Capítulo 7 (final): Las mujeres de dios I

Trató de levantarse, pero fue inútil. Bellatrix se mantenía parada al final de la cama, de sus ojos, brotaban lágrimas de sangre que parecían; no caer en ningún lugar. Se mantuvo en silencio, tan sólo contemplando sus ojos vacíos y muertos.

Con un lento movimiento, colocó una de sus piernas fuera de la camilla. Por una particular razón que desconocía, su pierna herida no mostraba señal de encontrarse en ese estado. Era como sí, ella tratase de enseñarle algo.

- Bellatrix. Llegó a pensar que, ella se presentaba para advertirle de un peligro. Ya lo había hecho, se había presentado para indicarle donde; podía encontrar información. Sólo que, los enemigos habían sido, más rápidos que él.

- Severus. Un sonido agudo, se conformó en su interior, como si alguien gritara. Conocía esa voz perfectamente y, al escucharla sobre su cabeza; trató violentamente de levantarse. Hermione, le necesitaba.

Pero no llegó muy lejos, un fuerte mareo lo sobrecogió y lo obligó a sostenerse del dosel de la cama. Mientras, su visión periférica, se perdía lentamente.

Volvió a tener idea de sí, tiempo después. En sus manos sostenía a su hija, la observaba con fijación. ¿Dónde estaba Hermione? ¿Qué había significado el sueño anterior? Por que, ¿había sido un sueño?

- Trataste de levantarte Severus- le indicó Lupin, con una mirada de preocupación que no solía; estar en su rostro.

- Ella estaba frente a mí Lupin, pude verla nuevamente. No sé que trataba de decirme, pero yo vi morir a Hermione frente a mis ojos. Si todas mis visiones se cumplen, como hasta ahora; no sabría si.

- ¿Visiones?

- Sí. Cuando Marian nació, tuve un sueño. Bueno, no estoy seguro de que lo fuera ya que, se sintió tan real que casi; podía tocarlo. En él, Bellatrix estaba dentro de nuestra casa, quería llevarse a la bebé y al tratar de quitársela. Sacó un arma y le disparó a mi asistente, minutos después, supe que se había suicidado y que; el cardenal había muerto.

- ¿La misma arma?

- No lo sé, ese sueño no volvió más a mí. Pero, eso tiene que ver con aquel hombre; algo tiene que ver conmigo y mi pasado en Carlinthom. Lo presiento.

- ¿Qué trataba de decirte Bella?- musitó, aún escéptico por supuesto.

- En mi pasado sueño, sus acciones me indicaron la posición de un objeto. La llave que traía conmigo. Al principio no lo supe, pero luego de que trataron de matarme; entendí que me hablaba del.

- Ángel- interrumpió su compañero- ¿Y esta vez, qué estaba haciendo?

- Lloraba, la voz de Hermione retumbó en mi cabeza. ¿Dónde puede estar ella Lupin?

- Pansy Parkinson volvió a la normalidad. Nos tomó un par de minutos obtener información sobre lo sucedido. Dijo que mientras arrullaba a la bebé, escuchó golpes en la habitación a su lado. Salió para tratar de alejarse, sin embargo; una visión en el cuarto la paralizó.

- ¿Una visión?

- Sí, una recreación de algo dentro de esa habitación. Nos habló de una mujer que estaba en el suelo, mientras una mano sostenía su cabeza haciendo presión en ella. Luego, su cabeza rodó fuera de su cuello.

- ¿Qué de?

- Sí, comprobamos que en aquella habitación, había estado Narcisa Ryddle antes de morir. No sabemos si tiene algo que ver, o si tiene lógica. Pero, la impresión era increíblemente fuerte.

Hermione, forcejeaba atada a una silla, sin más a su alrededor que; oscuridad. Sus ojos le ardían ante las lágrimas que había derramado y su corazón saltaba constantemente.

A lo lejos, se mantenía el empresario de bienes raíces, Lucius. Mantenía el arma apuntándole mientras, revisaba el escritorio violentamente. Hermione tenía un arma, pero desgraciadamente; no había aprendido a usarla.

- No me gustaría tener que matarla ¿sabe? Su esposo es un gran hombre.

- ¿Qué quiere usted con Severus? ¿Qué va a hacerme?

Lucius se volvió hacia ella, una sonrisa nerviosa danzaba sobre sus labios. Parecía que algo grave le perturbaba en demasía. Se separó unos cuantos centímetros del escritorio y osciló una vela frente a ella.

- No lo sé- resolvió, la luz de la vela le encandiló por unos instantes- Estoy seguro de que él va a sentirse devastado si usted muere. Pero, lo que ha hecho está mal; se ha entrometido en asuntos que no le corresponden.

- ¡Es su amigo!- le espetó- ¡Déjeme ir!

- Sí, soy su amigo- meditó- Era su amigo hasta que él decidió traicionarme.

- ¿De qué está hablando?

- Verá, su esposo se está inmiscuyendo en terrenos que no son de su incumbencia. Usted en cambio, como buena esposa debió informárselo. Pero no, decidió también tomar cartas en el asunto.

- ¡Amenazaban con matarlo!

- Sí, quizás; pero él se lo ha buscado- se acercó a ella, lo suficiente como para tocar su rostro. Hermione trató de soltarse- Una hermosa mujer como usted, no debe menospreciarse; siquiera antes de morir.

Snape se mantenía con la vista fija en el techo, si seguía dentro de esa habitación; seguramente iba a enloquecer. Se levantó con parsimonia, con toda la fuerza de la que fue capaz; caminando suavemente.

El ardor seguía siendo insoportable, todo su cuerpo estaba acalambrado y sentía que su pierna era un peso muerto que; debía arrastrar. Claramente, estaba en desventaja; pero necesitaba encontrar a Hermione.

¿Pero, cómo podía hacerlo? Hermione no había dejado siquiera un indicio de, hacia donde se había ido. La última vez que supo de ella, había estado con Pansy y con su hija.

Pansy tenía que saber, ella debía de conocer su paradero. Ciertamente, su habitación estaba lo suficientemente lejos como para cansarlo; pero eso no lo detendría.

Estaba escaleras más abajo, en una unidad de cuidados intermedios. Los allí reunidos, doctores y enfermeras incluidos; trataron de detenerlo. Todo esfuerzo fu inútil, entró violentamente dentro y se sostuvo del marco de la puerta.

- ¡Doctor Snape!- exclamó Pansy al otro lado- ¿Se encuentra bien?

- Pansy- se manejó para hablar- ¿Dónde? ¿Dónde está Hermione?

- Doctor- refirió ella con preocupación, lágrimas en sus ojos- cuanto lo siento, pero; ella jamás me dijo a donde se dirigía. Sólo me dijo que, necesitaba hacerlo; que no quería perderlo.

¿Pero era que acaso esa mujer estaba loca? ¡Afuera había innumerables peligros, todos cerca de él! Se quedó pasmado en la puerta, sin una idea clara sobre; lo próximo a suceder.

- ¿Estás segura que no comentó nada? ¿Simplemente se fue?

- Sí, traté de detenerla. Me entregó a Marian, y me dijo que me quedara a su lado; que no lo descuidara.

Se llevó ambas manos a la cabeza. Conociendo a Hermione, ella era capaz de cualquier cosa. Se parecía tanto a él que, hasta le preocupaba.

- ¡Severus! ¿Qué rayos haces aquí?- preguntó Trelawney, detrás de él.

- Mi esposa, está desaparecida.

- ¿Desaparecida?

- Sí, salió a investigar por su cuenta. Se llevó todo lo que tenía.

Trelawney se mostró sorprendida, una mano suya; se posó sobre el hombro de Snape. El primero hizo un gesto violento y la apartó de sí.

- ¡Maldición! ¡Juro que ese hombre va a pudrirse en la cárcel!

Hermione siguió gritando ante la proximidad de Lucius. Tomó ambas manos atadas y, la obligó a pararse frente a él; a estar cerca de él.

- El doctor no querrá perder lo que más ama. Supongo así, entenderá mejor el mensaje.

- ¿Qué? ¿Qué va a hacerme?

- Jugaremos un poco- susurró en su oído, aquello hizo temblar a Hermione de miedo- Finge que yo soy él, hazme el amor como se lo harías a él.

Hermione no se movió, el cinismo del hombre pareció alcanzar otro nivel. Deslizó lentamente su arma a través de su cuerpo.

- ¡Hazlo!- exclamó, apuntándola luego- ¡Desvístete!

Lupin daba vueltas alrededor de la habitación, mientras Snape se mantenía de pie preparándose. Lo observó como si este, fuera a lanzarse por un precipicio.

- ¡Debes estar loco! ¿¡Vas a enfrentarte a alguien que no conoces y es, superior a ti; en ese estado!? ¡Necesitas refuerzos!

- No, lo haré yo solo. La vida de Hermione se encontraría en un riesgo.

- ¡Pero siquiera sabes donde está! ¡No sabes si, ella está bien o no!

- No, no lo está- resumió, calmado; alzando el arma frente a él y colocándole las municiones. Lupin negó con la cabeza y alzó sus manos, rindiéndose.

- Está bien, hazlo a tu manera. Al menos, puedes avisarme en caso de inconvenientes.

Lo escuchó salir y cerró los ojos por unos segundos. ¿Cómo la encontraría? No culpaba a Pansy por dejarla ir precisamente, pues sabía como era Hermione. Pero hasta ese momento, había descubierto un nuevo asunto acerca de ella.

Lo amaba, tanto como para sacrificarse por él. No había dudado de ello, pero, por un tiempo se imaginó que; reemplazar a Cristopher era lo peor que había hecho en su vida.

- Señor Snape, perdóneme. Merezco toda la culpa- le dijo Pansy, detrás de él; afligida.

- No, no es así. Mi esposa decidió obrar por su cuenta, sería una necedad de mi parte si te culpara a ti- se volvió hacia ella, lo más calmado que pudo. La observó sollozar levemente, llevando entre sus brazos a su hija.

- No te preocupes- le dijo, no le agradaba ver a las mujeres sufrir. Como a su madre- Hermione va a estar bien, y yo también.

Pansy asintió con lentitud, aunque no estaba convencida de ello. Bajó la vista hacia Marian que jugaba con su cabello entre sus dedos.

- Es muy afortunada- comentó.

- ¿Perdón?

- Es muy afortunada de tener padres como ustedes. Señor, no podría soportar que algo le sucediera; a ambos.

Colocó su mano sobre su hombro, luego con la otra; acarició la cabeza de la infante. Una sonrisa distante se posó sobre sus labios.

- ¿La cuidarás no es cierto? ¿La cuidarás si nosotros no estamos?

- ¡No diga eso señor Snape!- sollozó la mujer.

- Prométeme que vas a cuidarla, que te quedarás a su lado.

Pansy pareció luchar consigo misma por unos segundos, luego de ello despegó los labios en algo que; esperaba no, se cumpliera jamás.

- Sí doctor, lo prometo.

- ¡Muévete!- espetó Lucius, mientras mantenía arrinconada a Hermione- No es bueno que pierda la paciencia.

Con lágrimas en los ojos, Hermione comenzó a desabrocharse el sujetador. Una mano de Lucius, vino a cubrir uno de sus senos. Sonrió distraído, como si meditara.

- Ahora entiendo, por que el doctor se desvive por ti.

- Por favor, déjeme ir.

- ¿Dejarte ir? No preciosa- susurró, sus labios sobre su cuello- Ahora eres mía.

Hermione trató de zafarse, pero el hombre utilizaba su peso para mantenerla apoyada en la pared. Un raudo golpe vino a sus muslos, obligándole a abrir las piernas. Entre ellas, deslizó una mano. Hermione gritó.

- No estás haciéndolo como se debe. Imagina que yo soy él, que yo soy Severus.

- ¿A dónde piensas ir Snape?- preguntó Lupin, en cuanto detuvo el auto frente a su casa.

- No lo sé, aún- distraído, se giró para entrar- Pero, lo sabré en poco tiempo.

- ¿Al menos llamarás a la estación antes de irte?

- Si eso te contenta, lo haré.

Observó como Lupin se iba y la desesperación lo sobrecogió violentamente. Corrió hasta la casa y al abrir la puerta, llamó a Hermione. Ya sabía que no estaba allí, pero dentro de sí; deseaba equivocarse.

Notó con cierta preocupación, que faltaba un arma. Se recargó en el sofá, con los ojos cerrados, a punto de enloquecer.

- Hermione.Hermione gritaba de dolor mientras, violentamente Lucius tomaba su cuerpo. Un hilo de sangre brotaba de su cadera, cayendo sobre sus zapatos. Sonreía él, mientras mordisqueaba su pecho.

- Basta, por favor- sollozó ella, en un gemido.

- Aún no acabo, mi amor- fue su única respuesta.

- ¡Severus!- gimoteó ella.

Se mantuvo en silencio, meditando; sabiendo que perdía el tiempo. ¿Acaso Bellatrix había querido decirle algo? ¿Sus lágrimas de sangre que representaban?

Mientras meditaba, un pensamiento fugaz llegó a su mente. Su nombre, gemido por su esposa. Se levantó, su cuerpo entero temblando ante la imagen que se conformaba en su cabeza.

Bellatrix a su lado alzó la cabeza, una sonrisa de satisfacción se conformó en su rostro. Él no la había visto, quizás ni la veía en aquel instante.

- Por favor, pare.

Otro violento golpe fue directamente hasta su cara, Hermione cerró los ojos; todo su cuerpo le ardía.

- ¡Deja de rogar!- le gritó, introduciendo nuevamente su miembro dentro de ella, con rapidez; haciéndole brincar.

Apenas pudo encender el auto, y cuando lo hacía; las llaves resbalaron de sus manos. Hermione estaba siendo violada y la ira se desbocaba de su cuerpo. Iba a matar al responsable. Bellatrix lo observó, a su lado.

- Y ahora- le indicó, con el arma en su cuello; cerrandose el pantalón.

- Déjala en paz- sentenciaron, con arma en mano y apuntándolo. Lucius se volvió rápidamente mientras, con lágrimas en los ojos; Hermione se dejaba caer lentamente. Observó la sangre que manchaba su piel, en su entrepierna

- Severus- sollozó.

TBC.

Bien, voy al capítulo final. Espero este les haya gustado y no parezca muy cutre. Unos besos.