Los fríos días de enero pasaron para dar lugar a los de febrero. Todos ellos fueron cada uno diferentes y románticos en la vida de Lovino Vargas, pues llevaba ya un mes de relación con Antonio Fernández Carriedo, a quien había conocido el pasado otoño. A pesar de que se conocían de hacía poco tiempo no parecía afectar a su relación, pues ambos eran jóvenes y tenían toda la vida por delante para conocerse.
El tan deseado y ansiado catorce de febrero llegó al fin. Lovino Vargas se despertó aquella mañana muy temprano y muerto de nervios. Ese día iba a ser completamente romántico, o al menos eso le había prometido Antonio la noche anterior... Más le valía estar diciendo la verdad a ese bastardo español.
-Lovi, me voy al instituto-Dijo Feliciano a su hermano, que estaba desparramado en el sofá del salón fingiendo estar enfermo-Le diré a los maestros que estabas enfermo¿Sí? Espero que te mejores para cuando vuelva, fratello-Deseó el menor de los italianos mientras le dedicaba una gran sonrisa a su gemelo, quien se limitó a quedarse callado y fingir que estaba dormido.
-Feliciano-Llamó Lovino justo cuando su hermano estaba a punto de salir para irse a clase.
-¿Sí, Lovi?-Preguntó el menor acercándose a su hermano
-Para cuando llegues yo quizás no esté...No te preocupes-Pidió Lovino al ver que su hermano ponía cara de preocupación-Tengo que hacer un trabajo para la clase de literatura si no quiero repetir el curso, ¿Vale? Antonio dijo que me ayudaría, así que no te preocupes, fratello. Estaré bien.
-¿No será que tu y Antonio van a pasar la tarde haciendo cosas de enamorados, fratello?-Preguntó Feliciano sonriendo ampliamente a su hermano, quien enrojeció hasta la raiz del cabello al sentirse descubierto.
-N-no digas tonterias, maledizione Por supuesto que vamos a ir a estudiar, fratello idiota.
-Bueno, te creeré, Lovi. Que te mejores-Deseó de nuevo el menor dando un beso en la frente a su hermano, quien se quejó de que le iba a pegar la fiebre, pero sin embargo no se apartó. Feliciano se despidió una vez más y salió por la puerta. Lovino se pasó el resto de la hora preparándose para su 'cita' o cosa rara que iba a tener con Antonio. No podía negar que se sentía bastante nervioso. No solo por que era la primera vez que pasaba San Valentín en compañía de su novio, sino que además éste era el bastardo de Antonio, quien conseguía ponerle nervioso en cuestión de segundos y sacarle suspiros de amor, cosa que el italiano consideraba una absoluta curseliría y jamás en su vida se habría imaginado haciéndolo. Además, ese español también coseguía que Lovino sintiera mariposas en el estómago cada vez que se veían o quedaban.
Justo cuando estaba terminando de comerse un tarro de helado que había encontrado en el congelador poco después de que se fuera su hermano, alguien tocó al timbre. El italiano fue hasta la puerta arrastrando los pies, aún con el bote del helado en la mano. Miró por la mirilla antes de abrir la puerta, y lo que descubrió le dejó totalmente sin palabras, y sintiendo como había en su barriga más mariposas de lo normal: Antonio estaba esperando al otro lado de la puerta. Iba vestido de manera casual pero a la vez elegante. Portaba una bolsa en una mano, y miraba con curiosidad alrededor suya. Entonces Lovino se miró en el espejo de la entrada y se dio cuenta de que aún estaba en pijama. Después de más de media hora intentando decidir qué se pondría y al final no había llegado a decidirse por ningún conjunto.
-E-espera un momento-Gritó Lovino, lo suficiente para que el español pudiese oirlo.
-Vale-Gritó de vuelta Antonio, quien a pesar de parecer embobado y en su mundo, estaba igual de nervioso que el italiano.
Un par de minutos después, se abrió la puerta de la casa, dejando ver a un Lovino vestido de manera parecido a su pareja: Una camisa con una cazadora por encima y unos vaqueros.
-Pero mira qué sexy estás hoy-Dijo Antonio a modo de saludo, acercándose a su novio y dándole un fuerte abrazo, que fue correspondido por el italiano, quien ya estaba sonrojado(y todavía le quedaba un día entero por delante para sonrojarse...)
-Calla, bastardo-Respondió el menor separándose de Antonio, quien sonrió y le dio un beso de lleno en los labios, sorprendiendo al italiano, quien no tardó en corresponderle y abrazarle por la cintura, mientras el mayor le rodeaba con los brazos el cuello tras haber dejado la bolsa que traía en el suelo. Cuando se separaron con la respiración un poco entrecortada, el español le regaló una gran sonrisa a Lovino y recogió del suelo la bolsa de plástico.
-Esto es para tí. Feliz San Valentín.
El menor cogió la bolsa que Antonio le estaba tendiendo y la abrió. Dentro había una caja de bombones de chocolate. El italiano sonrió con sinceridad. No solo por que era el día de los enamorados y los bombones eran un regalo típico, sino también por que, detrás de la pasta, los bombones de chocolate eran su perdición.
-Grazie, Antonio-Agradeció Lovino armándose de valor y dándole un tierno beso en los labios al español, pues normalmente el no era quien solía dar ni empezar los besos.
El español abrazó a su pareja, quien ya iba a guardar la caja en su cuarto, debajo del colchón.
-¿No es un lugar un tanto extraño para guardar bombones, Lovi?-Preguntó extrañado Antonio. Sin embargo, el italiano soltó una carcajada, a la vez que terminaba su labor.
-Los escondo ahí para que el bastardo de Feliciano no los encuentre y se los coma todos. Y creeme, que es capaz de hacerlo. Y lo peor será que luego me vendrá con que tiene dolor de barriga.
-Jajajaja-Rió el español-Entonces está bien. Lo malo será que se van a aplastar un poco, ¿No?
-Que va, ya me he encargado de que eso no vaya a pasar-Sonrió el italiano.
-Bueno, me fiaré de ti-Sonrió de vuelta el español, pareciendo así más sexy todavía al menor, provocando que las mejillas de éste se colorearan.
-Y bueno-Dijo el italiano desviando la mirada para que Antonio no viera su sonrojo-¿A dónde vamos?
-Ah, pues mira-Respondió Antonio sacando un papel tamaño cuartilla de un bolsillo de su pantalón-He escrito en un trozo de folio los posible sitios a los que podemos ir.
-Dime-Dijo el italiano cruzándose de brazos mientras se recargaba en la pared de su habitación.
-Pues mira, había pensado que podríamos ir primero a desayunar a cualquier cafetería que a ti te guste.
-No conozco muchas cafeterías que me gusten, por no decir ninguna, idiota-interrumpió el italiano, aunque sin dejar de sonreir.
-Ah, bueno. No pasa nada. Podemos ir entonces a alguna que me guste a mi. Conozco una cerca de Gran Vía donde te ponen unos churros con chocolate que están de muerte. ¿Qué te parece?¿Te gustan los churros?¿Sabes qué son?
-Claro que sé que son los churros, bastardo. Ni que hubiese llegado ayer a España-Replicó con cierto enfado fingido el menor, cruzándose de brazos.
-Jejeje lo decía por que quizás no los conocías-Rió Antonio.
Tras más de diez mintos de cháchara por parte del español, que contó cuando había sido la primera vez que había comido churros en esa cafetería a la que iban a ir, además de irse varias veces por las ramas, la joven pareja salió finalmente por la puerta.
.Ya verás, Lovi. Estoy seguro de que te van a encantar.
-Tsk, bastardo. Eso está por ver-Dijo Lovino cerrando la puerta de su casa.
-No hay nadie a quien no le gusten los churros-Explicó el español cogiendo al menor de la cintura.
-Por supuesto que hay gente a la que no le gustan los churros-Replicó Lovino, solo para llevarle la contraria a Antonio.
-¿En serio?-Preguntó incrédulo el español. Había que decir que Antonio era el mayor amante de los churros con chocolate.
-Pues si. Solo tienes que ver a mi hermano, Feliciano-Respondió el italiano, sin tener la menor idea de si a su hermano le gustaban o no los churros. Nadie va por ahí preguntando si te gustan o no. Aunque bueno, conociendo a Antonio... él si que era capaz de hacer encuestas a la gente sobre todo tipo de temas, incluido el de los churros. Pero bueno, dejando los churros de lado, centrémonos en los dos chicos, que acababan de llegar a la puerta de la cafetería.
-Más te vale que estén buenos como has dicho antes, bastardo-dijo Lovino mientras entraba por la puerta al establecimiento, que era sujetada por un sonriente y feliz Antonio.
-Creeme, no te arrepentirás, Lovi-respondió Antonio mientras atrapaba la mano del menor entre la suya y se dirigía a una mesa libre. Lovino se sonrojó ante la acción del mayor, pero no se apartó ni comentó nada al respecto.
-Espérame aquí que voy a por los churros, ¿Sí?-Pidió Antonio mientras se alejaba hacia la barra.
-No, idiota. Me voy a ir y te voy a dejar aquí solo comiendo los malditos churros, no te digo-Murmuró el italiano frunciendo el ceño y sentándose en su silla, intentado ocultar la gran felicidad que sentía bajo aquellas palabras que no llegaron a ser oidas por el español.
Mientras Antonio esperaba pacientemente sentado en uno de los taburetes de la barra a que le diesen su pedido, Lovino no podía parar de mirarlo. Era tan sexy incluso de espaldas... Negando frenéticamente la cabeza, el italiano despegó su mirada de su sexy novio y consultó la hora en el móvil. Las 9:03. Feliciano debía de estar aún dando la clase de primera hora. Vio, antes de guardar el aparato en su bolsillo que tenía un whatsapp de Emma. Decía así
'¿Haciendo novillos, Lovi?¿O de escapada romántica?;)'
El italiano enrojeció al senitrse descubierto y le respondió rápidamente.
'Estoy enfermo y por eso no he ido a clase, capisci? 7.7'
Justo cuando terminó de teclear, el español llegó con una amplia bandeja llena de varios churros.
-Espero que no hayas tenido que esperar mucho, Lovi-Dijo el español, quien se dio otravez la vuelta, dirigiendose hacia la barra-Voy por los chocolates, enseguida vuelvo.
El italiano observó los churros. Tenían muy buena pinta, y no podía esperar a comérselos.
-Aquí estoy-Anunció el español sentándose enfrente de su pareja, dejando dos tazas humeantes de chocolate junto a la bandeja-Ya verás como te encantan, Lovi.
-Tsk, no creo que me encante esta pasta harinosa frita-refunfuñó el menor, aunque deseando probar de una vez por todas los churros.
-Que aproveche-deseó Antonio antes de llevarse un churro mojado en chocolate a la boca. El menor hizo lo mismo, aunque intentado poner cara de asco mientras comía.
Al final, Lovino acabó comiéndose más de la mitad de los churros el solo.
-Es para no tirar comida-Decía mientras engullía la comida.
Antonio sonrió, satisfecho de que al pequeño italiano que tenía por pareja le hubiesen encantado esa comida típica del país, a pesar de fingir lo contrario.
-Entonces no te han gustado, ¿No?-le seguía el juego el español, mientras pagaba en la barra.
-Ajá-asintió Lovino, poniéndose su abrigo para salir a la calle.
-Pues que pena, y yo que pensaba traerte aquí más a menudo-suspiró el mayor guardando el monedero y saliendo a la calle, seguido de Lovino.
-Da igual, si quieres volver a este antro de mala muerte te acompañaré. Pero solo por que eres tú, ¿Entiendes? No te vayas a creer que me ha gustado esa porquería.
-Ya, seguro que es por eso-sonrió malévolo el español, dándole un abrazo fuerte al italiano, quien no se lo esperaba, pero se lo devolvió automáticamente y sin rechistar ni quejarse.
Después del desayuno en esa cafetería, los dos enamorados se dirigieron al parque del retiro, donde Antonio invitó a Lovino a un paseo en barca.
-¿Estás seguro de saber manejar esto, bastardo?-Preguntaba el italiano inseguro mientras se acomodaba con torpeza en el bote.
-Por supuesto, Lovino-Sonrió el español saltando al bote, haciendo que éste se moviese hacia los lados y slapicando un poco a Lovino, quien se había acojonado y agarraba con fuerza el bote.
-Maledizione, Antonio-Gritaba asustado-No vuelvas a hacer eso, joder.
-Pero si no pasa nada, Lovi-Respondía el español completamente feliz, cogiendo los remos y comenzando a alejar el bote del embarcadero.
-Como nos caigamos al agua por tu culpa te mato, stronzo-escupió el italiano echando una mirada amenazante al español, quien sonreía al ver lo lindo que se ponía Lovino cuando se asustaba.
-Tranquilo. Tu simplemente confía en mi-pidió el español mientras continuaba remando.
Lovino se cruzó de brazos e infló los mofletes. Antonio se veía tan bien remando... De un momento a otro le saltaría encima y le comería a besos. El único inconveniente era que estaban en el maldito bote, que como volcara se iban ambos al agua, no muy limpia, del estanque.
-Lovi-dijo Antonio de repente, sacando al menor de sus pensamientos-Me estás mirando muy intensamente¿Qué piensas?
El susodicho enrojeció hasta la coronilla y apartó la vista del español en el acto.
-N-No pienso en nada, i-idiota. Además, no te estaba mirando a ti. Eres un creído-siseó Lovino. Antonio por su parte sonrió y soltó los remos.
-¿Qué haces?-Preguntó Lovino cuando se detuvo el bote-¿Por qué has parado de remar?
No pudo obtener respuesta por parte del español, pues éste ya había atrapado sus labios entre los suyos y le besaba apasionadamente. Lovino no tardó en abrazarle del cuello y seguirle con pasión. Cuando se separaron por la falta de oxígeno, el español dijo con la respiración entrecortada.
-Por que quería un beso tuyo, Lovi-dijo es español, sentándose junto a Lovino, quien aprovechó la cercanía y se sentó encima de sus piernas
-I-idiota-Alcanzó a decir simplemente el menor, mientras se recargaba en el pecho de Antonio, quien simplemente se limitó a sonreir y abrazar fuerte al italiano contra si.
Cuando pasó el tiempo en el que podían estar en el bote, la joven pareja bajó y dio un paseo por el parque de grandes extensiones. Antonio era quien llevaba mayormente la conversación. Lovino simplemente escuchaba atentamente lo que el otro decía, que eran o chorradas varias o cosas curiosas que le habían pasado.
Sin embargo, a pesar de que al principio prestaba atención al español, su mente comenzó a vagar y fue a dar en Feliciano. ¿Cómo había acabado pensando en él? Aún no lo sabía, pero su hermano pequeño era ahora la principal preocupación del italiano. Desde que había comenzado el año, su hermano no había parado de juntarse más y cada vez más con ese bastardo alemán de Ludwig, el hermano de Gilbert.
No era simplemente eso lo que inquietaba a Lovino Vargas. Como había imaginado, Feliciano haría amistades rápido, y así había sido. Pero últimamente Feliciano acaparaba la atención de Emma, Lili y Eli. No paraba de hablar de él, de la pasta o Ludwig. Y las tres chicas escuchaban como embelesadas cada palabra que salía por la boca del feliz italiano. Por su parte, Lovino cada vez se comunicaba menos con sus amigas, y para compensar el tiempo que estaba amargado, casi todas las tardes, por no decir todas, salía con Antonio a dar una vuelta, aunque solo fuera de media hora. Pero en verdad que necesitaba a alguien que le escuchase, que le dijese que todo iba a estar bien. Necesitaba una válvula de escape, y no había nadie mejor que su novio, el español de brillantes ojos verdosos, para esa función. El español nunca interrumpía a Lovino cuando hablaba de sus problemas. Es más, parecía que se dejaba de lado su faceta de abrazar al italiano y de hablar chismes varios y sacaba la de escuchar y aconsejar.
-¿Pasa algo, Lovino?-Preguntó Antonio al ver que su novio no le prestaba atención. Este le miró atentamente, como situándose, y asintió secamente con la cabeza.
-Sí, no es nada-dijo para no preocupar al español. Después de todo, era San Valentín, y sabía que al mayor esta fecha le hacía mucha ilusión.
-Es que pareces preocupado, como pensando en otras cosas.
Al ver que el semblante de Antonio se ponía serio, Lovino se apresuró en regalarle una sonrisa, y repetirle que todo iba bien. Al ver que el español le miraba con desconfianza, sin creerle totalmente, Lovino se le echó encima en un beso que el español devolvió instantaneamente. Antonio realmente besaba bien...
-Y dime, Antonio-dijo Lovino una vez que se habían separado-solo por curiosidad. ¿Alguna vez has tenido novia antes... o novio?
-Mmm... cuando tenía quince años me eché una novia de mi edad. Se llamaba Alice, era inglesa. A pesar de que nos queríamos siempre estabamos peleando y al final decidimos que lo mejor sería cortar con nuestra relación, pues no nos beneficiaba.
-Aaah-respondió simplemente Lovino.
-¿Y tú?-preguntó de vuelta Antonio.
-¿Y yo qué?
-Que si antes de conocerme has tenido pareja.
-Pues claro que he tenido pareja-respondió Lovino orgulloso-He tenido tantas novias que ya no me acuerdo siquiera del numero exacto. Tienes el honor de ser el novio actual de este don juan.
Ante esto, Antonio rió, sin creerse en absoluto lo que su novio le acababa de decir.
-Oye-replicó el italiano frunciendo el ceño, sintiendose insultado-Cómo te atreves a reirte, bastardo.
-Es que estoy más que seguro de que soy tú unica pareja-afirmó el español-¿Me equivoco?
-Por supuesto que te equivocas.
-Pues le preguntaré a Feliciano-dijo con calma el mayor sacando su móvil y buscando en su lista de contactos.
-Mi hermano está en clase, idiota.
-No, ya son las cuatro y cuarto-respondió el español.
-¿Q-qué?¿Tan tarde es ya? Bueno, da igual, no le llames, por favor-esto último lo añadió bajito, provocando unas ganas locas en el español de abrazarle por lo adorable que se veía en ese momento.
-Mientes muy mal, Lovi-rió Antonio guardando el móvil.
-Jum-dijo el menor haciendo un mohín y cruzandose de brazos. Antonio, enternecido con ese gesto, le abrazó muy fuerte y comenzó a darle muchos besos en la cabeza.
-Para, maledizione-pedía el italiano, aunque sin querer que Antonio hiciese lo que le pedía.
-Es que te quiero tanto, Lovino-decía el español abrazándolo más fuerte.
-Yo también te quiero, idiota-murmuró el menor bajito para que Antonio no le oyese.
El resto de la tarde pasó muy rápida entre besos, abrazos y mimos, la gran mayoría por parte del español. A las diez de la noche decidieron volver a casa del menor de los dos. Tanto Lovino como Antonio no querían separarse, y deseaban que no llegaran nunca a la puerta de Lovino, mientras iban agarrados de la mano. Finalmente, cuando el momento que tanto evitaban llegó, tuvieron que despedirse.
-Bueno, idiota-Dijo el menor-No ha sido un mal día...
-A mi me ha encantado pasar este día a tu lado, Lovino-respondió Antonio mirando a Lovino con los ojos brillantes. El menor sintió como toda su cara se volvía roja y comenzaba a sentir mariposas en el estómago.
-A-a mi ... no me ha desagradado mucho-admitió el menor evitando mirar al español a los ojos. Cuando alzó la mirada para despedirse, sintió cómo Antonio le besaba tiernamente en los labios. El menor los abrió involuntariamente, dejando a la lengua del mayor entrar en su boca. Lovino se le colgó del cuello, sintiendo las piernas temblar, mientras Antonio lo tenía sujeto por la cintura. Después de un buen rato besándose, se separaron con la respiración agitada.
-Me tengo que ir...-dijo Antonio, mirando los ojos chocolate de Lovino.
-Adios-se despidió el italiano mientras se separaba sin ninguna gana de Antonio.
-Te amo, Lovino-dijo Antonio mientras se alejaba lentamente del italiano por la calle.
-Yo también, i-idiota-Gritó el menor para que Antonio lo oyera. Lo vio alejarse por la calle, y cuando lo perdió de vista entró en su casa.
-Fratello-saludó Feliciano a su hermano cuando este entró en casa.
-Ciao-dijo simplemente Lovino dirigiéndose hacia su cuarto.
-¿Qué tal con Antonio?-preguntó descaradamente el menor, recibiendo unos cuantos gritos por parte de su hermano diciendo que era un cotilla y que no se metiese en asuntos que no le incumbiesen.
Al llegar a su cuarto, Lovino cogió los bombones que Antonio le había regalado en la mañana y se puso a comerse unos cuantos. Cuando terminó, los guardó de nuevo bajo el colchón y se dirigió al salón, donde Feliciano estaba cenando con su madre.
-Hola, Lovino-dijo la mujer-¿Qué tal la tarde con Antonio?
Lovino le dirigió una mirada cansada a su madre y murmuró un 'bien' seco.
-Vee~fratello, ¿quieres pasta? Creo que ha sobrado.
-Si-respondió el mayor de los italianos sentándose en un sillón de una sola plaza.
-Voy por ella-dijo servicial Feliciano levántandose y yendo hacia la cocina a por la comida de su hermano. Cuando volvió con ella en una bandeja, la puso delante de Lovino, que la cogió y comenzó a comer sin ganas, sin poder quitarse todos esos besos con Antonio en la tarde de la cabeza.
-Grazie-agradeció el mayor mientras comía. Feliciano sonrió ampliamente, pues su hermano no acostumbraba aagradecer las cosas.
Los días pasaron, y así hasta llegar a mediados de marzo.
El diecisiete de marzo era el día en el que tanto Feliciano como Lovino cumplían años.
Feliciano despertó muy ilusionado esa mañana y fue corriendo a ver qué le había regalado su madre. Lovino, por su parte, permaneció más tiempo en la cama, despierto. No tenía ninguna gana de que llegase ese día. El día de tu cumpleaños es un día de celebración, un día en el que hay que estar feliz. Sin embargo, Lovino pasaba todos los diecisiete de marzo amargado, sin ganas de nada. La gente solía felicitar a su hermano efusivamente, mientras que por el contrario a él simplemente le dedicaban un seco 'felicidades'.
El día fue igual que todos los años, como había supuesto el mayor de los italianos. Feliciano era el centro de atención de su madre, de las llamadas de los familiares que los feliciataban. Hasta los mensajes de móvil que Feliciano recibió eran muchos más alegres que los de Lovino.
Él había sido felicitado por Emma, Eli, Lili, Antonio y Gilbert, sorprendentemente. El italiano alzó una ceja cuando vio que el albino le había escrito.
"Felicidades, tío. Estás en la flor de la juventud, así que suéltate las pelotas, que parecen que las tienes apretujadas o algo así, y vive la vida!"
Lovino arrugó el ceño al leer el comentario del ojirrojo. 'Me cago en su madre. Cuando lo vea ya veremos quien tiene las pelotas apretadas' pensó.
Siguió leyendo los mensajes de felicitación y se topó con el de Emma.
"Loviii~MUCHAS FELICIDADEEEES:) Qué cumplas muchos más y te lo pases muy bien;) a ver si relajas más el ceño, eeeh? Jajajajajaaj TQM"
Lovino no sabía que podría significar TQM, asi que lo interpretó como bueno, pues se suponía que era una felicitación de cumpleaños. No podría significar 'Te quiero matar', ¿No?
El siguiente mensaje que leyó era de Lili.
"Muchisimas felicidades, Lovino. Espero que pases un buen día y seas feliz, en serio. Un besazo^^"
El mensaje de la pequeña rubia fue el primero por el momento que no desagradaba al italiano en absoluto.
A continuación, tras responder un breve 'gracias', leyó el de Eli.
"BUON COMPLEANNO, MIO AMORE! Jajajajjajaja a que soy la primera en felicitarte en italiano? Jajajajaj espero que lo estés pasando molto bene:) Ich liebe dich(Jajajajaja cortesía de Gil, que me ha enseñado alemán)"
Esta felicitación le saco una pequeña sonrisa al cumpleañero. Sin embargo, se le borró cuando leyó la de Antonio.
"Loviiii:) Hoy no puedo estar junto a ti, lo siento mucho. Tengo que acabar un par de trabajos de la uni q se me han ido acumulando xq me daba pereza hacerlos a tiempo xd pero te deseo lo mjor en tu dia y q lo pases muuuuuy bn, Lovi;) Te quiero 3"
-¡Maldito Antonio!-Chilló Lovino al tiempo que le daba una patada a una de las muchas cosas que había en el desordenado suelo de su cuarto, que resultó ser la mochila de su hermano.
Ni su hermano ni su madre se dignaron a preguntarle qué le ocurría. 'Tanto mejor' Pensaba Lovino mientras intentaba retener las lagrimas en sus ojos. 'Así ninguno de esos bastardos se dará cuenta de que estoy llorando ni de lo patético que debo verme'.
El diecisiete de marzo fue un día bastante triste y amargo para Lovino Vargas, quien decidió no salir de su cuarto en todo el día.
-veee~fratello ven-Dijo Feliciano cerca de las siete de la tarde-Voy a dar una vuelta con Eli y compañía.
-Vete, bastardo-le gritó su hermano desde debajo de las sábanas, con la intención de no salir de la cama en todo el día. 'No te necesito ni a ti ni a esos bastardos'-Me encuentro mal, no me apetece salir.
-¿En serio?-Preguntó preocupado Feliciano.
-claro que es en serio, joder-Gritó de nuevo Lovino, con la voz a punto de que se le quebrara.
-Veee~que te mejores, fratello-Dijo Feliciano antes de salir del cuarto y cerrar la puerta con suavidad.
Mientras Feliciano pasaba el día junto a sus amigos, Lovino se la tiró pensando en suicidarse. Se sentía tan inútil, tan estúpido y tan patético, que el pobre chico había llegado a la conclusión de que su existencia no merecía la pena.
'Antonio no me necesita. El podrá seguir adelante sin mi. De hecho, ni siquiera le merezco...No sé qué demonios ve en mi'
Al final del día, mientras Feliciano iba camino de su casa, acompañado por sus amigos, Emma recibió un mensaje.
-¿Qué pasa?-Preguntó Eli cuando su amiga se paró.
-Es Antonio-respondió la belga-dice que acaba de terminar sus tareas y que se viene hacia aquí. Pregunta que donde estamos.
-Seguro que quiere ver a mi fratello-dijo Feliciano con una sonrisa triste-pero Lovi está enfermo, así que se va a llevar una desilusión.
Cuando Antonio llegó, a los quince minutos, se acercó al grupo con su eterna sonrisa y una bolsa de plástico.
-¿Y Lovi?-Preguntó el español al no ver a su pareja entre los presentes.
-Está malo y no ha podido venir-le contestó Eli, antes de que Gilbert la besase en los labios posesivamente.
-¿En serio?-Preguntó Antonio tristemente.
-Sí. Aunque si quieres puedes venir conmigo a casa a verle-ofreció Feliciano amablemente.
-Sí, por favor-pidió el español con su alegría de siempre.
Antonio acompañó al menor de los italianos a su casa, deseoso de ver a Lovino. Cuando llegaron, la madre de los gemelos se encontraba en el salón viendo la televisión.
-Ciao, mamma-saludó Feliciano en su lengua natal-¿Donde está Lovi?
-En la cama. No ha salido del cuarto en todo el día.
-¿Está muy enfermo?-Preguntó Antonio preocupado.
-No lo sé, no quiere que nadie entre en la habitación-explicó la mujer con cansancio.
-Vayamos a ver como está, Antonio-dijo Feliciano cogiendo al ojiverde de la manga de su camisa, yendo hacia su cuarto.
Entraron silenciosamente en la estancia, que estaba oscura al estar las persianas bajadas. Feliciano se acercó sigilosamente a donde estaba su hermano tumbado. Éste se había tapado con las sábandas y solo su curioso rulo sobresalía por fuera.
-Se ha tapado entero-dijo con tristeza Feliciano.
-Déjame ver-pidió Antonio acercándose junto al italiano menor. Éste se apartó y fue hacia la puerta.
Antonio por su parte apartó con mucho cuidado las sábanas, dejando a ver a un dormido Lovino. Sin su entrcejo fruncido y esa expresión tan natural, Antonio podría jurar que era un ángel. Se acercó con delicadeza al rostro de su italiano y le depositó un tierno beso en la mejilla.
-Feliz cumpleaños-susurró el español en el oído de un durmiente Lovino, quien se limitó a murmurar algo en sueños. Con una gran sonrisa estampada en la cara, Antonio se acercó hacia la puerta del cuarto, en cuyo marco estaba Feliciano apoyado.
-Me voy ya, Feli. ¿Le dirás que he venido?-preguntó Antonio sonriendo mientras se giraba una vez más hacia la cama en la que se encontraba su pareja.
-Sí, Antonio-le respondió Feliciano mientras cerraba la puerta del cuarto y acompañaba a su cuñado hacia la puerta-Aunque espero que no se enfade.
-No creo que se enfade... De todas formas, díselo, ¿Sí?
-De acuerdo-asintió una vez más Feliciano, despidiendo a Antonio y cerrando la puerta una vez que el español hubo salido.
Sin embargo, Feliciano cometió un muy grave error, y este fue que se le olvidó comentarle a Lovino sobre la visita de Antonio. Algo que podría haber evitado que el italiano se sumiese tanto en sus pensamientos y se olvidase del mundo en el que vivía, y así, evitar la desgracia
Lovino estuvo enfermo cuatro días, sin contar el día de su cumpleaños. No quiso recibir ningún tipo de visitas de ningún tipo durante ese tiempo, aunque Feliciano le hacía llegar los mensajes de sus amigos. Lovino fruncía el ceño mientras su hermano le relataba lo que había pasado en clase durante esos días, y fingía no escucharle y leer cualquier cosa que tuviera por ahí, ya fuesen revistas, libros, folletos publicitarios...
La desgracia ocurrió cuando Lovino salió a la calle una tarde en la que se sentía bastante mejor que los días anteriores que había estado postrado en la cama. A pesar de haber recobrado la salud, se sentía deprimido y triste, pues al parecer, ni Antonio ni nadie se había molestado en ir a verle en su cumpleaños. Ni siquiera en subir un momento a su casa a saludarle...
Lovino Vargas se encontraba tan perdido en sus pensamientos, que no llegó a ver cómo aquella máquina venía hacia él a una velocidad descontrolada.
-¡CUIDADO!
Fue lo último que oyó antes de sentir como recibía un gran golpe y caer inconsciente.
Les dejé en suspense, soy muy cruel, lo sé xD
En verdad se me acumularon en este capitulo muchos acontecimientos. Ha pasado muy rápido todo jajajajjaja he pasado de enero a abril (más o menos) en nada.
Mil millones de gracias por los reviews, en serio^^espero no recibir amenazas de muerte tras este final tan triste/depresivo de Lovi.
