Capítulo 07
Cuando llegaron a la granja, Mycroft se bajó de la moto y le miró sonriendo. Greg se bajó y se quitó el casco.
―¿Bien? ―le preguntó mientras tendía una mano para coger el casco de Mycroft.
―Mejor la vuelta si, gracias por conducir más lento.
Le tendió el casco y se metió dentro de la casa. Sus tíos ya estaban cenando así que se unieron a ellos.
―¿Qué tal lo habéis pasasdo? ―preguntó Emilie.
―Genial ―dijo Greg mientras se servía guisantes ―. Aunque me ha dado una señora paliza jugando al billar.
―¿En serio? ―preguntó Berty sorprendido ―. Te hacía más un hombre de ciencias que de cualquier tipo de deporte…
―El billar es pura coordinación y precisión. Además, tengo una mesa en casa donde juego con mi hermano. Tengo mucha práctica.
―¿Tienes un hermano? ―preguntó Greg alzando una ceja.
―Pequeño, se llama Sherlock.
―En vuestra familia os gustan los nombres raros, ¿eh pelirrojo?.
Mycroft sonrió y asintió. Berty miró a su esposa y le sonrió de medio lado antes de seguir comiendo.
Cuando acabaron, recogieron la mesa juntos y Mycroft subió al piso superior, se duchó y se metió en su cuarto. Tras ponerse el pijama se tumbó en la cama para leer un poco aunque le era difícil prestar atención.
El beso con Gregory había sido perfecto y le había gustado mucho más que todos los que había recibido de sus pretendientes durante el sexo. Suspiró profundamente antes de apagar la luz y dejar el libro sobre la mesita de noche. Se quedó embobado mirando el techo hasta que unos golpes en la puerta lo distrajeron.
―Pelirrojo, ¿se puede? ―preguntó la voz de Greg.
―¡Claro! ―respondió este con rapidez mientras se incorporaba.
Greg abrió la puerta y la cerró tras entrar. Tenía el pelo mojado ypeinado hacia atrás y estaba comiéndose unas natillas.
―¿Otra vez postre? ―preguntó Mycroft cruzándose de piernas.
Greg se sentó en la cama y se quitó las zapatillas para dejar las piernas a lo largo del colchón.
―Están riquísimas ―le dijo encogiéndose de hombros.
Se terminó el postre bajo la atenta mirada del pelirrojo, cuando acabó dejó el plástico en el suelo y miró a Mycroft.
―¿Y bien? ―le preguntó ―. ¿A qué viene esa mirada tan penetrante?
Mycroft se mordió el carrillo y le miró indignado.
―No te hagas el idiota porque no lo eres ―le dijo.
Greg rió, acortó la distancia y le besó.
―Sabes a canela ―le dijo Mycroft separándose un poco.
―¿Te incomoda? ―preguntó Greg acariciándole la mejilla.
―No, me gusta la canela ―respondió el pelirrojo antes de inclinarse y besarle de nuevo.
Greg respondió al beso con calma, apretándose contra él para hacerle caer al colchón y poder tumbarse a su lado, ambos estaban de lado y complemente pegados.
―Me gusta esto ―murmuró el moreno acariciando la nariz de Mycroft con la suya.
―Por lo menos se me da algo bien…
―Ah no, yo beso mucho mejor que tú ―le dijo Greg sonriendo.
―Discrepo ―respondió Mycroft muy serio ―. Tengo más experiencia que tú, yo beso mejor.
―Equivocado pelirrojo estás ―le dijo Greg sonriendo.
―Conjugaste mal los verbos ―le recriminó Mycroft ―. Y si quieres defenderte de mis acusaciones tendrás que darme pruebas de que miento, ¿no?
Greg rió.
―Eres muy listillo pelirrojo ―le dijo antes de pasar la mano por el cuello y besarle de nuevo.
Estuvieron besándose durante cinco minutos antes de que se separaran. Mycroft se tendió bocarriba en el colchón y rió.
―Lo admito, eres bueno besando ―le dijo.
Greg se incorporó y se quedó sentado con las piernas cruzadas.
―¿Cómo es posible que seas tan ligón y luego te de vergüenza estar sin camiseta? ―le preguntó.
―Las luces apagadas son una gran ayuda ―le respondió Mycroft.
―Pero no se porque… ―dijo acariciándole el vientre por encima de la tela ―. No estás gordo.
Cogió el borde de la camiseta y fue a levantarla pero Mycroft le pegó un manotazo.
―Por favor ―le dijo molesto ―. Peso 15 kilos más de los que debería. Claro que estoy gordo.
―¿Tienes problemas de salud? ―le preguntó Greg alzando una ceja.
―No, pero…
―Entonces estás bien ―le interrumpió Greg sonriendo, se inclinó sobre él y le besó ―. Me voy a la cama, hasta mañana Mycroft.
Este sonrió y respondió al beso.
―Buenas noches ―le dijo sonriendo.
Greg salió del cuarto llevándose el envase vacío de las natillas y cerró la puerta con cuidado. Mycroft emitió un profundo suspiro cuando estuvo a solas y sonrió. Greg ya era suyo.
Los días hasta final de mes pasaron mucho más rápido de lo que Mycroft creía posible. Los madrugones y las tareas que hacía con Greg eran exactamente las mismas pero ahora por las noches solían estar en la habitación del otro un rato, hablando de cosas variadas y besándose. Incluso habían visto alguna que otra película en la tele del salón que, por extraño que les pareciera, estaba completamente solo nada más cenar.
Todo era diferente ahora, incluso sus sentimientos hacia Greg.
El día justo antes de su marcha, habían acabado las tareas pronto así que Mycroft aprovechó para ducharse antes de la cena y ponerse algo cómodo. Cuando bajó al salón se encontró a Gregory en la cocina guardando fiambreras de comida en una cesta de mimbre. Mycroft le miró confundido.
―¿Dónde vas? ―le preguntó alzando una ceja.
―Vamos ―corrigió Greg ―. Haremos un picnic nocturno.
Mycroft rió entre dientes.
―Qué romántico te has vuelto, ¿no?
―Cállate ―le dijo Greg mirándole fijamente ―. Gracias Emilie.
Mycroft se sobresaltó al ver a su tia pasar por detrás de él y dejar un mantel verde oscuro muy grande sobre el respaldo de una de las sillas.
―Gracias ―se limitó a decir Mycroft algo ruborizado.
Gregory lo miró alzando las cejas mientras metía unas cervezas en la cesta.
―Listo, coge el mantel y nos vamos.
Mycroft asintió lentamente, lo cogió y salió por la puerta trasera. Escuchó a Greg despedirse y luego salir. Comenzó a andar a su lado sin tener muy claro donde se dirigían.
―¿Desde cuando llevas planeando esto? ―preguntó.
―Esta mañana miré el tiempo y parece que hará muy buena noche ―le dijo con una sonrisa.
―¿Solo vamos a hacer picnic por eso?
Greg sonrió de medio lado, se pegó a él un poco y le cogió de la mano.
―Es tu último día además… No sé, me pareció oportuno.
―Me parece bien, tranquilo ―le dijo Mycroft apretando el agarre de la mano.
Estuvieron caminando durante 20 minutos mientras anochecía hasta que llegaron a una pequeña ladera. Ahí extendieron el mantel justo debajo de un árbol de tronco grueso y se sentaron encima. Greg sacó una pequeña lámpara de aceite y la prendió dejándola en un lugar firme antes de comenzar a sacar fiambreras de la cesta y las dos cervezas.
Mycroft se cruzó de piernas y le dio un trago a la cerveza antes de coger unas cuantas patatas de la bolsa. Greg comía en silencio mientras miraba al infinito con una pequeña sonrisa.
―¿Estás bien? ―preguntó Mycroft con curiosidad mientras se acercaba a él.
―Claro –dijo Greg sonriendo y abriendo su lata antes de beberse la mitad de golpe.
―Estás nervioso por algo, ¿qué es? ―quiso saber.
Greg rió y negó con la cabeza.
―Cuando comas te lo cuento, venga que he hecho la comida.
―Uh… Ahora me harás dudar ―dijo antes de reírse.
Greg gruñó y lo empujó suavemente antes de comenzar a comer. Hablaron de algunos programas que habían visto en la televisión y Greg habló de fútbol aunque Mycroft solo se limitara a asentir y sonreír. Cuando acabaron la comida, lo guardaron todo en la cesta y se tendieron sobre el mantel mirando el cielo.
Las estrellas brillaban hasta donde alcanzaba la vista, todo estaba oscuro. Era la mejor cita que Mycroft había tenido en su vida.
―Has ganado ―le dijo Greg.
Mycroft se movió un poco y le miró de reojo.
―¿Disculpa? ―preguntó.
―Llevas todo este mes intentando acostarte conmigo ―le dijo ―. Mañana te vas así que hoy será la gran noche ―dijo colocándose de costado,
Mycroft le miró sorprendido.
―¿Hablas en serio?
Greg asintió.
―He reservado una habitación en el motel del pueblo, para no molestar a tus tíos. Me gustas mucho y creo que ya que te vas y probablemente no te vuelva a ver merecemos tener un buen recuerdo el uno del otro. ¿No?
Mycroft sonrió victoriosamente, pero se le borró en seguida.
―No… ―murmuró.
Greg le miró confundido.
―¿Perdón?
Mycroft se incorporó y esperó a que Greg lo hiciera para agarrarle las manos.
―No me mal intérpretes, claro que quiero estar contigo. Pero no así, no como una especie de trofeo que he ganado tras una competición.
―Pero tú querías…
―Sé lo que quería, pero he cambiado de opinión. Greg eres la única persona que me ha gustado en toda mi vida, la única que ha hecho que el corazón se me acelere solo con un beso, la que me ha tratado como un igual, a la que no le importa mi físico y la única que soporta mi carácter…
Greg rió un poco nervioso.
―No me voy a ir mañana Greg ―siguió Mycroft ―. Me lo estoy pasando muy bien contigo y he llamado a mis padres para quedarme todo el mes de agosto y ver qué pasa...
El moreno le miró con los ojos muy abiertos, podía notar las mejillas sonrojadas de Mycroft gracias a la luz de la lámpara.
―¿Te parece bien…? ―preguntó.
―Me parece fantástico, pelirrojo.
FIN
