Oló! Pues ya éste es el último capítulo de éste short-fic! D: Peeeeero…Mañana mismo publicaré otro que ya tengo iniciado. :3 No les cuento mucho de qué será, sólo les adelanto que, obviamente, uno de los personajes será Draco :D
En fin, muchísimas gracias por sus reviews y alerts, son parte importante de mi motivación a seguir escribiendo :D Y pues…Los dejo con el último color… Hasta el siguiente fic! Los quiero!

Violeta

- No lo entiendo. – dijo, después de estar 5 minutos contemplando esa caja color violeta.

- Es muy claro, torpe – le dije con tono autoritario – Es una caja de recuerdos.

- …¿Algo así como un diario, pero de objetos?

- Exacto… ¿Esa pluma tan grande, de qué será?

- …Bueno, en los libros de papá habla de los pegasos. Parece una pluma de un ala de ellos.

- Te la pasas en sus libros.

- Tú también.

Solté un bufido y decidí ignorarlo, mientras nuestros ojos gris hielo se posaron en los extraños objetos de la caja: la gran pluma rojiza, un palito de paleta teñido de un leve tono rojizo, una vela que se veía algo vieja, un trozo de pergamino amarillento, un listón verde ya un poco desteñido por el tiempo, dos listones de "Premio Anual" de Hogwarts, un arrugado folder azul donde se alcanzaba a leer un recado con la letra de mamá, un trozo de tela añil idéntica a la tela de un vestido de mamá, y una bolsita que tenía un papelito que decía "empate" y dos rizos rubios, uno amarrado con una cinta rosa y otro con una cinta azul. Rizos de mi hermano y míos.

- Mira – dijo él, tomando unos papeles del fondo de la caja.

Un papel era un dibujo hecho con tinta azul añil, de un cielo al anochecer. Parecía un borrador. Me recordó vagamente al bonito cuadro cambiante que estaba en la habitación de nuestros padres.
Otro era una foto recortada de un periódico: Se veía el cielo, surcado por un dibujo verde de una calavera con una serpiente. Mamá nos había explicado qué era: la Marca Tenebrosa, la misma que papá tenía levemente marcada en la muñeca izquierda.
El último papel era, en realidad, una foto: se veía a un adolescente rubio, de facciones finas, desayunando en el comedor de Hogwarts. Tomaba el vaso de jugo de calabaza, miraba a la cámara como si lo estuviera irritando, y terminaba por darle la espalda.

- …Es papá. – susurró mi hermano.

- Diablos, Scorp… – miré fijamente la fotografía y luego a él - … es idéntico a ti.

Mi hermano me miró, satisfecho. Le encantaba que le dijeran que se parecía a papá. Y vaya que era idéntico a él: en físico, en carácter…En todo.
En cambio yo, yo era una mezcla rara. Había sacado las facciones de papá, el cabello rubio y los ojos grises, pero mis rizos desordenados y mi carácter definía bastante bien quién era mi madre.

- Vamos, Lyla… - dijo él, adivinando mis pensamientos, como siempre -… No podías salir idéntica a papá: mamá tenía que ganar en algo, y fue en tí. Además, tú eres hermosa.

- Ayer no decías lo mismo.

- Ayer me estabas molestando mientras leía. Tenía que callarte de algún modo, hermanita. Puedes ser bastante molesta. Hermosa, pero molesta.

- Sólo contigo, hermanito.

Él entrecerró los ojos, igual a como lo hacía papá cuando mamá le ganaba en alguna discusión, lo que ocurría muy seguido.
Sonreí, mientras cerraba la caja violeta y la volvía a poner bajo la cama de nuestros padres.
Scorpius siempre sabía ponerme de buen humor, por más de malas que yo estuviera.


Dos pares brillantes de astutos ojos grises nos veían desde la ventana del vagón. Sentí un retortijón de alegría en el estómago.

- Cuídense mucho – les dije – No se metan en problemas, y no olviden escribir.

- No te preocupes mamá – dijo Lyla, sonriente.

- Scorp – le dijo Draco a nuestro hijo – cuida de tu hermana.

- Ella puede cuidarse sola – dijo él, jalándole un rizo a su hermana mientras nos dedicaba una sonrisa torcida, que me recordó a una de la cual me había enamorado.

Reímos. Y justo en ése momento, Lyla levantó su cámara instantánea y nos tomó una foto.
El tren comenzó a moverse.

- ¡Así no los extrañaremos tanto! – dijo ella a modo de despedida.

Se me hizo un nudo en la garganta, y sólo pude sonreír mientras el Expreso de Hogwarts se alejaba, con dos de mis tres tesoros en él.
Volteé a ver a Draco, que tenía una gran sonrisa y miraba cómo el tren desaparecía en el horizonte. Entonces, volteó y me miró con ésos ojos de mercurio líquido.

- Te amo, Hermione Granger.

Reí, mientras lo abrazaba.

- Y yo te amo, Draco Malfoy.

- ¿Aunque hayas perdido ése caso contra mí?

- No lo perdí.

- Tampoco ganaste.

- Nadie ganó – finalicé - ¡Son mellizos! Nacieron al mismo tiempo, así que ambos ganamos y ambos perdimos.

- Pero en lo de la casa a la que irían, si te gané. - canturreó.

Lo miré con los ojos entrecerrados: mis hijos, ciertamente, no habían quedado en Gryffindor.

- Hummm… – musitó él, y supuse que cambiaría el tema por temor a mi enojo - …Ésa foto que tomé de ellos desayunando en la mañana irá directo a la caja de recuerdos: los primeros descendientes Malfoy que no son hijos únicos.

Sonreí, dejando el tema por la paz y recordando la caja violeta bajo nuestra cama.

- Grandiosa idea.

- Como todas mis ideas.

Reí, y lo besé mientras él enroscaba sus brazos en mi cintura, apretándome contra él y haciendo que se me olvidara hasta dónde estaba parada, como sólo él sabía hacerlo.


- Una para ti y una para mí. Guárdala ahora mismo en tu caja, no se te vaya a perder.

- Deberías confiar un poco más en mí y relajarte, hermanita. – le dije, sonriente, mientras tomaba de su mano la foto de nuestros padres riendo.

La observé mover su varita y aparecer dos cajas color violeta. Una me la dio y otra se la quedó.

- No entiendo por qué quieres que tengamos cajas separadas, Scorp.

- Porque puede que yo quiera guardar recuerdos distintos a los tuyos, Lyla.

- Además, ¿Por qué violeta? Siento que les copiamos la idea.

- Es que se la copiamos – la corregí, guardando mi foto en mi caja mientras sentía su mirada reprobatoria posada en mí – no hay por qué negar lo obvio. Además, ¿Por qué no violeta?

- Pfff… – bufó – Eres un cínico, Scorp.

- Lo sé, soy un encanto.

Miré a mi hermana, menor por sólo dos minutos, desaparecer de nuevo ambas cajas con un movimiento de la varita. Mi hermana era una bruja extremadamente buena. Apenas en su tercer año, ya sabía hacer encantamientos muy avanzados.

- Bien – dije, acomodándome la corbata verde y plata mientras veía mi reflejo en el cristal del vagón – espero éste año sea más provechoso que el anterior.

- Lo será si no te metieras en tantos problemas – dijo ella, mirando por la ventana.

- Yo no me meto en problemas, ellos me buscan – dije, tomando mi libro para continuar mi lectura sobre criaturas fantásticas – deberías hacerlo más seguido. Es divertido.

Lyla Malfoy me miró severamente, justo como lo hacía mamá. Yo decidí ignorarla, mientras me acomodaba un mechón rubio.

-Mamá dijo que no nos metiéramos en problemas.

- ¿Ah sí? – dije, mientras buscaba la página en mi libro – Yo no la escuché.

- Claro que sí.

- No, porque no le respondí nada.

Lyla me miró, molesta. Y yo le sonreí, como papá le hacía a mamá.

- Venga Lyla, eres más bonita cuando ríes.

Mi hermana no pudo evitar soltar la carcajada.

- Eres un peligro cuando eres encantador, Scorpius Malfoy. Papá estaría orgulloso de ti.

- Tú también lo eres, hermanita. Sólo que aún estás en desarrollo. Ser menor que yo por dos minutos tiene sus desventajas. Pero vas bien.

Ella me lanzó una última mirada risueña, y se concentró en apapachar a Crookshanks, el cual me miró con desdén.

- Tu gato me odia.

- Es porque te pareces mucho a papá – dijo ella, acariciándole las orejas – además, no es un gato…

- Lo sé. Papá me lo explicó con uno de sus libros – le dije orgulloso.

- Hummm…De todos modos, tu serpiente también me odia – dijo ella, mirando hacia una pequeña jaula a mi lado y arrugando la nariz.

Yo simplemente reí, mientras miraba a mi serpiente verde, que clavó sus brillantes ojillos astutos en mí.


Observé sus ojos chocolate pasear por encima de nuestra colección de recuerdos esparcida en nuestra cama.

- Son hermosos.

- Obviamente. Todos me recuerdan a ti.

- Y a mí me recuerdan a ti. – le susurré.

La miré, y ella sonrió. ¡Merlín! El efecto de su sonrisa en mí no había cambiado en nada en todos estos años.

- Nuestro pedazo de tiempo, guardado en una caja violeta.

- Cielo… – dijo ella, comenzando a guardar las cosas – ¿Por qué violeta?

- Es el único color que faltaba para que fuera nuestro pedazo de arcoíris.

Ella miró de nuevo los objetos, ya en la caja. Lo meditó un instante, y sonrió.

- Es verdad.

- Además, nuestros hijos se ven maravillosos en sus uniformes verde y plata.

Mi castaña me miró molesta: ella siempre había querido que ellos fueran a Gryffindor. Pero bueno, hay cosas en las que los Malfoy siempre ganarían.

- Eso no tiene que ver nada con el tema que teníamos.

- Lo sé, pero quería repetírtelo. Me gusta tu cara de enfado cuando lo digo.

- ¡Draco! – me dio una palmada en el brazo – eres muy molesto a veces.

- Obviamente. Y regresando al tema… - coloqué dentro de la caja la foto de nuestros hijos desayunando – …nuestro arcoíris está terminado.

Miré las otras dos fotografías pegadas en la tapa de la caja: una era de nosotros brindando en nuestra boda. En segundo plano se veían, brindando, a sus padres y a los míos, también a Zabini con su novia, a Potter con la chica Weasley, y a su molesto hermano con Lovegood. Nosotros, con las copas en la mano y riendo a la cámara, éramos el centro de la foto.
La otra, mi favorita, era de sólo nosotros dos, en nuestro último año de Hogwarts, sentados en la biblioteca, leyendo en silencio, compartiendo solamente el susurro de los libros.

- Acepto que ésa Weasley se ganó una galleta al sacar ésa foto de nosotros en la biblioteca.

- Yo le pedí que lo hiciera.

- Y el hecho de que te obedeciera hizo que se ganara otra galleta.

Ella rió. La abracé, y sentí cómo recargaba su cabeza en mi pecho.
Completamente relajado, cerré los ojos y me dispuse a dormir, pensando en mis hijos y en ella.

El arcoíris, al fin, estaba completo.