Ah... De nuevo aquí... otro capítulo. Muy corto, pero es importante. A partir de aquí... Bueno... Éste es el antes y el después. A partir de aquí, el argumento cambia, os lo advierto.
-Bueno –dijo el moreno, dejando su taza sobre la mesa de la cafetería-. ¿Qué hacemos ahora?
Se recostó en el asiento, cruzando ambas manos detrás de la cabeza y apoyando una de sus piernas sobre la otra, sin importarle aparentemente que se encontraban en un lugar público. Shen, que llevaba un collarín y el torso vendado (aunque eso, evidentemente, no se veía), trató de encogerse de hombros, pero no pudo más que desplazarlos medio centímetro.
-¿Con qué?
-Con… Max –respondió, parpadeando varias veces-, pensaba que era evidente.
-¿Estás preguntando el precio de la demanda? –inquirió Alex.
-No. Eso ya para más adelante… Me refería a este tema estúpido del…
-¡Ahaha! –gritó el oriental, cortándole, y atrayendo unas dos docenas de miradas extrañadas de la gente de la cafetería-. Esa palabra es tabú a partir de hoy.
-Vale, pero, ¿tenías que gritar tanto? Estoy justo a tu lado –protestó, hurgándose en la oreja-. Es que, verás, no creo que vaya a parar aquí.
-¿Ah, no?
-Shen, ese tío te ha tirado de la sala de proyección a una butaca de cine sin pensárselo media vez.
-Y nos ha hecho ver una película sobre la macroeconomía de Bogotá –apuntó Sasha.
-Y os ha hecho ver una película sobre la macroeconomía de Bogotá –asintió-. Si es capaz de eso, ¿qué no va a hacer? A Ed le ha quemado sus libros de Crepúsculo… Y el pelo de ése perro cachas… Ése…
-Jacob. ¿No? ¿Te refieres a ése?
-Sí… Y suerte que no encontró la uña del dedo del pie del vampiro y/o bola de discoteca. El caso… Es que Max por la fama hace cualquier cosa. Si tiene que matarnos, lo hará. Luego hará fotocopias de nuestros cadáveres y a vivir. Deberíamos ceder.
-¿Qué?
-¿Qué es peor? ¿Seguir sufriendo el acoso de ese maniático? ¿O grabar… cuánto puede durar la temporada? ¿Tres meses de arrumacos homosexuales?
-Tío, ahora sí que no pienso hacerlo… -dijo Shen, llevándose a la boca con cierta dificultad su café.
-Bueno. Ésa también es una sabia decisión –respondió Adrian, repantingándose todavía más.
-Yo creo que tal vez deberíamos hacerlo –dijo entonces Sasha. El oriental, al oírlo, expulsó su bebida por la nariz, las orejas, y todo orificio que tuviese en la cara, empapando la mesa, a Adrian, y ganándose otras dos docenas de miradas reprobatorios. Hizo un gesto de disculpa y cogió un montón de servilletas. Por su parte, el moreno resbaló demasiado en su asiento y cayó al suelo, debajo de la mesa, golpeándose la nuca contra el respaldo. Alex suspiró-. No estoy dispuesto a soportar más a ese proyecto de Looney Toon sólo por no hacer una maldita serie. Después de esto besaría incluso a la reina de Inglaterra.
-Bueno, Alex, ahora sí te estás pasando –dijo el moreno, frotándose la parte de la cabeza donde se había golpeado-. No hay que exagerar.
-¿Quién exagera? ¡Lo próximo que espero encontrar es una bomba debajo del coche, o a ese tipo en mi consulta intentando matar a un gato con una inyección de morfina!
-Uh… Se te acabó el café –dijo Adrian, alejando del ruso su vaso.
-¡No es por el café! –exclamó, levantándose a medida que hablaba-. ¡Es que ese rubio psicótico me está sacando de quicio!
-Mmm… Con que sólo había que hacer esto para conseguirlo… Tres años de mi vida desperdiciados –bromeó, sentándose en el suelo con las piernas cruzadas.
-No es momento para hacer el estúpido. Me rindo. Yo voy a decirle a Max que acepto su estúpida cuarta temporada.
-Oh, genial… ¿Y tú, Shen?
El oriental gruñó, murmuró y refunfuñó antes de dignarse a dar una respuesta comprensible.
-De acuerdo. Pero… -dijo-, después de esto, dile que me debe una de las gordas.
-A saber qué le vas a pedir. Pero bueno. Se lo diré –sonrió-. Ah… Mierda. Ahora sí que no me libro del yaoi –suspiró-. Pero, qué demonios. Mejor que tener que aguantar a Max de okupa, comiéndose hasta mis reservas para emergencias, oyéndole planificar estupideces… Eh… Por supuesto también estoy preocupado por vosotros… Je… -disimuló, cerrando los ojos.
-Eres un payaso –el oriental sonrió, a su pesar, y suspiró-. Bueno. ¿Quién se lo dice? Porque si va a empezar a abrazarnos, me tiro por un barranco. Mi cuerpo no está para abrazos de oso.
-Pues ya iré yo. Ah, Buda, en menuda nos hemos metido…
Fin.
Este capítulo lo escribí yo sólo, se nota el bajón de calidad. No ha sido un capítulo largo, divertido, ni... nada. Pero es la segunda temporada del fic... (¿O la quinta? O.o|o.O) No es el fin de la historia, ya me gustaría... ¬¬
Quiero agradecer los reviews, y darle las gracias a la co-autora de este bodrio, Laet-lyre. Hacedle una placa en vuestro edificio, sin ella no estaríais leyendo esto.
Y... mañana empiezan otra vez las clases... Damn it.
Nos veremos cuando nos veamos (Larga vida y prosperidad)
PD: Recordad que el tejón os vigila.
