, solo dime ¿podrías…?
-no puedo negarle nada a mi princesa- me deslice con cuidado hasta su recamara, y me quede en la orilla de su cama.
Ella ya había cambiado su ropa por la piyama y tenía los pies metidos debajo de las cobijas, extendió sus brazos hacia mí y por nada del mundo rechazaría el abrazo.
-te amo chat- dijo bajito mientras yo me acomodaba sobre su pecho, escuchando los latidos de su corazón y ella acariciaba entre las hebras de mi desordenado cabello.
-yo a ti, Mi Marinette.
No estaba seguro que pasaba. Y ahora no importaba mucho, quería a Marinette con cada fibra de mí ser, y ahora, como Chat, podía dejar salir cada gesto de amor y de adoración que sentía por ella.
Mañana me encargaría de todo, todo estaría bien, por esta noche me daría el lujo de disfrutar estar entre sus brazos, el único hogar en el que deseaba estar.
