Perdón por el retraso con mis fanfics, pero las fiestas me han traído apresurada. Con este capítulo, quiero desearles una muy feliz navidad, y espero que tengan una gran temporada. Trataré de subir otros capítulos antes de fin de año, y también estoy en mi camino de seguir "Kyoshi". La magia Bestial se cancela, y pues… creo que era todo lo que tenía que decir. Este capítulo es para todos ustedes, y para todos y todas en tumblr. Les mando un abrazo, y gracias por leer este fanfic.
Wolf.
Capítulo 7: La noche de los espíritus.
Aquí volvió a ser invierno. Estos huesos ya no están hechos para la época. Varias personas de la Órden de Loto se han ido de regreso a sus casas a pasar las fiestas de invierno con sus familias. La fortaleza donde entrenamos a Korra se ha quedado completamente vacía, excepto porque yo sigo aquí, y porque Korra sigue esperando a que vengan sus padres por ella. La estoy peinando para pasar el rato, y su plática me parece algo conmovedor, aunque me crea un hueco existencial en la boca del estómago:
-El espíritu benefactor viene esta noche – exclama, mientras veo sus piernitas colgar de la silla. Está emocionada. Espera a El espíritu benefactor.
Vi el otro día a Tonraq y Senna comprar algunos regalos y caramelos para la niña; extrañan a su hija, y esta vez la tendrán toda una semana, hasta que terminen los festejos y lleguemos al año nuevo. Todos se van, aunque yo no sé qué hacer ni a dónde ir; así ha sido los últimos festejos de estos casi seis años sin ti. Aún no encuentro una explicación para esto; una pequeña niña, frágil y necia, ahora es tu espíritu. Debo admitir que, tienen la misma sonrisa y la misma ilusión por las fiestas invernales; ella con sus padres, tú con nuestros hijos.
De repente, llaman a la puerta.
-Adelante – exclamo.
Son Tonraq y Senna. Korra se arroja hacia los brazos de ambos. Todos se habían extrañado.
No recuerdo cuándo fue la última vez que nos abrazamos así, o que abrazamos a nuestros hijos. Eran pequeños, lo sé. Dejábamos los regalos en la sala, tanto los de Kya, Bumi y Tenzin, como los de los otros niños acólitos. Era divertido vestirnos de los espíritus ayudantes, para salir a espantar a los niños que no se habían portado bien durante todo el año; era divertido todo esto, el ver sonrisas, el ver la magia de la fe en los infantes.
Ahora son tan difusos como las sombras en la tormenta que hay allá afuera.
-¡Hoy viene El espíritu benefactor! – dice Korra con suma emoción – Hoy viene, hoy en la noche. ¡Quiero quedarme despierta para verlo!
-No puedes, pequeña – contesta Senna –. Tienes que esperarlo mientras duerme, o si no, él saldrá huyendo porque lo espantarás.
-Pero yo quiero verlo.
-Lo vas a espantar, cariño. Mejor déjale agua; debe venir sediento.
-Sí – contesta la niña, mientras sonríe convencida.
Sus padres le ponen el abrigo para salir a la tormenta. Senna se acerca a mí:
-Muchas gracias por cuidar de ella, Maestra Katara.
-No es problema. Además, es mi deber como guardia de Korra.
-No solamente por ser su guardia, sino por ser su guía, y un modelo a seguir para mi hija.
Le contesto con una leve sonrisa. En realidad es lo único que puedo hacer.
-Quiero hacerle una pregunta, maestra.
-Dime.
-¿Quiere venir con nosotros a pasar "la noche de los espíritus" con nosotros? Solamente estaremos Tonraq, la niña y yo. Sería un honor que nos pudiera acompañar.
Lo pienso por un instante. ¿Es lo correcto? ¿Es normal hacer esto? En realidad no tenía ningún plan para hoy, aunque me es difícil separarme de Korra. Creo que me he encariñado más de lo que debía con el espíritu de la Tierra.
-Por supuesto que acepto la invitación. Y les agradezco mucho por esto.
En cuanto Tonraq lleva a su hija en los hombros, y con el abrigo puesto, salimos por la puerta. Una terrible ventisca nos ataca de la nada, y varias de mis articulaciones hacen un ruido particular por el frío. Entre Senna y yo hacemos un pequeño camino para poder caminar, ya que vemos con cierta dificultad. Todos están en casa, guarecidos con sus familias, comiendo ciruelas de mar, pescados, pasándola en familia, durmiendo, haciendo quizás aquello que más les gusta. Es un aroma singular el que trae "La noche de los espíritus", y la alegría que le causa a los niños el esperar a El espíritu benefactor, y ver sus regalos allí junto a sus botas, a sus zapatos. Digamos que se respira el ambiente, aunque con menor ruido.
Incluso extraño el ruido de Ciudad República en plena Noche de los espíritus.
Aquí hace frío, uno igual al del cuerpo de Momo aquella vez que murió en vísperas de los festejos del invierno; tanto Lin como Tenzin tenían miedo que los espíritus se hubieran llevado tu risa contagiosa, tus ojos de un niño adulto. Temían a muchas cosas, e incluso te hicieron un Momo de peluche, uno que cosió Kya, uno que bordó Bumi, y que fue la idea de esos dos pequeños. ¿Cuántos años tenían? ¿Ocho tal vez? No lo recuerdo; solamente tengo grabado en la memoria que fue un invierno frío para ti, pero ese detalle cambió tu Noche de los espíritus por completo, e incluso ese Momo debe seguir guardado en el ático, o en no sé dónde, aunque una parte de él sigue en tu corazón, en el de Tenzin…
Las ciruelas de mar… Mi padre podía comer ollas completas de esto. No sé cómo pasó, pero Senna y Tonraq tienen un excelente sazón, aunque Korra devora la carne, la intenta destrozar, pero sus dientecitos no pueden arrancar los trozos. Es como volver a ver a Sokka, y es volver a preguntarme. ¿Eres tú?:
-Permíteme ayudarte – le digo, y comienzo a hacer varios pedazos de carne para que los pueda comer.
-Gracias, Maestra Katara – me responde, y me lanza una sonrisa chimuela. Va creciendo, y creo que la semana pasada acaba de perder uno de sus dientes. Ha crecido muy rápido… demasiado rápido.
Pasan las horas, y alcanzo a reír, a olvidar por un momento que algo aún me duele. Los años anteriores había sido sencillo estar sola, o haber estado con Sokka. He estado solamente este año con la familia de Korra, y por alguna razón me rio sin poder reírme, como una sonrisa de metal. No sé qué diantres me ocurre, no sé por qué motivo estoy en este estado; soy como uno de esos Satomóviles, soy una carcasa de fierros con algo mecánico en el pecho.
Sí, y aunque escucho la conversación de los padres de Korra, y aunque sé que es entretenida, en esta ocasión no puedo evitar cargar con un espíritu; no es uno alegre, ni uno que desea perseguir niños. Es más bien que el Polo Sur sin Sokka, sin un verdadero Espíritu Benefactor, es completamente confuso. Es perderse en la nieve, en una cálida que, por más cálida que esté, sigue provocándote frío.
-Creo que la tormenta seguirá por un largo rato. Es probable que toda la noche. – me dice Tonraq, asomándose por la puerta. Parece ser que, hoy duermo en casa de Korra.
En tanto la familia me reserva un pequeño lugar al lado de la niña, yo le ayudo a ponerse sus ropas para dormir:
-¿El espíritu benefactor es muy grande? – me pregunta
-Lo es – contesto.
-¿Cuánto mide?
-No estoy segura.
-¿Y cómo reparte tantos regalos en una noche?
-Tiene a sus ayudantes.
-¿Algún día podré ver a El espíritu benefactor? Soy el avatar ¡Tendrá que aceptar que lo vea!
-Así será, Korra. Así será. Pero por hoy, debes descansar.
-Y ¿Qué pedirás?
No esperaba que ella me dijera esto. ¿Qué pediría? ¿Qué puedo a mi edad? No puedo decirle una cruda realidad a ella… no ahora.
-A los adultos ya no nos trae nada El espíritu benefactor. Él hace feliz a los niños.
-Eres como una niña, pero grande, y viejita, y te has portado bien. ¿Por qué no te regala nada?
-Bueno…
De repente, ella va a la cocina por un vaso de agua, y lo deja cerca de sus botas. La veo desde aquí, desde el marco de la puerta del cuarto, mientras ella dice algo que trato de descifrar:
-No te he visto, Espíritu Benefactor. Quiero verte. Pero ¿Sabes qué quiero más? Que mi Maestra Katara sea feliz… Si ella pudiera sonreír, si ella fuera feliz… te lo agradecería mucho, aunque no me dejes regalos.
Sonríe, y regresa corriendo. Cree que su petición fue silenciosa y casi inaudible, aunque aquí me hallo, tratando de aguantarme las lágrimas.
Hasta una niña de tan corta edad sabe que algo está mal en mí. Hasta ella sabe que extraño gran parte de mi vida… Hasta un infante se da cuenta.
-Creo que debes dormir – le sugiero, y enseguida su mamá la cobija. Ambos padres le dan un beso de buenas noches, e igual les digo que descansen. Trato de cerrar los ojos; este pequeño espacio es acogedor, aunque Korra comenzó a roncar un poco… bueno, bastante.
O-O-O-O-O-O-O
Los vientos están inquietos. Parecen bisontes voladores jugando ruidosamente… no es lo único que recuerdo que era ruidoso en el templo.
Tal vez algún espíritu del viento se enojó, o El espíritu benefactor debe apresurar su marcha…
-¿Qué hora es? – pregunta Korra algo amodorrada.
-Es tarde – le susurro –. Regresa a dormir.
-Tengo frío
-Permíteme cobijarte.
Me levanto para poder subir sus sábanas, su saco de dormir, pero veo que está todo en orden.
-Tengo miedo – dice, aunque sigue dormida.
-Aquí estoy, Korra. No hay nada de qué temer.
-Volveré, y sé que no vas a estar allí. A eso le tengo miedo…
No son sus palabras, y apenas si Korra sabe decir "¡Acéptalo, amigo!". ¿Qué es lo que está pasando?
-Estoy contigo siempre, Katara. Recuerda que el viento siempre está contigo…
-¿Y cuándo estaré yo contigo? – le pregunto en voz muy baja.
-Cuando estés lista. Confía en mí. ¿Acaso te he fallado?
Respondo con un no a su pregunta. Sea lo que haya sido, tengo mucho que agradecerle a Korra.
-Extrañaba esto, cariño.
-Yo también – y entonces suspiro. Acaricio la cabeza de Korra, y en eso aparece una leve sonrisa en sus labios. Sus ojos siguen sin abrirse.
-Buenas noches, Katara. Dulces sueños…
En eso, su pequeño cuerpo da la vuelta y se intenta acurrucar como una especie de bolita.
-Buenas noches, cariño – alcanzo a responder, esperando que mi respuesta llegue pronto. ¿Qué tan pronto? No tengo la menor idea…
Solamente sé que, los espíritus existen, y ellos han venido esta noche. Por eso se llama "La noche de los espíritus". Aún siendo una anciana, tengo mucho por aprender… y eso me alegra.
Feliz noche de los espíritus, Aang.
