Capítulo 7.

En la autopsia de Kohl no se encontró casi nada raro en su cuerpo. Casi. Con excepción hecha de la fractura del hueso hioides, un hueso localizado en el cuello que, cuando se rompe, se tiene casi confirmado que se trató de muerte por estrangulación. Además, las marcas en el cuello eran más que evidentes, y se encontraron indicios de que Kohl había luchado encarnizadamente con quien quiera que haya sido su agresor.

- Es obvio que quien quiera que haya sido, estaba furioso.- comentó Jean, mientras nos dirigíamos a tomarnos un café.- Por lo que dice Zimmerman en su reporte, Kohl luchó por su vida de una manera feroz. Hay demasiada violencia en las lesiones que presentó Kohl, su agresor imprimió más fuerza de la necesaria para matarlo.

- Quizás, estaba desesperado.- comenté.- ¿Alguna prueba de que haya sido un familiar?

- Hasta ahora, ninguna.- negó Jean.- Por lo que supe, todos sus conocidos tenían coartada.

- ¿Y qué hay de la gente que trabajó en el instituto ese día?.- quise saber.

- Lily, no me vas a decir que sospechas que hay un asesino entre nosotros, ¿o sí?.- Jean me miró con severidad, como si hubiese dicho una atrocidad.

- Mira, lo cierto es que el asesino entró y salió del edificio sin ser visto.- repliqué.- Es más factible que eso lo haya podido hacer sin problemas alguien que labora ahí.

- También puede ser que esa persona haya entrado en el horario vespertino.- replicó Jean, aunque por su mirada supe que también había pensado en esa posibilidad.- Sabes que a esa hora la vigilancia es de lo más chafa. Si alguien se pudo robar un cuerpo, también otras personas pueden entrar y salir sin ser vistas. Además, nadie sabía que Kohl se había quedado trabajando hasta tarde, solo su familia.

- Lo que nos lleva a pensar que es más probable que lo haya matado algún familiar, si sólo ellos sabían en dónde se encontraba a esa hora.- comenté.- Y por cierto, qué espantosa es la seguridad aquí, ahora que lo mencionas.

- Eso, o que lo mató la persona que se llevó la ropa de Daisuke Wakabayashi.- añadió Jean.- Pero no le veo caso a matar a alguien por los trapos de un muerto, se me hace de lo más idiota.

- La gente mata por las cosas más idiotas, Lacoste.- lo contradije, dándome falsos aires, imitando a Zimmerman.- ¿Qué no has aprendido nada? Además, quizás no lo mataron por la ropa en sí, si no por lo que encontró en ella.

- Ya hablas como forense.- Jean me sonrió.- Pero de cualquier modo, eso es algo que no nos interesa. No es nuestro trabajo, ni nos compete. Lo que sí es nuestro problema es averiguar qué demonios ha hecho Helga estos días, que no nos entrega su reporte de las muestras tomadas el día de la autopsia de Wakabayashi. Se ha hecho la tonta, aun cuando sabe que es muy importante conocer el resultado ya que es una pista valiosísima ahora que no tenemos cuerpo.

- No entiendo cómo es que Wojkiewicz no la ha puesto de patitas en la calle.- gruñí.

- Ya te dije, o se acuesta con ella, o es alguna sobrina lejana.- Jean torció la boca en una sonrisa falsa.- Bueno, ahora sí voy a tomarme una abundante taza de café.

- Eso suena como a que te vas a beber un garrafón entero.- me reí.

- Eso pretendo hacer.- bufó él.- No voy a dormir en los próximos días. ¿Tú has podido pegar ojo estas noches?

- Sinceramente, no.- negué.- En cuanto cierro los ojos, sueño que alguien entra por mi ventana a degollarme.

Y era parcialmente cierto. Era difícil conciliar el sueño cuando pensabas que lo sucedido con Kohl en el instituto no había sido mera casualidad, si no el producto de algo más planeado, y si nadie se dio cuenta de sus intentos por luchar, nos dejaba a los demás mucho qué pensar acerca de la seguridad que teníamos ahí y de cuán seguros podíamos estar los demás. Era algo que a muchos nos quitaba el sueño, incluyendo al propio Wojkiewicz, casi estaba segura, pues las ojeras que le veía bajo sus ojos todas las mañanas no podían ser el producto de una noche de buen sueño.

- ¿Me vas a decir algún día qué es lo que pretende Wakabayashi?.- me preguntó Jean, cuando nos servimos café.- Lleva varios días viniendo a buscarte, y no me vayas a salir con la idiotez de que viene a preguntar por los resultados de su abuelo. Viene a verte específicamente a ti y tú no puedes darle ninguna información relacionada con su abuelo.

- Viene a hacer preguntas, nada más.- suspiré.- ¿Qué tiene de malo? Quiere investigar un poco por cuenta propia, no le hace daño a nadie.

- Por favor, Lily, no me vayas a decir que pretende averiguar él solo quién mató a su abuelo.- gruñó Jean.- Ni siquiera sabemos si de verdad el viejo se murió de un infarto o del trancazo que se dio en la cabeza, ¿cómo va a poder averiguar él si lo mataron o no? Espero que seas lo suficientemente inteligente como para no ayudarlo.

- Pues… .- sin duda alguna, me puse más roja que un tomate.

- Ah, mujeres.- gruñó él.- Sin importar lo listas que sean, todas son iguales y terminan cayendo ante un niño bonito.

Jean ya no me dejó responder a eso, porque en ese instante pasó Helga, con su carota de siempre, y él se fue a acosarla, exigiéndole que le entregase los resultados. Helga, despectivamente, le contestó que aun no los tenía y que, cuando los tuviera, se los daría en persona al doctor Wojkiewicz, y a nadie más. Jean se controló las ganas de abofetearla, bien que lo vi, y yo me contuve los deseos de cantarle sus verdades.

- Además, ahorita estoy muy ocupada.- dijo ella, muy petulante.

- ¿En qué, en chismorrear?.- bufó Jean.

- En asuntos importantes.- Helga lo miró de arriba abajo.

- Tú tampoco puedes dormir, ¿verdad, Helga?.- comenté, notando de repente las enormes bolsas bajo sus ojos.- Te persigue la muerte de Kohl, igual que a nosotros.

Al parecer, toqué una fibra muy sensible, porque Helga saltó como si tuviera resortes en los zapatos. Kohl había sido un compañero de trabajo muy cercano, de los pocos que soportaban el carácter agrio de Helga, y sabía que su muerte le había afectado más que a los demás. Tan era así, que ella me miró de arriba abajo, echando lumbre por los ojos, y se marchó muy molesta y más rápido que de costumbre, sin responderme, obviamente. Jean la miró con burla, y después me sonrió.

- Le diste en el clavo.- me dijo.

Yo simplemente me encogí de hombros.

Más tarde, Genzo se apareció por las instalaciones. La mayoría de nosotros nos estábamos acostumbrando a ver todos los días a al menos un Wakabayashi por ahí, ya que ellos no dejaban de preguntar por el cuerpo de su abuelo, como si esperaran a que el ladrón lo regresara íntegro de un día para otro, como quien regresa una escoba que ha tomado prestada. Además, Touya y Eriko volvían constantemente a amenazar con demandas millonarias y demás, situaciones con las que lidiaba el pobre doctor Wojkiewicz. Así pues, Genzo ya entraba en el instituto sin que nadie hiciera muchas preguntas, quizás solo le pedían que se apuntara en la entrada para darle un gafete de visitante, a lo mucho. Yo estaba respondiendo a un mensaje de texto cuando lo vi venir, con esa mirada confiada que me estaba acostumbrando a verle.

- ¿Alguna novedad?.- quiso saber.- ¿No ha…?

- ¿Aparecido el cuerpo de tu abuelo?.- me apresuré a responder.- No, aún no. Créeme que cuando eso suceda, les avisaremos inmediatamente.

- Lo sé, pero no está de más preguntar.- suspiró él.- Todos ansían enterrarlo para poder ponerle punto final al asunto y de ahí empezar a pelear la herencia…

- ¿Ansían?.- pregunté.- ¿Tú no? Sin ofender.

- No lo haces.- negó Genzo.- Y no, yo prefiero averiguar la verdad.

- Hace unos cuantos días te habría dicho que no hay más verdad que la que te dijimos, pero ahora… .- me detuve.

- ¿Ya no estás tan segura?.- él me adivinó el pensamiento.- ¿Qué sucedió?

- ¿No te parece suficiente con el hecho de que se hayan robado el cuerpo y la ropa y de paso hayan matado a la persona que se encargaba de revisar esta última?.- respondí con otra pregunta.

- Bueno, sí.- asintió Genzo.

- Y además, está el hecho de que aún no pueden ponerse de acuerdo con el resultado de la autopsia.- protesté.- ¿Cuánto tiempo pueden llevarse para ponerse de acuerdo?

- Ésa era otra cosa que te iba a preguntar.- dijo Genzo, tomando la oportunidad al vuelo.- Ya ha pasado suficiente tiempo desde entonces.

- Lo sé, pero por lo que me ha dicho Jean, él y el técnico se niegan a aceptar el resultado del doctor Zimmerman. Por lo que me ha dicho, un diagnóstico u otro puede marcar la diferencia.- repliqué.

- No tendría por qué ser.- musitó Genzo.- ¿Qué son tan variantes los diagnósticos de muerte?

- No lo sé.- negué.- Jean se ha negado a decirme algo, Wojkiewicz no quiere que nadie que no haya estado presente conozca algo sobre el asunto.

- Pero tú estuviste ahí.- me recordó Wakabayashi.- Aunque solo haya sido por un rato. ¿No?

- No el tiempo suficiente para saber algo.- repliqué.- Eso ya te lo había dicho, a duras penas alcancé a ver cuando abrieron tórax, con lo que vi en cabeza no me basta para decir algo.

- Ya, entiendo.- dijo él, resignado.

Todos los días era lo mismo: Genzo siempre señalaba el hecho de que yo había estado presente y yo siempre le recordaba que me habían botado a media autopsia; de veras que me daba lástima no poder saber más, no tanto por ayudarlo como por desear que me dejara en paz con ese asunto. No avanzábamos mucho, de hecho, con la investigación que ambos estábamos realizando. Los Wakabayashi aun no podían ponerse en contacto con el abogado de Daisuke, el cual al parecer había tenido una cita con el susodicho el día de su muerte y nadie sabía para qué, solo el abogado obviamente, pero éste no aparecía. Genzo me había dicho que aquél era ya un hombre grande, viudo y sin familia conocida en la ciudad, así que nadie sabía en dónde podía estar. Quizás simplemente se había tomado unas vacaciones, pero había escogido un muy mal momento para tomarlas. Genzo sospechaba que la cita con el abogado podía deberse a un cambio en el testamento de su abuelo, cosa que nos daría un motivo fuerte para que alguien lo hubiese matado, incluso el propio abogado sería un sospechoso importante, pero el testamento no se había leído ni se leería hasta que no apareciera, así que de nada le hubiese servido al abogado fugarse con él.

- Si alguien intentara ponerle un dedo encima a la fortuna de mi abuelo, lo sabríamos inmediatamente.- me había dicho Genzo.- Pero dudo mucho que el abogado de mi abuelo haya intentado matarlo, pues se conocen desde hace años e incluso eran grandes amigos. No creo que él haya tenido motivos financieros para matarlo.

- ¿Y personales?.- cuestioné.- Muchas veces, el móvil no es el dinero.

- Tampoco.- negó Genzo.- El señor Takamura es alguien muy pacífico. Raro, para ser abogado.

Takamura, vaya, hasta apellido japonés tenía. Quizás Daisuke Wakabayashi lo había conocido en Japón y se lo llevó con él al mudarse de país. Quién sabe, con los ricos todo era posible, lo que me indicaba que tampoco sería imposible que el señor Takamura hubiese asesinado al amigo de toda la vida, aunque no se lo comenté a Genzo.

- Entiendo.- dije, simplemente.- Entonces quizás simplemente se fue de vacaciones.

- Ojalá.- suspiró él, mirando su teléfono celular.

- ¿Algún problema?.- pregunté, al notar su expresión.

- Es Kitagawa.- musitó Genzo.- A últimas fechas ha estado muy nervioso, creo que Eriko ha estado descargando su frustración y su dolor en él y por eso es que está al borde la histeria. Ya lo sé, no me lo digas, mi hermana puede llegar a ser verdaderamente odiosa.

- Tú lo dijiste, no yo.- me mordí la lengua para no reír.

Tetsuya Kitagawa era todo un personaje, según me contó Wakabayashi. Al parecer, era el ahijado de Akira, el padre de los cuatro Wakabayashi principales y actual presidente de la compañía. Kitagawa había llegado siendo casi adolescente a vivir con los Wakabayashi, para ser educado y demás ya que su madre era pobre, su padre había fallecido y el niño había tenido la aparente y sorprendente fortuna de haber sido apadrinado por el señor Akira, quien decidió que todos los gastos de su educación correrían por su cuenta. Sin embargo, Tetsuya no fue aceptado como "uno más" en la familia Wakabayashi, sobre todo por Touya y por Eriko quienes lo trataban peor que a un sirviente, ya que después de todo, Tetsuya no tenía sangre de los Wakabayashi corriendo por sus venas. Kenji no lo tomaba en cuenta para nada, era como si no existiera, Hana lo trataba con amabilidad, pero como quien trata amablemente a un conocido de la familia, y el único que le ponía atención y lo trataba mejor era Genzo, de ahí que Tetsuya le tomara confianza y se apoyara en él para todo, literalmente hablando. Era como si Kitagawa no tuviese confianza propia y tuviese que pedirle a Genzo un poco de la suya prestada. De ahí que yo lo viese muchas veces por el instituto, pues Tetsuya iba constantemente a buscar a Wakabayashi cuando no lo encontraba en otro lado, y era evidente que Kitagawa sabía que su amigo pasaba demasiado tiempo conmigo.

- Cuando no lo encuentro en otro lado, es porque está con usted, doctora.- me dijo Kitagawa una vez.- Wakabayashi-san pasa mucho tiempo aquí.

Tengo que admitir que no habría notado que Genzo pasaba demasiado tiempo conmigo si Tetsuya no me hubiese hecho ese comentario, pero fingí no darle mucha importancia. No estábamos juntos más que para investigar, así que lo mejor era fingir demencia. Lo que sí me llamaba la atención era el respeto que Tetsuya le mostraba a Genzo.

- Eso es porque nadie lo acepta en mi familia, a excepción de mi padre.- me comentó Genzo.- Ya viste que a mis hermanos les resulta indiferente, lo que me sorprende es que mi madre tampoco lo acepte. Ella es una mujer de lo más tranquila, pero tratándose de Kitagawa, bueno, no lo soporta.

- ¿Nunca le has preguntado por qué?.- pregunté.

- Sí, pero se encoje de hombros y me dice que simplemente no le agrada.- me respondió él.- No los entiendo, a ninguno, me parece estúpido que lo dejen de lado sólo porque no pertenece a la familia. Mi padre lo ha acogido bajo su protección y lo ha educado como a uno de nosotros, eso debería bastar para que nosotros lo aceptemos como uno más de la familia, pero nadie está de acuerdo conmigo.

- Supongo que así piensan los niños ricos.- comenté, sin pensarlo mucho.

- Oye, no somos niños ricos.- protestó él, ofendido.- No somos tan malos como tú te empeñas en creer.

- Mira, yo sólo sé lo que veo, no conozco a tu familia a fondo, pero es obvio que tienen un comportamiento que podría catalogarse como de "niños ricos".- repliqué.- O por lo menos, sí tus hermanos, aunque tengo que reconocer que tú no eres como pensé que eras.

- O sea que ya me tienes en un mejor concepto.- Genzo sonrió.- Eso es bueno.

- ¿Qué?.- creo que me ruboricé.- ¿Por qué?

- Porque no me gustaría que pensaras mal de mí.- me dijo él.- No soy tan malo, ¿sabes? Sé que te di una mala impresión la primera vez que nos vimos, pero ya me disculpé por eso y esperaba en verdad que cambiaras un poco tu manera de pensar. No soy el clásico "niño rico", ¿sabes? Más bien, soy un poco, eh, disfuncional.

- ¿Disfuncional?.- no pude evitarlo y me reí, aunque no de mala manera ni como burla.- ¿Tu familia es disfuncional?

- No, yo soy el disfuncional.- Genzo hizo una mueca, aunque los ojos le brillaban.- No veo a mis padres más que una vez al año, y con excepción de Eriko, a mis hermanos los veo por mucho 3 veces por año. Es más, ahora que ha muerto el abuelo es cuando he tenido la oportunidad de ver más a mi familia, o mejor dicho, que ellos han tenido la oportunidad de verme más a mí.

- ¿O sea que eres tú quien no se deja ver?.- cuestioné, sorprendida.- ¿No te gusta estar con tu familia?

- Digamos que me acostumbré a estar sin ella.- Genzo se encogió de hombros.- A los 11 años me marché a Alemania para dedicarme en cuerpo y alma al fútbol y dejé de ver a mi familia, y cuando eso pasa, dejas de tomarle importancia a cosas como no verlos a diarios o hablar con ellos.

- En ese sentido, puedo comprenderte un poco.- dije, pensando en mi propio dilema familiar, en mi mala relación con mi hermana mayor y el escaso contacto que tenía con mi hermano debido a las constantes escapadas de él.

- ¿Lo ves? No soy tan malo.- Wakabayashi esbozó una media sonrisa.

Yo también sonreí. Ok, no es tan malo el muchacho, ¿de acuerdo? Pero aun así, su familia no terminaba de agradarme. ¿Por qué? Porque sentía que ocultaban muchas cosas muy oscuras que muchos de nosotros no queríamos saber. Jean y yo teníamos la sensación de que esa familia estaba en medio de un caos destructor, y al ponernos por accidente en su camino, ese caos terminaría por acabar con nosotros también. Lo que no sabíamos era que no podíamos estar más en lo cierto.