Capítulo 6
Cenizas
« ¿Y qué pasa con lo que queremos? ¿A dónde van nuestros deseos? Nuestros miedos siempre quedan con nosotros, entonces, ¿a dónde va mi amor por ti cuando todo se desvanece?»
Respiraba entrecortado.
No podía calmarse. Su cuerpo vibraba.
Sentía lágrimas en sus ojos. Tal vez caían, tal vez no.
Lo único que podía hacer era mirarlo. Casi como la primera vez.
La primera vez que Draco había llegado, había sido relámete horrible. Un espectáculo que Harry hubiera preferido ahorrarse, porque era demasiado. El chico se veía completamente destruido.
Irreparable.
Si no fuera porque gracias a eso, a verlo así, desvalido, desnutrido, débil, inconsciente y sangrante, fue lo que lo impulsó a conocerlo. A querer, a necesitar saber.
La curiosidad era algo increíble.
Aunque aún había algo, algo más, de lo cual aún no sabía. Que no entendía.
Pero verlo ahora, otra vez, inconsciente, lo estaba matando por dentro.
Por tu culpa.
Una lágrima cayó por su mejilla.
¿Por qué?
Con sus dedos rozó su mano, tan blanca y delicada. Nunca se había percatado lo mucho que le gustaban las manos de Draco.
Eran tan perfectas, incluso con esos pequeños cortes.
Su expresión era impasible, parecía como si solo estuviera durmiendo, con la respiración lenta y pausada. Y eso que los sanadores habían necesitado todo un equipo para reanimarlo. Y ahora parecía durmiendo como si nada.
Tampoco se había dado cuenta de lo lindo que se veía dormido. Bueno, sí, lo sabía, pero no había pensado que le gustara tanto. Parecía una pintura, esculpido a la perfección.
Sin embargo, se veía más demacrado que nunca. Pálido, estaba muy pálido, casi blanco, sus labios estaban secos, las vendas de su cuello se habían corrido un poco, y sangraban, traspasando la tela blanca, incluso le habían puesto esa bata de hospital muggle que tanto odiaba.
Se iba a enojar mucho cuando despertara.
Si despierta, claro.
Una tos falsa lo despertó de su ensoñamiento, y casi al instante detuvo las caricias casi invisibles a sus manos pálidas. Y miró al hombre en frente a él.
La desesperación que lo venía consumiendo desde esta mañana se multiplicó por mil y se levantó de un salto, dispuesto a bombardearlo de preguntas.
—Señor Potter—saludó formalmente. Pero a Harry sinceramente le importaba poco y nada, y justo cuando iba a abrir la boca, el sanador lo interrumpió—. Siéntese, por favor, tengo que explicarle un par de cosas.
Con impaciencia marcando sus movimientos, se sentó en la cama continua a Draco, la de su izquierda, ya que la derecha era la suya.
— ¿Q-qué sucedió? —apenas había podido formar esa oración sin ponerse a histeriquear, necesitaba respuestas, saber que Draco estaba bien, que no había sido su culpa, algo…
Cálmate, pensó.
Aunque todavía podía sentir su corazón retumbando como loco.
—Es—meneó la cabeza, como pensando en lo que iba a decir, y Harry se abstuvo por muy poco de abofetearlo ahí mismo y decirle que le diga de una puta vez lo que estaba sucediendo—complicado. El episodio que pasó el Señor Malfoy no es común. Normal sí, pero no común.
— ¿Qué quiere decir?
No entendía absolutamente nada de lo que estaba diciendo, y estaba perdiendo la paciencia. La poca que tenía, ya que no era una de sus virtudes.
—Los muggles lo llaman epilepsia—Harry frunció el ceño, sintiendo sus músculos tensarse—. Pero no es eso lo que tiene Draco, es el indicio de una. Lo que sucedió fue un acumulo de muchas cosas, seguramente no sabremos ni la mitad de ellas, pero se entrelaza sobre todo con el accidente que tuvo a principios de verano.
Tragó saliva trabajosamente.
Sintió lágrimas en sus ojos, pero no quería dejarlas salir, aún podía sentir la culpa enfermizamente atravesar su cuerpo, por más que sabía que no tenía necesidad de sentirse así, sabía que seguramente hubiera pasado incluso aunque Harry no lo hubiera arrastrado al bosque prohibido. Pero de alguna inevitable manera se sentía responsable.
Desde que había pasado lo de Sirius había estado más inestable que de costumbre.
Todavía podía ver a Draco tirado en el suelo, convulsionándose, aunque el preámbulo fue lo peor, porque parecía como si poco a poco estuviera achicándose. Harry lo había visto, estaba recordando.
Y después se había desplomado en el suelo, moviéndose. Y Harry no había tenido tiempo de sentirse anonado, porque sentía tal impotencia mezclado con la desesperación que le sabía agria. Y no había importado cuánto lo llamase, o lo sacudiese ligeramente, no sabía qué hacer, hasta que Draco se había atragantado con su propia saliva, y todo se había detenido.
Los siguientes momentos fueron los peores que Harry había vivido. Incluso peor que el año pasado, cuando lo había perdido a Sirius. Porque en ese entonces había sido rápido, instantáneo, por más que en ese momento se sintió desfallecer, y vio casi todo en cámara lenta. Esto era al revés, era todo tardío, esperar, llevarlo a la enfermería, y observar.
Lo hacía sentir un frenético desquiciado.
Y odiaba esa sensación. De que él corría y todos caminaban y se quedaban atrás.
—Verá—prosiguió el sanador—, la reacción del sistema de la epilepsia comienza con el sistema emocional. Los muggles le dan medicamentos, con droga por supuesto, que no hace que desaparezca, lo que hace es almacenarla, guardarla en un rincón del cerebro, para luego cuando el chico deja el medicamento, la epilepsia venga el doble de fuerte que antes—Harry asintió, algo aturdido—. Cuando en realidad, los chicos muy jóvenes, niños incluso, que tienen indicios de ella, deberían ser tratables, pero con algo mucho más simple que una pastillita—tomó una pausa—. En los magos no es común, de hecho, en toda mi carrera no he encontrado nada parecido. Pero sí estudié sobre ella, lo que provocó que tuviera este ataque fue una mala canalización de la energía.
Ahora sí que Harry no entendía ni jota.
— ¿Qué?
—Estar quieto durante mucho tiempo es perjudicial, pero no creo que fuera este el caso. El chico no sabe en dónde poner su energía. Y al no poder expresar su dolor con palabras, la energía se desvía. Y es mal canalizada, ¿entiende?
—Creo. Lo que me está diciendo—dijo mirando el suelo, repasando—, es que Draco no puede expresarse, oralmente, y tuvo un ataque por acumulo de energía.
Lo dijo casi como una pregunta, todo era muy dudoso.
—Sí, es una teoría, pero no hay otra cosa que explique su situación, nadie lo sabe—se encogió sutilmente de hombros—. Sumando que es asmático.
— ¿¡Qué!? — Había casi gritado. Porque eso era rayando lo irracional—. Pensaba que los magos no se contagiaban de enfermedades muggles, bueno, no de una tan compleja como esa.
El sanador meneó la cabeza.
—Sí, pero así es como lo llamarían ellos: asma. Como no hay muchos casos de esta enfermedad en magos, aún no tiene nombre acá, pero así es como se le podría decir. También tiene que ver con la energía, pero generalmente es hereditario. Los que la padecen, no es que les falte el aire, es que sus pulmones se llenan de aire, y se tapan, por decirlo de una manera suave. El recorrido de la sangre tiene menos oxígeno…bueno no te voy a aburrir, lo que tienes que saber es que es como si una parte esencial de tu cuerpo estuviera marchita y se fuera arrugando con el paso del tiempo.
Harry, al escuchar esas palabras, se le apretó un poco el corazón.
—Y… ¿y qué tengo que hacer?
El sanador ahora adquiría un aspecto más oscurecido.
—Todo lo que Draco tiene está en la mente, no es un muggle (está bien lejos de serlo), no necesita ningún aparato. Es algo provocado desde chico. Y la falta de autoestima.
— ¿Qué falta de autoestima? —preguntó estúpidamente.
—La que seguramente se desarrolló desde el accidente.
Harry abrió grande los ojos. Ahora lo comprendía mucho mejor, al menos iba un paso más.
—Le recomendaría terapia—prosiguió—, pero sé que sería una pérdida de tiempo. Los síntomas que tiene son un acumulo de sensaciones y cosas de hace años, el accidente fue sólo la gota que colmó el vaso. Podríamos intentarlo, pero no creo que funcione.
— ¿Por qué no? —Espetó brusco, casi molesto.
—Porque ya ha pasado, si estos chicos no confían ni en sí mismos, no pueden contarle algo a un extraño. Da resultado la mayoría de las veces, pero el chico Malfoy es otra historia.
— ¿Por qué? —Dijo, sintiéndose repentinamente molesto—, ¿qué tiene Draco?
—El chico necesita amor—susurró, casi paternal; y las defensas de Harry se desplomaron por completo, de repente, se sintió triste—, no terapia. Amor.
Y después se fue en silencio. Dejando las palabras en el aire.
Respiraba entrecortadamente, y eso era lo único que se escuchaba en la habitación, en cambio la de Draco era tan débil que por un momento pensó que debía controlarle el pulso.
Se acercó a su cama, y con los ojos humedecidos, sintiéndose casi rendido, sintiéndose nada y todo, apoyó su cabeza en el pecho de Draco.
Pum-pum, pum-pum, pum-pum.
Sintió un nudo en el estómago, mientras apoyaba con el ceño fruncido y lágrimas corriendo por sus mejillas, mientras escondía su rostro en su pecho. Apretó el puño desesperadamente en la sábana blanca y casi artificial, y lanzó un sollozo sin vida.
Draco seguía impasible. Lo único que lo diferenciaba de unos segundos antes, eran las marcas humedecidas que traspasaba su bata de hospital muggle.
Por más que no quería separarse de él ni un minuto, se dirigió hacia la puerta, y luego se perdió en el bosque prohibido, aún con lágrimas en sus ojos cayendo en un llanto incesante.
Cuando despertó, se sintió inyectado, drogado, tranquilo y rendido. Le sabía a la niñez.
Hace mucho que no tenía esa sensación.
De estar en blanco, y al mismo sentir todo. Como si todos sus problemas fueran apartados a un rincón de su mente, los podía ver, podía sentir vagamente el dolor, pero los ignoraba.
Cuando parpadeó, tuvo un déjà vu, como cuando, por primera vez le había faltado el aire, y se había desmayado. Podía recordar lo asustado que estaba. Había pasado mientras corría en el jardín, torturando a los elfos domésticos mientras los vestía con ropa de mujer (robada de su madre, claro, y se hubiera ganado una gran reprimenda sino fuera porque ella estaba demasiado preocupada como para castigarlo), y había sucedido de golpe, no podía respirar, se estaba ahogando. Había podido sentir, pensar, que se estaba yendo. Que no volvería a pisar la tierra. Ni a ver, ni sonreír, ni nada.
Y cuando había despertado, en una habitación diferente, blanca y extremadamente limpia, había tenido esa sensación, de que estar adormecido y apartado de todo. Después había encontrado a su madre al lado, con una expresión que nunca antes le había visto, y él con la voz prematura de un niño de cuatro años le había preguntado qué pasaba.
Solo que ahora no estaba en San Mungo, y sabía que lo habían hechizado para tranquilizarlo, y que al lado suyo, no había nadie.
Su pecho se sentía un poco húmedo, pero no le dio importancia.
Esta ocasión había sido diferente. Cuando era niño había sufrido ataques, pero no así de fuertes, tenía el presentimiento de que era otra cosa.
Suspiró.
No estaba demasiado preocupado, aunque eso debía ser por el tranquilizante o lo que fuera que hayan usado para calmarlo. O también se debía a que en realidad, no le importaba mucho lo que le pasara, ¿qué más daba? Él se tenía que mantener con vida hasta salvarlos, luego…luego…
Bueno, la verdad, no había pensado que habría un luego después de intentar cumplir su misión. Las opciones eran que lo matarían en el intento o moriría asesinado por alguien más, lo que sea. Realmente no pensaba salir de ese año vivo.
Se puso a pensar en Harry, y en que, seguramente, sería el único capaz de aguantarle hasta el final, si su final no derivara matar a alguien preciado para él.
Sabía que Harry terminaría decepcionado de él. No sabía qué esperaba exactamente de Draco, qué esperaba qué hiciera, qué quería demostrar. Pero incluso, el poco afecto que le tenía, o el pequeño y minúsculo vínculo que los unía, iba a evaporarse en menos de lo que Draco pudiera decir lo siento.
Estaba condenado, lo sabía, sin embargo, no pudo evitar un pequeña sonrisa al pensar en lo paranoico y culpable que debía sentirse, incluso por más de que no tenga nada que ver.
Seguramente se fue a llorar con los unicornios que tanto quería mostrarle a Draco.
Ese pensamiento lo enterneció sin razón alguna.
Potter era un maldito cursi.
Melodramático.
No tenía razón para preocuparse por Draco. De hecho, debería aliviarse si se muriera, le ahorraría un montón de problemas futuros. Pero Harry era demasiado noble como para pensar eso, como para desearlo.
Sería el único que se sentiría decepcionado cuando cumpla su misión, y no enfadado como los demás.
Definitivamente, Harry, eres algo que nunca había visto.
Era especial. Diferente, lúcido, puro.
Y, por eso, y porque desgraciadamente Draco sentía una especie de cariño por él, debía alejarse de la mierda. Debería alejarse de Draco lo antes posible.
Pero era demasiado egoísta como para llevarlo a cabo.
Tal vez, algún día tendría el valor suficiente como para hacerlo, como para apartarse de su camino, mientras tanto, Draco simplemente se llenaría de Harry.
La piel del unicornio tenía el color de la luna, se dio cuenta Harry.
Habían pasado dos horas y si bien no tenía ganas de irse, pues jamás había estado tan cómodo, estaba terriblemente preocupado por Draco.
De hecho, continuamente se preguntaba si habría despertado, y si habría sentido desilusión porque Harry no estaba allí. Luego se reprochaba por ser tan malditamente estúpido. Obviamente a Draco no le importaría si Harry estaba ahí o no.
No necesitaba de alguien como él.
El chico necesita amor.
Harry frunció el ceño.
Pero lo odiaba. Tal vez no tanto como antes, pero eso sólo se debía a que estaba demasiado débil y sensible como para fijarse en Harry, y encima molestarlo como antes.
No.
Las cosas no volverían a ser como antes.
Harry sabía que estaba tapando el verdadero dolor. Que Draco era en sí, una excusa, para distraerse, para no pensar. No supo en qué momento se había metido tan profundo en él, como para preocuparse. Como para llegar a querer…
Querer salvarlo.
Como él quería ser salvado.
Amor.
¿Qué clase de amor? ¿La misma clase que Harry necesitaba con desesperación? ¿O ese abismo que te hace delirar y estar más cambiante que el clima?
¿Cómo iba a descubrir lo que Draco quería si Harry no podía ubicarse ni con un mapa? Él estaba tan perdido como Malfoy. Y por más que acaricie unicornios en el bosque prohibido hasta la eternidad, de esa manera no iba a encontrar la respuesta.
El potrillo saltó a su alrededor animadamente, ni siquiera tenía cuerno y todavía no conseguía la tonalidad de un adulto. Igual, se veía feliz, saltando y dando resoplidos como si nada. Se veía fantástico.
Harry le sonrió tristemente, casi con nostalgia.
La primera vez que había visto un unicornio, estaba muerto, y no fue una experiencia muy agradable, en cuarto año estaba demasiado ocupado preocupándose por Hagrid y odiando a Malfoy como para prestarles mucha atención. Aunque sí había notado que todos parecían muy entusiasmados con la idea. Malfoy, el Malfoy de catorce años también lo estaba.
Harry abrió los ojos, sorprendido.
Él sabía que Draco no era malo, no a extremos, y muy a su pesar, siempre lo había sabido. Pero al parecer, el Malfoy de ahora no lo tenía muy claro.
Y Harry le iba a hacer entrar en razón.
Descubriría cada una de las cosas que le pasaban a Malfoy.
Porque imaginarse a un niño rubio sufriendo un ataque de asma, le estaba provocando sus lágrimas.
Quería saberlo todo de Draco. Quería conocerlo. Quería saber qué mierda le había pasado para llegar a ese estado. A tal punto en que el delirio es la única salvación, al punto en donde se perdió totalmente a sí mismo, aunque, ¿siquiera había estado siendo él mismo?
Harry jamás permitiría que toque fondo, que llegue a un punto no retorno.
Él traería de vuelta a Draco, así tenga que dejarlo todo.
Y tal vez no era sólo por curiosidad. Tal vez era algo más.
Tal vez.
NOTA DE LA AUTORA (importante) : *Respecto a lo de la epilepsia y el asma quiero aclarar que mi fin no es ofender a nadie, todo lo contrario (de hecho tengo muchas amigas que padecen de asma), es como un agregado, como explica el sanador Draco solo tiene un indicio de ellas, no es por completo y lo que dice es sólo una teoría, no quiero que nadie se lo tome a pecho, porque si bien es algo muy serio yo simplemente lo puse en el fic como una de las consecuencias del trauma de Draco, porque en realidad todo lo que padece es tratable (en el fic). Y aunque no se muestra con el fin de ofender a nadie, yo lo aclaro por las dudas.
Conozco a personas que atienden a personas que tiene epilepsia y de ahí es donde saqué la idea, está, básicamente modificado y hecho de puras teorías. Bueno, sólo quería aclararlo.
El camino de Draco y Harry no será un lecho de rosas pero se va manifestando el fluffy y las alegrías, no todo va a ser fácil, pero habrá un bonito romance.
Bueno, espero que les haya gustado. Como mi recompensa por haberme atrasado con los caps esta semana (lo siento, lo siento-no es porque no los tuviera, sino porque no tuve tiempo de subirlos-). mañana subiré otro, es el 7 que es uno que me encanta :)
¡GRACIAS POR TODOS LOS HERMOSOS COMENTARIOS! :D
Besos,
-Vulnera
