CAPÍTULO VII
Los pasos retumbaban por las sombrías paredes de la casa, todo estaba en completo silencio, tan solo se escuchaba el lento caminar que cada vez se intensificaba más. Dado que de vez en cuando arrojaba todo lo que se interponía en su camino. Varios jarrones yacían en el suelo hechos pedacitos.
Aquella casa iba a ser testigo de la furia guardada que contenía el dragón de ojos grises. Si había un momento de temerle, era ese.
"¿Desde cuándo el mundo se ha vuelto loco y yo no me he enterado? ¿Es una epidemia volverse estúpido? ¿Por qué todos los magos que llegan al poder acaban por perder la puta cabeza? Primero el viejo chiflado de Dumbledore y ahora el Señor Tenebroso. Y lo más gracioso es que se cree que voy a aceptar la misión".
-¡Y una mierda! -gritó lo más fuerte que pudo, liberando toda su ira en aquél momento. No le importaba si le oían, ya se había callado bastante- ¡Por las barbas de Merlín, soy un Malfoy! Tengo mi dignidad.
Se dijo abriendo la puerta de su habitación algo más calmado. Se dejó caer en la cama de verdes sabanas, estaba exhausto después de dos horas escuchando "el magnífico plan" de su señor. Tenía la garganta irritada de tanto gritar y protestar. Nadie le solía levantar la voz a Voldemort, pero él se aprovechaba sabiendo que por el momento era su favorito, y un Malfoy nunca se deja intimidar.
-Ojalá esto sea una pesadilla -se dijo, desabrochó los botones de su camisa, dejándola abierta totalmente, se quitó los zapatos lanzándolos por la habitación.- Ya veré como salgo de esta.
Cogió su almohada y la presionó contra su cara tratando de amortiguar el grito que le pedía salir.
Tenía que pensar en algo y rápido. Las cosas se le estaban saliendo de las manos, se complicaba cada vez más y si no actuaba sabiamente, acabarían muy, pero que muy mal. La vida de su madre corría peligro.
El sueño comenzó apoderarse de él, el cansancio lo dejó débil, por lo que no tardó en dormirse.
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-De Ron estaba hablando Harry -respondió nerviosa la castaña.
El moreno intensificó su mirada al no creerle ni una palabra.
-Nunca has sido buena mintiendo Hermione -le dijo con enfado- Ahora comencemos de nuevo, ¿de quién estabas hablando?
-Ya te he dicho que de Ron -repitió tratando de sonar convincente.
-Sigo sin creerte -declaró cruzándose de brazos.- ¿Quién?
-¿Por qué te interesa tanto? -cuestionó evitando la pregunta.
-Porque hay otra persona que te está haciendo daño y no es Ron, no me gusta que estés sufriendo. Eres como mi hermana y me preocupo por ti. ¡¿Quién es?
-No sé dónde has sacado eso Harry, no hay otra persona, es el pecoso por el que tenemos por amigo -trató de sonar sincera. Rogó a su interior que Harry le creyese, no se sentía preparada para contarle toda la verdad, y menos que Malfoy y ella se veían a escondidas.
No era como dos quinceañeros que se ocultaban para demostrar su amor, esto era diferente, eran dos enemigos que se juntaban para ayudarse mutuamente para sus beneficios. Cada uno el suyo.
-Está bien -dijo al fin el moreno dándose por vencido y convencido.
Hermione bufó tranquilizada, pero lo disimuló para que no la viera.
-¿Sabes Harry? Me voy a ir a la cama, tengo mucho sueño y la fiesta creo que ha llegado a su fin -comentó depositándole un suave beso de buenas noches en la mejilla.
-Está bien, yo iré a por Ronald que lo veo muy cariñoso con la botella de Whisky -le devolvió el beso y se fue a por su amigo que no paraba de beber. Sus mejillas estaban del mismo color que su pelo.
Observó cómo se alejaba de ella, no sin antes girarse y mirarla por última vez para asegurarse de que estaba bien. Sabía que el tema no se había zanjado en ese momento, que quizás Harry le dio a entender que la creía, cuando no era así, porque sabía que ella, como muy bien había expresado, no sabía mentir y que por mucho que insistiera no daría su brazo a torcer contándole lo que sucedía -porque algo le pasaba- estaba demasiado rara.
Exhaló aliviada después de que su amigo se perdiera de vista, ¿Cómo había sido tan tonta de delatarse ella misma? Solo faltaba que dijera: "Es que Malfoy me besó y ahora no tengo noticias de él".
Se golpeó en la frente al percatarse de lo que acababa de decir, sonaba como si estuviera preocupada por él, ¡Obvio que no! A ella no le importaba ni lo más mínimo lo que le sucediera, ¿o sí?
-¡Pues claro que no Hermione! -se contestó negando con la cabeza.
Entonces, ¿por qué no se lo sacaba de la cabeza? Bueno, no podía negar que el beso la marcó, porque lo había hecho. No se consideraba una experta en chicos, menos en besos, para eso ya estaba Ginny, que con un año menos que ella, ya se había besado con más chicos que ella, y de momento en su lista solo estaba uno con pelo rubio y ojos grises como el mercurio.
Cruzó la improvisada pista de baile como alma que lleva el diablo, no se percató que cerca de ella una cabellera roja la miraba con suma atención. Algo se estaba cociendo y estaba segura de que no era nada bueno. No por nada Hermione Granger parecía nerviosa y trataba de escapar de la escena del crimen con paso acelerado.
Entró en su habitación aún sumida en sus cavilaciones, quería sacar una conclusión y un porqué de su obsesión por Malfoy, sí, lo reconocía estaba obsesionada por el egocéntrico y ególatra del rubio -que dudaba si era natural su color- guapo, musculoso y atractivo. ¡Un momento! "Nada de halagos y cumplidos Hermione, él no se merece eso"
-Pero es verdad -le contestó a su vocecilla interna.
-Él te ha insultado desde primero y aún a día de hoy lo hace, no deberías alabarlo.
-Lo noto diferente a como era antes, además ese beso… no lo noté forzado sino dulce.
-Fue muy corto como para que lo denomines beso, no puedes aclarar si era dulce o no en menos de 5 segundos.
-Fue especial -murmuró rozándose de nuevo sus labios y recordando el sabor a menta que desprendía el rubio.
-¡Bah! Tonterías.
-¿Tú que sabrás? -cuestionó enfadada.
-Lo mismo que tú, por algo soy tu cerebro, la voz de la razón, será mejor que te acuestes, que si te ve alguien hablando sola pensará que estás más loca que Lovegood.
-Cierto -aceptó, se quitó la ropa, sacó su camisón color malva y se lo puso. Se dejó caer en la cómoda cama y dejó el sueño la atrapara.
Mañana sería otro día.
-Nada puede empeorar -murmuró muy bajito, por fin cayó rendida.
Cuan equivocada estaba si pensaba que iba a ser así.
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El sol comenzaba a salir más intenso que nunca, los rayos iluminaban más que nunca desprendiendo calor. Con dificultad traspasaron una ventana donde estaba cubierta por unas pesadas cortinas verdes. Alumbrando a un joven hombre ya despierto, sentado en el filo de su cama con expresión seria y pensativa.
No serían más de las ocho, pero eso no importaba, tenía cosas más serias en las que pensar. Por lo que el sueño se desvaneció muy pronto. Continuaba viendo el plan como una absoluta pérdida de tiempo, no daría resultado y fracasaría. Un Malfoy no se podía permitir fracasar, pero siendo realistas lo que le pedían era realmente muy complicado e imposible. No se rendiría en intentarlo, por mucho que se negara a aceptarlo tenía que hacerlo, por su madre, por él. Su padre ya le importaba poco, gracias a él estaba metido hasta el cuello, en una batalla que no le interesaba en lo más mínimo. Su vida estaba en juego por su estúpida ideología.
Necesitaba un baño, pero uno bueno. En los que se tiraba por lo menos más de media hora, relajado bajo los chorros de agua fría que recorrían su cuerpo, tranquilizando cada musculo suyo. El momento no se hizo mucho de esperar, se metió en el baño y abrió el grifo de su bañera color negro.
Pasarían más de 45 minutos cuando salió, tomando su toalla y envolviéndosela en su cintura. Se miró en el espejo, con los dedos comenzó a peinar los mechones rubios que caían desordenados a causa del agua. Se veía tan atractivo que como todo presuntuoso, sonrió a su reflejo y guiñó un ojo.
Porque a pesar de tener la vida que estaba teniendo; bajo presión constante y estando entre la espada y la pared, no podía dejar de creerse el Mister Universo del Mundo Mágico. Aunque muchas no lo dudarían y le darían la razón.
Terminó de vestirse con lentitud, no tenía prisa por acabar. Planeó todo en su mente mientras se abotonaba la camisa y se colocaba la capa. Lo repasó una y otra para asegurarse de que todo estaba correcto y no había lagunas.
Con un chasquido de dedos, un elfo se le apareció delante de él.
-¿Sí mi amo? -preguntó haciendo una reverencia.
-Voy a salir, no sé cuándo regresaré. Si preguntan por mí, diles que he ido a comprobar unas cosas -le explicó el rubio fríamente.
-¿Y si preguntan qué cosas? -cuestionó dudoso y a la vez temeroso por la reacción de su amo.
-¡He dicho unas cosas y no se hable más! -Sentenció rudo.- Lárgate
-Sss… sí mi amo -repitió la reverencia y desapareció.
Se masajeó las sienes tratando de eliminar todo rastro de la jaqueca que estaba comenzado a tener. Dos minutos y ya estaba alterado. Como deseaba que todo se acabara pronto, y tuviera la vida que tenía antes. Donde él decía y se hacía.
Consultó la hora en el reloj de su cuarto. Apenas eran las 10, dudaba que todos se hubieran levantado. Por lo que pudo escuchar en la noche, se lo habían pasado genial torturando a un preso y seguramente bebiendo. Vamos, una resaca de que te cagas.
-Imbéciles -solo el simple hecho de saber que usaban su magnífica mansión para hacer barbaridades, lo enfermaba y a la vez cabreaba.- Me las pagarán.
¿Cuánta sangre derramada habría en sus paredes y suelos? ¿Y los cuerpos? ¿Seguirían en las mazmorras? La sola idea le hizo cerrar los ojos y aguantar las náuseas que le producía. Poco lo importaba la vida de los impuros y traidores a la sangre, eran escoria, basura que tenía que ser eliminada de un momento a otro. No le interesaba el cuándo, no tenía por qué ser ya, todos recibirían sus castigos con el tiempo. En especial el apestoso trio dorado; Potter, un incompetente como él no puede ser el que acabe con el Señor Tenebroso, solo se creía el mejor porque en varias ocasiones ha salido airoso de muchos encuentros contra él. Esta vez será diferente, recibirá su castigo y eso significa; su derrota.
-Pura suerte y mucha ayuda -se dijo Draco atravesando la gran puerta de su mansión.
El otro infeliz; Weasley. El pelo zanahoria, el pecoso bobo, el perrito faldero y lame-culos de San Potter. Sangre pura por error y pobretón de primera. El más idiota de su familia, porque hasta su hermanita pequeña es mejor que él en todo. Eso tendría que ser lo más humillante… sin embargo para él será como un orgullo, dado su vida siempre ha sido una humillación. No se merece castigo, desde que nació lo ha tenido siempre; ser el peor en todo y el hazmerreír.
Ahora venía su parte favorita… la pelo-arbusto-Granger. Odiosa desde su llegada a este mundo, la "lista" del grupo -aunque para serlo no hace falta mucho- "Somos jóvenes y ganamos al mal". ¡Merlín! Cómo deseaba cogerla del cuello y apretarla hasta dejarla sin vida. Toda su vida se la pasaba leyendo libros, ¿no hay nada mejor que hacer? Ah sí, contestar a todas las preguntas y hacerte un discurso de una simple explicación. Le buscaba porqués a todo, pues que busque uno del porqué tiene el pelo como un nido de pájaros y es una maldita sangre sucia que osó pisar el mundo de los magos.
-Seguro que sus padres le rogaron al chiflado de Dumbledore que aceptara a su hija, querían estar lejos de ella. Hasta con ellos sería insoportable.
Otra que también se creía mejor que nadie, porque había sido prefecta, novia de Krum, la mejor de la clase y la que tuvo la osadía de golpearlo en tercero.
-Aún recuerdo el golpe -masculló entre dientes, deteniéndose en el centro del jardín- Me vengaré de ti.
¿Novia de Krum? Bueno, a ese gorila sin dos dedos de cerebro no le importaría estar con una impura, su mente no daría para más. De todas formas, Granger ha triunfado -dentro de sus escasas posibilidades- por primera vez en su vida.
¿Llegarían a besarse?
-A ti eso no te importa Draco -se reprendió el rubio por pensar tal cosa.
Entonces… ¿por qué solo de pensarlo, algo lo carcomía por dentro? "Esos son las arcadas que produce el imaginarlo". Sería eso, no podría ser otra cosa.
Sacó su varita de su bolsillo, se colocó la máscara y en un segundo desapareció.
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-Te lo he dicho antes Harry, necesito ir a tomar el aire -dijo Hermione tomando la perilla de la puerta.
-Sigo diciéndote que es peligroso -se cruzó de brazos el moreno- Ron ayúdame.
-Yo no pienso decir nada -se opuso el pelirrojo haciendo un gesto con la mano- Luego el que sale herido soy yo.
Hermione rodó los ojos ante la estupidez de su amigo.
-¿Algo más? -sugirió mirando a Harry.
0Él negó con la cabeza. Sin la ayuda de Ron, poco podía hacer.
-De acuerdo -abrió la puerta y salió por ella dando un portazo que hizo gritar a la señora Black.
-Lo que nos faltaba -manifestó Ron alzando los brazos.
-Ha sido tu culpa, si me hubieras apoyado no habría cerrado de golpe -lo acusó tapándose los oídos por los bramidos del cuadro.
El aire fresco la hacía sentir bien, apenas unas horas antes había regresado de la madriguera. Quería pasear para despejar su mente, la casa era un completo alboroto, siempre que no se peleaban los tres, alguien los visitaba y comenzaba la guerra. Que si uno proponía atacar en no sé dónde, el otro brindaba con copas por el triunfo obtenido, otros simplemente se sentían solos y querían hablar con alguien.
Iba tan distraída que no miraba por donde andaba y mucho menos quien la seguía de muy cerca. Cruzó una de las calles paralelas cuando una mano le tapó la boca y la arrinconó en un callejón sin salida.
Con bastante violencia trató de soltarse, cuando lo logró al instante -para su sorpresa- se encaró contra su agresor. Abrió desorbitadamente los ojos, al igual que su boca. No podía ser, era imposible que lo tuviera de nuevo ante ella.
-Malfoy -susurró sin salir de su asombro. Un flash apareció en su mente, las imágenes de él besándola. Era el momento de ajustar cuentas y pedir explicaciones.
-Granger -La imitó con sequedad.
La acorraló entre la pared y él. Colocó sus brazos a ambos lados impidiendo que ella saliera. León y serpiente. Impura y puro. Blanco y negro. Raptor y capturada. Noche y día. Clavó sus ojos grisáceos en ella, y lentamente se acercó hasta quedar a milímetros de su boca. Su mirada era tan fría que solo de verlo daban escalofríos. Rozó con suavidad sus labios.
Y como si nada, la besó.
