No me lo pienso ni un segundo más, eso de que Finn esté con Rachel en un bar y que el quiera que le bese no me ha hecho ninguna gracia.

En un principio no tenia intención de salir de casa pero si puedo evitar que Finn este lo más lejos de Rachel haré lo que sea. Ahora que nos hemos besado, no quiero que sus labios toquen otros, los quiero solo para mi.

Bajo del taxi y voy hasta el hotel, entro y me acerco a recepción.

-Hola, buenas noches, venia a ver a una amiga que se encuentra aquí hospedad, en la cuatrocientos once. –le digo con un tono muy amable.

-Sí, ya nos ha informado la señorita Berry. Suba.

-Gracias.

Subo en el ascensor y nada más salir al pasillo voy directa a la puerta y toco.

Ella abre.

¡Madre mía! ¿Es legal ir con ese camisón minúsculo de color negro? ¡Sus piernas son perfectas, las adoro! ¿Dónde esta el pijama que llevaba el otro día?

-Hola Quinn. -me dice de una manera muy sensual.

Pero no me deja responder porque rápidamente me ha agarrado de la camisa y me ha tirado hacia ella cerrando la puerta tras de mi. Se lanza a mis labios y me empotra contra una de las paredes. ¡Por Dios! Esta desatada y esta haciendo que la temperatura corporal me suba aceleradamente.

La beso desenfrenadamente y bajo mis manos por su espalda hasta llegar a su trasero, se lo aprieto y la atraigo más a mí, ella gime en mis labios pero no deja de besarme ni un segundo.

Se separa un poco de mi, deja de besarme y sin decirme nada vuelve a tirar de mi camisa y me lleva hasta la cama, hace que me siente en el borde. No sé que hacer, ella tiene todo el control y estoy encantada con ello, encantada y atontada, su aroma hace que pierda el norte. Rachel se sienta encima mío con una pierna a cada lado y vuelve otra vez a besarme desenfrenadamente, le acaricio por los muslos hasta que llego otra vez a su trasero y vuelvo a apretárselo, ella vuelve a gemir y comienza a desabrocharme la camisa mientras yo me separo de sus labios y le beso el cuello, echa la cabeza hacia atrás para dejarme más espacio.

Me encanta toda ella, me encantan sus piernas a cada lado de mi cuerpo, me encanta su cuello, sus labios que ahora se muerde sensualmente.

Me mira directa a los ojos y me sonríe de medio lado, pasa una de sus manos por dentro de mi camisa y me acaricia por encima del sujetador. Me esta poniendo a cien y no sé si voy a poder controlarme, aun no hemos hablado sobre nada y prefiero hablar antes de que pasemos a este punto. Quiero saber que siente ella, quiero saber si esto va en serio o solo es un pasa tiempo y si realmente volverá a desaparecer o bueno al menos irse a Nueva York.

-Rachel cariño. – le acaricio la mejilla y sí, le he llamado cariño, no he podido evitarlo y no me arrepiento de ello. –Tenemos que hablar antes.

Ella se queda mirándome sin dejar de sonreírme.

-Sí, tienes razón. – me dice mientras saca su mano de dentro de mi camisa. –No sé que me pasa, es como si no pudiera controlarme. –me dice avergonzada, me genera tal ternura que la beso en los labios suavemente y ella me corresponde enseguida.

Se baja de encima mío, se sienta a mi lado y me agarra de la mano.

Tengo que preguntárselo, quiero saber algo que me ha atormentado durante muchos años.

-Rachel ¿Por qué te fuiste sin decirme nada?

Ella me mira y se pone seria.

-Quinn, yo, lo siento mucho. Veras, siempre me has gustado y aquella vez no pude contenerme durante más tiempo y te bese, te bese por qué era algo que quería hacer desde hace mucho. Luego, me entro miedo, pensé que lo había estropeado todo, nuestra amistad y por eso salí corriendo. No quería escucharte decir que aquello había sido un error y que nuestra amistad se había roto. No quería escuchar nada de eso, solo quería huir.

La quiero, no me caben dudas, la he querido toda mi vida.

-Rachel, ¿Te das cuenta de que si no hubieses huido habríamos estado juntas? Tú también me gustabas y me dolió que desaparecieras sin decirme nada. Creo que te odie durante mucho tiempo, me hiciste creer que no te importaba.

-¿Qué sabía yo? Eras Quinn Fabray la capitana de las animadoras, la popular del instituto, ¿Cómo iba a imaginar que yo te gustase? Era algo imposible. –me dice negando con la cabeza.

-Pues estaba loca por ti. –le digo sonriendo. Ella me mira y me devuelve la sonrisa.

-¿Estabas loca por mi? –me pregunta y se muerde el labio mientras se acerca peligrosamente a mis labios.

-Y aun lo estoy… -le digo a la vez que le bajo un tirante del camisón que cae por su hombro.

Me tumbo en la cama y ella se sube encima mío, se acerca a mis labios y la beso despacio, saboreando su boca, su lengua. Ella me quita la camisa que antes previamente había desabrochado y comienza a besarme por el cuello, por el pecho y baja hasta mi vientre, me quita los pantalones y me quedo solo en ropa interior delante de ella. Siento un poco de vergüenza ¿Quién me iba a decir a mí que estaría así con Rachel Berry?

-Eres perfecta Quinn. –me susurra a la vez que se acerca a mi cuerpo y se tumba encima mío comenzando a besarme de nuevo.

Noto que presiona con su pierna en mi centro y no puedo evitar gemir en su boca, Rachel se separa de mis labios y me sonríe con fingida malicia mientras repite de nuevo el mismo movimiento y vuelve a presionar en mi centro, inconscientemente levanto la cadera para sentirla más cerca. Me esta volviendo loca, quiere ir despacio y esta disfrutando con ello pero a mi me esta matando, así que sin pensarlo la agarro por la cintura y la giro en la cama quedando yo encima de ella. El minúsculo camisón que lleva se le ha subido hasta la cintura y la imagen de verla en ropa interior hace que me excite aun más. Comienzo a acariciarle desde la rodilla hasta la cintura pasando suavemente por el muslo. Sí ella quiere ir despacio conmigo yo también lo iré con ella, a ver quien aguanta más.

Ahora subo mis dos manos por su vientre y acabo quitándole el camisón, no lleva sujetador y queda completamente desnuda de cintura para arriba. Es una diosa y aun no me creo que esta noche sea mía. Le miro a los ojos, tiene las pupilas dilatadas, puedo ver el deseo en ellos y comienzo a besarle el vientre, voy subiendo hasta llegar a sus pechos que los beso y paso mi lengua por ellos. Llego hasta su cuello que lo devoro sin pausa mientras que llevo suavemente una de mis manos hasta el interior de su muslo, no quiero tocarle aun donde ella desea.

-Quinn por favor. –me suplica cerca de mis labios con la respiración entrecortada y yo creo morir.

Decido no seguir haciéndola sufrir así que le acaricio suavemente en su centro pero por encima de la ropa interior, veo que se muerde el labio para intentar no gemir.

Comienza a besarme apasionadamente ha vuelto a desatarse, creo que ahora ya no quiere ir despacio porque me ha cogido la mano y me la ha llevado directamente a su centro por dentro de la ropa. Noto lo excitada que está y eso ha hecho que me excite yo aun más de lo que estoy, si es que es posible.

Le acaricio suavemente y le introduzco dos dedos dentro de ella, sin poder evitarlo, a gemido más sonoramente mientras arquea la espalda.

-Joder Quinn. –me dice entre gemidos. –No pares cariño. –me dice como puede. Y no paro, sigo al compás de su cuerpo.

Tiene los ojos cerrados pero justo cuando va a llegar a ese maravilloso estado que te proporciona el orgasmo, los abre, me mira directa y yo noto como su cuerpo se estremece.

Es miércoles y ayer fue la mejor noche de mi vida, os lo juro, esta mañana he tenido que irme sin despedirme de ella, era demasiado temprano y tenía que ir a trabajar. Rachel estaba tan placidamente durmiendo que no quería molestarla. Parecía un ángel. Es un ángel.

Aun no me puedo creer lo que ha pasado, estoy completamente e irremediablemente enamorada de Rachel, no sé que va a ser de nosotras cando ella tenga que irse a Nueva York, si ella estará dispuesta a tener una relación a distancia hasta que tomemos alguna otra decisión. No quiero hablar de eso con ella, no de momento.

He quedado con Santana y estoy esperando a que aparezca en el bar mientras tomo un café. No me hace esperar mucho por que la acabo de ver entrar por la puerta y se dirige a la mesa en la que estoy.

-¡Hola rubia! ¿Qué tal?

-Hola Santana. ¿Y Brittany? –le digo mientras le sonrío abiertamente. Estoy demasiado feliz y Santana me lo va a notar.

-No ha podido venir, tiene que ensayar una nueva coreografía. ¿Se puede saber por qué sonríes tanto? –me dice entrecerrando los ojos.

-Sonrío como siempre. –os lo he dicho, no se le escapa una.

-No, no, estas más feliz de lo normal, como si…-pero se calla y abre la boca y los ojos al máximo. – ¡No! ¡Tú has tenido sexo esta noche! –me dice señalándome.

-Shhh ¿Quieres hablar más bajo? No sé de que me hablas…-le digo nerviosa mientras miro hacia ambos lados para cerciorarme de que nadie la ha escuchado.

-No me mientas Quinn Fabray, te conozco lo suficiente y conozco esa cara, es la típica de después de una gran noche. ¿Quién ha sido la afortunada? ¿Taylor? Brittany no me ha contado nada.

-Santana, déjalo, estas equivocada y no tengo nada con Taylor, ni me he acostado con ella ni lo voy a hacer.

-No te creo así que deja de negarlo. Por el brillo de tus ojos me doy cuenta de que fue una noche impresionante…vaya rubia, la verdad es que yo no tengo nada que envidiarte, Brittany es genial en la cama pero lo tuyo debió de ser algo glorioso. Se te nota, no preguntes por qué, tengo un don para esto. ¿De verdad que no fue Taylor?

-No Santana y hablando de Taylor, deja de idear encerronas para que estemos juntas, como la cena en tu casa que en ningún momento me dijiste que ella fuese a ir. No quiero nada con ella. –le digo algo más seria.

-Vale, vale no te enfades. Prometo no hacer nada más…-y se calla–solo si tú me cuentas con quien te acostaste anoche. –maldita Santana sabía que no cedería tan fácilmente.

-¿Sabes que eres muy pesada? ¿A ti que más te da con quien me acueste? No es asunto tuyo.

De momento no quiero contarle lo de Rachel, se que por una parte se alegrara por mi, por mucho que le cueste, pero por otro lado me empezara a decir que esa relación no puede ser, porque dentro de siete días Rachel volverá a irse a Nueva York.

-¿Has vuelto a ver a Rachel? –me pregunta de repente.

-No, sí, bueno quedamos la otra tarde para dar un paseo. –le digo nerviosa.

-¿Paso algo la otra noche? –como siga haciéndome preguntas acabara descubriéndolo.

-¿Qué? ¡No! No paso nada. –le digo mientras niego con la cabeza.

-¿Y la tarde que fuisteis a pasear? –Santana está en plan detective, solo le falta la lámpara enfocándome la cara, quiere ver si flaqueo en alguna de mis respuestas, quiere ver alguna señal de que este diciendo la verdad o no.

-Santana no pasó nada. Solo paseamos.

Se queda callada como sopesando las respuestas.

-Sé que no me lo estas contando todo y por una parte me ofendes. No confías en mí y eso me duele.

-Santana…-intento explicarme pero me corta rápidamente.

-¿Anoche te acostaste con Rachel? –a eso se le llama ser directa. No me esperaba esa pregunta. Abro la boca para intentar decirle algo pero me veo interrumpida por mi móvil que comienza a sonar.

Miro la pantalla y veo que Santana se esfuerza por averiguar también quien es la persona que me llama, pensara que quizás así descubra con quien me acosté. Creo que no le ha dado tiempo a averiguar que nombre aparecía en la pantalla.

Es Rachel.

-¡Hola! –respondo alegremente.

-Hola Quinn ¿Qué tal estas? –pregunta con una voz sensual.

-Genial ¿Y tú? –yo más bien le contesto con voz alegre como si fuera una compañera de trabajo. No quiero que Santana se de cuenta de nada que por cierto no para de mirarme y me esta poniendo nerviosa.

-¿Te pillo en buen momento? –me pregunta Rachel, supongo que extrañada por mi tono de voz.

-Sí, bueno no ¿Podemos hablar en otro momento? Dentro de media hora iré a casa, te llamo cuando llegué allí. –le digo rápidamente.

-De acuerdo. –me contesta algo extrañada.

Nada más colgar miro a Santana que ni si quiera pestañea.

-¿Era Rachel?

-¿Eh? –le pregunto pero no me contesta porque sabe perfectamente que le he escuchado.-Sí, era Rachel.

-¿Y por qué no puedes hablar con ella delante mío? ¿Secretos? ¿Algo de lo que no deba enterarme? ¿Quizás que te acostaste con ella anoche? –me pregunta con ironía.

-Santana, tengo que irme. –le digo ala vez que me pongo en pie.

-¿No vas a contestarme a ninguna pregunta? –me dice incrédula. Yo lo único que hago es dedicarle una de mis mejores sonrisas. –No me sonrías de esa manera y contesta.

-Te quiero Santana, nos vemos. –le respondo mientras me voy directa a mi apartamento.

Nada más entrar en casa llamo a Rachel pero no me coge el teléfono. Vuelvo a intentarlo otra vez pero nada, sigue sin contestar.

Me sirvo una copa de vino y me voy directa al salón a poner algo de música, me apetece escuchar algo tranquilo pero la idea se ve interrumpida cuando suena el timbre de la puerta, dejo la copa en la mesa y voy hacia la puerta.

Cuando abro me encuentro con un ángel.

-¡Rachel! ¿Qué haces aquí?-le digo sorprendida.

Pero no me contesta, solo me mira directa a los ojos, tiene una media sonrisa dibujada en la cara, y sin decir nada me pone una mano en mitad del pecho y me empuja levemente hacia dentro de casa a la vez que cierra la puerta con la otra mano. Yo retrocedo hasta que ella baja la mano.

-¿Rachel, estas bien?-le digo medio sonriendo. No me dice nada y sigue mirándome fijamente.

-¿Qué si estoy bien? Dímelo tú. -me contesta de una manera muy sensual.

Y a continuación se quita el abrigo que lleva puesto, lo deja caer al suelo.

Madre mía, está en ropa interior, ropa interior negra, ha venido solo con eso y con unos taconazos de infarto.

Se acerca a mí lentamente.

-¿Y? ¿Estoy bien?-me pregunta levantando una ceja.

¿Bien? ¿Me pregunta si esta bien? Dios mío, me va a dar un ataque al corazón. Trago saliva como puedo.

- Estas impresionante.-le contesto.

Se acerca más a mí, a escasos milímetros de mi boca y me pasa la punta de la legua por los labios, me ha puesto a cien y sin pensarlo la cojo en brazos, ella me rodea la cintura con sus piernas, no sé ni como llegamos hasta la cama, porque vamos tirando todo lo que nos encontramos por el camino mientras nos besamos desenfrenadamente.

Al llegar a la habitación se baja de mi cintura, dejamos de besarnos, estoy atontada, creo que me falta aire, y sin decirme nada Rachel me empuja, no muy fuerte y me dejo caer de espaldas a la cama, ella me mira mientras se muerde el labio y sin pensarlo más me desnuda, me quita todo lo que le sobra de tela en mi cuerpo.

Me mira de arriba a bajo y se pasa la lengua por los labios tan jodidamente sexy que creo que no voy a aguantar mucho más sin lanzarme a ella.

-Dios Quinn, eres perfecta.-me dice casi susurrando y yo no puedo dejar de mirar su precioso cuerpo, ella es perfecta y no tiene ni idea de lo que me pone verla subida a esos tacones.

Se sube encima de mí, a horcajadas, me besa, nos besamos apasionadamente, como si mañana se acabase el mundo. Le intento quitar el sujetador pero Rachel rápidamente me para las manos y me las sube por encima de la cabeza. Quiere tener completamente el control y me lo hace saber.

-Hoy estas a mis ordenes.-Me susurra sensualmente en la oreja, rozando sus labios en ella. Y yo qué estoy que no puedo más, gimo suavemente y levanto las caderas inconscientemente para sentirla más cerca.

Ella se da cuenta y sonríe de medio lado. Comienza a besarme de nuevo, baja por mi cuello, lo muerde, lo lame y sigue bajando mientras se hace hueco entre mis piernas que las separa lentamente. Yo veo como baja por mi vientre. Dios mío creo que voy a morir cuando siento su lengua en mi centro.

-Rachel -gimo y vuelvo a gemir cuando vuelve a lamerme.

Toda ella es fuego, me calienta indecentemente, me domina de una manera sobrenatural y estoy dispuesta a dejarle hacerme lo que quiera, de entregarle mi cuerpo en bandeja de plata para que me coma, para que me saboree.

Estoy agarrada a la sabana tan fuertemente que creo que la he desgarrado por algún lado. No quiero que pare y si os digo la verdad no sé si es un pensamiento en mi cabeza o se lo he hecho saber en voz alta, no soy consciente.

No voy a aguantar mucho más. No paro de gemir y de decir Rachel, creo que el cerebro en este momento no me da para más. Ella intenta controlar el movimiento de mi cadera con sus manos y verla de esa manera me excita aun más.

Vuelve a subir por el vientre, me besa los pechos y llega hasta mi boca, me besa, me mete la lengua, que se encuentra con la mía y sin previo aviso introduce dos dedos dentro de mí.

-¡Joder Rachel!- vuelvo a gemir mientras arqueo la espalda. Creo que se esta enterando todo el vecindario, pero me da igual.

Estoy a punto, he cerrado los ojos pero Rachel no me deja.

-Mírame cariño- me dice.

Yo abro los ojos y la miro directamente hasta que mi cuerpo se tensa y llego a ese maravilloso orgasmo que me ha provocado.

Me rindo en la cama, boca arriba intentando controlar la respiración, Rachel se ha recostado al lado mío y solo me observa en silencio con una sonrisa dibujada en la cara.

Me acaricia la mejilla, los labios, pasa sus dedos por mi mandíbula y la baja por el cuello hasta que la deja apoyada en mi hombro.

-Eres preciosa. –le escucho que me dice y os juro que la amo, la adoro. Me giro y la miro directa a los ojos.

-Ha sido impresionante, has sido impresionante. –le digo con la respiración más calmada.

Ella me sonríe y se acerca hasta mis labios para besarme dulce y suavemente. Paso mis dedos por su pelo y voy bajando la mano hasta su cintura, la acerco más a mí, no quiero que haya ni un milímetro de espacio entre nosotras.

-¿Cómo has venido a si vestida? ¿Y si te llegan a ver? –le pregunto sonriendo.

-He venido en taxi desde el teatro además el abrigo me tapaba todo perfectamente.

Me separo un poco y vuelvo a mirar como va vestida con esa ropa interior.

-Espera un momento, ¿Esto no es lo que llevas en la obra de teatro? –le pregunto.

-Sí ¿No te gusta? –me pregunta con picardía.

-Mmm…no sé, no esta mal. –le digo en tono de broma. En realidad está para comérsela.

-¿No sé? –me pregunta -¿No te gustan estos tacones de infarto? –me dice mientras levanta una de sus piernas. -¿No te gustan estas maravillosas y suaves medias negras? –me pregunta a la vez que se acaricia la pierna que tiene levantada.

-No esta mal. –vuelvo a contestarle bromeando e inconscientemente comienza de nuevo a excitarme mientras veo como se acaricia la pierna.

Ella me mira y me dedica una ligera sonrisa y sin previo aviso se sube a horcajadas encima mío.

-¿Con que no esta mal, eh? ¿Esa es tu valoración? Supongo que tampoco te gustara mi ropa interior ¿No? –me dice levantando una ceja y se baja los tirantes del sujetador.

Le sonrío como respuesta y comienzo a pasar mis manos por sus muslos pero Rachel rápidamente me detiene y lleva sus manos hasta su ropa interior, levanta un poco la cadera y comienza a bajarse lentamente las braguitas negras que lleva puesta, justo cuando esta apunto de que pueda verla completamente expuesta se para, vuelve a subirlas y se muerde el labio.

-No, me parece que no te gusta nada lo que llevo puesto. –y se levanta de encima mío, dispuesta a irse de la habitación.

Me estiro y la agarro de la mano rápidamente, la atraigo hacia mí y ella cae de nuevo en la cama, veo que sonríe triunfante en su plan. Me tumbo encima de ella y Rachel coloca sus piernas alrededor de mi cadera.

-Me encanta todo lo que llevas puesto pero más me encantas tú, con o sin ropa.

Me sonríe ampliamente y yo creo enamorarme aun más de ella si es posible.

La beso saboreando cada parte de su boca, es deliciosa, me pierden sus labios.

-Quinn ¿No deberíamos cenar? –me pregunta como puede mientras no dejo de besarla.

-Yo ya estoy cenando. –le contesto sin pensar.

-¡Quinn! –me dice riéndose.

Dejo de besarla y entonces me doy cuenta de lo que le he dicho y no puedo controlar la vergüenza que me invade en ese momento debo de estar rojísima.

-Perdona.-le digo avergonzada. –Sí, preparo algo y cenamos.

-Eres tan tierna. –Me dice Rachel. –me encanta cuando te sonrojas.

Le he dejado un pijama a Rachel, no es plan de que se pasee por mi piso en ropa interior, no podría concentrarme a la hora de hacer la cena.

Es adorable, esta cerca de la ventana de la sala y mira la ciudad, esta de espaldas a mi.

Aun no me creo lo que esta pasando entre nosotras, es demasiado perfecto. No quiero perderla, no quiero que se vaya a Nueva York, quiero tenerla todo el tiempo conmigo.

Me acerco hasta ella y la abrazo por la espalda, le beso el cuello y ella apoya sus manos suavemente en las mías.

-¿Quieres quedarte esta noche a dormir? –le pregunto algo dubitativa, no quiero agobiarla, que yo quiera pasar todas las horas de mi vida con ella no quiere decir que ella también quiera.

Rachel se gira y me mira con sus inmensos ojos marrones.

-Claro, me encantaría.