Capítulo Nº 5:
Se acercó a aquella construcción, en donde vio a una mujer que trataba de calmar al perro...
- Tranquilo, Annatar.
Al escuchar ese nombre, Legolas entrecerró sus ojos, pero no dijo nada al respecto...
- Buen día – la saludó.
Ella no podía creer lo que estaba viendo. Era imposible que un Elfo hubiera llegado hasta ahí. En un principio creyó que estaría perdido, por eso le contestó...
- Buen día, mi Señor. ¿Puedo ayudarlo en algo?
- Estoy buscando a alguien... a la dama Serenha – ella abrió aún más sus ojos y un calor subió a su rostro –. ¿Puedo suponer que estoy hablando con ella?
La mujer no podía hablar, por lo que sólo asintió.
El Príncipe bajó del caballo y llevando su mano a su corazón, hizo una pequeña reverencia. Luego de lo cual comenzó a decir...
- Mi Señora, permítame presentarme, mi nombre es Legolas Thranduilion, del Reino de Eryn Lasgalen...
- ¡Uno de los nueve! – susurró sorprendida, con lo que el rubio arquero sonrió.
- Así es, mi Señora. Traigo un mensaje de Gandalf. No sé si vos lo conocéis.
- El istar... No, no le conozco.
- Pero él a vos, al parecer, sí. Me ha enviado para pedir vuestra ayuda.
- ¿Ayuda? ¿En qué? – preguntó agachándose donde el perro se había echado.
- Los Orcos están siendo organizados para atacar las aldeas ubicadas en Las Tierras Pardas. Si no son detenidos, es posible que empiecen a atacar más al norte o vengan al sur.
- No entiendo. ¿Qué tengo que ver yo con eso?
- Es necesario que me acompañéis. Según Gandalf se os necesitará para poder terminar con esta nueva amenaza.
- Pero, no puedo... Tengo a mi madre, a mi hija. Ellas no podrían hacerse cargo de todo esto… Mi madre es una persona de mucha edad y mi hija aún es una niña.
- Si no encontráis una solución para poder acompañarme, y los Orcos deciden comenzar a atacar este sector, no tendréis nada de qué haceros cargo, y vuestra familia sufrirá por ello.
- Lo siento, mi Señor. No creo poder ayudaros… Deberéis buscar a alguien más, que no tenga los compromisos que yo, y ojalá que logréis detenerlos.
- Entonces, he hecho este viaje en vano – hizo una pequeña venia y montó. Iba a azuzar al caballo, cuando volvió a mirarla y le dijo –. En caso de que cambiéis de opinión, voy a permanecer por diez días en el puente del Camino a Harad, el que cruza este río.
Luego dio la vuelta y se alejó a trote tendido.
Serenha lo quedó mirando, no podía creer lo que acababa de suceder. Había conocido a uno de los Nueve Caminantes, justamente al Príncipe Elfo Legolas... un sueño hecho realidad.
Por mientras, el hombre que aún cortaba la leña en las afuera de su casa, vio pasar al jinete a toda velocidad; como si hubiera estado siendo perseguido por los mismos Nazgûl.
Y aquel caballo no se detuvo hasta haber pasado la aldea.
- "Debo encontrar la manera de convencerla... Sus ojos decían que no cambiará de opinión... Pero Gandalf me dijo que era alguien que lo hacía muy fácilmente... ¿Será posible hacer que me acompañe?... Se nota que él tiene razón, ella es descendiente de Númenor, ¿cómo es que nadie aquí se ha dado cuenta de ello?... Los humanos cada vez pierden más sensibilidad... Ella se ve especial, tiene una fuerza interior... Debe ser eso lo que Gandalf requiere de ella... Tiene una belleza difícil de definir... ¿De dónde habrá sacado ponerle al perro "Annatar"? El nombre que Sauron usó en Númenor... Me gustaría poder hablar más con ella... Eso haré, la esperaré los diez días que le dije en el puente, si no llega, voy a regresar... Tengo que poder convencerla."
A partir de aquella noche, Serenha no pudo dormir. En un principio, se acostaba en su cama, pero luego de un par de horas, volvía a levantarse y salía de la cabaña a mirar las estrellas, sentada a la orilla del río.
Ella quería acompañar al Príncipe, pero no podía dejar a su madre y su hija desprotegidas. Las labores del campo eran muy duras. Aunque cuando había pasado una semana, se le había comenzado a ocurrir una idea. Zafir, su vecino, hacía mucho tiempo que estaba interesado en aquellas tierras, que ella no había querido vender, pues eran el patrimonio de su hija, y aunque todavía no quería, sí podía arrendárselas. Le cobraría una pequeña parte de la cosecha, la que debería ser entregada a su madre y a su hija, además podría pedirle que les ayudara en lo que les hiciera falta, como proveerlas de leña y otros trabajos muy pesados para ellas. ¿Cuánto podría demorarse?... No creía que fuera más de un año, dos a lo máximo, porque ese era el tiempo del que hablaban las historias de la Comunidad.
Al día siguiente le comunicaría su decisión a su familia... Ni a la mujer, ni a la niña les gustó todo aquello. Nadie conocía a aquella raza extraña, y que según habían escuchado, tenían costumbres muy raras. Serenha no tenía nada que hacer con ellos, y aunque trataron de persuadirla, no hubo forma. Así aquella tarde, tomó camino a conversar con Zafir, quién no se hizo ningún problema. Finalmente, tendría la posibilidad de sacar una buena ganancia de aquellas tierras.
De esa forma, cuando habían pasado nueve días desde que había conversado con Legolas, Serenha partió de su casa, con un pequeño bulto, donde llevaba más que nada comida, pues supuso que el viaje sería largo. Aquel camino lo recorrió apurada, porque sólo tendría un día para llegar hasta el puente y no tenía caballo.
La noticia del viaje de Serenha, corrió como pólvora por toda la aldea. Y varios salieron a verla partir, considerándola loca al irse de esta forma.
Por mientras, el Príncipe seguía esperándola. Aunque sus pensamientos habían cambiado radicalmente...
- "Serenha, que raro el nombre... ¿Tendrá algún significado?... Descendiente de Númenor... Se podría decir que tiene una belleza extraña, quizás tanto como su nombre... Oh, Iluvatar, por favor, que venga. Si como me dijo Gandalf, ella cambia de opinión, que lo haga en esta ocasión – por un momento se quedó sólo mirando a su caballo que pastaba un poco más allá, hasta que siguió con sus cavilaciones –. ¿Por qué siento que aún no quiero regresar a mi casa? Sólo puedo pensar en esa mirada... ¿Qué tienen esos ojos?... Son pequeños, pero inteligentes... ¿Cómo se vería verdaderamente arreglada? Debe ser una estrella bajada a la Tierra... Ella brilla con una luz propia, distinta a la de los demás humanos... – volvió a mirar su caballo – Pero, tengo que cumplir una promesa... La que le hice a Belarathien... ¿Será un compromiso el que hice con ella?... Me parece que Tör-nana tiene razón. Sólo la quiero, pero no la amo... La quiero como a todos allá, por eso es que no puedo distinguirla. Cuando pienso en ella, recuerdo a todos... En cuanto vuelva, voy a tener que hablarle y decirle lo que siento..."
Continuará...
