Ok, me disculpo por la demora en la actualización. La verdad es que he estado a tope de trabajo y tengo muy poco tiempo para escribir y… para que mentir, la inspiración en estos días me ha abandonado a mi suerte.

Pero espero que toda esa racha pronto termine y regresar a mi ritmo normal de publicación.

Atte: Ciel Phantomhive.

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Capítulo 7

Ra miro su embarcación con dolor, las magníficas proas que brillaban como el oro más purísimo sostenían dignamente las velas blancas de seda y satín, y aun así… al gran padre de los Dioses le parecía tan opaca y triste que mataba sus insipientes ganas de navegar. Tan simple y vana como una zirconia que intenta hacerse pasar por diamante. Tan ruin y mentirosa como sus propios pensamientos. Tan nefasta como el futuro inmediato que vislumbraba.

Su rostro siempre ecuánime ocultaba el maremoto de insanas emociones que le carcomían. No era digno de un Dios, cuanto menos de él, el todo poderoso Ra, dejarse embaucar por aquellos repugnantes impulsos que corrompen la lógica y menosprecian el sentido común. Debilidades propias de los humano, pero no de ellos, nunca de él.

Y si lo sabía, ¿Por qué no podía dejar de sostener entre sus manos la dulce alma de Asir? ¿Por qué se negaba a dejarle marchar? ¿Por qué su ser entero parecía ir muriendo lentamente ante la idea de que entregaría al símbolo de la abundancia, cual sacrificio, a criaturas voraces de atragantarse con tan purísima y brillante alma.

Fue una decisión concebida en plena libertad por Asir, que no desconocía para nada lo que representaba dejar de lado su protección, sin embargo, Asir no titubeo. Lo abandonaba como una mariposa frágil deja su capullo, con la pureza y la inocencia tatuados en su ser, gracias que en segundos terminarían convertidas en añicos ídem a sus hermosas alas.

En un intento por protegerle Ra tomo una decisión, una acción de la cual se arrepentiría más tarde. Pero que más daba, él era toda gloria y omnipotencia y sus deseos designios que debían ser respetados.

Entre sus manos sostuvo las almas de Ma'at, Horus, Anubis y Seth dedicándoles una mirada filosa. No permitiría que ninguno de ellos alcanzara a Asir, aun si para ello debía convertirse en lo que más detestaba.

—Vida inmortal a cambio de un alma real —murmuro dejando caer las esferas desde los cielos para que se estrellaran como estrellas fugaces contra la tierra, liberando de este modo el último vestigio de divinidad que les quedaba. Luego, con total recato acaricio a Asir quien aun carente de cuerpo físico se estremeció ante el contacto. —Hasta la eternidad… —juro Ra apretando contra su pecho la esencia de quien él juro dejar marchar.

En el silencio de una noche perpetua la barca se deslizo en silencio por las oscuras aguas del Nul, rodeado de estrellas, con dirección a la eternidad. Sus destellos dorados denunciaban a quienes eran sus tripulantes y las riquezas que portaba sin que ninguno de ellos notara el cometa de colores dorado y rojo que descendía a toda velocidad al plano mortal.

&&&[…]&&&

Taylor miro con ceño fruncido el revolver en su mano, al cual solo le quedaban cuando mucho tres balas. Tres balas que no serían suficientes para salir de aquel burdel de mala muerte en que había metido por… pues por idiota.

El cantinero se mantenía a la expectativa, rezando internamente para que el tiroteo dañara lo menos posible su local. Las mujeres que hasta hace poco trabajaban afanosas intentando embaucar a cuanto varón entrara por la puerta se encontraban arrinconadas y temblorosas.

Taylor dio un suspiro cansado. La verdad, todo sucedió demasiado rápido, había entrado en busca de un trago que mermara la sequedad de su garganta tras casi seis horas de cabalgata, dos hombres se le acercaron y en un dos por tres ya estaba sentado en la mesa con ellos mientras un tercero barajaba el monto de naipes con maestría. No tardó más de escasos tres segundos para saber por dónde iba el juego y sonrío ladino cuando las cartas chocaron contra la mesa, si pensaban que era un pájaro fácil de desplumar se llevarían una enorme sorpresa.

Con total saña Taylor destapo su mano mejor por adelantado, los ojos de los tres hombres se abrieron de par en par y entonces todo se convirtió en un pandemónium. Apenas tuvo tiempo suficiente para correr a la esquina contaría, voltear una de las mesas y parapetarse detrás antes de que una lluvia de plomo le cayera encima.

El sombrero de vaquero le cubría la hermosa cabellera castaña y sus ojos de color borgoña brillaban ante la expectativa. Apenas contaba con diecinueve años y ya había estado involucrado en situaciones muchísimo peores, así que sabía de sobra que con lo único que contaba era su actitud positiva de no rendirse, nunca lo había hecho y por Dios que no lo haría ahora que su vida estaba en juego.

—Taylor York —gritaron desde el otro lado de la taberna. —Si tienes algo de dignidad darás la cara, perro sarnoso, por lo menos muere con dignidad.

—Prefiero vivir en la deshonra —respondió Taylor riendo solaz. —Además, no fui yo quien tiro cuatro Ases mientras los restantes teníamos dos dentro de nuestra baraja… así que, te pregunto ¿Quién es el de poca valía?

—Sera como quieras. Te voy a despellejar vivo mocoso.

Dos estruendos se escucharon demasiado cerca para el gusto del castaño, así que por instinto se encogió sobre sí mismo hasta hacerse bolita contra la pared.

—La fiesta se les acabo. A volar pájaros de mala muerte —ordeno una voz recia y viril.

—Sheriff… pero si solo nos estábamos divirtiendo.

—A callar Jesse Woodson que conozco demasiado bien tu reputación. Ahora largo si no quieres tener una de mis balas alojada en tu cabeza.

Tay escucho el resoplido molesto de Woodson y sus compañeros, así como las espuelas chocando contra la madera mientras se retiraban de la taberna. Se había salvado por muy poco.

—Ahora vamos a hablar tú y yo niño —comento divertido el alguacil desde su lugar. —Sal para que pueda verte la jeta.

Tay resoplo con fastidio, guardo el revólver y maldiciendo a su suerte se puso de pie lentamente con las manos en alto, era mejor no darle motivos para dispararle. Una vez erguido elevo la barbilla con elegancia para dejar a la vista su sonrisa torcida.

—Taylor York, un placer conocerle alguacil.

— He escucho mucho de ti muchacho y no, no me causa el menor placer tener a un busca pleito por mi pueblo. Así que te quiero lejos de aquí para mañana temprano —ordeno el Sheriff con voz ronca antes de dirigirle la mirada azul a todos los presentes. —Se acabó el espectáculo. A lo suyo.

Tras aquellas palabras todo reanudo su marcha como si nada hubiera pasado.

—Espera —pidió Tay acercándose al rubio alguacil. —Supongo que debo agradecerte por…

—No lo hagas, es mi trabajo. Aun así… lárgate —acoto cortante el hombre de ley dedicándole una mirada fría con sus iris azules.

—Pero yo…

—Si te hace sentir mejor te diré que… —y una sonrisa ladina se dibujó en aquellos perfectos labios de hombre maduro. —Eres un buen timador… es la primera vez que a Jesse Woodson se la aplican de manera tan descarada.

Tay sonrió sinceramente antes de extender su mano en forma amistosa —Me presentare de nuevo, soy Taylor York, pero mis amigos me dicen Tay.

—Matthew McConaughey, la mayoría me dice Matt —respondió al gesto atrapándola la mano más delicada entre la suya con demasiada urgencia y fuerza.

—Matt… Matt… Matt…

Matt…

Matt…

Tai abrió lentamente los ojos, como deseando retener las imágenes del sueño y su propia voz repitiendo aquel nombre. Quería recordar lo más nítidamente posible el rostro maduro del rubio que rondaba cerca de los cuarenta y cinco años y que a pesar de las arrugas en su piel, o precisamente debido a ellas, se veía por demás atractivo y fiero.

—¿Dormiste bien, amor? —pregunto Michael acariciando con demasiada ternura la mejilla al letrado apenas verlo abrir los ojos.

Una caricia que al abogado le supo amarga. Ya no era lo mismo. No después de aquel arranque de rabia. No podía culpar totalmente a Michael de lo sucedido pero tampoco podía disculparlo con ligereza. Simplemente no estaba dentro de su capacidad olvidarlo como si nunca hubiera sucedido, una parte de él se sentía ofendida en sobremanera y…

Y se sentía extraño, como si esa misma parte de él, una faceta que pocas veces dejaba relucir, se estuviera apoderando de él. De hecho podría decir, sin temor a equivocarse que "el dragón" dormido dentro de él comenzaba a despertar. Su seguridad de por si firme ahora parecía hecha de acero y su voluntad inquebrantable se convertía en una poderosa fuerza brotando desde su interior.

—Me siento un poco pesado, aun así… —confeso Taichi girando levemente para quedar de lado y poder mirar la luz que entraba por la ventana y no a los ojos azul pálido de su acompañante. —Nada que deba preocuparte.

Michael sonrió de lado, era extraña la forma en que Tai hablaba, un tono que hasta ahora no le conocía. Su timbre estaba tintado con alegría como siempre, pero al mismo tiempo de determinación. Un timbre que no dejaba cavidad a duda de sus palabras o más comentarios. Casi tajante.

De un movimiento fluido Taichi se puso en pie, su amplia espalda siendo bañada por los rayos dorados se perfilaba exquisita. A los ojos de Michael no había criatura más divina. Amaba a ese hombre, no solo al ser terrenal que ahora se presentaba ante sus ojos, sino también idolatraba a la deidad que permanecía dormida dentro de él. Aquella a la que en más de una vida había seguido para estar a su lado y ahora…

Esta sería la última, la última oportunidad para sellar su destino y pasar la eternidad al lado de quien amaba.

—Tomare un baño y luego saldré, tengo una cita con Ken dentro de hora y media —acoto Taichi sin dedicarle una sola mirada a su pareja. —No me esperes para comer, voy a estar ocupado en los juzgados hasta pasadas las seis y…

Michael comenzaba a fruncir el ceño por cada argumento que consideraba un pretexto para estar lejos de él.

—Y no vas a volver hasta las once…

—Tal vez.

Con aquella postrera frase Taichi salió del campo visual de Michael. Por su parte el rubio actor no hacía más que refunfuñar apretando los puños mientras maldecía internamente a Hor. Desde su aparición todo se estaba yendo al caño.

Habían pasado ya dos vidas previas y en esta tercera, cuando pensó que al fin había ganado, que el brillo sempiterno de Asir le pertenecería a Hor se le ocurre entrometerse de la peor manera.

Y lo odiaba, lo detestaba.

Hor siempre estuvo ligado a la luz, a un mundo bello y a una existencia llena de bondades, en cambio él…

—No vas a ganar, no voy a permitirlo…

&&&[…]&&&

Yamato Ishida elevo la mirada para fijarla en la mujer que en ese momento lo entrevistaba e impaciente esperaba por una respuesta a la pregunta antes formulada. Una que Yamato no llego a escuchar por estar metido en su propio mundo. Un leve sonrojo tiño sus mejillas blancas, eran cerca de las ocho de la mañana y estaba en pleno foro, bajo las atentas lentes de las cámaras de grabación y aun así no lograba enfocarse. Las voces del público, las indicaciones del director a sus camarógrafos y tramoyistas pasaron a ser un mero eco sin relevancia pues su mente divagaba en torno a lo escuchado de boca de Koichi, aquel relato sobre como su gran amor había terminado siendo apodado "El Dragón".

No lograba digerirlo, o era que no deseaba aceptarlo. Taichi Yagami no parecía del tipo de personas que describia su baterista, aunque… no dicen por ahí "cuidado con las aguas tranquilas"

—Pierde su tiempo señorita —argumento Akira atrayendo la atención hacia a él mientras jugaba con las baquetas de su batería y salvando al cantante, —a nuestro amigo no le interesan las mujeres… —dijo con total descaro y esperando impaciente por el revuelo que levantaría su declaración.

Un jadeo se dejó escuchar por todo el set de grabación y de los cinco ocupantes de la sala tres comenzaron a reír. Las cámaras enfocaban directamente los agraciados rostros en espera de alguna otra confesión.

—No lo tome a mal, es solo que Matt no tiene tiempo ni cabeza para nada que no sea música —acaro Koichi con tono cantarín aligerando el ambiente. —Y para ser sinceros, nosotros damos gracias a que sea de ese modo porque si no… ¡uy! Nos deja sin fans.

—¡Oh! —exclamo la entrevistadora suavizando su gesto y soltando una risita coqueta —entonces… ¿todas sus admiradoras pueden mantener la esperanza de que entre ellas encuentre a su otra mitad Ishida? —la presentadora volvió a dirigirse al cantante rubio quien ladeo la cabeza sin captar el flirteo descarado.

—Claro, después de todo… ¿Quién no busca el amor? —declaro con tono triunfante Subaru mientras pasaba el brazo sobre los hombros del rubio, haciendo que la periodista frunciera el ceño al sentir que los miembros de la banda evitaban que Matt contestara directamente a sus preguntas.

—Ya para terminar, me gustaría que nos confirmara las fechas para sus próximos conciertos y si es verdad el rumor de que piensa subastar una cita para navidad con los miembros de la banda.

Matt carraspeo con la garganta antes de responder —Las fechas programadas son: 7 y 9 de octubre en el Foro Nacional, 12,15 y 17 de noviembre en el Palacio de los Deportes y por ultimo 19 y 22 de diciembre, y el ultimo… el cierre del año será el 27 en la gran sala de Opera de Tokio. Sobre la subasta. Es completamente cierto, la disquera propuso la subasta con el fin de recaudar fondos los cuales irán directamente al programa "del amor nace la vista". Lleva apenas dos años, pero ya han logrado grandes cosas.

—Así que les recomiendo que comiencen a juntar sus ahorros nenas… —grito emocionado Akira guiñando un ojo a la audiencia. —Aunque les aseguro que tenemos amor y mimos para todas.

Una exclamación lleno el foro y la presentadora despidió el programa con entusiasmo acompañada de la euforia que desencadenaron los comentarios de la banda.

Saliendo del plato y de camino al camerino asignado el silencio envolvió a los cuatro integrantes, cada uno parecía bastante meditabundo, al punto de que incluso su vista estaba perdida en diferentes puntos. Matt se mordió el labio, hacía mucho que no sentía aquella incomodidad estando rodeado de aquellos talentosos músicos. Al llegar a su destino y apenas cerrarse la puerta un sonoro suspiro quebró el mutismo que los envolvía y al girarse el rubio vocalista no pudo menos que temblar levemente ante las mirada afilada que Koichi le dedicaba, una muy parecida a la que tenían Akira y Subaru.

—¿En qué rayos estabas pensando? ¡Era una presentación en vivo! Si no fuera por Akira… —reclamo el tecladista con ira contenida.

—Lo sé, y me disculpo —acoto Matt bajando la cabeza. —Es solo que… —y guardo un prudencial silencio, que podía decir en su defensa "no puedo sacarme de la cabeza a Tai, por más que intento centrarme", la verdad no sonaba como una buena opción, aunque claramente por el gesto de sus compañeros al parecer no era necesario admitirlo en voz alta.

—¡Maldición Matt! Es mejor que arregles ese desastre emocional que traes porque… si alguien llega a enterarse se va a armar un escándalo —arguyo Akira con firmeza y algo de miedo, luego camino hasta el único sofá en la estancia para dejar caer su cuerpo con pesadez. —No estamos tan bien parados como para permitirnos propaganda de esa clase.

—Lo sé—gruño nuevamente el rubio vocalista apretando las manos en puños.

—Y si lo sabes entonces ¿Por qué parece que te importa un bledo? —reprocho el baterista en tono de reproche.

Yamato apretó los dientes, claro que le importaba, pero… y a falta de un buen argumento que alegar se conformó con asentir afirmativamente y decir —Prometo resolverlo pronto y de verdad lamento hacerlos pasar por esto… —aseguro antes de tomar sus cosas y salir de camerino que les asignaron en el foro para la entrevista.

Estando afuera, lejos de cualquier mirada y conduciendo a buena velocidad en dirección al hospital se obligó a concentrarse. Nunca fue un hombre sentimental, sus emociones siempre se vieron en completo control por su fría racionalidad y ahora…

Le hacía falta su hermano. Tk siempre tuvo una forma de hacerle ver sus errores de forma que los aceptara con gracia y encontrar por sí mismo la respuesta que buscaba. A pesar de ser menor y su hermano, Takeru era su amigo y confidente. Un aliado fiable que siempre demostró estar para él y por él.

—¿Qué dirías de poder verme en este momento? —se preguntó Yamato soltando una risa suave—seguramente me hubieras golpeado la cabeza para hacerme ver que Taichi tiene pareja y por respeto a esa relación debo mantenerme al margen, pero… ¡Dios! No quiero, no puedo soportar que este con otro.

Con una habilidad envidiable estaciono el vehículo en el aparcamiento del hospital, desmonto ligero cual hoja al viento y con paso liviano atravesó las puertas de cristal. Se sabía de memoria la ruta al cuarto de su hermano y tenía pase permanente, por eso no tuvo ningún problema en llegar tercer piso.

Al llegar se quedó mirando la puerta por algunos minutos. Parecía que había sido ayer cuando aún podía apreciar la sonrisa de Takeru, que podía escuchar su voz dándole consejos, cuando se reflejaba en sus ojos azul cobalto. Lo extrañaba demasiado.

Prometió protegerlo y…

—Te he fallado, lo siento… —susurro reprimiendo las ganas de llorar volviendo sus manos en puños.

En donde habían quedado esos días en los que con facilidad espantaba a los monstros de debajo de la cama, cuando unas cuantas palabras y una bandita aliviaban sus penas. A donde se fueron aquellos años en que sus problemas quedaban en el olvido después de un helado. Esos días no volverían nunca.

—No creo que él piense eso

Matt miro a su espalda para encarar a una chica de cabello castaño que lo miraba con ternura y cierta tristeza. Era una chica menuda y de rostro agraciado, de hecho sus ojos… sus ojos se parecían a los de…

—Tk jamás te culparía, después de todo, no estaba en tus manos salvarlo. —acoto ella ando un paso adelante y acariciando con gracia le la mejilla del cantante.

Yamato la miro intrigado, ¿Quién era ella? ¿De dónde conocía a su hermano? ¿Por qué estaba ahí? Pero incluso antes de que juntara la voz para exteriorizar cualquiera de esas preguntas una voz más se dejó escuchar.

—¡Oh! Señor Ishida, es un placer verlo —celebro el galeno a unos metros de él y con prisa se acercó para estrecharle la mano efusivamente —apenas hoy en la mañana he requerido su presencia y mírenos… No sabe lo feliz que estoy de poder decir que… tenemos grandes expectativas de que su hermano despierte, pero… ¿Dispone de tiempo? Necesito explicarle muchas cosas.

Matt asentía con la cabeza mientras intentaba ubicar a la chica que hasta hace poco estaba junto a él, una idea que desapareció de su cabeza en cuento comprendió lo que el médico le estaba diciendo. Una sonrisa se dibujó en sus labios, una que parecían haberse esfumado de su vida hacía varios meses.

Tendría a su hermano de vuelta.

—Claro Doctor Joe, todo el que haga falta —respondió el músico contento.

&&&[…]&&&

Ken Ichijouji corrió el tramo que lo separaba de su despacho en tiempo record. En sus manos traía los resultados del análisis y no eran buenas noticias. La verdad es que apenas tenerlos en sus manos miles de teorías asaltó sus pensamientos, tantas ideas que en marabunta se dejaban ver como posible desenlace y que incluían, para su desgracia, a personas por demás adineradas.

Las piedras negras eran de un tipo de material que solo podía encontrarse en tres lugares de la gran metrópolis, reduciendo la lista de sospechosos. El primer lugar era el Imperial Royal Japón, un hotel de extrema exclusividad y para ser más exactos dicho mineral servía como adorno del jardín que rodeaba la alberca de la terraza. El segundo, una fábrica abandonada a las afueras, cuyo dueño jamás volvió a rentar y estaba completamente en desuso y por último, las oficinas centrales de la increíblemente popular revista Look.

Si tuviera que apostar por alguna de las opciones se decantaría por la fábrica, pero… bueno, no siempre lo más obvio era la solución, por eso esperaría a Tai para saber su opinión antes de comenzar a movilizar a sus hombres.

Dos golpes en la puerta se escucharon e inmediatamente después la figura de Taichi hizo acto de presencia. Ken no dudo en, sin formalidad alguna, soltar toda la información obtenida.

—Haremos una pequeña visita a las oficinas de Look —informo Taichi sacando de su chaqueta una barra nutricional y devorarla con avidez, la verdad aún no había desayunado y se moría de hambre.

—¿Por qué Look? —cuestiono Ken con una sonrisa forzada.

Taichi le dedico una mirada burla, luego dejando que su peso quedara sobre su pierna izquierda dándole a su pose un aire erótico que hizo a Ken morderse el labio.

—Porque, por si no lo notaste la señorita Takada era una fiel seguidora de la revista. El único poster colgado en la pared de su cuarto pertenecía a una publicación bastante atrasada.

Ken no sabía si creerle o no ¿Cómo podía saberlo? A menos que el mismo Taichi sea suscriptor de la revista de moda.

Tai pareció leerle el pensamiento y sin esperar un segundo más aclaro.

—En una de las esquinas tenía una firma, creo que más bien podría llamarlo dedicatoria, y la fecha. Como dato extra te diré que autógrafo se lo dio Koushiro Izumi.

—El principal fotógrafo de Look… —jadeo Ken con el asombro pintado en sus facciones ante el descubrimiento.

Taichi asintió sin borrar su sonrisa de gato que se comió al canario. —Solo hay que sumar dos más dos.

—Entonces… ¿crees que nuestro sospechoso es Izumi?

Tai negó, —no me arriesgo a tanto, pero una cosa es segura, por ahora no tenemos más conexiones y es mejor investigar a fondo antes de descartar cualquier teoría.

Ken estuvo de acuerdo y bajo la atenta mirada del Yagami tomo su abrigo para salir con rumbo a las oficinas de Look.

Continuara…