¿Amor o Amortentia?
Esa tediosa mañana Vely caminaba hacia el patio de trasformaciones pensando en las insolencias de Draco Malfoy, en las desfachateces de su hermana, en el tedioso y peligroso trabajo que tenía que realizar a escondidas, en los estúpidos celos y amor de Ron que precisamente esa mañana la había obligado a comerse unos chocolates, "mmm los chocolates" pensó, esos chocolates que extraordinariamente le habían cambiado el ánimo y que cada vez que cerraba los ojos le hacían ver el apuesto rostro de un japonés sin que pudiera pensar lógicamente, "Que Bello" se decía así misma, mientras seguía meditabunda sin importarle lo que pasara a su alrededor .
En la lejanía un chico de cuarto año intentaba convertir un banco en un jabalí, la rizada que no se fijaba de lo que pasaba a su alrededor se sentó justo en la misma banca cuando se transformaba en el horrendo animal, el puerco comenzó a chillar incontrolablemente y acto seguido Vely empezó a dar alaridos mientras este corría de un lado a otro dando saltos con ella encima sentada de lado sin saber de donde aferrarse, que hacer o como actuar, se ponía cada vez más roja, del susto, de la ira, del ridículo, mientras todos reían a su alrededor, de repente el jabalí dio un brinco tan fuerte que hizo que la ojimel callera sentada de nalgas en el suelo, apretando sus dientes para no gritar, de repente escuchó un "Finite Incantatem", mientras veía a los lados para ver quien había sido el gracioso que había hecho tal desparpajo, pero sus ojos quedaron fijos en unos negros que la miraban con una encantadora sonrisa mientras le extendía una mano para ayudarla a pararse, sin embargo esta no pudo responder estaba enbobada, el rostro de aquel japonés de perfectas facciones que tenía en frente se llevaba toda su atención era idéntico al chico que había tenido en sus pensamientos momentos antes, se vio reflejada en esos profundos ojos negros que la desorbitaron instantáneamente, su liso cabello desprolijo se venía a su frente dándole un aire de rebeldía, sin duda era apuesto y encantador.
—Disculpa ¿Me permites ayudarte?— preguntó el chico cortésmente aún con la mano extendida y regalándole un seductora sonrisa.
Vely salió de su ensimismamiento tomó la mano del chico y se paró tan rápido que casi pegó su rostro con el del ojinegro, puso una de sus manos en el pecho de este para evitar el golpe y sintió un buen formado torso, que la hizo caer nuevamente en su letargo, acariciaba el pecho sin importarle lo que él pudiera decir o lo que vieran los demás, este sonreía tiernamente ante el gesto de ella y la veía con sus ojos perdidos de ensoñación.
—Mucho gusto soy Luan Le— se presentó cordialmente. –Voy a Historia de la Magia contigo y a Adivinación—.
Vely lo veía encantada tratando de recordar algo, reconoció la corbata de Hufflepuff y supuso que tal vez era cierto pues veía esa clase con esa casa pero no entendía como había pasado desapercibido ese chico ante sus ojos, que justamente ahora era tan visible para ella, adueñándose de sus pensamientos que no le permitían pensar en nada más sino él.
–Entiendo que no me recuerdes, no pierdes tu tiempo viendo para los lados— finalizó el chico con un dejo de aflicción en su voz.
—No, no es eso, disculpa es sólo que… Mucho gusto—.
Valeria apenada le extendió la mano en pos de saludo la cual el chico estrechó con delicadeza.
–Muchas gracias por ayudarme, yo… yo no…—.
Vely se sentía estúpida por no poder pronunciar palabra, ya no recordaba el ridículo que había hecho, él la veía con una dulzura inigualable.
Vely lo vio de arriba abajo como si habían echado un conjuro de amor en ella, para sus ojos él no tenía nada que envidiarle a ningún modelo, era alto, delgado con su cuerpo torneado, ojos negros, cabello liso azabache, con mejillas rosadas tal vez por el sol, llevaba el uniforme puesto sin la túnica, sus pantalones de vestir negros y la camisa blanca con las mangas arremangadas casi hasta los codos y con la corbata desatada por encima de sus hombros, excepcionalmente sexy.
La rizada se abofeteó mentalmente sintiendo que tenía que cerrar su boca para no babear ante aquel adonis.
—Ya es hora de clases… ¿Vamos?—.
Sonrió el extendiéndole su brazo caballerosamente, Vely lo vio con incredulidad, y se aferró a él, pensando definitivamente en que ese podía ser la mayor razón para olvidar, a un rubio y un pelirrojo insoportables.
Definitivamente aquella fue la clase que más disfrutó desde que llegó a Hogwarts, al llegar al salón se sentaron juntos, compartieron sus ideas, rieron tontamente ante las incoherencias dichas por Trelawney, y ambos se perdían por segundos en sus miradas, sin duda alguna y extrañamente se gustaban fervientemente.
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Vely estaba magnetiza con Luan, con sus ojos que la sacaban de la realidad, veía al mundo con una singular belleza, estaba tan ensimismada que no le importaba que su amigo Ron la engordara cada día a punta de bombones y caramelos, que no la dejaban pensar y que la hacían sentir más amor en su corazón, oía el canto de los pájaros, sentía la brisa entrando por la ventana, saludaba con una gran sonrisa a Raquel y todo aquel, lo que dejaba perpleja a la población de Hogwarts.
Unos días después Luan caminaba pacientemente por los corredores con la mirada perdida y soñadora pensando en lo que haría ese día. Había quedado de encontrarse con la rizada en el puente colgante y al llegar allí la encontró sexymente parada contemplando el escenario natural que tenía en frente.
—Hola preciosa ¿Cómo estás?—.
Saludó dulcemente pasando sus manos suavemente por la cintura de la ojimiel cerrándolas en una abrazo y se quedó así un rato viendo el paisaje por encima del hombro de ella, ambos contemplaban el parsimoniosamente las lejanías que estaban más allá del castillo.
—Te amo estoy locamente enamorado de ti— soltó de pronto el japonés volteando a Vely hacia el que lo veía quijotescamente.
—Aaajjááá— contestó dulce con voz alargada, sin importarle de dónde venía aquel sentimiento apresurado.
—Tú me amas también ¿Verdad?— inquirió ansioso.
—Yo… aajjááá—.
Por alguna razón no pudo ser tan espontanea como él, definitivamente esas palabras no salían de su boca, pero para Le ese no era problema esa corta respuesta había sido más que suficiente para él.
—Muy bien entonces eres mi novia— declaró acercando rápidamente sus labios a los de ella y cerrándolos en su primer beso.
A Valeria la inundó un sentimiento placentero, desde luego unas manos ya se habían entrelazado entre su pelo y su cintura. Pero… ¿Cuando Draco había dejado de ser el dueño de sus labios? Y sobre todo ¿Desde cuándo ella había permitido que eso fuera así? En lugar de contestarse esas preguntas, cerró los ojos, igual a como los tenía el chico.
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Sam hablaba animadamente con Theodore mientras caminaban hacia la sala común, era agradable hablar con él, era simpático, sabía escuchar y no juzgaba. Irremediablemente se había encariñado con él, la ayudaba a hacer sus deberes, y ella cuando no estaban a la vista de nadie le enseñaba algunas maldiciones.
Algunas veces lo había encontrado mirándola fijamente, con esos enigmáticos ojos verdes clavados en ella, mientras hacía cualquier cosa, no podía evitar que los colores le subieran al rostro para que él sonriera complacido. Él la había interrogado con un ferviente interés sobre el suceso del baño, Samantha declaró que no tenía comentarios sobre el asunto, más de una vez perdiendo los estribos por la estúpida insistencia de Nott, pero él lanzaba uno de sus comentarios sagaces "Pero si me viste desnudo ¿Cómo quieres que no pregunte?" Allí se quedaba sin argumentos y se iba disgustada.
Pero ese día no había mencionado nada relacionado con el asunto del baño, simplemente hablaban de trivialidades, colegio, amigos, El Profeta, nada importante en realidad, y se había ofrecido a ayudarla a inventar un ensayo de Adivinación. Aquel pergamino, contenía desdichas, muertes, sucesos irreales casi salidos de un libro de ficción, y se suponía que se trataba el estudio de los sueños.
Samantha hacía imitaciones cómicas de la profesora Trelawney, hasta que llegó Malfoy arrastrándola con él.
—¿Qué quieres?— inquirió molesta.
El rubio sintió la cólera colarse por sus huesos, ¿Cómo que, que quería? Estaba claro lo que quería.
—¿Con quién está saliendo tu hermana?—.
El reproche en su voz fue palpable, Samantha aguantaba las ganas de reír, temía que si lo hacía el rubio se enojaría, así que con toda la fuerza de voluntad del mundo lo miró a los ojos con desinterés.
—Con un chino de séptimo, creo que es Hufflepuff o Ravenclaw, no lo sé, lo que sé es que se llama Luan Le—.
Con aquella información Draco salió de la sala común, y estaba segura de que Malfoy quería oírlo de los labios de Valeria.
En las mazmorras Vely salía de la clase de pociones y cerca de allí la esperaba un rubio con el ceño fruncido y los brazos cruzados, lo vio de reojo y siguió de largo, de una u otra manera sabía el por qué de su irritación, y es sólo que ya era oficial que estaba saliendo con el japonés Luan Le y no únicamente eso, sino que también se había alejado de él, se escabulló lo más que pudo para no encontrárselo por los pasillos después que pasó lo del beso y más que eso, no le había dado ninguna explicación.
El ojigris se paró justo después que esta pasó y la siguió por el vestíbulo hasta que la alcanzó.
—¿Por qué sales con ese chino si sabes que me amas a mí?— inquirió el rubio tomando a la chica por un brazo y volteándola bruscamente, esta se soltó en un movimiento ágil y lo encaró.
—Suéltame y es japonés— exigió y aclaró con calma tal vez porque el chocolate que le había hecho llegar Ginny hacía un rato la había armonizado. Sin preguntarse nunca por qué su mente no le permitía pensar en más nada que no fuera Luan, por qué sus sentidos no podían percibir lo que realmente era importante, y sus sentimientos tenían una ardua lucha unos contra otros y aun así eran torpes y aletargados. —Y además por Morgana Malfoy, ¿Qué te hace creer eso?— preguntó acomodándose la mochila con aparente calma.
—Lo sé, lo siento, tu cuerpo, tus ojos no me engañan y mucho menos ese beso que me diste en el baño—.
La agarró por ambos brazos atrayéndola hacia él pegando su frente con la de ella.
—Aff por favor Malfoy eso fue un ataque de locura estaba muy molesta y bueno, canalicé mi ira de esa manera— respondió con visible desinterés.
Aunque en ese momento sus sentires por el rubio estaban ganando la batalla y ni que se comiera mil chocolates podía dejar de sentir la debilidad al tenerlo tan cerca así que pensaba desmesuradamente en Le.
—¡Oh si que conveniente, eso no fue lo que me dijiste!— gruñó, clavando sus ojos en los de ella con total cólera.
—¡Eso no quiso decir que te ame!—.
Se zafó del fuerte agarre del rubio.
–Eso te lo has creado tú solo, lo único que has hecho todo este tiempo es perseguirme, acercarte más a mí cuando lo que yo quiero es alejarme de ti—.
Le espetó Vely rápidamente pero aun así su mente sintiéndose últimamente contraría por esas sensaciones de extremó amor y calma no dejó de sentir ese fiero amor.
"Si pudiera arrancarme el corazón y tirarlo" pensaba; Draco por su parte tenía la mirada clavada en el piso no podía creer lo había escuchado y se hacía un nudo en su garganta.
—¿Entonces por qué… por qué aunque te resistías me dejabas sentir tu estremecimiento cuando estabas cerca de mí, tu respiración, tu maldita y atrayente mirada?—.
Estudiaba su rostro con detenimiento, ciertamente no parecía la misma, su personalidad chispeante y vehemente había desaparecido, su mirada estaba ida cómo si la fueran drogado con algún tipo de poción o estuviera bajo un "Imperio".
—¡Ay por favor ya! Una cosa no tiene nada que ver con la otra—contestó de repente como si eso hubiera pasado ya hace muchos años —Si te amara no estuviera saliendo con Luan ¿No te parece? además lo único que pasó entre nosotros fue ese beso, de resto éramos dos chicos que coincidían y punto, como tú mismo lo dijiste una vez—.
—¿QUÉ TE PASA?— gritó ante su semblante ensimismado.
—Nada, ya déjame en paz de una buena vez—.
Finalizó la conversación dejando a Draco anonadado, sin duda alguna eso era más de lo que se esperaba.
Vio sus ojos idos, esa calmada pelea, esas palabras precisas sin un dejo de falsedad, y sintió que la perdía que era cierto, que todo lo que él había sentido se lo había creado el mismo, que ella estaba enamorada de ese Chino o Japonés como lo había dicho, ella drogada de amor por él, sin importarle lo que pasara en el mundo porque era realmente feliz.
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Estaba parado frente al lago justo encima del muelle contemplando aquel espejo oscuro y profundo que tenía delante de él, sin duda se sentía abrumado, sus sentimientos se arremolinaban en su pecho, miedo, frustración, dolor, ira, eso era lo que más sentía en ese momento, rabia y decepción, se sentía engañado, sentía que había caído en las redes de una falsedad, aunque siempre había sido un hombre duro hasta consigo mismo, se sentía débil, sí, últimamente no era él, estaba muy susceptible, la preocupación de realizar bien su encomendado y la desilusión del amor lo tenían por el piso.
El frío le hizo sentir una lágrimas que bajaba por su rostro y se mezclaba con el agua gélida del lago, lo veía queriendo que esa única gota que se atrevía a derramar se perdiera ahí para siempre, para que nadie supiera de sus debilidades, sentía unas profundas ganas de olvidar esos ojos miel y concentrase exclusivamente en lo que de verdad importaba, pero también se preguntaba que era eso, si en realidad lo que a él le importaba era ser feliz por lo menos una vez en su vida, preocuparse sólo por él y no por lo que pensara su padre y los que lo rodeaban, pero que más daba, en ese momento de su vida en lo que debía enfocar todo su interés era en matar a Dumbledore, hacer feliz al Señor Oscuro, pagar la deuda de su padre, rogar para que lograra derrotar a Harry y lo dejaran en paz, pero por otra parte deseaba que Potter matara esa maldita serpiente de una vez por todas y empezar una vida nueva sin temerle a nada ni nadie, sí, empezar una nueva vida con esa mujer, "Rayos volvió a mis pensamientos" se dijo, pero como no si en un par meses se había apoderado de todo su ser, recordaba todos los mementos que la tuvo cerca como momentos mágicos, aquellos que podían cambiar toda su existencia, le parecía que había pasado hace tanto tiempo y, sin embargo, hacía apenas unas semanas que perdió a su amada. A orillas el lago se entumecía a causa del frío.
—Procura vivir— se dijo.
Respiró profundo sintiendo como el aire le enfriaba sus pulmones, subió la mirada al cielo, "Siéntate, Aguanta el frio y contempla las cosas bellas del mundo" pensó en las palabras de Vely y que ese sin duda alguna era el mejor consejo que le habían dado en toda su vida, y el único que recordaría hasta el final de sus días aunque le fuera doloroso pensar de quien venía.
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Ron los observaba con el entrecejo fruncido, la pareja ahora se encontraba en el Gran Comedor Valeria lo había invitado a sentarse en la mesa Gryff mientras cenaban, la cara del pelirrojo se ponía del mismo color de su cabello al ver la escena de esos dos riendo, ya llevaban unas semanas sentándose juntos, riendo juntos, estudiando juntos, en realidad casi todo lo que podían hacer juntos lo hacían, que podía poner en toda su vida.
—Si sabes que te causa tanto malestar verlos así ¿Por qué lo haces Ron?— inquirió Ginny con fastidio.
—Porque prefiero verla con él que con Malfoy, además mírala se le ve feliz— contestó el pelirrojo viendo nuevamente a la risueña pareja.
—¿Y por qué lo elegiste a él no podía ser alguien menos llamativo?— siguió su hermana viendo el físico del chico.
—¿Acaso no lo ves? Él es perfecto, tiene buen físico, buena apariencia, es inteligente, no tienen nada que envidiarle a Malfoy, no tiene la marca tenebrosa y para ser sinceros tiene unos lindos ojos—.
Al terminar de decir estas palabras Ginny lo vio con extrañeza pero se dio cuenta de que en realidad estaba viendo los ojos de la rizada.
—Si nadie mejor que yo puede darse cuenta de sus atributos. Pero de igual forma ya no me parece justo que le estemos dando "Amortentia" a ambos para que salgan, mejor dejémonos de ese juego antes de que nos descubra y nos lance un Avada— le reprochó ella viéndolo con mala cara.
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Valeria había ido a la habitación de Samantha, hacía días que no notaba señales de vida de la castaña.
Irrumpiendo en la sala común, y entrando con un puñado de niños de primero, caminó como la digna leona que era, escuchando los gritos de los Slytherin's de cursos superiores amenazándola con acusarla con Snape. Sabía perfectamente que irrumpir sin permiso en una sala común era cosa para ser castigada, pero poco le importaba, tenía que ver a esa mocosa cuanto antes, para saber que estaba bien.
Se adentró en la habitación y no observó, sólo escuchó la voz masculina proveniente de algún lado llamando a la castaña, iracunda en ese momento se metió en el baño a ver quién demonios estaba ahí, y para qué Samantha metía hombres a su cuarto.
Se sorprendió al encontrarse sola en la habitación, no había señales de que Sam hubiese estado allí desde la mañana, o que otra persona hubiese estado allí antes de ella. No sabía si se lo había imaginado o lo había escuchado realmente, muchas cosas raras estaban pasando y ya no soportaba que la sofocaran a ella, primero con lo de Draco, luego Harry atosigándola, y ahora escuchaba a hombres inexistentes, definitivamente necesitaba darse un día libre. Salió de la habitación, y cuando escuchó de una Slytherin que Snape estaba en camino casi voló para salir de allí.
Tom no sabía quién era aquella muchacha de cabello ensortijado que había ingresado en la habitación de Samantha, y tampoco le interesaba descubrirlo, lo que le importaba era la integridad del plan, y esa entrometida que había entrado sin permiso podría perjudicarla.
