Una decisión de más allá…
Capítulo 6.
Previamente, en el capítulo anterior:
Un niño… un nuevo niño… —susurró lentamente Milk—. ¡Oh, cariño mío, eres igualito a tu padre que en gloria se encuentre! —sollozó más feliz que compungida, abrazando amorosamente al angelito entre su pecho y besándolo en repetidas ocasiones en la cabecita—. ¡Mi pequeño y lindo bebé! —sonrió sin detener su llanto.
Media hora después, ya que Gohan y Ox Satán habían entrado a saludar a Milk y a admirar al nuevo miembro de la familia, reconociendo su asombroso parecido con Gokú, arribó al hospital una visita esperada… aunque no de esa manera.
¡A un lado! —dijo Bulma entrando ruidosamente en la sala de espera, llevando a Trunks en los brazos. Obviamente que a algunas personas no les hizo gracia esa forma de presentarse—. ¿En dónde está mi futura nuera? —le preguntó a una enfermera.
Disculpe, señora, pero no entiendo nada de lo que usted está hablando —le respondió la señorita mirándola con extrañeza.
¿Acaso no sabe quién soy yo? Soy la señorita Bulma Briefs… señorita —la dama pareció ofendida por no ser reconocida y tratada como se merecía, aparte de ser llamada de esa forma tan descortés.
Ox Satán y Gohan también la quedaron viendo con expresiones de pasmo antes de animarse a hablarle… ¿a qué se refería exactamente la científica con esas palabras? Trunks fue quien ubicó a Gohan, y lo señaló con su dedito para que su madre lo viera.
¡"Goan", allá! —dijo muy contento por verlo.
¡Oh, Gohan, hola! —Bulma le dio la espalda a la enfermera y se dirigió donde el muchachito y su abuelo estaban sentados—. Muy buenas tardes, señor Ox Satán —le saludó cortésmente al buen hombre—. ¿Cómo están Milk y la niña? —interrogó educadamente.
Este… —el joven Saiyajin parpadeó numerosas veces sin decir nada concreto, como si no la reconociera.
Hola, Bulma, gracias por venir —fue Gyūmaō quien le respondió recobrándose de la impresión—. Milk y mi nieto están bien, se encuentran en la habitación veinte.
¿Perdón?, ¿dijo usted… nieto? —la dama preguntó escéptica… ¿había oído bien?
Sí —Gohan también se recuperó—, tengo un hermanito varón —añadió con cautela.
Oh… ya veo —Bulma pareció desinflarse momentáneamente… ¿un niño?
Todas las ilusiones y los sueños que había tejido en torno de asegurarle a su pequeño y adorable Trunks una linda esposa digna de él, que alejara a cualquier lagartona aprovechada deseosa de seducirlo por su gran atractivo y encanto varonil, aunado a la inmensa fortuna que heredaría tanto en Tierra como en el espacio exterior, considerando todas y cada una de las conquistas planetarias que Vegeta había realizado para ese aprovechado de Freeza, se rompieron en ese instante como un cántaro de barro cuando se estrella contra el suelo.
Y Trunks no perdía de vista a su progenitora, observándola con algo de duda en sus azules pupilas, así que decidió jalarle un mechón de cabello para llamar su atención.
Mamá… —le dijo enfurruñado al momento de hacer su travesura.
¡Trunks, eso me dolió mucho! —la estrategia funcionó a la perfección, ya que Bulma dio un respingo. Muy enfadada depositó al niño en el suelo llamándole la atención—. ¡No vuelvas a hacerlo que me despeinas!, ¿me oíste? —le dijo autoritaria colocando sus manos en las caderas, mirándolo con reproche.
No "quiedo" —el nene se puso más serio y su ceño infantil se arrugó un poco… viéndolo así, casi era el vivo retrato de su padre.
¡Y ni creas que me intimidas con esa mirada! —le puntualizó la científica sin ceder un ápice en su postura. Después volvió la vista hacia el jovencito de negra cabellera—. Gohan, ¿en qué habitación me dijeron que está Milk? —preguntó retornando la sonrisa y el tono amable.
En la habitación veinte —le repitió el aludido mirándola nuevamente con asombro. Bulma era demasiado cambiante de carácter en su opinión.
Bueno, Trunks, cariño, vamos a conocer y saludar a tu nuevo amiguito —la joven genio le tomó la mano a su retoño hablándole otra vez con dulzura, y lo llevó con ella hacia la alcoba señalada.
En el interior de la habitación Milk alimentaba al pequeño recién nacido, al cual ya le habían extirpado la colita. El bebé se alimentaba con la voracidad característica de un Saiyajin.
Eres un niño tan precioso como lo fue Gohan a tu edad —le decía la morena con visible ternura, tratando de acomodarle la alborotada cabellera heredada de Gokú—. Tal vez tendré que cortarte el cabello para que pueda peinarte adecuadamente —añadió con algo de seriedad, pues sus esfuerzos por acostárselo fueron en vano.
¡Hola, Milk, amiga mía! —Bulma entró muy sonriente llevando a Trunks de la mano—. Gohan y tu papá me dijeron que estabas aquí y vine a saludarte —y se acercó con su paso elegante.
¡Ah!, Bulma, que amable eres en venir —respondió la aludida con una sonrisa tímida—. Imagino que ya sabes que… —agregó mostrándose apenada.
Oye, descuida que no hay problema por eso… —observó la científica poniéndose al lado de la cama y levantando a su propio hijo—… lo importante es que el bebé nació bien, y Trunks y yo venimos a saludarlos —y, al mirar bien al angelito recién nacido, no dudó en exclamar con asombro—. ¡Caramba, pero si es igualito a Gokú!... Mira Trunks, él es tu nuevo amiguito, el hermanito de Gohan —le dijo a su propio hijo con cariño, enseñándole al bebé.
¿Verdad que es muy lindo? —preguntó Milk sin ocultar su vanidad.
Claro que sí, amiga, lo que tú digas —respondió Bulma evitando poner los ojos en blanco, sin ánimo de contrariarla, ya que consideró que no sería adecuado discutir por ese asunto frente a sus pequeños.
De hecho, en algún momento de su vida antes de conocer a Vegeta más a fondo, la joven genio se había preguntado el por qué no se fijó en que Gokú llegaría a ser lo suficientemente agraciado como para hacerlo su novio, y dejar que Milk fuera la ganona. Afortunadamente han pasado años, y ahora su corazón únicamente es para el Príncipe Saiyajin, su Príncipe, quien se le había puesto difícil pero terminó por caer en sus redes… claro, si alguien le pide opinión al nombrado Saiyajin las cosas serían a su favor, así que mejor no entraremos en detalles íntimos de esta pareja. Por cierto que Trunks miraba con atención al pequeño niño que estaba frente a él con la señora amiga de su mamá. El pequeñín continuaba lactando ruidosamente como si en ello se le fuera la vida, y al chiquillo de cabellera lavanda le pareció raro que ese bebé hiciera eso aunque él seguía haciendo lo mismo, sólo que ya no tan seguido.
¿Qué está "hacendo" él? —le preguntó a su respectiva madre señalando a su ahora nuevo amigo.
El bebé está tomando su leche ya que él no tiene dientes como tú —le explicó Bulma calmadamente en tono amoroso—, así que no puede comer otra cosa —añadió sonriéndole.
Yo soy "gande" —dijo Trunks sintiéndose orgulloso de sí mismo.
Por supuesto que sí, mi amor, ya eres un niño grande —la científica le dio un buen beso en el cachete dejándolo en el suelo, y después volvió a hablar con Milk—. No dejes de avisarme en cuanto te sientas mejor, Milk, ya que quiero organizarte una fiesta para celebrar con todos los muchachos —le externó sin borrar la sonrisa.
Oh, Bulma, no deberías molestarte tanto por mí —le dijo Milk más avergonzada.
Vamos, amiga, el nuevo hijo de Gokú merece ser presentado ante los amigos —expresó la dama de cabellera azul en tono despreocupado, y acarició al momento la cabecita de su retoño—. A Trunks no pude hacerle una fiesta para festejar su nacimiento porque todos estaban ocupados y… bueno, ya sabes… —añadió en voz más baja, ruborizándose por un segundo.
Trunks no le quitaba la vista al recién nacido, el cual parecía haberse quedado dormido. Sus ojitos azules estaban muy abiertos de la curiosidad, ya que en su corta vida no había visto a alguien más pequeño que él mismo.
Muy bien, Trunks, es hora de irnos porque tu padre estará esperándonos —Bulma le tomó nuevamente de la mano dispuesta a retirarse—. Entonces, Milk, te hablo mañana en la tarde y nos ponemos de acuerdo —le dijo amablemente a su amiga. Al momento se agachó para darle un besito al angelito que ya dormía plácidamente—. Adiós, lindo, nos vemos pronto —le dijo cariñosamente en voz bajita para no despertarlo.
A este punto, el niño Saiyajin de melena color lavanda se enfadó un poco… o sea, ¿por qué su mamá mimaba a otro infante que no era él? Sin dudarlo ni un segundo la jaloneó de la falda.
Mamá… no lo beses —le reclamó poniendo su ceño fruncido. ¿De dónde nos salió tan celoso el heredero de Capsule y del desaparecido reinado de Vegetasei?... eso es un misterio.
Oh, Trunks, cariño, no tienes que ponerte celoso de tu amiguito —su madre lo miró con algo de seriedad por un momento, y el chiquillo continuó con el ceño fruncido, como si esas palabras no lo convencieran—. Mejor vayamos a comprarte un litro de delicioso helado, y recuerda que los niños lindos no se enojan —agregó más relajada cargándolo una vez más entre sus brazos, plantándole varios besitos en la mejilla, a lo que el pequeño suavizó su expresión y sonrió nuevamente. La idea de comprar helado se oía bien y, lo mejor de todo, se lo comería él solo ya que a su progenitor no le agradaba para nada.
Milk se quedó un poco perpleja por lo sucedido… si el niño era celoso es porque de alguien había aprendido. Bueno, también era lógico ya que, al ser hijo único y mimado, no entendía bien a bien el hecho de compartir.
Sí, vamos "po" helado —respondió Trunks más alegre.
Adiós, Milk, te veo luego —Bulma le guiñó un ojo a su amiga y, antes de salir de la habitación por completo, instó a su hijo a despedirse—. Dile adiós a tía Milk y a tu amiguito, Trunks.
Adiós —el niño obedeció agitando la manita a modo de despedida.
Adiós, lindo Trunks —Milk le correspondió el gesto. Posteriormente, ya que su amiga se había retirado, acomodó suavemente al recién nacido a un lado de la cama, disponiéndose a descansar junto a él, no sin antes hablarle con ternura—. Duerme bien, mi pequeño bebé, que ya mañana nos iremos a casa para empezar una nueva vida juntos con tu hermano… ¡ay, sería tan bonito que tu padre estuviera aquí con nosotros! —suspiró con algo de sentimiento, dándole al infante un delicado beso en la frente.
Ya afuera de la habitación, Bulma fue también a despedirse de Gohan y de Ox Satán.
Nos vemos pronto, Gohan, señor Ox Satán —les dijo al acercarse a donde ellos se encontraban—. En cuanto Milk y el bebé estén nuevamente en su casa le organizaré una fiesta con todos los amigos.
Eres muy amable, Bulma —le dijo Gyūmaō con verdadera gratitud—. Gracias a tu ayuda no pagamos tanto por el servicio aquí en el hospital.
Vamos, no es para tanto… el nuevo hijo de mi buen amigo Gokú se merecía un buen nacimiento, y el acontecimiento debemos celebrarlo —dijo ella muy sonriente, y después se dirigió especialmente al jovencito—. Gohan, tú que tienes comunicación con Pikoro no dudes en invitarlo a la fiesta que yo haré lo propio con los demás… y no tienen que preocuparse por nada ya que la comida va de mi parte —puntualizó guiñándole un ojito travieso.
Bueno… —a Gohan lo dejó un poco pasmado el escucharla hablar así de tranquila, ya que había imaginado que tal vez… afortunadamente todo iba a ir de maravilla—… Claro, Bulma, yo le diré al señor Pikoro y a Dendé —añadió sonriendo grandemente.
Entonces te lo encargo… Bueno, tengo que irme ya porque Vegeta me está esperando para cenar en familia —agregó la científica sin borrar la sonrisa—. Hasta luego.
Adiós "Goan" —Trunks se despidió agitando una vez más la manita, pues ya se estaba saboreando el helado.
Adiós, Trunks, pórtate bien —el aludido le correspondió el gesto.
Esa noche Milk y su pequeño recién nacido descansarían en el hospital por indicaciones médicas, y al siguiente día serían dados de alta ya que ambos gozaban de una salud estupenda. La familia agradeció las atenciones y se retiraron al monte Paoz después de despedirse de la morena, prometiéndole estar por ella y el bebé a primera hora de la mañana.
********** Nos vamos al Otro mundo, una vez más **********
Bueno, verdaderamente el nacimiento del segundo hijo de Son Gokú es algo que tampoco podía ser pasado por alto por el Kaio – sama del Norte, quien con todo y todo le tiene a Gokú un afecto bastante especial. Mes con mes, durante el transcurso del embarazo de Milk, le había permitido verla aunque fuera sólo por momentos, y todo para que el joven y atolondrado Saiyajin mantuviera la calma y la cordura, ya que muy vagamente había recordado todas las peripecias y dolencias de su esposa cuando estuvo esperando a Gohan, por eso a veces se mostraba preocupado por su salud.
Ese día, el Kaio había estado expectante, y se enteró de que al fin el pequeño ya se encontraba entre los suyos. Desafortunadamente, ese mismo día el Gran Kaio – sama había accedido a la petición del Kaio – sama del Este para organizar otro torneo de artes marciales, ya que estaba ansioso de darle a Paikujan, su guerrero, una revancha en contra de Gokú, quien no se hizo del rogar dado que también quería pelear para demostrar hasta donde había mejorado. Ni hablar, si era necesario interrumpir el combate lo haría, así que, saliendo de los baños, se encaminó hacia la zona del tatami.
¡Vaya, inútil, hasta que regresas! —la Kaio – sama del Oeste le reclamó al verlo aparecer.
Gordo, pensé que te había dado miedo el ver derrotado a tu discípulo —le dijo el Kaio del Este antes de permitirle hablar, sonriendo burlonamente—. Está vez, Paikujan si lo hará polvo.
¡Eso quisieran ustedes, malos perdedores! —ante los insultos, Kaio – sama del Norte enrojeció momentáneamente de la cólera, olvidando lo que tenía pensado hacer—. Ya verán la sorpresita que se van a llevar ya que Gokú no es como cualquier peleador —puntualizó ufanándose un poco.
Bueno, hay que reconocer que lo hizo bastante bien la primera vez que peleó aquí —reconoció el Kaio – sama del Sur con algo de suspicacia.
Fue suerte de principiante —refutó el Kaio del Este sin querer aceptar nada—. Ahora que Paikujan ha entrenado sin descanso verán que ya no será igual.
Tienes toda la razón, chaparro —Kaio – sama afirmó sonriendo grandemente—. Gokú también entrenó bastante y, además, como ya conoce la manera de pelear de Paikujan, le será más fácil derrotarlo.
¿¡Estás insinuando acaso que Paikujan es un debilucho!? —el Kaio del Este pareció ofendido por esa observación—. ¡Eres un panzón horrible y sin nada de gracia! —le espetó a su colega con bastante cólera.
Oye… enano, mis chistes son los mejores del Universo y a las pruebas me remito —claro que el buen Kaio se molestó bastante por esa comparación. En ese momento, alguien llegó donde ellos se encontraban, y les habló con un poco de gravedad.
Muchachos… ¿ya están discutiendo antes de que empiece la segunda ronda del torneo? —el Gran Kaio – sama se presentó vistiendo su mejor traje ceremonial—. Háganme el favor de tomar sus respectivos lugares ya que los participantes se encuentran ansiosos por salir —agregó y continuó su camino hasta acomodarse en su asiento preferencial.
Los demás optaron por seguirle y, cuando todos los espectadores estuvieron en sus lugares, se dio el inicio a la fase principal del torneo. Por obvias que al buen Gokú le fue bastante bien en las preliminares, y no le costó nada de trabajo vencer a los rivales que le tocaron de acuerdo al torneo, así que se encontraba más que dispuesto para dar la cara al que se le pusiera enfrente. Incluso ya se había ganado a un reducido grupo de fanáticos entre la multitud que se congregaba para disfrutar de las batallas.
Después de un par de horas fabulosas, con peleas para todos los gustos, el combate final ya estaba definido… Gokú en contra de Paikujan, de acuerdo a todos los pronósticos y apuestas. El ambiente era de verdadero júbilo, ya que está vez sí terminaría por verse cuál de los dos era el mejor.
Déjame decirte que no tendrás tanta suerte en está ocasión, Gokú —le dijo Paikujan con circunspección en cuanto el Saiyajin le saludó amablemente, ya acomodados en la plataforma—. Te venceré y te demostraré quien es el mejor.
Bueno, Paikujan, eso ya lo veremos —le respondió el aludido recomponiendo también una mueca de madurez, como cada que va a pelear con seriedad—. He oído esas palabras en muchas ocasiones, y puedo asegurarte que no va a ser tan fácil como crees —añadió al sonreírse sutilmente de lado.
El duelo comenzó al sonido de los tambores, y Paikujan no se reservó al lanzar una de sus mejores técnicas, misma que fue esquivada por Gokú en un parpadeo. Conforme transcurría la contienda, también en las gradas iba subiendo de tono.
¡Anda ya, Paikujan, acaba con él, no le tengas compasión! —gritaba el Kaio – sama del Este perdiendo toda propiedad al encaramarse en su asiento.
¡Vamos, Gokú, demuéstrale a ese tonto de lo que tú eres capaz! —y el Kaio – sama del Norte no se quedaba atrás, hasta se le deformaba el rostro de tantos gritos.
Esos dos son verdaderamente buenos peleadores… —masculló el Gran Kaio – sama sin perder detalle de la lucha—… Creo que tendré que aprenderles algunos trucos o seguramente me harán quedar en ridículo un día de estos…
La Kaio – sama del Oeste y el Kaio – sama del Sur prefirieron abstenerse esta vez de apoyar a alguno en particular, reconociendo que cualquiera de los dos podría ser el ganador sin muchos problemas. Fue entonces que una ráfaga de energía lanzada por Paikujan sin ninguna precaución destruyó parte del techo del estadio, y afortunadamente no lesionó a alguien… aunque ya sabemos que todos, con excepción del Gran Kaio – sama y tres de los cuatro Kaios, están muertos. Varios de los presentes pusieron cara de susto al ver caer los pedazos.
¡Oigan, tengan cuidado o voy a cobrarles por los daños ocasionados! —les gritó el Gran Kaio – sama oculto debajo de su asiento.
¡Lo sentimos, Gran Kaio – sama! —observó Gokú carcajeándose por un momento con algo de pena, descendiendo a continuación sobre el tatami para hablar con su compañero de batallas en voz baja—. Oye, Paikujan, deberías ser más previsor con eso —le dijo a modo de reproche.
Si tú no te movieras tan rápido y dejarás de estar jugando, Gokú, esto no habría pasado —respondió el aludido en tono ofendido—. Lo mejor es darle fin a la pelea —añadió retornando a la gravedad del asunto.
Te prometo que ya no jugaré… —dijo el Saiyajin sonriendo grandemente y rascándose la punta de la nariz por una fracción de segundo, para recuperar la seriedad en un santiamén—… y estoy de acuerdo contigo…hay que darle fin.
La lucha continuó a mayor velocidad, y justo entonces un pequeño ser llegó a donde los Kaio – samas se encontraban.
Oiga, Kaio – sama… —el recién llegado habló respetuosamente tocando por el hombro a Kaio – sama del Norte, más todos voltearon a verlo con curiosidad—… Muy buenas tardes a todos, señores Kaio – sama, mi nombre es Gregory y soy un fiel servidor de Kaio – sama del Norte —les dijo cortésmente dedicándoles una reverencia.
Pero que criaturita tan linda y educada —observó la Kaio del Oeste esbozando una sonrisa—, nada que ver con el gordo panzón éste —y señaló sin ningún recato a Kaio – sama del Norte.
Ejem… —nuestro buen Kaio se abstuvo de contestarle mientras los otros dos se carcajearon por lo bajo—… ¿Qué ocurre, Gregory?... —le preguntó a su criado con algo de extrañeza, la batalla estaba tan interesante que no quería perdérsela por nada del mundo —… ¿acaso Bubbles ha ensuciado mi Cadillac? —agregó con desconfianza.
Bueno… veo que no le dio a Gokú la buena noticia —respondió el saltamontes en un santiamén sin perder la propiedad ni la educación—. Y sí… —añadió con resignación—… Bubbles ha ensuciado el auto.
Ese mono travieso… ya verá en cuanto regrese a casa —masculló primeramente con verdadera indignación. Después añadió un poco más avergonzado—. Tienes razón, Gregory, no pude comunicarle a Gokú la excelente noticia sobre su hijo… es que el combate está bien bueno —dijo a modo de excusa.
¿De qué noticia dices que hablas, gordo? —el Kaio del Este interrumpió el diálogo, habiendo encontrado algo interesante que tal vez le sirviera más adelante para que Paikujan llegara a vencer a Gokú sin tantas dificultades.
Gokú acaba de ser padre por segunda ocasión, y esa es una gran noticia para él —responde Kaio – sama sonriendo nuevamente.
¿Padre por segunda ocasión? —el Kaio del Sur parece extrañado.
Así es; lo que pasa es que Gokú dejó a su esposa embarazada ahora que él murió por segunda vez, y el niño ya nació precisamente hoy —dijo el buen Kaio a modo de explicación.
¡Ay, pero que cosita tan linda! ¡Un bebé!... —la Kaio del Oeste no pudo ocultar su emoción como buena representante del sexo femenino—... Yo nunca he visto a un bebé en persona —agregó en tono soñador.
Es que nadie querría tener un hijo contigo, Kaio – sama del Oeste —observó el Kaio del Este con una entonación burlesca.
¡Óyeme, enano, no quieras pasarte de listo conmigo! ¡Yo soy una mujer hermosa! —la dama se mostró enfurecida ante la ofensa, así que les gritó a todo pulmón sin miramientos.
Oigan, montón de ruidosos, ¿quieren guardar silencio que no me dejan disfrutar de la pelea? —el Gran Kaio – sama les llamó la atención con una dureza inusual, hablándoles desde su palco.
Disculpe usted, Gran Kaio – sama, es que tengo una muy buena noticia que darle a Gokú, pero no deseo interrumpir el torneo —se excusó el Kaio del Norte con una reverencia—. Más, en cuanto termine de pelear, se la haré saber para celebrar su triunfo.
Vaya… ¿y de que se trata la buena nueva? —el anciano pareció interesado—. Vamos, gordinflón, dímela.
Bien… es que Gokú acaba de ser padre nuevamente —se explicó el Kaio sonrojándose un poco por como su jefecito le había llamado, ya que sus otros tres camaradas no disimularon sus carcajadas.
Ah, ya veo —el viejecillo dio por satisfecha su curiosidad—. Entonces no hay razón para esperar más, así que mejor dísela ya —añadió y, sin previo aviso, le arrebató el micrófono al narrador cabeza de hongo para dirigirse a la multitud, especialmente a Gokú—. ¡Oye, Son Gokú, aquí el Kaio del Norte tiene una noticia que darte de la Tierra! —gritó interrumpiendo el duelo, y el pobre Kaio – sama quería que la tierra se lo tragara de la puritita vergüenza—. Anda, gordo, habla con él —añadió entregándole el aparato a su subordinado.
Paikujan y Gokú se detuvieron en el aire al escuchar esos gritos, aunque, por la inercia de sus movimientos, el Saiyajin recibió el puñetazo que su rival le había lanzado una fracción de segundo atrás, y por poco sale del área de la plataforma.
¡Ay, ay, ay, ay, ay! —dijo manteniendo el equilibrio con bastante trabajo—. ¡Oye, Kaio – sama, me distrajiste! —le reprochó a su maestro sobándose un poco la mejilla golpeada—. ¿Qué pasa en la Tierra? —preguntó con extrañeza.
Esperemos que de verdad sea algo relevante —masculló Paikujan con algo de disgusto… por muy poco y ganaba.
Este… es que tu esposa ya dio a luz a tu hijo —el aludido Kaio habló con bastante azoramiento por el micrófono, y así todo el gentío espectador se enteró del pretexto que suspendió el combate.
Obviamente que el distraído y atolondrado joven de negra cabellera alborotada puso en su rostro un gesto de total extrañeza, y varios de los espectadores le imitaron, ya que no le veían la importancia al asunto.
¿A…qué… que Milk ya dio a… a luz? —preguntó sorprendido—. ¿Y eso qué es? —añadió con su ingenuidad característica.
Todos los presentes, hasta el mismo Paikujan, azotaron sincronizadamente estilo anime.
¿Dije algo malo? —Gokú parpadeó una vez más, ahora de incredulidad mientras la concurrencia se enderezaba.
¡Ay, Gokú, tu segundo hijo ya nació! —le gritó el Kaio en tanto una pequeñísima e insignificante vena le saltaba en la sien… eso era más que inaceptable.
¿Mi segundo…? ¡Ah, qué bien, ahora ya tengo otro hijo! —el Saiyajin pareció al fin recordar lo que había dejado en la Tierra, y se mostró más que contento y orgulloso por unos segundos, hasta que una nueva duda cruzó por su mente—. ¿Y eso cómo fue, Kaio – sama? —volvió a cuestionar con candidez, a lo que todos volvieron a perder el piso.
¡Gokúuuuu, no estamos para que hagas preguntas tontas! —Kaio – sama del Norte se recuperó en una milésima de segundo y momentáneamente creció por el enfado, casi como si se fuera a comer al guerrero de un solo bocado, haciéndolo retroceder asustado—. Lo importante es que el recién nacido nació bien, que es un varoncito y que tu esposa se encuentra en perfecto estado de salud —añadió recuperando la calma.
Eso se oye bien, Kaio – sama, pero… —el de peinado punk volvió a parecer extrañado—… ¿para decirme eso tenías que interrumpir mi pelea con Paikujan? —cuestionó con algo de seriedad.
Bueno, en realidad yo… —el pobre Kaio se mostró nuevamente avergonzado, ya que su intención jamás había sido el darle la noticia en público a su mejor discípulo.
Vamos, Gokú, el nacimiento de un hijo bien vale una batalla —intervino el Gran Kaio – sama con una sonrisa de complacencia—. Todos tus compañeros luchadores llevan aquí mucho tiempo de muertos, y no se les ha presentado la oportunidad de celebrar algo tan único y especial, así que… —añadió dándole solemnidad a su tono—… prepararemos un gran convivio en su honor.
¿Un… un convivio? —Gokú pareció más que perplejo, y no se diga Paikujan, quien ya tenía un tic en el ojo—. Oye, Gran Kaio – sama, eso del convivio no me parece tan… —y ya iba a rezongar en entonación infantil, dado que no le gustaba dejar una buena batalla a medias, más el anciano no le hizo caso y continuó hablando.
Será una celebración por todo lo alto y daremos un gran banquete para todos —añadió el centenario hombre empleando su mejor tono de circunspecto.
¿Dijiste banquete… un banquete de verdad con todo y comida? —las palabras mágicas surtieron efecto en el glotón Saiyajin, ya que la comida en casa del Gran Kaio – sama era, en su opinión muy personal, mucho mejor que la que le cocinaba Kaio – sama—. ¿Y podré comer todo lo que yo quiera? —dijo esperanzado, y sus negras pupilas brillaron de contento.
Pero por supuesto que sí, la fiesta es por el nacimiento de tu vástago, y tú eres el padre de la criatura —explicó el Gran Kaio – sama sin dejar de sonreír.
"Menos mal que mi plan salió a la perfección" se dijo el decano en su interior. La organización de una comilona distraería la atención de todos y así no se vería presionado por darle al ganador del torneo el entrenamiento de élite prometido hace tiempo.
¡Entonces no hay problema! —Gokú dio un brinco de alegría absoluta… gracias a su nuevo hijo cenaría abundantemente—. ¡Yupiiiii, soy padre nuevamente! —exclamó rebosante de felicidad, girando en el aire—… Espero no te moleste que dejemos nuestra lucha para otra ocasión, Paikujan… —dijo dirigiéndose a su colega en cuanto tocó nuevamente el tatami—… y lo mejor que podemos hacer por ahora es ir a disfrutar del banquete —añadió sin borrar la sonrisa de júbilo.
Pues ya que… —Paikujan pareció confundido e irritado por un segundo, más después le sonrió abiertamente—. Muchas felicidades, Gokú, yo nunca tuve la oportunidad de ser padre porque morí demasiado joven —dijo encogiéndose resignadamente de hombros, palmeándole la espalda al Saiyajin—. Ha de ser una gran experiencia ya que se te ve muy feliz.
Así que, por esta causa, el torneo fue suspendido. A todos los asistentes no luchadores se les entregó, a modo de compensación por el gasto hecho al pagar sus boletos, un vale personal para que adquirieran el más barato combo en el más famoso restaurante del Otro mundo, y a todos los participantes en los diferentes duelos se les condujo hasta la residencia del Gran Kaio – sama para ser agasajados.
Es lógico pensar que, al ser todos difuntos, no tendrían la necesidad de comer demasiado, pero sabemos que Gokú es la excepción a la regla en muchas cosas, ya que su voraz apetito no parecía satisfacerse con nada. Él solito llegó a devorar la mitad de los platillos con la desfachatez que lo caracteriza, y el Kaio – sama del Norte se veía contrariado ante esa falta de modales.
¡Chomp, chomp, chomp! —masticaba ruidosamente el Saiyajin—. ¡Exquisita, muy sabrosa! —dijo en tanto se atragantaba con dos diferentes asados de aspecto bastante peculiar, ya que no eran guisos conocidos en la Tierra—. ¡Gran Kaio – sama, esto es maravilloso! —añadió al momento de pasarse el bocado, empinándose posteriormente un platón de ensalada.
Que… que bueno que fue de tu agrado, Gokú —respondió el anciano en voz muy baja, mientras una diminuta gota anime brotaba en su frente para representar su bochorno y desconcierto.
Todos lo estaban mirando con los ojos abiertos como platos y muestra de incredulidad dibujada en sus rostros… jamás habían visto a alguien engullir de esa forma, y menos que degustara la comida de todos los rincones del Universo sin que le diera malestar estomacal.
¡Oye, Paikujan, no debes desperdiciar la comida! —Gokú se dirigió a su compañero de lucha tomando al momento un buen pedazo de pastel de carne que éste había dejado intacto en su plato. Y es que Paikujan, al igual que todos, no podía concebir cómo alguien que ya estaba muerto podía alimentarse de esa forma, como si nunca hubiera comido en su vida… perdón, más bien dicho, parecía que fuera a morirse por no comer—. Si ya no lo quieres voy a comérmelo también —dijo con simpleza metiéndoselo de un solo bocado a la boca, sin siquiera esperar por la respuesta.
Eee… sí, Gokú, puedes comértelo si gustas ya que yo estoy lleno —manifestó el aludido en un hilo de voz.
En menos de media hora, Gokú ya había acabado con todo lo que llegó a su alcance.
Perdón, creo que ya comí mucho —dijo después de disimular un sonoro eructo, sobándose el estómago sin mucha pena y con complacencia—. Ahora ya podemos continuar con el torneo —añadió sonriendo grandemente.
Pero por supuesto que no, Gokú —le dijo el Gran Kaio – sama a modo de reproche—. Todavía tenemos que ver el bello documental sobre tu esposa y el recién nacido. Y, además… —añadió con seriedad mirándolo fijamente—… ya todos los espectadores se marcharon a sus respectivas casas, y no sería correcto ni justo para ellos el que no vieran la conclusión de la batalla en persona —puntualizó.
Pero… ¿entonces qué haremos? —el distraído joven pareció más contrariado, y ni siquiera prestó atención a todo lo dicho por el anciano.
Tú deja todo en mis manos, por ahora iremos a la sala de proyecciones —agregó el decano con una sonrisita, palmeándole la espalda—. Bien, señores, hagan el favor de acompañarme a la sala de proyecciones para disfrutar de un buen corto, cortesía de nuestro buen amigo aquí presente, el gordo Kaio del Norte —dijo dirigiéndose a todos los asistentes.
Oiga, Gran Kaio – sama, no debe usted olvidar que también habemos bellas damas aquí —la Kaio – sama del Oeste habló con un poco de sentimiento, y las pocas mujeres que se presentaban como luchadoras en los torneos apoyaron la moción.
Disculpen ustedes mi descuido, señoritas, también están invitadas a la función —el anciano hombre disimuló la ironía dedicándoles una reverencia leve.
Eso está mejor… es usted muy amable, Gran Kaio – sama —observó la Kaio volviendo a sonreír—. Muy bien, chicas, vayamos y ocupemos los mejores lugares —les dijo a sus compañeras, y todas juntas se dirigieron hacia la sala siguiendo al principal de la casa.
Los demás las imitaron y Gokú, bastante intrigado por lo que dijo el Gran Kaio – sama, se acercó al Kaio del Norte para preguntarle algo.
Oye, Kaio – sama, ¿qué fue lo que dijo el Gran Kaio – sama sobre un… corto? —le habló en voz baja.
Créeme, Gokú, no tengo la menor idea de lo que se propone —le respondió el buen Kaio igual de intrigado.
Ya con todos acomodados en cómodas butacas, con un buen servicio de botanas y bebidas a su disposición, a las cuales Gokú no dudó en dar el visto bueno, se inició la proyección del documental. "El embarazo paso a paso" era el título del corto, y las imágenes que aparecieron en pantalla mostraron a la protagonista del mismo… la dulce Milk.
¿Milk? —Gokú parpadeó de asombro y duda en cuanto su señora salió a escena haciendo uno de sus quehaceres hogareños, lavando los trastes y entonando una cancioncita sobre la buena esposa—. Oye, Kaio – sama, ¿qué está haciendo Milk ahí? —le preguntó a su maestro en tono más que extrañado, y éste por poco se desmaya de la impresión.
Este documental lo grabó el Kaio del Norte para dártelo de sorpresa en cuanto tu hijo naciera, Gokú —dijo amablemente el Gran Kaio – sama sonriendo abiertamente—. Y por cierto, recuerdo que me dijiste que tu esposa no era muy bonita, pero veo que me engañaste, pillo, ya que es preciosa —añadió con una entonación picaresca, mirando nuevamente hacia la pantalla.
Bueno… Milk si es linda pero… —Gokú no entendía nada de nada, y hasta se rascó la nuca… ¿cuándo había hecho Kaio –sama ese documental?
Vamos, Gokú, guarda silencio y déjanos apreciar a tu guapa esposa —le dijo Olimpe, uno de sus compañeros de zona que también había sido un guerrero de la Tierra hacía más de cinco siglos, y que conocía de la belleza femenina terrestre.
Olimpe tiene razón, Gokú… y no tienes malos gustos —le dijo otro de sus colegas de la Galaxia Norte—, tu esposa es de una buena y atractiva especie.
Pero es que… —el pobre se sentía más que confundido.
La imagen de Milk cambió en cuanto terminó de secar los trastes, y al minuto la encontramos cepillándose la larga cabellera después de haber tomado un baño, admirando su figura en el espejo y sin dejar de cantar, aunque esta vez la canción era una canción de cuna. Afortunadamente Kaio – sama tuvo la delicadeza de no grabarla en el baño o quien sabe cuáles habrían sido las consecuencias de semejante acto. Ella sonreía grandemente y, en cuanto levantó sus cabellos en su cebolla acostumbrada, acarició cuidadosamente su abdomen. Por lo que se podía apreciar de su silueta, iba por el sexto mes de embarazo.
Ahora, mi pequeño, es hora del tentempié de mediodía… sólo espero que Gohan y mi papá no vayan a tardar en traer las compras —murmuró la joven morena con ternura y salió de la habitación.
La siguiente escena la mostraba comiendo como desesperada, eso sí, con la delicadeza de cubrirse con una servilleta para no ensuciar la ropa. Todos al momento parecieron sorprendidos de cómo una muchacha tan fina podía comer así… bueno, era la esposa de un tragón, así que no había razón para sorprenderse.
¿Así comen las mujeres en la Tierra? —observó una de las damas luchadoras sin disimular un gesto de asco—. Pobres…
Sólo cuando están embarazadas les da por comer mucho —dijo Gokú con amabilidad, excusando a su señora—. Por lo regular Milk come muy poco y con bastante educación… y siempre me regañaba por mi forma de comer —añadió con algo de vergüenza.
Varias partes la mostraron lavando y tendiendo la ropa, estudiando y jugando con Gohan, de compras con Ox Satán en el centro comercial, tejiendo las chambritas para el nuevo bebé, limpiando cuidadosa y afanosamente la casa, cortando flores para adornar la mesa mientras tarareaba una dulce canción… Kaio – sama había tomado sus mejores ángulos y, generalmente, una mujer gestante que rebose de felicidad y salud se ve encantadora. Claro que no podían faltarle algunos breves periodos de melancolía recordando a su marido, especialmente en las noches de luna llena, y pequeñas lágrimas brotaban de sus negras pupilas, más pronto las secaba acariciando su prominente vientre, diciéndole al nonato que su padre fue una muy buena persona y que sacrificó su vida para que ellos vivieran bien.
Por supuesto que las observaciones no se hicieron esperar, ya que varias de las damas parecieron compadecidas de su situación, y una que otra no pudo disimular algún comentario insidioso que Gokú pasó por alto, pues no se le da mucho eso de entender el sarcasmo; pero todos los caballeros presentes, incluidos los Kaio – samas del Sur y del Este, y el Gran Kaio, no dejaron de chulear a la morena, a lo que el Saiyajin como que se empezó a sentir irritado… o sea, su mujer es suya por más que él ya esté muerto, y nadie tiene derecho de verla así. Pero los celos de un Saiyajin son bien disimulados a menos que verdaderamente algo los haga salir a flote.
Pero que suertudote eres, Gokú —le dijo el Gran Kaio – sama sonriendo de oreja a oreja, disfrutando del espectáculo—, con una esposa así te aseguro que yo no me hubiera muerto.
Habrá que ir de visita a la Tierra un día de estos, ya que ahí hay mujeres lindas —dijo el Kaio del Este en tonito de galán de cine, acomodándose muy bien su monóculo.
Sí, chaparro, tienes toda la razón… y sirve que pasamos a saludar a tan guapa señora y le damos noticias de su difunto cónyuge —opinó el Kaio del Sur imitándole en el tono y desarrugando su túnica, y los dos sonrieron ampliamente.
Oye, gordinflón, la próxima vez que hagas algo semejante no olvides grabar a una amiga de Gokú que se llama Bulma —el principal de la casa se dirigió al Kaio del Norte en un tono bastante picaresco, teniendo el cuidado de no ser escuchado por alguien más—. Él dice que es una muchachona bastante hermosa.
Pero… Gran Kaio – sama, esa mujer tiene a su marido con ella, y también es un Saiyajin —dijo el aludido conservando el susurro de voz, atragantándose por un momento con un buen trago de fluido bucal, pues no quería ni imaginar que ocurriría si Vegeta llegaba a enterarse de eso y encontraba la manera de presentarse en el Otro Mundo sin necesidad de morir.
Eso no interesa… —objetó el anciano restándole importancia—. Por ver mujeres bellas bien vale la pena soportar a un marido enojón.
Oigan, señores Kaio – samas, no sean abusivos por el sólo hecho de estar vivos y nosotros no —Olimpe se quejó a nombre de todos sus camaradas—. Creo que también tenemos derecho de ver chicas lindas.
Sí, eso es cierto —opinaron varios más apoyándolo.
¿Y nosotras que somos, eh? —preguntaron algunas de las damas presentes poniéndoles muy mala cara a sus compañeros.
Ustedes son cadáveres, no se ofendan —les dijo uno de ellos, y recibió golpes de todas las féminas.
Fue hasta ese punto que el joven Saiyajin de peinado punk sintió que ya quería estar solo, así que, en un parpadeo, sacó el DVD del reproductor sin que nadie lo esperara. Al momento todos se silenciaron, sorprendidos por esa acción.
Creo que ya vieron suficiente —les dijo con una inusual expresión de gravedad en el rostro—. Me llevo esto que es mío, con su permiso —y, sin previo aviso, se esfumó delante de sus narices.
Go… Gokú… —el Kaio del Norte abrió la boca con incredulidad. Si no conociera bien a su discípulo, podría decir que parecía un hombre celoso.
¿Pero qué le pasa a ese muchacho atolondrado? —preguntó el Gran Kaio – sama a su subordinado reponiéndose de la sorpresa—. Ya casi terminaba la reproducción y todavía quedaba botana —agregó.
Bueno, mi estimado Gran Kaio – sama, me parece que Gokú quería un poco de privacidad para terminar de disfrutar el documental de su esposa —dijo nuestro buen Kaio – sama a modo de excusar a su alumno—. Y también tengo que retirarme si usted me lo permite, ya que supongo habrá ido a casa con Bubbles y Gregory —añadió y salió del salón después de dedicarle al anciano hombre una reverencia respetuosa, dirigiéndose presuroso a la salida—. Espero llegar a tiempo o Gokú puede hacer algo indebido —masculló corriendo lo más rápido que podía.
Efectivamente, Gokú se tele transportó hasta la vivienda que habitaba con Kaio – sama y los otros dos mencionados, a los cuales saludó en cuanto se apareció junto a ellos.
¡Hola, chicos! —les dijo ya más relajado, volviendo a sonreír como acostumbra.
Gokú… ¿dónde está Kaio – sama? —le preguntó Gregory con extrañeza al no ver a su maestro, en tanto Bubbles brincaba de alegría a modo de saludo.
Pues… olvidé traerlo conmigo —respondió el Saiyajin muy quitado de la pena, dirigiéndose al pequeño "Home Theater" que el Kaio tenía en la sala de la casa, colocando el disco en el reproductor—. Oye, Gregory, ¿tú sabes cuándo grabó esto Kaio – sama? —le preguntó al saltamontes acomodándose tranquilamente en el sofá, tomando el control remoto del aparato para empezar la película.
Bueno… en todas esas ocasiones que te ibas para entrenar, y a Kaio – sama le pareció una gran idea hacer este documental de la vida de tu esposa ahora que estaba embarazada —respondió el bichito dorado con algo de seriedad y circunspección—. Cómo siempre que regresabas querías verla para comprobar que estuviera bien… —añadió.
Ya veo… —el moreno se mostró un tanto perplejo. Inmediatamente volvió a sonreír—. Oigan, ¿por qué no se sientan a verlo conmigo? —les dijo amablemente—. Kaio – sama hizo un buen trabajo —adicionó muy feliz.
Bubbles hizo varias muecas y gestos para indicar que también él había participado en la grabación.
¿En serio? —Gokú lo quedó mirando con curiosidad, al parecer entendiendo su lenguaje de señas—. Vaya, Bubbles, eres un muy buen camarógrafo… Kaio – sama debería darte un premio por eso —le dijo con admiración.
En fin, cuando el buen Kaio llegó por fin sacando la lengua, los encontró sosegados a los tres viendo el corto.
¡Uf, uf, qué cansado estoy! —habló casi sin voz.
¡Ah, hola, Kaio – sama! —le saludó Gokú sin levantarse de su lugar—. Muchas gracias por la película, te quedó muy bonita —puntualizó con entonación agradecida.
Kaio – sama, ¿por qué no se sienta usted y termina de verla con nosotros? —Gregory se le acercó volando y lo jaló de la túnica hasta acomodarlo en otro sofá, y Bubbles, muy servicial, le alcanzó una bebida refrescante y hasta le prendió un ventilador para hacerlo sentir mejor.
Las últimas escenas eran de cuando Milk se fue al hospital por el trabajo de parto, hasta el momento en que Bulma le dijo que le haría una fiesta para el nuevo bebé. Gokú tenía una gran sonrisa en el rostro mirando a su esposa alimentar a su pequeño hijo, y también le complació enterarse de que el Príncipe Saiyajin seguía viviendo con su amiga la científica y con su respectivo vástago y, por la expresión en el rostro de la dama de cabellera azul, llevaban una buena vida a su manera.
¡Pero mira nada más que bien! Es bueno saber que Vegeta ya no es el mismo malvado que conocí —dijo alegremente—. Y el pequeño Trunks ha crecido bastante… —apreció antes de volver a mirar al Kaio con complacencia—. Deberías hacer películas más seguido, Kaio - sama —opinó con amabilidad.
Oye, Gokú, dime una cosa… —el regordete hombre pareció un tanto inseguro al preguntar—… ¿acaso tú… tú no te molestaste por… por lo de la película?
Vamos, Kaio – sama, es un buen regalo de tu parte y te lo agradezco de verdad —le dijo el moreno sin cambiar el tono amable—. Sé que ya no volveré a la vida para estar con Milk ni con mis hijos, pero al menos con esto voy a poder verlos más seguido y cuando yo quiera sin tener que molestarte todos los días —añadió muy contento. Por un segundo parecía que perdería el aplomo, ya que, quiérase o no, le tenía un gran cariño a su familia y a todos los seres de la Tierra, así fueran malos o buenos, y no dudaría ni un segundo el repetir el sacrificio con tal de que ellos vivan en un mundo de paz.
¿Entonces tú… tú no estabas… tú no estabas celoso cuando el Gran Kaio – sama y todos los demás…? Ejem… bueno, no sé si… no sé si me entiendas —se explicó tartamudeando con nerviosismo.
¿Celoso? —el Saiyajin pareció confuso—. ¿Qué es eso de celoso, Kaio – sama? ¿Acaso se come? —preguntó con duda.
No… no me hagas caso, no es nada importante —Kaio – sama suspiró por lo bajo. Un corazón tan puro como el de Gokú no puede maquinar malos pensamientos, y menos pensamientos destructivos sin sentido. Aunque, tal vez una pizca de celos por proteger lo que más quieres no sea tan mala, sólo que el buen muchacho no estaba consciente de ello.
Y así, durante al menos quince días, Gokú se olvidó de entrenar para disfrutar del documental una y otra vez.
Nota: Voy a cortar aquí ya que estoy cocinando la fiestecita para Goten en el siguiente capítulo, para que sea divertida junto con otras peripecias más. Gokú volverá a aparecer una vez más por algo verdaderamente urgente, y, hasta que se cumplan los siete años, justo con la llegada de Majin Boo que voy a tocar sutilmente, va a regresar de lleno como se manejó en la trama original. Así que me voy a ir de rapidín (o al menos eso digo… XD) con la infancia de los pequeños Saiyajins, porque ellos serán los protagonistas ya que alcancen la edad de la punzada, casi al final de DBZ, y no voy a tocar la trama del GT, a partir de ese momento será más que nada mi imaginación. Un saludo y gracias por leer.
P.D. Todos le chulearon a su esposa a Gokú, era lógico que brotaran sus celitos… jejejeje. Pero, como él es tan cándido, no lo entendió así… XD. Ante todo la apariencia de chico difícil de caer en esas cosas corrientes, lo mismo que Vegeta… jajaja.
