Capítulo 7 Asedio
En el castillo, centro de aquellas tierras reinadas bajo el nombre de Hyrule se vivían días dichosos y noches placenteras. Sin embargo la situación de los pueblos del sur era completamente diferente, y era porque, desde hace algunos días habían sido atacados por desconocidos. Monstruos con cabeza de cerdo decían algunos, mientras otros juraban haber visto los restos cadavéricos de antiguos soldados y ladrones. Las aldeas más cercanas a la frontera habían quedado incomunicadas, los viajeros que habían cruzado cerca de ellas relataban que el olor en el aire era pútrido y nauseabundo.
Estos rumores y cien más no tardaron en llegar a oídos del rey, junto con las peticiones de ayuda y reclamos. Para el rey era algo difícil de creer, por lo que después de discutirlo con Sándor, Impa y otros comandantes decidieron mandar algunos hombres, en total cinco, a que confirmaran la situación.
La noticia se expandió en el castillo a voz baja, por fortuna esto se mantuvo alejado de los civiles que vivían en la ciudad. Durante los días de espera el joven soldado de nombre Link siguió con su vida rutinaria, no le daba credibilidad a aquellos comentarios, de igual manera lo tomaron muchos de quienes alcanzaron a escuchar tales fantasías. Al joven le interesaba más lo que había ocurrido al adentrarse al bosque. Después de la fantasiosa travesía en el bosque, algunos preguntaron y otros rieron por el gorro que ahora portaba consigo el chico. Durante todo el día cargaba con él, solamente lo dejaba al ponerse el casco y en las noches al dormir.
Los días pasaban con normalidad, tranquilos como los anteriores, pero fue el pasar de los días que trajo la incertidumbre a los hombres. Los soldados que salieron en la expedición no regresaban, incluso los habitantes de los pueblos dejaron de venir pidiendo ayuda. La incertidumbre trajo desesperación. Mandaron a tres hombres más, expertos en exploración, cada uno en un día distinto, sin decirles sobre los otros. Llevaban ordenes regresar e informar cualquier anomalía que pudiera confirmar los extraños rumores.
El joven notó el cambio en el ambiente del castillo, incluso la princesa se veía preocupada y parecía moverse más dentro del castillo, visitando a menudo la biblioteca interna.
Al cabo de unos días regresaron dos de los hombres. El primero informó haber visto a los habitantes de un pueblo abandonándolo en dirección al este. El segundo hombre dijo no haber visto nada fuera de lo común. Esto calmo los nervios del rey, el ambiente se relajó un poco, faltaba esperar al tercer explorador. Fue gracias a esto que el joven guardia tuvo un día de descanso después de semanas, tiempo que aprovecharía para volver a visitar el bosque.
En su día libre se levantó más tarde, el estar tanto tiempo de guardia lo había agotado. El descanso y la comida de Yulia le dieron energía. Salió antes de mediodía, cargaba consigo su espada a su diestra, desde el encuentro con Kissara aprendió que alguien como él debía portarla en todo momento, ya sea para defenderse o proteger a alguien, también llevaba puesto su gorro como todos los días.
Salió de la ciudad y llegó al bosque cuando el sol se encontraba en lo alto. Caminó entre los árboles, pero le era imposible recordar qué dirección tomar. Intentó el camino recto, después dio vueltas en cada árbol como cuando había perseguido a la pequeña hada. Buscó durante más de dos horas pero no encontró las ruinas ni el árbol. Los tupidos bosques oscurecieron el lugar y por ello tardo otras dos horas en salir del bosque.
El sol ya no estaba en lo alto, aun así quedaban algunas horas antes del atardecer, pensó en desistir por ese día, llegar a comer y después regresar a la posada, por lo menos eso pensó el chico.
Mientras se acercaba a la ciudad empezó a elevarse un humo oscuro procedente del sur de la ciudadela, también se alcanzaron a escuchar algunas detonaciones. El joven preocupado apresuro su paso. Cuando logro escuchar el acero de las espadas en batalla, comenzó a correr presuroso. Al entrar a la ciudad se guió por los sonidos de las espadas y las explosiones. Las explosiones se oían venir del centro de la ciudad, avanzando hacia el castillo, pero la batalla era más intensa en el sur, que era de donde se escuchaban más gritos y la gente salía huyendo.
Link se movió con cautela por los callejones. No quería terminar rodeado por el enemigo. Sostenía su espada con fuerza para no ser sorprendido. Los techos de algunas casas estaban en llamas y el humo oscurecía el lugar. No tardó en encontrar los cuerpos de algunos soldados y enemigos. No podía creerlo, eran como decían aquellos rumores que tanto ignoraron.
El cuerpo era cercano al de un hombre con brazos y piernas, estos últimos muy cortos, con pesuñas en lugar de pies y extraños dedos para tomar las armas. La piel era oscura y tosca. La cabeza una completa aberración, era la de un puerco tratando de asemejarse a la de un humano, aún conservaba esa nariz característica y los ojos estaban muy apartados incluso las orejas eran las de un cerdo. Por los cuerpos supo que eran diferentes algunos de mayor tamaño y otros de un tamaño menor al suyo. Las espadas que portaban se veían mal hechas o usadas de maneras arcaicas. Pocos llevaban algún pedazo de armadura la mayoría solo portaba algunos trapos que los cubrían. Sabía que tenía que apresurarse en encontrar a sus compañeros para brindarles apoyo en la lucha.
Finalmente llego al punto donde la batalla era más intensa. Llegó por un costado así logro ver los movimientos de cada lado. Los soldados del castillo que eran superiores, luchaban con valor, pero la cantidad superior de la horda enemiga tomaba la vida de aquellos hombres. Rodeo un par de casas para estar más cerca de sus compañeros. Miró por un segundo la calle donde se libraba la fiera batalla, tomó un respiro y corrió hacia la calle.
Entró en la pelea dando un grito, sorprendiendo a uno de esos monstruos. Uno dos y tres golpes con la espada lo derribaron. El chico se apresuró en atacar al siguiente, dio dos espadazos y aquel repulsivo ser produjo un chillido parecido al de los cerdos, pero más fuerte y ronco. Los demás se dieron cuenta y entre dos de los que eran un poco más grandes, fueron a atacarlo. El joven esquivó el primer golpe y sabiendo que no tendría tiempo decidió atacar al instante. Saltó hacia el frente, dio una vuelta en el suelo y al terminar de rodar extendió su espada. El monstruo fue atravesado y enseguida dejó caer su arma, sin embargo el otro oponente tenía su espada a punto de dejarla caer sobre el chico. Un soldado llegó atravesando a la creatura, el cual calló después de que el soldado retirara su espada. Otros dos soldados más llegaron para cubrirlos. El chico sacó la espada del cuerpo de su enemigo, por esta corría la sangre verde de aquel monstruo.
-Chico ¿¡Que haces aquí!? ¡Es peligroso! ¡Aléjate!- Gritó quien lo había salvado.
-¡Soy guardia del castillo!- respondió el joven.
-¡Entonces ve al castillo! Aquí estamos los soldados de Sándor, el castillo se quedó solamente con los guardias, no podrán resistir demasiado- dijo uno de los soldados.
-¡Ve! Nosotros detendremos a tantos como podamos. Algunos ya nos han pasado. Necesitaran ayuda- Gritaba otro soldado para ser escuchado.
El joven se levantó y agito su espada para limpiarla, luego aquel hombre le dio su escudo.
-¡Ve y protege a su majestad!-.
-¡Lo hare!- respondió mientras recibía el escudo.
Lo cubrieron tanto como pudieron hasta que el joven empezó a avanzar solo. Se movía rápido y solo atacaba cuando era necesario. Llegó a donde habían más soldados, algunos con armadura pesada como la de Horen, seguramente caballeros. En esta parte la batalla era más controlada por los soldados del castillo. Un poco más al norte encontró a Sándor con su armadura y una gran espada ancha, con forma y filo peculiar, se veía bastante pesada. A su lado no había nadie ya que sus golpes eran tan fuertes y abiertos que de uno solo podía acabar con un par de enemigos. Sándor vio al chico que iba hacia el castillo.
-¡Demuéstrales lo que el entrenamiento de mis hombres puede hacer! ¡No dejes uno solo vivo!- gritó sin dejar de pelear para infundirle valor al joven guerrero.
Corrió por los callejones estrechos para evitar aquellos seres. Al llegar a la muralla del castillo vio a los invasores entrando por una pared de la muralla derribada. Más allá de la muralla se escuchaban los gritos de la batalla y algunas detonaciones.
Esperó el momento oportuno y cruzó la muralla. Avanzó ocultándose. Llegó a ver como intentaban subir al gran balcón por la pared de la entrada principal mientras los guardias evitaban que subieran, otros intentaban derribar la puerta cerrada y unos pocos lanzaban bombas para derribar una de las paredes.
No podía entrar sin ser atacado, además el resto de las entradas estarían cerradas. Fue entonces cuando recordó la vez que había entrado por una ventana. Buscó el árbol de aquella ocasión y subió por él. Esta vez fue más pesado subir, ahora cargaba el escudo. Al saltar lo hizo con mayor fuerza cruzando sus brazos al frente. Entro destrozando la ventana, sin daños hacia el por suerte.
Recorrió los pasillos del segundo piso buscando llegar al balcón frontal. Se escuchó una detonación seguido de un movimiento del suelo, se había abierto una grieta en la pared. Los enemigos comenzaron a entrar y rápidamente llegaron a las escaleras, fue justo cuando cruzaba por ahí el joven soldado. El chico atacó al primero en subir y lo empujó de una patada, haciendo que rodara por las escaleras derribando a un par más. Pensó en retener al enemigo en ese punto pero pronto llego una oleada de ellos, junto con un enemigo diferente.
El enemigo era más grande y portaba una gran armadura la cual lo cubría por completo. Era oscura, el hueco en el casco solo dejaba ver el brillo de unos ojos en la oscuridad, la espada que portaba era grande probablemente más de la que portaba Sándor. Al mismo tiempo le pareció ver a alguien detrás de él sosteniendo una lámpara en lo alto.
Cuando empezó a subir las escaleras Link prefirió huir, necesitaba ayuda para vencerlo. Algunos lo persiguieron por lo que el soldado tuvo que tomar unas escaleras al tercer piso. Siguió corriendo hasta encontrarse con Impa, la cual se encontraba frente a una gran puerta.
-Hay un soldado enemigo, es grande, parece muy fuerte- informó.
-En esta habitación se encuentran, los reyes y la princesa, no puedo dejar este lugar sin seguridad. Ve al balcón ahí se encuentran los demás, puedo defender sola este lugar- le contestó Impa.
Los repulsivos seres comenzaron a llegar. Cuando se acercaban Impa atacaba rápidamente, no alcanzaban a defenderse cuando ya tenían una daga encajada en el pecho.
-¡Ve y ayúdalos!, si han llegado hasta aquí es porque ellos ya no pueden retenerlos-.
-Está bien-
-Ve por ahí- Le señaló el pasillo frente a la puerta.
Recorrió velozmente el pasillo, al terminar se dividía en dos con una ventana justo al frente. Observó el exterior, se encontraba justo arriba de la terraza. En el suelo había cuerpos sin vida de varios guardias. Los pocos en pie luchaban por sobrevivir. El soldado enemigo con la gran armadura se encontraba en el lugar atacando a cualquiera que quedara al alcance de su espada. La lámpara que había visto seguía al soldado, pero no la cargaba nadie, simplemente flotaba cerca de él.
Desde esa altura alcanzó a ver a su compañero, Dante, se encontraba en una orilla, malherido. El joven saltó desde la ventana sin esperar más. Las piernas se le entumieron por la caída pero se recuperó rápidamente. Llegó con Dante, éste se encontraba mal y por más que le hablaba no podía responderle, aunque lo intentaba no se entendía lo que decía. Lo dejó reposando contra una pared y empezó a atacar a las bestias las cuales no tardaban en caer. Los guardias comenzaron a atacar con más fuerza que antes y cuando quedaron pocos, el joven soldado terminó frente al enemigo armado.
Link ya no dudó y se preparó para el combate. Corrió y atacó dando un golpe en la armadura y retrocedió de un salto antes de que su oponente atacara. Avanzó nuevamente atacando por un costado, acertó dos golpes y volvió a retroceder. Al retroceder vio algo acercarse y por instinto dio un salto más hacia atrás. Una llama había caído del cielo al voltear vio que venía de la lámpara y no solo eso también pudo ver la figura translucida de un ser, era un espectro.
El fuego continuo bajando, una llama cada cierto tiempo, parecían ser las limitaciones del fantasma y el chico con sus limitaciones no tenía forma de alcanzarlo en el aire.
La pelea continuó, el chico evadía las llamas y acertaba golpes rápidamente en la armadura. En algunos momentos tenía que defenderse de las bestias que sus compañeros dejaban pasar. La pelea no avanzaba, los golpes del joven eran detenidos por la armadura, no causaba el suficiente daño, tardaría mucho y no sabía si podría aguantar. Fue entonces cuando cayó una bomba por el lugar, logro evitar la explosión moviéndose ágilmente. Fue a matar a quien la había lanzado, era uno de aquellos cerdos, al cual venció fácilmente. Al caer el enemigo dejo tiradas dos bombas sin usar. El chico tomó una de ellas mientras esquivaba las llamas y la encendió con la próxima llama en caer. Lanzó la bomba justo al lado del enemigo con armadura, por lo lento que era no pudo alejarse. La explosión lo aturdió, terminó agachado con la espada en el suelo. Inmediatamente Link saltó con la espada sobre su cabeza y sosteniéndola con ambas manos hizo un corte desde arriba hasta abajo, al caer se levantó rápidamente y lanzo dos espadazos horizontales, de los cuales uno tiro el casco del soldado. En el momento que esperaba ver el rostro de su enemigo, una sombra emergió de la armadura seguida de un polvo oscuro que se desvanecieron en el aire, salvo una pequeña porción del polvo que termino en el suelo. El resto de la armadura se desplomo como si no hubiese habido nada dentro.
El fantasma se elevó aún más y empezó a dar giros en el aire. La llama de la lámpara cambiaba de un tono amarillo a uno verde, después a uno azul regresando al amarillo. Los enemigos restantes comenzaron a moverse hacia la posición del espectro. El joven tomó la otra bomba y cortó la mecha. Estaba a punto de encenderla cuando vio una flecha alcanzar al ser que sostenía la lámpara, al hacer contacto emano un resplandor de la punta de la flecha, al terminar y solo por un instante el fantasma fue completamente visible, solamente para ver cómo se consumía por su propia llama, dejando caer la lámpara la cual se destrozó con el impacto. El soldado observó, la única parte de donde podía haber salido la flecha era la misma ventana por la que había saltado. ¿Quién estaría en el tercer piso? Pensó el muchacho.
Las bestias restantes comenzaron a retirarse. Bajaban asustados por la escalera que habían puesto para llegar al balcón, otros simplemente saltaban. Los que estaban dentro del castillo, salían por la pared derrumbada. Iban hacia la abertura en la muralla pero justo ahí fueron detenidos por Sándor y sus hombres. Los caballeros que traían grandes armaduras detenían el paso y todo intento por huir de los monstruos, el resto de los hombres entró para acabar con los que intentaran esconderse.
La noche calló y el frió aire nocturno se llevó consigo el humo de las casas incendiadas, dejando ver una luna adornada con mil y más estrellas para aquellos bravos soldados que lucharon ese día.
