TRES WINCHESTERS Y EL FOSO DEL INFIERNO

Cap. 7: Calle "Lluvia"

John

Lo único que sacaron en claro de la entrevista con el Sargento Fillion era que la mujer que supuestamente mató a los traficantes convertiría a Cindy Crawford en un ama de casa del montón. "Como un puto cencerro" murmuró para sí el Winchester mientras salían del psiquiátrico.

- Eso saca a Eleanor Visyak de la lista de sospechosas – afirmó Bobby subiendo al Impala

- Vamos, ¿no te lo habrás tomado al pie de la letra? – John condujo suavemente hasta la salida del recinto, el guarda de la entrada les abrió las puertas valladas desde su cabina – tío, que estamos saliendo de un psiquiátrico

Ese tipo no está loco, aunque crea estarlo – el chatarrero repasó concentrado sus notas - ¿te ha parecido incoherente? ¿Balbuceaba acaso? El único motivo por el que sigue ahí es su historia, y porque él mismo piensa que es un disparate.

- ¿Y no es un disparate?

- ¿Cuántos monstruos que hemos eliminado no lo son? Si lo contásemos, lo que hemos hecho, ¿no nos encerrarían? – Bobby cerró las notas y se echó hacia atrás – pero si es la auténtica Medusa entonces ¿Perseo no la mató?

- Ok, voy a seguirte el juego, supongamos que nuestra asesina es Medusa, pero sabemos que Perseo la mató y que su cabeza decoraba el escudo de Atenea ¿Y si fue Atenea quien mató a esos tipos con su escudo? – contestó con ironía

- Es otra posibilidad, quizás incluso más probable, pero Fillion no dijo nada de un escudo

- Si lo hubiera visto habría quedado petrificado y esa mujer quería salvarlo

- Es posible

Seguía sin producirse más casos de petrificación pero estaban intrigados. Si la asesina era alguien con el escudo de Atenea podría volver a matar en cualquier momento, pero si era humana a ellos no les correspondía acabar con ella, sino quitarle y neutralizar el escudo. No mataban humanos, salvo en defensa propia cuando no tenían otra opción.

Había otro motivo para no marcharse de San Francisco y dejar el caso. John jamás había visto a Bobby tan interesado en nadie en los dieciséis años que conocía a su amigo.

- Si es una mujer humana…

- Tendremos que llevarnos el escudo, si es que existe, y destruirlo – respondió Bobby – pero me preocupa más que no sea humana

- ¿por?

- ¿Tú sabes cómo se mata a una diosa olímpica? Porque yo no.

Pero ahora sabían qué buscar, y las respuestas comenzaban a aparecer por todos lados, con solo abrir un poco más el campo de investigación ya tenían más de doscientos casos de desapariciones sin resolver de hombres, entre los veintipocos y los cuarenta, a lo largo de los últimos veinticinco años.

Toda una hermandad de la universidad, quince estudiantes de último año, que presuntamente murieron al hundirse la lancha con la que paseaban, meses después de ser absueltos de la acusación de secuestro y violación de varias estudiantes de primer año. Un incendio en una fábrica de metanfetamina relacionada con inmigración ilegal y trata de personas y varios más por el estilo, hasta los casos que les habían traído hasta aquí, en los que sí había cuerpos que examinar como si quien poseyera el escudo, fuera o no humano, se hubiera descuidado.

Sam

Rachel se inclinó sobre su hombro derecho mientras el chico terminaba de copiar los apuntes de las clases a las que había faltado. Su cabello oscuro, ondulado y suelto rozaba el cuello de Sam que no se atrevía a moverse para que ella no se alejara.

- Muchas gracias – murmuró pesaroso devolviéndole su libreta con los apuntes del día anterior.

- Ni las des – sonrió ella a escasos centímetros de su cara

Sam se lanzó, colocó su mano derecha en la cintura de Rachel y la izquierda en su cuello y la atrajo suavemente para dar un beso tierno e inocente en sus labios. Ella se alejó un poco mirándole sorprendida y Sammy cogió sus libros, murmuró un apresurado "lo siento" y salió corriendo.

Llegó a la cabaña sin aliento se sentó en su cama y empezó a pegarse con la carpeta de los apuntes en la cabeza diciendo "Soy idiota" con cada golpe. Ni siquiera escuchó el ruido de la puerta antes de que su hermano respondiera.

- Ya sé que eres idiota, pero pegándote golpes en la cabeza no lo vas a mejorar precisamente

- Dean, la he fastidiado – reconoció levantando la mirada hacia el mayor que lo miraba con resignación - ¿Qué hago?

- Depende de lo que hayas fastidiado

- He besado a Rachel

- Ah – Dean quitó el envoltorio de la pizza congelada, puso encima unas tiras de beicon, unas rodajas de cebolla y más queso y lo metió en el horno - ¿y ella que ha dicho?

- No lo sé, he salido corriendo – su hermano le estaba mirando otra vez con su típica expresión de "No hago carrera contigo" y el muchacho se desesperó – ¡di algo!

¡- Pero qué rarito eres!

- ¡Eso no! ¡Algo útil!

- No se sale corriendo cuando se besa a una chica Sam, esperas primero a que te de una bofetada – se burló el mayor, pero después se sentó a su lado en la cama y le empujó con el hombro cariñosamente – no, en serio, si te gusta tienes que hablar con ella

- ¿Y si lo he estropeado? – balbució asustado

- No lo sabrás hasta que hables con ella – normalmente cuando su hermano le revolvía el cabello era molesto, ahora Sam se sintió bien.

- Si alguien te dice alguna vez que eres idiota no lo creas Dean – se levantó lleno de energías, agradecimiento y resolución – eres un puto genio

- Lo sé – presumió su hermano tumbándose en la cama con las manos tras la cabeza – si te entretienes mucho me comeré toda la pizza… entretente.

Sam recorrió las dos manzanas que separaban la cabaña de Caleb de la casa de Rachel en un suspiro. Era ahora o nunca, no se echaría atrás, si no le gustaba a su amiga pues lo asumiría, no iba a esperar más para saberlo.

La madre de Rachel, la señora Minner le abrió la puerta sorprendida al verle tan sofocado. Sin embargo le dejó pasar a la salita dónde la muchacha charlaba por teléfono con una de sus amigas.

Sam se quedó parado, de pie, en mitad de la salita mientras ella le contemplaba en silencio. El chico no sabía si ese silencio era buena o mala señal. De hecho todo lo que había pensado decir se le había olvidado en su loca carrera a encontrarse con ella y ahora las palabras se apelotonaban en su boca sin encontrar un sentido lógico.

- Yo, esto, Rachel, quería decir que…

- Respira y empieza de nuevo – ella se acercó y Sam asintió y tomó aire

- Quería disculparme por…

- ¿Por haber tardado tanto en darme un beso? Sí, es un fastidio, hasta había pensado que sólo te gustaba como amiga – replicó la niña

- Yo, yo…

- Bueno, no estuvo mal, no fue de película pero no estuvo mal – se acercó un poco más

- Quería saber si puedo… - tragó saliva, ahora la tenía tan cerca que con sólo inclinar la cabeza unos centímetros volvería a besarla – invitarte al baile de graduación

- Falta más de un mes Sam – dijo la chica a pocos centímetros de sus labios

Sam volvió a besarla, al principio lleno de dudas pero después tal y como había querido desde la primera vez que pasaron un rato juntos.

Dean

Todos estaban genial, papá cazando lo que fuera con tío Bobby, Sammy canturreando satisfecho por los rincones (su novia le había dicho que sí lo acompañaría al baile), él sin una puñetera cosa que hacer, vamos, que todo iba sobre ruedas.

Salió del supermercado y cruzó la calle para acortar por el parque. Empezó a llover y echó a correr a ver si llegaba a la cabaña antes de que se le mojara la bolsa de papel y no pudiera aguantar la compra.

Vio a Don tirado bajo un columpio y se acercó. Estaba hecho un ovillo, se agachó y comprobó que no estaba herido ni enfermo, sólo dormía. Frunció el ceño, estaba bastante drogado, la lluvia no lo despertaba, ni siquiera gruñó un poco cuando le dio la vuelta para ver si respiraba.

Se echó a su flacucho amigo al hombro y lo llevó a la cabaña, acostándolo en su cama. Colocó la compra y preparó algo de café para Don y para él. Su colega estaba hecho una auténtica piltrafa humana. Despertó al rato por el olor de la comida y el café.

- ¿Vives en casa de Caleb? – murmuró Don - ¿Ha vuelto?

- ¿Conoces a Caleb?

- Si, estábamos en la misma clase hasta que dejó el colegio al morir sus padres, antes éramos amigos

- ¿Y ahora?

- Hace tiempo que dejamos de vernos, no le gustaba mi rollo, Caleb siempre fue un tío serio y al morir sus padres se volvió un poco paranoico.

- Caleb es un buen tío, es colega de mi padre – replicó Dean

Don se levantó y se puso sus botas dispuesto a marcharse pero antes de salir se quedó mirándolo como si dudara en contarle algo.

- ¿Qué ocurre? – preguntó el pecoso intrigado

- Caleb me dijo que había cosas ahí fuera, fantasmas, monstruos de los que yo había oído hablar y que siempre había pensado que eran cuentos, me dijo que no malgastara mi vida escondiéndome de la realidad porque la realidad no se iba a esconder de mi – Dean intentó decir algo pero su invitado no le dejó – pero no es tan fácil tío, yo no soy un héroe como él, yo no sé pelear contra lo que él pelea y no se enfrentarme a esa realidad. La he visto y no puedo tío. Y tú, tu hermano, sois muy jóvenes para estar mezclados en esa mierda.

- Mi hermano no está mezclado en nada – de repente todas las alertas de su mente se activaron para proteger a Sam, Don había pasado automáticamente de ser un amigo a amenazar a su familia – no lo metas en esto.

- Yo no lo he metido, va con esa bruja, Rachel

-¿Qué pasa con ella?

- Es dañina, quien se acerca a ella tarde o temprano ve como su familia se rompe, sus amigos le abandonan, no sé cómo lo hace, pero lo hace – Don cogió a su amigo por las solapas de la camisa – si te importa tu hermano apártalo de ella, si no lo perderás.

- Sigues colocado – replicó Dean soltándose - ¿Sabes que los porros afectan al cerebro? Quien va a acabar mal serás tú.

- Caleb tampoco me creyó… Dean, en esta ciudad están pasando cosas malas por culpa de Rachel Minner, ten mucho cuidado.

Su amigo se marchó dejándole preocupado. Investigar a esa chica no era mala idea, pero no podía decírselo a su padre o éste cortaría por lo sano sacando a su hermano del colegio y dejando Fairmont (aunque después volviera por su cuenta para investigar) y si Sam se enteraba de lo que iba a hacer se enfadaría lo suficiente como para volver a escapar de ellos. Tendría que guardar el secreto, no debía decir nada hasta no estar seguro de que las palabras de su amigo eran algo más que paranoia por fumar demasiada María.

_ Continuará