¡Hola! ¡Siento haber tardado más de lo que dije en actualizar! Es que este mes ha sido… como de locos, no me lo tengáis en cuenta, por favor. De cualquier forma, aquí os traigo un nuevo capítulo cargado de sorpresas ;) ¡Espero que os guste!

Los personajes de Vampire Knight no me pertenecen, pero sí parte de la trama y sus OCs.


- Diálogos.

"Pensamientos"

Memorias/Flash backs/Sueños

Canciones

"Libros/Escrito"


Capítulo 7: El pasado comienza su avance

- … así que le dije a tu padre ¿y por qué no mañana, que es viernes? Al final acabó dándome la razón y aquí estamos – sonrió.

Su padre suspiró.

- Siento que hayas tenido que faltar hoy a clases, hija, no pude controlarla – dijo lanzándole una mirada de reproche a su mujer.

Fate caminaba cabizbaja por las calles de la ciudad en compañía de sus padres, vestida con unos vaqueros grises, una cazadora blanca y un pañuelo rosa pastel alrededor el cuello, colocado a propósito de forma que tapase… Se llevó una mano a esa zona del cuello, sobre el pañuelo.

- La verdad es que teníamos muchas ganas de verte – seguía hablando su madre.

En la mente de Fate, se reproducían aleatoriamente momentos de la noche anterior, momentos pasados con él, con Aidou, con el vampiro al que había cedido su sangre. Sonrió de medio lado. La verdad es que había sido una suerte que sus padres hubiesen optado por visitarla justo aquel día, era una casualidad fabulosa. De aquel modo, había podido salir de la academia sin el uniforme, pudiendo llevar el pañuelo, y ocultando así lo que había pasado entre ella y el rubio. Levantó la cabeza y les miró, entre feliz y cansada.

- Me alegro mucho de veros, no importa que pierda clases. Hoy va a ser un día genial – sonrió más ampliamente mientras su madre la abrazaba.

Realmente, se habían echado de menos mutuamente.


Llamó por tercera vez a su puerta en aquella mañana. Sabía muy bien que su primo odiaba que le despertasen durante el día, pero había venido el chofer a buscarle y, con la determinación que tenía la tarde anterior para marcharse, le extrañaba que no se hubiese ido ya.

- Hanabusa… – se llevó una mano al pelo, echándoselo hacia atrás con evidente paciencia.

Una puerta se abrió cerca de allí y Ruka salió en camisón al pasillo, mirándole sin entender.

- ¿Aún no ha salido? – Preguntó, con calma.

Akatsuki negó con la cabeza y se preparó a golpear una vez más la puerta mientras la vampira se acercaba también, pero, para sorpresa de ambos, ésta se abrió antes de tiempo y de ella salió una figura rubia con expresión de niño pequeño recién despertado.

El vampiro de ojos azules bostezó ampliamente y se frotó los ojos con los puños, con aspecto cansado.

- ¿Qué queréis a estas horas? – Preguntó con voz aguda.

Los otros dos vampiros se miraron el uno al otro, sin entender. Akatsuki suspiró.

- Pero, ¿tú no te ibas? ¿Qué haces aún en pijama? Ya tienes al chófer esperando abajo.

- ¡Ah! ¿Es por eso? Yo me ocupo – dijo estirándose y corriendo hacia la planta baja.

Se escuchó a Aidou hablando rápidamente al pobre hombre que intentaba replicar mientras era acompañado hasta la puerta, que se cerró segundos después, dejando al chófer con la palabra en la boca. Al minuto, el rubio volvía a estar arriba y entro en la habitación.

- He cambiado de idea, me quedo. Sé que no podrías vivir sin mí – sonrió a su primo mientras cerraba de nuevo la puerta.

Tuvo la sensación de que sus compañeros se miraban el uno al otro con evidente confusión antes de dar el caso por perdido y volver a sus dormitorios. Esperó hasta estar seguro de que se habían marchado antes de volver a tumbarse sobre su cama, esa cama cuyas sábanas aún estaban impregnadas de su olor. No pudo evitar que su típica sonrisa infantil iluminase su rostro.

- Aaah… al final todo se ha complicado de la mejor manera posible – murmuró, antes de volver a dormirse.


- Vaya, esta ciudad es mucho más bonita de lo que nos imaginábamos.

- Mamá, ¡lo has dicho ya por lo menos siete veces! – Exclamó Fate, mirándola con resignación.

- ¡Y las que le quedan! – Añadió su padre – Tu madre es de las que utiliza una misma frase hasta que se cansa de ella.

Ambos rieron y su madre puso los brazos en jarras.

- ¿Sí? Y, si tan listos sois, ¿podéis decirme también a dónde pensaba llevaros a comer?

El padre de Fate se acercó al oído de su hija y le susurró algún comentario gracioso que causó más risas en la joven y un mayor ceño fruncido en la mayor. El hombre se sintió culpable, pero no perdió la sonrisa mientras rodeaba a su esposa con el brazo y la atraía contra su pecho.

- No te enfades, mi amor, cualquier sitio que tú elijas nos gustará. ¿Verdad, Fate?

- Sí – sonrió.

La mujer sonrió también y los tres continuaron su camino hasta detenerse frente a un asador cerca de la calle donde se encontraba el bar de dulces al que solía ir Aidou. Fate se detuvo en la entrada y miró calle abajo, hacia la entrada del bar. Su madre lo notó.

- ¿Quieres que luego vayamos ahí? Hoy iremos a donde tú quieras, es nuestro día juntos.

Fate negó con la cabeza.

- No, esperaba ver a un amigo, pero hoy no parece haber venido.

Y, no obstante, sentía ese estremecimiento, aquella sensación gélida que le erizaba cada vello del cuerpo cada vez que estaba cerca de algún peligro. Sólo que esta vez no era un peligro mortal, como le pareció el día que la persiguieron por el callejón, o cuando el vampiro Noble la mantuvo presa bajo el agua. No, esta vez era una sensación de desconfianza, de sospecha. Pero la única persona que salió del bar fue un joven moreno, tal vez un par de años mayor que ella, que iba solo y cargando con una pesada mochila a sus espaldas. Nada anormal.

Fate sacudió el rostro y entró al asador poco después que sus padres, tratando de olvidar aquella sensación para centrarse en lo que sabía que era inevitable: el interrogatorio de sus padres. Cuando les trajeron los primeros platos y comenzaron a saciar su apetito, su madre sonrió en su dirección mientras se llevaba la copa de vino a los labios.

- Bueno, cuéntanos, Fate, ¿qué tal te tratan en la Academia Cross?

- Son todos muy amables, mamá. Comparto habitación con una chica que está un poco loca y no para de hablar, y la prefecta también es muy simpática, un poco hiperactiva quizás, pero es buena gente.

Su padre sonrió complacido hasta que su madre le preguntó por los chicos en el segundo plato y ella casi se atragantó con un trozo de carne.

- ¿Chicos? – Preguntó, sonrojada.

- Sí, hija, eso he dicho. Que los salones de clases sean mixtos es una novedad para ti, en tus anteriores academias no era así. Así que dime, ¿ya tienes novio?

"¿Novio?" pensó. No, no lo tenía, ni mucho menos. No era como si ella y Aidou estuviesen saliendo de ningún modo, lo suyo era… una atracción, podría decirse.

Una atracción que te acabará devorando.

A regañadientes, tuvo que admitirle a su conciencia que tenía razón. Volvió a mirar a su madre con la sonrisa mejor fingida que fue capaz de mostrar.

- Pues la verdad es que es agradable, los jóvenes de nuestro salón son todos muy educados y, los de la Clase Nocturna, son los más atractivos que jamás había visto antes – premio, aquella respuesta estaba segura de que contentaría por igual a su madre y a su padre.

- Entonces… ¿mi niña sigue siendo una niña? – Preguntó directamente su padre.

- ¡Papá! – Exclamó Fate, mientras su madre le daba una colleja al pobre hombre.

- ¡No me mires así! – Se excusó mientras se rascaba donde su mujer acababa de golpearle – Hoy en día los jóvenes son todos muy frescos y las mujeres muy confiadas. Sólo me preocupa saber si va a haber un aumento en nuestra familia en los próximos nueve meses.

- Está bien, está bien – saltó Fate, exasperada –. Papá: soy virgen. Problema resuelto – admitió, completamente roja de pies a cabeza.

Demonios, sabía que tratar con su padre el tema de los chicos iba a ser complicado pero, ¿tanto? Se dejó caer contra el respaldo de la silla mientras les servían el postre y la cuenta, y continuó hablando con ellos sobre qué tal les había ido en casa sin ella y cómo iba el trabajo de su padre.

Pasaron toda la tarde caminando por las calles de la ciudad hasta que ellos tuvieron que ir volviendo a donde habían dejado el coche, pues querían volver a su casa antes de que se hiciese de noche.

- Por cierto, Fate – comenzó su, madre mientras caminaban por la principal calle de tiendas del lugar –, ¿tienes suficiente ropa? ¿O necesitas comprarte algo más?

Una idea apareció por la mente de la castaña, que miró a su madre con una tímida sonrisa mientras le contestaba en voz baja, para evitar más comentarios vergonzosos de su padre.

- Pues la verdad es que necesito un vestido para ir a un baile. Un chico me invitó… y no tengo nada que ponerme – confesó, con las mejillas encendidas.

Su madre soltó una risita por lo bajo y miró a su marido de reojo.

- Mike, cielo, ¿nos puedes esperar en el coche mientras nosotras hacemos un último recado?

- ¿Qué recado?

- Algo de ropa, no creo que te apetezca venir – sonrió.

Su marido la miró, dándole la razón con la mirada.

- Desde luego que no, a saber cuánto tardáis. Os espero en el coche – sentenció, marchándose a paso tranquilo hacia el parking en el que habían aparcado al llegar a la ciudad con su hija.

Fate sonrió a su madre y ella le devolvió el gesto, cómplice.

- Gracias, mamá, no habría soportado otra charla sobre los hombres en lo que queda de día.

- Sabes que sólo lo hace porque se preocupa por ti – le comentó, mientras buscaban una tienda de vestidos.

- Sí, pero ya soy mayorcita, puedo cuidar de mí misma.

- ¿Sí? ¿Y entonces el arañazo de tu cuello a qué se debe?

El rostro de Fate pasó de su habitual color caramelo a un blanco aterrador.

- ¿Cómo…? – Se llevó la mano al cuello y comprobó que el pañuelo aún le tapaba la marca de los colmillos del rubio.

Su madre sonrió tiernamente mientras le colocaba el pañuelo de forma que no se viese nada.

- Se te cayó un poco durante la comida, no te preocupes. ¿Cómo fue?

- Pues… me golpeé con una rama en el patio – mintió.

- Ya veo, es normal, hay tantos árboles… pero es bonito, ¿no? Estudiar en un lugar tan natural…

Fate se fue relajando a medida que la conversación se alejaba de su cuello. Finalmente, encontraron una tienda de vestidos de fiesta que a ambas les pareció perfecta, y entraron a buscar su vestido. El vestido que llevaría para Aidou.


El silencio pesaba incómodamente en el interior del despacho del director, entre aquellos dos hombres de expresión seria.

- Así pues, ya lo sabías – dijo el más cercano a la puerta.

- Lo sospechaba, Yagari – afirmó el director.

El joven de cabello oscuro se sentó frente a su compañero y le miró largamente, esperando alguna reacción por su parte, pero no hubo respuesta. Suspiró.

- Desde que se reportó la presencia del Nivel E en la escuela, y el ataque del otro vampiro Noble, los de la Asociación se han puesto a investigar y saben que Fate Autumn estudia aquí.

Kaien Cross se quitó las gafas y suspiró largamente, apoyando los codos sobre su escritorio con expresión seria.

- Si esa información ya está en marcha, es muy posible que aquel que cazó a sus padres aparezca por aquí. Aunque me preocupa la presencia de los dos últimos vampiros… sólo vinieron a por ella.

- ¿Crees que el viejo Ichijou tenga algo que ver?

- El abuelo de Takuma tiene intereses en común con el director de la Asociación de Cazadores. Es más, sin ir más lejos, cuando me contaron del asesinato de sus padres y fui a hablar con el director… la niña estaba allí, y pero también estaba Ichijou.

- No me extrañaría que el director sepa más de lo que dice.

- No es trigo limpio – asintió –, pero no podemos hacer nada. Habrá que estar alerta para evitar más tragedias. Yo mismo se lo comunicaré a Kaname.

- ¿A Kaname Kuran? – Un sonrisa divertida se dibujó en el rostro del cazador – ¿De verdad crees que él no está al corriente de esto?

El director de la Academia Cross compartió una mueca con él.

- Sea como sea, tenemos una… llamémosla "buena relación". Ya sabes lo que opino de esto.

- Sí, sí – asintió el moreno, levantándose y disponiéndose a salir del despacho –. Aún sigues creyendo posible la convivencia pacífica entre humanos y vampiros.

Cerró la puerta con un golpe seco que dejó helado el interior de la habitación, haciendo que la mirada del director se entristeciese mientras su hija adoptiva, Yuuki, entraba minutos después.

- ¿Director? ¿Ocurre algo?

El director se deprimió aún más.

- Es "papá" – sollozó, llorando exageradas lágrimas sobre su mesa.


Tal y como se esperaba, cuando las chicas le vieron caminar hacia sus clases junto con el resto de sus compañeros, más de dos y más de tres de ellas se le acercaron llorando de alegría, emocionadas de que hubiese logrado superar su "enfermedad" tan rápido.

- Y me pregunto cómo… – le dejó caer su primo según se sentaban en sus pupitres en clase.

Aidou, ya recuperada su actitud desenfadada, le dedicó unos morritos ofendidos y sonrió tan feliz como un niño pequeño.

- ¡Hoy es un día genial!

La sangre de Fate, la sangre de una humana, corría por su cuerpo, alimentándolo de un modo en que las pastillas de sangre ni podían asemejarse. Él era consciente de que su vitalidad en gran parte se debía a eso, pero estaba seguro de que sus compañeros no sospecharían y pensarían que, simplemente, volvía a estar como siempre. Su primo suspiró.

- Eres un bicho raro.

- ¡¿Qué?! – Saltó, ofendido.

- Ya vale, vampiros.

Ambos se detuvieron a mirar a su profesor, el cazavampiros Toga Yagari, que comenzaba con calma a impartir su lección. Pero, de algún modo, su mirada era la única que le incomodaba, como si supiese exactamente qué era lo que había hecho la noche anterior.

- ¿Es eso posible? – Se preguntó a sí mismo, mientras tomaba apuntes.

No, quería creer que no, que si Kaname no se había dado cuenta y no le había dicho nada… ¿cómo iba a saberlo un simple humano? Y con ese pensamiento, continuó atendiendo en clase, hasta que cayó en la cuenta de algo que ya le mantuvo ausente por el resto de la noche. No la había visto en el cambio de turnos y sus amigas tampoco sabían dónde estaba. Así pues…

¿Dónde estaba Fate?


Si tuviese que calificar su compra del uno al diez, su madre le pondría un quince. Pero ella… no estaba convencida. Suspiró mientras esperaba a su madre, que se había quedado probándose un vestido, en la calle, mirando las estrellas que ya comenzaban a verse en el cielo cada vez más oscuro. Miró de nuevo el vestido que llevaba en la bolsa que le colgaba del brazo y maldijo por lo bajo.

- Anda que… siempre se sale con la suya – murmuró, refiriéndose a su madre.

Y de pronto, de nuevo aquella sensación. Se sentía como un ratón que sabe que todas las puertas de su madriguera están siendo vigiladas por gatos hambrientos que querían comerle. Era una sensación sofocante. Se giró bruscamente al sentir una descarga, como un aviso final de que aquello que fuese que la incomodaba, estaba justo detrás de ella, y así fue.

En la parte más alta de la calle, por donde el sol se estaba ocultando, podía ver acercarse a un joven que le resultaba extrañamente familiar. Era alto, tenía el pelo corto y levemente ondulado, de color castaño. No podía verle bien el rostro, pues caminaba cabizbajo, mientras cargaba una enorme mochila a la espalda y llevaba las manos en los bolsillos.

"¿Quién es…?" sus ojos azules no podían apartarse de él. Sentía su corazón agitarse y al viento alborotando su cabello avellana sobre su espalda, mientras el desconocido continuaba caminando en su dirección, estando cada vez más cerca de ella. Cuando estuvo a unos veinte metros de la joven, el chico levantó la mirada y la plantó en ella. Al principio la vio con normalidad, que poco a poco se fue transformando en sorpresa y un leve toque de… ¿arrogancia? Como si la hubiese estado buscando pero no esperase haberla encontrado precisamente allí.

- Hola – saludó él.

Su voz era suave, pero sus ojos oscuros le daban escalofríos.

No te fíes.

Esta vez, Fate estaba completamente de acuerdo con su conciencia: aquel muchacho no inspiraba confianza.

- Hola – dijo, cortante, sin apartar la mirada.

El chico avanzó un par de pasos más y sonrió.

- Así que… estabas aquí… Llevo mucho tiempo buscándote, Fate.

Ella alzó una ceja.

- ¿Cómo sabes mi nombre?

Él sonrió de medio lado mientras suspiraba, como si se hubiese esperado justamente aquella respuesta.

- Ya veo, así que es cierto… no me recuerdas, ¿eh? – Comentó, con mirada triste pero sin perder la sonrisa.

- ¿Debería? – Preguntó ella, cada vez más incómoda, deseando que su madre apareciese cuanto antes y la sacase de allí.

- Bueno, es normal, aunque no hubiese pasado eso... sólo tenías tres años cuando nos presentaron. Yo tenía seis – la informó con una feliz sonrisa. Al ver que ella seguía sin reaccionar, se acercó del todo y la sujetó con suavidad por los hombros –. Fate, yo soy… tu prometido. Tus padres biológicos nos prometieron.


Continuará…

mvgb96: Jajaja no me pidas perdón por insistir, si la culpa es mía que he tardado un montón, lo siento :) Espero que te haya gustado el capítulo y haya valido la pena la espera. ¡Gracias!

Aoko95: Jajaja madre mía, me siento en peligro de muerte después de haber tardado tanto, lo siento. Espero que no me mates y que te guste el capítulo xD. ¡Gracias!

Cana Lawliet-san: No sabes hasta qué punto estoy de acuerdo contigo en eso de que se ha parecido a Yuuki, pero ¿sabes qué? Había escrito esa escena por lo menos tres veces y en unas ocasiones parecía "Crónicas Vampíricas", en otras "Crepúsculo", en otras era muy "Yuuki"… así que al final lo mandé a paseo y escribí lo que me salió pensando en el carácter de ambos personajes xD. Y me alegro de que al final te gustase :) (Yo también odio a Yuuki a muerte ¬¬) xD. ¡Gracias!

Hikari-Moonlight: Geniaaal, me allegro de que te haya gustado el fic, espero no haber tardado demasiado (ya sé que sí, pero bueno, yo lo siento). ¡Gracias!

alexita: sí, no me voy a saltar nada de lo que haya salido en la serie, siempre me baso en ellas a la hora de hacer los fics :) Aquí tienes la continuación, ¡gracias!