Bueno aquí está el otro capitulo, espero les guste :). Cuando lo escribí busque busqué resaltar algunos miedos de Freddie y la decisión de Sam

Isa


Y si fuera ella

Capitulo 7
Libre

Freddie no soportaba las miradas de las personas, solo podía ver sorpresa, hambre y escepticismo. Era de esperarse, no cualquiera puede cambiar de la noche a la mañana, pero como le había dicho Sam la noche anterior, cambió su apariencia más no sus sentimientos ni su personalidad. Casi gritaba de felicidad cuando escuchó la campana de culminación, fue un día extremadamente difícil. Lo único que salvaba ese día era la presencia de Sam, siempre sonriéndole o haciendo cualquier cosa para animarlo.

-Benson –se detuvo cuando escuchó la voz de Melanie.

Ella se acercaba a él con una sonrisa extraña.

-De saber que toda esa ropa escondía esta belleza… -ella gemía para completar la frase no terminada. –Me encantas de esa forma… creo que así podemos sal…

-No sigas, no estoy interesado más en ti –decía el castaño con voz serena, algo sorprendente sabiendo que ella podía golpearlo por eso. –Si no viste algo en mí antes de mi cambio, ¿qué te hace creer que ahora conseguirás una pisca de interés de mi parte?

La rubia estaba boquiabierta, nunca se había atrevido a hablarle de esa forma y eso, aunque le costaba admitirlo, le encantaba.

-¿Qué pasa si te digo que yo consigo lo que quiero? –Retaba sonriente.

-No me interesa Melanie, estoy cansado. Hoy ha sido un día de terror y tu no me la haces fácil –espetaba cansinamente. –Hagamos algo, tú sigue como siempre y yo te ignoraré como nunca antes lo he hecho. Si en algún momento estuve enamorado de ti, eso ya paso. Ya perdiste tu turno, ahora déjame en paz y regresa con tu amor, se merecen uno al otro.

Ella había quedado fría, no pudo siquiera responderle o amenazarle. Por primera vez, Melanie Puckett, sentía que ese lazo extraño que lo unía al castaño se había roto, y todo había sido su culpa.

Por otro lado, Freddie caminaba tranquilamente en dirección a su edificio. Nunca se había sentido tan libro como hasta ese momento. Por fin tuvo el coraje para enfrentarse a su némesis, a la persona que más lo había maltratado, a esa niña que tanto había amado y que jamás volvería a amar, ya no. Él había dejado escapar un suspiro lleno de irritación cuando el portero comenzaba con su rutina patética de gritos, pero lo había ignorado monumentalmente mientras presionaba el botón del ascensor, exactamente el número ocho; varios minutos después las puertas se abrían, sin embargo, él se quedaba allí sin poder mover un solo musculo de su cuerpo.

Poco a poco comenzaba a caer en cuenta, él había enfrentado a Melanie y no se sentía mal por ello. Una sensación extraña y placentera al mismo tiempo recorría su cuerpo, abrazándolo con su calidez y llevándolo a un completo estado de éxtasis. Ese sería el primer día de su nueva vida, no permitiría una humillación más de nadie, no bajaría de nuevo la cabeza por temor o por sentirse inferior a los demás, y tampoco dejaría de luchar por las cosas que desea solo porque alguien se lo prohíba, ese Freddie había quedado atrás. Sin embargo, sus sentimientos y forma de ser no cambiarían, solo sufriría un pequeño ajuste con su fortaleza y temple al momento de tomar decisiones.

Sin darse cuenta había llegado a su cuarto, se quitó los zapatos mientras se deshacía de su sweater y sin esperar más calló sobre sus sabanas en un sueño tranquilo.

Freddie no sabe cuanto tiempo había pasado. Su habitación estaba a oscuras y el silencio era palpable. Un pequeño resplandor proveniente de la luz de la cocina le indicó que su madre no había llegado. Con sus manos buscaba a tientas su celular, cuando por fin lo consiguió abrió sus ojos con asombro, eran pasadas las diez de la noche. ¿Tanto había dormido? Se preguntaba aun aturdido. Sin pensarlo dos veces, Freddie avanzó hacia su cuarto de baño para abrir la regadera. Se deshizo de sus últimas prendas antes de sumergirse en una relajante ducha. Luego secó su cuerpo y al saberse solo paseaba libremente en su habitación, libre de penas.

Buscó en su armario por algo cómodo, hasta que se decidió por un par de pantalones de algodón, no le apetecía dormir tan cubierto esa noche. Estuvo a punto de abandonar la habitación cuando escuchó un ruidito proveniente de su ventana. Al principió el miedo fue participe de las muchas sensaciones que lo invadieron en ese momento, pero luego al distinguir un poco esa silueta no podía hacer más que sonreír y negar con la cabeza sin podérselo creer.

-¿Qué haces aquí Sam? –Preguntó mientras abría la ventana y se apartaba para que ingresara.

-Te dije que una de estas noches recibirías una sorpresa, pues heme aquí –decía la rubia sonriente. –No creas que dormirás temprano, es más, ni siquiera pegarás un ojo hasta el día de mañana a esta misma hora –completó cada frase sin borrar la sonrisa, ella era sorprendente.

-¿Cómo que no dormiré?

-Tendrás el honor de acompañarme a un lugar muy especial –Freddie borraba un poco su sonrisa ante la respuesta.

-Pero mi mamá…

-Tu mamá no se dará cuenta porque ella llegará a tu casa a las ocho, lo sé –decía algo sería. –No montes escusas porque quiero hacer esto contigo, quiero ser yo la que te haga vivir…

Freddie se estremecía ante sus palabras.

-Deja de lado el miedo, solo por esta noche y limítate a disfrutar a mi lado… -ella no apartaba los ojos de ese pozo de chocolate, era imposible ocultar que le parecía atractivo y que había algo en él que le intrigaba.

-¿A dónde iremos? –La sonrisa volvió a los labios carnosos de la rubia, mientras le indicaba con su cabeza que lo siguiera.

-Dejemos algo claro, cero preguntas y confía en mí –decía acercándose al castaño lentamente. -¿Lo harías?

-Con mi vida –susurró con emoción oculta, esa era la verdad.

-Perfecto –ella le tomó la mano.

Por primera vez, no realizó el camino habitual hacia el pasillo y luego al ascensor. Ellos salían por la ventana que daba hacia la escalera de incendios.

-¿Por qué no sal…? –Sam lo miraba alzando una ceja. –Cierto, confiaré… lo prometo.

Bajaron por las escaleras de incendios lentamente, al parecer ella no tenía prisa y él tampoco. Cuando llegaron al estacionamiento, él estaba sorprendido, solo había un coche aparcado. Se preguntó varias veces a donde irían, pero no quería preguntar, ella había sido clara. El viaje en coche duro no más de una hora, de vez en cuando se giraba para mirarla. Sam se veía imperturbable, su rostro estaba algo serio y por lo que podía notar había un poco de emoción ya que no borraba esa pequeña sonrisa que lo dejaba sin aliento.

-¿La playa? –Preguntaba Freddie sorprendido.

-Hmm, sí… -susurró la rubia sonriente. –Hoy verás el amanecer conmigo… por ropa no te preocupes, te he comprado algo.

-Pero… ¿Cómo…? –La pregunta había quedado en el aire, una sonrisa se propagaba por sus labios mientras negaba con la cabeza. –Me siento como si fuera una princesa y tú un caballero…

-Irónica deducción, pero encantada seré tu caballero –las risas no se hicieron esperar. –Ahora vamos, solo faltan cinco horas antes del amanecer y tu, mi querido amigo, experimentarás todo…

Freddie la vio bajarse del coche y luego corretear por la arena hasta llegar a una pequeña caja que había en medio de la nada. ¿Cómo en un lugar así tan solitario podía haber algo así? Mientras bajaba del coche no pudo evitar sorprenderse. La textura de la arena era algo que nunca había experimentado. Su madre es una persona muy maniática, eso le permitió arrebatarle toda posibilidad de vivir como un niño normal.

Dejó escapar un suspiro para luego acercarse a su amiga. Sí, ella era su amiga y en muchos sentidos estaba agradecido por haber llegado a su vida. Se sentó a su lado esbozando una sonrisa, no tenía palabras para agradecerlo todo lo que hacía por él.

-Cuando era pequeña, mi mamá nos llevó a Mel y a mí a la playa. Fue un viaje mágico y algo convencional si me permites admitir –comentaba con la mirada fija en las pocas olas que podían detallar.

No había luna, solo la luz del coche los acompañaba e iluminaba una extensión de ese inmenso lugar.

-Nunca se enteró, pero me escabullí una madrugada hacia el alfeizar. No esperé que alguien me viera, solo me lancé por la fría arena y comencé a correr hacia la orilla… -Freddie la veía sonreír por unos cuantos segundos. –Me quedé allí sentada hasta el amanecer, pero hay algo que no se cumplió y sé que está noche lo haré contigo.

Él fruncía el ceño sin entender.

-Tu y yo nadaremos… -ella comenzó a quitarse la chaqueta y luego la camisa.

-Espera… ¿por qué te desnudas?

-Nadaremos en ropa interior –musitó feliz.

-No puedo acompañarte… yo solo tengo esto –susurraba con algo de temblor en mi voz.

La sonrisa de la rubia se había borrado, era de esperarse que eso la decepcionara. Sin embargo, él sentía tantas ganas de complacerla, que eso lo desarmaba. Intentó decirle algo, pero de sus labios solo salió un grito de asombro. Sam se quitaba el pantalón y mientras fijaba su mirada en la de él, se deshizo del sujetador. Freddie cerraba los ojos con fuerza, no quería mirarla… no deseaba faltarle el respeto.

-Mírame…

El castaño negaba con firmeza.

-Nunca he visto a una mujer desnuda… -balbuceó entrecortadamente. –Yo… yo no quiero faltarte el respeto… mi mamá dice…

-Manda al demonio todo eso, yo no te estoy pidiendo que me veas y mucho menos quiero que pienses que eso es una falta de respeto –susurraba acercándose a él. –Me verás y te veré bajo nuestra verdadera apariencia, olvida el miedo y disfruta el momento. Ahora abre los ojos y quítate esa adorable pieza de algodón y lánzate al vasto océano conmigo.

-No sé nadar –decía abriendo sus ojos.

Por primera vez había fijado su mirada en ella. Estaba sentada sobre sus talones completamente desnuda, percibió un débil sonrojo de su parte, pero se sorprendió al ver que ella tenía razón.

-Deja las escusas y quítate esa cosa… -murmuró divertida.

Con un suspiro, Freddie se deshizo de la única prenda que lo cubría. Sintió como su cuerpo se tensaba y el calor subía por su cuerpo directamente a sus mejillas.

-Sé que no va al caso y puede ser que nadie te lo halla dicho, pero… -Freddie la miraba atentamente. –Eres realmente hermoso, sé que una chica se enamorará de ti y tú la harás completamente feliz. Eres especial y un excelente amigo, estoy feliz de conocerte.

Sam no lo notó, pero le había dado la confianza que tanto necesitaba. Tal vez ella nunca se daría cuenta que fue la causante de su cambio, que ella le había dado fuerzas y que con sus palabras lo hacía ver la vida de una forma diferente.

-Vamos a sumergirnos, yo te mostraré como hacerlo –ella le guiñó un ojo, lo tomó del brazo y avanzaron juntos hacia el agua. –A la cuenta de tres… uno…

-Dos… -susurró Freddie siguiéndola.

-Tres –gritó Sam antes de correr juntos hacia el agua.

Gritaron y rieron cuando la primera oleada fría había chocado contra sus cuerpos. Avanzaron hacia las profundidades y, como ella le había prometido, le enseño lo básico para mantenerse a flote. Nadaron por más de una hora, era sorprendente como podían estar rodeados hasta el cuello de agua helada y no sentir ni una pisca de frío. Pero cuando salieron del agua, Freddie sintió como todo su cuerpo se entumecía.

-Demonios que esta helado aquí –gritaba Sam mientras buscaba algo en su coche. –Toma, sécate… no quiero que Marissa me mate por enfermar a su bebé –dijo al entregarle la toalla.

-Ya te mataría con solo saber que me trajiste aquí –bromeaba cubriendo su cuerpo con la toalla.

-Te creo, puede ser una locura cuando se trata de su bebé –secundó entre risas. –Vamos a encender el fuego, no queremos congelarnos… no esta noche.

5:55 a.m.

-¿Cómo conseguiste estar aquí sin que nos sacaran las autoridades? –La voz de Freddie estaba ronca a causa del trasnocho, pero con un poco de emoción.

-Pedí un permiso especial…

-Eso puede tardar días –la vio encogerse de hombros antes de sonreír. –Lo tenías planeado todo, ¿no es cierto? Eres terrible –murmuró dejando escapar una risita que a Sam le parecía adorable. –Gracias…

-Te prometo que te mostraré cada cosa que no has experimentado… al menos lo que esté en mis manos y que tú desees que participe… -Freddie la abrazaba más fuerte hundiendo su rostro en el cuello de su amiga.

-Hueles extraño… es agradable –murmuró sin apartar su rostro de su cuello.

-Freddie… -susurró la rubia cerrando sus ojos. -¿Qué es lo que más deseas en la vida?

-Muchas cosas… ser libre era una de ellas…

-¿Era?

-Sí, porque gracias a ti ser libre no es un imposible. Nada más mírame –dijo con algo de diversión. –Estoy desnudo, con una chica igual en igual de condiciones y sin otra intención que esperar el amanecer, mi madre no lo sabe y yo ya no tengo miedo –esas últimas palabras las decía con emoción contenida.

-¿Qué más deseas?

-Vivir… ser como cualquier chico…

-Error, eso nunca lo lograrás porque no eres cualquier chico, eres mejor… -Freddie se estremecía al sentir las manos de su amiga en sus piernas, era una caricia desinteresada pero que lo llevaba a la gloría en dos segundos.

-Gra…

-¡Basta! No me agradezcas nada, te lo mereces y punto –ella se separó un poco de su pecho para luego girarse. –Ya está amaneciendo…

Los ojos del castaño se abrían por la sorpresa y la emoción. Él jamás borraría esa imagen de su mente, todo lo que había experimentado esa madrugada quedaría grabado en su ser por siempre y las sensaciones tatuadas en su piel hasta que ya no pudiera recordarlas.

Después de una hora, Sam manejaba hacia un lugar que él no conocía y que pronto descubriría que era la casa de su amiga, Amy.

-Necesitamos una ducha y algo de comida, no querrás morir de hambre en la escuela –dijo entre risas.

-Claro que no. Me caería de maravilla una ducha –admitió el castaño entre bostezos. –Hoy será un día de muerte…

-Lo sé… pero valió la pena ¿no lo crees?

-Más que eso… -admitió.

Después de una refrescante ducha y un desayuno completo, Sam y Freddie llegaron a la escuela. No es de extrañarse que llegaran tarde, después de todo fue un día diferente o una noche en realidad. Ellos mantenían una conversación alegre sobre los planes de ese día, Sam tiene muchas ideas locas y que de cierta forma le gustan al castaño.

-¡Fredward Benson! -–El aludido se sorprendió y luego cerró los ojos con desesperación, su madre lo espera en la entrada y no estaba nada contenta.