Ángel de hojalata
Capítulo 7:
La noticia
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Ron me va a matar, pensó Bill mientras apareció dentro de la cocina de la Madriguera el domingo por la mañana, moviéndose de inmediato hacia uno de los armarios de su madre por un vaso, antes de seguir hurgando el refrigerador en busca de un zumo. Sabía a qué hora era el desayuno, por supuesto, pero últimamente le costaba levantarse de la cama tan temprano. Fleur no le ayudaba, ya que a ella también le encantaba quedarse en cama por más tiempo. Así que Bill se encontraba con más frecuencia ante las miradas desagradables de su hermano más joven y voraz todos los domingos.
No que las miradas poco amigables fueran estrictamente inspiradas por su tardanza, pensó Bill tristemente al empujar una de las jarras de jamón y un paquete de mantequilla para llegar al zumo. No, había hecho bastante para provocar esas miradas, debido a su ruptura con Hermione hacía ya un año. Con el zumo en la mano, Bill colocó su vaso en el aparador por el fregadero, y empezó a abrir el pomo, pensando en su ex-novia.
Hermione.
Honestamente, se alegraba de que ella estuviera viendo a alguien. Le había gustado verla sonrojarse hace dos semanas, y, aunque fuera claro que su relación andaba en los comienzos, estaba más que contento de que ella hubiera hallado a alguien que la hiciera feliz.
A pesar de lo que Ron y Harry, y, demonios, casi todo el mundo, creyeran al contrario, Bill se preocupaba profundamente por Hermione. De hecho, la adoraba. Si las cosas no hubieran terminado como lo hicieron, probablemente se hubiera casado con ella y hubiera vivido una vida agradable. Pero nada como su vida actual, musitó él, sonriendo con cariño al pensar en su hermosa esposa, pero aún así, Hermione había estado locamente enamorada de él, y se hubiera dedicado a él con cariño y devoción.
Bill frunció el ceño y bebió el zumo. El verla tan herida por tanto tiempo lo deprimía. Se había sentido hastiado de culpa cuando ella comenzó a esquivar las recepciones familiares por él y Fleur, y se sintió aún peor al verla intentar hablar con su nueva esposa. Odiaba la posición en que la había puesto, decidir entre aislarse de las personas que consideraba como familia o lidiar con verlo con otra mujer. Esta nueva relación de ella era exactamente lo que él estaba esperando.
Bill tenía esperanzas de que funcionara.
En serio.
Porque la extrañaba cantidad.
No era porque no fuera feliz con Fleur. Ella era preciosa y perfecta, y todo lo que Bill pudiera soñar. Simplemente que extrañaba las conversaciones con Hermione. Extrañaba su sentido del humor, sus pequeñas y brillantes epifanías, todos los chistes astutos y las referencias que hacía que sólo él entendía. Bill esperaba que este nuevo tío no lo echara a perder, alguien que fuera amigable y que la hiciera feliz. Entonces, quizás, ellos olvidarían el doloroso pasado y volverían a ser amigos. Justo el día anterior se había imaginado a él y a Fleur sentados alrededor de la mesa de la cocina con Hermione y un tío sonriente que se parecía a Neville Longbottom, hablando de política y arte, y riéndose y jugando mientras se tomaban varias botellas de vino.
Bill salió de sus pensamientos al escuchar un ruido de aparición detrás de sí, y se volteó para encarar al sujeto de sus pensamientos. Hermione llevaba puesto un vestido de verano, lucía vigorosa y feliz, y él no pudo evitar sonreírle.
-Hola- dijo ella, sonriéndole vacilante.
-Hola a tí, cariño- dijo Bill afectuosamente, pensando lo joven y femenina que lucía con sus bonitos rizos-. Estoy alegre de no ser el único que está tarde. De seguro que Ron tendrá al verdugo remilgado y preparado. Odiaría morir solo.
-Ah, la matanza en el desayuno. Mi tema favorito- dijo ella con una risa, espiando el pomo de zumo sobre el aparador y mirando alrededor en busca de un vaso-. Sabes que estás haciendo estas entradas tardías una mala costumbre tuya. Deberías dejarle saber a Fleur que la tardanza es cosa más perniciosa que de moda cuando hay estómagos Weasleys involucrados.
Él sonrió, moviéndose para darle un vaso del estante, llenándolo de jugo y recibiendo otra sonrisa tímida al dárselo a ella.
-¿Dónde es que está, por cierto?. ¿La mandaste delante de las tropas para tantear el terreno?. ¿La galantería te está fallando ahora en tus años más maduros, Bill?- dijo ella astutamente.
-Pronto, estoy seguro, cariño. La verdad es que Fleur está en París por una semana. Es el primer año de Gabriela fuera de Beauxbatons y está ansiosa por visitar Londres. A su madre no le gusta la idea y tuvieron una pelea horrible acerca de ello. Fleur se fue a arreglar las cosas.
-Oh, qué encantadora. Esas dos siempre han sido unidas, ¿verdad?
-Sí, bastante. Entonces, Hermione, ¿cuál es tu excusa?. ¿Una noche larga?- dijo él deliberadamente, arqueando una ceja y disfrutando del usual sonrojo que se deslizaba por las mejillas y la nariz de ella.
-No muy larga, y no en la manera que piensas, engreído- le reprendió ella suavemente-. Sólo unas bebidas y un poco de música.
-Oh, sí, las bebidas y la música siempre me cansan. ¿Cómo pudiste salir de la cama, la verdad?- sonrió él, dándole juguetonamente-. De veras, Mione, espero que te vaya bien. Estoy seguro que es un tío decente si ha capturado tu atención.
Ella lo miró extraña por un momento, entonces le sonrió y señaló la puerta-. Será mejor que no movamos. Probablemente el estómago de Ron ha comenzado a comerse a sí mismo de la desesperación. ¿Salimos a encarar la multitud enloquecida por la hambruna y a que nos quemen en la estaca por nuestra fechoría?
-¡Pero yo no soy una bruja, en serio!- le dijo Bill, haciéndola reír.
-¿Oh, veo una nariz falsa? Siempre pensé que era muy larga para tu cara- bromeó ella, y Bill le sacó la lengua jugando-. Pero de todas formas, temo que la mano oscura y fría de la muerte esté acosándonos.
Ambos rieron al pasar por la puerta trasera y salir al patio, caminando hacia las mesas de picnic debajo de un árbol, donde los pelirrojos y sus esposas ya estaban sentados. Bill le sonrió a Hermione, y entonces buscó a Ron con la mirada, encontrándolo junto a Harry, con la cara ruborizada y los ceños fruncidos mientras los miraba a los dos; a su vez, Luna lo aguantaba por el brazo fuertemente.
Demonios, pensó él, pensarías que no han comido hace días. Esto no iba a ser divertido.
El mínimo indicio de movimiento a su lado le llamó la atención, lejos de la furia aparente de su hermano más joven, y hacia Hermione, quien de repente se quedó inmóvil, mordiendo su labio inferior y mirando a la gente alrededor de la mesa nerviosamente. Él frunció el ceño, confundido porque Hermione raramente retrocedía de la furia de Ron.
Bill se volteó a la mesa y por primera vez notó el silencio inquietante que rodeaba la familia. Miró a su mamá que estaba doblando una servilleta sobre su regazo a pesar de la expresión fría de su rostro. Su padre miraba de Bill a Hermione y a los ocupantes de la mesa, una y otra vez, lucía nervioso y preocupado. Fred y George ambos parecían perder la batalla de no mostrar sus sonrisas diabólicas, mientras que Percy parecía ansioso por hacer preguntas y Ginny tenía sus labios encerrados y tensos. Inclusive los niños estaban sentados en silencio, respondiendo instintivamente a la tensión que emanaba de sus padres.
Harry fue el que llamó su atención por más tiempo. Estaba sentado al lado de Ron, sujetando la mesa fuertemente, cada músculo de su cuerpo tenso, como si apenas estuviera aguantando la inclinación de explotar e incinerarlos a todos. Harry los miró fijamente, su rostro serio, inmóvil, excepto por el nervio que saltaba cerca de su mandíbula inferior y sus ojos estaban oscuros y tempestuosos como nunca antes Bill los había visto.
-¿Es cierto?- preguntó Harry de repente, la tensión en su voz rompiendo el silencio inusual que rodeaba el patio de la Madriguera.
-¿De qué rayos estás hablando?- exclamó Bill desconcertado, preguntándose si ellos estaban malhumorados por algo más y no por sus llegadas tardes. Por Merlín, que no había recibido una acogida como esta desde que se separó de Hermione.
De repente Ginny agarró un ejemplar del periódico y lo tiró al otro lado de la mesa, cerca de donde Bill y Hermione estaban-. De eso, maldita seas, es de lo que estamos hablando- dijo Ginny amargada.
Bill bajó su mirada hacia el periódico y su pecho se estrechó dolorosamente, apenas dándose cuenta de la temblorosa respiración de Hermione, cerca de él, mientras que su propio aliento parecía desvanecerse. Ahí, en primera plana, había una fotografía en blanco y negro de Hermione con un vestido de gala, conversando con dos personas que él no conocía, mientras que no otro que Malfoy Draco se inclinaba y colocaba besos tiernos por la mandíbula de ella, su mano alrededor de su pequeña cintura de forma posesiva.
Ella permitiendo que Malfoy la besara en la mandíbula.
Con una sonrisa distraída en su rostro mientras Malfoy le besaba la mandíbula.
Sin empujar a ese bastardo arrogante y pálido mientras él le besaba la mandíbula.
No.
-¿Es verdad?- preguntó Harry otra vez, y la vista de Bill se fijó en Hermione que tenía la cara pálida, y parecía incapaz de despegar sus ojos de la foto enfrente de ella. No puede ser verdad, pensó Bill. Jamás. Ella nunca se le acercaría. No su inocente y dulce Mione.
-Sí- murmuró ella, su voz apenas un suspiro, y la mesa pareció exclamar colectivamente. Fred y George riendo a carcajadas maliciosamente, mientras que Harry y Ron salían de sus asientos enfurecidos.
Bill se sintió tambaleante. Toda su sangre parecía subírsele a la cabeza, calentando sus oídos y amortiguando cualquier sonido que emanaba de Harry y Ron, que le hablaban con ira a Hermione. Se sentó en uno de los asientos vacantes, mirando cómo Harry y Ron se le lanzaban a Hermione, agitando sus brazos, llenos de furia, mientras sus bocas escupían palabras que Bill no podía procesar.
¿Está loca?, se preguntó a sí mismo, vagamente detectando la acción mientras Hermione respiraba profundamente y alzaba su mentón desafiante hacia Harry y Ron, su frente arrugándose por la frustración al ella empezar a refutar sus argumentos. Esto ciertamente no era algo que la Hermione que conocía se dignase a hacer, concluyó Bill, mirando cómo sus padres y Ginny se levantaron para unirse a la pelea verbal, seguidos por Luna, Percy y los gemelos.
Qué la había poseído para hacerse amiga de tan miserable desdichado como Draco Malfoy, Bill no sabía. Él había visto algo del pálido muchacho justo después de la guerra, pero recordaba a la petulante amenaza que habían albergado en Grimmauld Place en invierno. Los insultos que le arrojaba constantemente a Harry y a Ron no se comparaban con los comentarios crueles y mordaces que le daba a Hermione, acerca de su apariencia, su carácter, y especialmente, su sangre. Ella, por su parte, siempre le contestaba con una mirada aburrida, movía su cabeza y seguía con sus quehaceres.
Bill miró a su madre mover la cabeza tristemente, mientras los gritos de Ron y Ginny iban acompañados de gestos acusatorios hacia la mujer morena. Luna se puso detrás de Hermione y le colocó una de sus manos sobre sus hombros, cuando las defensas de Hermione le fallaban y comenzaba a mostrar una mirada de incredulidad y dolor en su rostro.
Confabulaciones y artificios eran de ser esperados del heredero de Malfoy, pero Hermione debería haberse dado cuenta de sus intrigas, pensó Bill para sí mismo. ¿En qué demonios estaba pensando?. ¿No consideraba su bienestar o la falta de respeto que algo así significaría para sus amigos y su familia, los cuales habían arriesgado sus vidas para detener a personas como Malfoy? Era pura estupidez de su parte. ¿Cómo una chica tan inteligente como Hermione pudo engañarse a sí misma al creer que alguien como Malfoy pudiera rebajarse legítimamente a quererla?
-¡Cállate demonios, Bill!- escuchó a Ron gritar de repente.
Mierda, pensó Bill, observando cómo las caras ruborizadas se habían tornado hacia él súbitamente. ¿Por cuánto tiempo he estado hablando en voz alta?, se preguntó, notando la mirada frágil en el rostro de Hermione, sin todo el valor y la bravuconada que había mostrado antes.
-Eso no fue lo que quise decir, estaba pensando en…
-A nadie le importa un carajo lo que tú piensas, Bill- gritó Ron entre dientes-, no es nada que te incu-…
-¿Alguien ha considerado que quizás a él, de veras, le gusta Hermione?- interrumpió Luna de repente-. ¿Que quizás simplemente son dos adultos que encuentran satisfacción en su compañía mutua?. ¡Hermione es encantadora y brillante y no veo razón alguna por la cual cualquier hombre, inclusive Malfoy, no se enamore locamente de ella!
-¡Oh, tontería!- rió Ginny-. Sé realista, Luna, sabes muy bien que él no ese tipo. Hombres como Malfoy obtienen astucia y conversación de sus amigos, ellos no se preocupan por tener relaciones cuando pueden satisfacerse con una modelo distinta de Corazón de Bruja cada semana.
Bill asintió con la cabeza. Hermione no era una chica fea. Quizás poco atractiva, sencilla, cuando se le comparaba a alguien como Fleur, que era deslumbrante. Había docenas de mujeres en esa liga, igual que Fleur, y la posición y riquezas de Malfoy le aseguraban cualquiera de ellas. Chicas dulces y buenas como Hermione raramente atraían la atención de hombres como Malfoy por mucho tiempo. Ella terminaría herida emocionalmente.
-De veras, Mione, ¿qué garantías hay de que esto vaya a terminar bien?- ofreció Fred-. Quiero decir, inclusive Bill, que sabemos que es mejor hombre que Malfoy, terminó siendo una montón ardiente humeante de mierda.
-Oye- interrumpió Bill.
-Vete a la porra Bill. Esto no te incumbe- lo descartó George.
-En serio, cualquiera que preste tanta atención a su cabello no puede tener buenas intenciones- continuó Fred-. No te olvides de cuán mañoso se ponía tu ex novio con su pequeña protuberancia de trenza.
-¡Oye!
-De veras, Bill, esto no te incumbe- sonrió George con altivez.
-Hermione, esto no está bien- dijo Harry, cansado, corriendo sus manos por su cabello-. Piensa en todas las personas que han muerto intentando matar a bastardos como ese. Piensa en tus padres. Él creía en todo eso. ¿Cómo puedes aguantar que ese hijo de puta te toque?
-Él le dio informa…- protestó Hermione con voz débil.
-¡Él vendió su lado para proteger su escondite! Y no porque cambiara de parecer. ¿Es ése el tipo de hombre que te gusta?. ¿El tipo que deseas presentarnos, a tu familia?- el labio inferior de Hermione comenzó a temblar mientras Harry hablaba, y Bill miró cómo Luna la abrazó fuertemente.
-No queremos verte sufrir nuevamente, y esto no va a terminar de otra manera- dijo Ron más calmado ahora-. Por favor, prométenos que vas a pensarlo.
Hermione miró llorosa a Ron y los demás, antes de asentir débilmente contra el hombro de Luna. Bill todavía podía sentir la tensión alrededor, y miró con inquietud cómo su ex – novia respiraba profundamente y se alejaba del abrazo de Luna, sin mirar a nadie a los ojos al hablar.
-Está bien. Pero al final es mi decisión… aunque prometo que pensaré acerca de lo que han dicho. ¿De acuerdo?- dijo ella mirando deliberadamente a Ron y a Harry.
Ambos asintieron huraños, lo cual decepcionó a Bill, que rechinaba sus dientes por la frustración. Hubiera preferido que le hubieran extraído una promesa de que se alejaría de ese bastardo, pero dudaba que cualquier aporte de su parte fuese bienvenido.
-No tengo hambre- dijo Hermione cansada-. Creo que mejor me voy a casa y me acuesto por un rato.- Ella esquivó las miradas de todos mientras abrazaba a Luna brevemente y le pedía disculpas a Molly rápidamente, antes de salir hacia el claro y desaparecer con un sonido.
-¡Esta es tu culpa, maldita seas!
Asombrado, Bill se volteó para hallar el puño de su hermano más joven lleno de ira dirigido a su rostro.
-¿Mi culpa?- dijo Bill, mientras Ron se le acercaba más.
-¡Sí, tu culpa!. ¡Si hubieras parado de pensar con tus huevos, y darte cuenta de lo bueno que tenías a tu lado, nada de esto hubiera sucedido!
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Draco cambió de posición contra la puerta del apartamento de Hermione, arqueando su espalda para aliviar el pequeño dolor que crecía en su espina dorsal. Ya hacía una hora que estaba esperando y el dolor en sus pies lo tentaba a sentarse en el suelo. Ugh, pensó, tan inapropiado.
Había empujado a un Blaise sonriente fuera de la puerta tan pronto vio la foto del Profeta esa mañana, y había corrido al polvo flú, con el intento de llegar a Hermione antes de que saliera al banquete de los comadrejas. Al hallar su apartamento vacío, se había vestido y se había ido a su apartamento a esperar su regreso. Esperaba que ella hubiera visto el periódico y así esquivado la bala, aunque a esta hora no era lo más probable.
Había traspasado la entrada del edificio con un encantamiento fácil y rápido, después chequeó el número de su apartamento en la caja de correos y se dirigió al tercer piso a esperar. Draco concluyó que desde el pasillo podría verla venir, o escuchar sus movimientos si aparecía por la chimenea de su hogar.
Por Merlín que la espera es desesperante, pensó él, tocando el marco de la puerta con dedos nerviosos, y entonces alejándolos para inspeccionar la churre.
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Se podía imaginar lo que esas miserables comadrejas habrán dicho de él.
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El trabajo detallado del puño de su manga era impresionante. Se preguntó cuánta práctica requeriría perfeccionar el encantamiento de costura para alinear esos tejidos tan perfectos. Y pensar que los muggles hacían todo eso a mano…
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Empezó a preguntarse si entrometerse en sus asuntos era un deporte para Potter y la Comadreja.
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Parecía ser como si el gato de Hermione estuviese merodeando al otro lado de la puerta. O su ronroneo incesante lo volvía loco o lo pondría a dormir. Sesenta y tres. Ese maldito animal había ronroneado sesenta y tres veces ya en el pasado cuarto de hora.
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De veras esperaba que no la hubieran acorralado.
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Un dolor de los nervios, poco familiar y sordo, empezaba a centrarse en el estómago de Draco cuando escuchó los pasos leves de Hermione subiendo la escalera. Mientras aquellos rizos oscuros aparecían, era evidente que no sería necesario preguntar si ellos habían visto una ejemplar del periódico del domingo. Era aparente por el desánimo con que su cuerpo se movía, el cansancio en su rostro. Aún así, al verla con su vestido de verano, la curva de su cuello, el rubor en sus mejillas no pudo evitar verla encantadora. Quería abrazarla, besarla hasta dejarla sin sentido y borrarle la memoria de todo lo que le dijeron los desdichados Weasleys.
Ella se detuvo por un instante al verlo inclinado en el marco de su puerta, entonces se movió y colocó la llave en el llavero, abrió la puerta, dejándola abierta detrás de ella, invitándolo sin palabras. Él la siguió adentro del apartamento oscuro, procurando no tropezar con varios de los muebles mientras caminaban a lo que creía ser el cuarto de dormir.
El cuarto estaba oscuro, la única luz que se percibía apenas emanaba por detrás de las cortinas largas que colgaban en las ventanas. Hermione paró en el medio de la habitación, mirando a su alrededor inexpresiva. Draco se detuvo a unos pasos de ella, en silencio, deseando nada más recorrer sus dedos por su piel.
-¿Deseas algo de tomar?- preguntó ella de repente con una voz monótona-. ¿Té, quizás?
-No- murmuró él, extendiendo su mano sobre la curva de su hombro-. Quiero saber lo que estás pensando en este momento.
Ella tembló debajo de su toque, sus ojos cerrándose por un instante antes de alejarse de él, cruzando la habitación para abrir la puerta de su armario y sacando su varita del bolsillo de su vestido. Con una rápido movimiento de mano conjuró una maleta de arriba de uno de los estantes y lo guió hacia la cama, abriéndolo antes de moverse súbitamente por la habitación asiendo diferentes ropas de su armario.
-¿Qué estás haciendo, Granger?- preguntó Draco, procurando mantener su creciente inquietud fuera de su voz-. ¿Qué sucedió?
-Tengo que empacar. Me voy a Marrakech esta noche- dijo ella suavemente.
-No tenías previsto salir hasta después de tres días. ¿Qué sucedió?- interrumpió, mirándola echar un par de zapatos en la maleta-. ¿Qué te dijeron?. ¿Te gritaron todo este tiempo?
-No- suspiró ella, hurgando el escritorio-. Estuve ahí por pocos minutos. Caminé por un rato por el puente y entones fui a Gringotts a que adelantaran mi viaje.
Él la agarró por los hombros, forzándola a quedarse quieta, a que lo mirara a los ojos-. ¿Por qué te vas?. ¿Qué te dijeron?
Ella sacudió la cabeza y miró al suelo, restregándose las lágrimas que se deslizaban de sus ojos-. Oh, fue terrible- murmuró-. Rompieron… rompieron toda defensa que… esperé que no lo tomaran calmados, pero… por Merlín, me hicieron pedazos.
-¡Qué se vayan a la mierda!- siseó Draco, su voz al punto de explotar-. Y yo, por supuesto, sólo puedo tener un plan vil en mente. Puedo imaginar lo que te habrán dicho acerca de mí.
-La verdad es que no hablaron de ti- contestó Hermione con una risa forzada-. Dijeron que tú actuabas como era de esperar. Fue a mí a la que castigaron. Mi inteligencia, mi carácter, inclusive mi lealtad para con Harry y la familia.
Draco sintió un rencor en su pecho. Esa manada de comadrejas siempre fueron igual de insensibles que una banda de ladrones. Nunca se hubiera imaginado que fueran tan duros con uno de los suyos.
-¿Y qué de esto?- dijo Draco señalando el espacio entre Hermione y él-. ¿Es esto el porqué de tu partida?. ¿Acabaste conmigo?
Ella se alejó entonces, volteándose a poner las cosas dentro de la maleta, sin verlo a los ojos-. Es demasiado por ahora. Necesito tiempo. Para pensar.
Draco quería arrancarle la maleta, enterrar sus manos en aquellos rizos brillantes y devorarle la boca. Quería mostrarle que la única estratagema que tenía en mente era presionar su cuerpo desnudo hacía él, suspirándole en el oído de océanos, de la luz de las estrellas, y de la elegancia de un universo infinito. En cambio, la miró empacar, su mandíbula inmóvil, con manos apretadas, tragándose los deseos de explotar.
El cierre de la maleta sonó. Hermione se puso un par de zapatos y ató su pelo. Sacó la maleta de la cama, presionándola sobre su pecho y mordiéndose su labio inferior mientras observaba a Draco-. Estaré en Marrakech hasta el viernes- dijo ella murmurando-. Te enviaré un búho cuando regrese.- Por un momento abrió su boca como si quisiera decir algo más, pero no pudo evocar las palabras, y unió sus labios nuevamente con un suspiro. Lo miró por un rato, entonces cerró sus ojos y desapareció.
Draco no estuvo seguro por cuánto tiempo se quedó ahí, inmóvil en la oscuridad, en el silencio. Por voluntad propia sus manos asieron una bufanda de seda que quedó sobre la cama de ella, y recorrió la tela suave y refrescante entre sus dedos, procurando no pensar. Levantó la tela hacia su nariz, inhalando la fragancia familiar antes de tirarla con ira al suelo, segundos antes de desaparecer del apartamento.
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Espero que les haya gustado, tanto como a mí. Creo que este capítulo es el me dejó colgando y loca por saber más. Muchísimas gracias por sus comentarios. Me alegra saber que les encanta la historia. ¡Espero leerlos pronto!
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Notas de la autora:
No mucho en este capítulo, excepto que valdría mencionar a Monty Python.
