La sonrisa y el espejo

...por Fargok

Summary: Y a pesar del dolor de cabeza, Harry sintió una sonrisa ligera formarse en sus labios mientras, sentado en el aula de transformaciones, oyendo sin escuchar a la profesora, recordaba el incidente. HPxDM. Slash.

Disclaimer: Ya todo el mundo sabe que Harry Potter no me pertenece a mí, joder.

Notas: Ah, felicidad. Cuando empecé este fic apenas y habíamos terminado la orden del fenix. Así que hay una especie de ruptura temporal, un poquito de clichés del fandom (sobre todo en el personaje de Draco) y diversión asegurada. Y arcoíris muy gay =D.

Advertencia: El siguiente fic trata temática Slash, que quiere decir que hay relaciones entre dos muchachos, hombres, varones, masculinos. Si este tipo de situaciones te molesta, por favor no sigas.

VII – Las serpientes no lloran

Harry se recargó en la pared, esperando. Sus dedos se movían nerviosos en su capa. Sabía lo que estaba a punto de hacer y los nervios eran latentes.

Harry Potter, el niño que vivió, había pasado por muchas cosas. Había luchado contra el mismísimo señor de las tinieblas y había salido airoso más de una vez. Había rescatado a un prófugo de la justicia, luchado contra terribles criaturas, volado en medio de tremendas tormentas… había visto y hecho un montón de cosas que ningún muchacho de su edad, mago o muggle, apenas se imaginaría.

Pero a sus dieciséis años, Harry Potter había besado a una muchacha y hasta ahí. Nunca había sobrepasado de eso. Y estaba a punto de hacerlo.

Su respiración agitada y el sudor frío eran señas físicas de su nerviosismo. De pronto, la puerta de la sala común de Slytherin se abrió y Draco sacó la cabeza.

—No hay moros en la costa; ven. —dijo.

Harry entró a la sala común de Slytherin. Ya había estado una vez ahí, aunque Draco no lo sabía. Se preguntaba que cara pondría si se enterara. En efecto, no había ni un alma en el lugar. Draco guió al moreno hacia los dormitorios de los de sexto, que no eran muy diferentes a los de la sala común de Gryffindor, aunque eran mucho más oscuros y fríos, y, desde luego, de color verde y plata.

Aún era muy temprano y todo el mundo estaba en Hogsmeade, excepto los de primero y segundo. Draco le indicó con un movimiento de cabeza cual era su cama y Harry se sentó en ella.

—Ponte cómodo —le indico Draco.

—Er… —Harry se sentía muy raro. Estaba a punto de perder la virginidad por el que fue su peor enemigo durante años, en su lugar menos favorito en Hogwarts, inmediatamente después de la mazmorra de Snape y la Cámara de los Secretos.

—No te preocupes. Todas las personas que duermen en esta habitación están en el pueblo.

—No es eso, sólo que…

—¿Qué Potter?, ¿me vas a salir con que eres virgen? —El silencio lo decía todo. Draco miró a Harry con los ojos muy abiertos, mientras el otro miraba sus zapatos— ¡No!... ¿Eres…? —Harry estaba ruborizado. Draco soltó una carcajada— ¡No lo puedo creer! El niño que vivió… el chico dorado… ¡un santurrón! Y pensar que todas las mujeres que conozco matarían por follarte…

—¡No soy tan especial!

—Por Dios, Potter… ¿cómo no te das cuenta? Eres jugador de Quidditch, eres guapo, eres famoso, eres rico… ¡cualquiera quisiera tenerte en la cama!

—Pero nadie lo ha hecho, ¿ya? —a Harry esa conversación le estaba pareciendo muy incómoda.

—Bueno, creo que seré el afortunado primer lugar —Draco sonrió maquiavélicamente. Su orgullo estaba por los cielos: él desvirgaría al más codiciado de los alumnos de Hogwarts. Su colección ahora estaría completa.

—¿Y qué te hace pensar eso?

—Por algo estamos los dos aquí, en esta habitación, completamente solos —a cada palabra, Draco se acercaba más a Harry, hasta que éste pudo respirar su aliento.

Draco besó a Harry, no con ternura sino con una tremenda lujuria. El hecho de que Harry fuera virgen hacía las cosas más interesantes. Pronto la camisa de Potter estaba tirada en el piso y Draco se abalanzaba sobre su pecho. De pronto, escucharon pasos. Harry se quedó helado, Draco lo empujó y lo tiró al suelo, haciendo que Harry se golpeara la cabeza.

—¡Eres un idiota, Malfoy!

—¡Calla! —ordenó Draco— Escóndete debajo de la cama, ¡pronto!

Harry rodó hasta quedar bajo la cama. En ese momento entró Crabbe seguido de Goyle.

—¡Oh! Son ustedes… —dijo Draco, arrastrando las palabras.

—Pansy está como loca buscándote —le informaron los gorilas—, dice que desapareciste en Cabeza de Puerco… ¿qué hacías ahí?

—Nada, Vincent… estaba buscando a alguien cuando nos encontramos con Potter y su séquito, Pansy empezó a pelear pero yo no tenía ganas de perder mi tiempo con esa escoria y regresé.

Los gigantescos compañeros de Draco se sentaron en la cama bajo la cual yacía Harry, tratando de no respirar fuerte. Potter miró su camisa, tirada en el suelo, y ahí mismo su brillante corbata de Gryffindor, que, dorada y roja como era, llamaba mucho la atención en la alfombra verde. Sin embargo, Crabbe y Goyle no parecía darse cuenta de nada.

—¿Hiciste ya el ensayo para Snape? —dijo Goyle.

—Lo haré esta noche; es sencillo —Harry soltó una exclamación. Lo había olvidado por completo: Snape les había dejado un ensayo de cincuenta y cinco centímetros sobre la utilidad de la mandrágora en la realización de pociones reductivas y lo había olvidado por completo.

—¿Qué fue eso? —dijo Crabbe. Harry se tapó la boca.

—Fue tu enorme trasero haciendo rechinar la cama, Vincent —soltó Draco—. Háganme un favor, ¿sí? Vayan a las cocinas y traigan algo de comida; me muero de hambre.

—Sí, Draco.

—Ahora vamos.

Harry vio los enormes pies de los gorilas caminar pesadamente y salir del dormitorio. Draco asomó la cabeza.

—¡Sal! —con dificultad, Harry salió de su escondite— ¿Te diste cuenta? —preguntó Draco con una maliciosa sonrisa en la cara— "Sí, Draco"… ¡ese par se tiraría a un puente si se los ordenara!

Harry levantó las cejas.

—¿Pero por qué?... ¿Qué les das a cambio?

—Protección —dijo Draco.

—Pensé que ellos te protegían a ti…

—Físicamente hablando; pero yo tengo influencias en el mundo mágico que no te imaginas, Potter. Mi padre… —Draco se detuvo en seco. Su padre estaba en prisión. Lo que siguió fue un silencio bastante incómodo.

—Yo… —Harry se sentía obligado a decir algo— Yo… lo siento.

—¿Qué sientes, Potter? —Draco estaba hablando a la defensiva, como siempre.

—No debí decir nada sobre tu padre —Draco miró hacia otro lado, ceñudo—. Yo… no lo sé, no pensé que te afectara… Estaba acostumbrado a verte como un ser… como alguien no humano. Nunca se me hubiera pasado por la cabeza que… que te afectara lo de el señor Malfoy… pero entiendo que lo quieras, porque es tu padre, pero…

—Yo no quiero a mi padre —escupió Draco. Harry lo miró perplejo—. ¿Tú querrías a alguien tan débil como él?... ¡Siempre me ha dicho que debo ser el más fuerte y nunca flanquear ante nada, pero él se echa al piso y le lame los pies a ese… a esa cosa!

—¿A Lord Vol…? —Harry se detuvo— ¿A quién-tu-sabes? —Draco se estremeció, pero no de terror, sino de asco.

—Yo nunca me voy a poner bajo la túnica de nadie —dijo Draco con frialdad— por un poco de poder. No necesito de eso; los demás están bajo de mí, como ese par de gorilas súper desarrollados.

—¿Qué no son tus amigos?

—¿Amigos Potter? —dijo Malfoy— Las personas no son amigos o enemigos. Son personas que puedes usar o que te pueden estorbar. Así es la vida.

—¡Claro que no! —soltó Harry— Los amigos son más que eso; son las personas que te dan fuerza cuando…

—No quiero escuchar tus cursilerías Gryffindor, Potter —gruñó Draco—. Ahora será mejor que te vayas antes de que regresen.

Harry, con la camisa puesta de nuevo, caminó hacia la puerta de la sala común de Slytherin. Su mente era un lío y lo fue aún más cuando Draco lo besó antes de que saliera. Draco Malfoy había sido un asunto sencillo de su vida hasta la semana pasada. Era su enemigo, el hijo de un mortifago y un monstruo que nadie extrañaría si se fuera; pero de pronto Harry había podido sentir su sufrimiento, había compartido, de cierto modo, lágrimas con él. Draco Malfoy era ahora un misterio enorme.

Primero se había comportado amable, cordial y hasta cariñoso con él. Habían empezado a usar sus nombres de pila y casi, de no ser por la interrupción, habían tenido sexo. Y de pronto el verdadero Draco —o, por lo menos, el que ya conocía— se volvía a materializar frente a él. Harry no estaba seguro de qué pensar o hacer, pero no podía sacarse al hurón de la cabeza.

Cuando Harry llegó a la sala común ésta estaba casi desierta, excepto por un par de niños de primero y por sus amigos, Ron y Hermione. La castaña lo miraba con los brazos en jarras.

—¿Dónde estabas? —chilló— ¡Si te ibas a escapar con Malfoy nos pudiste haber avisado! —Harry no respondió— ¿Qué te pasa?

—Tengo… muchas cosas en qué pensar. —dijo y se dirigió a los dormitorios. Ron lo siguió.

—¿Te hizo algo el hurón? Porque si es así yo me encargo de darle…

—Ron, de verdad quisiera estar solo un momento.

—¿Te hizo algo?

—¡No! Yo estoy bien… Voy a descansar… necesito pensar.

Harry subió hacia el dormitorio de chicos, que, afortunadamente, estaba vacío. Y se acostó boca arriba en la cama.

Draco Malfoy era un misterio y ahora él, su gran enemigo, estaba preocupado. Siempre había pensado que Malfoy era una mala persona… pero no era un mortifago; "El mundo no se divide en buenas personas y mortifagos", le había dicho Sirius una vez.

Harry nunca hubiera podido imaginar, en más de cinco años, la cara de Malfoy llorando, pero ahora esa imagen no salía de su cabeza… "Tal vez," pensó Harry, "su vida no ha sido tan sencilla".