PENSANDO EN TI
Hay veces que, mi alma baila tangos con la soledad
Y necesito de tabla tu amor, para asirme a ella en mi tempestad
Pensando en ti, paso el día pensando en ti
Enséñame a escuchar tus labios a leer el sol
Llévame a donde los sueños fabrican tu voz
Pensando en ti acuno mi alma pensando en ti
Donde estas, tengo miedo ayúdame a caminar
Pues nunca solo yo podré encontrar
La forma de ser libre, quiero descansar
Pensando en ti, duermo el odio pensando en ti
Paso el día pensando en ti, paso el día pensando en ti
El lugar se encontraba sumido entre las más espesas penumbras, con sus esculturas y fuentes de mármol en los jardines otorgándole la apariencia de un mausoleo. Una figura encapuchada apareció con un sonoro ¡Crack! frente a las gigantescas rejas que asemejaban serpientes subiendo al cielo. Alargo su pálida y temblorosa mano para aferrarse a la entrada con la poca fuerza que reservo para la huida. Su cuerpo tiritaba aun por el horror que acababa de presenciar, sin poder remediarlo. No debió pasar así, las cosas no debieron desenvolverse de esa manera ¿en que momento la situación se le había salido de las manos?
-¡Mátalo!- ordeno Ayrton, con tal naturalidad como si hablara del clima y no de la vida de un hombre.
-¡¿Qué?!- Draco se volvió hacia sus "compañeros de trabajo" quienes contemplaban la escena a través de las mascaras plateadas en forma de calaveras. Los alaridos de dos mujeres en el fondo de la habitación le causaban una angustia tal que le impedían pensar con claridad. Frente a él, un sujeto bajito con escaso cabello se encontraba tirado en el suelo en posición fetal, mientras una anciana abrazaba al mas pequeño de la casa, quien no paraba de llorar al contemplar el cuerpo maltrecho de su padre batido entre sus propios desechos, secuela de una intensa sesión de Cruciatus la mayoría impartidos por Draco.
"Deja que el chico lo haga- Había ordenado su señor- veamos de lo que es capaz."
Sus compañeros lo habían tomado como una fiesta de iniciación ya que no tuvieron oportunidad en septiembre debido al poco tiempo con el que disponían. Pero ahora se iban a desquitar y lo disfrutándolo hasta el amanecer. Escogieron una casa al azar entre todas las de los muggles que contaban con hijos magos y entraron furtivamente por la parte posterior. En un instante sometieron a toda la familia cuyos miembros eran el padre, la madre, un niño, la abuela y una adolescente que a Draco le resulto familiar, era una compañera del colegio, una sangre sucia de cuarto llamada Chelsey Donovan a la que apenas si le prestaba atención, pero que sin embargo sabia de la existencia gracias a Zabini. La chica apenas sabia magia así que había sido desarmada inmediatamente y dominada con facilidad. Torturaron al padre y lo obligaron a presenciar como dos de ellos arrastraban a las mujeres hasta el final del cuarto donde las golpearon y ultrajaron de la manera más brutal que Draco hubiera visto jamás.
-Eres asqueroso Emerick- se expreso Ayrton con nauseas reflejadas en su demacrado y desquiciado rostro- ¿Cómo te atreves a tocar a una asquerosa sangre sucia?
-Un culo es un culo- sentencio el hombre- y sobretodo si es nuevo- Sus ojos despedían un brillo perverso mientras desgarraba las ropas de la chica dejando su cuerpo en completa desnudez. Chelsey, lloraba y pateaba tratando de safarse de las manos del mortífago, pero él era mucho mas fuerte por lo que la sometió rápidamente atándola de manos. Mordía y manoseaba el virginal cuerpo sin la menor consideración y tomo sus piernas forzándola a abrirlas. Un grito desgarrador llenó la sala cuando fue embestida brutalmente por el mortífago de un solo movimiento. Draco no pudo evitar temblar y desvió la mirada obligándose a desprenderse de aquella horrible visión.-le lo dije, esto es deliciosamente estrecho- El mortífago se movía como un frenético poseído arremetiendo una y otra vez dentro del frágil cuerpo de Chelsey mientras la asía fuertemente del pelo. La desventurada joven lloraba de rabia, de dolor y de vergüenza; sangrando copiosamente de la entrepierna. Emerick seguía penetrándola violentamente y con cada embestida su magullado rostro se contraía de dolor.
-Yo preferiría cortármelo antes que meterlo ahí- expreso Ayrton mientras mantenía amenazados a la anciana y al niño- podría contaminarse.
-Solo sirven para eso- contesto Stewart quien en ese momento se arreglaba la ropa después de ultrajar brutalmente a la madre, la cual se encontraba inconsciente en un gran charco de sangre que emanaba de su cabeza producto de los golpes impartidos durante la violación- no son mas que animales, bestias que nunca debieron existir en esta tierra ¿me escuchaste? Son mierda.
Entre los gritos de Chelsey y el llanto de la abuela y el niño, Draco alcanzo a escuchar un gemido sordo a su izquierda mientras Emerick eyaculaba dentro de la chica y se desplomaba a su costado con la respiración agitada. El padre trato de arrastrarse hasta su lado para consolarla pero fue interceptado por un Cruciatus de Ayrton que lo hizo arquearse del dolor.
-Mátalo- ordeno de una forma tan indiferente que le causo escalofrió
-¿Qué?- pregunto asustado. Había contemplado infinidad de aberraciones a su lado y realizado unas cuantas mas pero nunca había violado o matado a sangre fría.
-Ya me escuchaste, ya no nos sirven de nada
-Sigues- le cedió el relevo Emerick - diviértete
-No pienso tocarla- se apresuro a decir Draco ante aquel horror
-Claro, los Malfoy no se mezclan- se burlo- Este niño también tiene una linda carita- se acerco al pequeño arrebatándolo de los brazos de su abuela
-¡No!- grito la anciana tratando de rescatarlo pero Ayrton la detuvo de una patada en el vientre que la hizo doblarse por la mitad escupiendo sangre.
-¡Estas enfermo!- dijo asqueado Draco- el señor dijo que no….
-No dijo que no pudiéramos divertirnos un poco ¿cierto? ¿Vas a terminar el trabajo con la chica o no?
-No soy como tu- declaro seriamente
-Eso lo dudo ¡Crucio!- grito apuntando hacia Draco tan rápido que apenas pudo reaccionar y callo pesadamente sobre la alfombra ensangrentada- ¡Imperio!- soltó el siguiente hechizo y Draco pudo sentir como su voluntad comenzaba a reducirse tanto que a penas podía respirar sin que el otro se lo ordenara- De pie- ordeno Emerick soltando al niño y acercándose felinamente hacia él. Draco trago grueso, bajo la mascara de mortífago lucia aterrorizado, bañado en sudor y a punto de una crisis de angustia irreversible. Aquel sujeto era la persona mas desquiciada que pudiese encontrar alguien, incluso que su tía. Se coloco detrás de él y lo jalo por el cabello hasta casi doblarlo hacia atrás.- ¿te crees superior a nosotros a que si? Te crees por encima porque eres un Black y un Malfoy, apuesto a que tu padre así te lo hizo creer- Draco temblaba descontroladamente a pesar de tratar de no mostrar debilidad, pero no podía evitarlo, estaba aterrado- pero ahora estas a mi merced y tu padre no puede hacer nada para impedirlo.
Su padre otra vez, otra maldita vez. Sabia que era el miembro mas destacado de Voldemort y que se había convertido en su general por su habilidad, su astucia y su inteligencia lo que le canjeaba éxitos seguros en las misiones (excepto el verano pasado obviamente) ganándole el favor de su señor. Gracias a eso podía disponer de los Mortífagos a su antojo, podía torturarlos, sobajarlos, humillarlos y estaba seguro que le complacía hacerlo, ostentar el poder, disfrutarlo al máximo. Pero también sabía que se había ganado enemigos entre las filas que lo traicionarían a la primera oportunidad o que aprovecharían cualquier cosa para vengarse de él, como lo estaban haciendo ahora con su hijo. Draco sintió desprecio por su padre, todo era su culpa, lo había dejado a merced de un montón de desquiciados con sed de revancha que no se tocarían el corazón por tener dieciséis años.
-Eres mierda, eres nada, mírate- le grito Emerick -tiemblas como una nenita ¿acaso no te enseño tu padre a ser un hombre?- bajo la otra mano hacia la entrepierna del chico apretándolo firmemente- no vas a despreciar a la chica ¿cierto?- obligándolo a verla mientras ella se refugiaba en un rincón con el cuerpo lleno de contusiones y la cara bañada en llanto- te esta esperando, si tu padre no te enseño como usarlo lo haré yo
-No voy a hacerlo…
-¡Oh, claro que si! o de lo contrario vas a dejar de ser el señoriíto que tanto presumes, te daré por tantos lados como agujeros tengas en el cuerpo ¿entendiste?- Emerick lo soltó empujándolo sobre la chica, sentía su cuerpo moverse sin querer pero con un atisbo de voluntad para poder llevar la contra, y sin embargo no podía hacerlo, se sentía impotente y vulnerable. Se acerco en cuatro puntos hasta la chica y la atrajo hacia él, Chelsey estaba en un shock tal que no reaccionaba, estaba como ida, como muerta en vida. Draco separo sus piernas ensangrentadas y se estremeció ante la idea de que aquella bestia le hubiese robado su inocencia de manera tan brutal, era una sangre sucia, lo sabia y no debería sentir pena por ella pero lo hacia, su tormento lo hacia sufrirse disponía a entrar en ella dolorosamente cerrando los ojos humedecidos bajo la mascara. Trato de concentrarse en algo que le excitara para mantener la erección mientras se repetía mentalmente que aquello no estaba pasando.
Emerick reía abiertamente mientras se masturbaba sentado sobre el sofá. Jadeaba descontroladamente como el perro que era hasta que los gemidos se convirtieron en sonidos guturales de asfixia. Draco aprovechó la distracción para separarse da la chica arreglando su ropa rápidamente, al tiempo que contemplaba como el padre de Chelsey utilizo el descuido de Emerick abalanzándose sobre el mortífago con la intención de ahorcarlo. Ayrton se volvió para auxiliar a su compañero, tiempo que aprovecho la anciana para escapar con el niño. Stewart se despabilo y apunto a la mujer lanzándole un rayo verde que impacto en su espalda mientras intentaba proteger con su cuerpo a su nieto. Callo al suelo con una expresión de horror pintada en el rostro mientras el niño corría en dirección a la puerta siendo alcanzado por un segundo rayo a unos centímetros de la salida.
-¡Maldición!- farfullo Emerick mientras se desprendía del cuerpo sin vida del padre al tiempo que una serie de ¡Cracks! Se escuchaban alrededor de la casa y los cristales comenzaban a estallar a su alrededor.
-¡Expelliarmus!- grito un mago apareciendo de la nada y desarmando a Draco. Su varita salió volando hasta cruzar la habitación, en un instante medio escuadrón de aurores estaban batiéndose con los tres Mortífagos en la casa. Draco se cubrió tras un sillón mientras pensaba en una forma para recuperar su varita.
Los hechizos volaban en todas direcciones surcando el polvo creado por las explosiones. Las cortinas se prendieron alcanzadas por un "incendio" y comenzaron a consumir todo a su paso cargando el ambiente de humo. Aquello se había vuelto un caos, era difícil percibir quien era quien, o a favor de que bando se luchaba. Las maldiciones pasaban volando tan cerca de su cabeza que apenas las podía esquivar y una que otra casi termina con él.
Gateo entre los escombros y los charcos de sangre derramada por las victimas, sobre cadáveres de magos o sus miembros cercenados. Definitivamente las clases de duelo no lo habían preparado para el terror que paralizaba su cuerpo y sacudía cada partícula de su alma. Tomo la varita de uno de ellos y siguió avanzando, tratando de abrirse paso a base de cuanto hechizo conocía con el único y firme propósito de salir de ahí.
-¡Glacius!- grito alguien rozando apenas su brazo lo suficiente para que un frió penetrara hasta sus huesos haciéndole padecer un insoportable ardor e inmovilizándolo. Los ojos le escocían por el humo y apenas si podía respirar, sentía que a cada bocanada de aire su garganta tragara arena. Entre la penumbras logro vislumbrar la salida y corrió hacia esa dirección. Un mago sostenía, cerca de ella, su varita. Draco sabia que tenia que huir, que podría comprarse otra, una docena mas, pero le había tomado cariño a la suya y sin pensar se le hecho encima derribándolo y ocasionando que al caerse golpeara la cabeza contra el suelo. No podía pensar, su cuerpo actuaba de forma más instintiva, más visceral, y mientras el hombre se removía y trataba de defenderse como podía, comenzó a golpearlo en el rostro sin tregua, hasta que simplemente se convirtió en una masa sanguinolenta y dejo de oponer resistencia. Tomo su muñeca y la estrello repetidas veces de forma desesperada contra el piso, quería obligarla a abrirse y soltar la varita la cual brinco unos centímetros. Gateo hasta ella tomándola triunfal, sentía que le habían devuelto una parte de él junto con su seguridad. Uno de los aurores lo descubrió atacándolo por sorpresa mientras él conjuraba un "protego" e inmediatamente después un "petrificus" al tiempo que un "Avada" le impactaba en la espalda desplomándose sobre él.
Pudo sentir el rígido cuerpo aplastándolo pesadamente, sus ojos de odio fijos en los suyos a milímetros de distancia y la boca distorsionada en una mueca de furia o como parte de una maldición que seguramente hubiera acabado con él. Arrojo el cadáver a un lado y se arrastro hasta la salida donde pudo aspirar el frescor de la noche hinchando dolorosamente sus pulmones. Ni siquiera echo miro hacia tras, solo se limito a desaparecer.
Un segundo después se aparecía frente a la enorme mansión de los Crabbe, o eso fue lo que le pareció. Tenia la vista nublada y todo le daba vueltas, se aferro de la reja como una tabla de salvación y se doblo por la mitad devolviendo el estomago por completo. Había visto sangre, heridos, muertos y mucho dolor, todo aquello le causaba nauseas. Tembloroso se irguió y abrió la puerta dando pequeños pasos hasta su interior. Una molestia se apodero de su costado cobrándole al doble el olvido. Llevo una mano bajo su costilla y encontró una abertura en su túnica y en su piel. Aparentemente el auror en su intento por defenderse había rozado su cuerpo con algún cristal roto. Con la intensidad del momento no se había percatado de ese hecho pero la hemorragia que bajaba por su pantalón inundaba ya su zapato. Respiraba con dificultad, cada inhalada le estaba costando y le dolía hasta el alma. Coloco la punta de su varita en la herida para cerrarla temporalmente y siguió avanzando de forma lenta hasta que el sonido de un ¡Crack! se escucho tras de él tomándolo con la guardia baja.
-¡Expelliarmus!- rugió Emerick avanzando a grandes zancadas hacia él-¡¡COBARDE PATÉTICO HIJO DE PUTA!! ¡¡SABIA QUE NO TENDRÍAS LOS HUEVOS PARA QUEDARTE!! - Draco trato de localizar su varita y cogerla nuevamente pero un cruciatus se le adelanto a centímetros de ella haciéndolo arquear su espalda hacia atrás tensando dolorosamente todos los músculos y obligándolo a caer y retorcerse a los pies del mortífago. Este sonrió ya sin la mascara, disfrutaba torturando y ver como se retorcían a su merced.- ¡¡ERES PATÉTICO MALFOY!! ¿LO SABIAS? ¡¡ERES MIERDA, IGUAL QUE LO ERA TU PADRE, IGUAL QUE LO HA SIDO SIEMPRE TU MALDITA FAMILIA!!- escupió.
A Draco comenzaba a hartarle toda esa situación, su padre era un infeliz, un desgraciado y un maldito bastardo pero era su padre y era mucho mejor que todos esos imbéciles retrasados que se atrevían a mancillar el apellido Malfoy con su asquerosa lengua. Alcanzo su varita resistiendo el ataque todo lo que podía y lentamente la dirigió hacia su oponente.
-¡Rictu…sempra!- dijo mentalmente arrojando al mortífago hacia atrás rompiendo de esta manera el cruciatus. Relajándose se puso lentamente de pie y apunto hacia Emerick.
-¡¡TE TRAGARAS TUS PALABRAS, BASTARDO INFELIZ… CADA UNA DE ELLAS!!- rugió con ira mientras de su varita salía un chorro de abrasadora lumbre que envolvió el cuerpo de Emerick alimentándose de su túnica y posteriormente de su piel. El mortífago comenzó a retorcerse en el suelo soltando gritos desgarradores mientras el aire se impregnaba de un aroma a carne y cabello chamuscado.
-¡¿QUÉ DEMONIOS PASA AQUÍ?!- grito alguien que apareciera de repente sin que el chico se percatara.-¿Draco?- pregunto dubitativo, pero no le presto la suficiente atención a la mirada cargada de odio que el chico presentaba, se apresuro a apagar las llamas de su compañero lo mas rápido que pudo. Un ¡Crack! se escuchó enseguida apareciendo Ayrton quien al ver la escena se apresuró a sacar su varita, presto a atacar al enemigo.
-¡Llévatelo!- ordeno Snape. Ayrton titubeo por un momento, luego, al ver sus ojos negros como la espesura de la noche, decido obedecer. Fue cuando se hubo marchado que el profesor se acerco hasta Draco para auxiliarlo
-¡Déjeme!- le espeto rechazando su mano de un manotazo
-Te encuentras herido
-Se como estoy, gracias- contesto con asco, aquello, todo ese ambiente, esa situación en la que estaba inmerso irremediablemente no era mas que una mierda. Se sentía sucio, impuro, hueco, el ser mas inmundo, asqueroso y repulsivo sobre la tierra. Cerro los ojos sin poderse contener y soltó el llanto bajo la mascara metálica que lo convertía en lo que era, un ser despreciable.
-Déjame ayudarte- pidió su padrino al contemplar el cuerpo abatido y titilante de su ahijado. Draco se volvió y camino a la salida.
-No necesito ayuda.-concluyo desapareciendo del lugar.
Narcisa apenas había podido dormir aquella noche, al igual que el resto en el que su hijo tenia que salir a cumplir con "su deber", según lo había expresado su hermana. Estaba por amanecer y aun no regresaba, toda clase de pensamientos desfilaban por su mente y ninguno era agradable. Entonces la puerta se cerró y unos pasos se escucharon por el recibidor, salio del despacho de su marido donde había aguardado desde que se oculto el sol y corrió hacia su hijo.
-¡Draco!- exclamo deteniéndose horrorizada al contemplar la sangre bajando por su cuerpo-¡¿Qué paso?! ¡¿Qué te han hecho?!- paso el brazo por sobre su cuello y lo abrazo bajo las axilas para ayudarlo a subir la escalera- ¿Te encuentras bien?
-¡Que pregunta mas estùpida, madre! ¿Qué no estas viendo?
-¡Draco!- protesto impresionada por su reacción y al llegar al final de la escalera Draco se deshizo de su abrazo y se recargo en la pared.
-¿POR QUÉ PREGUNTAS ESTUPIDECES? ¡NO VENGO DE DAR UN PASEO, MADRE, SINO DE ACABAR CON LA VIDA DE ALGUIEN!- recordó el ensangrentado cuerpo de Chesley bajo él y un torrente de emociones que iban desde el temor, el odio, el asco hacia si mismo se apodero de su alma sin poder soportarlo- ¡MÍRAME! –Le grito-¡ESTO ES EN LO QUE ME HE CONVERTIDO, ESTO ES LO QUE SOY, UN INMUNDO MORTÍFAGO AL IGUAL QUE TU ESPOSO! ¿NO ESTAS ORGULLOSA? –la mano de Narcisa impacto en el rostro desnudo de su hijo haciéndolo girar. Nunca se había atrevido a tocarlo y la más impresionada por eso había sido ella
-Draco yo…
-Siempre quisiste que fuera como mi padre- dijo tristemente sabiendo que en el fondo era lo mismo que el deseaba- voy por buen camino
-Hijo…
-No importa- La corto, pero su madre lo ignoro acercándose para ayudarlo- ¡Ya déjame!- la rechazo arrojando su mano con un golpe y cerrando la puerta en su cara.
Se dejo caer a los pies de la puerta hundiendo su rostro entre sus manos. No quería verla, no podía, se sentía indigno, su rostro marchito por su causa, la preocupación reflejada en cada parte de su ser. Verla dolía, le recordaba su vida anterior, su tranquilidad perdida y su esperanza yéndose ahora por el caño. Las lágrimas comenzaron a emanar de él como un torrente desbocado y su cuerpo vibraba espasmódicamente ante todo lo acontecido durante esa noche, ante todo lo vivido hasta entonces. Quería desaparecer en ese momento, largarse lejos, dejar de existir, lo que fuera que lo hiciera sentir menos miserable, quería morir… deseaba morir…
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Hermione repasaba su libro de Aritmancia el mismo párrafo una vez más. No había conseguido un gran avance en todo lo que llevaba de la hora, es mas no había conseguido un avance en todas las vacaciones. En otro tiempo ya hubiera terminado un par de veces cada texto y alguno que otro libro de apoyo, ya habría memorizado la mitad de los conceptos básicos y recopilado un resumen de cada tema para futuras tareas; pero ahora, por más que intentaba concentrarse no lograba hacerlo por ningún medio. Sin querer, y era algo que realmente la enfurecía, su mente comenzaba a vagar hasta Hogwarts, hasta las clases, hasta los chicos en ellas, hasta un par en especial… bueno para ser honesta, hacia uno en particular.
La imagen de un joven alto y rubio, de feroces ojos grises y sonrisa de lado que la hacia estremecer recurría a su memoria a cada oportunidad. Cada vez que Draco Malfoy se cruzaba por su mente hacia que su estomago se contrajera de una forma curiosa pero agradable, su corazón se desbocaba de manera excitante robándole el aliento y podía sentir como un ligero temblor la invadía rodeándola de una atmósfera de ensoñación. Nunca había sentido tanta euforia desde que supo que entraría a una escuela para magos y como en aquella ocasión sentía que explotaría si no la sacaba de alguna manera. La situación era desesperante, cada día se hacia eterno convirtiéndose en una insoportable tortura, ¿irónico no? Ella ansiando ver a ese rubio altanero y presuntuoso al que re-huía por hacerle la vida miserable y ahora no podía pensar, ni desear, otra cosa que no fuera volver a encontrarlo. Después de lo de aquella noche no se habían vuelto a ver así que el imaginar su reencuentro la llenaba de tantos nervios como un examen final.
Y cuando caía en cuenta de que ya había dado la vuelta a la hoja y de que no había leído nada se enfurecía y refunfuñaba irritada. ¿Cómo era posible que un chico la distrajera de su deber? Era el colmo, esa no era ella definitivamente, ¿Qué le estaba pasando? Se estaba transformando en una Lavender cualquiera, ¡que horror! y para completarla, no con cualquier chico sino con Malfoy ¡MALFOY! El ni siquiera podía entrar dentro de la categoría de chico, era un hurón petulante, engreído y… y… y… y ¡Merlín! era insoportablemente atractivo, si atractivo era la palabra, porque no podía decir que fuese guapo. Lo había visto tantas veces y le pareció tan insípido. Si, sus rasgos eran mucho mas estéticos que la mayoría de los hombres, pero nada del otro mundo… de acuerdo ¿a quien trataba de engañar?… era condenadamente guapo y lo supo desde que lo viera por primera vez en el expreso a Hogwarts pero no le quitaba la impresión que le había venido después de que lo conociera a profundidad y ese juicio era superior que cualquier atributo físico. Así había perdurado a lo largo de casi seis años completos y así perduraría, no cabía la menor duda… ¿verdad?... ¿VERDAD?... ¡Maldición, le gustaba Draco Malfoy! ¡Demonios!
Cerró el libro de golpe. Era caso perdido seguir con lo mismo, mejor un cambio de actividad que la hiciera desfogar todas esas ansias acumuladas tras horas de pensar en él. Pero ya había hecho muchas cosas para evitar volverse loca. Había aseado su recamara, es mas, la casa entera, y hasta había ayudado a sus padres a organizar los expedientes de su clínica y pasado a la computadora, pero aun no conseguía arrancarlo de la cabeza y eso la desquiciaba. ¿Ahora que? Se preguntaba, sin encontrar algo que la mantuviera ocupada. Miro su baúl descansando junto a su cama y decidió ordenar sus cosas, una vez mas, antes de partir al día siguiente a Hogwarts, tal vez estaba olvidando algo y no quería lamentarlo. Vació el contenido sobre la alfombra y la cama y arrodillándose a su lado comenzó por decimocuarta vez a ordenar sus útiles escolares. Acomodo sus libros cuidadosamente, pulió su placa de prefecto y limpio su varita, posteriormente coloco su ropa y finalmente sus túnicas escolares, tenia que tenerlas a la mano cuando se cambiara en el expreso.
Un aroma inconfundible la rodeo causándole una oleada de calor que subió por su cuerpo agradablemente, enrojeciéndole sus mejillas y orejas. Estaba abochornada y ni siquiera sabia porque, ni siquiera había alguien mas en el cuarto viéndola sonreír como tonta ante la idea de estar haciendo el ridículo. Tomo la túnica delicadamente y la llevo hasta su rostro dejándose embargar por la embriagadora loción que solía usar Malfoy y que ahora se encontraba impregnada en su ropa. Se había negado a lavarla por temor a que desapareciera y cada que tenia oportunidad la olía una vez mas causándole un efecto catártico a su ansiedad. Cerro los ojos y dejo que la abrazara como él lo había hecho aquella noche, hasta casi podía sentir sus tibios labios sobre los de ella como una caricia suave y deliciosa, sus manos rodeando su cintura y espalda y su calor abrigando sus palmas aferradas a su pecho.
Un maullido los había alertado de la presencia de Filch y Hermione se había alterado a tal grado por la perspectiva de ser sorprendida faltando a una norma, cuando ella como prefecta debía poner el ejemplo, que Draco no pudo evitar burlarse de su típica reacción. Estaba a punto de replicar cuando el chico coloco un dedo sobre su boca para hacerla callar. Los pasos se escuchaban cada vez mas cerca y los maullidos se hacían cada vez mas insistentes como guiándole el camino. Draco la miro una vez más directo a los ojos, casi hipnotizado y recorrió sus labios lentamente en una caricia que la hizo temblar de excitación. Ahí estaba ella, fuera de su sala común a horas inadecuadas, con un chico de una casa rival y a unos pasos un conserje amargado que de poder, les arrancaría las uñas con unas pinzas, y sin embargo ella no podía pensar en nada, solo sentía esa extraña pasión recorrer su cuerpo y las ansias de seguir en sus brazos. Draco se inclino para besarla una vez mas con la respiración agitada.
-¿Quién se encuentra ahí señora Norris?- pregunto Filch a su amada gata. A penas si había logrado rozar sus labios cuando el chico se detuvo poniéndose en alerta. Hermione se puso rígida cuando lo escucho en la entrada del pasillo y Draco solo la atrajo hacia él fuertemente para ayudarla a contener la ansiedad y evitar que esta la delatara. Hermione contuvo el aliento todo lo que pudo, sentía que si se atrevía a respirar la horrible gata pudiera escucharla y descubrir su ubicación. Draco la estrechaba contra su pecho y la chica pudo escuchar a través de sus túnicas como su corazón galopaba, su semblante en cambio lucia inalterable, tan seguro de si mismo, tan serio y firme que parecía no encajar con las reacciones de su cuerpo lo cual la desconcertó. Aparentemente Malfoy sabía disimular muy bien sus sentimientos para que nadie lo sospechara. Una espinita se clavo en su mente racional ¿Qué mas podría sentir Draco que se viera obligado a esconder?
Cuando los pasos volvieron a hacer eco avanzando por el pasillo los chicos se relajaron y aspiraron profundo. Hermione se sonrojo, sintió que por primera vez había traspasado las barreras de Malfoy y profanado su intimidad. Por primera vez, la imagen que tenia de el no encajaba con la persona que se encontraba frente a ella y se sintió culpable por juzgarlo de aquella manera, después de todo él también era un adolescente y el que ella lo denominara como solía hacerlo con todos esos adjetivos despectivos no la hacia mejor que él cuando la llamaba sangre sucia, solo eran prejuicios, etiquetas que no tenían nada que ver con ellos pero que usaban porque no sabían nada el uno del otro como para crearse una idea acertada de lo eran en realidad. Draco la tomo de la mano y comenzó a avanzar en dirección contraria a Filch llevándola consigo sin que ella opusiera resistencia.
Atravesaron unos cuantos atajos, la mayoría de los cuales ya había descubierto gracias al mapa del merodeador de Harry, pero también unos que ni sabia de su existencia. Le pareció que atravesaron la escuela por completo alejándose mucho de las escaleras que llevaban a las salas comunes de ambos y estaba a punto de preguntar a donde se dirigían cuando Draco abrió una puerta que daba a una amplia terraza en lo alto de una torre.
-¿Qué hacemos aquí?- cuestiono la chica recorriendo con la mirada donde regularmente era su aula de astronomía.
-Aguardaremos a que Filch se vaya a dormir y después cada quien se ira por su lado ¿te parece?
-¿Cómo sabes que no vendrá hasta acá y nos encontrara?
-Odia subir las escaleras, ya esta demasiado viejo para eso
-Tal parece que ya tuvieras experiencia. Dime ¿a cuantas has traído aquí?
-No estoy para una escena de celos Granger- soltó con cinismo
-¿Celos?- exclamo sorprendida sonrojándose terriblemente. Él, contrario a lo que normalmente hubiera hecho, burlarse de ella o soltar un acido comentario, se limito a sonreír sacudiendo la cabeza, sin comprender como es que ella no podía reconocer una broma. Camino hacia la orilla donde se recargo sobre sus brazos y fijo su vista en el cielo. Sus ojos tenían un brillo especial del que siempre habían carecido, al menos eso le pareció a ella, la mueca de eterno asco y odio había desaparecido y lucia relajado, casi infantil, un viento ligero despeinaba su rubia cabellera que a diferencia de las demás veces, no se encontraba lambida hacia atrás sino que caía a mechones sobre su rostro. De pronto a Hermione no le pareció tan… ¿Malfoy? Parecía alguien totalmente diferente, un chico normal de dieciséis años sin pretensiones ni poses, se veía como… Draco… simplemente Draco… y se sorprendió al percatarse que realmente le gustaba así.
Sin poder evitarlo se acerco con nerviosismo hasta su lado y contemplo el firmamento. Aquel panorama era realmente hermoso. Los terrenos escarchados como las postales, el lago congelado reflejando la luna tierna como un espejo y el cielo salpicado de miles de lucecitas brillantes tan cercanas a ellos que le pareció que de alzar la mano hubiese podido alcanzarlas. Y el silencio, solo interrumpido por el murmullo de los árboles al ser despeinados por el viento. Aquel no era un lugar de citas, estuvo segura de ello, aquel era un refugio, un lugar para pensar, para descargar el espíritu, para desnudarse el alma sin temor a ser juzgados, y él la había llevado a ese lugar, se lo había revelado y no pudo evitar sentirse cohibida y alagada ante aquel acto tan insignificante para muchos.
Hermione saco su varita he hizo aparecer una banca alargada en la cual se sentaron los dos uno junto al otro. Una mano se poso sobre la suya, tan suave como un pañuelo de seda sobre el raso, comenzó a acariciarla lentamente y no pudo evitar estremecerse ante aquel delicado contacto. Sin pedir permiso, Draco se monto en la banca abarcándola casi por completo y la atrajo sentándola entre sus piernas, rodeándola con sus fuertes brazos y contagiándola de ese calor que manaba de todo su ser transpirando su aroma, una mezcla entre palo de escoba y loción fina. Entonces su mente se ilumino como si un rayo hubiese traspasado su cerebro.
Aquella vez en que Slughorn preguntara sobre las pociones y ella describiera a la amortentia había descubierto que la suya olía a césped recién cortado, a pergamino nuevo y a… había guardado silencio, porque no sabia exactamente cuales eran los otros dos aromas, uno de los cuales identificara posteriormente como palo de escoba y que asocio con Víctor con Ron y hasta con Harry y Ginny, quienes pertenecían al equipo de quiddith pero no se le ocurrió hacerlo con Malfoy por nada del mundo, y el también era parte del equipo de Slytherin. El otro aroma había tardado semanas dándole vueltas en su cabeza pero ni por asomo se le cruzo que fuera una loción ni que precisamente fuera la que solía usar Draco. No pudo evitar ser embargada por un estremecimiento ¿Qué significaba eso? ¿Qué a ella Malfoy le… le…bueno… eso? No podía ser, definitivamente no, entonces ¿Por qué se sentía tan agradable entre sus brazos? ¿Por qué se sentía como una chica, no como la sábelo todo o la amiga o Granger? Solo como una chica y era tan placentero que ni siquiera pudo pensar en ello, desconecto su cerebro y se limito a sentirse por primera vez como una adolescente.
Pasaron las horas en silencio, contemplando el cielo y abrazados bajo las mantas que Draco conjurara para cubrirse del frió de la madrugada, o tal vez ese solo era un pretexto para que dos seres como ellos lo hicieran sin sentir culpa. Draco aspiraba el aroma de su espesa mata de cabello castaño que aunque rebelde y estropajoso tenia una suavidad como de algodón, recargo su barbilla en él mientras jugaba enredando sus largos y delgados dedos en sus rulos. Hermione sentía el palpitar pausado del chico que se aceleraba cuando la volvía para besarla ocasionalmente. Acariciaba su espalda mientras ella hacia lo mismo con su pecho arrullándose mutuamente. Estaba por amanecer cuando Draco la removió sutilmente para despertarla y mientras se desperezaba le acaricio su mejilla.
-Ya es hora- dijo soltándola sin advertencia haciéndola casi caer. Se levanto y sin despedirse camino hacia el interior. Aquella reacción desconcertó a Hermione quien se limito a hacer desaparecer la banca y dirigirse rumbo a su dormitorio. Pasaba el umbral cuando se sintió jalada por un brazo y unos labios tomaron los suyos de forma apasionada robándole el aliento intempestivamente. No sabía que tenían esos besos pero hacia corto circuito con su cerebro porque nunca sabía como reaccionar, solo se quedo pasmada mientras él se apoderaba de su boca, de su lengua y de su ser sin remedio. Lentamente la fue soltando hasta que ella pudo recuperar el equilibrio. Draco acaricio su rostro con el dorso de su mano y sonrió sesgadamente.
-Nos vemos Granger- se despidió, y se volvió para dirigirse rumbo a las mazmorras caminando con esa forma altiva y engreída que lo caracterizaba, que ella aborrecía y con el que no podría evitar soñar el resto de las vacaciones.
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Escuchaba sus gritos por todos lados, el llanto angustiante aunque tapara sus oídos y las risas de los hombres rodeándolo sin dejarle escapatoria. Veía sangre, correr por todas partes como ríos que lo inundaban y trataban de ahogarlo. Corría y sentía su cuerpo adolorido por el esfuerzo pero no podía dejar de hacerlo, sentía que si lo hacia aquello terminaría por atraparlo y consumirlo. Tropezó entonces con algo y callo de bruces sobre las penumbras, sobre el cuerpo tibio y tembloroso de alguien. Una excitación recorrió su cuerpo y alentó su erección, el aroma inconfundible a hierbas estimulaba sus sentidos y lo llenaban de la paz que necesitaba. Las suaves manos subieron hasta su cuello y de entre las tinieblas surgió su rostro, sus ojos castaños y angelicales, su boca pequeña acercándose lentamente hasta la suya. Su cuerpo respondió antes que él pudiera asimilar la sorpresa de encontrarla en medio de aquella pesadilla, comenzó a besarla apasionadamente mientras sus manos recorrían cada porción de esa suave piel que ya hubiese conocido con anterioridad. Sentía el calor de su cuerpo desnudo a través de la pequeña y delgada bata que apenas la cubría, sintiendo como su cuerpo se excitaba. La deseaba más que a cualquier otra cosa y comenzó a explorarla robándole suspiros de placer.
-Sigues- escucho una voz conocida tras de él erizándole la piel y embargándolo de terror- ¡Eres una niñita que no sabes como usarlo!- expreso Emerick, Draco se volvió a ver a Hermione que se encontraba llorando, no estaba disfrutando, se removía bajo él con el rostro ensangrentado y lleno de contusiones
-Ya no por favor Draco- gemía tratando de liberarse, Draco se levando rápidamente asustado ¿Qué había hecho? El no lo… el no podía… jamás le haría daño…
-No lo hice, no fui yo
-¿Los Malfoy son demasiado puros para mezclarse? Cerdo elitista- un rayo proveniente de la varita del mortífago impacto en su pecho inmovilizándolo- hazte a un lado- dijo babeante con esa expresión lujuriosa mientras se abalanzaba sobre el cuerpo de Hermione y comenzaba a ultrajarla
-¡¡NOOO!!- grito sin poder moverse, sufriendo con impotencia mientras Emerick desgarraba su ropa y la golpeaba- Bastardo de mierda suéltala
-Así me gustan, bien estrechas- y entonces ya no era Hermione sino el bajo el cuerpo del mortífago, completamente paralizado- te haré un favor y te enseñare a ser hombre
Automáticamente Draco despertó agitado y completamente bañado en sudor. Estaba temblando y todo le daba vueltas. Estaba desconcertado y temeroso, con la extraña sensación de que Emerick pudiera aparecer inmediatamente o de que volviera a caer en la pesadilla y seguir en lo mismo. Se incorporo lentamente hasta quedar sentado en su cama. Llevaba el pijama puesto y estaba cubierto hasta la cintura. No recordaba haberse desvestido así que supuso que su madre lo había hecho, tenia una vaga idea de haber llorado y después de eso no recordaba más.
Una vez repuesto del susto se volvió a tumbar en la cama fijando su vista en el techo. Tenia una sensación extraña, como si lo que viviera hubiera sido algo irreal, algo lejano al menos, pero no lo era y con solo recordar volvía a temblar. Recordó entonces a Granger en su sueño, ella era una sangre sucia y sin embargo le gustaba, la deseaba e iba en contra de todo lo que él era, un sangre limpia, un Malfoy, un mortífago. Su deber era exterminarla y sin embargo sabia que no podría, cuando se aproximaba al hogar de esos muggles no pudo evitar temer porque fuese la de ella, ¿y si hubiese sido ella? ¿Y si la hubiesen tocado a ella? ¿Hubiese tenido el valor para enfrentarlos? ¿Moriría por ella? ¡Merlín! Que todo eso terminara, que su plan funcionara, que su padre volviera. Se sentía tan desprotegido sin su consejo y a la vez sentía que todo era su culpa. En un par de días volvería a Hogwarts a pretender que era un estudiante común como cualquier otro, cuando en el fondo se sentía tan diferente, tan ajeno a ellos, tal vez como se sentía seguramente Potter, todo era su culpa, ¿Por qué no se enfrentaban de una vez él y el señor oscuro y se mataban mutuamente?
La cabeza le dolía y sentía su cuerpo entumecido a causa de los cruciatus recibidos y una debilidad que solo asociaba a la que le daba con la fiebre, toco su cara y la sintió hirviendo, estaba enfermando, si no moría por enfermedad lo haría a manos de algún mortífago e incluso del propio Voldemort, y si no, estaba seguro que enloquecería y se colgaría en algún baño del colegio… si tuviera el valor… porque a pesar de todo aun era un niño que temía a la muerte.
Volvió a cerrar los ojos tratando de apartar los recuerdos que consumían poco a poco su espíritu, estaba cansado, agotado y arto. Como le gustaría tener el valor de ir por ella para rescatarla de toda esa escoria y mandar todo a la mierda, pero no podía, ¡MALDITA SEA, NO PODÍA! El no era un maldito Gryffindor y tampoco era un mártir como Potter.
Sabia que en cuanto Emerick se repusiera buscaría vengarse en lo que mas le doliera, su madre no le preocupaba tanto por que contaba con la protección de Snape a quien Emerick temía, su angustia radicaba en ella, por que en cuanto el mortífago se enterara de lo importante que se había vuelto en su vida, y mas aun que era una sangre sucia, no se tentaría el corazón en hacer su pesadilla realidad ….lo había visto, esa aberración repugnante no podía ser llamado hombre y a pesar de necesitarla mas que nunca y que el pensar en ella le trajera paz a su alma, estaba mas que convenido de que aunque su corazón se desgarrara de dolor, ahora sí que tenía alejarse de ella….por su bien……
