A la mañana siguiente me las arreglé para pasar desapercibida. No tuve el valor de volver a ver a Erik ni por fortuna, y al parecer esta se encontraba de mi lado, ya que no me lo encontré ni cuando bajé a buscar un vaso de leche por la mañana ni al almorzar —lo que hizo cuando todos terminaron, prácticamente—. Luego de eso me dirigí hacia una de las muchas salas de estar que había en el segundo piso y encendí una pequeña radio, sintonizando algo de música tranquila.
— Buenas tardes, Mischa —me volteé y encontré a Moira en la puerta—. ¿Disfrutando de la estadía?
Resoplé, incómoda.
— Estoy aquí porque Charles me lo pidió —le expliqué. No me gustaba que los demás creyeran que me encontraba aquí como si fueran las vacaciones de mi vida. Algunas veces tenía problemas en mi interior al recibir cosas, regalos o privilegios de las personas, no sabía cómo actuar, supongo que Charles me ha repetido más de cien veces que me sienta como en casa, pero aun así deambulo por la mansión ocultándome de todos, a excepción de él.
No quiero sentir que molesto, no quiero sentirme inútil.
— Lo sé —me respondió Moira con una sonrisa—. Le he dicho que necesitas un respiro, sé que hizo bien en hacer que te quedaras…
— Moira, por favor, no me hagas parecer como si estuviera enferma —le pedí con tristeza.
— Mischa —se acercó y me acarició la espalda—. Eres mi amiga, odiaba verte ir de tu apartamento al trabajo y repetir la operación cada día de tu vida… por años.
— ¿Es por eso que me trajiste aquí? ¿Y Charles me dio un pago más que generoso por lo que hice? —la cuestioné, perturbada.
— El pago es proporcional a tu trabajo —me aseguró—. Por una vez disfruta de hacer nada, por favor —me pidió después con una mueca graciosa que me hizo sonreír muy a mi pesar.
— Estoy bien, Moira, estoy disfrutando esto —le mentí con mucha convicción, y ella me creyó.
Me dejó y caminó hacia la ventana, y a pesar de que la viera sonreír y hacerme caretas, también podía ver las ojeras bajo sus ojos y ese semblante siempre alerta que tenía desde que la situación con Shaw y los países se complicaba cada vez más.
— ¿Podría preguntar ahora si tú estás bien? —solté, observándola—. ¿Qué te tiene tan preocupada?
— Oh, todo… pero pasará —me aseguró y volví a verla sonreír—. Nunca se cansan —comentó, mirando algo a través de la ventana.
— ¿Quiénes? —curioseé, acercándome a ella. Desde donde estaba pude ver a Erik y Charles allí abajo en el jardín charlando. Erik llevaba un buzo de entrenamiento y Charles lucía como siempre—. ¿Entrenan?
— Sí —contestó Moira—. Sin embargo, nunca he entendido cómo Charles puede ser de ayuda en el caso de Erik, es decir, ha ayudado a todos los chicos, lo he visto, pero…
— Créeme, Erik lo necesita —bebí un poco del vaso de agua que había traído conmigo, Moira dirigió su mirada hacia mí.
— ¿Eres amiga de él o algo? —preguntó con una ceja alzada. Le agradecí mentalmente a Charles por la discreción, pues Moira parecía estar genuinamente confundida y curiosa sobre el asunto.
— No… —negué hasta con la cabeza— Lo digo porque todos aquí han mejorado desde que tienen a Charles, Erik no será distinto… creo —titubeé y me dediqué a seguir bebiendo agua en vez de continuar.
— Sí, puede ser —Moira miró su reloj—. Eh, voy a ir a buscar a los chicos, el presidente dará un discurso hoy y ya falta poco —la miré en silencio, comprendiendo que tenían que saber qué era lo que diría porque podría darles una pista entre líneas sobre Shaw. Después de que se despidiera con un breve 'Nos vemos', volví a mirar por la ventana y observé cómo Erik intentaba mover algo por la forma en la que extendía sus manos con las palmas abiertas, ¿Acaso era esa antena gigante que tenía en frente? Tenía que serlo ya que no veía nada más que pudiera mover.
Luego de un rato pude ver cómo se rindió, frustrado y cansado, con Charles a su lado, quien se acercó y le habló. Dejé el vaso en una mesita y me crucé de brazos, impaciente. Ambos charlaron, Charles se metió en su mente y Erik no protestó, a ese nivel llegaba su confianza en el otro; supuse que después de todo esto podría funcionar y Erik podría llegar a esos recuerdos que supongo que tiene muy olvidados en lo más profundo de su ser. Si es capaz de recordar que fue feliz ¿Podría cambiar su destino?
Fruncí el ceño cuando lo vi volver intentar, con las manos extendidas, mover aquella gran antena satelital. Llevé una de mis manos a mi boca y comencé a morder mis uñas, aún más impaciente que antes, teniendo que recurrir a una antigua mala costumbre como esa para aliviar la ansiedad que me causaba su éxito o fracaso en lo que estaban haciendo, me estaba importando más de lo debido.
Paré en seco con todo lo que hacía cuando, de pronto, vi que la gran estructura estaba girando hacia la mansión, hacia Erik, quien tenía una de sus manos extendida aún y temblaba. Abrí la boca ligeramente, maravillada, los poderes que él poseía siempre me habían llamado la atención, desde el día en el que los usó conmigo —cuando hizo algo así como una argolla rodear mi brazo desde un mueble metálico para que no pudiera escapar— hasta ahora. Estaba ante una muestra sorprendente de lo poderoso que era, pero no pude evitar pensar que había más, que él podía hacer mucho más y ya había descubierto el secreto para desarrollar todo su potencial a través de Charles.
¿Sería bueno? No lo sé, no podía saberlo.
Apenas respiraba del asombro cuando él, allí abajo, se dejó caer sobre la baranda de concreto y la antena ahora le daba la cara, lo había logrado pese al cansancio que supongo debía sentir en ese momento. Charles le palmeó la espalda, ambos reían, reí con ellos a la distancia sintiéndome absurda.
Pude escuchar a Moira llamarlos, no así verla, pero supuse que estaba cerca, el pequeño salón-biblioteca en donde se reunían quedaba a dos habitaciones de donde estaba, en el mismo nivel, así que escuché con claridad que les decía que el presidente ya estaba por hablar. Charles se dirigió de inmediato hacia adentro, pero Erik se quedó un momento más, sonriendo hacia la nada, y fue entonces que me encontró ahí, mirándolo desde aquella ventana cercana a la ventana desde donde Moira los había llamado.
Como por acto reflejo avance un poco más hasta casi tocar el cristal de la ventana con mi nariz. Él ya no sonreía, pero lucía sereno, más sereno de lo que nunca lo he visto y fui yo la que le ofrecí una sonrisa, pequeña, pero visible, la que me devolvió después de unos segundos.
Podría haberlo abrazado en ese momento, deseando que supiera todo el bien que podría hacer con esa cantidad de poder, pero era su elección, al final siempre sería su elección y me temo que en este caso eso tendrá consecuencias clave en el desarrollo de todo lo que viene, sea lo que sea que decida hacer en un futuro.
De un momento a otro, desapareció, siguiendo los pasos de Charles de vuelta hacia la mansión. Suspiré, tomé el vaso que había dejado en la mesita que había a mi lado, apagué la radio desde la que sonaba un blues antiguo y me fui a otro lugar, lejos de donde todos se reunían en ese momento para escuchar las noticias.
Algunas veces me sentía como un fantasma dentro de un gran castillo.
