Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer aunque yo haya cambiado los roles y apellidos en esta historia que si es toda mía.


¡Regresé!

Y no me maten por favor, Edward y Bella estaban haciendo estragos con mi cabeza, pero finalmente logramos a un acuerdo y… ¡aquí está!

Le debo esto a mi maestra, Konnyxa, quien beteó este capítulo.

Y como siempre agradezco a Jo, a Salem y a mi tita, Kelly, que anda en exámenes finales.

Gracias por la paciencia.


"La mente es como un paracaídas, sólo funciona si se abre" Albert Einstein

Advertencia: Abrid sus mentes. Pueden encontrar escenas fuertes o subidas de tono. Algunos de los personajes de Twilight han cambiado de rol y hasta de apellido, es mi culpa.


Capítulo 6

En mi mirada: Tú.

"Yo seré el hombre
que te entenderá
y haré lo que pueda
para cuidar de ti…"

I'll be your lover, too.

Robert Pattinson

¿Qué es la vida? Sino un sin fin de causalidades, llenas de casualidades; casualidades que no son tan casuales como se cree, pero que finalmente hacen que los hilos del destino se entrelacen y den paso a lo que sea que tiene que suceder.

2 años después…

La pantalla de la laptop de Bella parpadeó como lo hacía todos los domingos en la tarde. Era la hora en que Mark estaba libre y la hora perfecta para chatear para Bella, dado que Kate los domingos en la tarde se reunía con sus amigas en una cafetería de Port Angeles.

La pantalla de la laptop volvió a parpadear y Bella finalmente dejó su guitarra en la cama y se dirigió a su escritorio, donde su Mac —regalo de Navidad de su madre— reposaba; abrió la ventana del chat e inició la conversación con su amigo Mark.

MarkT23: Hola, ganadora del Grammy.

Bellasing: Hola, guía :P

MarkT23: Jajajaja, ríete lo que quieras, pero es verdad.

Bellosing: Supéralo,Thomson…

MarkT23: Quédate donde estés.

MarkT23 acaba de abandonar la conversación

Justo cuando en la pantalla de la lap de Bella aparecía el mensaje que notificaba que Mark se había desconectado su celular sonó, mostrando una llamada entrante, Bella contestó y la voz de su amigo no se hizo esperar.

Bella, Bellita, la cantante más bonita.

—Mark Thomson, el guía más loco, ¿cómo estás? —saludó Bella a Mark.

¡Auch! Hieres mis sentimientos, deberías creerme, mi mamá no bromeaba cuando nos dijo "eso" —manifestó Mark.

—No, lo sé, Mark. ¿Cómo quieres que crea que tú eres mi guía en este mundo? ¡Esto es demasiado loco, Mark! —exclamó algo alterada Bella.

Calma, mujer, sé que parece una locura, pero no lo es, todos tenemos alguien que nos guía, solo que muchos no nos damos cuenta y tú tienes la fortuna de saber que yo te guiaré, y yo sé qué tengo que hacer… —decía muy convencido Mark.

— ¡¿Que me calme, Mark?! Siempre terminamos discutiendo por lo mismo; eres mi mejor amigo, dijiste que no insistirías con el tema y llevas dos años dándole con lo del guía —replicó Bella a su vez.

Shhhh… Bella, mi mamá es una gitana. Bueno, una descendiente y tú sabes que no se equivoca, leyó tu mano, ¿lo recuerdas? Vamos, Bella, no te cierres —pidió Mark.

—No lo sé… —Bella respondió dudando; pero al tiempo su mente se trasladó a dos años atrás cuando conoció a la madre de Mark, Lilian, una descendiente gitana.

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¡Mamá, ya llegué! ¡Y traje una invitada de honor! —gritó Mark en cuanto cruzó la puerta de la casa que compartía con su madre.

Ya voy, cariño —respondió Lilian, madre de Mark.

Una hermosa mujer, de cabello negro y ojos azules hizo aparición en la sala donde Mark y Bella esperaban. Bella la observó detenidamente, quedándose pasmada por lo joven que lucía.

Isabella Swan, ¡cuánto tiempo esperando por ti, pequeña! —exclamó Lilian emocionada corriendo a abrazar a Bella—. ¡Eres más bonita en persona, chica de los espejos! —dijo esta vez apretando el abrazo en el que tenía a Bella.

¡Oh! No sé qué decir —comentó Bella algo apenada por las muestras efusivas de afecto que había recibido de madre e hijo desde que pisó San Francisco.

Nada, no tienes que decir nada, Bella, yo he visto todo. —Un escalofrío recorrió la espalda de Bella al escuchar a Lilian decir aquello.

¡Mamá, la matarás del susto! Mejor hablemos de esas cosas después del postre —sugirió Mark algo tenso por la poca sutileza de su madre.

Ok… ok. —Lilian levantó las manos en señal de rendición—. Pasemos al comedor entonces.

Bella fue llevada por Mark al comedor, mientras Lilian terminaba de preparar unas cosas en la cocina.

Unos minutos después los tres entablaban una animada conversación, donde Bella era el centro de atención. Recibía más halagos de los que había recibido de su madre en los últimos años y eso lo tenía algo intimidada.

Cuando acabaron el postre, Lilian no esperó más e hizo lo que tenía que hacer.

Bella, ¿podemos hablar en privado? —pidió Lilian.

¡Mamá! —gritó algo gruñón Mark.

¡Mark! —se mofó Lilian de su hijo—. Tú sabes que necesito hablar con ella —aseveró mirándolo a los ojos—. Vamos, Bella, a mi tienda. —Bella la miró con gesto interrogante—, a mi habitación —se carcajeó Lilian, para luego tomar de la mano a Bella y salir corriendo en dirección a su habitación.

Bien, Bella —dijo Lilian en cuanto llegaron a la habitación—. He esperado tanto por esto. Ven, siéntate aquí —indicó Lilian palmeando un lado de la cama, donde ella también se había sentado.

Bella obedeció y se sentó donde Lilian le indicaba para luego pegar un salto de la impresión que le produjo sentir como Lilian tomaba su mano y la colocaba en su regazo con la palma hacia arriba.

¿Qué hace? —cuestionó Bella asustada.

Tutéame, Bella, no soy tan vieja o al menos no luzco tan vieja. —Lilian rio—. Solo voy a leer tu mano y no te asustes, sé lo que hago, soy una romanis, una gitana como suelen llamarnos, es despectivo ese término ¿sabes? —susurró lo último—. Los dones de mi pueblo han pasado de generación en generación, no debes tener miedo —dijo mirándole a los ojos y dándole una sonrisa sincera a Bella.

No tengo miedo —afirmó Bella—, esto es raro. Eso es todo.

Ok… veamos. —Lilian levantó la mano de Bella, de tal modo que pudiera observarla, o como había dicho Lilian, para "leerla"—. Bella, veo un futuro prometedor, pero el sufrimiento y el pasado te persiguen. —Lilian miró a Bella a los ojos—. Tu pelea de espejos apenas inicia, pero él te salvará cuando su alma pura encuentre el perdón. —Bella alejó la mano temerosa.

¿Él? ¿Quién? ¿Cuál pelea de espejos? ¡Es una locura! ¡Solo tengo 12 años! ¿Por qué me dices todas estas cosas? —decía Bella levantando la voz un par de octavas.

Bella, cálmate —pidió Lilian tomándola de los hombros—. Mark, te ayudará, recuerda, él es tu guía, no te dirá qué hacer pero sí te apoyará cuando el momento llegue —explicó—. Ahhh… y eso de que tienes 12 años, solo tú te lo crees, puedes tener esa edad biológicamente, pero nuestras almas, Bella, son más maduras de lo que parece. Sé fuerte y no tengas miedo. —Lilian le dio un beso en la frente y la dejó allí, estática.

Por la mente de Bella solo pasaba una cosa: ¿Qué había sido todo eso?

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Tierra llamando a Bella, ¿sigues allí? —gritó Mark desde el otro lado del teléfono.

—Sí, sigo aquí, Mark; solo estaba pensando —explicó Bella.

Recordando diría yo, ¿recordabas lo que te dijo mamá? ¿Cierto? No sé porqué no me pueden contar de qué hablaron ese día —refunfuñó Mark.

—No es nada —dijo Bella tratándose de convencer ella más que al mismo Mark.

Ajá, sí, claro, ¿y por nada un descendiente romanis cuidará de ti? —dijo en tono sarcástico.

— ¡Mark! —se quejó Bella.

— ¡Bella! Oppss… tengo que dejarte, tu rubita amiga llegará en 5… 4… 3… 2… 1… Adiós, te amo —gritó Mark para dar por terminada la llamada.

— ¡Mark! —gritó Bella al teléfono al escuchar como su amigo, su guía —como insistía él— le había colgado.

—Deja de gritar, Bella —exclamó Lauren en el umbral, tomando a Bella por sorpresa y haciendo que esta dejará caer el celular.

—Mark, ¿cómo demonios sabía qué…? ¡Dios! —habló para sí misma Bella.

— ¿Pasa algo, Bella? —preguntó Lauren preocupada.

—No, nada, ¿qué te pasa a ti? —cuestionó Bella mirando fijamente a Lauren, que lucía un ceño fruncido como lo venía haciendo en los últimos dos meses.

—No me gusta que Bree sea novia de Edward. —Lauren se cruzó de brazos, molesta como cada vez que hablaba del noviazgo de Edward con su amiga, Bree Tanner.

—Sigues con eso, Lauren, pensé que te gustaría que Edward fuera novio de Bree —dijo Bella.

—Pues no, no me hace feliz, no me gusta ella para él —explicó Lauren.

— ¡Bree es tu mejor amiga! —exclamó Bella.

—Corrección, tú eres mi mejor amiga y Bree es mi amiga —manifestó Lauren como si fuera obvio.

—Me halagas, pero recuerda que conoces a Bree mucho antes que a mí —comentó Bella—. Y ahora no veo por qué Bree no te parece buena novia para tu primo —ultimó.

—Sí, pero Bree no me entiende y con ella no puedo hablar como hablo contigo —argumentó Lauren al tiempo que le daba un abrazo a Bella.

—Estás loquita, rubita —dijo Bella haciendo que Lauren entrecerrara los ojos.

—Hablaste con tu amiguito de San Francisco, ¿cierto? —Bella solo asintió—. Odio que me llames así, desde que le mostraste esas fotos no dejas de llamarme de ese modo, ¡¿para qué le mostraste mis fotos, Bella?! —Lauren gritó lo último.

— ¡Uy! ¡Qué genio! Mejor ayúdame con mi tarea de música —propuso Bella.

—¿Yo? ¿Ayudarte con una tarea a ti? ¿A Bella? ¿A la mejor estudiante del Saint Patrick? Estás loca, además yo no sé de música. —Bella frunció los labios—. Está bien, te ayudaré —dijo Lauren—. ¿Cuál es la tarea?

—Tengo que escoger una canción que me guste y cantarla en clase —explicó Bella.

—Bueno, en eso sí te puedo ayudar, ¡busquemos esa canción! —exclamó Lauren entusiasmada.

Y fue así como las chicas pasaron la tarde del domingo, buscando la canción perfecta para que Bella cantara en clase, hasta que la encontraron, justo cuando el sol se ocultaba.

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—Mañana movida, ¿no? —comentó Victoria en cuanto se sentó en la mesa donde estaba Bella, a la hora del almuerzo.

—Pensé que solo yo había tenido una mañana difícil —expresó Bella.

—Pues no, cariño —respondió Victoria mientras tomaba su cabello en un improvisado moño—. Este ha sido un día de los mil diablos, ¿sabías que Mike tuvo que ir a ver a Vanessa?

Vanessa, la hermana de Mike, después del enfrentamiento con Bella se había vuelto insoportable y había terminado metida en más problemas de los que se creían; la madre de Mike se sentía tan avergonzada que la envió a un internado lejos del estado de Washington y al parecer, por el repentino viaje de la familia Newton, las cosas no habían mejorado.

—No, no sabía nada, ¿le pasó algo? —preguntó preocupada Bella, aunque su preocupación iba dirigida más a Mike que a Vanessa.

—No lo sé. —Victoria se encogió de hombros—. ¿Estás lista para la clase de música? —curioseó Victoria, tratando de cambiar de tema.

— ¿Cómo lo sabes? —inquirió Bella.

—Todos los grupos estamos pasando por lo mismo —explicó Victoria.

— ¿Todos? ¿Para qué? ¿Por qué? —interrogó Bella a Victoria.

—Buenas preguntas. —Victoria le guiñó un ojo—, pero yo he hablado mucho y Sor Cecil quiere que le haga un favor, así que… nos vemos después —concretó Victoria, dejando a Bella con más preguntas para que su mente analizara.

Unos 15 minutos después, mientras Bella estaba en clases de matemáticas, una chica de último año pedía permiso a la profesora Monroe para hablar con ella. Una vez la profesora terminó su conversación con la chica ingresó al aula nuevamente y anunció que Sor Cecil pedía que por favor escribieran el nombre de la canción que interpretarían en su clase, puesto que no quería improvisaciones; luego del anuncio la clase continuó su curso.

Al finalizar la clase de matemáticas y luego de la protesta habitual de algunos estudiantes por la tarea, todo el curso se dirigió al aula de música, en donde Sor Cecil los esperaba con una sonrisa pícara en su rostro. El aula de música tenía unos leves cambios, no estaban los pupitres habituales, el aula estaba completamente vacía en cuanto a mobiliario. Sor Cecil les hizo una seña para que entraran de una vez y en cuanto todo el grupo estuvo ubicado prosiguió a hablar.

—Buenas tardes, estudiantes —dijo en un tono de voz muy entusiasta—. Ya tengo en mis manos la lista de las canciones que ustedes escogieron para cantar ante sus compañeros, pero yo les tengo una noticia… no cantarán… —Un suspiro generalizado no tardó en hacerse escuchar—. No hoy por lo menos. —Sor Cecil miró a Bella y juntó sus manos, como el "Señor Burns" (1) —. Tendrán un mes para prepararse de la mejor manera posible, pueden llevar a cabo la interpretación como solistas o grupos, usarán el vestuario que consideren adecuado y no cantarán aquí, en el aula de música; realizarán su presentación en el auditorio. Que tengan un resto de día feliz, pueden retirarse —concluyó Sor Cecil su discurso.

Todos los estudiantes se miraban las caras, no podían creer lo que estaba sucediendo, era la primera vez que Sor Cecil aplazaba una tarea, era la primera vez que Sor Cecil les pedía que cantaran y era la primera vez que les pedía tanta preparación. Por su parte, Bella se sentía extraña, asustada, emocionada, tenía pánico, pero al mismo tiempo algo le decía que tenía que hacerlo, tenía que cantar en el auditorio en un mes o no se lo perdonaría.

—Sor Cecil… ¿no va a darnos clase, hoy? —La voz de uno de sus compañeros de curso sacó a Bella de sus reflexiones.

—Exactamente, pueden irse a casa, les regalo esta hora de clases, suerte.

Todos corrieron como una manada salvaje hacia la salida; Sor Cecil debía estar mal de la cabeza, ella nunca concedía libre una clase y por primera vez lo había hecho. Bella, como siempre, fue la última en salir, se sorprendió al sentir como una mano la tomaba de una de sus muñecas y la hacía detener el paso, volteó su rostro lentamente y vio que era Sor Cecil quien la detenía.

—Señorita Swan, ¿Cry? ¿No? —Bella solo asintió en cuanto comprendió que hablaba sobre la canción que había escogido para interpretar—. El color azul es el color de la melancolía, pero también de la calma; a usted no le desearé suerte. —Bella se asustó un poco—. A usted le auguro éxito —dijo Sor Cecil soltando al tiempo el agarre en el que tenía a Bella.

—Gracias —fue lo único que logró articular Bella, para luego salir corriendo, como los demás estudiantes, camino a la salida.

Sor Cecil se quedó en el umbral mirando como Isabella Swan salía de la escuela y fue allí cuando sientó la certeza, ella no se estaba equivocando con Bella.

—Naciste para esto, Bella —dijo a la nada Sor Cecil mientras se dirigía al salón de último año, necesitaba hablar con Victoria y ponerse de acuerdo para lo que sucedería en un mes.

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Bella llegó un poco agitada a la parada de autobús. Gracias a Dios Victoria estaba en clases y no se dio cuenta de su salida antes de hora, porque de lo contrario habría llamado al chofer para que llevara a Bella a casa y precisamente eso era lo último que necesitaba. Bella necesitaba pensar, al parecer esa semana todos se habían vuelto locos.

¿Por qué todos se empeñaban en soltarle tantas locuras a diestra y siniestra?

¿Por qué Mark la torturaba en sus conversaciones?

¿Por qué su madre andaba tan esquiva después del viaje a San Francisco? Muchas cosas entre Kate y Bella habían cambiado gracias a ese viaje que Bella realizó o al menos eso parecía, ¿tendría que ver su padre con eso?

El autobús finalmente llegó y Bella se apresuró a subirse, pagó lo correspondiente al pasaje al conductor y se encaminó hacia el interior para buscar un lugar donde sentarse, mientras lo hacía no le pasó por desapercibido una cabellera cobriza en uno de los últimos asientos y para su sorpresa el dueño de esa cabellera levantó la mirada y le sonrió amablemente; en ese instante Bella se dio cuenta de quien se trababa, era Edward, Edward Cullen, el primo de Lauren, el chico que la encontró hace un par de años atrás frente al espejo roto, el chico que le regaló uno nuevo y entonces Bella solo pensó una cosa: "¡Qué vergüenza!".

Edward confirmó que la amiga de su prima era tan o más tímida que ella, hacía dos años que no la veía de cerca, o mejor que evitaba a toda costa mirarla de cerca, pero Edward no podía negarse ante la oportunidad que le presentaba la casualidad; se levantó del asiento en el que estaba sentado e instó a Bella a sentarse a su lado, justo en el asiento de la ventanilla, Bella bajó la mirada un poco aturdida, pero el autobús se puso en marcha e hizo que Bella se tambaleara un poco, Edward le tendió la mano para ayudarla y evitar que se tropezara, ella tomó la mano que Edward le ofrecía y de repente se sintió extraña, se sintió tan liviana que una brisa podría derrumbarla, Edward se dio cuenta y se apresuró a ayudarla a sentarse.

— ¿Te sientes bien? —preguntó Edward muy preocupado.

—Sí, no ha sido nada —respondió Bella todavía avergonzada.

—No me lo pareció —aseveró Edward.

—Pues no es nada —repitió Bella algo molesta, aunque no tenía razones para estarlo.

— ¡Uhh! Tienes carácter, te queda. —Sonrió pícaro Edward.

—Lo siento, no sé qué me pasó —se disculpó Bella mientras observaba como Edward sacaba de su morral un block de hojas y un lápiz.

—No te preocupes, todos tenemos días difíciles —le dijo Edward mientras empezaba hacer los primeros trazos en una hoja en blanco del block.

—Sí, días difíciles, una monja que me habla sobre el color azul —bufó Bella.

— ¿Sobre el color azul? —curioseó Edward.

—Sí. Fue en clase de música, me preguntó sobre la canción que cantaría y luego me salió con esas… —Bella se quedó pensando—. ¡Es eso!

— ¿Qué cosa? —indagó Edward sonriente al ver la hermosa sonrisa que apareció en el rostro de Bella.

— ¡Me dijo el color del vestido que debía usar! —gritó Bella haciendo que los demás pasajeros se les quedaran mirando.

—Azul, azul te quedará muy bien, seguro te verás hermosa —expresó Edward, pero al tiempo en su mente empezaba a imaginarse el vestido perfecto para Bella.

—Gracias —susurró Bella bajando la mirada y al mirar por la ventana se dio cuenta de que estaba cerca de su parada.

Bella se puso de pie y Edward hizo lo mismo para facilitarle la salida, ella se despidió con un adiós y Edward se quedó embelesado viéndola bajar del autobús, definitivamente Bella era la chica más hermosa que había visto en su vida y la única que lo hacía sonrojarse cuando pensaba en ella, la sola idea hizo que el color rosado acudiera a las mejillas de Edward y… ¡Boom! Una idea llegó a él, pero para llevarla a cabo necesitaría de la ayuda de su prima, Lauren.

Unos minutos después, Edward llegaba a la cafetería donde le esperaban; no había terminado de entrar cuando sintió aquel delgado cuerpo chocar contra él y posar sus brazos alrededor de su cuello.

— ¡Amor, llegaste al fin! —dijo Bree dejando un casto beso en los labios de Edward.

Edward se tensó un poco y sintió que traicionaba a Bella, a su Bella durmiente; pero casi al instante se recordó a sí mismo que todo lo hacía por el bien de ella.

Algún día él sería su amor, su único amor. Ella sería su reina y él su rey, pero por ahora solo haría lo que tenía que hacer: darle felicidad a Bree a costa de la suya y así proteger a Bella.

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Notas:

(1) Charles Montgomery Burns, más conocido como el señor Burns o Monty Burns, es un personaje ficticio recurrente de la serie de televisión de dibujos animados Los Simpson, creada por Matt Groening.


Bueno… Perdonen la demora, se lo atribuyo a épocas navideñas y a familia en casa, haciendo que mi lado demoníaco saliera.

Cuéntenme, ¿cómo les pareció el cap? Han pasado dos años y muchas cosas han cambiado, Edward tiene novia :(

Mil gracias por sus comentarios.

yolabertay, Puquii, Maru-chan1296, EriM, Liz PattStew, Saha Denali, Luna Sanz, sophia76, LizieRossemary12 y a todas las lectoras silenciosas.

Gracias también por sus alertas y favoritos.

Ya estoy trabajando en el próximo capítulo, así que no tardaré tanto y les adelanto que será un capítulo solo Edward, tal vez nos cuente por qué ha hecho las cosas de ese modo.

Un besote y no se olviden de mí.