Disclaimer: Los personajes de Harry Potter pertenecen a J.K. Rowling, no existe ningún tipo de intención por mi parte de infringir copyright. Todo lo demás (trama, personajes originales) me pertenecen a mí.

¡Hola de nuevo!

Esta semana no he podido meterme ni un solo día para actualizar, la universidad me tiene hasta arriba. ¡Pero ya estoy aquí! Y tengo mucho material para subir... el capítulo de hoy no es muy largo (2300 palabras aproximadamente), ¡pero el próximo es de más de 3000 palabras!

Ayer fui al preestreno / premiere de Animales Fantásticos en Madrid y vi a Eddie Redmayne y Callum Turner EN PERSONA presentando la película. No voy a decir nada de la pelicula porque nos pidieron que "guardemos los secretos" #KeepTheSecrets . Solo digo que vuestro cerebro va a explotar cuando veáis la película. J.K. Rowling es una genia.

As always, espero que disfrutéis del capítulo tanto como yo lo he hecho al escribirlo.


Finales de Noviembre 1992, Gran Comedor

Todos los alumnos de Hogwarts habían sido llevados por los prefectos al Gran Comedor para dormir debido al incidente ocurrido con el cuadro de la Señora Gorda, que daba entrada a la Sala Común de Gryffindor. Como la pintura de la mujer aseguraba que Sirius Black era el responsable, el director de Hogwarts Albus Dumbledore había ordenado a todos los alumnos abandonar sus dormitorios para que los profesores pudieran pasar la noche inspeccionando el castillo en busca de Black. Habían dejado a los Premios Anuales encargados de vigilar el Gran Comedor mientras todos los alumnos dormían.

Había una gran conmoción entre los estudiantes, que estaban muertos de miedo ante la posibilidad de que, o bien el Grim o bien Sirius Black, pudieran estar dentro del castillo. Cualquiera de las dos opciones les aterrorizaba.

Keilee se encontraba agradecida de que les hubieran mandado dormir a todos juntos en el Gran Comedor, pues eso le permitía dormir junto a Cedric. Se sentía segura estando rodeada por uno de sus brazos mientras dormían. Sin embargo, por mucho que le relajara escuchar la suave respiración de su novio, no lograba dormir.

Se dio la vuelta, con cuidado de no despertar al muy dormido Cedric, que ni siquiera se inmutó – aunque al notar movimiento volvió a colocar su brazo sobre la cadera de Keilee.

–¿Tu novio ronca demasiado como para que te puedas dormir, tejona? – una voz cerca de ella hizo que abriera los ojos de golpe. Se encontró con dos ojos que parecían plata líquida mirándola fijamente.

–¿Qué haces aquí? – fue su única respuesta, ignorando el comentario burlón de Malfoy, que le dedicó una pequeña sonrisa maliciosa.

–Bueno, resulta que todos los estudiantes teníamos que venir a dormir al Gran Comedor – contestó en un susurro – pero créeme, es el último lugar en el que me gustaría estar. Rodeado de tanta sangr..

Keilee no esperó a que terminara la frase cuando su pie voló para darle una buena patada en la espinilla, pues él estaba tumbado lo suficientemente cerca como para que le alcanzara.

–¿Qué te crees que haces? – siseó él, agarrándose la pierna mientras su rostro se endurecía – ¿Cómo te atreves?

–Creo recordar que ya te dije una vez que era rastrero usar esa palabra – si Draco Malfoy tenía alguna duda de que esa chica fuera la misma del curso pasado, en ese momento le quedó claro.

–Sí, lo recuerdo – contestó el sorprendentemente calmado – me ridiculizaste delante de Zabini.

–Oh, ¿y no me odias? A los Weasleys les odias por mucho menos que esa tontería – contestó ella, extrañada. Le sorprendía que Draco se acordara de ella y de esa discusión, y también le sorprendía que no la tratara como trataba a otros muchos que ni siquiera se enfrentaban a él.

–Es diferente – dijo él, simple –. Además, si no recuerdo mal, te la devolví.

–¿Qué? – dijo Keilee, frunciendo el ceño - ¿Crees que por decirme que Cedric era mi novio me molestaste? Por si no lo sabías, Cedric era y es mi novio – dijo en un susurro tan bajo que le sorprendió que Malfoy lo escuchara. No quería que Cedric se despertara.

–Oh, venga ya, tejona – dijo Malfoy poniendo los ojos en blanco. Por primera vez, le dio la sensación de que al decir "tejona" no usaba un tono despectivo – sé perfectamente que no erais novios. De hecho, creo que ahora me debes un favor… si no fuera porque te hice pensar en él de esa manera, no estarías saliendo con él. No tenías ni idea de que le gustabas, y lo sabes – siguió hablando, y al ver que ella se había quedado sin palabras, añadió – sólo para que lo sepas: si un chico pierde dos horas buscándote para decirte una tontería, es porque le interesas.

Keilee no contestó, simplemente le miró de nuevo a los ojos, incapaz de apartar la mirada. Ya era la tercera vez que le pasaba aquello con Malfoy: la primera vez a inicios de curso, en el tren; la segunda, aquel día en el Gran Comedor después de la clase de Pociones; y la tercera, ahora.

Sabía que a no ser que él apartase la mirada, ella no iba a ser capaz de dejar de mirar esos ojos. A Draco le pasaba lo mismo, y no entendía nada. Para empezar, ni siquiera entendía por qué se había tumbado a su lado deliberadamente, y menos aún, por qué se había puesto a hablar con ella al ver que estaba tan despierta como él.

–¿Tienes miedo? – susurró de pronto ella. Al ver la confusión en sus ojos, añadió – de que ocurra algo malo, ¿tienes miedo?

–Si mis padres pensaran que me puede pasar algo malo ya estaría de vuelta en casa – dijo él, sin llegar a responder la pregunta. Su padre le había dejado claro que no le ocurriría nada en Hogwarts porque a quien Sirius Black buscaba era a Potter; sin embargo, no podía contar nada. Podía meter en problemas a su padre.

–Eso no responde mi pregunta – sonrió ella al darse cuenta de cómo el rubio había evitado su pregunta –, todos los padres saben que no hay monstruos en el armario y eso no evita que tengamos miedo de que salga uno en mitad de la noche.

Draco entendió lo que ella quería decir, pero nunca había vivido esa situación. Dentro de su casa, la educación que había recibido antes de acudir a Hogwarts había llegado a ser algo fuera de los límites en algunas ocasiones. Su padre le hizo dormir con un armario que contenía un Boggart (él sí que tenía monstruos dentro del armario) hasta que dejó de ir corriendo en mitad de la noche a su habitación por las pesadillas. Había aprendido a no exteriorizar sus miedos más profundos, y con ello, a no exteriorizar tampoco sus emociones. Por lo que, si sus padres decían que no había peligro, él no se permitía el lujo de mostrar miedo a que realmente sí que pudiera haber algún peligro. Había llegado hasta tal punto, que Draco ya no sabía identificar con claridad las emociones, y menos aún ponerle nombre.

–¿Acaso tú tienes miedo, tejona? – se burló Draco con una sonrisita de superioridad, evitando de nuevo responder a su pregunta. No le gustaba pensar en sus sentimientos.

–Sí – la sinceridad de Keilee le borró la sonrisa casi por completo –, y creo que tú también lo tienes.

Draco no contestó más a la chica, y su rostro se tornó frio y serio, pero no dejó de mirar sus ojos oscuros.

–¿Draco? – susurró ella, sacándole del trance en el que había entrado al mirar sus ojos – No pasa nada por tener miedo. Todo el mundo le teme a algo.

Tras esas palabras, se quedaron de nuevo con la vista fija en el otro, perdiéndose ella en la plata líquida de los ojos de él, y él en la oscuridad calmante de los ojos de ella, hasta que se quedaron dormidos.

Diciembre 1992, Sala Común de Hufflepuff

–¿Os habéis enterado? – Hannah Abbot entró corriendo en la sala común de Hufflepuff y se encontró con Susan mirando con pena a Keilee mientras esta última se aferraba con fuerza a un cojín, tumbada de lado en posición fetal sobre el sillón frente a la chimenea. – ¿Qué ocurre?

–A Keilee le ha venido la regla y se niega a ir a enfermería a por una poción para el dolor – contestó Susan Bones.

Hannah entendía perfectamente por lo que estaba pasando su amiga, a ella le había pasado durante el verano y fue horrible.

–Creo que yo tengo un poco en la habitación, voy a mirar y ahora la traigo.

Hannah volvió unos segundos después con un frasquito en la mano que le entregó a Keilee.

–¿Mejor? La poción hace efecto bastante rápido – dijo Hannah, acariciando el pelo de su amiga.

–Mucho mejor, gracias – contestó Keilee incorporándose en el sillón para dejar hueco a Hannah – vaya asco. ¿Qué me está pasando? Tengo ganas de llorar sin motivo, y antes he gritado a Granger sin que me hiciera nada malo…

–Mi madre dice que suele pasar – dijo Hannah – cuando me vino en verano, me enfadaba por todo y les contestaba fatal. Me contó que nos volvemos muy sensibles a todo y que es algo normal – se encogió de hombros.

–Vaya asco – repitió Keilee, suspirando – ¿qué era lo que decías cuando has llegado?

–¡Oh, sí! – dijo Hannah, recordando por qué había ido corriendo a ver a sus amigas - ¿Recordáis que Hagrid ha faltado unos días porque el padre de Malfoy le denunció por el incidente con el hipogrifo? – sus amigas asintieron, instándola a que continuara hablando – bien, pues esta mañana ha estado con Harry, Ron y Hermione, y hace un rato les han oído hablando y resulta que no van a echar a Hagrid – dijo Hannah, viendo que el rostro de sus amigas se iluminaba. En Hufflepuff tenían mucho aprecio por Hagrid – pero ahora también van a juzgar a Buckbeak.

Susan y Keilee ahogaron un grito, tapándose la boca. ¿Iban a juzgar a Buckbeak, el precioso hipogrifo de Hagrid, por culpa del irresponsable de Malfoy? ¡Era un animal, por el amor de Merlín!

–Tendrían que condenar a muerte a Draco Malfoy – dijo entre dientes Keilee, muy enfadada de pronto. ¡Ese maldito! Por su culpa iban a juzgar a un pobre animal inocente que no podía defenderse a sí mismo ante un juzgado, ¿no le daba vergüenza?

–Keilee – dijo Susan, abriendo mucho los ojos – eso es un poco extremista, ¿no?

–Sí, Keilee – dijo Hannah – yo también detesto a Malfoy, pero creo que tampoco tiene tanta culpa. Todo el mundo sabe que su padre detesta a Hagrid, y Dumbledore no iba a permitir que le expulsaran por algo tan estúpido como eso. Ha ido a por Buckbeak porque no podía hundir a Hagrid teniendo a Dumbledore de su lado.

–Lo sé – suspiró Keilee – no sé por qué he dicho esto. Ya os he contado que no sé qué me pasa, ni siquiera soy capaz de conv… – se calló antes de terminar la frase. ¡Casi confesaba que era animaga! Desde que le bajó el periodo apenas dos días antes, no había sido capaz de transformarse – Ni siquiera soy capaz de controlar lo que pienso – improvisó.

–Bueno, ya te he dicho que es normal. Pero solo dura unos días, no te preocupes. Dentro de nada volverás a ser la de siempre.

15 de Diciembre de 1993, baños de Hufflepuff

Tras cerrar todas las ventanas y la puerta del baño con el seguro, Keilee abrió el grifo de la bañera. Hacía unas noches había salido a correr por el bosque transformada en lobo y notó su cuerpo diferente. Había esperado hasta este día para encerrarse en los baños y poder transformarse sin ser vista: sabía que todas las chicas de Hufflepuff se duchaban los Jueves por la mañana, por lo que había esperado al Jueves por la noche a que todos estuvieran dormidos para hacerlo.

Mientras esperaba a que el agua llenase la bañera, se colocó delante del espejo y se concentró en transformarse. En menos de cinco segundos, la imagen que le devolvía el espejo era la de un lobezno ártico. ¿Seguía siendo un lobezno? Keilee se extrañó. Cuando se transformó el otro día tuvo la sensación de que era más grande y pensaba que se había convertido en un lobo adulto, sin embargo, el animal que se reflejaba en el espejo seguía siendo un lobezno. Parecía que su tamaño había aumentado algo, era más alto y un poco más largo, pero seguía siendo un cachorro.

¿Tal vez debería hablar con McGonagall? Si tenía que elegir entre confesar a su madre que no le había obedecido cuando le dijo que nada de transformarse, y contárselo a McGonagall, definitivamente prefería a McGonagall – su madre podía llegar a dar mucho más miedo que la profesora de Transformaciones cuando se enfadaba. Sin embargo, debía buscar una buena excusa para plantearle su problema sin confesarle que se había estado escapando del colegio por las noches (algo que estaba prohibido incluso antes de la amenaza del Grim y Sirius Black). No lo sabía, pero estaba bastante segura de que los profesores del colegio sabían perfectamente que ella era una animaga.

Volvió a transformarse en humana y se metió dentro de la bañera, relajándose y disfrutando del agua caliente. Cerró los ojos, suspirando. Logró dejar la mente en blanco hasta que un par de ojos plateados eran lo único que estaba en su cabeza.

Desde aquella extraña noche en el Gran Comedor, cada vez que algo le alteraba demasiado, pensaba en sus ojos y se relajaba. Se sentía mal, como si estuviera traicionando a alguien, como si se estuviera aliando con el enemigo.

Después de la extraña conversación que tuvieron aquella noche, no habían vuelto a hablar, ni siquiera a mirarse. Keilee terminó pensando que lo había soñado porque, al fin y al cabo, Draco Malfoy había sido su versión más amable con ella esa noche, y Draco Malfoy no era amable prácticamente ni con sus amigos. Además, para cuando se despertó al día siguiente, casi todo el mundo ya había abandonado el Gran Comedor y no había ni rastro del rubio por ningún lado.

Intentando dejar a un lado los pensamientos sobre Draco Malfoy, hizo un repaso mental de lo ocurrido los últimos días. Aunque las probabilidades de ganar la Copa de Quidditch ese año habían aumentado cuando Oliver Woods rechazó la oferta de Cedric, que se había convertido en capitán del equipo, de repetir el partido puesto que no consideraban justo haber ganado a costa de que Harry Potter hubiera sido atacado por los dementores, habían perdido parte de sus esperanzas tras perder esa semana el partido contra Ravenclaw. Ahora Gryffindor entraba de nuevo a jugar y optar por ganar la copa, y ahora que optaran a la copa dependía de si el partido entre Slytherin y Ravenclaw ganaba Ravenclaw. Si ganaba Slytherin, estaban fuera. Y Keilee odiaba ser negativa, pero sabía que por muy buena que fuera Cho Chang, la buscadora de Ravenclaw, Slytherin era capaz de ganar sin necesidad de coger la Snitch.


Notas del autor:

Hasta aquí llega este capítulo.

Hace referencias a la segunda página del diario, que se encuentra en el tercer capítulo, por si queréis refrescaros la memoria.