Inuyasha y sus personajes no son de mi propiedad, son de la grandiosa Rumiko T.
Notas:
"Lo que esta entre comillas" son pensamientos.
—Lo que esta entre guiones son diálogos—
Lo demás son narraciones mías.
—Soñé de nuevo con la muerte de aquella mujer, fue horrible, ella caminaba sola por un jardín, el híbrido le dio un golpe directo al corazón y ella cayó al suelo; pero muchas cosas cambiaron ya, tal vez debido a que usted aceptó escucharme. —Ella continuaba abrazada de sus rodillas y con la mirada hacía abajo.
— ¿Eso es todo? —
—No, vi a otra mujer…—
— ¿La asesinan también? —La interrumpió y ella negó con la cabeza.
—No, dijo que era la creadora de la perla de Shikon—
—Ella ya esta muerta—
—Lo imagino—
— ¿Eso es todo? —ella asintió, no quiso contarle que había visto su propia muerte. —Entonces, hasta nunca humana y le sugiero que no intervenga en este caso—Sesshoumaru había subido un pie sobre el marco de la ventana, listo para salir volando.
—Lo siento, pero eso será imposible, ya que debo intervenir al igual que otros humanos lo harán—Dijo en voz baja, pero él la escuchó perfectamente y arrugó el ceño con disgusto, esa era una idea que no le agradaba de ninguna forma.
Sesshoumaru saltó fuera de la habitación, pues se había dado cuenta de que Inuyasha le esperaba no muy lejos del templo y decidió ir a encontrarlo. Caminó despacio y con elegancia hacia donde su medio hermano estaba, no era que tuviera algo que decirle, ni que le importara lo que Inuyasha tuviera que decir, sólo quería verlo molesto, tener algo de diversión, después de todo el embrollo con esa mujer, le parecía atractivo.
Inuyasha estaba recargado sobre su auto, sabía que Sesshoumaru detectaría su esencia y que lo iría a buscar, así como sabía perfectamente que él se había dado cuenta de su presencia en el cuarto de Kagome y estaba seguro que se lo echaría en cara, apretó con fuerza sus puño cuando su nariz percibió el aroma de su hermano mezclado con el de ella, nadie más podía ser tan cínico como él.
Una imperceptible sonrisa se dibujo en los labios del demonio, al oler la sangre que brotaba de los puños del hanyou, también su olfato pudo captar la adrenalina corriendo por las venas del híbrido, no necesitaba decirle nada para molestar a su hermano, pues Inuyasha ya lo estaba, así que al pasar cerca de él lo ignoró y continuó caminando.
— ¡Basura! ¡No te basta con querer quitarme a Colmillo de Acero, ahora quieres quitármela a ella! —
Sesshoumaru se detuvo y lo miró de reojo.
— ¿Quitártela? —habló con sorna—No se de que hablas—
— ¡No te hagas el idiota! Hablo de Kagome—gruño furioso.
— ¿Kagome? … no la conozco—
— ¡Bastardo! ¡Sabía que sólo quieres jugar con ella para molestarme!—
—Hasta donde yo sé, el único bastardo aquí eres tú, y si hablas de aquella humana, no te debo explicaciones, en todo caso exígele a ella, no a mí—Y se convirtió en una bola de luz y se fue inmediatamente de allí, dejando sólo a Inuyasha con su coraje.
Inuyasha se sintió impotente en ese momento. ¡Cómo deseaba haberle dado una buena paliza! Sin embargo, Sesshoumaru sólo se burló y se largó.
Sin pensarlo más corrió de nuevo al templo y saltó hasta la ventana y entró de nuevo a aquella habitación.
Kagome continuó abrazada a sus rodillas por unos instantes, después se levantó y caminó hacia su tocador y miró con tristeza su propio reflejo.
—A toda acción corresponde una reacción ¿Verdad?— se sentó en la pequeña silla que estaba frente al espejo —Inuyasha se salva y yo muero, tal vez si yo…escapara—una lucha interna se desataba en su interior, todo era provocado por el miedo a morir—no puedo, no si alguien más sale herido— se reprendió.
—Kagome…—su nombre fue pronunciado en un suave susurro.
— ¡Inuyasha! — Sonrió feliz de verle, aunque estaba contenta de saber que él ya no moriría estaba triste por su propia muerte. Se apresuró hasta donde él estaba, pero al ver el semblante molesto del híbrido se detuvo inmediatamente. — ¿Sucede algo Inuyasha? —
— ¿Por qué él? —Preguntó dolido.
— ¿De que hablas? —le miró confundida, ella no sabía nada de el gran olfato de su ex novio, así que imaginó que Inuyasha había visto aquel beso accidental que le había dado a su medio hermano, más no sabía que Inuyasha había visto cuando el demonio plateado estaba inclinado sobre ella dándole respiración de boca a boca e imaginó otra cosa. Kagome se sonrojó violentamente.
—Cínica—contestó molesto.
— ¿Cínica? ¿Me estas reclamando? —Preguntó indignada— ¡No tienes derecho a reclamar!—
—Es verdad ¡Pero yo no te estoy reclamando nada!—
— ¡Sí lo haces! —
Inuyasha cayó en cuenta de que era verdad.
—No mal interpretes las cosas, sólo estoy preocupado por ti, Sesshoumaru es un tipo demasiado peligroso y además odia a los humanos—
Kagome también trató de tranquilizarse.
—Él sólo estaba aquí porque quería saber más acerca de mi sueño—
— ¡Esas son excusas! —gritó enardecido. —No me digas que Sesshoumaru vería tus sueños metiéndote la lengua hasta el cerebro—
Kagome retrocedió un par de pasos, jamás había visto a Inuyasha de esa manera.
—Desde que tengo uso de razón, él siempre ha intentado quitarme lo que es mío—su tono de voz era elevado.
— ¡¿Lo que es tuyo? —Trataba de entender lo que el hanyou acaba de decirle.
—Como no puede quitarme la herencia de mi padre, ahora quiere molestarme contigo—
— ¿Lo que es tuyo? —volvió a preguntar.
— ¡Si! pero no lo va a lograr, que ni crea que me pelearé por una humana, antes…—un sonido fuerte resonó en la habitación, una marca rojiza en forma de mano quedo en la mejilla de Inuyasha, quien sólo apretó la mandíbula mientras miraba a quien lo acababa de abofetear.
— ¡Que te quede bien claro Inuyasha! ¡Tú me dejaste por irte con mi prima! —Señalaba molesta con su índice—Ya no soy tuya ¿Crees que por habernos acostado un par de veces significa que soy tuya para siempre? ¿Aun cuando te revuelcas con mi prima Kikyou? ¿Crees que no me ha dolido todos estos años? —apretaba sus puños con rabia. —Es mi prima Inuyasha y no te importó, de todas las mujeres con las que pudiste haberme engañado…—comenzó a llorar fuertemente— ¿Por qué ella? Era como mi hermana—cubrió sus ojos con ambas manos.
—De eso se trata…por eso sales con mi medio hermano, tratas de vengarte—
— ¿Estas loco? —lo miró con furia—Ya te lo había dicho ¡No eres tan importante como para que yo busque venganza! —
—Tu actitud me demuestra lo contrario, no pudiste haberme olvidado así de fácil, fui el primer hombre en tu vida—dijo lleno de orgullo.
—Eres un idiota—sonrió con desgano—Tal vez fuiste el primero, pero cuando me abandonaste dejaste de ser el último, deja ya por favor de venir a mi casa con tus aires de machito y por favor Inuyasha, sal ahora mismo de mi casa—Se dio la media vuelta para no verlo.
— ¡No lo haré! Si tienes más cosas que decirme, hazlo de una buena vez—
— ¿Qué es lo que quieres escuchar Inuyasha? ¿Qué actué igual que tú? ¿Qué me acosté con tu hermano? —Sus palabras estaban cargadas de rencor—y si así fuera, no traicioné a nadie, yo no tengo novio a quien serle fiel, además Sesshoumaru es un hombre atractivo, soltero y me gusta—Dijo sin pensar, ni sentir aquellas palabras
Inuyasha se había quedado sin argumentos.
—Vete de mi casa—Mascullo con tristeza. Ella caminó hacia la salida de su habitación y al llegar a la puerta se detuvo un instante—Y dile a Kikyou que no la envidio, que ambos se merecen el uno al otro, son tal para cual—Y salió de la recámara.
Inuyasha se quedó inmóvil por unos segundos y nuevamente dañó sus manos al presionarlas contra sus afiladas uñas de hanyou, luego de controlarse un poco, decidió irse, pero las cosas no acabaron allí, Inuyasha tuvo el impulso de ir a enfrentar a su medio hermano.
Kikyou estaba ansiosa, era la primera vez que sentía miedo de perder a Inuyasha, desde que Kagome apareció nuevamente él había estado actuando de manera extraña y poco coherente para su gusto, se sentía celosa e insegura de sí misma, iba de un lado a otro tratando de conciliar el sueño y cada cinco minutos miraba el reloj que estaba en la pared, sentía que el tiempo no corría y cuando este marcó las dos de la mañana, temió lo peor, Inuyasha había regresado al lado de ella, después de todo, cuando lo obligó a dejarla, él la amaba y posiblemente nunca dejó de hacerlo y ahora ella estaba pagando las consecuencias de sus actos. Caminó hasta la alacena y tomó una botella y una copa, sirvió en esta una pequeña cantidad del líquido ambarino, pensó que tal vez eso la relajaría aunque fuera un poco.
Sesshoumaru había llegado a su casa mientras todos dormían, ni siquiera el mismo Jaken lo había recibido, fue hasta su biblioteca, en uno de sus muros había una caja fuerte, de la cual sacó su viejo Colmillo Sagrado, pensó que pronto tendría que utilizarlo.
—"Estoy seguro que es Kagura, su esencia es un poco parecida a la del asesino—miró su reflejo en la espada" —y por lo que dijo esa mujer…—Sesshoumaru se estremeció por un instante al recordar el dulce sabor de los labios de la psicóloga. Movió su cabeza ligeramente de un lado al otro, pues el jamás se permitiría caer en el mismo error que su padre y su hermano, estaba molesto consigo mismo y con ella también, aspiró profundamente el aroma de la mujer que estaba impregnado en toda su ropa y hasta en él mismo.
Nuevamente colocó la espada en su lugar y pensó que un buen baño sería lo ideal para borrar aquella esencia, la cual era suave y agradable a su olfato, pero no así la sensación que esta le causaba, era extraña y un tanto inquietante y algo incómoda, la misma sensación que tuvo cuando ella tuvo la osadía de besarlo soñando que era Inuyasha, eso era un insulto a su persona, giro los ojos molesto y fastidiado, pues el sabor de su boca aun estaba en la suya, mas había algo en aquel beso que le inquietaba aun más que el hecho de haberlo tocado, algo que no le permitió reaccionar cuando vio que ella se acercaba a hacerlo, en una fracción de segundo pudo ver en su rostro la agonía y el dolor y por otro lado alivio y felicidad de ver a Inuyasha en él, pero en ese beso pudo sentir…sacrificio.
Abrió la llave para dejar correr el agua en la tina, pero nuevamente la esencia de Inuyasha llegó hasta su olfato.
—Mph ¿Acaso se atrevió a entrar a mi casa? —Cerró de nuevo la llave y siguió el rastro del hanyou, quien ya estaba esperándolo en la biblioteca.
—Inuyasha, más de cuatro siglos sin verte y en menos de dos días ya te he visto tres veces—habló sin emoción alguna — No me digas que ahora extrañas a la familia, híbrido—
—Déjate ya de estupideces Sesshoumaru, sabes muy bien a que vengo—
—No, no puedo imaginármelo, pero sé que mueres de ganas por escupírmelo en la cara—
—Quiero que la dejes en paz—
— ¿Eso es una orden? —
—Tómalo como quieras—
—Me sonó más a una súplica—
— ¡Ya te dije que te lo tomes como te de la gana, pero a ella la dejas en paz!—
— ¿Quién eres tú para prohibirme a mí que hacer? —
—Siempre has querido a Colmillo de Acero, pero como nunca lo podrás tener la quieres a ella—
—Escúchate Inuyasha, eres tú quien dice estupideces, ella no es tuya, hasta donde yo sé—habló con sorna provocando aun más la ira de Inuyasha.
— ¡Eso no te incumbe Sesshoumaru, ella me ama a mí, ella sólo quiere darme celos!—Inuyasha sonrió tratando de molestar al demonio.
—Ese no es mi problema—
Inuyasha vio que no lograría convencer a Sesshoumaru, así que molesto se dio la media vuelta y subió al ventana listo para salir por ella.
—Ella aun me ama—
— ¿Estas seguro? Eso no fue lo que sentí —
—Ella sólo lo hizo porque te pareces a mí—
— ¿Hizo? ¿Qué fue lo que hizo? según tú—Sesshoumaru sabía perfectamente a que se refería Inuyasha.
Pero el hanyou no quiso seguir discutiendo y salió de la casona.
—Imbécil—dijo Sesshoumaru al ver como su medio hermano se alejaba.
Inuyasha subió al auto y arrancó enfurecido, vio el reloj, este marcaba las tres de la mañana, y pisó el acelerador a fondo, Kikyou jamás le creería que fue a la oficina, sólo esperaba que ella estuviera dormida.
Kikyou estaba sentada en la cama, el reflejo de los faros del auto sobre la pared le indicaban la llegada de su prometido, tenía una extraña sensación en el pecho, era angustia y miedo ¿Acaso era la forma en la que pagaría? Él regresaría con su prima y la dejaría. Se metió entre las sábanas y se cubrió hasta la cara, fingió dormir al escuchar cuando Inuyasha abría la puerta del departamento intentando no hacer ruido.
—Kikyou, puedo escucharte, sé que estas despierta—
—Bien, me has descubierto—Habló con frialdad. — ¿Sucede algo? Te ves muy molesto—Se sentó sobre la cama y lo miró fijamente a los ojos.
— No, no sucede nada—
— ¿Seguro? —
—Estoy seguro ¿Por qué preguntas tanto Kikyou? —
—Estas así por Kagome ¿Cierto? —Inuyasha se tensó. —Ya veo ¿Fue por ella que tuvimos que irnos del café de Ayame? —Él no contestó—sí, es así y también es a quien llamabas con tanta insistencia—Ella hablaba con tanta tranquilidad mientras le mostraba su teléfono.
—Kikyou, yo…—
—No digas nada, no soy tonta y me di cuenta, dime ¿Por qué estas tan molesto? —
—Es Sesshoumaru—Dijo enojado.
— ¿Quién? —
—Mi medio hermano, estoy seguro de que te hablé de él—
—No creo—
—Bien, pues es un maldito demonio completo que odia a los humanos y él esta con Kagome—habló con rapidez y demasiada molestia, Kikyou pudo percibir enojo en la voz de Inuyasha.
— ¿Y eso te molesta? —
—Sí, es…decir, no; me preocupa, él la esta utilizando, pero odia a los humanos, la lastimará—
—Creo que ella puede defenderse sola ¿No crees? —
—Hace tiempo no lo pensabas de esa forma, hasta tú querías protegerla de mí—
—Pero creo que ella ha madurado y dudo que permita que cualquiera la utilice ó se burle de sus sentimientos—
—No, no lo entiendes, él es malvado, insensible, es…es…un demonio asesino—
— Lo que sí entiendo es que te molesta que salga con tu hermano—y volvió a recostarse.
— ¡No! ¿Quién crees que soy? —
—Un ex novio celoso tal vez—
—Estas muy equivocada—
— ¿Lo estoy? —
—Si—
—Como digas, ahora déjame dormir un poco, no tengo tu resistencia y mañana tengo que trabajar—Estaba molesta, sí, pero era orgullosa y no se lo demostraría, jamás le demostraría celos e inseguridad.
Kagome ya no pudo dormir ni un instante más, caminaba nerviosa de un lado a otro, se dio un baño caliente intentando relajarse, pero tampoco funcionó y volvió a caminar por toda la casa como si buscara algo. Estuvo así por tres largas horas hasta que el sonido del claxon de Sango le anunciaba su llegada y que era hora de ir a trabajar. Kagome se arregló lo más rápido que pudo y después salió corriendo al auto.
Sango le vio salir a toda prisa y con su mano le saludo cordialmente, cuando Kagome entró al auto pudo notar las ojeras de la sacerdotisa.
—Buenos días Kagome-san ¿Dormiste poco? —
—Eh…si, cumpleaños de una amiga, creo que tengo un poco de resaca—
—Uy, eso es malo ¿Por qué no pides el día? —
—No estoy tan mal, de verdad—
—Esta bien, como digas ¿Puedo preguntarte algo? —
—Si—
— ¿Acostumbras beber? —
— ¿Qué? ¡No! Es la primera vez que tomo alcohol—
— ¿Qué tomaste? —
—Margaritas—
—Contiene tequila, eso es fuerte y más para alguien que bebe por primera vez, además supongo que tampoco comiste nada en tu casa, ya que no pudimos hacerlo en el restaurant—
—Eso es verdad—
— ¡Ay Kagome!—
Kagome sonrió con dulzura ¿Cómo podía esa joven preocuparse por ella si apenas la conocía? La forma en que Sango la trataba le hacía caer en cuenta el por qué Midoriko le había dicho que confiara en ella.
— ¿Sango? —
— ¿Si? —ella miraba al frente concentrada en manejar.
— ¿A qué hora termina tu turno? —
—A la misma hora que el tuyo, a las siete de la noche ¿Por qué? —
—Tenemos una charla y una cena pendiente ¿Te espero esta noche? Hay algunas cosas que quisiera decirte a ti y a ese compañero tuyo—
— ¿Miroku? — Kagome asintió y Sango la miró confundida— ¿Por qué? —
—Confía en mí, dijiste que podíamos ser amigas—
—Si, pero no entiendo qué tiene que ver Miroku en esto—
—Por favor, es sobre el caso—
—El caso ¿Por qué no lo hablamos oficialmente? —
—Porqué me encerrarían en un manicomio, —sonrió con tristeza— Confía en mí y vayan a mi casa, los esperaré, allí podemos hablar con tranquilidad—
— ¿Por qué no me lo dices ahora? —Preguntó con seriedad.
—Necesito que tu compañero también me escuche—
—No tengo tanta paciencia, pero así será, te veremos a las siete treinta, en tu casa, no lo olvides—
Llegaron al estacionamiento del Departamento de Policía y ambas caminaron a sus respectivos puestos.
Kagome se preguntaba si haría bien al contarles y que tanto le creerían.
Su cabeza le había dolido durante todo el turno, no podía dejar de pensar en como les diría a esos dos policías la verdad sin que la creyeran loca; por otro lado estaba Inuyasha, quien le había hecho aquella escena de celos ¿Acaso él aun la amaba? y no se diga de que besó al doctor Namikaze.
El doctor Totosai la había observado varías veces durante le día, tal vez él era demasiado distraído en cuanto a todo lo que le rodeaba, pero la tristeza de la joven era tan evidente que hasta él mismo pudo darse cuenta.
—Tu sueño—el anciano rompió el silencio.
— ¿Qué? —ella dejó de escribir y volteo a verlo
— ¿Es por eso que hoy estas tan decaída? —
—Mi sueño…—suspiró—ya le dije, una mujer morirá, no, varias personas morirán ¿Cree que no debo estar triste?—
—No soy tonto, por siglos he visto las emociones humanas, conozco la tristeza y el dolor de tratar con la futura muerte de los seres queridos o de los que conoces y los humanos siempre luchan con desesperación para evitar que eso suceda, pero aunque sientes dolor, también te muestras resignada, eso no es común en ti, ya que el día de ayer intentabas hacer hasta lo imposible por evitar la muerte de Inuyasha, incluso le suplicaste a Sesshoumaru—
—No yo…no es eso…sólo…estoy cansada—
Totosai frotó sus sienes —Deja ya de cargar todo ese peso tú sola, tal vez pueda ayudarte, aunque sea escuchando—
—No…puedo—sollozó—ni siquiera pronunciarlo—
—Está bien, habla cuando lo creas necesario—
—Gracias—
—Pero creo que ya es tu hora de salida, son las siete—
Era verdad, cuando más necesitaba que el tiempo corriera despacio para poder terminar un trabajo, más rápido corría, apenas si alcanzaría a llegar a su casa a comer algo antes de que los detectives llegaran.
—Bien, nos vemos mañana—Kagome tomó sus cosas, colgó su bata en el perchero y se despidió del doctor con una triste sonrisa.
Sesshoumaru pensó en visitar a Totosai, seguramente sería mejor tratar con el anciano que con la sacerdotisa, después de todo este tenía muchos siglos de experiencia con demonios y ella ninguna, aunque por otro lado, ella sabía más de lo que decía, podía sentirlo, más no le importaba, él atraparía a aquel semi demonio y acabaría con este problema él solo.
El demonio estacionó su auto en la acera de en frente del Departamento de Policía y la vio salir, era Kagome quien salía del edificio y caminaba hacia el estacionamiento; no era necesario ser observador para darse cuenta que la joven estaba a punto de estallar en llanto, le pareció extraño que ella no le detectara, después de todo tenía poderes de sacerdotisa, también notó que se llevaba la mano al pecho y junto a su expresión llena de dolor, le hicieron pensar que ella estaba a punto de sufrir un paro cardiaco.
Ella no había dejado de pensar en su muerte, ni siquiera había podido trabajar con eficiencia, tal vez debería irse de la ciudad, no quería morir, no era mentira que ella ya se había resignado, con tal de que nadie muriera, pero no quería morir.
Estaba confusa y sentía miedo, su corazón le dolía y se llevo una mano al pecho como si esto detuviera el dolor, pero no era así; por otro lado Inuyasha regresaba a su vida, reclamándola como suya, recordándole que alguna vez ellos dos había tenido relaciones intimas, cosa que ella había tratado de olvidar durante todos estos años.
Sacó las llaves de su auto e intentó meterlas en la cerradura, pero su vista se volvió borrosa y luego todo se oscureció.
Sesshoumaru no había dejado de observarla ni un segundo, vio la torpeza con la que ella se movía, parecía mareada. Él bajó del auto y la llamó pero ella no le escuchó, Kagome se sostuvo débilmente y luego cayó al suelo, su desmayo era a causa de no probar alimento desde el día anterior.
Ella abrió débilmente sus ojos, con la vista aun borrosa pudo darse cuenta que iba en un auto en marcha, con esfuerzo volteó hacia un costado, de nuevo vio aquella cabellera plateada.
—Inuyasha, no quiero morir—masculló y volvió a cerrar sus ojos. —No quiero morir—susurró débilmente.
Después no supo más, había despertado en su habitación y Sango estaba junto a ella, al igual que Miroku.
— ¿Te encuentras bien Kagome-san? —preguntó con preocupación la detective.
—Si, sólo algo mareada—
—Preguntamos por usted en la morgue, el doctor Totosai dijo que usted ya había salido y cuando llegamos aquí el doctor Namikaze salía y dijo que necesitabas algo de comer y que entre más glucosa tuviera mejor—le contó Miroku con una sonrisa en los labios.
— ¿Namikaze? "Entonces no lo soñé, pensé que era Inuyasha, pero en realidad era Sesshoumaru, que mal, que pena, ha de estar odiándome" —Se sonrojó avergonzada.
—Debo admitir que ese hombre no me da confianza, no sé por qué, pero cuando lo vi salir de aquí me preocupé por ti—Sango la había sacado de sus pensamientos.
—No es tan malo—
—Quien sabe, cada vez que estoy cerca de él, algo en mi interior me dice que no es tan bueno—
—Tal vez, pero tampoco es tan malo—defendió Kagome.
—A veces yo siento lo mismo, como si su aura fuera tan maligna y oscura—Miroku puso su mano en la barbilla.
—Ya Miroku, Kagome quería decirnos algo acerca del caso—
— ¿Pero por qué aquí? —
—Sé que no me creerán, pero tengo que decirlo, esas chicas fueron asesinadas por un demonio—
Sango y Miroku guardaron silencio por un largo rato, la miraron y se miraron entre ellos, no sabían que pensar.
—Bueno, en realidad por un híbrido—
Sango se levantó molesta, no podía creer lo que escuchaba y caminó hacia la salida.
—Espera ¿A dónde vas? —Miroku la había tomado del brazo.
— ¿Escuchaste lo que dijo Miroku? —preguntó.
—Lo escuché, pero permite que ella termine—
—Sabía que no me creerías—mencionó cabizbaja — ¡Por favor, tú lo viste! ¿Recuerdas la nube de veneno que salía del cuerpo de esa chica? —Sango se detuvo y la miró con seriedad —es porque esa chica fue asesinada con el potente veneno de un demonio araña—
—Yo… no sé que pensar—débilmente se soltó del agarre de Miroku.
—Sango—susurró su compañero.
—Debo irme, necesito descansar—Salió de la habitación y posteriormente de la casa.
Kagome bajó su mirada, se sentía decepcionada, por un momento pensó que ellos le creerían.
—Yo le creo—
Ella levantó su mirada, con un pequeño brillo de esperanza en sus ojos.
— ¿Qué? —
—Yo le creo, no sólo he sentido esa aura maligna en los cadáveres—
— ¿Eh? —
—También en ese doctor y su medio hermano y en muchas otras personas más. Respóndame una cosa—
Ella espero con paciencia la pregunta de Miroku, pues lo que él decía era totalmente cierto.
— ¿Namikaze y Nakamura…son demonios también? —
Kagome no sabía si responder o no a esa pregunta, pero recordó que Midoriko le había dicho que confiara en ellos.
—Lo son—
— ¡Lo sabía! —Miroku se levantó emocionado. —Siempre se lo dije a Sango, pero ella nunca me creyó, puedo sentir sus auras malignas—
—Pero ¿Cómo? —
—Mi padre me entrenó como monje cuando era niño, pero siempre quise vencer el mal de otra manera—sonrió tranquilamente. —Ya que somos casi iguales—tomó con delicadeza la mano de Kagome— ¿No le gustaría tener un hijo conmigo? —
— ¿Eh? —Kagome se sonrojó— ¿Por qué se comporta usted de esa manera? Creo que necesita terapia con uno de mis colegas—
Miroku soltó apenado la mano de la doctora.
—Tengo premoniciones— Dijo ella.
El detective la miró con seriedad.
—Habrá un asesinato—
—Ya lo hay—
—Este es especial, cuando ella muera ustedes querrán cazar a una persona inocente y esto desatará una guerra entre humanos y demonios—
—Eso es malo—dijo sorprendido— ¿Qué debemos hacer? —
—Confiar en mí y ayudarme a encontrar a la mujer y al asesino—
—Entonces dígame quién es, tal vez así…—
—Ese es el problema, no lo sé con certeza, mis sueños no me han revelado todo y continuamente han estado cambiando, ahora que tú me has escuchado el futuro ha cambiado—
—Me esta asustando—
—Yo también lo estoy, créame—
—Hablaré con ella, ahora debo irme, no quiero que piense que usted y yo sí hicimos un bebé—
—Dudo que lo crea—
Miroku salió del templo, estaba entusiasmado por lo que había escuchado, él siempre tuvo esa sensación molesta y Sango nunca le había creído.
Sango llegó a su casa y furiosa cerró la puerta de golpe, su padre salió a ver qué sucedía.
—No sé que pasa, pero eso no te da derecho a desquitarte con las cosas de esta casa—
—Perdón padre, es ese caso que me tiene tan molesta—
— ¿Ese caso del que me contó Kohaku? —
—Ese mismo ¿Puedes creer que quieren verme la cara de tonta? —preguntó enfurecida.
—Este trabajo tiene sus altas y sus bajas, si lo sabré yo—
—La joven nueva que trabaja con los forenses dice que las víctimas fueron asesinadas por un demonio. Lo que pasa es que quiere encubrir a Namikaze Sesshoumaru ¡Los demonios no existen! ¡Maldición, no existen!—
— ¿Sesshoumaru Namikaze? —
—Si, el tutor de tu futura nuera—
—Sango, dudo que él haya matado a esas mujeres—
—Si padre, sé que él salvó tu vida cuando tu estabas en la policía, pero él…—
—No es eso… ¡Kirara! —
— ¡Ay, padre! ¿Qué tiene que ver Kirara en esto? ella es sólo un gatito—
— ¡Guarda silencio y espera! —La pequeña gata se acercó a Sango y saltó a sus brazos —Kirara, creo que ya es hora de que Sango sepa la verdad ¿No crees? —Acarició la pequeña cabeza de la gata.
— ¿Hora de qué verdad papá? —
— ¡Kirara! —gritó el hombre y la gata saltó de los brazos de Sango y se transformó en una gran pantera de dos colas.
—Ki…¡Kirara! —
— ¿Sorprendida? —
Sango se había quedado sin habla.
—Sí existen los demonios, Sesshoumaru me la dio hace diez años, cuando le ayude a encubrir un caso similar—
— ¡¿Encubriste a ese asesino? —No podía creerlo de su propio padre, de repente la imagen que tenía de él se desmoronaba.
Continuará…
¡Hola chicas! Sé que no cumplí mi promesa, por eso traté de hacerlo un poquitín más largo, espero que les haya agradado.
Quiero agradecerles a todas las chicas que dejaron su comentario, vaya que me animan y ellas son:
goshi, hekate ama, AllySan, Sele-TheBest, Daniela, Jazmin56, danaime, seshukagome y en especial…gracias AllySan.
Nos vemos pronto, besos.
