Bueno, Love. La verdad es que cuando la mente es portentosa, a veces sobran las palabras.

sjl... Ema es la heroína de esta historia, por supuesto. Esa es la idea.

Kykyo... a veces la explicación más sencilla es la más correcta.

Bueno, Diana... siempre nos quedan sorpresas.

Guest, no puedo decir nada salvo gracias.

15marday... ¿A qué te refieres con SyFy?


Emma Swan

El sonido del vehículo desplazándose fue entrando poco a poco en mi mente, despertándome. Abrí los ojos, algo confusa, y me encontré con el techo del mercedes de Regina. Sonreí al escuchar la voz de Regina. Estaba bien, de hecho, la había oído reírse. Su sonrisa se me contagió tan rápido que ni cuenta me di de lo que estaba pasando.

_ Entonces ahora nos volvemos a Storybrooke._ Henry parecía estar disgustado._ Ahora que ya había hecho amigos.

_ Lo siento, cielo._ Contestaba Regina, con dulzura, sin apartar la mirada de la carretera._ Todo esto por tu madre.

Cerré los ojos, presintiendo que Henry miraba en mi dirección. Regina sonaba genuinamente preocupada por mí. ¿No me odiaba por lo que había hecho? El haber evitado que Campanilla le hiciera lo mismo no me excusaba de mis propias acciones.

Noté el sueño haciendo presa de mí de nuevo, y me dejé vencer de nuevo. Cuando abrí mis ojos una vez más, me encontré entre unas sábanas de color gris. Me incorporé, reconociendo el dormitorio de Regina. Llevaba uno de sus pijamas, de color negro. Era la cosa más cómoda con la que había dormido. Debía ser cerca de medio día, por la luz que llegaba.

_ Buenos días, dormilona. Ya empezaba a preocuparme._ La voz de Regina, calmada, me devolvió a la realidad.

Iba a suplicar su perdón, a decirle que haría lo que fuese para que volviese a mirarme a la cara. Pero ella, antes de que pudiese abrir la boca, se tumbó a mi lado, con su propio pijama de seda gris, y me dio un suave beso en la mejilla. Yo la miré, confusa, mientras ella, sin dejar de sonreír, rodeaba mi cuello con sus brazos.

_ ¿No me odias?_ Le pregunté, mirándola. Ella negó con la cabeza.

_ Pero yo…_No quería decirlo, pero lo había hecho.

_ Todo lo que hicimos fue obra de campanilla._ Me dijo, acariciando mi pelo._ No sabes cuánto te eché de menos.

_ Yo también…_ Le acaricié el pelo.

_ Creo que ya es hora, Emma._ Me dijo, repentinamente seria.

Observé al lugar al que miraba, repentinamente, y vi los dos cofres de madera, apoyados en la mesilla. Y sentí como el lugar en el que debía estar mi corazón se encogía. Tenía miedo, mucho miedo.

_ Ya ha pasado suficiente tiempo, Emma._ Me dijo, mirándome a los ojos._ Quiero saber lo que tú me haces sentir.

La miré a los ojos y asentí lentamente. Es cierto que en ese cofre se guardaba el dolor que podía sentir por Killian, pero jamás sentiría nada de verdad por Regina si no lo tenía. Asentimos a la vez y tomamos los cofres. Sentir el corazón de nuevo en mi pecho, me hizo tragar mucho aire, notando repentinamente aquel dolor de nuevo. La soledad, la puñalada que sentía.

Y entonces, unos brazos delicados y tiernos me rodearon, y mis sensaciones comenzaron a mitigarse poco a poco, mientras sentía mi corazón latir más deprisa mientras miraba dos profundos ojos marrones. Regina me dio un lento beso en los labios y nos tumbamos sobre la cama.

_ No me sueltes…_ Le pedí, aferrándola contra mí.

_ Jamás te soltaría._ Me dijo, con dulzura.

_ Te quiero._ Dije, dándome cuenta del peso de mis palabras también.

_ Y yo a ti Emma Swan._ Dijo, acurrucándose en mi pecho.

Blue

La muerte de un hada, siempre debía ser triste. Sin embargo, mentiría si dijera que la pérdida de Campanilla me importaba en lo más mínimo. Era un hada renegada, con el corazón oscuro, que nos había abandonado hacía mucho tiempo. Y por eso no había celebrado ningún funeral en su honor. Sin embargo, al llegar a mi despacho, me di cuenta de que había más motivos para no celebrarlo. Campanilla estaba sentada sobre mi escritorio, con una sonrisa maquiavélica en las manos.

_ Buenas tardes, madre superiora… vengo a confesarme._ Dijo, bajando de dónde se encontraba.

_ ¿Acaso crees que puedo exculparte de todos tus pecados?_ Alcé el mentón, rodeándola._ Después de lo que has hecho… no tienes perdón.

_ Entonces… No tiene caso que cambie._ Dijo, lanzando una risotada.

Pero ya había hecho lo que quería. Alcanzar mi escritorio. Abrí el primer cajón… pero no encontré nada. Mi varita y el polvo de duende habían desaparecido. La miré, horrorizada, dándome cuenta de que tenía mi varita en la mano.

_ ¿Buscabas esto, hadita?_ Hizo un gesto con la mano y sentí un dolor horrible cuando mis alas, como si fuesen de cristal, se hacían añicos._ Oh… pues ya no eres un hada.

_ ¿Cómo te atreves?_ Exclamó, arrastrándose.

_ Silencio._ Dijo, clavando su tacón de aguja contra mi espalda. Yo lancé un grito._ Las cosas van a cambiar por aquí.

Hubo un segundo aspaviento de la varita y noté como mi mente empezaba a vaciarse sin remedio.

Campanilla

Lo admito. Aquello era una venganza personal, pura y dura. Es cierto que deshacerme del hada azul era parte de mi plan, un paso necesario. Pero si no la conociese, simplemente la habría matado. Si en ese momento se estaba levantando con la mirada vacía, era porque en su día me había quitado mis propias alas. Ella me había convertido en un ser diabólico. Y yo, para ella, tenía otro plan.

_ ¡Está todo buena, chica!_ Me dijo, acercándose a mí.

_ Eso no parece el comportamiento propio de una monja._ Le dije, fingiendo sorpresa.

_ ¿Monja? ¿Pero qué dices tronca?_ Vulgar… cómo me gustaba. Toda una choni de pueblo._ Yo soy la Blue. La más puta de la esquina.

_ ¿Ah sí? Pues estás en un convento._ Le dije._ Y vestida de monja.

_ Pues habré venido para comerle el chocho a alguna monja._ Dijo, remarcando su acento de choni.

_ Bueno, puedes comerme el mío._ Le dije.

La verdad es que verla así, tan sucia, tan vulgar. Bueno, Regina ahora mismo no era técnicamente mía, así que podía darme el capricho, y sellar para siempre se humillación, porque una vez que se acostase con alguien, el cambio sería irreversible. Aunque recuperase su memoria no podría volver a ser el hada azul nunca más.

La empujé contra el escritorio, besándola profusamente y sobando su culo con descaro. Una mujer con esas formas no debía ser monja. Si me daban tiempo las monjas no tardarían en ocuparse todas del mismo oficio. Agité la varita y las prendas de monja desaparecieron por completo. Me lancé sobre sus pechos, devorándolos con furia. Ella gimió, golosa, y yo me dediqué a la tarea que acababa de empezar.

El hada azul masturbándose como una loca mientras yo le mordía las tetas. Todo un sueño hecho realidad. ¡Qué pena no tener más tiempo! Cogí su preciada varita y la coloqué sobre mi sexo, convirtiéndola en un arnés de su buen color azul. La penetré de una estocada, y ella lanzó un grito.

Ups… acababa de desvirgarla. Cosas de las que no se da cuenta una mientras está en materia. Pero mi arnés brilló y la antigua madre superiora no tardó en aferrarse a mí, dejándose llevar con todas sus fuerzas. Yo gemí con fuerza y la dejé caer sobre el escritorio. Recuperé la varita, respirando acaloradamente. Y la agité una vez más.

Esta vez nos transporté a un callejón. Azul llevaba ahora un atuendo de cuero azul ceñido, y su pelo estaba suelto y peinado. Sí, ahora decididamente parecía una puta. Era un servicio que Storybrooke necesitaba, después de todo.

_ ¿Rubia, tienes un pitillo?_ Me preguntó. Yo le pasé una caja de tabaco, y ella sonrió._ Eres un encanto. Puedes llamarme cuando quieras.

_ Ya veremos, encanto._ Le dije, girando en la esquina.

Bien, ahora ya tenía la varita. Ahora sólo bastaba con pasar a Regina. Ella iba a ser mía. Le gustase o no, con la ayuda de Emma o sin ella. Ella sería nuestra sirvienta, y le ordenaría que nos viese follar todos los días sólo para torturarla por haber sido capaz de intentar quitármela. Pero no podía ir a verla así. Estaba demasiado claro que acababa de follar.

Regina Mills

Estaba viviendo los días más hermosos de mi vida. Ya había olvidado el dolor que me producía la pérdida. No a Robin, pero sí el dolor que me había causado perderle. Emma estaba conmigo, y nos apoyábamos la una a la otra. Henry decía que éramos demasiado empalagosas. Y la verdad, yo no podía negárselo. Si ya me había sentido unida a Emma sin mi corazón, ahora sentía que no quería estar separada de ella.

_ Te pillé._ Exclamó, tomándome por la espalda y empujándome sobre el sofá._ Ya conoces las condiciones, alcaldesa. Si quieres que te libere…

_ Sí… ya lo sé, Sheriff. Te sobornaré… tengo lasaña._ Le dije, entre risas.

_ Yo estaba pensando en otras cosa._ Dijo, dándome un beso en los labios._ Aún es pronto… ¿Verdad?

_ Lo siento, amor… todavía no me he recuperado._ Le dije, en un susurro.

Emma se acurrucó en mi pecho, sintiéndose culpable. A fin de cuentas ella era la que me había dejado tocada. No estaba preparada para el sexo, y aún tardaría unos días en estarlo. Estaba ansiosa por acostarme con Emma una vez pudiese. Teniendo nuestros corazones tenía que ser una experiencia mágica.

_ Todo llegará, cariño._ Le dije, acariciando su melena dorada._ Ya hemos pasado lo peor.

_ ¿El qué, amor?_ Me preguntó.

_ Contárselo a tus padres.

Ambas nos reímos, recordando la expresión de los charming cuando se habían enterado de que estábamos saliendo. Aún había pocas personas que supiesen siquiera que habíamos vuelto, pero a pesar de todo, no es que nos importase mucho. Henry había vuelto a clase, por lo que el rumor no tardaría en esparcirse. Pero cuando estuviésemos juntas ante todos… no me importaría en lo más mínimo lo que pudiese hacer.

Campanilla.

Me coloqué la cazadora de cuero sobre la camiseta escotada. Me gustaban mucho mis nuevos pantalones, y los tacones de aguja eran tan largos como para que mi nueva altura humillase a la estúpida de Emma. Había pasado por la peluquería y me había alisado el pelo. Me sentía arrolladora, tremenda. O, en palabras de Blue "Un pibón to follable, tía". Pero aún me tomaría un poco de tiempo antes de volver a ver a Regina. Quería que se confiase un poco antes de acercarme.

Pero no podía dejar de fantasear con ella, de desearla. Llevaba tantos años sin sentirla, y había estado tan cerca, de no ser por Emma habría logrado convencerla. Y reconstruirme a partir del polvo no había sido precisamente sencillo. Había tenido que pedir ayuda, y ahora debía un favor.

Peter Pan no era precisamente mi persona favorita para deber un favor. Pero... ya lo pagaría con la sangre de la salvadora. En aquel momento me encontraba tomando un café en el local de la abuelita. Sabía que Regina no había tomado precisamente mucho café en aquella ciudad. Tenía que hacerla salir de su casa y exponerla a la vista de todos.

Pero… ¿Qué catástrofe generar sin que se supiese que había sido yo? No podía usar la varita de Blue, o todos sabrían que había sido obra mía al buscar al hada y encontrarla haciendo esquina en uno de los barrios olvidados de la ciudad. Quién iba a pensar que la solución vendría con el donut que había pedido entre las manos.

_ Vaya, Tink… estás imponente._ Me dijo, mirándome._ Y yo que pensaba que te iba el look "clásico".

_ Solía irme. Pero hay que madurar. Como tú, Ruby._ Le dediqué una sonrisa y agité ligeramente la varita bajo la mesa.

Lo ojos de Ruby se tiñeron de amarillo por un instantes y ella se dejó caer al suelo, mareada. Instantáneamente se formó un tumulto y la gente no tardó en rodearme, provocando que pudiese perderme entre ellos sin necesidad de dar explicaciones antes de desvanecerme. Me aseguraría de que Regina saliese de casa, y cuando lo hiciera… bueno. Me aseguraría de que esa rubia entrometida no se metiese en medio.