7.- Siom

Había nacido en una casa grande, llena de lujos, en la familia más importante de Arabia en esa época.

Era una niña, había nacido una sana y hermosa niña a pesar de que a la madre le habían dicho que nunca podría tener un hijo sano. Al menos parecía bastante sana al nacer pero a los días comenzó a presentar síntomas extraños.

(YouTube/ watch?v=DNjalZx16Lw) Estar en la misma habitación que ella era difícil, pesaba el aire, costaba respirar y ella parecía estar siempre triste. Su madre por otra parte se había deprimido al nacer la pequeña y aunque los médicos y curanderos le habían dicho que era perfectamente normal por el esfuerzo, la depresión nunca pasó. La mujer solo quería tener a la niña en brazos, arrullarla y acunarla, pero eso significaba que casi no comiera ni bebiera nada.

Enfermó, y cuando la niña pudo sostenerse en pie por sí misma, la madre murió.

El padre sufrió una desilusión terrible y cayó presa de la desolación. La niña por su lado tomó fuerzas y salud, y aunque todos estaban tristes por la pérdida de la señora, centraron su atención en la recién nacida.

El padre también se adsorbió en la pequeña y comenzó a complacer cada capricho que tenía, desde el más pequeño y ridículo hasta el más complicado y extraño. Y así fue como ella llegó a la adolescencia, siendo una princesa en Arabia.

Muchos la cortejaban y trataban de pedir su mano pero ninguno la conseguía sintiéndose así desdichados y en pena. Todo lo que rodeaba a la pequeña no era más que la desolación y la pesadumbre, no muchos pretendientes duraban mucho cortejándola pues la sensación de desesperación y ausencia era demasiada como para poder permanecer a su lado al grado en que muchos llegaron a comentar "Pobre de aquel que logre conquistarla y caiga en la desdicha que la rodea"

Estaba en su habitación, miraba por la ventana consiente de que no pasaría la noche. Se había enfermado de tristeza, o al menos eso le habían dicho los médicos de su padre. Miraba la luna, casi segura de que le había hablado, y un instante después, otro susurro sonó en su oído. Era aterrador pero a ella no la inmutaba. Casi lo deseaba con ansias.

Entonces escuchó una palabra que sí entendió.

—SIOM.

Sintió aquella palabra casi como una caricia.

— ¿Quién anda ahí?

—Siom.

—Responde. —No la veía pero igual sabía que estaba en su habitación. Sabía que se trataba de una mujer que la miraba desde la oscuridad de su hogar.

—Sabemos quién soy, la pregunta es si queremos saber quién podrías ser.

—Escucho.

—Podrías ser la desolación en persona.

—Lo soy.

—No, solo la llevas contigo, pero no lo eres.

—Mi madre murió por mi causa, ¿Qué más desesperación puedo aspirar a ser?

—Solo la llevas, no lo eres. Pero yo te puedo ofrecer serlo.

—Moriré al amanecer, muchos sufrirán por eso y la desesperación en sus corazones no tendrá punto de comparación.

—Puedes hacerlos sufrir aún más. Podrías hacerlo peor.

— ¿Qué puede ser peor para un padre que ver a su hija morir por una enfermedad?

—Ambas lo sabemos. —Dijo desde el marco de la ventana, Mara pudo ver la sombra de una mujer.

— ¿Quién eres?

—La dama en las sombras. Enemiga eterna del hombre de la luna. Y la única capaz de darte lo que no posees… el poder eterno e ilimitado de causar desgracia y desdicha.

—Nadie puede dármelo.

—Yo puedo. —Dijo volviéndose una sombra más marcada.

— ¿Qué tengo que hacer?

—Ambas lo sabemos.

En ese instante, la joven miró la ventana y sintió un escalofrío. Lo único que podía ser peor que verla morir por una enfermedad era verla quitarse la vida. La caída no era tan profunda pero estaba lo suficientemente débil como para no sobrevivir, ella lo sabía.

—No te voy a dar el beneficio de la duda.

—Quieres más que nada ser la desdicha en persona.

—No te puedo creer.

—Pitch. —Murmuró casi como un ladrido.

De entre las sombras, un hombre vestido completamente de negro, con la piel en tonos de gris y expresión aterradora se materializó de la nada frente a la niña, aunque lo natural sería creer que ella se sintió aterrorizada al verlo, en realidad lo que pasó fue que él sintió la desolación.

—Vaya si no sería una buena adquisición.

— ¿Quién es él?

—El miedo en persona. Todos me llaman Pitch Black.

—Mara.

—Un placer.

—Fue uno de mis primeros sirvientes. Y tú puedes ser la más fuerte.

Pitch sintió un escalofrío al escuchar aquella voz y miró horrorizado a la niña sabiendo que debía ser lo suficientemente importante como para que la dama en las sombras le hablara.

Mara avanzó hacia la ventana y con ayuda de Pitch se subió al marco. Vio el amanecer y a su padre salir al jardín con los visires, así que sonrió ampliamente antes de lanzarse.

Sintió cómo la sombra que antes había estado en su habitación, se le metía en el pecho y justo antes de caer, la oscuridad se adueñó de su conciencia.

Lo que su padre vio le partió el alma; los visires acababan de decirle de una cura para la rara enfermedad de la pequeña pero el grito de un visir lo alertó a tiempo para voltear la vista y ver el cuerpo de su hija azotarse contra el suelo violentamente, ya sin vida. Su grito fue tan desgarrador que quienes lo acompañaban no pudieron hacer otra cosa que llorar en silencio.

Se hicieron los funerales más hermosos y gloriosos vistos hasta ese entonces y el día que iban a sepultar a la niña, el cuerpo desapareció.

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—Mara. —Llamó Pitch con voz forzadamente dulce.

—No me llames así. —Exigió Siom.

—Ese era tu nombre.

—No te importa.

—No me respondías, tenía que hacerte caer en la realidad.

—Ya estoy aquí. ¿Qué quieres?

—Pareces muy tranquila… Pensé que querrías aprovechar la ocasión, los guardianes humanos están solos.

Siom volvió la mirada al nuevo espejo traído por Pitch y sus pesadillas y suspiró al ver a Caleb, Kayla y Julie caminando hacia la estación del tren.

—Me encargaré más tarde. Por ahora quiero pensar.

— ¿Qué piensas?

—Trato de recordar cómo me volví Siom.

— ¿No lo recuerdas? Eras tan joven y tan hermosa… No digo que ahora no lo seas, solo digo que una belleza árabe de ese poder…

— ¿Cómo era? —Interrumpió sin mostrar ninguna emoción. — ¿Fui feliz alguna vez?

—No. —Dijo Pitch con sinceridad. —Eras muy codiciada. Una princesa árabe a la que todos querían poseer, pero pocos podían estar cerca de ti por mucho tiempo. Siempre tuviste esa aura de desesperación y desolación a tu alrededor.

—Vete por favor. —Pidió en tono triste.

—Como digas. Grita mi nombre si me necesitas.

Siom cerró los ojos con fuerzas y se aferró al único recuerdo que tenía con antelación. Era de ella misma, viendo su rostro en el reflejo de la plata. Piel morena, cabello negro, ojos almendrados y verdes hasta lo imposible, pero también demasiado triste como para sonreír siquiera.

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—Recuérdenme por qué vamos a un Karaoke. —Repitió Julie por enésima vez.

—Te toca explicárselo. —Dijo Kayla ofuscada.

—Espera a que lleguemos y te lo explico.

—Ya llegamos. —Dijo la chica señalando el lugar.

—Hablo de que nos asignen mesa y eso. —Un mesero salió a escoltarlos hasta su mesa y ya ahí, Caleb miró a Julie. —Mira a tu alrededor y dime qué vez.

Tras una breve ojeada, miró a Caleb y murmuró —Adolecentes jóvenes, en su mayoría. Una que otra pareja.

— ¿Crees, sinceramente, que alguno de ellos cree en los guardianes?

—No.

—No, están demasiado ocupados en aplaudirle a sus amigos y burlarse de los que vienen en otras mesas. Solo están aquí por un rato de diversión a veces malsana.

—Claro que no podíamos hablar en mi cuarto porque ustedes…

—Julie. —Interrumpió Kayla. —Tu madre habría estado entrando al cuarto cada cinco minutos ofreciéndonos galletas y leche. Y no queremos que Jamie se entere de nuestro predicamento… ¿O sí?

—No, es verdad. ¿Qué pasa?

—Pitch Black me atacó directamente. Por órdenes de una tal Siom.

—Escucho. —Murmuró Julie repentinamente alerta.

—Escuché a Aster llamarnos "Los guardianes humanos" —Dijo Kayla con orgullo. —Siom y Pitch nos temen más de lo que temieron a Jack en su momento. Yo puedo manipular un poco la naturaleza y estoy aprendiendo a usar los túneles de conejo. Caleb a veces levita. Y sabe pelear con espada y esas cosas. Sé que tú tienes dominio sobre el frio y que podrías hacer más cosas…

—Hay que desarrollar nuestras habilidades. —Sentenció Caleb serio. —Debemos saber defendernos para poder defender a nuestros guardianes. Todos tenemos a alguien a quien queremos defender. ¿No es así?

—Sí. Así es. —Murmuró Julie pensando en Jack. —Hay que fijar un lugar para hacerlo.

—El parque. —Sugirió Kayla. —Los guardianes siempre juegan ahí con los otros niños y…

—Exacto, por eso no puede ser ahí. —Murmuró Caleb molesto.

— ¿Entonces?

—Las azoteas de mí departamento. Son muy amplias.

—Pero hay dos o tres edificios que son más altos que el tuyo, y los vecinos del último piso podrían ver que algo no anda del todo bien. —Refutó Kayla.

—Entonces sugiere otro lado…

—El lago. —Exclamó Julie. —Nadie va ahí salvo los niños. Y a ellos nosotros podemos decirles que no se acerquen.

— ¿Sí, con qué escusa? —Contradijo Caleb.

—Siom planea atacarlos ahí.

—Pero eso no nos consta.

—Ni a ellos… Y eso nos da ventaja.

—Ella tiene un punto. —Admitió Kayla.

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Sandman miraba embelesado los sueños de una joven de dieciséis años. Sonreía al saber que ella le veía tan claramente cómo veía su propio reflejo en algún espejo, sin embargo no pudo evitar sentirse triste al saber que no pasaría de aquella noche. Estaba grave de pulmonía y aunque los doctores la habían ayudado bastante, ella ya estaba demasiado débil como para sobrevivir al frío.

Sonrió al verla sonreír y al ver que la arena sobre su cabeza tomaba su forma, la de ella y la de él. Pero sonrió más ampliamente al ver que la pequeña de arena lo miraba a él directamente. No al Meme de su sueño sino a él mismo.

Como si no hubiera estado dormida, la pequeña se sentó y miró en dirección a donde Sandman había estado hasta unos segundos atrás, sin embargo, el guardián de los sueños había salido de la habitación tan rápido como sintió a la pequeña despertar y ella asintió a sabiendas de que él no estaría ahí.

Con los cabellos enmarañados alrededor de su cabeza, ella miró alrededor suyo y sonrió haciendo que la arena que descansaba en su cama se levantara y tomara la forma del rostro de Sandman.

Lo amaba. Distinto de como amaba a sus padres o a sus hermanos. Lo amaba.

Miró por el marco de su ventana a la luna llena. Sonrió al sentir sobre su mejilla una caricia protectora y sonrió aún más al escuchar aquella voz dulce y paternal murmurar. —Sandy…

—Sandra ¿Todo bien? —Se escuchó la voz de alguien en la planta baja. Ella golpeó dos veces el suelo y luego miró al astro de nuevo.

— ¿Estás dispuesta? —La pequeña asintió con la cabeza y tras hacerse una trenza bastante holgada en el largo cabello color camello, y ponerse un vestido a las rodillas y unas botas de invierno, se sentó en el suelo frente a la ventana y esperó con paciencia a que la enfermedad acabara con sus pulmones. —No dolerá… lo prometo.

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Sandman sonrió desde su nube de arena al ver cómo los sueños de los niños se levantaban con fuerza y poder y sonrió aún más al ver cómo cambiaban por sí solos, denotando así que los niños ahora creían más que nunca.

Cambió su atención hacia atrás, vio a un trio de jóvenes dirigiéndose a la estación del metro y creyó reconocer a Caleb, pero lo que había llamado su atención no eran ellos sino el mal que se dirigía hacia ellos.

Siom.

Sandman se lanzó hacia ella justo a tiempo para detenerla en su deseo de atacar a los guardianes humanos y aunque trató de atraparla con sus látigos de arena, no lo consiguió. Solo fue capaz de ahuyentarla. — ¡Meme! —Gritó Julie antes de lanzarse a sus brazos. Sandman la abrazó también y luego miró a los amigos de la chica, saludando cortésmente. Después volvió su atención a Julie y comenzó a hacer aparecer símbolos sobre su cabeza para interrogarla. —No Meme, no tengo idea de qué quiera de nosotros. —El guardián la miró con sarcasmo y luego ella bajó la cabeza apenada. —Supongo que tú ya sabes lo de los guardianes humanos. ¿No? Su problema es personal. Siom y yo somos viejas enemigas. —Murmuró voleando hacia arriba la mirada. — ¿Qué es eso?

Caleb y Kayla levantaron la mirada y vieron una estela parecida a la de Sandman solo un poco más rojiza que la suya.

— ¿Son tus sueños? —Interrogó Kayla.

Meme negó con la cabeza y luego miró a Julie.

—No son míos. —Meme hizo unas señas para Julie, quien asintió para luego mirar a sus amigos y decir. —Vámonos antes de que Siom vuelva. No queremos meternos en problemas.

Los tres chicos se metieron a la estación del metro dejando a Sandman solo, él volvió la vista al cielo y esperó paciente.

Una nube color camello con brillos rojizos se materializó frente a él y se disolvió dejando aparecer la figura de la chica que antes había visitado. Sandman abrió la boca de golpe sin poderse creer que la niña fuera…

Ella hizo señas con las manos, mismas que Meme contestó con símbolos sobre su cabeza y tras un breve intercambio de señas, él sonrió mirando la luna y formó una serie nueva de símbolos sobre su cabeza, mismos que significaban: "Ellos sí y yo también, ¿No?"

—Seamos justos Meme. —El guardián rio en silencio y volvió a ver la luna. —Su nombre es Femei… Sandy Femei. Significa "Mujer de arena", Me pareció un lindo detalle hacerlo de esa forma.

La pequeña se encogió de hombros sonrojada cuestión por la que Meme hizo aparecer un corazón sobre su cabeza y le ofreció una mano, misma que ella aceptó sonriéndole y comenzando a aparecer una pequeña nube bajo ellos.


Ok, pues un pequeño paréntesis en la historia, quise subir un poco más de información acerca de Siom dado que nunca la presenté "oficialmente"

De verdad lamento MUCHÍSIMO la tardanza, es solo que el trabajo me tiene demasiado abstraída, jamás pensé que me tardaría tanto en actualizar. Disfruten este capi y ya tengo la idea del siguiente, espero subirlo la próxima semana, le falta mucha estructura.