Capitulo 7
Voz
-¿Quién anda allí?- Preguntó Carrie, con el corazón latiéndole a una velocidad alarmante. Había escuchado a alguien, estaba segura.
Aunque era imposible porque cuando se volteó para ver quien le había hablado, se encontró con la soledad que inundaba al parque a esas horas.
Habría jurado que escuchó una voz que le respondió. Sin embargo, lo más raro fueron las palabras que oyó.
"En realidad, no tanto..."
Fue como si comentara sobre lo que ella pensó y eso era imposible.
"Me estoy volviendo loca." Se dijo a sí misma, en un intento por controlarse.
Nadie respondió. Sólo había sido su imaginación.
Suspiró cansada y se preguntó dónde dormiría. La calle no era segura, podían asaltarla o incluso hacerle algo peor.
Decidió quedarse despierta hasta que el sol saliera para regresar a su casa, su madre salía a trabajar a las nueve. No tenía pensado ir a la escuela, tenía muchas cosas que hacer sin mencionar que no quería ver a Danny o a alguno de sus amigos.
Primero, quitaría las sábanas en la que se revolcó su madre con ese extraño, las juntaría con el CD que pusieron y lo quemaría todo en el jardín. Borraría toda evidencia y recuerdo de esta noche. Segundo, se refugiaría todo el día en el cementerio. Y por último, en la tarde reprimiría todos los deseos suicidas que volaban por su mente. Porque no era la primera vez que se le ocurría hacer lo mismo que Richard para evadir los problemas, la diferencia que estaba en entre ellos, Richard siempre la consideró la más fuerte, y no iba a arruinar la imagen que su amigo había formado. No lo decepcionaría.
-De eso estoy seguro...-
Carrie gritó. La voz era de verdad, no la había imaginado.
La escuchó fuerte y clara, como si alguien estuviera a su lado y mantuviera una conversación con ella. Se dijo que no era buena idea seguir allí, tal vez hubiera alguien escondido o fuera algún borracho gastándole una broma.
Caminó unas cuadras más y encontró una cabina telefónica. Revisó los bolsillos de su mochila y encontró unas monedas que le servirían. Se sentía a gusto caminando sola, era como si nadie más existiera salvo ella. Entró a la cabina y la pequeña pantalla del teléfono que marcaba los minutos de la llamada daba la hora. Eran las tres y media de la madrugada.
Carrie pensó que sería imprudente llamar a esa hora, pero de todas formas se arriesgó.
Echó las monedas y esperó. Después de unos segundos escuchando el pitido del teléfono, contestaron.
-¿Quién es?- Escuchó al otro lado de la línea. La voz de su padre sonaba dormida y cansada.
-Soy Carrie.-
-Cariño, ¿qué haces llamando a esta hora? Deberías estar durmiendo.-
-Sí, lo sé. Pero me sentía sola y me dieron ganas de hablar contigo.- Con la única persona que Carrie era dulce y utilizaba un tono de voz agradable era con su padre.
-Bueno, de qué me quieres hablar.-
-¿Cuándo vendrás a visitarme? -Carrie prefirió abarcar un tema más trivial, no quería preocupar a su padre diciéndole que lo llamaba desde un teléfono público porque su madre no la dejaba entrar a la casa.
-El próximo mes.- Le contesto él.
-¿Y cuándo podré irme a vivir contigo?- Cada vez que hablaba con él, le hacía esa pregunta.
-Cuando cumplas 18, no sé por qué sigues cuestionándote lo mismo -Carrie sonrió al lado del teléfono.
Cuando fuera mayor de edad, se marcharía a Richmond a vivir con su padre y a estudiar arquitectura en alguna universidad. No volvería a ver a su madre nunca más. Ni en su cumpleaños, ni en Navidad, ni siquiera en año nuevo. Nunca.
-Te quiero, papá. Será mejor, que cuelgue. Me iré a dormir.
-Yo también te quiero, hija...- Y antes de que él pudiera decir algo más, la máquina anunció que se habían agotado los minutos. Carrie cortó y salió de la cabina, daría algunas vueltas por la ciudad hasta que amaneciera.
Danny no supo cómo explicarles a sus padres que Carrie se había marchado por su culpa. Les mintió diciendo que se había levantado temprano para ir a cambiarse de ropa a su casa. Costó mucho convencerlos, la noche anterior les dijo que ella no podía ir a su casa porque se habían metido unos animales y el exterminador se tardaría demasiado en eliminarlos. Las mentiras no eran lo suyo.
Cuando llegó a la escuela, fue directo a encontrarse con sus amigos para contarles lo sucedido.
Los divisó conversando amenamente en el patio, sentados sobre unas bancas cerca de la cancha de fútbol.
-¡Danny!- Gritó Tucker en cuanto lo vio. Camino hacia ellos pero a la vez buscando a Carrie con la mirada.
-¿A quién buscas?- Preguntó la chica de ojos morados una vez que había llegado con ellos. Al ver que no parecía hacerle caso, toco su hombro llamando su atención.
-Es Carrie.- Respondió soltando un suspiro, no la veía por ninguna parte.
Los tres fueron a sentarse a un lugar más privado. Sabían que si alguien los oía, los rumores no se harían esperar.
-¿Y? ¿Qué te sucede con Carrie esta vez?- Sam se acomodó al lado de Danny y lo miró para darle a entender que tenía toda su atención en él.
-Anoche fue a mi casa y se quedó a dormir.- Sam abrió los ojos, Tucker dejo de distraerse, todos se habían quedado callados. Danny no dijo nada más, y como los nervios y la curiosidad ya habían picado a sus amigos, no tardaron en protestar para que siguiera contando
-Entonces se enojó y se fue como a las dos de la mañana.-
-¿No hicieron nada?- preguntó Tucker, con un deje de perversión en su voz. Danny le dedicó una mirada inocente y le revolvió el cabello.
-Por supuesto que no.- Respondió Danny.
-¿Por qué se enojó?- Inquirió Tucker. Danny había notado que cada vez que hablaban de Carrie, su amiga se ponía serio y dejaba de bromear, se interesaba tanto por Carrie como él y eso le hacía sentir un ligero malestar que provocaba que las manos le sudaran y que un enojo injustificado se acrecentara contra su mejor amigo.
Celos.
-No lo sé.- Mintió. No quería que Tucker se enterara de lo había sucedido.
-Entonces, ve a buscarla.- dijo Sam de repente. Todos se giraron a mirarla y ella les sonrió para acabar con la tensión que se había formado.
-No, estaba muy enfadada y temo que no me quiere ver ni en pintura.-
-No te amargues, Fenton. Si quieres voy yo a conversar con ella.- Se ofreció Tucker.
Danny reaccionó enseguida y se puso de pie.
-No, no lo hagas.- S u voz había cambiado, de un momento a otro ya no era dulce y abatida, sino crispada.
-¿Qué te pasa, Danny?- Sam estaba tan sorprendido como Tucker.
Este último sonrió al saber que estaba pasando. Lo abrazó por los hombros a un sonriendo. –No me gusta Carrie, Danny.- le dijo Tucker, comprendiendo lo que pasaba por la mente del pelinegro. -Además, yo tengo el ojo puesto en otra persona.-
Eso tranquilizó a Danny, pero aun sin entender quien le gustaba su amigo.
-Lo que pasa es que yo vi como quedó Carrie después de que su amigo murió, también me preocupa. La conozco desde que llegó a la escuela al lado de Richard.-
Una luz se encendió en la cabeza de Danny.
Ahora sabía cómo se llamaba el amigo de Carrie, si tenía suerte, habría alguna fotografía y su expediente en los archivos de la escuela. Si lo conseguía, podría ayudarla.
-¿Cuál es el apellido de Richard?- Le preguntó Danny a Tucker cuando entraban a la clase de geografía. Sam se había ido a su respectiva clase en cuanto sonó el timbre.
Geografía era la única asignatura que compartía con Tucker, una suerte ya que lo más seguro era que él ahora sabía que Danny estaba interesado en Carrie, lo molestaría toda la hora.
-Galón.- Le contestó.
Danny asintió y miró al fondo del salón para ver a Carrie. Pero ella no estaba. Se comenzó a preocupar más de lo debido.
Tucker se sentó al lado de la ventana y Danny lo acompañó. El maestro llegó y comenzó a hablar sobre una presentación acerca de la segunda guerra mundial que tenían que organizar para la próxima clase.
Carrie no llegó y él tenía la sospecha de que eso no era bueno.
Cuando estaba sacando su cuaderno para tomar apuntes, vio una bolsa al fondo de su mochila. Estaba aplastada por sus cosas, la abrió y sintió una punzada en el pecho. Era la hamburguesa que le había guardado el otro día a Carrie, cuando su jugó se derramó y ella se escapó con la excusa de ir al baño.
Ahora sabía porque no quiso quitarse el suéter y porque estaba tan rígida cuando le presentó a sus amigos, Carrie no hablaba con muchas personas a menos que sea para insultarlas o pelearse con ellas.
Ese día se sentía lejano, a pesar de que habían pasado unos cuantos. Había tardado unos tres días para darse cuenta de que siempre se sintió interesado por Carrie, pero que no sabía nada sobre ella.
-Tucker, necesito que me ayudes a buscar información sobre Richard.- Le susurró Danny mientras escribía lo que el profesor dictaba. El morocho asintió con la cabeza y rasgó un pedazo de papel de la parte de atrás de su cuaderno, escribió algo allí, lo hizo bolita y se lo lanzó a Danny.
-Me tienes al lado, no es necesario...- Pero el pelinegro no alcanzó a terminar de hablar, Tucker le golpeó la mano, insistiendo en que leyera el papel.
Lo abrió y con letra apresurada decía: "Cuenta conmigo, aunque la mayoría de las cosas me las puedes preguntar después, se algunos datos que te pueden interesar."
Danny volteó el papel y escribió:
"Esta bien, digámosle a Sam."
Se lo lanzó a Tucker y cuando él lo leyó levantó el pulgar en señal de aprobación.
Tenía planeado comenzar esa misma tarde, después de clases, la investigación.
Carrie veía arder sus cosas con indiferencia.
Consideraba que estaba sufriendo bastante en esos últimos días, exactamente desde conoció a Danny. ¿Por qué no podía dejar de pensar en él? Era frustrante tener su mirada en la cabeza.
-Te enamoraste, ¿es eso?-
Carrie dejó de respirar por unos segundos.
Era esa voz otra vez.
Era como un susurro, silbante y espectral que le helaba la sangre. Se estaba volviendo loca.
Entonces una idea se le cruzó por la mente:
¿Y si Richard comenzó a escuchar voces y eso hizo que él se suicidara? Después de todo, Carrie estaba haciendo lo mismo que él. Se creó una mala reputación, se cortaba los brazos, su vida estaba arruinada...
-¡No!- Gritó esa voz.
Carrie corrió y se encerró en su casa, dejó la fogata encendida en el jardín y el humo gris se elevó hacia el cielo como las nubes de una tormenta.
-No estás loca.- Dijo nuevamente la voz.
-¡Cállate!- Exclamó Carrie, escondiéndose en un rincón, encogida en posición fetal. Se tapó los oídos y cerró los ojos, quería desaparecer a esa voz. Desde la noche anterior oía respuestas acerca de sus pensamientos, era aterrador darse cuenta como de a poco la locura se la llevaba por otro camino.
Estuvo así unos minutos hasta que su corazón se normalizó y bombeó sangre con regularidad, aún podía oír los latidos detrás de sus orejas. Se puso de pie y se quitó el cabello que le tapaba los ojos, salió a apagar la fogata antes de que los vecinos se dieran cuenta e iniciaran a hacer preguntas incómodas.
Después, se fue a dar un baño y se refregó el cabello con agresividad. El estúpido de Dash se las iba a pagar.
Se vistió con un jeans y una camiseta negra, sacó algo de dinero de su madre y caminó hasta la parada de autobús para ir al cementerio.
Algunas personas la miraron, se decían que esa chica debería estar en la escuela y no vagando por la ciudad. Carrie ya estaba acostumbrada a los prejuicios de la gente, mantuvo la frente en alto y los miró con superioridad.
Se sentía vacía, como si fuera un títere que era guiada por un amo, como si no tuviera control de nada.
Una tristeza la invadió, parecida a la melancolía. Aunque lo más extraño, era que no la sentía suya, como si ese sentimiento estuviera a su lado.
Compró unas cuantas flores y entró de la misma forma que ayer al cementerio. La paz que siempre sentía al estar allí había desaparecido, por alguna razón era como una desconocida ajena a su entorno.
"¿Qué me está sucediendo?" Se preguntó.
El cementerio no estaba tan vacío, una pareja de ancianos conversaba a cinco lápidas de la de Richard, una mujer arreglaba unos girasoles gigantes en la tumba de su hija y unos cuantos jardineros limpiaban y podaban el césped.
-Richard, creo que tendré que ir a un psiquiatra. Escucho voces...- Dijo Carrie cuando se sentó en el suelo y apoyó su espalda contra la lápida. Esa tristeza no se esfumaba. -Más encima, Danny, el chico del que te hable ayer, resultó ser un idiota. Eso me pasa por confiar en las personas equivocadas.- Carrie siguió hablando, pero no se dio cuenta de que la pareja de ancianos se acercaba hacia ella con paso lento y calmado.
Ella alzó la vista cuando ellos le taparon el sol, los ancianos le sonrieron con un ramo de flores en las manos.
-¿A quién vienen a ver?- Le preguntó la anciana. El plural hizo dudar un poco a Carrie.
Ella no era de platicar con desconocidos, pero ellos se veían inofensivos, además, había guardias a la entrada.
-A un amigo.- Le respondió Carrie alzando una ceja.
-Es muy triste perder a un amigo tan temprano, ¿a qué sí chico?- Dijo el anciano.
Carrie los miró por un momento, ¿le había llamado chico?
-Es un dolor indescriptible.- Dijo alguien.
"¡Es la voz!" Pensó horrorizada.
Carrie se puso de pie en un salto y se colocó al lado de la anciana, asustada.
Pero casi se desmayó al ver a quien había llamado "chico" el anciano, allí sentado contra la lápida cerca de donde estuvo Carrie.
-¡Oh, por Dios!- Exclamó ella.
