Disclaimer: los personajes no me pertenecen, pero la trama si.
Lo que está escrito "entre comillas" son los pensamientos de la gente.
Lo que está escrito en cursiva son conversaciones en la distancia o por teléfono.
La historia está escrita desde el punto de vista de Renesmee.
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Ante todo, perdón por tardar tanto, estoy poniendo en orden mis historias.
No sabía que os gustara tanto esta historia, por eso me dediqué a actualizar primero las que si se que gustan más, ya que los revews están para eso. Pero bueno, ya estoy aquí. Espero no decepcionar con el capi. :P
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7.
Debí de haberme desmayado, porque cuando abrí los ojos vi que ya no estaba en la cafetería. No estaba tumbada en el suelo, sino en una cama bastante cómoda, en una habitación de paredes blancas con una sola ventana. Seguía siendo de noche, así que no debía de haber estado inconsciente mucho tiempo.
Intenté levantarme de la cama, pero un par de manos muy conocidas me lo impidieron.
- El doctor Cullen me ha dicho que no debes moverte.
- ¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué estoy en el hospital? - dije, tumbándome de nuevo, aunque era lo último que quería hacer.
- Lo lamento. Soy tan patosa... me tropecé con la silla e hice que te cayeras y te golpearas la cabeza.
- Ma... digo, Bella. No pasa nada.
- Claro que si! Yo... No sé porque siempre me estoy cayendo o haciendo que otros terminen en el suelo. - se lamentó.
"Ahora entiendo lo que siempre dice Jasper sobre la torpeza de mamá."
- No pasa nada, en serio. - dije, sonriendo, intentando tranquilizarla. - Yo también soy muy patosa. - conseguí que me dejara sentar en la cama y miré a mi madre, que parecía estar muy preocupada. - Siempre me estoy tropezando con algo.
- Vale. - dijo ya un poco más tranquila. Pobrecita, lo estaba pasando tan mal... - ¿Nos conocemos? Me llamaste Bella y muy poca gente me llama así la primera vez.
- Es que yo también voy al instituto.
- Ah! Perdona, no te había visto. Bueno, es que hoy era mi primer día.
- No te preocupes.
- ¿Te encuentras bien de verdad?
- Si, si. - dije, tocándome la cabeza, donde había recibido el golpe. - ¿Donde están Penny y Víctor?
- Hablando con el doctor.
En ese momento, se abrió la puerta y mis dos nuevos amigos entraron en la habitación junto al hombre que más admiraba. Sentí ganas de llorar al ver que mi abuelo me miraba y no me reconocía. Ya era la cuarta persona que no me reconocía, y cada vez me dolía más. El abuelo Carlisle se acercó con su eterna sonrisa y me examinó.
- ¿Como se encuentra, Nessie? - dijo mientras buscaba una pequeña linterna en el bolsillo de su bata, con la que enfocó mis ojos.
- Me duele un poco la cabeza, pero solo un poco.
- Te voy a recetar unas pastillas. Y lo mejor sería que no se fuera a dormir de inmediato. Los golpes en la cabeza pueden ser peligrosos.
- No hay problema.
- Pues entonces ya puede irse. - me sonrió directamente y casi me muero ahí mismo. No hacia ni un día que no lo tenía a mi lado y ya le echaba muchísimo de menos.
- Que bien que no te haya pasado nada. - dijo mi madre, suspirando de alivio. - Si te hubiera pasado algo no me lo hubiera podido perdonar nunca.
- Ya ha pasado todo. - dijo Victor, llevando su mano al ombro de mi madre.
- Gracias.
- A ti, por cuidar de nuestra amiga. - dijo abrazándola.
Sentí una punzada de dolor en el corazón al ver esa imagen. No se porque, pero me hubiera gustado estar en el luegar de mi madre. "¿Por qué tengo tantos celos de mi madre? Estoy enferma."
- ¿Nos vamos ya? - dije, levantándome de la camilla.
Victor me cogió del brazo y me ayudó a ponerme los zapatos.
- Gracias. - dije, recibiendo una sonrisa por su parte. Me encantaba esa sonrisa.
- Vamos. Antes he llamado a un taxi. - rodeó mi cintura con su brazo y salimos juntos del hospital.
No quería alejarme ni de mi madre ni de mi abuelo, pero no podía seguir estando frente a ellos cuando ellos no sabían ni quien era.
Encontramos un taxi en la puerta y Victor me ayudó a entrar en él. Se sentó a mi lado en el asiento trasero y pasó su brazo por encima de mis hombros.
- ¿Conocías a esa gente? - dijo, acariciando mi mejilla.
- Si. - no aguanté las lágrimas y me puse a llorar.
- Pero ellos no parecía que te conocieran.
- No entiendo porque me está pasando todo esto. ¿Por qué no me conoce nadie?
- Yo te ayudaré a averiguar la verdad. - me sujetó por la barbilla e hizo que le mirara a los ojos. - No voy a separarme de ti.
- No quiero que lo hagas.
Acercó mi rosto al suyo y me besó dulcemente. Quería resistirme, pero no podía. Sus labios eran demasiado dulces y suaves. Me encantaban. Era lo único real que había en mi vida en esos momentos. Rodeé su cuello con mis brazos y profundizamos nuestro beso. No nos detuvimos hasta que Penny entró en el taxi y cerró la puerta de un fuerte golpe.
Vi a mi madre en la puerta del hospital y la saludé con la mano. Ella me devolvió el saludo con una sonrisa en los labios. El taxi se puso en marcha, dejando atrás a dos de los miembros de mi familia.
Cuando llegamos al hotel, Victor me ayudó a ir a la habitación. Hizo que me sentara en la cama y me quitó los zapatos.
- Deberíamos ir a comprarte unos zapatos planos. - dijo, arrodillándose frente a mí, dejando los zapatos a un lado. - Estos son un peligro.
- No tengo dinero.
- Yo si.
- No voy a permitir que os gasteis más dinero en mí. - me puse en pie y Víctor hizo lo mismo. - ¿Vamos a dormir los tres en dos camas? - dije, empezando a pasearme descalza por la habitación.
- Si.
- ¿Con quien voy a dormir yo?
- Conmigo, si quieres. - dijo, sonriendo, quitándose la camiseta. - Es broma, es broma. - empezó a reír y se tumbó en una de las camas. - Yo dormiré con mi hermana, si te hace sentir más cómoda.
- Creo que si que quiero dormir contigo. - mucmuré. Me sentía muy bien cuando estaba a su lado. - Pero solo dormir.
- Por supuesto.
- Date la vuelta.
Victor se tapó los ojos con las mano, me di la vuelta y me quité el vestido. Me metí en la cama y me tapé hasta cubrirme media cara. Victor se descubrió los ojos y se tumbó a mi lado. Oí a Penny entrar en la habitación. Estuvo dando vueltas durante un buen rato, hasta que al final también se metió en la cama.
- Mañana iremos a La Push. - dijo con sequedad.
Me tensé al momento. Lo más probable era que volviera a encontrarme con Jacob, después de haber huído de él.
- ¿Estás bien? - preguntó Victor en un susurro.
- Si. - mentí.
- Bueno, tienes que mantenerte despierta. - dijo, acariciando mi espalda.
- Eso no va a ser difícil. No tengo sueño. - susurré también. - y deja de tocarme así.
- Perdona, yo...
- Víctor, me caes muy bien y me gustas un poco, pero no estoy preparada para hacer nada. - dijo cogiendo su mano, aunque no la solté. - lo siento, pero no puedo.
- ¿Es por el chico del que estás enamorada?
- Es que siempre había soñado que mi primera vez sería con Jacob.
- Bueno, pero si él tampoco te conoce...
- Le gusto, lo se. - dije, aunque estaba intentando convencerme a mi misma. Era lo que deseaba. - Aunque él aun no se ha dado cuenta.
- Renesmee, ya sabes lo que siento por ti. Tienes que saber que no voy a estar esperándote siempre.
- Lo se. Y no quiero que lo hagas.
- No me creo que seas virgen. - dijo por lo bajo, por lo que le di un puñetazo en el pecho. Si hubiera seguido siendo medio vampira, le hubiera roto algunos huesos. - Perdona. Solo lo digo porque eres preciosa.
- La belleza no lo es todo. Al menos, para mí.
- No he querido decir que solo me gustes por tu cuerpo, que es perfecto. No es solo por eso. - acarició mi mejilla con un dedo, me dio un breve beso en los labios y volvió a abrazarme. - Voy a dormir un poco.
- Buenas noches, Vic. - también le abracé y Victor cerró los ojos.
Victor se quedó dormido a los pocos minutos y me di la vuelta lentamente. Me encontré cara a cara con Penny, que me estaba mirando.
- ¿No puedes dormir? - pregunté.
- No. - se frotó los ojos con los puños. - No quiero dormir.
- Penny...
- Creo que ya puedes dormir tranquila. No pasará nada. - se dio la vuelta y se tapó con la sábana hasta la cabeza.
- Penny ¿que te pasa?
No me respondió.
- Penny, por favor.
Seguí sin recibir respuesta alguna.
Me levanté de la cama con cuidado de no despertar a Víctor, me puse el vestido de nuevo y salí de la habitación.
Me había desvelado y no podía dormir, así que decidí ir a la casa en la que me había criado. Cuando llegué allí, me escondí detrás de unos arbustos y me quedé observando en silencio. Vi a mi padre. Estaba en el porche de la casa, hablando con el abuelo Carlisle. Mi corazón comenzó a latir muy deprisa al verles. "Cálmate, Renesmee. Pueden sentir los latidos de tu corazón."
- ¿Quien hay por ahí? - preguntó mi padre.
Me agaché un poco más, deseando que no me pillaran espiándoles, intentando mantener la mente en blanco. Al parecer lo logré, porque papá volvió a mirar a mi abuelo.
- Hijo, ¿de verdad quieres irte? - dijo en un tono que muy pocas veces había oído en él. Estaba preocupado.
- Debo hacerlo. No quiero volver a clase y matar a esa chica.
- Pero... ¿por qué irte a Canadá?
- Necesito poner mis ideas en orden y allí, con la ayuda de nuestros amigos, seguro que lo consigo.
- Pero volverás, verdad? - el pobre abuelo Carlisle se notaba muy triste. Me dieron ganas de salir e ir a darle un fuerte abrazo, pero me contuve y seguí mirándoles.
- Claro que volveré. - lo dijo en un tono que conocía muy bien. Mi padre mentía muy pocas veces, pero en esa ocasión lo estaba haciendo, y no entendía el porqué.- Nos vemos pronto. - alcé un poco la vista y vi a mi padre abrazar al abuelo. Al momento, se metió en su volvo, auqnue no puso el coche en marcha.
Tras unos segundos, el coche se puso en marcha y papá se marchó. No me moví hasta que no dejé de oír el sonido del motor del coche. Salí de mi escondite y me acerqué un poco a la casa. Sonreí al ver a mi tía Rosalie a través de la ventana. Ella y Emmett estaban en el salón, bailando y riendo. Nunca les había visto así y me encantó hacerlo. Era tan romántico...
- ¿Te has perdido? - dijo una conocida voz a mis espaldas.
Ahogué un grito con mis manos y me di la vuelta lentamente. Me encontré con mi mejor amigo, que en ese momento me taladraba con sus penetrantes ojos negros de ira. Nunca le había visto así y mucho menos conmigo.
- Jasper? - dije, aunque apenas me salía la voz.
- ¿Nos conocemos?
- Si.. no.. bueno...
- ¿Quien eres y que estás haciendo aquí? - dijo, cogiéndome con fuerza del brazo.
- Jasper, me haces daño. - me quejé.
Mi tío aflojó un poco su agarre y me llevó casi a rastras hacia la casa. No llegamos a entrar, ya que me tropecé con uno de los escalones y caí de rodillas en medio del porche. "Vaya novedad. Vuelvo a estar en el suelo."
- Mierda! - grité de impotencia. "¿Por qué me está pasando esto? Odio ser humana!"
- ¿Que pasa ahí? - preguntó la dulce voz de mi tía Alice, que me cogió del brazo y me ayudó a levantarme al momento. - ¿Te encuentras bien, chica?
- Si. - dije, sintiendo como una lágrima rodaba por mi mejilla. Bueno, una detrás de otra. - Me tropecé, como de costumbre. - sollocé, alzando el brazo para secarme las lágrimas con el puño.
- Deberíamos prestale unas deportivas. - dijo Jasper, en tono burlón.
- ¿Con este vestido? - exclamamos Alice y yo al mismo tiempo. Mi tía se puso a reír al momento. - Ven conmigo. Tengo unos zapatos que te van a quedar perfectos. - Alice me cogió de la mano y tiró de mí hacia el interior de la casa.
- Alice... - Jasper nos seguía, pero Alice no le hacía ni caso. - Alice, por favor, piensa un poco.
- Fuera. - entramos en el dormitorio y Alice le cerró la puerta en las narices. - ¿Se puede saber que estás haciendo en mi casa?
- Yo... la verdad es que... yo... estaba buscando a una amiga, pero me perdí y encontré esta casa. - dije, clavando la vista en mis pies. No quería que se diera cuenta de que le estaba mintiendo. - No quería molestar, de verdad. Ha sido un error. No debería haberme acercado a la casa.
- Bueno, tranquila. Pareces una buena chica. - se dio la vuelta y empezó a rebuscar en su armario. - Y necesitas unos zapatos preciosos, blancos, con un pequeño lazo plateado. Cuando me los puse, sonrió, aunque vi que no dejaba de mirar mis zapatos de tacón. Sabía que le habían gustado.
- Si quieres mis zaptos, te los regalo. - dije, tendiéndoselos. - Como agradecimiento por lo que estás haciendo por mí.
- Eres genial! - exclamó, brincando, con mis zapatos en la mano. - Sabía que podía fiarme de ti. ¿Te apetece que mañana vayamos de compras?
- Yo... es que... la verdad es que no me gustan mucho las compras.
- Por fa... solo será un ratito. - dijo, poniendo morritos. - Quiero ir de comprar y nadie quiere acompañarme. "No me extraña. Es insufrible cuando tiene una tarjeta de crédito en la mano."
- Es que tengo planes para mañana.
- Bueno, pues dame tu número y te llamo un día de estos.
- Es que... no tengo móvil. No llevo nada encima. - murmuré.
- Ten. - cogió un móvil de su mesita y lo dejó en mi mano. - Te llamaré mañana, vale?
- Pero...
- Vale. Sé que acabamos de conocernos y en una situación un poco extraña, la verdad. Pero algo en ti me dice que podemos llegar a ser buenas amigas. - dijo, dedicándome una ámplia sonrisa. - lo presiento.
- Yo también.
Alice me cogió de la mano y volvimos a bajar al salón, donde Rosalie y Emmett seguían bailando. "Ojala yo tuviera a alguien con quien puediera ser tan feliz como lo son ellos. Y ojala ese alguien fuera Jacob, aunque lo veo muy difícil."
- Rose, Em, esta es mi nueva amiga...
- Nessie. - susurré en su oído.
- Esta es mi nueva amiga Nessie. - dijo, cogiéndome de la mano. - Ella tiene mi móvil, así que no me llameis.
Ninguno de los dos dijo nada, aunque Emmett me sonrió y me tendió su mano. Alice me dio un leve empujón y tomé su mano. Me cogió por la cintura y empezamos a bailar.
- Bailas muy bien. - dije, mientras bailábamos un vals.
- Mi tío me enseñó a bailar. - dije, recordando como Emmett me había enseñado a bailar desde bien pequeña. - Él también baila muy bien, como usted.
- Gracias, pero no me hables de usted, pequeña. Debemos de tener la misma edad.
"Si. Al igual."
- Perdóna.
- ¿Donde vives?
- No soy del pueblo. Me hospedo en el hotel. Solo voy a estar unos días.
- Si quieres, Alice estará encantada dde hacerte un tour por la ciudad. Parece que le has caído bien. - me hizo dar una vuelta y terminamos el baile. - Lo haría yo mismo, pero estoy en el último curso y tengo exámenes.
- Tranquilo. Habeis sido todos muy amables conmigo, sobretodo teniendo el cuenta de que acabamos de conocernos. - dije, mirándoles a todos. - Debería irme ya. Ya os he molestado demasiado y no quiero que mis amigos se preocupen.
- Ecantado de haberte conocido. - me cogió de la mano y besó el dorso de la misma.
Alice me cogió del brazo y me llevó hacia la puerta. Me dio un último abrazo y me abrió la puerta.
- Por cierto, ¿quienes son esos amigos a los que estabas buscando?
- Los Swan. - dije, ya que no era del todo una mentira. - seguiré buscando un rato y me marcharé al hotel.
- ¿Y vas a ir sola? Son las once de la noche. - dijo, como si ello fuera algo peligroso, que lo era.
- Se protegerme sola, tranquila.
- ¿De veras? - no estaba muy convencida.
- Que si, pesada.
- De acuerdo. - dijo, sonriendo. - Llámame al móvil de Jasper en cuanto llegues al hotel o en cuanto necesites cualquier cosa. ¿Vale? - dijo cuando empecé a caminar por el camino. - Está en la agenda del móvil!
- Vale! - grité, saliendo ya de los terrenos.
- Pone Cariñito!
- Alice!
- De acuerdo! - grité, sin poder evitar ponerme a reír.
Cuando me alejé de la casa, fui caminando con calma hacia la casa de mi madre. Cuando llegué, miré hacia la ventana del primer piso y vi luz en la que debía de ser el dormitorio de mi madre. La vi pasar por delante de la ventana y me escondí. No quería que me encontraran allí y creyeran que la estaba espiando que, en realidad, era lo que estaba haciendo.
A los cinco minutos de estar allí, el móvil de Alice comenzó a sonar. Miré la pantalla, pensando que era ella, pero en el último momento no respondí. Me quedé paralizada al ver su nombre en la pantalla. "Papá."
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Hola, hola.
Espero que os haya gustado. Y me encantaria que me dierais vuestra opinión. Todo sea por mejorar.
Besitos.
