07 – Acoso – Milo y Death Mask – 500 palabras
Reía y saltaba, daba un giro y saltaba de vuelta sobre las piedras, sin dejar que un solo trocito de su pie pisara la arena. Era un juego tonto pero él era solo un niño y no tenía nada más con qué divertirse. Llegó hasta el final de la línea y se dio la vuelta, perdió el equilibrio y tuvo que apoyarse en el otro pie porque otros dos niños lo estaban mirando.
No, niños no. Eran muy jóvenes, pero Afrodita y Death Mask ya no tardarían en volverse caballeros, o al menos eso decían siempre. No sabía cuándo habían llegado, de pronto estaban allí, mirándolo con una expresión burlesca y cruel. Quiso echar a correr pero se aguantó, no quería mostrarse asustado y además sospechaba que podrían alcanzarlo sin problema.
–Mira qué tenemos aquí–murmuró el italiano fingiendo una voz dulce –el pequeño bebé jugando con sus amigos imaginarios.
El sueco rió la broma. Milo frunció el seño y les dedicó su mirada más salvaje, pero no logró decir nada.
– ¿Quieres que juguemos contigo, bebé, para que no tengas que hacerlo solo? –prosiguió el italiano con sorna.
– ¡Váyanse! – logró decir finalmente, aunque su voz temblaba. Conocía de sobra la fama de brutalidad de aquellos dos y lo que eran capaces de hacerle a alguien como él.
Death Mask se movió rápido, le dio un golpe detrás de las rodillas que lo hizo caer hincado, le cogió vivamente del pelo y le echó la cabeza hacia atrás; él estaba como paralizado, sin atreverse a oponerse, sin saber cómo reaccionar.
–Mal, mal, muy mal –le susurró con aquella voz fingida –si te hago un ofrecimiento tienes que responder "sí, por favor" –le jaló con más fuerza– ¿entiendes?
A Milo le brillaron los ojos de indignación, se removió mas no alcanzó a soltarse, tuvo que morderse los labios para no pedir ayuda, Afrodita solo miraba sin auténtico interés, iba a reírse si gritaba, nada más. Una de sus manos rebuscaba a tientas en el piso.
– ¿No contestas? –ladró el italiano con voz más ruda –"Sí, por favor", eso es lo que tienes que decir, ¡dilo!
Fue zarandeado con fuerza pero entonces sus dedos se cerraron alrededor de una roca no demasiado grande y en un veloz movimiento golpeó la mano que sujetaba su cabello.
Con un jadeo disimulado de dolor Death Mask se hizo hacia atrás, Milo apenas comenzaba a ponerse en pie cuando un puñetazo le alcanzó en pleno rostro; atontado, se puso a gatas, con la sangre chorreándole de la boca y la nariz.
– ¡Mierda, es tú culpa! ¡Si no quieres que te traten como un nene de teta deja de actuar como un estúpido!
Milo asintió, se puso de pie y forzó su mirada a ser firme y dura frente al otro chico, bastante más alto que él. Ángelo asintió, satisfecho.
–Sí, eso está mejor –le hizo un gesto a Afrodita– nos vamos.
Milo se quedó solo pero no volvió a sus juegos; ya estaba decidido, tenía que crecer.
