Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo pongo el trama. ^.^
Mía
Edward Cullen.
Esos bellos sueños que tenía. Me encantaron, después de haber conocido a Bella, dormí, sólo para verla, luego, luego de ayer… fue un gran sueño. Algo que quería ser realidad…
Y ahora, necesitaba hablar con Bella. ¡Dios! Ella se había vuelto por completo mi obsesión, era como un niño, ó una niña que se han obsesionado con un anime, un deporte, ó algo por el estilo.
Me levante de mi cama, lo más rápido que pude, y cogí mi celular de mi mesita de noche. Busque lo más rápido que pude, el número de mi adorada Bella. Pero, parecía que mi celular me odiase, porque no lo encontraba.
-No puede ser –mascullé-. Aparece, por favor.
Después de cómo un minuto de estar buscando, por fin lo encontré. «Mi ángel» sí, le había puesto así. No era una mentira del todo; ella es un ángel y la verdad no creó que sólo para mis ojos sea así; pero, por otro lado, no era mía. Esa era la parte errónea de ese apelativo.
Cómo ansiaba que fuese mía…
«Hora de despertar…» La dulce voz del pensamiento de mi amada madre. Cerré mi mente, no quería escuchar sus pensamientos, de algún modo, sentía que me estaba metiendo en su vida privada, por eso, prefería mantener sus pensamientos fuera de mi cabeza.
Sacudí la cabeza para poder aclarar un poco mi mente, llenarla con puros pensamientos míos, pero, cómo es de esperarse, lo único que apareció en mi mente fue: ese hermoso rostro, con esos enormes e hipnotizantes ojos color chocolate, esa sonrisa de ángel, perfectas facciones, esos labios color carmesí. Ese rostro. Su rostro; el rostro de mi ángel… de mi Bella.
Ese ángel que tanto quiero… sí, ese ángel que quiero que sea totalmente mío.
Sí, eso es justamente lo que quiero… «Que sea totalmente mía» eso sería lo mejor que me hubiese pasado en la vida.
-Edward –llamó una angelical voz, la voz de mi dulce madre.
-¿Mande, mamá? –pregunte con calidez.
-Oh… no, sólo quería ver si estabas despierto… -se escucho su dulce risa al otro lado de la puerta, y luego sus frágiles pasos dirigiéndose lejos de mi habitación.
Sonreí, quería mucho a mi mamá ella siempre cuidándome como si fuese un hijo prodigio, uno especial… algo que no era cierto, yo no era tan especial como ella… cómo mi Bella.
Recordando eso y sin más contratiempos, marque el número de mi amada. Despistadamente, mire hacía mi despertador que estaba sobre la mesita de noche. Las diez y media, no sabía si Bella ya estaba despierta, pero tenía que probar.
No obstante, en ese justo momento, mi celular sonó. Mire el identificador y pude apreciar que era el número de mi Bella.
Me gano.
-Hola –dije, cuando conteste.
-Hola, hola –dijo, muy enérgica.
-Veamos… ¿alguien esta de buen humor hoy? –pregunte con diversión.
-Sí, sí…
-¿Por qué? –pregunto, y luego agregue-: digo, sí se puede saber.
-Claro que se puede –dijo feliz.
-¿Entonces? –pregunte feliz.
-Es que hoy me desperté… y vi que había sol.
Cuando me contó el motivo de su felicidad, me sentí un poco decepcionado; tenía la vaga esperanza de que ese motivo fuera gracias a mí… pero por desgracia no fue así. Escuche su tintineando risita al otro lado de la línea; me sentí aún más triste. Todavía se burlaba de mí.
-¿Edward? –pregunto con cariño.
-Dime. –Me sorprendí a mí mismo con una voz muy triste, demasiado.
-Es que… era bromita…
-¿Eh? –ya no entendía lo que me estaba diciendo, ahora sí… me había perdido.
-Es que no estoy tan feliz por eso –en su voz se podía distinguir la sonrisa en su rostro-. Estoy feliz porque cuando desperté, recordé que había soñado contigo y luego, me di cuenta de que no eras un sueño, eras mi pura realidad; el chico que en mis sueños había vivido pero que sin siquiera saberlo sí había existido, sin que yo me hubiese percatado, el destino nos estaba esperando.
Sonreí ante sus palabras. No era verdad, ella era la chica de mis sueños, alguien como yo nunca hubiese podido entrar en los sueños de alguien como ella. Vaya, si sólo estar en su vida ya es un gran logro, en sus sueños, cuando ella no sabe lo que pasa, cuando no sabe lo que piensa y que subconsciente trabaja sólo –prácticamente-, eso ya es el cielo.
-Sabes… parece que estas describiendo algo parecido a lo que yo sentí… sólo qué…
-¿Qué? –pregunto desesperadamente, pues hablaba despacio pero tranquilo.
-Pues… que yo sentí que por fin mi mundo estaba completo… que por fin había encontrado mi otra mitad; esa que nunca creí poder encontrar… aquella mitad de la que hablan todos esos libro, de la que hablan en las novelas y demás…
Cuando termine de contarle, tenía una sonrisa de oreja a oreja en los labios. No era conciente de la expresión facial que tendría mi amada, pero la mía era de felicidad total, de esa felicidad que sólo te la puede quitar esa persona que quieres tanto al decirte «No te quiero», pero no, debía de ser optimista y decirme a mi mismo: «Bella sí me quiere, ella sí me quiere».
-Edward… -la voz de Bella sonó rota.
Dios, adiós optimismo…
-Sí, dime –pregunte con miedo a que su respuesta fuese lo que rompiera el corazón de cualquier persona.
-Eso… e-eso fue lo más hermoso que alguien me h-ha dicho –dijo, su voz se quebraba, percibía exactamente los momentos en los que lo hacía.
-¿D-de verdad lo dices? –pregunte, aún con algo de inseguridad.
-Claro –se escucho un corto sollozo-. Nadie jamás me había dicho ni una milésima parte de lo hermoso que lo que me dijiste.
-Me alegra ser la primera persona –dije-, y espero, por siempre, se la ultima.
Sonreí bobamente, me encantaba decirle cosas así a Bella. Hablo cómo si tuviese años conociéndola y amándola… quizá, desde antes de conocerla, ella y yo ya estábamos destinados a estar juntos… quizá nos conocíamos sin conocernos.
-Yo igual lo espero –contesto, ahora su voz sonaba alegre, esperanzada.
Seguimos hablando por un corto rato más, de cosas triviales, sin mucha importancia, aunque, claro esta, para mí siempre que hablara con ella sería un suceso irrelevante en mi día. En mi vida. Al final, acordamos que iría a su casa, para ver cómo estaba su pie.
Uno de mis planes para el futuro, era convertirme en un doctor exitoso como mi padre. Ó, igual en un gran músico, adoraba la música, había sido mi amiga en la soledad y una de las luces en mi oscuridad. Quizá un pintor… me gustaba poder crear un paisaje entero con tan sólo un pincel. Mis aficiones, eran de un artista, eso era lo que me gustaba. El arte, cosas así.
Me dirigí al baño, tenía que estar presentable para ver a mi querida Bella. Me bañe lo más rápido que pude… «La distancia nos separa, hay que acortarla…». Prácticamente volé por toda mi habitación buscando mi ropa para cambiarme.
Al cabo de un rato, ya estaba presentable –eso creía yo-, con mi Volvo aparcado frente a su casa y yo en el pórtico tocando la puerta.
-¿Si? –fue su padre el que abrió la puerta.
Me sentí muy nervioso; nunca había hablado con su padre, siquiera sabía su nombre… sólo sabía que era policía, el jefe de policía, pero sólo recordaba que era «el jefe de policía Swan».
-Emm… -me mordí el labio en modo de demostrar mi nerviosismo, pero luego, le dije de un modo seguro-: ¿esta Bella?
«No parece un mal chico, quizá le convenga a Bella… aunque sigo prefiriendo que no tenga novio, sí, definitivamente esta mejor así…»
Me reí internamente por su comentario. Él sonrió amablemente y se corrió, dejándome pasar y asintiendo con la cabeza. La primera impresión que me había dado el jefe Swan, fue que era muy estricto y que no le agradase que anduviera por ahí a estas horas; luego, ahora, me dio la impresión de que era una persona muy flexible y agradable… esperaba que fuese así.
-Bella esta arriba –me informó-. Le ha dolido bastante el pie, aunque ha intentado pararse, no ha podido –me dio una sonrisa tranquilizante, me ayudo un poco la verdad pues mis nervios ya estaban de punta-. Puedes subir… si quieres.
No dude un segundo más, asentí con la cabeza –con una sonrisa en la cara-, en modo de agradecimiento. Subí las escaleras, haciéndolas chirrear, y llegue a un estrecho pasillo, no sabía cual era la habitación de Bella, hacía que abrí la primera puerta que vi.
-¿Bella? –pregunte, cuando vi que en la cama había alguien acurrucado de espaldas a la puerta.
-¿Huh? –pregunto, dándose la vuelta tranquilamente-. ¿Edward? ¿Eres tú?
-Sí, soy yo… -dije, acercándome hacía su cama.
Ella ya se había incorporado y me extendía los brazos, invitándome a sentarme junto a ella. Y así lo hice, la abracé, pegándola lo más que podía a mi cuerpo.
-¿Cómo estas? –pregunte recordando su tobillo.
-Bien… mejor ahora que estas tú –respondió, pude sentir una sonrisa en la piel de mi cuello, donde ella había acunado su cara.
-Me alegro –conteste con toda la sinceridad que encontré en mi cuerpo-. Espero que te pueda ser útil –sonreí.
Escuche su risa, ó más bien dicho, mi melodía favorita.
-Sólo con el simple hecho de estar aquí ya me eres útil… ¡Te quiero muchísimo!
-Sí… quizá… pero juro que no más que yo –le conteste con franqueza… y la verdad, nunca eso sería una mentira.
«Edward y yo compartimos un poco el gusto sobre nuestro futuro en esta historia…»
Hola! :D Les gusto? Espero que sí… Adiós, Cuídense.
.: * ฆℓƷҳ * :.
