-La historia no me pertenece en lo absoluto sino que es una adaptación de serie Titanic estrenada en 2012 como conmemoración al centenario del hundimiento del trasatlántico RMS Titanic, no guarda semejanza alguna con la película de 1997, y gran parte de los personajes son de carácter ficticio/Los personaje pertenecen a Masashi Kishimoto más su distribución y/o utilización corre por mi cuenta para la dramatización de la historia, así como las modificaciones que sucedan a lo largo de la trama.
Capítulo 6
Viernes 12 de abril de 1912
El mar estaba tan calmo como podía esperarse que lo estuviera, más aunque hubiera imperado una tormenta que amenazara sus vidas, nadie de entre los pasajeros que iban a bordo del Titanic hubieran creído que correrían ningún peligro, ese barco tan lujoso como ningún otro tenia le sufijo de "inhundible", ni siquiera Dios podría hundirlo o eso es lo que se decía de él, muchos dirían que estas palabras solo calificaba que el Titanic era seguro, pero no…era más que eso, era como si fuera invencible aun por sobre la poderosa madre naturaleza; el acero y hierro del casco se volvían un escudo contra las olas que se transformaba en un mar en calma tras chocar contra el caso y al interior en la elegante cubierta de paseo de primera clase, los pasajeros sostenían conversaciones amenas mientras el sol comenzaba a hundirse en el horizonte, dando por terminado este nuevo día de travesía, se esperaba que el Titanic llegase a Nueva York el martes por la noche aproximadamente más a nadie le molestaría pasar un día o más a bordo del trasatlántico que parecía un auténtico Palacio y cuyas comodidades resultaban abrumadoramente familiares, o por lo menos para los recelosos pasajeros de primera clase que eran quienes "merecían" o podían recorrer la cubierta de paseo, bajo la cubierta de botes. Tenten ya lo había dicho anteriormente, ella no era en lo absoluto el tipo de chica que sentiría atracción o pensaría en asociarse con un individuo a quienes sus padres eligieran que era adecuado para ella, no era el tipo de persona que seguía las reglas que otros le impusieran, pero mientras paseaba junto al heredero Hyuga por la cubierta, debía reconocer que él no era todo cuanto hubiera podido esperar que fuera, era caballeroso, inteligente…apasionado por la lectura y un coleccionista empedernido de reliquias que a ella en lo personal le fascinaban, pero que tenía una respuesta para todo cuanto ella dijera, ella que tenía un espíritu tempestuoso, encontraba paz al hablar con el, se sentía infinitamente calmada a su lado.
-No me imagino a los ingleses cambiando su sistema de clases próximamente, es algo que va en su carácter- discutió Neji, divertido por el modo en que ella se empecinaba en decir que era diferente de la mayoría de los ingleses.
-Yo nunca juzgo a la gente por su clase- reitero Tenten, incapaz de considerarse una más del montón en medio de esa apolillada sociedad costumbrista que la ahogaba.
-¿En serio?- el Hyuga no quiso exteriorizarlo pero se preguntaba que era precisamente aquello que la hacía tan diferente.
Había sentido miedo, ella era la primera mujer por la que se sentía realmente interesado, a todas las mujeres que había conocido anteriormente las había considerado…imples, no en el sentido de humildad o recato sino más bien porque resultaba fácil describirlas, solo parecía interesarles seguir las reglas de la sociedad en que vivían, verse hermosas y encontrar un esposo apropiado, aunque él no podía culparlas, esa idea de seguir las reglas estaba tan empecinadamente anclada a las personas que romper con ella debía de ser muy difícil, por no decir imposible, pero ahora había encontrado a alguien totalmente diferente; luchadora, apasionad, alguien que no seguía las reglas escritas sino las que existían en su propio corazón, una rareza entre rarezas en el mejor de los sentidos que podía haber llegado a imaginar. Hacia dos noches atrás, cuando se había conocido, había sentido temor de poder seguirle el ritmo, pese a ser una inglesa como cualquier otra noble dama a borde del Titanic, ella no era en lo absoluto lo que aprecia, contradiciendo todo cuanto él pudiera haber llegado a esperar, más pese a esto sostenía su propia esencia, era autentica y diferente de lo que él hubiera podido pensar que seria. En una época tan romántica como esta en la que vivían, él tenía muy en claro que no solo estaba embelesado de ella, se estaba enamorando como un bobo y no le importaba, su madre ya le había hecho saber que Tenten era de su total aprobación y que la deseaba como nuera, era la hija de un conde inglés, tenía el pedigrí suficiente como para encajar en cualquier sociedad, pero Neji no quería ser demasiado impetuoso planteándole la idea de golpe, quería conocer lo suficiente de ella y a su vez hacerle ver que él estaba interesado en su persona, aunque tal vez ella ya se hubiera dado cuenta de eso desde hace un tiempo, pero fuera como fuere, él quería tener la oportunidad de ganar su corazón, no sabía si era lo bastante digno pero quería intentarlo.
-Mira, ahí va la señora Shiba con su horrible perro- bufo Tenten, sacándolo de su pensamientos, dirigiendo la mirada hacia lady Han que paseaba a su pekinés junto a señor Kiba Inuzuka que hacía de igual modo con su perro Akamaru.
-No tengo más preguntas- rió Neji, convencido de que, si, era diferente de otras personas, pero tal vez no en el radical punto que ella quería delimitar y que la contradecía tanto.
Se contradecía porque si tenía prejuicios para con otras personas, pero todos tenían algún tipo de prejuicio sin importar el grado ni la intención que se tuviera, pero Tenten efectivamente no juzgaba a quienes conocía por el nivel social que tuvieran, algo que ya de por si la hacía diferente siendo que todos los pasajeros de primera clase—o al menos la mayoría—que o pensaban o hablaban con desprecio de quienes formaban la tercera clase, o bien elegían denigrarlos e ignorarlos como si ellos fueran poderosos soberanos de un reino y ellos meros esclavos, esa era la consecuencia de pertenecer a una sociedad aristocrática con dos clases sociales adyacentes y claramente distales entre si por situación monetaria, recursos y forma de vestir, eso era lo más maravilloso de ser americano puesto que pasar de un estrato social a otro era lo más fácil del mundo y ante lo que nadie se denigraba entre sí, porque para llegar a la cima un individuo o sus antepasados deberían de haber iniciado desde lo más bajo, mientras que si esto llegaba a haber sucedido en el caso de los ingleses, ellos o bien lo ignoraban o desconocían por completo. Una suave brisa helada ne medio del pacifico aire templado hubo hecho que algunos pasajeros que transitaba la cubiertas se estremecieran, más afortunadamente él Tenten llevaban abrigo por encima de la ropa; el viaje a través de la corriente del labrador creaba un cambio de temperatura que ya comenzaba a hacerse notorio, por lo que en viajes así siempre era aconsejable llevar consigo ropa abrigadora, algo que ambos afortunadamente habían hecho. En su trayecto y observándose distraídamente el uno al otro, junto a ellos hubo pasado un matrimonio que cargaba a su pequeña hija de casi dos años mientras que la doncella de la madre guiaba la carriola en que se hallaba un bebé de tan solo un par de meses y al que Tenten no pudo evitar acercarse, era demasiado tierno.
-A esta edad son adorables…- sonrió Tenten, enternecida.
-¡No lo toque!- detuvo la criada con una autoridad tal que sobresalto a la Namiashi y al Hyuga.
-No…no pretendía hacerle daño- se disculpó la Namiashi, ignorando su sobresalto.
-Por supuesto que no- coincidió la madre del bebé que observo disgustada a su doncella, -Hana, ¿Qué te sucede?- la aludida solo pudo bajar vergonzosamente la mirada, en ocasiones se tomaba demasiado en serio su trabajo. -Le pido disculpas, señorita- se sentía acongojada, lo sucedido era realmente bochornoso.
-No tiene importancia- tranquilizo Tenten, después de todo eso niños tan pequeños podrían correr algún peligro y era preciso protegerlos, no era un error, -tiene unos hijos encantadores- felicito dedicándoles una sonrisa a ambos pequeños.
-Gracias- sonrió la dama.
No mentía en lo absoluto al decir que esos niños eran encantadores, nunca recordaba haber visto a unos pequeños tan alegres y hermosos en toda su vida, y no quería que esta imagen se viera alterada por un minúsculo incidente como era este, además y después de todo, los niños eran criaturas frágiles, pequeños, rosados, rollizos y delicados que hasta no cumplir la edad apropiada ni siquiera podían caminar sin ayuda, menos aún protegerse en solitario siendo que en ocasiones ni los mismos adultos sabían cómo cuidar de sí mismos, por lo que hubo resultado fácil para Tenten seguir su camino junto con Neji, como si lo sucedido no hubiera tenido en lo absoluto un grado de importancia para ninguno de los dos, pero que los hizo mantener un curioso silencio mientras caminaban, sin llegar a observarse el uno al otro, por temor a reírse si lo hacían. Ambos quizás habían pasado por situaciones muy similares en su infancia, antes de encontrar la presunta autonomía que ahora intentaban disfrutar siguiendo el rito que sus vidas deseaban que tuvieran, pero resultaba divertido imaginar a una doncella o criada tan sobreprotectora que incluso llegaba a parecer la auténtica madre del bebé que habían visto, pero no era nada extraño, en ocasiones muchos matrimonios pertenecientes a la "clase alta" efectivamente si se dedicaban a formar una familia pero por sus formas de vida entre los círculos sociales y que no querían abandonar, acababan relegando la crianza de sus hijos a los miembros de su séquito o la servidumbre, e inevitablemente Tenten suponía que encariñarse era algo que no podía frenarse, niños así de pequeños necesitaban amor y si sus propios padres no se los daban por falta de tiempo, al menos lo hacían quienes cuidaran de ellos. Su crianza había sido diferente, pese a su rutina social su madre Jin si haba velado por ella y le había hecho sentir su amor, su padre también pues era la única hija que habían tenido, pero cuando ya había tenido la edad suficiente habían desviado su atención hacia sus propias vidas por lo que ahora, a estas alturas de su vida, Tenten solo aspiraba a encontrar su propio camino, sin importar lo difícil que fuera.
-Bueno, al menos se toma su trabajo en serio- intento minimizar Neji, aunque lo sucedido seguía siendo demasiado extraño y curioso.
-Creo que demasiado enserio- rio Tenten, totalmente de acuerdo.
No importa que fuera lo que exista entre ambos, se sentía bien estando en la compañía del otro y por ahora eso era más que suficiente.
La nubes hubieron cruzado el cielo a gran velocidad conforme transcurrían las horas y los nobles pasajeros de primera clase regresaban a sus camarotes para prepararse y cenar en el salón comedor al cual hubieron acudido todos en cuestión de minutos, dándoles tiempo de sobra a sus sirvientes y doncellas a hacer lo que deseara luego de que ellos mismos cenaran en su propio comedor, y ante cuyo tiempo libre Hinata hubo tenido la oportunidad de resolver o intentar resolver un problema que no alcanzaba a comprender como había acabado por tornarse en lo que era ahora. Apoyando su mano en el barandal y observando que nadie la hubiera visto o seguido hasta ese punto, la doncella de la condesa Namiashi asió a su cuerpo el joyero de la condesa y que traía consigo cual tesoro y no era par meno teniendo en cuenta todas las joyas que allí había y que tenían un valor incalculable a ojos de los humildes pasajeros de tercera clase. Cuando una persona cometía un error, lo esperable era que por supuesto se remediara la situación que había causado y eso era justo lo que Hinata quería y tenía pensado hacer, aunque poco podía decir que lo hecho fuera acorde con su carácter y moral, pero en ocasiones aunque no se desease debían hacer cosas no tan agradables por una causa mayor y eso había sido precisamente lo que ella había hecho. Sin soltar el joyero que mantuvo presionado hacia su pecho, la Hyuga extendió su mano hasta situarla sobre la perilla, más extrañamente esta no se movió ni le permitió abrir la puerta, reintentándolo otra vez de inmediato pero obteniendo el mismo resultado, lo que la hizo girarse y buscar con la mirada a alguien que pudiera ayudarla. Para su suerte y como si ella lo hubiera llamado con sus pensamientos es que uno de los camareros—miembros de la tripulación—que atendían las estancias de tercera clase hubo aparecido, como caído del cielo, reparando en ella que tanto necesitaba algo de ayuda.
-Disculpe, ¿podría ayudarme?-pidió Hinata amablemente, ocultando su nerviosismo. -He oído que por aquí se baja a tercera clase, pero no puedo abrir la puerta- evidencio, dirigiendo brevemente su mirada hacia las puertas y que permanecían cerradas.
-Porque está cerrada con llave- aclaro el camarero ya que ella parecía ignorar esto.
-La cerradura del joyero de lady Namiashi se ha atascado y esperaba que alguien pudiera arreglarla- señalo la Hyuga, alzando el joyero que había mantenido entre sus brazos.
-Lo siento, no puede pasar- reitero amablemente el camero, porque sería incumplimiento de su trabajo permitirle bajar tercera clase, -hable con el sobrecargo- aconsejo en su lugar.
Tercera clase era el estrato social más baja a bordo de ese buque y durante este, el viaje inaugural hasta Nueva York, se esperaba que ellos no interfirieran o se encontraran en lo absoluto con los pasajeros de primera o segunda clase, a tal grado que ellos solo tenían permitido pasear por la cubierta de botes, pero imposibilitados transitar por las áreas como lo eran el gimnasio, la piscina…etc, de hecho incluso en los mismos espacios en que los pasajeros de tercera clase transitaban, se acostumbraba a pasear a las mascotas de los pasajeros e primera, evidenciando las intransitables decisiones que existían entre ambas áreas, por supuesto que lo propios tripulantes no tenían por qué tomar partido por unos u otros, pero solo por ser contratados por White Star wa que algunos ya se creían superiores entre sí, especialmente los escasos camareros encargados de atender y administrar las estancias pertenecientes a tercera clase. Hinata comprendía que siempre aquellos pertenecientes a una clase más baja estarían relegados de los demás pasajeros y eso lo sabía bien porque ella no tenía precisamente el dinero suficiente para costearse el pasajero de este viaje, de hecho sus servicios a la condesa Namiashi era suficiente como para que el noble matrimonio costease su pasaje y el de Naruto, porque ambos, en Londres, sostenían un estilo de vida idéntico a los de esos pasajeros enclaustrados en un nivel inferior, solo que ellos gozaba de un trabajo estable con el que subsistir y habitaciones propias junto a las de sus señores, más en este caso Hinata necesitaba totalmente e la ayuda o intervención de alguien para salir del predicamento en que estaba, ya había pensado en muchas soluciones pero por más vueltas que le diera, esta era la única idea lo bastante cauta y sensata que se le ocurría y que no la haría peligrar lo suficiente como para hacer que el quitaran el trabajo y cuyo dinero tanto necesitaba, esperaba ser capaz de persuadir adecuadamente al camero que aguardo en silencio frente a ella, suponiendo que ella fuera a marcharse, pero no lo haría, no sin una solución.
-Es que, no querría que la condesa se enterara, dirá que es culpa mía- se excusó la Hyuga, apretando el joyero a su cuerpo como signo de su preocupación.
-Debe de ser toda una fiera- supuso el camarero.
-Y sabe cómo son- sonrió Hinata, y es que por muy buena que fuera lady Jin, tenía sus ires y devenires.
-Desde luego que sí- reconoció él.
-Le pagare a quien la arregle- garantizó la Hyuga, necesitando solucionar el problema con que contaba.
-Bien- acepto el camarero aunque con cierta renuencia, podía traerle problemas, pero esperaba no llegar a tanto, -pero si me meto en un problema, la culpare a usted- advirtió únicamente sin encontrar ningún tipo de objeción o protesta.
-Gracias- sonrió Hinata, aceptando cualquier grado de responsabilidad.
El camarero busco un manojo de llaves en el bolsillo de su pantalón, diferenciando la llave de las puertas hacia tercera clase y en cuya cerradura la introdujo ante la ansiosa mirada de la Hyuga que hacía el joyero hacia sí, tenía que resolver el problema que había creado, si no lo hacia su trabajo pendería de un hilo…
-Necesito encontrar a la doncella de lady Namiashi, acaba de bajar- persistió Naruto, reteniendo su propia impaciencia.
-Lo lamento, los pasajeros de tercera no pueden atravesar este punto- se opuso el guardia con inquebrantable.
-Pero la condesa pide verla- insistió el Uzumaki, dispuesto a lo que fuera con tal de cruzar esas puertas.
-No puedo ayudarlo- reitero el guardia, sin cambiar de parecer.
No pierdas la paciencia, no pierdas la paciencia, se repitió Naruto mentalmente una y otra vez, no era en lo absoluto el tipo de hombre que solo hablaba y no actuaba, de hecho y si no tuviera tanto autocontrol sobre sí mismo le molestaría en lo absoluto asestarle a ese sujeto un golpe con tal de seguir con su camino, pero eso no solo significaría agredir a alguien sino tal vez ensuciar la reputación y fe que el conde Raido Namiashi le tenía, además de que por ello tal vez pudiera perder su trabajo. En realidad lady Jin Namiashi no había solicitado ver a Hinata porque estaba disfrutando de la cene ante el comedor de primera clase junto al señor Raido y lady Tenten, pero quien estaba elaborando esa mentira era él con tal de encontrarla, porque luego de la cena en el comedor de sirvientes él apenas y había podido seguirle el paso luego de que hubiera retirado el joyero de lady Jin en la oficina del sobrecargo. Desde que tenía memoria Hinata había sido alguien intachable y que jamás cometía un error, por lo que y aun sin saber que la había motivado a actuar así, debía de ser por una razón de importancia y un gran significado como trasfondo, una razón que esperaba descubrir al encontrarla porque si ella se veía en un aprieto le sucedería igual, ambos relegados a cumplir iguales obligaciones…entonces y como si hubiera sido un milagro o bien la oportunidad que él haba estado buscando; vio al segundo oficial Kakashi Hatake transitar el pasillo principal de tercera clase justo bajo las puertas entreabiertas que separaban ambas cubiertas y que eran custodiadas por el obstinado guardia. Como uno de los oficiales de mayor rango a bordo del Titanic, Kakashi no contaba con tanto tiempo libre como quisiera, más en momentos así del día y justo antes de irse a la cama puesto que no debía relevar a nadie en la guardia nocturna, acostumbraba a hacer una visita al sargento de marina, Maito Gai, con tal vez saber de algún problema que necesitase ser resuelto, y es por su espíritu aventurero el Hatake no disfrutaba teniendo que quedarse sin hacer nada siendo que el viaje inaugural estaba desenvolviéndose sin ningún tipo de contratiempo salvo las usuales advertencias de iceberg que eran tan comunes en esa época del año, más no era algo por lo que preocupar a nadie ni que a él en lo personal fuera a quitarle el sueño.
-Señor Hatake- llamo Naruto, consiguiendo que el segundo oficial detuviera su andar y alzara la vista hacia él, con evidente confusión, -por favor, la señorita Hyuga ha bajado a tercera y tengo que ir a buscarla- se expresó, esperando que el segundo oficial fuera más comprensivo que este guardia que le había cerrado el paso hasta ese punto.
-Claro, puede pasar- acepto el Hatake, indicándole el guardia que le diera plena libertad para transitar hacia tercera clase.
-Gracias- suspiro el Uzumaki, dirigiendo una inevitable y confiada sonrisa e autosuficiencia al guardia.
Había tratado con idiotas a lo largo de su vida, de hecho Naruto bien podría decir que no llegaba lejos en su rutina de trabajo sin hacer esto en más de una ocasión, más ahora no hubo sido capaz de obtener su propia satisfacción ante la ayuda del segundo oficial mientras el guardia lo dejaba pasar. Inclinando la cabeza como escueto saludo par el Uzumaki que paso junto a él, Kakashi emitió un mudo suspiro al levantar la mirada hacia el guardia que ejercía su trabajo ante las puertas que separaban a los pasajeros de tercera clase del resto de personas que poblaban el barco, en ocasiones muchos de los tripulantes, especialmente si eran novatos o bien demasiado metódicos, olvidaba que solo estaba allí para servir y se tomaba atribuciones indebidas queriendo hacerles entender a los pasajeros que habían pagado por un boleto, a donde podían ir y a donde no solo por su clase, él en lo personal se oponía totalmente a ese comportamiento dedicándose en su lugar a solo ayudar y responder las dudas de quien sea que encontrara en su camino. Habiendo viajado por tantos lugares y conocido a tantas personas, si algo había aprendido Kakashi era a cómo tratar con las personas y saber cuándo es que estaba haciendo bien su trabajo y cuando debía cambiar su comportamiento. El guardia, tras la partida del Uzumaki, giro su rostro hacia el del segundo oficial a varios pasos de distancia bajo la escalera que daba a tercera clase, se suponía que nadie debería atravesar hacia segunda clase o por lo menos eso es lo que le habían dicho, más de ser así...¿Por qué el segundo oficial había incumplido la reglas? No tenía sentido para él, más leyendo sus pensamientos y co una casi imperceptible sonrisa producto de la confusión del joven guardia, el Hatake no encontró razón alguna por la que no responder su duda.
-Lo importante es que no pasen en sentido contrario- aclaro el Hatake escuetamente, esperando que un error como este no volviese a suceder.
Una semana, se repitió Kakashi mentalmente, siguiendo su camino con una sonrisa ladina.
Aunque por su rango social mereciera residir allí junto al resto de los pasajeros de tercera clase, Hinata poco y nada entendía de a donde había ido a parar de no ser por el camero que la había estado guiando a lo largo de todo el trayecto, y es que pese a ser un barco sumamente cómodo como ningún otro, las diferencias entre primera y tercera clase eran muy obvias, haciéndola contemplar con curiosidad todo cuanto veía, siguiendo al camero por un lago pasillos hasta unas pronunciadas escaleras y de cuya baranda hubo de asirse con una de sus manos, teniendo cuidado de donde pisaba con tal de o tropezar por equivocación. Ser doncella de una dama noble como era el caso de la condesa Namiashi no era precisamente algo sencillo de hacer pero la paga era lo bastante buena como para sobrevivir y tener recursos de sobra que ocupar en lo que le placiera, más en su caso y siendo ya una adulta, Hinata destinaba muy poco de este dinero para si misma, el resto lo dirigía hacia su padre y su hermana menor que tanto necesitaban de su ayuda, por ellos es que había hecho semejante locura, esperando poder ayudarlo de verdad, pero sabía que lo que había hecho estaba mal desde cualquier perspectiva, sabía que lo único que estaba buscando hacer era maximizar el problema que cuando fuera descubierto la haría ver ella como una inocente víctima y a quien la ayudara como el culpable, pero en ocasiones debían hacerse cosas malas por un bien mayor y este era el caso, arrepentirse a esas alturas no era en lo absoluto algo que tuviera pensado hacer, no se le había cruzado esa posibilidad por la cabeza ni por un solo instante. Deteniéndose al pie de la escalera con la señorita Hyuga de pie junto a él, el camarero choco sonoramente sus manos llamando la atención de algunos pasajeros que ocupaban el restaurant, comedor o pub donde acostumbraban a reunirse para beber, reír y sostener fiestas, en esta ocasión y como había sucedido en pocas ocasiones desde el viaje inaugural, había muy pocas personas presentes, pero ambos esperaron que si alguien que pudiera ayudarla.
-¿Hay algún cerrajero?, esta dama necesita uno- anuncio el camarero solo generando un grupo de murmullos con evidente desacuerdo, haciéndole saber que no había ninguno.
-Es solo la cerradura de un joyero, estaría muy agradecida- añadió Hinata en caso de que esta aclaración fuese útil.
-Puedo echarle un vistazo si quiere- consintió Pein, levantándose de la mesa frente a la que se había hallado y acercándose a la dama.
-Gracias- sonrió Hinata mínimamente, tendiéndole el joyero de la condesa y que el recibió únicamente con el fin de ayudar y sin reparar en la fortuna que contenía. -He pensado que podría usar esto, y necesitara luz- sugirió, tendiéndole un pasador que había traído consigo.
-Veo lo suficiente…- objeto Pein, tragándose su confusión ante dicha sugerencia.
-Solo una sugerencia- menciono Hinata, cruzando los brazos sobre su pecho, ocultando su nerviosismo lo mejor que pudo.
Viendo que ella ya había obtenido la ayuda que había pedido y dirigiéndole una última mirada, el camarero se hubo retirado, dejándola a solas con este hombre tan rustico que ofrecía ayudar y a quien Hinata vio como a tabla de salvación que tanto había estado buscando hasta ese punto y que afortunadamente calzado con todo cuanto ella había buscado encontrar en alguien de su tipo. Pein había sido muchas cosas a lo largo de su vida y la principal de ellas antes de subir al barco y obtener documentación falsa era que había sido un asesino, pero ahora y literalmente con una nueva identidad y una vida de por medio, elegía redimirse lo mejor posible, por lo que no hubo albergado tentación alguna mientras sostenía el joyero entre sus manos, y vaya que no era tonto, el joyero de una noble dama de primer clase era literalmente una mina de oro, diamantes y cualquier tipo de metal precioso a imaginar, cosas con las que él solo podría soñar en su vida, más pese a haber atravesado penurias en su pasado, nunca había pensado en ser un ladrón o algo parecido y este aso no era diferente en nada de cuanto había padecido antes mientras se dirigía hacia la mesa en el apartado rincón donde se había encontrado antes y a la luz artificial revisaba minuciosamente la cerradura, haciendo girar la llave sin el más leve problema…la parte más maquiavélica y conspiradora de su mente y que conocía las artimañas de quienes tenían intenciones ocultas, quiso creer que esto no era un favor, que lo que en verdad querían era inculparlo acerca de algo, pero no podía ser así, ¿cierto? Intento creer esto mientras sostenía el joyero y regresaba al pie de la escalera donde la doncella hubo aguardado en calma su resolución.
-No le veo nada raro, la llave gira fácilmente- dio a saber Pein, esperando estar equivocado.
-Que extraño, antes estaba atascada- Hinata parpadeo con ensayada confusión mientras revisaba el joyero que en efecto no presentaba ningún problema. -Tengo seis peniques por aquí- busto ene bolsillo de su chaqueta, y es que la ayuda otorgada merecía un pago correspondiente.
-Guarde sus peniques- sugirió Pein escuetamente.
Ahí estaba nuevamente su mente ganando la victoria contra los escasos ideales y pensamientos nobles que albergaba, ella no estaba ahí con el fin de pedir su ayuda sino de inculparlo aunque afortunadamente y mientras la veía asentir temerosa, creía no haber desperdiciado demasiado tiempo como para que alguien realmente se hubiera concentrado en ver y juzgar su actuar, más dejándola partir a ella se hubo dado cuenta de que se había quedado con el pasador que le había sido entregado para facilitar arreglar la cerradura y que en nada había necesitado, pero quizás si lo hiciera en un futuro, por lo que Pein guardo el pasador en el bolsillo de su chaqueta mientras la veía desaparecer en el umbral de la escalera. Esperaba no tener que volver a lidiar con una situación así, porque si volvía a sucederle algo como eso, no sería tan amable una segunda vez, no importaba si se trataba de una mujer. Apoyando su mano en el barandal de la escalera para no tropezar y asiendo con la otra el joyero hacia sí, Hinata trago saliva de forma inaudible mientras atravesaba el pasillo que daba con la entrada de tercera clase, lo hecho, hecho estaba y ya era tarde para querer arrepentirse, pero era imposible no pensar en las consecuencias, tal vez ella pudiera salir indemne de todo esto, pero…¿y ese hombre? Evidente no ocurriría lo mismo con él lamentablemente, pero en ocasiones se debía pagar un precio por un bien mayor, así elegía pensar sobre lo que había sucedido, más sus pensamientos duraron poco en cuanto doblo en la esquina del pasillo hacia las escaleras que la llevarían de regreso a la cubierta de primera clase justo a tiempo, pero para su sorpresa y obstruyendo su paso se encontró con Naruto aguardando por ella, haciendo que se congelara por completo, había creído ser lo bastante cuidadosa como para que nadie la siguiera, pero al parecer se había equivocado.
-¿Qué estás haciendo aquí?- jadeo Hinata, intentando mantener la compostura
-Te vi bajar, hubiera venido antes pero no me dejaban pasar- obvio el Uzumaki inevitablemente y es que ese guardia había sido demasiado latoso. -¿Por qué has venido aquí?- había deseador hacerle esa pregunta desde hace mucho, pero esperaba que le contestase.
-¿Qué quieres decir?-la Hyuga sopeso la pregunta, más no la acepto, se negó a contestarla realmente, porque si lo hacía quedaría en evidencia el error que había cometido.
-No había nada raro en ese joyero cuando lo retiraste de la oficina del sobrecargo- aludió Naruto, habiendo seguido cada paso que ella había dado como para saber esto a la perfección.
-¿Me has estado espiando?- Hinata sintio como si se le helase toda la sangre del cuerpo más hizo todo lo posible e incluso más con tal de ocultar.
-Dime, cual es el problema- pidió él, esperando poder serle de ayuda, porque lo que sea que quisiera ocultar quizás si pudiera solucionarle, especialmente si él la ayudaba.
-No sé de qué estás hablando- mintió ella de inmediato y sin siquiera detenerse a pensarlo, dispuesta a seguir con su camino hacia la cubierta de primera clase.
-Si tienes algún problema, te ayudare- insistió Naruto, sujetándole el brazo e impidiéndole avanzar. -Pero no puedo hacer nada si no me dices que ocurre- ella aparto la mirada, incapaz de decirle la verdad, pero para su incredulidad y en lugar de responder como baria pensado que ella haría, la escucho sollozar a pleno pulmón, cubriéndose el rostro con una de sus manos, confundiéndolo y preocupándolo aún más. -No puede ser tan terrible- intento animar, soltándole el brazo y aguardando a que ella tuviera el deseo de hablar por su cuenta y no porque él la hubiera presionado sin autentica intención.
-Lo es, es peor…- sollozo Hinata, volteando a verlo, más manteniendo la mirada baja, no podía más con ese secreto que le remordía la consciencia, no sola. -Te dije que mi padre era pobre pero eso no es todo- murmuro lo bastante alto como para que él la escuchara, -y sin su sueldo no tiene dinero para medicinas, ni para comer o vivir- le dolía simplemente afrontar esa verdad, así como lo que había hecho intentando ayudar a su padre y su hermana, pero era la única posibilidad que había tenido a la mano, no había podido pensar en nada más.
-¿Qué hiciste?- suspiro Naruto más para si tras escucharla.
-Tome un broche, uno pequeño, casi nunca lo usa- sollozo la Hyuga finalmente, mordiéndose la lengua por ser sincera, pero esperaba no haber cometido un error al confiar en él.
-Cuando pienso en todas las veces que me ha regañado por no tener principios- menciono el Uzumaki para sí.
Era realmente irónico, él que siempre coqueaba con las mujeres a su paso, el que se dejaba obnubilar por el concepto de libertad y libre albedrio…había intentado cambiar su conducta no solo para hacer más llevadero su trato con ella a quien injustamente había ofendido días atrás con su broma, sino también porque en parte tenía razón, era el mayordomo de un conde muy reconocido, su reputación debía ser la de él, no podía permitirse el continuar comportándose como si fuera un niño, eso no estaba bien en lo absoluto, más ahora veía como todas las razones que había tenido para intentar cambiar se desvanecían una a una, porque Hinata había errado en esa ley primordial en cuanto a dignidad se refería, ella que siempre había parecido considerarse incapaz de cometer un solo error o atentar contra los principios en que creía…había estado a punto de ser una simple ladrona, aunque él nunca podría catalogarla de esa forma, especialmente porque si tenía una razón de peso por la que haber hecho tal cosa, pero eso no minimizaba las consecuencias que tarde o temprano llegarían. Por supuesto que sabía que lo que había hecho estaba mal, pero abandonar a su padre y su hermana a su suerte, ¿No sería eso igualmente reprochable?, ¿No era mejor intentar evadir uno de dos males? Eso es lo que ella había intentado hacer, aunque ahora no pudiera enorgullecerse en lo absoluto, sollozando y cubriéndose el rostro con una de sus manos, lo que menos quería era compasión, aunque una parte de ella quería creer que la necesitaba, al menos de parte de él que no la estaba juzgando como había hecho ella en su lugar anteriormente. Ya habiendo hablado con el sargento de marina y ahora totalmente dispuesto a regresar a sus aposento y dormir como tanto necesitaba por la menos un par de horas, Kakashi emprendió su regreso por el pasillo principal que conectaba co segunda clase, encontrándose al mayordomo del conde Namiashi junto a la señorita Hyuga, por lo visto había conseguido dar con ella.
-Por fin la encontró- celebro el Hatake, dichoso por haber sido de ayuda.
-Si, gracias- sonrió Naruto, pareciendo lo más calmado posible.
-¿Se encuentra bien?- inquirió el segundo oficial al ver a la señorita Hyuga llevarse una mano a la frente
-La señorita Hyuga solo está sufriendo un pequeño mareo- aclaro Naruto, siendo la única explicación lo bastante plausible desde el exterior y para cualquiera.
-Entonces la compadezco- sonrió el Hatake, mucho más tranquilo con esa respuesta.
-Se le pasara-tranquilizo Naruto, rodeándole el hombro a ella con su brazo, tanto en un gesto de compresión como de tapadera.
El segundo oficial había sido de gran ayuda, de hecho y a la hora de juzgar Naruto bien podría decir que él era tal vez la única persona de buena voluntad y lo bastante competente que estuviera dispuesto ayudar a cualquiera, justo lo ideal en un viaje como ese y sin llegar a anteponer algún tipo de creencia personal por encima de su trabajo, porque si estaban donde estaban era por sus trabajos, ¿Qué sería de sus vidas sin ello? Vivir bajo un puente no era una posibilidad demasiado alentadora, literalmente. Más sin importar lo agradecido que estuviera, Naruto solo necesitaba en ese momento encontrarse a solas con Hinata y consolarla, lo que había hecho no estaba o totalmente mal, pero si debían solucionar el predicamento que vendría en lo sucesivo y a su debido tiempo, pero por ahora y recibiendo un asentimiento a modo de despedida de parte del oficial Hatake, Naruto mantuvo su brazo alrededor de los hombros de Hinata que se secó tan pronto como pudo las lágrimas una vez que el segundo oficial hubo pasado junto a ellos y sus pasos se hubieron desvanecido por completo. Ya entendía lo suficiente sobre lo que Hinata había hecho, si, había tomado un broche en espera de cambiarlo por dinero que destinaria su padre, una causa muy noble y que muchos ciertamente pensarían hacer por las mismas razones que ella, pero el problema era que el conocía muy bien a la familia Namiashi al llevar años a su servicio y si descubrían lo que había hecho, por muy leal que ella fuera y las buenas intenciones que había tenido, no dejarían pasar algo así, tenía que intentar ayudarla y quería hacerlo porque era una amiga muy querida para él pero…¿Por qué había bajado a tercera clase?, ¿Qué podía haber allí para que ella hubiera ido a semejante lugar? Necesitaba entender eso para saber cómo podía ayudarla realmente.
-Sigo sin entender que estabas haciendo ahí abajo-murmuro Naruto tras tener la certeza de que nadie los vería ni oiría ahora.
-Quería que un hombre de las bodegas manipulara el joyero, le di un pasador para que todos lo vieran intentando abrirlo- narro ella, calmando lo suficiente su voz como para que no se quebrara, -pensé que así podría culparlo a él de la perdida cuando la señora diera cuenta- añadió muy vagamente, intentando no sentir culpa por ello.
-¿Dejarías que un inocente fuera apresado?- cuestiono el Uzumaki, incrédulo por su sangre fría.
-Por supuesto que no- contesto ella sin dejar pasar un solo segundo.
-¿No?- ahora era él quien estaba totalmente confundido.
-No sabrán que ha desaparecido hasta que volvamos a Londres y para entonces ya será tarde…- se justificó la Hyuga, intentando fingir indiferencia.
-No, no, no, no puedes estar segura de eso- discutió el Uzumaki, tal vez ella no había querido pensar en esto pero era inevitable, en algún momento habría de pasar. -¿Dónde está ahora?- inquirió, intentando no desviar su mente hacia las consecuencias, pero si a una posible solución.
-En mi maleta, en las bodegas, con el equipaje facturado- Hinata bajo la mirada, intentando controlar el tono que hacía que su voz se quebrara ante la más leve silaba que pronunciase.
-¿Qué hiciste?...- Naruto no alcanzaba a comprender realmente lo que oía, era como si estuviera hablando con una persona totalmente desconocida para él.
-Pensé que si la señora se daba cuenta, registraría mi camarote y no lo encontraría- justifico ella, había pensado en cómo salvarse a sí misma, pero nunca en remediar el problema que había causado, no hasta este preciso momento.
-Así que la sospecha recae sobre ese pobre tipo y uno de los dos es encarcelado- concluyo él con personal decepción, más se arrepintió de inmediato por pensar así al verla volver a sollozar por la indirecta culpa que le estaba otorgando. -Tranquila, no pasa nada- prometió, abrazándola hacia sí, esperando poder tranquilizarla, medida que afortunadamente hubo resultado. -Esto es lo que haremos, mañana por la noche ayudaras a vestir a la señora para la cena y después…- la Hyuga se alejó un paso de él, marcando sus distancias para cuando un pasajero cualquiera hubo transitado el pasillo, no era nada decente que los encontrasen tan juntos, -mañana, mientras cenen iremos a la bodega, buscaremos ese dichoso broche y podrás ponerlo en su lugar cuando lleves el joyero a la oficina del sobrecargo- planeo detalladamente.
-No…- protesto Hinata de inmediato, lo que estaba sugiriendo eria un error aun mayor.
-¿Por qué no?- Naruto frunció el ceño, no entendiendo el porqué de su objeción.
-Se preguntara porque lo he sacado, si solo debo traerle un estuche con lo que ella va a usar- contesto ella, la condesa tenía una rutina mu marcada si la rompía, levantaría sospechas.
Lady Jin era muy comprensiva con respecto a muchas cosas, pero cuando de trabajo se rehería era muy estricta por lo que Hinata no llego a pensar en lo absoluto decir la verdad, literalmente la mandaría a la guillotina sin darle tiempo a explicarse y perder la vida no era algo que quisiera hacer, pero por muy iluso que fuera y escuchándolo atentamente, Hinata ahora tenía la esperanza de remediar lo hecho, quizás con tiempo pudiera encontrar otra forma de ayudar a su padre y su hermana, pero cuantos más segundos pasaban dándose cuenta de su error reparaba en cuan avergonzado estaría su padre si supiera lo que había hecho, él preferiría morir y ser enterrado en una fosa común antes de atestiguar que su hija cometiera un hecho delictual, eso era sumamente vergonzoso y rompía con cualquier principio que Hinata hubiera aprendido, iba contra todo aquello en que creía como persona. Naruto intento ser lo más practico posible y es que ella tenía mucha razón, lady Jin literalmente tenia ojos en la nuca y con vista de águila a la hora de juzgar errores y puede que tarde o temprano e diera cuenta de lo que Hinata había hecho, pero era preferible causar extrañeza a ser descubiertos y a él ya se le ocurría una muy buena ida, pero una interrogante permanecía en su mente…¿Cómo podría ayudarla? Nunca había sabido demasiados detalles de la vida privada de Hinata salvo que trabajaba para ayudar a su padre que ya no podía trabajar, pero más allá de eso nunca se había molestado en indagar en más detalles, pero ahora que sabía la verdad quería hacer algo por ella, ¿pero…que? Pensándolo bien, si, había algo que podía hacer; tenía una pequeña casa pero que le aportaba recursos al encontrarse alquilada, en Reading, no la necesitaba realmente sus padres habían muerto hace años y no tenía más parientes, felizmente la entregaría por un bien mayor y casualmente ahí estaba la oportunidad de hacer algo bueno por ella y lo haría.
-Devuelve el joyero al sobrecargo, busca ese broche y guárdalo en el estuche cuando puedas, ella no se dará cuenta y aún tenemos tiempo- se corrigió el Uzumaki, dejándola satisfecha con dicho plan, uno que no tenía quiebre, aparentemente. -Vamos- ánimo, rodeándole el brazo y acompañándola en su regreso mutuo a primera clase
Ya pensarían en cómo resolver realmente este predicamento, juntos.
La noche era fresca, inevitablemente la corriente del labrador distorsionaba la matutina calidez haciendo que muchos de los pasajeros tuvieran que llevar abrigos por encima de la ropa, así como guantes y sombreros, algo curioso siendo que siquiera usar la cotidiana ropa de verano había sido lo usual al momento de abordar el barco en Southampton, bueno, esta solo era una de las muchas maravillas que traía un viaje a través del bato mar. La cubierta de botes estaba callada y vacía, dándole plena libertad a Konan que sentada sobre una banca y asiendo el abrigo de piel a su cuerpo mantuvo la cabeza hecha hacia atrás, suspirando de forma inaudible mientras sus ojos se encontraban atrapados contemplando las estrellas, tan lejanas como sus propios pensamientos y que la elevaron de la tierra hacia el plano inmaterial, alejándola de la realidad, que era precisamente lo que quería que sucediera. Apenas y habían pasado un par de días y el viaje ya se le estaba haciendo insostenible, no solo porque el espacio en que residían fuera muy pequeño, de hecho a esto ya se había acostumbrado tanto como sus propios hijos que incluso bromeaban al respecto, divirtiéndose y jugando, pero no era tan fácil para ella que luchaba contra sus propios sentimientos. Cuando Nagato la había abrumado y conquistado con su sinceridad, había sido muy joven, el primer y único pretendiente que había tenido en su vida y con el que no había dudado en casarse siendo tan joven e ingenua, pero ahora por primera vez en todos los años que llevaban casados ella sentía que todo esto no era suficiente pese a o haber sentido nunca ningún tipo de infelicidad estando a su lado, pero ahora que este individuo llamado Pein había entrado a su vida se sentía confundida, presa de una atracción y sentimientos que no alcanzaba comprender y que no se asemejaban a nada de lo que hubiera podido sentir anteriormente. Sentía que lo que estaba sintiendo no estaba bien ni era correcto, pero era imposible luchar contra el corazón, hacia lo que se le daba la gana.
-Aquí estas- la voz de Nagato la sorprendió, más hubo sido perfectamente capaz de no exteriorizarlo para cuando él se hubo situado a su lado, -me preguntaba dónde estabas- sonrió, situándose junto a ella que le correspondió con una diminuta sonrisa.
-Quería un poco de aire fresco- tranquilizo Konan con serenidad, regresando su vista al firmamento cubierto de estrellas, algo que pocas veces podía verse amenamente con el ajetreo reinante en Londres. -Ayaka dice que somos como seis cerditos, encerrados en el camarote, atados y listos para vender- bromeo, pensando en las palabras de su hija y que no eran en lo absoluto una mentira porque apenas y tenían espació para otra cosa que no fuese respirar.
-Vamos rumbo a una nueva vida, y respiraremos mucho aire fresco cuando lleguemos- animo Nagato, rodeándole el hombro con su brazo y dedicándole una calma sonrisa.
-Lo haremos- acepto Konan, devolviéndole la sonrisa.
Konan y su familia era lo que más le importaba ene mundo, sabía que había arriesgado mucho al decidir emprender este viaje a Nueva York, pero lo hacía por un bien mayor, claro que inicialmente no había parecido así ni aun ahora al estar todos apelotonados en un espacio reducido en que no podían disfrutar de la privacidad, pero todo esto sería pasado pisado cuando estuvieran en Nueva York sosteniendo su propia vida, entonces todo sería mejor de cómo había sido en Londres, estaba convencido de ello, y teniendo a Konan a su lado confiaba ciegamente en ello, esperaba haber podio hacerla tan feliz como había sido su intención, porque en ningún momento había intentado decepcionarla o desilusionarla , solo protegerla y se había dedicado a ella y a sus hijas, y afortunadamente lo había conseguido. Esa era su vida y no debía olvidarlo, además estos sentimientos tan extraños por Pein quizás desaparecieran con el tiempo, pero ella sin importar lo que pasara siempre tendría a Nagato y no podía comparar este vínculo tan filial con cualquier pasión pasajera que se atreviera a entrar en su vida con el fin de subyugarla, debía entenderlo, no era una adolescente enamorada que podía arrojarse a los brazos de aquel que le ofreciera el mundo entero o recitase palabras cautivantes a su oído, ella tenía mucho que perder si osaba seguir dicho curso; a Nagato que siempre había velado por ella, a su hijos, todo cuanto poseía…y nada ni nadie le devolvería todo eso si se equivocaba, lo perdería para siempre porque de no ser por Nagato estaría sola. No iba a anegar que muchas veces había distado bastante de las ideas que su esposo le había plateado, nunca podían estar permanentemente de acuerdo, esto era parte de la naturaleza y ambos habían aprendido a convivir con ello, aprendiendo el uno el otro y dedicándose una sonrisa al final de cada día. No podía decir si amaba a Nagato como el primer día, desde entonces habían pasado muchas cosas, había aprendido a conocer mejor y muchas cosas más, pero en momentos así no importaba realmente el amor sino el cariño porque gracias a él tenía todo cuanto poseía ahora y eso definitivamente no lo cambiaría por nada.
-¿Qué tal los niños?- consulto ella, meditabunda
-Bañados y cambiados, pero quieren que su madre les lea un cuento- declaro el pelirrojo.
La respuesta de Nagato la hizo sonreír, girando su rostro hacia el de él antes de depositar un cálido beso sobre su mejilla; no quería cambiar esa vida por nada, esa era su vida.
PD: hola a todos, mis queridos lectores, había prometido actualizar este fin de semana y lo cumplo al pie de la letra :3 esta semana actualizare el fic "El Clan Uchiha", el fin de semana "Operación Valkiria" y la próxima semana "Cazadores de Sombras":3 les recuerdo que finalice el guion completo-diálogos y detalles menores-de la futura adaptación de la película "Avatar", por lo que les pido a los interesados que comenten cuando quieren que inicie el fic u otro que tengan en mente, esperando contar con su aprobación, por supuesto :3 como siempre la actualización está dedicada a DULCECITO311(que siempre está cerca y a quien dedico y dedicare todas mis historias :3) a kazuyaryo (infinitamente feliz al saber que le ha gustado esta historia :3)y a todos aquellos que sigan cualquier otro de mis fics :3 También les recuerdo que además de los fic ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "El Siglo Magnifico: El Sultan y La Sultana" (secuela del final que haré para el fic "El Siglo Magnifico; La Sultana Sakura" y levemente inspirada en la serie "Medcezir"), "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron cuya secuela comenzó su rodaje, y cuyo guion-de la primera película-ya he terminado), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia", que prometo actualizar cuando tenga tiempo) "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer) "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul"), por no hablar de las películas del universo de "el Conjuro" y que prometo iniciar durante y a lo largo de este año :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima.
Datos Históricos:
-La Corriente Del Labrador: es un área delimitada en el viaje trasatlántico, en medio de la ruta que inicia en Southampton y finaliza en Nueva York y que se vuelve muy intensa en lo que es Terranova, Canadá, donde la mezcla entre el aire cálido de la superficie colisiona con la temperatura del agua-capaz de generar hipotermia-y que desarrolla algo llamado "espejismo de agua fría" lo que sera la condena del Titanic la noche del 14 y 15 de abril.
-Velocidad a la que Viajaba el Titanic: es tal vez la razón por la que más comúnmente se inculpa al capitán Edward John Smith por el hundimiento del Titanic, pero en aquella época era común y muy seguro navegar a toda velocidad-en un clima despejado-entre campos de hielo porque se suponía que así las olas permitirían divisar icebergs, así que el capitán del Titanic no hizo más que seguir el habitual protocolo de navegación que todo capitán de la época hubiera seguido.
