A pesar del título (digamos que es 'metafórico'), el capítulo promete mucho, yo sé que les va a gustar, lo bueno se hace esperar.
Eclipsis of Virgins
6
Breaking my heart
You're breaking my heart tonight. Kissing me hard, see Valentine stars delight.
I just wanna party tonight. We're breaking all the rules.
But baby, it all feels so right.
Diez cosas que tengo ("Tenemos, Draco, tenemos") que hacer antes de morir:
1-Ir a Roma con alguien que quiera (por consecuencia al estúpido de Potter).
2-Ir a París.
3-Tener sexo. (Sonrojo).
4-Tener sexo en una playa, o en algún lugar indecoroso y visible. (Más sonrojo).
5-Emborracharme hasta que pierda el conocimiento.
6-Probar esa hierba muggle de la todo el mundo habla, o un cigarrillo tal vez. ("¿Quieres agregar también la palabra suicidio en tu lista, Malfoy? Porque no te dejaré, ni en un millón de años que te drogues" "Que aburrido eres, Potter")
7-Tener un grupo de seguidores, uno bien grandote, como que me aplaudan al pasar, o algo así.
8- Ir a esa cosa que Potter llamó "cine", para poder probar que los magos seguimos y seguiremos siendo superiores a los muggles. Y de paso, ya que, ir al mundo muggle para seguir probándolo.
9-Hacer un muñeco de nieve.
10-Tener una mascota (bueno, quién sabe, sólo si es capaz de estar a mi altura).
— ¿Con qué quieres empezar?
Draco meditó por unos segundos, mientras que al mismo tiempo se ataba la corbata sin mirar realmente. Todavía podía recordar cuando su madre le enseñaba a atarse la corbata, como todo un hombre. Su padre había estado demasiado ocupado como para hacerlo él mismo en persona.
—No, así no, Draco, querido, estas enredando tus dedos sobre ella—y sonreía con ternura, mientras lanzaba risitas y Draco la fulminaba con la mirada.
Draco siempre había sabido que la sonrisa de su madre era la más hermosa de todas.
Ahora casi ni siquiera podía recordarla.
La manera en que sus comisuras se levantaban levemente, mientras sus hombros temblaban por el esfuerzo de no carcajearse—porque lanzar carcajadas no era muy educado (ni fino, ni estaba permitido para ella) que digamos— y ese movimiento hacía que sus cabellos rubios bailaran. Draco podría pasarse mirándola por siempre.
Siempre le dijeron que se parecía a su padre. Antes se había enorgullecido, pensando que tal vez, podría estar a la altura de sus expectativas. Sin embargo, cuando se miraba en el espejo sentía que era la viva imagen de su madre.
Su cabello rubio con destellos platinados era tan suave como se veía, y hacía mucho que no se lo cortaba, ni acomodaba, estaba un poco largo y casi podía sentirlos rozando sus hombros. Sus pómulos estaban marcados y eran muy bonitos, tuvo que admitir. Era pálido como el papel y su piel era tan sensible como el cristal, nada recomendable; Draco amaba su piel (porque, bueno, sin ella sería algo terrible de admirar), pero tenía una hipersensibilidad extrema que lo alteraba.
Negándose a que la melancolía lo arrastrara a un mar de depresión, ignorando que su madre no le había enviado ni una sola carta desde que había entrado a Hogwarts. Y si pudiera olvidar, lo olvidaría todo. Olvidaría que su madre no lo había mirado a los ojos desde que se enteró del tema. Siempre era El Tema.
Suspiró cansinamente. Sus dedos se habían enredado en la corbata, otra vez, no había logrado anudar una desde que sucedió, todo ese año lo había hecho con magia. Parecía ser un daño colateral, el hecho de que había perdido la única cualidad que su madre le había enseñado. De la misma manera que también había perdido a su madre.
Harry levantó la vista de la lista, que sostenía torpemente entre sus manos, a tal falta de respuesta, mirándolo entre interrogante y divertido. Sonrió al verlo, mientras que a Draco no le hacía gracia en absoluto. Pero su estómago cosquilleaba cada vez que reía.
No era justo. Simplemente no lo era. Desde que despertaron esa mañana Harry era todo sonrisas y encantos. Sonreía de tal forma, que Draco estaba seguro de que podría contar sus dientes blancos si los señalaba con el dedo, mientras que al mismo tiempo, un adorable hoyuelo bailaba en su mejilla izquierda y sus ojos brillaban como un relámpago. No debería verse jodidamente lindo. Tampoco debería hacer sentir a Draco como si cayera de un edificio y rebotara, para volver a caer. Esto se estaba convirtiendo en un sube y baja de emociones, de los cual, Draco no podía controlar.
—Deberíamos empezar por la mascota, ¿no crees? Es la más sencilla de todas—habló al ver que Draco no respondía, dubitativo, mientras se mordía el labio y observaba la hoja de papel en frente de él.
Harry se veía confuso, pero él podía sentirlo contento. Hacía bastante tiempo que Draco podía percibir sus emociones y sentimientos, parecía como si vinieran a él a través de honda de transmisión, provocando que él se estremeciera. Era una sensación tan peculiar y adictiva, poder imaginar y sentir lo que Harry sentía emocionalmente. Había empezado siendo escasa y casi susurrante, imprevisible, pero cada día que pasaba se acentuaba más y más, hasta que Draco mismo había empezado a depender de las sensaciones de Harry, de darse cuenta, de que estaba leyéndolo como un poema. Porque, poder sentir la gloriosa sensación de las emociones de Harry, no le daba el privilegio de leer sus pensamientos. Era como leer un libro incompleto.
Frustrante, y alarmantemente dependiente.
Draco se había convertido en un dependiente.
Dependía de Harry, en absolutamente todo. De sus sonrisas, de su rostro, de su cuerpo (aunque no como le hubiera gustado), de su energía, de sus emociones. La propia felicidad de Draco dependía de la de Harry.
Sus sentimientos prendían de un hilo, Draco mismo prendía de un hilo tan fino, que al mínimo movimiento, Harry podría romperlo sin darse cuenta.
Observándolo, mirando cómo su cabello revuelto estaba más desordenado, la ropa desarreglada y arrugada, mientras sacaba la lengua entre medio de sus dientes, concentrado, Draco se dio cuenta de que si bien una parte de él estaba convertida en un completo desastre paranoico, había otra parte, que lo único que hacía era ronronear como un gato, de lo feliz que se sentía estar al lado de Harry.
Patético. Si lo seguía pensando terminaría por perder el juicio.
—Sí—contestó con la voz enronquecida, apartando la mirada, sintiendo el cuerpo de Harry acercarse—. Pero también es la más aburrida, creo agregar que es la única que escribiste en la lista.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca como para hacer que a Draco se le corte la respiración, Harry hizo un mohín, mientras su estómago daba un vuelco y se quedaba tenso y estático. Paralizado.
—No, yo también puse el de ir a París—Draco bufó y rodó los ojos, con un poco de nerviosismo, observando que Harry llevaba sus manos a la corbata deshecha—. Y…
— ¿Qué haces? —Lo interrumpió, alarmado.
—Atando tu corbata, está peor que la mía, y eso ya es decir—se encogió de hombros con simpleza, mientras sus dedos callosos no paraban de rozar su clavícula, en un vano intento de acomodar la prenda escarlata— ¿Sabes? Siempre pensé que serías bueno en este tipo de cosas. Suenan muy tu estilo.
Porque es lo que un padre te enseñaría.
—Las corbatas no me gustan—prosiguió, enredando aún más la prenda; Draco sólo intentaba contener sus estremecimientos, su respiración agitada y las ganas que tenía de besar a Harry, porque, estaba tan cerca, su aroma invadía sus fosas nasales, como si no pudiese captar otra cosa que no fuera ese olor tan característico; también, al mismo tiempo que intentaba luchar contra las sensaciones que lo impregnaban, la ternura que le producía lo que estaba haciendo Harry, lo que estaba contándole, y la melancolía de darse cuenta, de que, a él tampoco le gustaban las corbatas en absoluto, lo único que le gustaba, era que su madre le enseñase a atarlas—. Son como forzadas, ¿no crees? Lo siento, pero esto no está funcionando—señaló el nudo que había provocado, haciendo que Draco sonría levemente.
—Déjalo—se la quitó por encima de la cabeza, y se dejaba caer en la cama de doble plaza, desplomándose—. Después de todo, no tengo ganas de ir a clase.
Harry alzó las cejas.
—Y que, ¿vamos a fumar porros?
—Exactamente—le regaló una sonrisa lobuna, mientras Harry se carcajeaba.
—No seas ridículo. Tenemos que ir a clases, este año son las MHB. No me gusta sonar como Hermione, pero es cierto y no me agradaría repetir el año.
A Draco no le parecía conveniente mencionar que, aunque era un estudiante ejemplar y estaba en el segundo puesto de la clase, si él quería, podría dejar de hacerlo y pasaría de todas maneras el año. Su padre era muy influyente, más aún en el estado culpable en que estaba ahora. Haría lo que fuera por Draco, en estos momentos, en un intento desesperado por ser perdonado.
Así que, sólo se dio media vuelta, esperando internamente que Harry se fijara en su pomposo trasero, y agarró la almohada mientras bufaba y mascullaba: Estúpido Gryffindor.
—Bueno, está bien, iremos al desayuno—habló Draco, sin darse la vuelta, con el rostro casi enterrado en la almohada—. Pero, por hoy no vamos a ir a clases. Quiero tachar algunas cosas de la lista, ¿qué te parece?
Cumplir con los objetivos de la lista sin Harry era demasiado solitario. No tendría sentido en absoluto.
Cuando se dio la vuelta para observarlo, Harry estaba atando sus cordones, con un poco de color rojizo en sus mejillas, mientras, que, evitaba su mirada, incluso aunque ya haya terminado de hacerlo, parecía que las zapatillas viejas y rotas eran la cosa más interesante en ese momento.
—Eh, supongo que está bien.
Después de hablar un poco más, arreglarse minuciosamente el cabello, mientras Harry bufaba y murmuraba algo que sonó a perfeccionista, después de arreglar su corbata con magia ante la mirada divertida de Harry, quien sonreía con picardía, y de vestirse adecuadamente con la túnica, ambos salieron por el cuadro de la hermosa joven, quien seguía mirándolos como si ella supiera algo que ellos no. Y mientras caminaban por el largo pasillo, Draco preguntó:
— ¿Cómo averiguaste esa habitación? Nunca había reparado en esta parte del castillo.
Harry pareció meditar su respuesta, porque pasó una eternidad mordiéndose el labio y buscando cuidadosamente sus palabras antes de hablar.
—Es…un secreto—Draco frunció el ceño, en señal de disgusto, mientras que una fina línea se formaba en su labio—. No puedo decírtelo ahora, porque no me creerías, pero luego prometo mostrártelo.
A él no le hacía mucha gracia que le estuviera escondiendo algo, pero no es como si Harry confiara completamente en él, ¿o sí?
Pensar que pudo llevar a una chica a esa holgada y espaciosa habitación, hacía su sangre hervir.
Draco está acostumbrado a las sensaciones se multipliquen, sobre todo si es respecto a Harry, pero el mero pensamiento lo ponía enfermo, lo descomponía. No lo soportaba. Hacía que quisiera salir corriendo a cualquier lugar menos ese, no solo se sentía traicionado, lo hacía sentirse estúpido, como si no hubiera sido suficiente, como si hubiera fracasado.
Dentro de él pequeñas agujas se clavaban y lo despedazaban todo, y eso que sólo lo estaba imaginando. Suponiendo.
Abrió la boca para preguntarle, porque realmente quería saberlo, pero la cerró inmediatamente, porque, después de todo, él no tenía derecho. No podía llegar a ser nada más que una aventura, una experiencia, eso de confraternizar con el enemigo. Jugar con él. Usarlo.
Si esa era la única manera de estar cerca de Harry, Draco podría convertirse en el muñeco que quisiera.
Se pateó mentalmente. Porque ese no había sido su pensamiento.
¿De dónde había salido, entonces?
Era como estar partido en dos, en donde las dos partes se conectaban con Harry de una manera diferente, inigualable. En donde estaba el Draco que quería hacer lo que se le diera la gana, rebelarse, lo que fuera, porque quería hacer cualquier cosa, deshacerse de una parte de la crianza Malfoy, porque ya no lo soportaba, decir que no le pertenecía a nadie. Pero el otro Draco, o lo que fuera que era ese pensamiento, estaba irremediablemente atado a Potter, ese Draco que sentía las cosas por mil, que lo único que quería hacer era complacer a Harry.
Y estar consciente de que esos dos Dracos querían controlarlo lo estaba matando.
Harry lo miraba preocupado, seguramente su guerra interna se vio visible en un momento de distracción.
— ¿Está todo bien?
Sus ojos chispeaban preocupados y afligidos.
Ahí estaba Harry Complejo de Héroe Potter.
Sonrió un poco, dándose ánimos al mismo tiempo.
—Todo va perfectamente—mintió.
Pero, al menos había algo de lo cual los dos Dracos parecían estar de acuerdo: los dos estaban perdidamente aferrados a Harry. A ambos les gustaba. Draco entero estaba que se moría por Harry.
Bueno, eso era algo.
—Ni en un millón de años, Potter.
El rumor de que Harry lo había abrazado, y había impedido que Draco despedazara a un Ravenclaw, se había esparcido por la escuela. La gente los miraba con los ojos abiertos de par en par, sin poder creérselo. Susurraban a sus espaldas, y más de uno había ido a preguntarle a Harry qué poción de adiestramiento había usado Malfoy para que lo obligue a estar a su lado. Está de más decir que si no fuera por Harry, Draco hubiera usado un par de maleficios muy efectivos, que se lo pensarían dos veces antes de dirigirse a él de esa manera. Pero, la verdad, solo bastó una mirada fulminante y helada marca Malfoy para que salieran corriendo.
Los Slytherins miraban a Draco como si fuera un fenómeno, bueno, sólo algunos, los que tenían las suficientes agallas como para siquiera mirarlo. Todos parecían un poco aterrados de la explosión de Draco con el Ravenclaw, tanto, que tremían acercárseles.
Pero, claro, no faltó el estúpido que escupió:
—Malfoy, Malfoy, Malfoy. Yo te hacía más inteligente—Marcus Flint lo miró de arriba abajo con una ceja alzada y mirada burlona—. Primero Creevey y ahora Potter, ¿acaso te estás acostando con todos los Gryffindors?
Si no fuera por el agarre posesivamente fuerte de la mano de Harry en su brazo, que por cierto, le estaba cortando la circulación, le habría hecho que se tragase sus palabras. Potter debía de estar al tanto de que últimamente se dejaba llevar por los impulsos.
Debía de ser contagioso.
Se había tragado incluso su respuesta mordaz. Porque lo había ignorado olímpicamente y se había enfrascado en una conversación/discusión con Harry sobre dónde deberían ambos sentarse.
Harry insinuaba, que Draco Soy Príncipe de Slytherin Malfoy iba a sentarse en una chiquera mesa de leones. Estaba completamente loco si creía eso.
—Oh, vamos, Malfoy, ¿le temes a…?
Si Potter se iba a meter con su orgullo, que se abstuviera a las consecuencias.
— ¿Que si le tengo miedo a unos gatitos? —Preguntó irónico, alzando una ceja, cruzándose de brazos y levantando levemente las comisuras de sus labios, mientras veía a Harry entrecerrar los ojos amenazadoramente; el sensor de Draco estaba en rojo, gritándole que estaba yendo por muy mal camino, sabía que Harry se enojaría si seguía hablando, era tan ridículamente Gryffindor…sin embargo, Draco realmente no podía contenerse— Por supuesto que no. ¿Acaso tú le temes a unas serpientes inofensivas?
Si los Slytherins eran algo, definitivamente no eran exactamente, lo que se dice, inofensivas.
Potter, sintiéndose obviamente ofendido, y Draco no solo podía sentirlo en cada poro de su piel, lo veía, en su magia desequilibrándose, Potter era realmente muy impulsivo, sus ojos verdes esmeraldas chispeaban levemente furiosos, intensos, su cuerpo estaba tenso y alerta, como si en cualquier momento alguien fuera a atacarlo.
Mirando sus expresivos ojos intensos, Draco se había olvidado por completo de por qué estaban peleando, se sentía hipnotizado, y su cuerpo se sentía extraño, excitado.
¿Cómo, por el nombre de Merlín, podía llegar a sentirse excitado cuando estaban teniendo una discusión? Una ridícula discusión debía agregar, pero discusión al fin y al cabo.
Estaba temblando, tuvo que apartar la mirada, porque no sería responsable de sus acciones si seguía observando embelesado a Harry, que lo miraba furioso con aquella intensidad.
¿Harry siempre había sido así de profundo? ¿O es que ahora él estaba siendo así de sensible?
No entendía nada.
Apartó la mirada.
—Draco, ¿por qué estas tardando tanto? —Chilló la voz de Colin a su lado, sin embargo, él seguía tan desconcertado, que siguió mirando el punto fijo en el piso, con ceño fruncido—. Te guardé el asiento y todo.
— ¿Por qué deberías guardarme mi propio asiento? ¿En mi propia mesa? Tú eres el que no pertenece allí—su voz sonó más fría e impersonal de lo que habría deseado, pero estaba tenso por las emociones vividas y no quería que Potter se enojara con él, aunque resultara inevitable.
Observó al niño, con la máscara de indiferencia ya puesta, viendo cómo sus ojos claros se ponían vidriosos un segundo, pero luego supo recomponerse y le sonrió, aunque Draco todavía podía vislumbrar la tristeza en ellos.
Suspiró.
Gryffindors.
Predecibles. Todos ellos.
Entonces, ¿por qué se sentía culpable?
No le dijo nada, no sabía cómo comportarse con ese crío insufrible, que, de alguna manera, había resultado siendo importante. No sabía qué hacer con aquellos sentimientos, que si bien, no se asemejaban a los de Harry ni por asomo, pero eran algo. Algo parecido a cariño.
Como lo que había tenido con Blaise, pero de una manera completamente diferente.
Se animó a mirar a Harry de costado, casi por el rabillo del ojo, porque en sus venas, bullía una furia inexplicable, que no era de él. Harry estaba enojado. Pero era otro tipo de enojo, no como el de recién, había un brillo posesivo en la mirada verde, mezclado con un poco de tristeza.
— ¿Sabes, qué, Draco? —Y cuando habló sonó como un siseo, un susurro furioso mal contenido. A Draco se le erizaron los vellos de la nuca, cuando Harry agarró fuertemente su brazo y habló sobre su cuello—. Mejor sentémonos en Slytherin.
—B-bien—susurró, un poco atemorizado.
Y Harry seguía sosteniéndole del brazo, incluso cuando se sentaron en la mesa.
Sus dedos, que apretaban e irritaban su piel sobre la tela, quemaban y ardían como si estuviera tocándolo en todas partes.
Se sentía tan transparente, tan desnudo. Nunca había tenido muchas relaciones que digamos, un poco por aquí y otro por allá, mientras que el día del Eclipse, había, inevitablemente, perdido la virginidad con Harry Potter, y ahora, se sentía irremediablemente atado sexualmente a él.
Mientras que todo con respecto a Harry lo afectaba profundamente (sentimental y corporalmente), y ahora parecía particularmente molesto sin razón aparente, Colin se sentía herido pero seguía a su lado (como siempre desde esa noche), todo el colegio sabía que mantenía una relación, y aunque ya había especulaciones, nada estaba confirmado, aparte, claro, de que creían que Draco lo había hechizado para conseguir la simpatía del héroe. Genial. Encima, algunos le temían, bueno aunque eso siempre era satisfactorio, pero el problema era que no le temían como él quería temer, sino porque lo creían una especie de monstruo que quebraba costillas al azar. Ahora todos sabían que había sido él el que se había peleado con el Ravenclaw, y aunque se lo merecía, no quería ser tachado por una animal sin control. Porque había personas que había visto lo que realmente había sucedido, habían sido testigos de su impulsividad y ahora, estas, eran las consecuencias.
Siempre le había gustado ser el centro de atención, pero no de esa manera. Tan vulgar y vil, peleando con los puños, como un muggle.
Pero Harry lo había abrazado. Y lo había llevado a una habitación secreta, en donde lo había curado tiernamente a su manera, y en donde su relación, inevitablemente, se había fortalecido.
Draco no podía creer de que a pesar de todos esos chismes indeseados, lo volvería a hacer mil veces con tal de que Harry lo abrazase de nuevo.
Dios, que necesitado sonaba.
¿Es que, acaso, había algo que podía empeorar más aquella situación?
—Draco, ¿qué demonios significa esto? —Gritó la voz, inconfundible, de Blaise.
Doble genial.
Ahora, las cosas, sí habían empeorado.
Contuvo las ganas que tenía de estampar su rostro contra la mesa (porque eso ya pasaría a ser más que patético, a ser humillante en otros términos), y levantó su mirada gris para encontrar a los oscuros ojos de Blaise, que era casi completamente negros, que no se habían dignado a mirarlo fijamente durante…hacía ya bastante tiempo.
— ¿Qué? —espetó, con brusquedad, y sintió a Harry tensarse a su lado.
— ¿Acaso planeas traerte todo el circo de leones, o qué?
— ¿Tengo, yo, acaso, que pedirte permiso? —Susurró amenazadoramente, mientras entrecerraba los ojos, ante la pregunta cínica y retórica.
La mirada dolida y enfadada de Blaise le dio la respuesta de todas sus preguntas con respecto a su amistad. Blaise no debería de habérsele acercado, porque no importaba cuánto tacto pudiera tener Draco (tacto que no poseía), o cuán considerado fuera (que, en realidad, no lo era en absoluto), Blaise se sentiría dolido por todo lo que salga de su boca, por todas sus acciones. Porque la herida estaba demasiado abierta como para forzarla a cerrarla de un tirón. Demasiado latente. Y aunque Draco lo sintiera, con sentirlo no bastaba, no ayudaba en nada.
Así que, estaba bien por ahora, mantenerse alejados.
Se sentó al lado de Pansy (quien, aunque estaba tan bonita y arreglada como siempre, se la veía más cansada que nunca), murmurando cosas intangibles y volviendo a evitar su mirada. Y Draco estaba seguro de que Harry no se había relajado por completo, pero ya no estaba tan alerta. Theo estaba leyendo un libro mientras tomaba su café fuerte de siempre, e ignoraba a todos, como siempre, pero Draco podía garantizar, que captaba todos los movimientos de las personas que estaban en la mesa, después de todo, siempre sería increíblemente calculador.
Cuando iba a abrir la boca para hablarle a Harry sobre cómo iba a pasar su día, unas voces, terriblemente irritantes, se adelantaron.
— ¡Harry! —Chilló la comadreja en un tono particularmente indignante— ¿Me puedes explicar qué haces, por Merlín y santo Godric, en la mesa de Slytherin?
La sabelotodo apareció detrás de Weasley, con el ceño fruncido y los labios apretados, llevaba tres libros, con portada dura, y bien gruesos. En letra fina y plateada, el título de uno de ellos se podía leer con claridad: Caperucita Roja.
Draco rodó los ojos olímpicamente. ¿No se les ocurriría un nombre más estúpido? Seguro que era muggle.
—Sí, Harry—habló ella, pero, al contrario que Weasley, en un tono más calmado—, ¿por qué te sientas aquí?
—Ya…ya hablamos de esto, chicos, ¿verdad? —Suspiró hondamente.
Luego rozó sus dedos con los de Draco en un intento de agarrar la mermelada de frambuesa que él sostenía, estático. ¿A qué se refería Harry con 'ya hablamos de esto'? ¿Es que les había contado de Draco a sus amigos? Su corazón latía fuerte y el hecho de que Harry rozara su mano con los dedos, solo aumentaba su ansiedad, y casi se le resbala la mermelada de las manos.
—Harry, sé razonable…—empezó, y Draco no la conocía (y esperaba realmente nunca llegar a conocerla), pero sabía cuándo alguien empezaba con un sermón.
—No, Hermione. Basta ¿Cuál es tu maldito problema?
Elevó un poco la voz, y Draco se alteró un poco.
Y se suponía que ese día era única y exclusivamente para ellos dos…
Él quería que ese día fuera especial. Quería cumplir algunos objetivos de la lista. ¿Por qué todo había tenido que salir tan estrepitosamente mal?
Y pensar, que si bien los recuerdos de su madre seguían presentes impregnados en su retina y memoria, con Harry se había sentido a salvo. Se había sentido magnífico y maravilloso, casi como ser protegido y cuidado.
Y ahora Colin, quien hablaba hasta de lo que no sabía, permanecía callado, Blaise volvía a estar herido, Pansy parecía ya haber perdido el juicio, o la esperanza, lo que fuera; Weasley lo miraba como si fuese excremento que le acababa de pedir casamiento, con horror e incredulidad, Granger no parecía contenta con él, Draco hasta se aventuraba a que no se fiaba de él. Incluso Theo había dejado su libro para observar la acalorada discusión del Trío de Oro. Pero lo peor de todo era que Harry se veía realmente enfadado y molesto.
Así que Draco hizo lo único que podía hacer:
Hacer el ridículo y ser impulsivo, lo que estaba haciendo últimamente. Nada propio de él. Pero, ¿qué importaba eso ahora? Si él quería estar con Harry que les dieran por el culo a todos.
Porque él ya estaba cansado de que su vida sea controlada constantemente.
— ¿Y qué tiene de malo que se siente en la mesa de Slytherin? ¿O que se siente conmigo? ¡¿Acaso yo te reproché que pasaras demasiado tiempo con Blaise?! —Y se abstuvo de decirle sangre sucia por respeto a Harry, y por evitar una pelea futura; Granger tenía las mejillas sonrojadas y lo miraba con desagrado; Draco podía escuchar el silencio en el que se había convertido el comedor— ¿Por qué te metes en donde no te llaman? Sé que tienes miedo, por Potter, que es tu mejor amigo, hasta yo puedo comprenderlo. Pero no aceptaré que te metas o intentes controlar a Harry, porque si él quiere incluso ser amigo de la esfinge de China, puede serlo. Y si quiere sentarse en la mesa con su antiguo 'enemigo', también puede hacerlo. Y ni tú ni nadie puede impedirlo. ¿Quién te crees que eres? ¿Su madre? Ocúpate de tu absurdo enamoramiento con tu otra serpiente y déjanos en paz— bueno, tal vez se había pasado un poquito, pero no podía evitarlo, y notó que las mejillas de Granger se tornaron del color del rojo vivo, mientras abría grande los ojos: justo en el blanco—. Comprendo tu miedo, soy relativamente peligroso para Harry, pero, ¿sabes qué? Siempre fui una persona egoísta.
Y con esas últimas palabras, que debieron de dejar a todo el mundo estupefactos, agarró por el brazo a Harry y lo arrastró fuera del comedor, sintiendo su mejillas arder y su corazón palpitar desenfrenado.
Seguro Harry estaba enojado con él porque había sido grosero con su amiga la sangre impura, y joder, debía dejar de llamarla así, porque un día se le iba a escapar y entonces Harry sí estaría realmente cabreado.
Se cubrió la cara con las manos, mientras se apoyaba contra la pared, a lo lejos se oían los griteríos del Gran Comedor, había provocado otro enorme desastre, parecía que era lo único que hacía últimamente, fabricar desastres continuamente.
Respirando entrecortadamente, sintió las manos cálidas de Harry en sus muñecas, apartándolas de su rostro, sin embargo evitó su mirada, hasta que, de igual manera silenciosa, Harry tomó su mentón con delicadeza, obligándolo a mirarlo a los ojos.
Y Draco ardía.
Porque estaba tan cerca que hasta sus labios casi rozaban, sus cuerpos casi se tocaban por completo. Y Draco quería lamer sus labios hasta el cansancio, hasta dejar de respirar, quería ser follado hasta que su cuerpo cayera exhausto y no pudiera más. Quería tanto. Quería tanto con Harry. Que dolía.
Porque, no importaba cuánto deseara, cuánto anhelara, las cosas con Harry eran diferentes. Y aunque siempre había una esperanza latente, Draco no podía crearse esperanzas, porque todo dentro de él ya estaba lo suficientemente roto y desordenado como para seguir partiéndose en más pedazos.
Pedazos que no lograría reunir nunca.
—Lamento haberme pasado con tu amiga—susurró aunque no era necesario, el aire no llagaba a sus pulmones, Harry seguía sosteniendo su mentón y lo miraba fijamente, de manera indescifrable. Hasta que sonrió.
Su pecho se calentó inexplicablemente, mientras su boca se secaba.
—Sí, bueno, fuiste un poco rudo, pero está bien. Yo nunca sería capaz de decirle eso, y ella necesita un freno. No quiero que se meta entre mis cosas, aunque sea mi amiga. No quiero que se meta entre nosotros. Porque no lo entendería.
Esta vez, Draco sí sonrió. Sintiendo como sus músculos se relajaban (¿o eran los de Harry?) y respiraba aire por primera vez. Sus fosas nasales volvían a estar llenas de Harry.
— ¿Con qué quieres empezar de tu lista? Las clases hoy no se me hacen muy atractivas.
— ¿Sexo en playa? —Sonrió burlón, viendo cómo Harry enrojecía.
—Draco…—dijo en tono de advertencia.
— ¿Qué? —fingió inocencia. Potter lo miró duramente, mientras él bufaba, rodaba los ojos y suspiraba resignado— Oh, está bien. ¿Qué te parece…mmmh fumar? Y no me vengas con el cuento de la mascota porque me muero de aburrimiento, Potter.
Fumar no resultó algo prácticamente lindo, pero estaba bien.
Draco había conseguido los cigarrillos de un chico que hacía contrabando en Hogwarts, el chico tenía, literalmente, de todo, y se rumoreaba que le vendía mercancía hasta a Filch. Draco no lo creía, ese viejo amargado estaría encantado de castigarlo de manera sádica y tortuosa, y odiaba a todos los alumnos, sin excepciones. Pero, eso no quitaba el caso de que, tenía muy buenas mercancías. Draco había comprado cinco paquetes de cigarrillo (muggles, al parecer), y cinco botellas diferentes de alcohol, una de whisky de fuego, otra bebida fuerte muggle que era bastante llamativa y con un color muy fuerte, licor (del caro), un tipo de vodka llamado Smirnoff (de origen muggle, seguramente, pero estaba bien mientras fuera lo suficientemente fuerte), Coñac y vino selectivo (porque, por favor, el vino era un clásico), elegido por él, claro, Potter resultaba ser un inculto para ese tipo de cosas…y bueno, para la mayoría de las cosas.
Harry se la había pasado tosiendo de manera exagerada, mientras ponía cara de asco. Fumar no era lo suyo, principalmente porque lo estaba haciendo mal. A Draco no le había ido tan mal, había visto a su padre fumar centenares de veces, que ya se había aprendido la táctica.
—Tienes que aspirar el humo, idiota. Retenerlo y luego expulsarlo—no importaba lo que dijera, Harry seguía mirando al cigarrillo en su mano como si fuera un perro que acababa de morderlo.
Era tan adorablemente lindo.
Ambos se habían encerrado en la habitación de la muchacha bonita, que, convenientemente, tenía un balcón, en donde los dos se habían sentado en la baranda, con los pies al aire, como en la Torre de Astronomía, mientras fumaban sus primeros cigarrillos, juntos.
El cielo estaba gris. Y oscuro. Casi podía sentir la noche caer sobre ellos. Ni un rayo de sol se asomaba, sospechaba que tampoco habría estrellas en la noche.
Esas cosas lo calmaban, ahora Draco lograba entender por qué eran una droga para casi todo el mundo.
Giró su cadera, hasta que apoyó sus pies sobre el mármol frío de la porcelana del balcón, mirando de reojo a Harry, quien lo imitaba y volvía a mirar el cigarrillo como si fuera a desecharlo.
Sin darse cuenta de lo que hacía, se posicionó detrás de Harry, y notó que ambos tenían la misma altura, salvo por unos centímetros insignificantes, así que Draco no tuvo que esforzarse demasiado cuando rodeo con sus brazos su cuerpo siempre caliente, agarrando la mano en donde estaba el cigarrillo y guiándolo con su propia mano, como si fuera un niño que le enseñan a colorear dentro de las líneas. El pecho de Harry se movía con agitación, arriba abajo, arriba abajo, pero aparte de la trabajosa respiración, no había otros signos de alteración.
Incluso aunque su propia mano esté temblando, ocasionando que la de Harry también lo hiciera, estaba hipnotizado. Llevó las manos de Harry entre sus dedos y manos propias, hasta su boca, en donde la abrió y Draco podía observar el momento exacto en donde el cigarrillo tocaba sus labios y estos humedecían levemente el papel fino, mientras respiraba entrecortadamente sobre su nuca. Y esta vez, Harry no se atragantó.
Oh, Merlín. Su cercanía, casi podía sentirlo. Estaba tan cerca de él que no podía soportarlo. Pero no podía alejarse tampoco. Y eso lo estaba carcomiendo por dentro.
Se separaron sin dejar de mirarse, y el humo dentro de Harry salía por la nariz sin que él se dé cuenta realmente.
Sus manos seguían temblando incluso aunque había dejado de tocar las manos de Harry y de rodear su cuerpo, pero ahora cosquilleaban, como si extrañaran el contacto. Y mirara en el foso oscuro que eran los ojos de Harry, porque apenas se distinguía la pequeña franja verde esmeralda, su mirada estaba tan oscurecida que Draco tenía que contener escalofríos y estremecimientos.
A veces sucedía así, Draco lo había notado, cuando se miraban, ninguno parecía capaz de dejar de hacerlo. Era como estar rodeado por la magia de Harry, por su olor, todo a través de su mirada, y cuando lo miraba a él, simplemente no tenía comparación. No había nada que igualara la mirada de Harry puesta sobre él, la manera en que lo hacía, como si todo alrededor desapareciera. Lo hacía sentirse especial, cuando él sabía que no lo era en absoluto. Que nadie lo había hecho sentir único.
Eso era lo que tenía Harry, porque cuando le hablaba, le hablaba a él, únicamente, cuando le miraba sólo lo hacía hacia tu persona, no había distracciones. Y Draco se confundía más y más.
Pero había momentos como ese, en donde Harry y él se miraban tan profundamente, que Draco se permitía, por unos instante, el beneficio de la duda, en donde en un rincón de su mente, se preguntaba, si tal vez, Harry sentiría algo parecido a lo que él sentía.
Debajo de la camiseta de Draco había una fina capa de sudor, se mordía el labio de sólo pensar si Harry lo lamía, mientras él se arqueaba y…
— ¿Qué sigue ahora? —Preguntó Harry, con la voz un poco ronca, mientras caminaba hacia dentro de la habitación, después de tirar el cigarrillo al suelo, y él lo seguía con la mirada.
Lo siguió, mirando ahora el suelo, y de repente, le pareció una idea fantástica la de beber como un poseso.
Dejó que el líquido amargo pasara como fuego en llamas sobre su garganta. Ardía y quemaba como si una hoguera brillara entre sus cuerdas vocales.
Abrió los ojos, después de tenerlos tanto tiempo cerrados. Guau. Esa cosa sí era fuerte.
Ambos se había sentado en el suelo de la habitación, en un penoso y desgarrador silencio, y habían esparcido los paquetes de cigarrillos en el suelo, junto con las botellas de alcohol, y ambos habían empezado a probar y beber mientras hacían comentarios, algunos graciosos, otros no, pero de igual forma se reían. Cuando ambos ya se sentían lo suficientemente desenvueltos a causa del alcohol, es en donde habían empezado a reír como locos y a hablar de temas triviales (y un poco ridículos, debía de agregar Draco), como también de cosas terriblemente serias, mientras sonreían y lo contaban como si fuera una broma.
—Y me sigue mirando con esos ojos oscuros llenos de dolor, y estoy tan, tan cansado, que ni siquiera tengo ganas de sentirme culpable. ¿Qué clase de amigo es ese? ¿Cómo se atreve a enamorarse de mí? —Bufó deliberadamente, mirando al mechón rubio que bailaba en el aire durante unos segundos, y la espléndida sonrisa boba de Harry—. Blaise es tan estúpido para llegar a quererme.
Porque si no reían, seguramente los dos se pondrían a llorar.
— ¿Sabías que Ron está enamorado de Hermione? —Habló Harry mientras le daba un sorbo a una de las botellas, Draco no podía definir cuál de todas, la habitación giraba y se distorsionaba; pero sí podía notar que Harry sonreía maravillosamente, mostrando esos hoyuelos que tanto le gustaban y tenía la camisa abierta y arrugada con las mejillas sonrojadas, él debía de estar en un estado similar.
Draco rodó los ojos, o al menos lo intento, porque se sentía un poco mareado.
Tal vez, sí estaban un poco borrachos.
—Pff, qué perspicaz, Potter. Todo el mundo lo sabe—su voz salió más arrastrada de lo normal, mientras lanzaba unas risitas—. Pero Granger está enamorada de Blaise y la comadreja sufre por eso, Pansy está enamorada de Weasley. Y Blaise está enamorado de…de mí, sí, eso creo. ¿Y tú de quién estás enamorado, Potter?
Harry lanzó una carcajada un poco fuerte, pero que de igual forma provocó escalofríos en su espina dorsal.
—No lo sé—se acostó de manera que lo miraba al revés, mientras sonreía como un niño—. ¿Tú de quién estás enamorado?
Draco sonrió.
—No se vale, yo pregunté primero.
Y Ambos se quedaron ahí, riendo como tontos, mientras se miraban, pero ninguno respondió.
Con esfuerzo se levantó del suelo, intentando que todo dejara de girar, mientras se estabilizaba y le tendía la mano a Harry.
— ¿Qué sucede? —Preguntó, mientras la tomaba. Sus dedos eran cálidos.
¿Por qué Harry era tan cálido? ¿Era su sensación o ya tenía una erección?
Su estómago burbujeaba y se sentía adormecido.
—Es hora. Vamos a la Torre.
— ¿En serio? Pero si yo solo iba como una excusa para estar contigo.
Su pecho se calentó y sin darse cuenta, sonrió.
—Pero yo quiero ir igual—replicó, y arrastró a Harry afuera de la habitación, escuchando levemente la risita de la mujer del cuadro, y lo dirigía a pasos torpes y descoordinados a la Torre de Astronomía.
—Ni siquiera hay estrellas esta noche. Seguro va a llover. Nos vamos a mojar.
Draco podía imaginar las mil y una maneras en las que se podrían, ambos, mojar.
Soltó una risita ante el mero pensamiento.
—No importa. Yo quiero ir.
A tropezones y risas mal disimuladas, de la mano, llegaron hasta la Torre más alta del castillo.
Afuera ya había empezado a llover.
Jadeando y con las mejillas ardiendo, sintiendo su camisa abierta, mientras su garganta invadida todavía con el sabor al licor francés que había estado tomando, le sonrió a Harry espléndidamente, mientras se sentaba en la ventana de siempre, sintiendo su cabeza girar un poco.
Harry lo imitó.
La lluvia rompía sobre ellos. Pero a Draco no le importaba realmente. Se sentía bien. Humedecía su ropa y dentro de poco estaría titiritando de frío, aunque tal vez no lo sentiría por los efectos del alcohol, quién sabe. Estar ahí con Harry era lo único que importaba.
— ¿Qué más cosas quieres tachar en la lista? Lo de la mascota es simple, podemos ir a Hogsmeade y elegir una—empezó a hablar Harry, y Draco se quedó mirando las gotitas de agua que rebotaban sobre sus labios—. Creo que lo de París y Roma será lo más difícil, en las vacaciones tal vez. Y, ¿qué hay con lo del grupo de seguidores? Joder, Draco, eso sí puede ser complicado, ya tienes a tus seguidores de Slytherin, que te idolatran como si fueras un Príncipe—siguió hablando, sin percatarse que Draco lo estaba mirando embobado, mientras se lo follaba con los ojos, porque, maldición, Harry estaba empapado, con los mechones oscuros húmedos y pegados a la frente, ambos llevaban sólo la camisa de la escuela, por ende que se le transparentaba todo, su rostro también estaba lleno de gotitas que se deslizaban por sus mejillas, la respiración de Draco se agitaba con solo mirarlo, se calentaba de sólo mirarlo, de hecho, su polla ya estaba dura, más de lo normal—. Aparte, yo soy tu único seguidor, eso debería bastarte.
Harry no tenía idea de las ganas que Draco tenía de besarlo. Y diciendo cosas así, no estaba ayudando mucho a su auto control.
— ¿Por qué dices cosas como esa? — ¿No ves que me estás matando?
Harry se dio la vuelta, y lo miró serio, penetrante, como solo Harry sabía hacerlo. Se mordió el labio y Draco tembló.
Estaban cerca, sus cuerpos rozaban, como siempre, la ventana era bastante estrecha.
Draco quería tocarlo.
Se quedó embelesado, mirándolo, sintiendo la saliva acumularse en su boca y sus labios secarse, y mojarse por la lluvia, observando sus labios gruesos y sus ojos verdes. Seguirlos continuamente con la mirada.
Tensión. Tensión. Tensión.
No podía soportarlo. Estaba temblando. Quería besarlo. Y él también estaba mirándolo. Su corazón iba a salírsele del pecho si no menguaba sus latidos.
Tentativo, Harry se acercó lentamente a él, y tragando saliva, con las mejillas levemente sonrosadas, pero con la mirada profunda y decidida, mojado por la lluvia, sus manos rodearon el rostro de Draco, que ardía y susurró sobre sus labios:
—Porque...Draco, me gustas mucho. Me encantas.
Y lo besó.
Canción: Breaking My Heart - Lana Del Rey.
¿Qué creen que pasará en el próximo capítulo?
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Nos leemos,
-Vulnera
