¡Hola de nuevo! Sé que el capítulo anterior fue muy corto u.u así que como recompensa ¿adivinen? ¡Sí! Hoy hay capítulo de Ojos azules. No me acostumbro a llamar así al fic, ustedes deciden si se queda así o lo devolvemos a ojos azules XD Bueno empezando con el capítulo. Los quiero.

PD. Ame sus hermosos review ñ.ñ

Capítulo 7

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Seguía enfada. ¿Cómo puede ser tan descarado? Dormir conmigo cuando apenas acabamos de conocernos ¿Es un idiota? Probablemente sí.

Aun con todo el enojo sentí algo de alivio. No quería creerlo, era demasiado extraño para mí este tipo de situaciones. Ese hombre que me había demostrado ser el más canalla y vil entre los hombres, ese mismo hombre me estaba haciendo la vida imposible de una manera muy infantil. Al escuchar esas palabras dichas con tanta seriedad me imagine mazmorras y calabozos. No un vestido esponjado e incómodo. ¿Sera que se arrepiente de lo que me dijo? Lo dudada… Pero aun así, no podía soportar la duda. ¿Por qué su cambio tan repentino hacia mi persona?

Toda esta situación me hacía doler la cabeza. Quería creer que Livius no era una mala persona. Mi interior deseaba creerlo, para sentirme un poco en paz y tener un poco de esperanza de superar lo que pase en mi país. Pero yo sabía que no podía ser así, Livius me había enseñado el lado más salvaje cuando nos conocimos, su lado malvado y cruel, ese lado que no le importa si eres niño o mujer si él lo desea él lo toma. Y ahora, ¿Por qué ahora me muestra este tipo de expresiones? Seguía pensando en eso. Pero ¿Qué más podía hacer?

No podía escapar, eso estaba claro. Además tampoco tendría a ningún lugar al cual ir.

¿Debería intentar poder convivir en paz con Livius, como él le había propuesto? O seguir aferrándose a algo que nunca podrá tener.

Su cuarto le pareció pequeño al saber que ese hombre también lo compartiría con ella. Escucho tocar a su puerta y solo respondió con un monótono pase. Las puerta se abrieron de par en par dejando ver un batallón de sirvientes con todos los objetos y ropas del rey. Abrió lo ojos con sorpresa, definitivamente ese cuarto era demasiado pequeño para que todo eso cupiera ahí. A pesar de que el cuarto era enorme comparado con su cuarto en su país, ella sabía que con todo eso no podrían ni siquiera pasar.

— ¿Cómo es que cabe todo eso en la habitación de Su majestad? —pregunte al hombre que identifique como el mayordomo real. Era un hombre caucásico no más de 30 años.

—La habitación de Su majestad es dos o tres veces más grande que esta. Princesa.

—Ahh…— solo pude asentir, era lógico, para que pudiera tener tantas cosas tenía que ser alguna especie de casa en su cuarto.

—Si iba a hacer esto, ¿no era más fácil que cambiara mis cosas a su habitación? Digo, ya que quiere que durmamos juntos.

—Eso, mi querida Nike, es una estupenda idea. — escuche la voz de Livius que venía desde la entrada de mi habitación. Voltee hacia él y lo encontré sonriendo de oreja a oreja.

Extraño. Pensé.

— ¿Eres bipolar o algo así?— pregunte, la verdad es que empezaba a sospechar que así era.

—Solo contigo.

Fruncí el ceño ante su respuesta.

—Niel, envía las cosas de nuevo a mi habitación, y traslada las de la princesa también.

—Como ordene, Su majestad. — dio un reverencia de respeto y se marchó mientras indicaba las ordenes hacia los sirvientes que continuaban llegando con las cosas de Livius.

— ¿No era más fácil hacer eso desde el principio?— pregunte.

— ¿Lo era?—contesto indiferente. Al parecer estaba acostumbrado a dar órdenes sin que nadie debatiera en ello. Típico de un rey. Como él no hacía nada…

Rodé los ojos ante su respuesta.

—Olvídalo. —suspire con resignación.

Mi mirada se dirige hacia el gran ventanal. Tendría que despedirme de tan hermosa vista.

—Nike, necesitamos hablar— escuche su voz seria.

— ¿Para qué nec…?— me vi interrumpida por esos penetrantes ojos que me observaban con detenimiento analizando hasta el último detalle de mí. Lo sabía, este tipo era bipolar. ¿Cómo es que podía estar tan indiferente hace unos momentos y tener una mirada tan intensa ahora?

Asentí. Su mirada me decía que no estaba bromeando.

Nos dirigíamos por un enorme pasillo desconocido aun para mí.

— ¿Hacia dónde nos dirigimos?— pregunte, esto me parecía muy extraño.

— Vamos a mi despacho.

Continuamos en silencio. Los ruidos del castillo se escuchaban a la lejanía formando solo un eco. Era como un mundo donde nosotros dos solo existíamos. Y eso me aterro. No me gustaba estar a solas con él, no después de las experiencias pasadas.

Nos detuvimos frente a una puerta de madera noble de color oscuro. Era enorme, supuse que era el despacho de rey.

—Llegamos— anuncio con voz seria, tan seria que erizo hasta el último cabello de mi nuca.

Abrió la puerta, en el fondo llegue a imaginar que haría algún chirrido o que estaría pesada, pero no fue ese el caso, se abrió como si nada. Aunque claro, observe que Livius la abrió con una llave, supuse, solo el poseía.

—Pasa.

Hice caso y me adentre al despacho. Abrí mis ojos con sorpresa al verme rodeada de toneladas y toneladas de libros, algunos desordenados y otros perfectamente enfilados en los estantes. Era una habitación grande y espaciosa. Casi como mi cuarto. Había un gran ventanal de vidrio detrás del estudio. Unas cortinas de un color vino custodiaban los laterales de este ventanal, esperando cerrar la luz que este trasmitía al despacho.

Estaba tan distraída que no sentí cuando Livius entro y cerró la puerta sacándome de mi trance.

— ¿De qué quería hablar, su majestad?—aunque en mi mente yo lo llamaba Livius, no me atrevía a decírselo en persona, a pesar de que él me había dicho que así lo llamase.

—No me digas así, todos me llaman así, pero yo no quiero que tú hagas lo mismo. —Su voz se escuchaba tan profunda, tan… ¿dolida? ¿Por qué?

— ¿Livius?

Alzo sus ojos en respuesta, estos se encontraron con los míos y algo asalto mi estómago, por que ver esos ojos tan llenos de un sentimiento que no podría descifrar causaba estragos en mí.

—Lo siento. — creo que mis sentidos estaban equivocados o estaba dormida. ¿de verdad había pronunciado las palabras que yo escuche?

— ¿Qué?— pregunte con incredulidad, realmente no podía asimilar que el me dijera esas palabras. ¿no era el malo?

—Lo siento.

Volvió a repetir.

— ¿Por qué?

—Por esto.

Me tomo de las manos con fuerza abrumadora, intente zafarme de su agarre pero no podía. Llevo mis manos hacia arriba de mi cabeza, jadee cuando sentí su boca en el hueco de mi cuello.

— ¿Q-qué haces?— pregunte, una nota de miedo se escuchó en el timbre de mi voz. La pesadilla se estaba repitiendo. Ese hombre juguetón que estaba hace unos momentos había desaparecido y volvía ese canalla y vil que estaba frente a mí.

Sentí sus manos encajarse en mi piel, causándome dolor. Chille cuando lo sentí estamparme contra el estudio.

-¿P-por qué haces esto? Cuando pensé que habías cambiado… quería creer que no eras ese hombre vil que estoy viendo, pero me equivoque eres peor— mis palabras parecieron calarle en lo más profundo porque enseguida me soltó. Se veía angustiado, y miraba sus manos con horror.

—Yo…— estaba dolida y enfadada, pero mire su rostro, estaba lleno de aflicción. ¿Enserio era bipolar? —No sé qué me paso, yo solo… solo… — lo sentí vulnerable. Era un hombre muy extraño, era poderoso y atractivo, pero también me mostraba su parte vil y después su parte vulnerable. ¿Qué quería de mí?

— ¿Qué quieres de mi Livius?— me miro por un segundo.

—No lo sé. Tú no entiendes, ni siquiera yo me entiendo. Tengo unas ganas inmensas de tomarte y someterte en este momento y no entiendo por qué. Cuando me entere de la existencia de tu reino lo investigue y me entere de ti y de tus hermanas, me mandaron un retrato de ti y en ese momento no sé qué paso pero decidí traerte. — su voz estaba subiendo de tono, creo que empezaba a descontrolarse. De verdad que se veía nervioso. —Ni siquiera yo reconozco mis decisiones. Intente ser contigo como soy con los demás, pero por alguna razón no puedo. Nike llevo conociéndote 2 días ¡Dos días! Y no sé qué me pasa, me descontrolas, pero no solo eres tú. Algo me pasa a mí, algo dentro de mí me esta… me esta… — su voz se ahogó, su cuerpo estaba temblando. Intente tocarlo pero estaba en una temperatura que no era humana.

— ¿Que sucede?— mi voz sonaba terrada. No sabía que estaba pasando, pero definitivamente este no era el Rey del sol, el Livius que conozco. No respondía, realmente me estaba asustando. ¿Qué es todo esto? Miles de preguntas me cruzaban por la cabeza. Levanto la mirada hacia mí. Pensé que ya había vuelto en sus cinco sentidos pero lo que vi me paralizo. Sus ojos eran de un azul. Pero un azul brillante, no eran como los de un humano, estos parecían que incluso brillaban en la oscuridad.

—Tu… ¿Quién eres?— sabía perfectamente que ese no era Livius.

—Yo soy…— su voz sonaba un poco más infantil, como si fuera un niño. —Yo soy el Dios del sol.

Continuara…

Continuara…

¡OMG! Que intenso se puso. Realmente esto me puso lo pelitos de punta mientras l escribia. Díganme ¿qué les pareció?