Capítulo 6

Luka

¿Estás divirtiéndote Astaroth?

Reconocía esa voz, así como el nombre que me había sido dado por mí padre, mismo del que renegaba con todas mis fuerzas.

Claro, creíste que tú estúpido pacto podía apartarla mí... Disfruto el traerte a la realidad.

Su tono lleno de burla y rencor también era reconocible, sin embargo me tomo por sorpresa el poder escucharlo tan cercano, como si...

Su alma sigue ligada a mí, tú no eres más que el intruso que intenta robarla... puedo ver lo que ella ve y hacer que haga mí voluntad.

Podría disponer de su vida y hacerla caminar por la cornisa creyendo que es un campo de flores.

Podría timonear de su cuerpo y hacer que camine directamente a mí creyendo que esta a tu lado.

¡Maldita sea! ¡¿Cómo me había descuidado tanto?! ¿Porque debía ser él quien se encontrase en su subconsciente cuando era obvio que necesitaba consuelo?

El alma controla a la mente, la mente al cuerpo. Tú solo puedes controlar una parte de ella... ¿Quieres ver cómo la convierto en mí marioneta?

¡Maldición Draven! ¿Por qué buscas una batalla que no puedes ganar?

¡Enfrentame!

¡Tu voluntad y la de Lucifer no me importan, su alma es preciada para mí no la soltaré con facilidad!.

Ven a la guarida del dragón y rescata a tu princesa... Pequeño príncipe.

Pequeño príncipe... ¿Tan cegado estás por tu ira que no puedes verme en realidad?. Su estridente y molesta risa llegó a mis oídos, él se burlaba de mí, parecía regocijarse de mi malestar, como si quisiese mostrar con orgullo que fue su obra lo que cambió la actitud de Marinette hacia mí.

Por mí parte no había cambiado, al menos no de la manera que ella creía; sería quién la sostuvo es sus brazos, leía para ella, la abrazaba cada noche y quién ocasionalmente le robaba un beso —Mismo que no importaba si era en sus mejillas, frente, cuello o sus apetitosos labios— solo uno me bastaba para acallar a esa parte de mí que quería devorarla y engullirla como si fuese el platillo más exquisito, el único que podría calmar a esta hambrienta bestia.

Con ella siempre me mostré dócil ya que necesitaba su confianza depositada en mí, sin embargo escapando de mis planes mí actitud cambió, ya no fingía serenidad, la obtenía; haciéndola enojar, sonrojarse, sonreír, dejando que sus expresiones humanas llenarán ese vacío que desconocía existía y ahora mientras oigo sus sollozos sintiéndome impotente al otro lado de la puerta ese cristal que me había concentrado en preservar está fisurandose de tal manera que si no resuelvo está situación pronto terminaría quebrándose. ¿Cómo era posible que ese corazón que antes no percibía tener ahora se hallaba a punto de colapsar por su sufrir?

Dejé mí casa cuestionándome; ¿Cuándo había podido romperse el sello de protección que puse sobre mí residencia? y ¿En que momento él había logrado acceder a ella?.

No me despedí, ya que solo podía acceder a lo que ella escuchaba o veía; no lo deje saber cuánto me había afectado el que su actitud cambiase, podía oírlo porque susurraba en lo más profundo de su inconsciente; ella no lo percibía más para mí era inconfundible la voz de otro demonio en la inconsciencia de mí presa, mi alma, mi humana.

Ahora sabía la razón por la que Marinette me tratase de aquella manera; al existir una razón externa era más simple luchar contra ella, algo que sería difícil si en verdad la mujer tras la puerta de mí cuarto hubiese decidido alejarme. Use una parte de mí energía para enviar mí cuerpo al plano subterráneo donde no existía luz ni cielo, donde todo se había perdido, donde mis poderes serían limitados y los suyos acrecentarían, era la única manera que Draven tenía de enfrentarse a mí, fuera del ojo vigilante de Lucifer.

La oscuridad cubría todo lo que pudiera asemejarse a un cielo, ya que algo que fuese de alguna manera hermoso no podría convivir en el mismo plano de un asesino. Las grises cenizas caían sobre mi, mientras a su vez se arremolinaban en lo alto intentando asemejarse a lo que serían las nubes antes de una tormenta, el piso estaba cubierto con lava ardiente, mis pasos se marcaban a medida que caminaba hasta la puerta de su lúgubre castillo, mismo que se encontraba a oscuras.

—¡Draven! ¡Demando tu presencia! —Pedí furico—. ¡Muéstrame tu demacrado rostro!, ¡Te lo exijo!.

Las cenizas dejaron de caer formando un remolino tras de mí uno que esta vez no era aereo sino que tocaba el piso, gire sobre mí eje encontrándome con su amplia sonrisa de frente; —¿Qué necesitas amo? —Preguntó con sorna—.

—¡No te burles de mí! —Espeté con más furia—. Sabés que estás rompiendo las reglas. Ella tomó su elección.

Su sonrisa se amplió mostrando sus amarillentos y filosos colmillos; —¿Ni aún así vas a mostrar tu verdadero rostro?

—No resistirías mí verdadero rostro, ¿Crees conocerme? ¿Crees saber de mí? —Sonreí con suficiencia—. Tú eres un ser inferior, una creación. No tienes otro rostro que mostrar más que ese —Mirándolo con desdén—.

El rió con cinismo, despreciando mis palabras; —¿Tienes miedo de mostrar tu rostro? ¿Temes que pueda plantar en su inconsciente la idea de tu verdadera identidad y huya finalmente de ti? ¿Que es lo que más temes Astaroth?

—¿Yo? —Reí—. No temo a nada, no tengo porqué temer a nada. ¿Y tú? —Posó su vista en mí—. Mí linaje es más fuerte que el tuyo, ¿En verdad deseas enfrentarme?

—Se cuando intentan engañarme... ¿Tú no temes?... Vaya mentira "Lukanius"

"nombre" en sus labios destilaba veneno cual serpiente que ha capturado a su presa, él podía escudriñar en la mente de Marinette, obviamente sabría el calibre de mis mentiras. Su molesta risa retumbó haciendo eco en todo el espacio de su reino, me miró fingiendo indiferencia y camino hacia el frente. Me adentré en su propiedad, siguiendo sus pasos, no exaltandome al ver sus paredes cubiertas de sangre y visceras. Sus sirvientes humanos —Las almas de su propiedad— llevaban horribles marcas en su piel, algunos miembros amputados y cada vez que él osaba dar un paso ellos se alejaban al menos diez a la vez. Me horrorizó pensar que este podría ser su destino, el de la mujer que ahora ocupaba algo más que mí hogar, por lo que debía arrancarla de las garras de este psicópata.

Los pesados pasos de Draven retumbaban en el lugar y los fatídicos rostros que me miraban con lástima creían que él iba a doblegarme, no podía culparlos ya que había llegado hasta aquí en mí forma humana, pareciendo ante el mucho más débil de lo que era en realidad. Me condujo a una elegante habitación que distaba de todo aquello que había visto en el pasillo de entrada; una cantidad innumerable de libros en estantes a los lados, un ventanal hacía la nada y un escritorio con sofás individuales a sus lados. La puerta del despacho se cerró a nuestra entrada sin que nadie pusiese un dedo sobre ella, Draven tomó asiento en el más imponente de los sofás; aquel que se situaba de espaldas a la ventana.

Con las manos cruzadas tras la espalda camine por su despacho fingiendo explorar los libros; —¿Tienes una idea de quién soy en realidad? ¿Crees que tus amenazas tienen un impacto sobre mí? —Su ceño se frunció—. Tienes razón esta no es mí forma. Pero no me asemejo a ti, a pesar de lo que puedas creer.

Acomodó sus pies sobre el destartalado escritorio que parecía haberlo soportado su poco cuidado el tiempo suficiente; —Quiero negociar "Luka" —Diciendo ese nombre como si quisiera deshacer todo lo que devenía de el—. Más tengo muchas inquietudes respecto a tu "relación" con la humana —Me senté frente a él bostezando—. ¿Te aburro? —Lo miré de modo indiferente—. Tal vez esto atraiga tu atención.

Tomó una especie de control y apuntándole a una de las estanterías misma que giro develando una gran pantalla, encendió la misma dejándome sin habla cuando en esta apareció Marinette quien caminaba a ojos cerrados por la cornisa de un edificio. Cerré apretadamente mis manos en puños.

—¿Que estás buscando? —Intentando mantener la calma—. ¿Quieres que te quiten tu potestad? —Él rió, yo lo hice con sorna—. No debes meterte con la mano izquierda del líder, me debes respeto.

—Así que finalmente tengo tú atención —Sonrió de manera escalofriante—. ¿Quién iba a decir que la mayor debilidad del gran Astaroth sería una humana?

Reí efusivamente, tanto que mí cabello se despeino y mí aspecto cuidado se desarmó; —¿Crees que ella es mí debilidad? ¡Eres tan ingenuo!.

—Ingenuo sería si no notase el malestar que te produjo esa imagen... Tranquilo solo es un sueño, aunque podría lograr que lo haga si así lo deseo —Situando sus manos sobre el escritorio mientras se acercaba a mí—. ¿Vas a escucharme ahora?

Bostece de manera sonora; —Creí que llevaba un tiempo escuchándote y aún no has ido al grano, mí tiempo vale más que el tuyo ¿Lo sabías?

—¿Eres un niño al que debo convencer para ir a la cama o el adulto que sabe cuáles son sus límites? —Con sarcasmo—.

—Ni soy un niño ni un hombre paciente, por lo que si no abordas el tema deberé marcharme.

Frunció el ceño y tocó otro botón en el control de manera furica; —Esa fue su semana, la que ella vivió sin ti —Volví a mirar la pantalla viéndome más distraído que antes—.

Esta vez, ella aparecía triste mirándome con anhelo. Podía sentir el dolor que sentía en cuanto mí "yo" de la pantalla la ignoraba, sonreí ante la imagen, ¿Ella en verdad podía creer que me enojaría algo tan trivial como una llamada telefónica?, Aquello fue la causa de curiosidad, si bien molestó que no me comentaste nada no soy tan caprichoso como aparento, se que cualquier malestar es mínimo ante el riesgo de perderla. Mi pecho se oprimió ante la idea, definitivamente algo significativo había cambiado en mi, misma cosa que se aferraba a ella como un naufrago a un salvavidas, tal vez de eso se trataba todo.

—Puedo arreglar eso en cuanto llegue a casa, ¡No tienes nada! —Me levante del sofá y camine unos pasos dándole la espalda—. Eres patético.

Se acercó a mí, podía sentir su presencia invadiendo mí espacio, intento hablar a mí oído y fue expulsado lo más lejos posible de mí lado. Él gruñó; —¿Yo soy patético?, Tu llamas "casa" a ese lugar en plano terrenal. ¿Qué es tu reino si eso es tu "casa"?. —Lo ignoré a lo que él golpeo el escritorio con todas su fuerzas, haciendo que el desvencijado mueble se partiese en dos—. Tengo poder sobre ella, tu capricho. Hare que ella se vuelva prostituta, ¿Aún seguirá gustándote cuando pierda toda su pureza?.

—Ella perderá su pureza, si. En mis brazos mientras susurré mí nomb...

El rió interrumpiéndome; —¿Tu nombre? No me hagas reír, ¿El nombre que te inventaste?. Después de todo no eres capaz de confiar en una humana, ¿Cierto?.

Sonreí ante su cuestionamiento; —¿Eres tan ingenuo que crees ser el dueño de la verdad?

Su sonrisa se esfumó, sus labios se fruncieron en una larga línea recta; —Estoy seguro que nunca oí hablar de un demonio llamado Lukanius —Burlándose de mí nombre—.

Sonreí obteniendo la respuesta que necesitaba; —Yo tampoco e oído de uno llamado Draven... O, espera... Tú no lo eres, ¿O me equivoco?

Él me miró envuelto en furia, camino hacia mí con afán de atacarme, lo esquive con facilidad; —No podrás apartarme de ella mientras ambos sean débiles.

Me gire para ver su rostro; —¿Débiles? —Sonreí llegando al entendimiento—. Tu actitud me lo dijo todo, sé que hacer para que no oiga tus susurros ¿Que podrás lograr si anuló tu poder?

Draven me miró nuevamente, esta vez envuelto en un aura de furia que caía sobre él como un manto, cubriéndolo, arremetió contra mí. Lo esquive una vez más, él volvió a levantarse caminando hacia mí con lentitud, sonriendo como si hubiese conseguido la respuesta a una gran incógnita; —Mi poder no podrá ser limitado por ti, tu perecerás ante mí. Hare que te olvidé, que olvidé el evento que la llevó a tus brazos ¿Qué podrás hacer cuando no seas parte de sus recuerdos?.

El solo pensamiento de aquello me desestabilizo, él aprovecho esa oportunidad para tomarme de los cabellos alzándome del piso, sonrió ante mí debilidad y portando aquel tétrico gesto hundió una navaja en mí estómago, la herida comenzó a arder como si desde el cuchillo emergiera el único veneno capaz de liquidarme.

—La sangre de mí padre... —Afirme con debilidad—.

Draven arrojo mí cuerpo al piso, pateo mí estómago para enterrar más al afilado intruso en mí cuerpo, retorció el cuchillo en mí piel para luego arrancarlo de mí; —Repite... ¿Cuál no era tu debilidad? ¿Qué pasará cuando tu padre pierda a su hijo favorito? ¿Querrá venganza o ascenderá mí posición?

Oí su voz llamándome, estaba buscándome, me necesitaba a su lado, sonreí por última vez poniéndome en pie; —¿Tanto me temes?

El rió; —Yo, no temo a nada pequeño príncipe —Acercándose a mí—. ¿Quién crees que heredará tu trono? —Tomándome del cuello y levantándome en el aire—.

La voz de Marinette resonaba en mí con más fuerza, misma que use para transportarme a su lado, si este era mí final deseaba ver su rostro una última vez.