Capítulo 7. Te amo.

Sora y el desconocido fueron al encuentro del otro y se fundieron en un abrazo. Cuando se separaron, el hombre empezó a hablar en lengua de signos, lo que sorprendió a Yamato. Era evidente que esos dos se conocían. El rubio seguía en el mismo sitio sin perder detalle de lo que ocurría.

–¡Qué sorpresa! –dijo el hombre. –Nunca habría imaginado encontrarte aquí. –Entonces le dio una tarjeta con sus datos.

–"World Music Entertainment Record" –leyó Yamato en su pensamiento lo que decía Sora en signos al leer la tarjeta. –De la élite.

–Mándame un email. –dijo el hombre. –Tengo que irme. –Y se marchó. Sora miró la cara de Yamato, que no era de buenos amigos.


–¿Se abrazaron? –preguntó Mimí con el cuaderno naranja abierto en la mano.

–Sí, ya sabes. Como cuando ves a algún conocido después de mucho tiempo. –explicaba Yamato a Mimí en la sala de la facultad. –Fue como en las películas.

–¿Cómo en las películas occidentales? –preguntó Mimí.

–Exacto. –dijo él consciente de que los occidentales son más directos con el contacto físico.

–Entonces, ¿el tipo que abrazó a Sora era extranjero? –preguntó Mimí.

–No, era japonés, pero parecía...americanizado. –dijo tras hacer una pausa para encontrar la palabra adecuada.

–¿De casualidad era un hombre guapo? –preguntó Mimí.

–Y yo qué sé. No entiendo de eso. –respondió Yamato.

–Ya sabes, con una cara atractiva. –intentó matizar la castaña.

–No para mí. –dijo Yamato.

–¿Unos 20 centímetros más alto que tú? –preguntó Mimí, ya que desde hace un rato tenía a alguien en mente.

–Me dices cosas muy duras, Mimí.

–Y con una bonita sonrisa. –Mimí ya ni siquiera preguntaba, tan sólo afirmaba.

–No lo creo. –dijo Yamato, que hablaba más desde los celos que desde la objetividad.

–Probablemente sea él. –dijo Mimí.

–Espera un momento. He negado todas tus descripciones. –se quejó el rubio.

–Porque estás celoso. –dijo su amiga.

–¿Yo?

–Esa persona hablaba en lengua de signos, ¿verdad? –preguntó Mimí como último detalle para confirmar sus sospechas.

–Sí. De hecho parecía bastante experto. –admitió él.

–Probablemente sea el chico que estaba en la misma orquesta que Sora cuando estudió en el extranjero. –dijo Mimí. –Se llama Ken Ichijouji. Era el senpai de Sora en Julliard. Era un prodigio del violín. Cuando fui a visitarla allí me lo presentó.

–¿Eran novios? –Preguntó Yamato con curiosidad.

–No. Él tenía novia. –negó Mimí. –Pero ella le admiraba mucho. A menudo Sora me hablaba de él en sus cartas. Y en San Valentín ella le regaló chocolate.

–¿Le regaló chocolate por San Valentín? –preguntó Yamato muy sorprendido.

–Cuando Sora empezó a perder la audición creo que estuvo apoyándola. Estudió lenguaje de signos con ella. La quería como si fuera su hermana pequeña.

–Como su hermana pequeña, ¿eh? –repitió él con suspicacia.


Sora, con el pijama puesto, miraba la tarjeta de contacto que le había dado Ken sentada en la cama. Se dejó caer todavía mirando la tarjeta. No sabía si llamarlo o no. Su aparición despertó viejos sentimientos que creía ya olvidados.


Sora y Mimí estaban comiendo en la cafetería de la facultad. Estaban sentadas una frente a la otra. Entonces también llegó Jou con su bandeja. Al ver que Mimí miraba fijamente, Sora giró la cabeza y vio a Jou allí parado. Sora le saludó efusivamente con la mano. No obstante, Jou, incómodo, se sentó en otra mesa que estaba más apartada, aunque a la misma altura que la de las chicas.

–¿Qué pasa? –preguntó Sora sin entender nada.

–¿Quién sabe? –contestó Mimí. Entonces llegó Yamato con su bandeja y se encontró con el dilema de con quién sentarse. Se sorprendió de verlos en mesas distintas. Como estaba más cerca de Jou fue hacia él y le preguntó:

–¿Por qué estáis separados?

–Pues… –titubeó Jou.

–¡Venga ya! ¡Vamos para allá! –animó el rubio. –¿Cuál es el problema? –entonces Yamato cogió también la bandeja de su amigo y la llevó hacia la mesa de las chicas. Yamato se sentó junto a Mimí y dejó la bandeja de Jou junto a él. Yamato sonrió a Sora y después llegó Taichi.

–Estáis ahí. –dijo el recién llegado. –Todos juntos. –añadió. –He ido a la sala pero no había nadie. –se dirigió hacia Mimí y dijo: –Eso tiene buena pinta. –Entonces le quitó una patata del plato mientras se lo metía en la boca. –¿Qué pasa? Tenemos suficiente confianza, ¿no?

–No sé si hay confianza, pero no seas tan maleducado. –le riñó Mimí.

–Así que es eso. Por cierto, sobre lo que hablamos el otro día, –dijo Taichi quitándose la mochila y sentándose junto a Mimí y haciéndola sentir incómoda. –no me disgustas, así que, ¿por qué no salimos juntos? –preguntó Taichi mientras los demás lo miraban sorprendidos, especialmente Jou. –Yo te gusto, ¿no? –preguntó ignorando las miradas de sus amigos. –La última vez, ¿no me dijiste que te gusto? Eso fue una declaración de amor, ¿no? –entonces, todos miraron a Jou.

–Estoy bien. –dijo el de gafas, que todavía no había tocado su comida. –No hace falta que me miréis así. A mí, Jou Kido me gustaba Mimí Tachikawa, que me rechazó claramente. –dijo como si estuviera declarando en un juicio. –Así que he decidido dejarlo correr. Así que, si Mimí y Taichi salen juntos, no hay problema. ¡Estoy muy feliz! –dijo golpeando a Yamato en el hombro. Entonces se levantó y se dirigió hacia Mimí y le extendió la mano. –¿Amigos? Como siempre hemos sido, sólo amigos. –Mimí, todavía alucinando por esa escena, se levantó para ponerse a la altura de Jou y estrechó su mano. Yamato empezó a aplaudirles tímidamente, animando a Sora con la mirada a que hiciera lo mismo. Así que también se puso a aplaudir, seguida por Taichi.


Después de comer, Sora fue a la sala. Mientras sacaba algo de beber de la máquina Yamato se le acercó.

–¿No vas a clase? –preguntó él.

–Tengo mi cuarta clase después. –dijo ella.

–Yo también. –dijo él. Cuando se iba él la paró. –Espera.

–¿Qué? –preguntó Sora.

–Oh, no importa. –dijo él cambiando de idea.

–¿Qué?¿Qué pasa? –insistió Sora. –¿Hay algo que quieras decirme?

–No es nada. –le restó importancia.

–¿Qué es? Dímelo.

–Está bien, te lo diré. Me he enterado que le diste chocolate por San Valentín a un compañero. –soltó Yamato. –Es como la chica de un manga. No te pega. –Entonces, Sora le dio una patada por el lado en las piernas. –¡Ouch! –se quejó el rubio viendo como Sora se marchaba enfadada. –Ya vuelve a la violencia. Ahora sí que es ella.


Sora estaba esa noche tocando el piano en el hotel. Esta vez llevaba un vestido negro de tirantes. Tocaba una pieza tranquila, que era la que cuadraba con el ambiente de la sala. Entre el público, sentado en una de las mesitas redondas se encontraba Ken Ichijouji. Llevaba un traje de color crema y una camisa azul claro sin corbata con el primer botón suelto. Cuando acabó la pieza, los asistentes empezaron a aplaudir. Sora vio a Ken aplaudir en lengua de signos. Cuando Sora terminó de trabajar, se fueron a tomar algo en una sala del hotel.

–¿Por qué has vuelto de repente, senpai? –preguntó Sora.

–No me llames "senpai". Ya no estamos estudiando y he dejado el violín. Ahora soy un salaryman normal y corriente. –explicó él.

–Pero la tarjeta que me diste el otro día era de la discográfica World Music Entertainment Record. Es una compañía muy prestigiosa. Todo el mundo la conoce. Sigues siendo el senpai que admiro.

–Eres la única que me dice algo así a estas alturas. –dijo Ken.

–¿Toco bien el piano? –preguntó ella.

–Sí. Tocas de manera muy bella.

–¿En serio?

–Sí, de verdad. Por eso pensé por un momento que habías recuperado la audición. –dijo él. Pero Sora negó con la cabeza.

–En Nueva York cuidaste de mí. Después, cuando volví a Japón fui a muchos hospitales, pero no había tratamiento.

–Entiendo. –dijo Ken. –Supongo que la lengua de signos es algo que no se olvida.

–Te estoy muy agradecida de que la aprendieras por mí. –dijo Sora. –En aquel entonces, si no hubieras estado conmigo, me habría sentido muy sola. –Un rato después, se dirigieron a la salida para despedirse.

–Me alegro de que hayamos vuelto a hablar. –dijo Ken.

–Yo también. –dijo ella.

–¿Te parece bien que te invite otro día? –preguntó él. –¿Te molesto? –preguntó él al no obtener respuesta. Ella negó con la mano. –No he recibido ningún email tuyo, así que pensé que estaba siendo una molestia.

–No, no es eso. Es sólo que…no reuní el suficiente valor para escribirte. –confesó Sora. –No se me da muy bien tratar con hombres. Después de perder mi oído, mi corazón se insensibilizó. Pero supongo que contigo es diferente. No es…¿cómo lo diría? Tratar con un hombre en ese sentido.

–En realidad, a pesar de lo que pienses, yo sí que me refería a ese sentido. –confesó Ken. Sora le miró sorprendida, pero cambio a una mirada soñadora.


–¿Sabes, Yamato? Sora se está enamorando de Ken rápidamente. –le dijo Mimí al chico mientras entraban en el edificio de la facultad.

–Mimí, déjalo. Tu apariencia engaña. –dijo Yamato mientras se dirigían a la sala. Ya en ella, continuaron la conversación sentados en una mesa. –Hablando así de amor me creo que hayas seducido a Taichi. Parece que le has dado fuerte. –dijo Yamato mientras se abría una lata de refresco.

–No pongas la pelota en mi tejado. –le riñó Mimí. –¿Estás seguro de querer dejar escapar a Sora de esa manera? –insistió Mimí con el tema.

–¿De qué hablas? Debería felicitarla. –se defendió él.

–Qué maduro. –elogió ella.

–Bueno, él es buena persona, ¿no?

–¿Ken Ichijouji? –Yamato asintió con la cabeza. –Mmm, eso parece.

–Entonces está bien. No hay problema. –se resignó él.

–Supongo que tienes razón. –le dijo Mimí.

–¿Le estás dando el visto bueno? –preguntó Yamato.

–Después de que Sora perdiera la audición, desarrolló mucho miedo a las relaciones.

–¿Es para tanto?

–¿Eh?

–Para la otra persona, ¿tanto importa? –preguntó él.

–A una persona normal le importaría. Pero supongo que en ese sentido, tú eres diferente. –le dijo Mimí.

–¿Eso crees? –preguntó él con ironía.

–¡Te estoy diciendo un cumplido!

–Muchas gracias.

–Por eso pensé que serías tú. –dijo Mimí.

–¿Yo?

–He estado al lado de Sora todo este tiempo pero no soy lo que ella necesita. –dijo ella.

–¿Qué quieres decir? –preguntó Yamato.

–Hay ciertas cosas que las amigas no podemos hacer. En el corazón de una chica hay espacios que sólo un chico puede llenar. Pensé que ese chico para Sora serías tú.

–No puede haber dos en el mismo sitio.

–¿En el mismo sitio?

–No creo que yo sea el indicado para ella. El indicado es ese senpai suyo. No es suficiente sentir algo por ella. –dijo él.

–¿Entonces sientes algo por Sora? –preguntó Mimí.

–¿Quién sabe? La respuesta está en el aire. –reflexionó Yamato.

–¿Qué quieres decir con eso? –preguntó Mimí riendo.

–¿No había un dicho que decía eso? –preguntó él sonriendo.


Taichi se encontraba en la sección de revistas de una librería. Ojeaba las fotos de Meiko Mochizuki. Primero miró las páginas interiores y después, la foto de la portada. Sora se le acercó por detrás asomándose para ver qué miraba su amigo con tanto interés. Entonces le golpeó con sus manos con un golpe seco en los hombros para asustarlo. Taichi se giró.

–Me has asustado. –dijo él.

–Esa es tu novia, ¿no? –preguntó Sora.

–¿Novia?

–Sí.

–No. –negó el castaño dejando la revista en su sitio. Para salir fuera tenían que bajar al piso de abajo de la librería. Mientras bajaban, Sora tuvo un traspié con su zapato que tenía un poco de tacón. –¿Qué ha pasado? –Sora sólo se señaló el zapato. –¿Estás bien? –le preguntó dándole una mano y ayudándola a bajar. Parecía que todas las mujeres de su alrededor tenían problemas con sus pies. Mimí se encontraba en la parte de abajo mirando unos libros y vio a Sora y Taichi de la mano mientras bajaban la escalera. –¿Te has torcido el tobillo? –Mimí se giró haciendo ver que no había visto a Taichi camuflando su cara detrás de una revista. Sora le dijo que estaba bien y se marcharon al restaurante cercano al campus a tomar unos refrescos sin percatarse de la presencia de Mimí.

–La chica de la revista es una modelo famosa. –explicó Taichi sin gestos ya en el restaurante. Sora le leía los labios –Pensé que si salía con ella me sentiría como si tuviera algo de valor. Ya sabes, aunque no tenga nada, me sentiría como si tuviera un poquito. A diferencia de ti, no valgo nada. Como por ejemplo, con la música.

–¿Y qué hay de la fotografía? –preguntó Sora.

–¿La fotografía? No tengo confianza. Incluso mi jefe dice que no tengo talento. –dijo Taichi refiriéndose a la conversación que escuchó entre sus jefes. Sora empezó a gesticular, pero Taichi no lo entendía, así que Sora empezó a gesticular más despacio mientras éste intentaba traducir. – "¿Por qué yo…" Perdona. –al ver que Taichi no la entendía, Sora optó por coger su teléfono y escribió: "¿Sincero?" –Sora siguió gesticulando. –¡Ah, ya lo entiendo! "¿Por qué eres tan sincero conmigo"? –tradujo Taichi gesticulando palabra por palabra. Sora asintió sonriendo al ver que por fin había entendido su pregunta. –Mmm, no lo sé. Supongo que porque…eres callada. ¿Te has enfadado? –preguntó Taichi por la respuesta que dio. Sora negó con la cabeza. –Cuando la gente me habla demasiado soy incapaz de decir lo que quiero. –continuó Taichi. –Mis verdaderos sentimientos acaban flotando por ahí. De manera que al final sólo acabo diciendo cosas odiosas y haciendo daño. Y entonces ya no sé qué hacer. –Sora volvió a coger su móvil para escribir lo que quería decir. –"¿Te refieres a Mimí"? –leyó Taichi. El chico cogió el teléfono y contestó: "No, te juro que no. –¿Y qué hay de ti? –preguntó Taichi. –Estaba convencido de que Yamato y tú acabaríais saliendo juntos. Pero ahora parece que tienes novio, ¿no?

–¿Lo sabes? –preguntó Sora.

–¡Por supuesto que lo sabemos! Es de lo que más se habla en la Sociedad Naranja ahora mismo. –Sora sonrió de la manera que lo dijo. –¿Es ese chico mejor que Yamato?

–No creo que le guste a Yamato de esa forma. –dijo Sora después de pensar un poco la respuesta.

–¿Te refieres a gustarle de forma romántica? –preguntó Taichi. Sora asintió. –¿Y a ti?

–Sinceramente, nos hemos unido tanto que ya no lo sé. –contestó ella.

–Tú también estás siendo sincera, Sora.

–Oye, me he fijado que todos habéis aprendido lengua de signos por mí. –observó Sora.

–Una vez que empiezas es muy divertido. –admitió Taichi.

–Cuando hablamos en la sala, todos utilizamos la lengua de signos. ¿Por qué?

–Porque si tú fueras la única que no entiende, no sería divertido. –contestó Taichi. –Nos lo dijo Mimí. Nos dijo que utilizáramos la lengua de signos lo máximo posible. –pero parece que a Sora no le hizo demasiada gracia esa respuesta.


–¡Sí, lo dije! ¿Qué hay de malo en ello? –se defendió Mimí.

–¡Está mal!¡No es lo habitual! –dijo Sora, que fue a echarle en cara que le pidiera a los demás que hablaran en signos.

–¿Está mal no hacer lo habitual? Si fueras norteamericana y todos supiéramos inglés, hablaríamos en inglés delante de ti. –razonó Mimí mientras caminaban por los pasillos del piso de arriba de la facultad.

–¡No es cierto! –se resistía Sora.

–¡Claro que es cierto! ¡Pensé que si todos hablábamos de una manera que no entendieras te aburrirías!¡Por eso les dije que utilizaran la lengua de signos con las partes que supieran!¡¿Está eso tan mal?! –preguntó Mimí. Al ver que no contestaba, continuó hablando –¡Sora, eres egoísta!¡Siempre dices que no quieres dar pena, que prefieres morir a que la gente te tenga lástima, pero si no eres el centro de atención te pones de mal humor!

–¡Eso no es verdad! –dijo Sora titubeando.

–¡Sí, lo es! ¡Siempre brillas como las estrellas, y yo soy la que estoy siempre detrás de ti en la oscuridad haciendo que sobresalgas! –dijo Mimí marchándose hacia clase. Sora la detuvo a punto de entrar.

–¡Qué cara tienes! –dijo Sora. –¡Incluso Jou estuvo interesado en mí primero. Y después empezó a interesarse por ti!

–¡¿Qué?! –preguntó Mimí sin poder creer lo que le decía Sora. –¡A ti no te gustaba Jou!

–¡A ti tampoco te gustaba! –le recriminó Sora.

–¡Cierto, no me gusta!¡Entonces dejemos de discutir por alguien que no nos gusta a ninguna de las dos! –dijo Mimí.

–¡Vale, pero…! –empezó a decir Sora.

–¿Entonces qué pasa con Taichi? –preguntó Mimí sin usar la lengua de signos recordando cuando los vio en la librería.

–¿Qué? –preguntó Sora sin entender que tenía que ver el castaño.

–¡Nada! –respondió Mimí.

–¡¿Qué has dicho?! –volvió a preguntar Sora. –¡No hables para ti para que no entienda!

–¡Me estás sacando de quicio! –gritó Mimí.

–¡¿Qué?!¡Tú…! –empezó a decir Sora, pero entonces, la profesora que llegaba en ese momento interrumpió la acalorada discusión.

–Señoritas, la clase va a empezar. –avisó la profesora entrando en el aula, poniendo fin a la pelea.

–Sí, profesora. –dijo Mimí. Miró a Sora con mala cara y entró airada, seguida por ésta.


Después de clase, Sora salió de la facultad, pero algo cayó del cielo. Yamato se asomaba por el edificio. Cuando Sora le miró, Yamato le tiró un pequeño bollo que ésta cogió al vuelo.

–¿Adónde vas vestida así? –preguntó Yamato, que veía que Sora llevaba una falda estampada rosa, una camiseta blanca, una chaqueta vaquera y unos tacones no muy altos de color crema. Después de que Yamato bajara hacia donde estaba ella, iban caminando por el campus. Sora le devolvió el bollo.

–No lo quiero. –dijo Sora. –Estoy llena.

–¿En serio? –dijo él guardándose el bollo en la mochila.

–O quizás es que estoy nerviosa. –dijo Sora.

–¿Es porque vas a una cita? –preguntó el rubio. Sora asintió con la cabeza.

–¿Luzco mal? –preguntó ella.

–No. No puedes ir mejor. –le dijo Yamato.

–¿En serio? Qué mona que soy. –dijo Sora.

–¿Quién dice eso de sí mismo? –dijo él para sí sonriendo.

–¿Yamato, qué puedo hacer? Mi corazón está palpitando muy rápido. –dijo Sora apurada. Entonces Yamato cogió aire y lo soltó un poco exagerado.

–¿Por qué no respiras profundamente? –pero al ver que Sora seguía nerviosa, Yamato le dio otro consejo. –No te preocupes, en cuanto veas a tu novio te tranquilizarás. Te diré unas palabras mágicas: "Hoy Sora está más guapa que nunca". –la chica sonrió. –¿Adónde vais?

–A la Torre de Tokio o a Roppongi Hills. A algún sitio así. –contestó Sora.

–Estás tan guapa que la Torre de Tokio y Roppongi Hills se derrumbarán ante tu belleza. –piropeó Yamato para tranquilizarla, a lo que Sora le sonrió contenta. –Ah, y si puedes, controla tu afilada lengua viperina y tus maldiciones todo lo que puedas. –bromeó él.

–¿Qué más? –preguntó Sora. Yamato se quedó pensando.

–Mmm, podría pensar en cien o doscientas cosas que podrías mejorar…

–No importa. –interrumpió Sora. –No tengo tiempo para "escucharlas" todas.

–¿Te recoge aquí a las tres? –preguntó Yamato mirándose el reloj. –Estará al caer. Nos vemos. Espero que todo salga bien. –entonces Yamato se fue, seguido por la mirada de Sora. Entonces, la chica se quitó un zapato y se lo lanzó cuando Yamato ya se había alejado varios metros. Al caer al lado de Yamato, éste la miró. –¿Qué pasa? –le preguntó en lengua de signos.

–¿Te parece bien esto? –preguntó Sora.

–¿El qué? –preguntó él.

–El que me guste otra persona –aclaró Sora. –Incluso si me alejo, ¿estarás bien? –Yamato no dejaba de mirarla serio fijamente. Después vio llegar por el fondo un coche deportivo plateado que se paró a las puertas del campus. Ken se bajó del deportivo cerrando la puerta y quitándose las gafas de sol, vestido con un pantalón negro, una camisa blanca y una americana marrón clara. Yamato recogió el zapato y fue a devolvérselo a su dueña dejándolo en el suelo. –Ha llegado. –le dijo Yamato, ya que ella ni se había percatado de la llegada de Ken. Entonces Sora miró hacia atrás y, efectivamente, allí estaba Ken esperándola y saludándola con la mano. –De momento, todo lo que puedo decir es que no creo que debas ir lanzando zapatos delante de él. –dijo él triste. Se giró y volvió a marcharse seguido de la mirada de Sora. Unos segundos después, se calzó el zapato y se fue hacia Ken.


Yamato estaba arrancando una naranja del naranjo de donde solían cogerlas.

Pensamientos de Yamato:

Ella siempre tira de mi corazón hasta el límite y se lo lleva con ella. No lo suelta. Mi corazón, que siente atracción hacia ella, siempre duele.


Era de noche. Sora y Ken se encontraban en un mirador viendo las vistas nocturnas de los rascacielos tokiotas.

–¡Qué bonito! –dijo él. –¡Qué bien me siento!¿Te parece bien que vuelva a invitarte a salir? –preguntó Ken.

–De acuerdo, pero… –empezó a decir Sora.

–Si soy una molestia, sólo dímelo. ¿Tienes novio? –preguntó Ken. Sora negó con la cabeza. –¡Uf, qué alivio! Cuando estábamos en Estados Unidos, ya me gustabas. –confesó Ken.

–¿En serio?

–Sí. Pero yo tenía novia y tú eras como una flor inalcanzable. –dijo Ken.

–¿Pero qué dices?

–Entonces eras preciosa. Y ahora todavía lo eres más. Por eso me he armado de valor para pedirte salir.

–No puedo oír. ¿No te importa? –preguntó Sora.

–Eso no importa. Sigues siendo Sora. Cuando estábamos allá, ¿te acuerdas de que me diste chocolate por San Valentín? –preguntó él. Sora asintió con la cabeza. –Dentro de mí sentí como si estuviera en una nube. En aquel entonces, con aquellas circunstancias no pude expresarme bien, pero me gustabas mucho. Incluso ahora me gustas.


Una mujer guapa vestida con chaqueta y falda negra y tacones entró al edificio de la facultad quitándose las gafas de sol. Parecía una alta ejecutiva con gran poder y que inspiraba gran seguridad en sí misma. La mujer llego hasta la sala.

–Oye, ¿conoces a una chica de último año llamada Sora Takenouchi? –preguntó a una alumna que andaba por allí.

–¿Quién? –preguntó la alumna.

–Es sorda. –especificó la mujer.

–Ah, siempre está por aquí con esos chicos. –respondió la chica señalándolos.

–Gracias. –respondió la mujer. Después se dirigió hacia los chicos.

–¡Yamato, siempre sales bien!¡Mira hacia aquí! –dijo Jou tomando unas fotos con una cámara. Mientras que Yamato se giraba para que no le tomara fotos. Taichi se encontraba acostado ocupando tres de los cuatro canapés que había mientras leía un manga.

–¡Chicos! –interrumpió la mujer. –¿Está por aquí una chica llamada Sora Takenouchi? –los chicos se sorprendieron al escuchar el nombre. Jou bajó la cámara y Taichi se incorporó apoyado en su codo derecho para ver quién era la mujer que preguntaba por su amiga.

–Ahora no está aquí. –dijo Yamato.

–Ya veo. –dijo la mujer. –¿Es guapa?

–Pues…sí. Supongo que lo es. –contestó Jou.

–¿Quién es usted? –preguntó Taichi.

–Nadie. Siento haberos molestado. –sin más, la mujer se dio la vuelta y se marchó.

–¿Quién será? –preguntó Yamato.

–A saber. –respondió Jou. –Pero es muy sexy. –añadió con una sonrisa tonta. Entonces le sonó el teléfono y mientras lo sacaba dijo: –Me gustan las chicas guapas.

–Bah, cállate. –le dijo Yamato.

–¿Diga? –contestó Jou. –¡Hola Shin!¡Cuánto tiempo!...¡¿Qué?! –Jou se quedó serio y parado de repente.

–¿Qué pasa? –preguntó Taichi.

–A mi padre le ha dado un síncope. –dijo Jou bajando el teléfono todavía asimilando la noticia.


Sora y Ken se encontraban tomando un té en la cafetería del lujoso hotel en el que estuvieron la última vez.

–Necesito tu foto y un minidisc con una grabación de tu interpretación. –dijo Ken.

–Vale, pero ¿por qué? –preguntó Sora.

–Porque… –empezó Ken titubeando. –incluso cuando estemos separados, quiero ver tu cara y escucharte tocar el piano. –Sora sonrió.


–Jou ha llamado y dice que aunque es cáncer, lo han detectado en la fase inicial. –explicaba Yamato a Taichi, Sora y Mimí en la sala unos días después. –Si lo operan mejorará. La operación será la semana que viene, así que se quedará con él hasta entonces. –Al ver que nadie decía nada, Yamato continuó. –¿Qué pasa? Son buenas noticias. Tendríamos que estar más contentos.

Pese a las buenas noticias, el grupo no podía evitar la preocupación.


Unos días después, al atardecer, Sora y Ken se encontraban en un elegante restaurante cenando. Sora bebía agua de su copa mientras que Ken miraba la carta de vinos.

–No estoy acostumbrada a este tipo de cosas, así que estoy un poco nerviosa. –confesó Sora.

–Para serte sincero, yo también estoy nervioso. –dijo Ken. Entonces llegó el camarero.

–¿Han decidido ya qué vino van a tomar? –preguntó el camarero.

–Me gustaría algo fuerte. –dijo Ken.

–Comprendo. –dijo el camarero.

–¿Tienes frío? –preguntó Ken a Sora, que llevaba un vestido de tirantes y parecía un poco encogida. –¿Dónde está el chal que traías?

–Lo olvidé en el coche. –dijo Sora.

–¿Quieres que vaya por él? –se ofreció Ken.

–No, no importa. Tú tienes que estar aquí. –dijo Sora mirando al camarero, que esperaba pacientemente por la comanda. –Déjame la llave. –Cuando Ken le dio la llave del coche, se dirigió hacia él, pulsó el botón de la llave y el coche se desbloqueó. Abrió la puerta del copiloto y cuando cogía el chal, vio que se había enganchado con unas pinzas de doble clic que sujetaban unos papeles que estaban dentro de un gran sobre marrón abierto en la parte trasera del coche. Al desenganchar el chal, vio lo que ponía en la portada.

Proyecto: El debut de Sora Takenouchi: ¡la belleza sorda del piano!

Sora quitó la pinza y siguió leyendo en las páginas interiores.

Incluso en el competitivo mundo de la música, Sora Takenouchi atrae la atención del público con sus actuaciones. Sus habilidades al piano son incuestionables y con sólo mirarla, uno se da cuenta de que es una belleza.

Después, Sora, sorprendida de lo que había leído, cogió el sobre y encontró varios minidiscs y fotos de ella misma. Había varias copias tanto del minidisc que le pasó como de fotos de su cara que ella le había dado, otras de ella tocando el violín y el piano en su época en Julliard. Después, vio que en el asiento de atrás había un colgante en forma de corazón plateado. Después de mirarlo unos segundos, lo lanzó con rabia. Mientras tanto, Ken hablaba por teléfono.

–Sí, las cosas van bien. Sólo falta un pequeño empujón. –dijo Ken. –Sí, hay una productora que también quiere trabajar con nosotros.

–Ten cuidado. –dijo la mujer vestida de alta ejecutiva, desde la sede de la compañía World Music Entertainment Record. –No conseguí verla en persona, pero de la forma en que están yendo las cosas, estamos progresando. Parece que será un éxito. –dijo fríamente a Ken. –El jefe también parece realmente interesado.

–Muy bien. –dijo Ken viendo volver a Sora. –Luego te llamo. –dijo y colgó el teléfono. Sora se dirigió hacia la mesa muy enfadada. Cuando llegó, cogió el bolso para marcharse. Ken extrañado por su actitud intentó detenerla. –¿Qué ha pasado? Pareces molesta. –Entonces ella le mostró una de las hojas que había encontrado en el coche.

–Me estabas engañando, ¿verdad? –acusó Sora.

–¿Engañándote? No hagas que suene tan mal.

–¡Pero es lo que estabas haciendo!¡Eres lo peor! –dijo Sora gesticulando con fuerza.

–No hagas una escena en un lugar como este. –dijo Ken, al ver que ya habían llamado la atención de algunos comensales.

–Para que lo sepas he roto y tirado las grabaciones y las fotos. ¿Para eso las querías? –dijo Sora antes de marcharse del restaurante. Ken la siguió corriendo, deteniéndola del brazo ya en el aparcamiento.

–¡Espera! No creo que sea un mal trato para ti. En tu estado las cosas deben ser difíciles. Tiene que ser complicado encontrar un trabajo. ¿No crees que sería un buen negocio? ¡Puedes debutar e incluso sacar tus propios discos! –intentó convencer Ken. –Todavía no está decidido, pero le estoy hablando de ti a mi jefe. ¿Qué me dices? ¡Trabajemos juntos!

–¡No tengo intención de hacer de mi infelicidad una herramienta para hacer dinero! Senpai, has cambiado. Así que, ¿esta es la razón por la que te has acercado a mí? –preguntó Sora decepcionada.

–Lo siento. –se disculpó Ken. –No he estado haciendo mi trabajo muy bien últimamente y estaban a punto de despedirme. Así que, cuando te vi pensé que quizá podría evitarlo. Esas eran mis intenciones ocultas.

–¿Puedo preguntarte algo por última vez? –preguntó Sora. –Cuando me dijiste que te gustaba, ¿también era mentira?

–Lo siento. –con esa respuesta, Sora supo que la respuesta era afirmativa.

–Entiendo. –entonces Sora se inclinó haciendo una reverencia de despedida con la que casi toca la punta de sus pies y se marchó, dejando a Ken plantado en el aparcamiento. Después de esa gran decepción, Sora fue caminando un rato por la ciudad hasta llegar a un parque lleno de fuentes. Se sentó en un bordillo que tenía unos setos detrás y sacó su teléfono. Vio el nombre de Mimí. Se dio cuenta de cuánto la echaba de menos después de la gran pelea que tuvieron en la universidad, pero todavía tenía el orgullo herido y decidió no llamarla. Después buscó el nombre de Yamato y le escribió.

–Sora: Respóndeme, Yamato.

–Yamato: Dime.

–Sora: He roto con Ken

–Yamato: Comprendo.

–Sora: Estaba pensando que ha debido ser todo una ilusión.

–Yamato: Ya.

–Sora: Después de quedarme sorda, era la primera vez que le gustaba a alguien.

–Yamato: Ya.

–Sora: Pensé que podría volver a enamorarme. Me sentía especial porque alguien como yo le gustaba a alguien. Pensé que podría volver a ser aquella chica brillante.

–Yamato: Ya.

–Sora: ¿Es lo único que vas a decir?

–Yamato: No sé qué decir…pero te estoy "escuchando".

–Sora: ¿De verdad me "escuchas"?¿Seguro que no estás viendo la tele o comiendo ramen?

Pensamientos de Sora:

Con los mensajes de texto, a diferencia de las conversaciones reales, el tiempo que esperas una respuesta es frustrante y un poco patético. Te hace pensar que ya no te va a contestar. Pero entonces recibes un mensaje largo. En un momento como ese, las palabras que no son tan significativas pueden resultar muy entrañables.

–Yamato: Te juro por dios que no. He apagado la tele.

Sora sonrió con ese último mensaje. Entonces sintió el móvil vibrar de nuevo.

–Yamato: ¿No tienes frío?

–Sora: No, estoy bien. Quiero verte. ¿Puedo verte?

Entonces, a Sora se le acabó la batería sin haber podido concertar un lugar. Sora siguió caminando por la ciudad y sin saber por qué, se fue a la sala de la facultad. Ya casi no quedaban estudiantes en la universidad y la sala estaba vacía. Sora se puso a leer el cuaderno naranja y entonces llegó a la página que escribió ella cuando empezó a tocar el piano, pero vio algo diferente. El mono que había dibujado tenía su peinado. Ese dibujo le arrancó una pequeña sonrisa. Después buscó la siguiente página en blanco y mientras pensaba qué escribir, las luces se apagaron, quedando tan sólo una tenue luz. Un guardia de seguridad apareció con una linterna.

–Márchese, por favor. Vamos a cerrar. –dijo el guardia de seguridad. Cuando Sora salió del edificio de la facultad, vio a alguien en la lejanía correr hacia ella. Era Yamato, que cada vez le faltaba más el aliento de la carrera que había echado desde su casa. Sora, que tenía los brazos cruzados para protegerse del frío a pesar de llevar el chal por los hombros, descruzó los brazos de la sorpresa.

–¿Qué pasa? –preguntó Sora.

–¿Qué quieres decir? –preguntó Yamato a punto de ahogarse por la falta de aliento. –Eras tú la que dijiste que me querías ver.

–¿Cómo sabías que estaba aquí?

–Fue un presentimiento. –dijo Yamato cansado. –Aunque antes he corrido hasta la tienda de libros.

–Estoy muy triste. –confesó Sora. –Sabía que era un amor no correspondido, pero era mi único amor. Lo atesoré dentro de mí durante mucho tiempo. Así… –dijo señalando su mano derecha cerrándola en un puño y llevándosela al corazón. –retenido en la mano derecha. Pero cuando he abierto la mano… –dijo extendiendo la mano otra vez y abriéndola. –no había nada. Tan sólo vacío. Es estúpido, ¿no?

–Hey. –dijo Yamato después de una pausa. –Intenta abrir la mano izquierda. –dijo él señalando su puño izquierdo y abriéndolo. –¿Estoy yo ahí? –preguntó Yamato, utilizando tan sólo la lengua de signos.

–Hey, ¿no te da vergüenza decir esas cosas tan cursis? –preguntó Sora, aunque en realidad estaba enternecida con todo lo que le había dicho Yamato.

–¡Mucha vergüenza! –dijo Yamato oralmente mientras sonreía. Entonces, Sora también sonrió y se fundieron en un tierno abrazo que a Sora le reconfortó como nunca.


Notas de autora: ¿Qué os ha parecido el capítulo 7? Pues ya se ha revelado el misterio del conocido de Sora. Por lo visto Ken tenía intenciones ocultas aquí y ha resultado ser un desgraciado que se quería aprovechar de la pobre Sora. Pero como hemos visto al final, ahí está Yamato que no le falla nunca. Por cierto, la última parte es muy emocionante de ver en la serie, con sus pausas y su música. Leído pierde mucho. En cuanto al pobre Jou no gana para disgustos. Después de ser rechazado ahora le toca lidiar con la enfermedad de su padre. Por lo menos va asumiendo el rechazo de Mimí y no va a dejar que afecte a su amistad. La bronca entre Sora y Mimí, aunque hace distanciarse a las amigas me pareció de lo más divertida.

Muchas gracias a los lectores silenciosos. Me gustaría recibir algo más de feedback pero bueno, supongo que si tengo lectores quiere decir que la historia gusta. Besis.