Kaizoku estaba cansado. Llevaba todo el día intentando mejorar su magia con el libro de arcanos, pero era imposible. Antes, el que le enseñaba era el Capitán Rockfeller, pero… Ahora no estaba aquí.
Si quería salvar a su familia tenía que mejorar en todos los aspectos que pudiese. Eso es lo que Brennan le había dicho. ¿Cómo iba a aprender algo él solo? Pues estudiando el libro de arriba a abajo.
Jugaba con la ventaja de que ya conocía tres hechizos esenciales para la magia de viento que caracterizaba a los arcanos. Fester creaba tifones que se tragaban todo a su paso. Por supuesto, la fuerza del tifón dependía de la energía que el arcano ponía en el hechizo, en el caso de Kai bajita. Painflare era una masa verde de viento que era ideal para empujar cosas o personas lejos. Por último, Summon creaba un enorme espíritu que podía defenderlo de cualquier cosa. El problema de Summon era que le chupaba demasiada energía vital, y acababa muy cansado después de usarlo. Solía ser útil en situaciones extremas, pero no era muy eficaz para una batalla larga.
¿De verdad iba a ser eso suficiente para luchar con lo que se le pusiese por delante?
Entró a su camarote después de cenar. Su libro estaba en el suelo. Probablemente Kuria había estado cotilleando cuando le mandó a por sus cosas, pero tampoco iba a montar una escenita ahora. No era su estilo.
Se agachó a recogerlo, cuando se fijó en la página por la que estaba abierta. Era un hechizo que no conocía y del que Dwayne jamás le había hablado.
Se tumbó en su cama, y comenzó a leer con curiosidad.
"Summon 1"
Volvió las páginas hasta llegar al hechizo que había estado usando hasta ahora. Tenía un pequeño tres al lado del nombre que no había visto antes. ¿Entonces esta era una versión más básica del Summon?
Leyó por encima el hechizo y parecía ser exactamente eso.
- Te da la habilidad de crear una criatura hecha de maná que luche a tu lado. Dependiendo del tipo de arcano aparecerá un tipo de criatura u otra. Más información pie de página.
Sus ojos pasaron al final de la hoja y leyeron las pequeñas letras que venían abajo del todo.
"Emerald Carbuncle - Arcano
Garuda Egi - Summoner
Eos - Scholar"
Frunció el ceño, confuso. ¿Diferentes tipos de Arcanos? ¿Y eso qué significaba? ¿Qué tipo era él? ¿Cual era la diferencia entre los tres?
No entendía nada, y nadie podía explicárselo. Era irritante.
Dobló la punta superior de la página para probar el hechizo mañana, dispuesto a dormirse. Pero no podía. Era imposible. Tenía mucho que hacer, y su cabeza no le daba descanso.
Se levantó a duras penas, pensó unos instantes y acabó decidiendo que se daría un baño. Seguro que eso le relajaba.
Agarró ropa limpia del cajón, apagó la luz y abrió la puerta.
Justo entonces la puerta de delante se abrió a la vez, revelando a un castaño con rostro confuso. Kuria y Kaizoku se quedaron mirando unos minutos. El pirata bajó la mirada hasta las manos del chico. Traía un papel.
- ¿Y eso? -Preguntó directamente.
- Tenemos que hablar. -Fue su única respuesta.
"Querido Capitán:
¿Cómo lo has adivinado? ¿O quizás es que cierta miqo'te te lo ha chivateado? Repetí miles de veces a la chica que lo mantuviese en secreto, pero es irremediable. Recuerdo cuando me contó lo tuyo y lo de tu querido amorcito con todo detalle. Estoy segurísima de que no te hizo tanta gracia, vejestorio. Igualmente, tampoco es como si fuese un gran secreto, pero… ¿Seguro que eso es lo que estoy preparando?
Puede que luego te lleves una decepción. Es todo lo que diré al respecto. Luego no vengas llorando. Incluso si me ruegas una disculpa no te la daré, que ya te he avisado.
Griddy me ha dicho que los Rockfeller han estado ocupados últimamente, ¿no? Océanos misteriosos, tesoros increíbles… Hace mucho que no surco los mares.
Últimamente he decidido centrarme más en mi familia, ¿sabes? Y no querría que fuese de otra manera, a decir verdad.
Eso es todo lo que quería decir, espero que hayas captado mi mensaje y no hayas perdido esa inteligencia que te caracteriza con tanta aventura.
Besos,
Moeru Taiyou."
Kaizoku levantó la vista del papel. Miró a Kuria con expresión cansada, mientras el chico le devolvía la mirada, ansioso.
- ¿Y bien?
- Um… -El pirata dudó. -¿Has estado robando cosas de la sala del capitán? La cual tenías prohibida la entrada, por cierto.
- ¡NO! O sea, sí, viene de ahí, pero… ¡No es eso! ¡Moeru! ¡Moeru Taiyou!
- … ¿Qué pasa?
- ¡ES MI ABUELA! -Kaizoku abrió mucho los ojos. -¿Qué relación tiene mi abuela con este barco?
- ¿EH? ¡Y YO QUE SE!
- ¡PERO TÚ ERES EL CAPITÁN! ¡LA CARTA VA PARA TI!
El pirata frunció el ceño.
- ¿PERO NO VES QUE DICE VIEJO? ¡ESTÁ CLARO QUE ESTA CARTA NO ES MÍA!
- ¿Y DE QUIÉN ES?
Hizo una pequeña pausa.
- Ah. Probablemente sea del capitán. -Kuria levantó una ceja. -El antiguo capitán. Bueno, el verdadero capitan.
- ¿No eres el verdadero capitan?
- No.
- Oh.
Kaizoku se guardó la carta en un bolsillo. El castaño extendió la mano, pero el pirata se la agarró.
- Esta carta es de mi capitán. No tienes permitido entrar o tocar nada de su sala, ¿queda claro?
- ¡Pero la ha escrito mi abuela! -Se soltó de un manotazo. -Tengo que saber que significa esto.
- ¿No querías desaparecer y olvidarte de casa?
- Sí, pero… Esto es distinto. -Hizo una pequeña pausa. -Me preocupa la última frase.
Kaizoku ladeó la cabeza, y sacó de nuevo la carta.
- ¿Eso es todo lo que quería decir, espero que hayas captado mi mensaje y no hayas perdido esa inteligencia que te caracteriza con tanta aventura? -Leyó en voz alta. Kuria asintió.
- ¿No suena extraño? De hecho, la carta en sí es muy rara. ¿De qué está hablando? ¿Sólo envió una carta para decirle eso?
- Puede que hablasen mucho por carta.
- No lo creo.
Se quedaron en silencio. Pensando. Tras un par de minutos, por fin el pirata suspiró y le extendió el papel.
- Está bien, Kuria. Pero me vas a devolver la carta antes de bajarte. Tienes hasta entonces para leerla y releerla tanto como quieras.
- ¿Y puedo buscar más cartas?
- No. -Kaizoku se cruzó de brazos. -La sala debe quedar intacta hasta que vuelva el capitán.
- El Capitán… Es el Capitán Dwayne Rockfeller, ¿verdad? -Kuria frunció el ceño. -¡Lo capturaron hace meses! Lo más probable es que esté muert-
Se quedó mudo, con espalda contra la pared del barco del susto. Kaizoku había dado un puñetazo justo a la derecha de su cabeza. Tenía el papel bien sujeto sobre su pecho por si al pirata le daba por quitárselo de nuevo. Sin embargo no fue el caso.
- No. Está. Muerto. -Arrastró las palabras.
- V-Vale. -Murmuró Kuria.
- No puedes entrar a la sala.
- Vale.
El pirata no dijo nada más y se fue por los oscuros pasillos. Kuria se le quedó mirando, sin poder moverse. Miró la carta que apretaba con fuerza, y de nuevo al ahora vacío pasillo. Después de cinco minutos volvió a su camarote.
Tenía razón. El baño le vino ideal para irse a la cama. Antes de que se diese cuenta el pirata, ya era de día. Se levantó temprano para ir a ver como iba el barco. Hizo un par de maniobras con el diseño nuevo de manejo de timón, y se aseguró de que mantuvieran el rumbo a Limsa Lominsa. El día estaba soleado e ideal, pero por culpa de esto se movían lento.
- Ugh… -Suspiró. -Si esto sigue así… Tardaremos mucho.
No le dio muchas más vueltas. Si veía que no hacía viento siempre podía hacer algún truquito él mismo. Se dirigió a la cocina para preparar el desayuno, pero se dio cuenta de que ya había alguien ahí.
- ...Buenos días. -Murmuró Kuria. Ni siquiera le dedicó una mirada. Kaizoku tragó saliva.
- Buenas.
Se acercó a las cajas con provisiones, donde estaba el chico. Ahora si que le miró pero de mala forma.
- ¿Qué haces?
- Bueno… Me toca hacer el desayuno.
- Ya lo estoy haciendo yo, ¿no lo ves?
- Kuria me toca a mi. Aparta.
- ¿Oh? ¿O qué? ¿Le darás un puñetazo a las latas?
De nuevo, era como si rayos salieran de los ojos de ambos chicos. Un Moguri adormilado los observó desde la mesa, esperando su comida.
- ¿El pirata te ha pegado, kupó? -Kaizoku vio perfectamente como de sus patitas peludas salían uñas afiladas.
- No. Tranquilo, Limo. -Kuria le sonrió, antes de poner esa cara de amargado otra vez.
El pirata soltó lo que tenía en las manos, suspiró y volvió a dirigirse hacia la puerta. Tenía los ojos de Kuria clavados en su nuca, y podía sentirlo incluso sin mirarlo.
- ¿No vas a comer? -Lo oyó.
- No.
Y se marchó. Justo al salir se encontró con Grace, que lo esquivó grácilmente antes de que la golpeara con su hombro.
- Buenos días a ti también. -Dijo la chica, pero la ignoró.
Que habilidad para ponerlo de mala hostia desde tan temprano.
Saltándose el desayuno, decidió sentarse al lado del timón con su libro. Era hora de practicar el maldito Summon 1. Primero había que crear una pequeña bola de energía, y luego darle la forma que desease.
¿Pero qué forma tenía que darle a la criatura? No sabía lo que era ninguna de las tres cosas nombradas al pie de la página, y por mucho que rebuscase en el libro no encontró ninguna foto.
Quizás no tenía que visualizarlo, como con el Summon 3. Sólo… Hacer la bola y ya.
Probó a concentrar energía en un punto. Era difícil mantenerla en un lugar solo, y que no se dispersarse por todas partes. Le llevó varios intentos crear una esfera irregular y mal hecha.
Bien. Pero… ¿Y ahora qué? Era inútil. En tan solo cinco segundos toda la energía se liberaba. Se dio con el libro en la cara. Imposible. Imposible. Imposible.
Levantó la vista al timón, y suspiró.
¿Tan inútil era sin Dwayne aquí? ¿Qué es lo que le diría su capitán…? Cerró los ojos, sintiendo el calor del sol en su rostro.
Si era un Summon básico… Debería ser capaz de hacerlo. Era como el Summon 3 pero en miniatura, ¿no?
Abrió los ojos.
- En miniatura… -Murmuró, mirándose las manos.
Es cierto. ¿Qué pasaría si visualizase al Ifrit-Egi, la criatura de Summon 3, pero en miniatura?
Juntó la yema de sus dedos, y separó lentamente las manos con el libro en el regazo. Cerró los ojos y se concentró. Haría la bola lo más perfecta que pudiese, y visualizaría a Ifrit-Egi. Quizás así…
Una vez sintió el calor de la energía irradiar entre sus manos, despegó los labios.
- SUMMON.
Abrió los ojos, pero tuvo que cerrarlos casi al instante. La bola de color verde mentolado se volvió un azul brillante, que casi le cegó por completo.
¡Lo había conseguido! ¡Algo había aparecido! Sentía presión sobre el libro, y lo retiró rápidamente para que no se manchase.
Cuando la luz se disipó, abrió los ojos. Esperando encontrar a un mini Ifrit.
No fue el caso.
Kuria estaba que echaba humo. En toda la mañana no dejó de quejarse del capitán del barco, y de lo antipático, cabezota y chulo que era. Limo seguía añadiendo leña al fuego, añadiendo muchos más adjetivos hirientes, y la pobre Grace asentía intentando calmar la situación.
Llegó la hora del almuerzo, y Kaizoku no apareció. Era el colmo.
- Quizás debería llevarle algo… -Señaló la chica con un suspiro. -Tu mismo lo has dicho, es muy cabezota, y seguro que no va a venir a comer.
Kuria frunció el ceño. Grace no debería verse envuelta en una discusión entre él y el estúpido capitán. Soltó un gruñido y llenó un plato con patatas asadas que había preparado la chica.
- Yo se lo llevo.
- Por favor, no os peleeis de nuevo. -Murmuró ella sirviendole otro plato a Limo.
- ¡Si te hace algo grita, kupó!
Kuria asintió y salió en busca del idiota. Y ahora… ¿Dónde estaría?
Antes de poder pensarselo, algo llamó su atención. Una brillante luz azul que venía de la otra punta del barco. Bueno, si no estaba allí, al menos encontraría algo interesante.
Se acercó lentamente, y a mitad de camino la luz desapareció. Entonces, oyó la voz del capitán que se puso en pie de inmediato.
- ¿Q-Qué demonios es esto?
Aumentó el ritmo. ¿Qué era qué? Le daba muchísima curiosidad.
Subió las escaleras hasta dónde se encontraba el timón y fue cuando lo vio. Era una especie de… ¿Zorro? Quizás esa no era la palabra. Era un animal pequeño, con grandes orejas. Iba a cuatro patas, y tres colas salían de su trasero.
La peculiaridad era que… Brillaba. Era de un color azul cielo, y de su pelaje salía una tenue luz, como si se tratase de un espíritu. En su frente tenía incrustada una gema de color rojo.
- …¿De dónde ha salido? -Fue lo primero que salió de la boca de Kuria.
Kaizoku dio un salto. No se había percatado de su presencia.
- ¡N-No lo se! Bueno si, lo he invocado yo, pero… ¡N-No es lo que quería invocar!
El animal miró a la derecha, luego a la izquierda y acabó levantando sus ojos oscuros hasta el capitán. Una sonrisita se dibujó en su pequeña boca.
- Kiuu…
Se acercó a rozarse con la pierna del hombre. Kaizoku y Kuria gritaron. El primero, porque el animal estaba caliente. Muy caliente. Vamos, que le había achicharrado la única pierna que tenía. El segundo, por el grito del capitán.
El animal se sorprendió, y de pronto su cuerpo dejó de quemar. El pirata suspiró de alivio. Se agachó, y cogió al animalillo en brazos.
- ¿Qué eres…? -Preguntó.
El ser azul sonrió de nuevo, haciendo otro ruidito gracioso.
- Soy Emerald Carbuncle. -La voz de Limo vino de espaldas de los dos chicos. -Eso ha dicho, kupó.
- Limo… ¿Puedes entenderlo?
- ¡KIU!
El Moguri asintió al animal.
- Dice que es una chica, kupó.
- O-Oh… Lo siento mucho. ¿Puedes entenderla?
- Eso parece. ¿Vosotros no?
Kaizoku y Kuria se miraron.
La Emerald Carbuncle empezó a mover las patitas, señalando al castaño. Kaizoku extendió los brazos para que este la agarrase, y se quedó con el plato que traía.
Para disgusto del chico, empezó a frotar la cara con su mejilla.
- ¡AAAH! ¡DICE QUE KURIA LE GUSTA, KUPÓ! ¡ALÉJATE! ¡ALÉJATE, KUPÓ!
- O-OUCH. LIMO, PARA.
Los dos animales empezaron a pelearse en los brazos del pobre Kuria, mientras que Kaizoku daba un bocado al plato de patatas de sus manos.
- Que popular. -Murmuró con la boca llena.
- Sí, ojalá serlo con los humanos. -Soltó, apartando a la pobre Carbuncle de las uñas de su Moguri.
Kaizoku en una de las veces que Kuria la levantó, consiguió agarrarla.
- Eme. No molestes a Kuria y Limo, ¿vale?
- Kiu…
Agachó las orejas con tristeza.
- ¡Ha llamado al pirata papá! ¡Hahaha! ¡Papá, kupó!
- ¡KIU!
Intentó dar un mordisco al Moguri, pero este lo esquivó.
- ¿Se puede saber por qué la has invocado? -Kuria agarró a Limo, para que dejase de incordiar a la Carbuncle.
- Estaba probando un hechizo simplemente.
El chico lo miró con mala cara. La magia era otra de esas cosas que no le gustaban. Magia, animales, piratas… Todas eso eran cosas que Kuria odiaba. ¿Y mezclado? Resultaba en este insoportable tipo.
- Bien. Solo vine a dejarte la comida.
- Oh, gracias. -Se giró todo digno, ignorando al capitán y su nueva mascota. -Oh y… ¿Kuria?
Se paró en seco.
- ¿Mmm?
- ...Siento lo de ayer. Estuvo mal.
Hizo una pausa, debatiendo si responder o no.
- … ¿Puedo entrar a la sala del capitán?
Se atrevió a preguntarlo. El pirata no respondió de inmediato lo cual le asustó un poco. Cuando volvió la vista vio que el tipo solo estaba pensando con la mano en la nuca. Tenía la llave en la otra mano, con la que agarraba a la pequeña azulada.
- … Tienes que jurar. Y lo digo en serio. Tienes que jurar que dejarás todo tal y como estaba cuando lo encontraste.
Kuria se giró con una sonrisa triunfante. El pirata le dio una llave con una calavera dibujada.
- Entonces quedas perdonado, capitán.
Fue la primera vez que vio a Kaizoku sonreír, levantando una ceja.
- No es broma. De verdad confío en que cuando uses algo lo pongas dónde estaba.
- Que sí, pesado.
- Y voy a vigilarte. Si veo algo fuera de lugar, te tiro por la borda.
Limo vio la cara divertida del pirata, luego la satisfacción en la de Kuria. Frunció el ceño. Quería llegar a Limsa Lominsa. Cuanto antes.
