Disclaimer: Los personajes originales le pertenecen a Arthur Conan Doyle, esta versión le pertenece a Steven Moffatt y Mark Gatiss.
NdT: Gracias nuevamente Runa :'3
Capítulo 7: Tener un novio
Greg despertó en la cama de Mycroft, no muy seguro de cómo llegó allí. Se dio la vuelta y se encontró con una nota en la almohada de Mycroft; se frotó los ojos mientras la cogía.
Gregory,
Lo siento mucho, no estaré allí cuando despiertes. Un asunto urgente en Uzbekistan ha atraído mi atención y me temo que estaré atrapado en mi oficina todo el día, y posiblemente más que eso.
Lloraste bastante anoche y terminaste agotado, por lo que te puse a descansar en mi cama, espero que no te importe. Por favor, llámame si necesitas algo, Gregory; y no te desanimes si no respondo, puede que esté en una reunión. Me aseguraré de contactar contigo.
Siéntete libre de quedarte en mi lugar todo el tiempo que quieras, me encanta tenerte allí. Me he asegurado de que haya comida en la cocina, así que sírvete lo que desees.
Realmente te quiero, Gregory Lestrade.
Mycroft
x
Greg sonrió y bostezó, leyendo nuevamente la nota de Mycroft. Se preguntaba si ese "asunto en Uzbekistan" era algo de que preocuparse, pero llegó a la conclusión de que Mycroft lo llamaría si realmente hubiera peligro. Deseó que Mycroft se cuidara mientras se dirigía hacia la ducha dando tropezones.
Usó el shampoo de Mycroft, sonriendo mientras se imaginaba a Sherlock oliéndolo. El secreto ya estaba revelado, así que ¿por qué no divertirse un poco con ello?
Greg se puso uno de los trajes que había traído de donde Millie, pero cogió una de las camisas azul pálido de Mycroft. Había una posibilidad de que no lo vería el día de hoy y al menos quería sentirlo cerca.
Greg encontró todo tipo de comida imaginable en la inmensa nevera y armario de la cocina. Se decidió por un par de tostadas y huevos revueltos, y se tomó un buen jodido tiempo en encontrar la mantequilla y una sartén adecuada.
Se las arregló para no quemar sus dedos cuando servía los huevos en su plato al lado de las cuatro rebanadas de tostada. Roció salsa de tomate encima de todo y se sentó en frente de la televisión para ver las noticias de la mañana.
Pasó una buena hora soñando despierto sobre cómo sería desayunar junto a Mycroft, quizás hasta desnudos, pero sabía que eso no ocurriría muy seguido. Ambos hombres tenían trabajos demandantes y el hecho de que hubieran pasado todas las noches de la semana pasaba juntos, había sido increíble. Greg sabía que no sucedería con mucha frecuencia en el futuro, por lo que se alegraba de que al menos hubiera sucedido.
Greg dejó los platos sucios en el lavadero, decidiendo que los lavaría cuando regresara a casa. Esperando llegar primero que Mycroft así no se daba cuenta lo holgazán que era. Greg cogió su abrigo y se dirigió hacia el trabajo.
Fue sólo cuando se sentó en el metro cuando se dio cuenta que consideraba el apartamento de Mycroft como su "casa".
-oOo-
—Bonita camisa —comentó Sally Donovan, mientras Greg hojeaba los archivos que estaban en su escritorio. Iban a tener un problema; ya casi no tenía espacio donde poner su café.
—Uhm —murmuró Greg, sus ojos fijados en un informe. Había alrededor de una docena de lugares que necesitaban ser firmados y sabía que tendría que leer todo el asunto antes de hacerlo. Los otros treinta archivos debajo de ese eran lo mismo y la mano de Greg estaría dolorida antes del mediodía.
—No parece algo que sueles usar —continuó Sally—. Se ve costosa y te queda un poco apretada. Y también las mangas son muy largas.
Greg lentamente le dirigió la mirada a Sally. Aunque Greg no era gordo, definitivamente era más ancho que Mycroft, tanto en hombros como cintura. Así que la camisa de Mycroft, aunque le quedara, era un poco apretada en su torso. Mycroft también era unos centímetros más alto, por lo cual las mangas le quedaban por encima de sus nudillos, dejando notoriamente claro que no estaba usando una camisa propia.
—¿Qué quieres decir, Sargento Donovan?
—Que estás usando la camisa de otro hombre —dijo intencionadamente.
Greg sonrió. Sally Donovan, siempre directa al grano. Eso la hacia un poco molesta pero siempre era bastante divertida.
Se dejó caer en la silla de su oficina y miró su anillo de bodas, dándose cuenta de que aún lo llevaba puesto. Llevó los dedos de su mano derecha hacia él y giró el dorado metal suavemente antes de deslizarlo hacia fuera.
—No, no es mi camisa —dijo, colocando su anillo de bodas en el escritorio. Ya no lo necesitaba.
Sally observó el gesto con cuidado antes de aclararse la garganta.
—¿Estás bien?
—Sí, estoy bien —respondió, sonriendo.
—Bien. Entonces, ¿tú y…?
—¿Mycroft Holmes? —dijo Greg antes de asentir—. Sí.
—Ya veo —dijo Sally—. Si quieres hablar estoy aquí.
Greg sonrió nuevamente.
—Estoy bien, pero gracias —Sally dejó caer otros diez archivos en la ya inmensa pila y Greg gimoteó—. Me odias.
—No, no lo hago —Sally soltó una risita y se dirigió hacia la puerta—. Diviértete.
Greg bufó y le dio un sorbo a su café antes de recoger un lapicero para empezar a firmar los reportes.
-oOo-
—Toc, toc.
Greg alzó la mirada y vio a John Watson de pie en la puerta de su oficina. Sonrió y dijo:
—Adelante.
Dejó caer su lapicero y bostezó, frotándose su muñeca. Eran ya casi las dos de la tarde y no había tenido ni un descanso. Sally le había traído cinco recargas de café y Greg sabía que su adicción a dicha bebida estaba empezando a salirse de control. Lo que realmente necesitaba era un cigarrillo.
—Sherlock ha estado quejándose de estar aburrido todo el día, así que se me ocurrió venir aquí y ahorrarte la molestia de verlo.
Greg rió.
—Gracias, Dr. Watson.
—John, por favor —John sonrió y se sentó en frente del escritorio de Greg—. ¿Cómo estás?
—Bien, bien —dijo Greg—. Divorciándome.
Las cejas de John bajaron en preocupación.
—¿Estás bien?
—Sí, estoy bien —dijo Greg—. Un poco cansado, un poco perdido, pero Mycroft ha sido una gran ayuda.
John asintió antes de decir:
—No puedo creer que tú y Mycroft Holmes… él es tan…
—¿Molesto? —dijo Greg, y John sonrió—. ¿Frío? ¿Un genio? ¿Un sociópata, dramático, jodidamente molesto?
—Sí, eso lo resume todo —John soltó una risita.
—Él no es todas esas cosas —dijo Greg—. Es dulce, gracioso, amable y… —se frotó los labios, recordando la sensación de Mycroft sobre ellos, derritiéndose en su boca—… y bueno, ¿sabes? —terminó débilmente, aclarándose la garganta.
—Uhm, supongo que no lo conozco tan bien —sonrió John—. Todo lo que sé es que es un tipo que me secuestraba ocasionalmente y aparecía para molestar a Sherlock.
—Me pregunto qué es lo que hay entre ellos —dijo Greg—. ¿Por qué parecen odiarse tanto el uno al otro?
—No creo que se odien, no realmente —dijo John, rascándose el brazo—. Se aman el uno al otro profundamente, solamente que son demasiado raros para demostrarlo. Supongo que es así como los genios se demuestran amor mutuo.
Greg rió.
—Supongo que tendremos que lidiar con ello, ¿no?
—Uhm, realmente somos idiotas para salir con los Holmes.
—Sí —musitó Greg—. Y bueno, tú y Sherlock, ¿cómo sucedió eso?
John sonrió y se recostó sobre su asiento.
—Alcohol, mucho, mucho alcohol. De repente Sherlock estaba anunciando que estaba enamorado de mí, diciéndome que era inteligente, valiente, leal y completamente sexy cuando uso jeans —rió entre dientes al recordar—. ¿Qué podía hacer yo?
—Follártelo, obviamente —rió Greg.
—Mmm, folla bastante bien.
—Debe ser una cosa de los Holmes —dijo Greg.
John rió.
—Sí, mi primera vez con un tío después de tiempo.
—¿Tú… has estado con un tío antes? —preguntó Greg.
—Sí, en la universidad y en el ejército. Uno se aburre, ¿sabes?
Greg bufó.
—Primera vez que escucho a alguien decir que folló con un chico sólo porque estaba aburrido. Aunque probablemente no sea la última vez.
—Sí, bueno —rió John—. Sherlock lo había hecho antes también, hace mucho, así que fue un poco incómodo, pero estuvo realmente bien. Y está mucho mejor ahora.
Greg sonrió.
—Mi primera vez fue con Mycroft, y la de él también.
—¿Doloroso?
—Un poco —admitió Greg—. Pero mucho mejor ahora.
John rió.
—Puedo apostar que sí.
—Todos los días esta semana —dijo Greg orgullosamente. Era un logro bastante grande, considerando que ambos estaban a mediados de sus cuarenta.
John simplemente negó con la cabeza y cambió el tema de conversación.
—Bueno, Sherlock está aburrido y se me ocurrió venir y preguntar si es que hay algún caso nuevo, o incluso alguno viejo y congelado al que Sherlock pueda echarle un vistazo. Me está volviendo loco y estoy considerando seriamente asesinarle. Prométeme que no me delatarás.
—Oh, no lo haré —rió Greg, abriendo el último cajón de su escritorio—. Mycroft me golpearía si lo hiciera.
—Probablemente —John rió, mientras que Greg levantaba cinco archivos por encima de la masiva pila encima de su escritorio.
—Tengo unos cuantos aquí —dijo, entregándoselos a John. Eran casos congelados para usar en los días oscuros de Sherlock, cuando Londres parecía estar demente y no había crimen alguno para que el detective consultor resuelva—. Espero que eso evite que asesine a alguien sólo por no tener nada que hacer.
—Excelente —dijo John, colocándolos debajo de su brazo—. Gracias, Lestrade.
—Por favor, llámame Greg. Te acompañaré afuera —dijo, dando golpecitos a sus bolsillos para asegurarse de que tenía su billetera y celular. Realmente necesitaba una cajetilla de cigarrillos.
Acompañó a John fuera del edificio y calle abajo, ambos conversando sobre como era la vida con los Holmes. Acordaron reunirse por un trago el fin de semana antes de que John subiera al taxi y Greg se dirigiera a una tabaquería.
Sacó el plástico de la cajetilla y lo guardó en su bolsillo antes de abrirla y sacar un cigarrillo. Metió el filtro dentro de su boca y encendió la punta con el encendedor que acababa de comprar.
Greg dio una larga calada a su cigarrillo mientras metía la cajetilla y encendedor dentro del bolsillo de su abrigo, suspirando con alivio. Con toda la mierda por la que estaba pasando el hombre se merecía un cigarrillo.
Su celular vibró y Greg lo sacó de su bolsillo, dándole otra calada al cigarrillo.
¿Aún fumando, Gregory?
MH
Greg sonrió y escribió una respuesta rápidamente, el humo haciendo que sus ojos se pusieran vidriosos por mantener el cigarrillo en sus labios.
Justo fumando uno.
¿Cómo sabías?
Greg
Yo lo sé todo.
MH
Greg bufó. Realmente no dudaba eso. Sabía también que Mycroft lo tenía bajo vigilancia y que probablemente lo estuviera desde la primera reunión que tuvieron. Dio una calada más a su cigarrillo y escribió una respuesta.
No todo.
No sabes que te haré...
cuando te vea.
Greg
Greg fumó en silencio, esperando la respuesta de Mycroft, apoyándose contra la pared de Scotland Yard junto a otros fumadores. Atrajo unas cuantas miradas, mayormente por el incidente de hace una semana con Mycroft en su oficina. Sonrió educadamente cuando su móvil volvió a vibrar.
Me encantaría que pruebes
que, de hecho, NO lo sé todo.
Me encantaría que eso sucediera
esta noche, pero al parecer está
fuera de consideración.
Lo siento mucho, Gregory.
MH
Suspirando, Greg escribió su respuesta velozmente. Tenía muchísimas ganas de ver a Mycroft, pero sabía que su trabajo siempre era prioridad, al igual que el de Gregory. Sus trabajos siempre serían prioridad y aunque eso realmente apestara, Greg estaba aliviado de haber encontrado a alguien que comprendiera aquello.
Millie, y todas las parejas anteriores de Greg nunca habían comprendido que su trabajo siempre sería prioridad; que era importante y necesitaba noches sin descanso y café de mal gusto, al igual que comida para llevar en el mismo estado. Mycroft comprendía todo eso, porque sufría lo mismo.
Sí, no te preocupes, el trabajo
es importante, ¿verdad?
Sólo dame una llamada si no
vas a regresar a lo tuyo.
Me gustaría escucharte
aunque sea un poquito.
Greg
Greg terminó su cigarrillo y encendió otro inmediatamente, la repentina realización de que no vería a Mycroft ese día apagó toda felicidad que había estado sintiendo. Su teléfono vibró y se quedó mirándolo. Maldita política estúpida.
Lo siento, Gregory, pero me
alivia ver que tu vocabulario
no es tan espantoso como
creía que era. Te quiero
y te llamaré cuando pueda.
Te extraño.
MH
Al menos eso trajo una sonrisa de vuelta al rostro de Greg, y respondió el mensaje.
También te quiero y te extraño.
Vocabulario, ¿te excita eso?
;-)
Greg
Pudo casi escuchar la risa que sin duda alguna Mycroft acababa de soltar, pudo casi visualizar la manera en la que sus labios se presionaban juntos y como sus ojos brillaban.
Mmm, un fetiche del cual no
estaba consciente. Debemos
explorarlo a profundidad.
Debo irme ya, te quiero.
MH
x
Greg sonrió.
También te quiero, chico pervertido.
Greg
xx
Metió su móvil de vuelta a su bolsillo y se inclinó contra la pared, fumando y pensando todas las cosas pervertidas que le gustaría hacerle a Mycroft Holmes.
-oOo-
Mucho después de la hora en la que se suponía que su turno terminaba, Greg se encontró en un lugar para comprar comida para llevar a la vuelta de la esquina del apartamento de Mycroft. Ordenó un poco de curry de pollo, langostinos Satay, sopa Long, chuletas de langostinos y una buena ración de arroz frito. Tenía toda la intención de comer como cerdo mientras miraba Doctor Who. Si Mycroft no iba aparecer al menos quería ponerse cómodo.
—¿Noche larga con la novia? —preguntó sonriendo la joven bonita detrás de mostrador.
Greg titubeó al entregar su dinero. No estaba acostumbrado a tener que corregir a las personas, a tener que informar que tenía un novio, no una novia. También se dio cuenta de que tendría que contarle a sus padres y a su hermana, ¿cómo demonios lo haría?
Y luego llegó la realización de que ya no llevaba puesto su anillo de bodas, por lo que las personas asumían que no estaba casado. Bueno, pronto ya no lo estaría, estaba esperando los papeles de divorcio de Millie. Dios, tendría que contarle a sus padres eso también.
—No, mi novio trabaja hasta tarde hoy —dijo, observando como las cejas de la joven se alzaban en sorpresa—. Me temo que es una noche solo frente a la tele.
—Ah, sé que se siente —dijo la joven, dándole a Greg su cambio. Y entonces, le regalo una sonrisa genuina y Greg se sintió aliviado de que la gran mayoría de personas en el mundo no odiaran a los homosexuales. Había encontrado mucho de esto en su vida antes de darse cuenta de que le gustaban los hombres. Bueno, no los hombres, sólo Mycroft.
—Gracias —dijo, sentándose en una de las sillas de madera a esperar por su comida.
-oOo-
Puso la segunda temporada de Doctor Who, su favorita, y decidió mirar lascivamente a David Tennant. Siempre le había gustado el hombre y ahora que estaba con Mycroft, bueno, le era permitido echarle un vistazo a otros hombres, ¿no es así? No había nada malo con eso. No era como si fuera a conocer a David Tennant, además era heterosexual y, sobretodo, Greg quería mucho a Mycroft.
Se dio cuenta, de repente, que sabía la sexualidad de David Tennant, probablemente debió tomar aquello como indicador de sus propios gustos. Uhm, después de todo, al parecer no fue Mycroft quien volvió homosexual a Greg…
Se sirvió un poco más de arroz en la caja que contenía sus langostinos Satay y se metió una pila a la boca con los palitos de madera. Le dio un sorbo a su cerveza y mordió una chuleta de langostinos antes de pasarlo todo, disfrutando la combinación que acababa de hacer.
Su móvil empezó a sonar y Greg deseó que no se tratara de un homicidio. Se emocionó al ver que el identificador de llamadas decía: Mycroft Holmes
Tratando de pasar toda la comida que tenía en la boca, Greg respondió.
—¿Hola?
—¿Estás viendo Doctor Who y comiendo comida china? —preguntó Mycroft—. ¿Estás mirando lascivamente a David Tennant?
Greg se atoró con su arroz y tuvo que beber la mitad de su cerveza antes de poder responder.
—¿Cómo demonios sabes eso?
Mycroft rió al escucharlo.
—Trabajaste hasta tarde, lo puedo saber. Sé que te gusta la comida china y hay un lugar a la vuelta de la esquina del apartamento. Puedo escuchar el tema de Doctor Who de fondo y asumí que estabas viendo la segunda temporada porque es tu favorita. David Tennant se ve muy guapo en esos trajes apretados y ahora que estás con un hombre asumí que te tomaste la libertad de echarle un ojo.
Greg rió y se echó hacia atrás para darle un sorbo a su cerveza.
—Eres bueno.
—Así que, ¿estoy en lo cierto?
—Claramente.
Pudo imaginarse a Mycroft sonreír ante eso.
—Me alegro, Gregory. Y no me importa que mires a David Tennant. Sólo me haré una nota mental de no presentártelo; aunque él es heterosexual, así que supongo que podría hacerlo.
—¿Conoces a David Tennant? —exigió Greg.
—Conozco a todo el mundo.
Greg frunció el ceño.
—¿Christopher Eccleston?
—Sí.
—¿Richard Hammond?
—Sí.
—¿Matt Bellamy?
—¿El vocalista de Muse? Sí, me he reunido con él en varias ocasiones. Si deseas ir a alguno de sus conciertos puedo conseguir buenas entradas; gratis, por supuesto.
La boca de Greg se abrió enormemente. ¿Buenas entradas para Muse? Estaba saliendo con un Dios.
—Ehm, uhm, ¿qué hay de J.K. Rowling?
—Una mujer encantadora —respondió Mycroft y Greg rió—. Puede firmarte tus libros, si deseas. Los míos ya están firmados.
—¿Has leído Harry Potter?
—Por supuesto, todo el mundo lo ha hecho —resopló Mycroft—. Y no podía ir a conocer a la mujer sin haberme leído sus libros, ¿no crees? Me tomó un día, pero estuve totalmente satisfecho con el final.
—¿Leíste todos los libros de Harry Potter en un día? —Greg se quedó boquiabierto.
—Sí, me tomó más tiempo del que pensé por el trabajo.
—Sí —dijo Greg, con la boca abierta—. Por supuesto.
—Aunque nunca he visto las películas —continuó Mycroft.
—Nos tenemos que reunir con ella —dijo Greg, bebiéndose lo que quedaba de su cerveza—. Y también tendremos una maratón de películas de Harry Potter —se dirigió a la cocina por otra cerveza—. Y también saldremos con Matt Bellamy y David Tennant y cualquier otra persona famosa a la que hayas conocido.
—La lista es bastante larga, Gregory.
—Bueno, tendré que revisar tu teléfono y hacer una lista de con quienes tenemos que reunirnos, ¿no crees? —dijo Greg, escuchando como Mycroft reía cuando abría la nevera—. Necesito más cerveza.
—Me aseguraré de que Annabeth consiga más.
—¿Annabeth?
—Mi asistente.
—Oh —dijo Greg, abriendo una botella y bebiendo del fresco líquido—. ¿Su nombre es Annabeth? Pensé que era… —trató de pensarlo pero no pudo recordar el nombre de la mujer.
—Su nombre real empieza con una A y le gusta cambiarlo cada uno o dos días. Diviértete tratando de adivinar cuál es.
—Oh, lo haré —Greg sonrió e hizo una nota mental de conseguir un libro para nombrar bebés y buscar los de la letra A. Se sentó en el sofá y presionó un botón para ver las funciones especiales del DVD.
—¿Gregory?
—Sí, aquí estoy —dijo Greg, dándose cuenta de que se había quedado en silencio.
—Te quiero, tengo que irme.
—También te quiero —Greg sonrió—. Regresa pronto y ten cuidado.
—Lo haré —dijo Mycroft antes de colgar.
Greg se acomodó en el sofá para ver Doctor Who y terminar su cena, un poco molesto de que Mycroft no estuviera allí con él. Oh, bueno, se tendría que conformar con David Tennant.
Unas horas más tardes, después de apagar el DVD, la TV y guardar las cajas de comida en la nevera (apenas quedaba algo, pero Greg nunca botaba comida), se dirigió hacia el estudio de Mycroft para ver su colección de libros. Efectivamente en uno de los estantes del medio estaba la saga completa de Harry Potter.
Cogió el tercero, su favorito, y lo abrió. En la primera página estaban escritas las palabras: Para mi oficial del gobierno favorito, gracias por toda tu ayuda. Queridamente tuya, Joanne Rowling.
Greg rió y fue al baño a lavarse los dientes y usar hilo dental para deshacerse de todos los restos de arroz. Se metió en la cama de Mycroft y puso el cubrecama sobre él. Olía como Mycroft e hizo que Greg sonriera.
Se acostó de lado y hojeó el libro, recordando todo lo que sucedería mientras lo leía. Se hizo una nota mental de preguntarle a Mycroft si conocía a David Thewlis y a Alan Rickman antes de repentinamente quedarse dormido con el libro aún recostado en su mano izquierda.
-oOo-
Una alarma que Greg no recordaba haber puesto sonó y se dio la vuelta para presionar el botón de apagado. Se recostó sobre su espalda y parpadeó, bostezando y frotándose con sueño los ojos. Le tomó unos minutos darse cuenta de que estaba echado sobre algo, y se sentó, dirigiendo su mirada hacia el colchón.
Su maltratada copia de Harry Potter y el prisionero de Azkaban estaba encima de las sábanas de seda y Greg frunció el ceño, recogiéndola. No recordaba haberla traído del apartamento de Millie y vagamente recordaba haber estado hojeando la copia de Mycroft antes de dormirse. Pero el libro de Mycroft había desaparecido y Greg frunció el ceño, sentándose más derecho para revisar su libro.
En la primera página encontró una tinta azul ligeramente fresca, que decía: Para Gregory Lestrade, por hacer feliz a uno de los hombres más importantes de Gran Bretaña. Espero conocerte pronto. Con cariño, Joanne Rowling.
Pegada en la tapa posterior había una nota de Mycroft:
Gregory,
Espero que no te importe, pero sé que el tercer libro es tu favorito. Tenemos programado verla la próxima semana cuando ella esté libre.
Te quiero y espero verte esta noche.
Mycroft
P.D: Conozco a todo el elenco de Harry Potter. Puede que no haya visto las películas pero conozco a todos.
x
Los ojos de Greg se llenaron de lágrimas y se los frotó con la mano al pensar en todas las llamadas que Mycroft debió haber hecho sólo para hacer eso posible. Dios, realmente quería a ese hombre; a ese increíble, increíble hombre.
Sonrió y se levantó de la cama para alistarse para el trabajo, escribiéndole a Mycroft mientas lo hacía.
Eres, sin duda alguna,
el más generoso y magnífico
hombre que he conocido.
Y te voy hacer gritar.
Con amor,
Greg
xxx
La respuesta llegó mientras estaba en la ducha y no la leyó hasta que abrió la nevera. En el estante inferior había una caja de cartón de su cerveza favorita y sonrió.
No fue muy sabio escribir
esas palabras cuando estoy
en una reunión.
Las aprecio, y espero que
te hayan gustado tus regalos.
Te veré esta noche
MH
x
Greg sonrió y bebió su café mientras comía una tostada cubierta de mermelada. Presionó "mensaje nuevo" y le envió uno a A, cuyo número había sido grabado en su móvil (probablemente por Mycroft).
¿Qué tipo de flores
le gustan a Mycroft?
Gregory Lestrade.
La respuesta llegó unos minutos más tarde.
Los girasoles.
¿Debería enviarle una
docena de parte tuya?
A
Sonrió, cogiendo sus llaves y escribiendo un mensaje mientras cerraba la puerta detrás de él.
Tres docenas.
Greg.
-oOo-
—¿Harry Potter? —preguntó Sally Donovan, uniéndose a Greg en su descanso para fumar. Greg sonrió y volvió a la primera página para mostrarle la firma de la autora.
—Maldición, sí que tiene poder —comentó Sally, asumiendo que fue Mycroft quien logró que lo firmara. Echó el humo sobre su cabeza y miró a Lestrade.
—Como si no lo supiera —rió Greg.
—Entonces, ¿eres feliz con él?
—Sip.
—¿Y todo eso de que es un hombre?
—Supongo que salí del closet abruptamente. Mycroft aparentemente tiene la habilidad de convertir a los hombres.
Sally rió.
—Me alegro, Lestrade.
—Yo también. Gracias.
Fueron interrumpidos por, como Sally lo llamaba, el "raro" y su cachorro. Estampó su cigarrillo en el piso y se alejó.
—¿Puedo tener uno, Lestrade? —preguntó Sherlock, cogiendo la cajetilla antes de que Greg respondiera.
—Sí, claro —rió Greg, regresando nuevamente al párrafo que estaba leyendo.
—¿Harry Potter? ¿De veras? —Sherlock chasqueó la lengua y prendió su cigarrillo. John los observó, divertido—. Pensaba que un hombre ya grande como tú no se molestaría en leer libros sobre mundos ficticios acerca de la magia.
—Se necesitaron quince años de planificación, trabajo duro, trasnoches y una jodidamente buena imaginación para escribir estos libros —dijo Greg—. Son obras de una genia que son disfrutadas por todas las generaciones, no solamente niños, y serán adoradas también en los próximos años.
—¿Se te ocurrió eso a ti solo o lo leíste en la tapa posterior? —preguntó Sherlock en un tono despreciativo.
Greg sonrió.
—No te molestaría con tal trivialidad, Sherlock —dijo—. Un hombre como tú, claramente nunca podría apreciar, ni comprender la complejidad del mundo de Harry Potter.
Sherlock lo miró fijamente y John soltó una risita. Greg simplemente sonrió.
—Te aseguro que si me molestara en perder tiempo en tales tonterías, lo comprendería con facilidad, probablemente más que tú.
—Bueno, ve por el primer libro y empieza a leer —Greg sonrió—. No te gustaría estar equivocado, ¿verdad?
Sherlock vaciló antes de darse media vuelta rápidamente, dando golpecitos a su teléfono para encontrar la librería más cercana.
—¡Dos calles más allá! —gritó Greg y rió cuando Sherlock desapareció—. ¿Realmente no ha leído Harry Potter?
—Aparentemente no —musitó John—. Yo solamente leí los dos primeros.
—El tercero es el mejor —dijo Greg.
—¿Cómo conseguiste que lo firmara? Debe ser una mujer muy ocupada.
Greg sonrió.
—Mycroft.
Eso logró que John soltara una carcajada.
—Cierto, cierto. A veces desearía que mi novio tuviera todo ese poder.
—Es muy sexy —dijo Greg.
El móvil de John vibró y le echó un vistazo, riéndose cuando leyó el mensaje de texto.
—¿Qué?
—Sherlock quiere saber cuál es el primer libro —explicó John—. Y está negándose a pedir ayuda a la gente que trabaja allí.
—Ve, entonces —dijo Greg—. Y asegúrate de que no vea sólo las películas o mire la trama en internet.
—Lo haré —John sonrió—. Quería un caso, pero al parecer estará ocupado por un rato.
—Un día como máximo si lee todos —dijo Greg—. Mycroft los leyó todos en un día y no me sorprendería que Sherlock también lo hiciera.
John asintió.
—Mejor voy a asegurarme de que no esté quemando la librería —guardó su móvil y se despidió con la mano antes de darse media vuelta.
Greg sonrió y volvió a disfrutar de su cigarrillo y del tercer libro de Harry Potter.
-oOo-
Sabiendo que había acabado casi toda su comida china la noche anterior, al final de su turno Greg se encontró nuevamente en el lugar para comprar comida para llevar.
—¿Otra noche solo? —preguntó la misma joven de anoche.
Greg ordenó la misma comida, inseguro de que le gustaría a Mycroft.
—Espero que no. Dijo que llegaría a casa, pero su trabajo es muy demandante.
—Espero que llegue a casa —dijo la joven, frunciendo el ceño al leer algo en el mostrador.
—¿Qué? —preguntó Greg.
—Un pedido fue hecho antes de que llegaras, para ser recogido por un hombre de cabellos grises con ojos color marrón oscuro con el nombre de Detective Inspector Gregory Lestrade —alzó la mirada hacia Greg.
—Ese soy yo —dijo y sonrió, mostrando su placa.
—Bueno, tu pedido está listo —dijo la joven—. El mismo que anoche, pero tiene rollos primavera, langostinos fritos, curry de pollo y también carne Satay —sonrió y fue por el pedido, entregándole una bolsa grande a Greg cuando regresó—. Pagado por MH, dice. ¿Tu novio?
Greg sonrió mientras tomaba la bolsa.
—El mismísimo. Realmente lo quiero.
—Yo también lo haría —soltó una risita—. La nota dice también que llegará a las once, pero que comas sin él —le entregó la nota y Greg la guardó en su bolsillo.
—Gracias —sonrió—. Ten una buena noche.
—Con suerte una tan buena como la tuya —sonrió, despidiéndose con la mano.
—¿Puedo saber tu nombre? —preguntó—. ¿Para futuros encuentros? Probablemente este por aquí muy seguido.
—Janey —sonrió—. Y estoy casi siempre aquí. Tenemos delivery, ¿sabes?
—Es mejor caminar —sonrió Greg—. Buenas noches.
—Buenas noches, Detective —dijo Janey.
Greg sonrió y salió del establecimiento.
-oOo-
Quiso esperar a Mycroft, pero a las diez y media estaba muriéndose de hambre. Abrió los langostinos fritos y comió un par antes de añadirle arroz. Metió un rollo primavera a su boca mientras veía la primera película de Harry Potter, sonriendo al ver los actores con caras de bebé que ahora ya eran jóvenes adultos.
Le echó un vistazo a la carne Satay, preguntándose a que sabría, y llegó a la conclusión de que a Mycroft no le importaría si le daba un bocado. Mordió un pedazo con duda y sonrió ante el sabor, vertiendo un poco a su caja. Se agregó otro rollo primavera y un puñado más de langostinos fritos.
—Mira lo que te sucede cuando me voy por un día.
Greg tosió y se volvió para ver a Mycroft de pie detrás de el. Se veía cansado y desgastado, pero su sonrisa era brillante. La mesita estaba repleta de cajitas de comida china y botellas de cerveza, también habían un par de libros y DVDs que Greg había cogido. Se dio cuenta que había desordenado el lugar en menos de tres horas.
Greg colocó su comida en la mesita y se giró sobre sus rodillas para agarrar a Mycroft. Atrajo hacia abajo al hombre alto para besarlo y metió su lengua dentro de él, gimiendo ante el calor y sabor. Mycroft gimió y atrajo más cerca la cabeza de Greg, recorriendo sus dedos por su grisáceo y puntiagudo cabello.
—Te extrañé —admitió Mycroft cuando se separaron, relamiendo sus labios— ¿Has estado comiendo mi carne Satay?
—En mi defensa, está deliciosa —Greg sonrió. Besó nuevamente a Mycroft y se inclinó contra su pecho—. También te extrañé.
—Me alegro.
—Siéntate a cenar y ver Harry Potter.
—Estoy algo cansado.
—¿Por favor?
Mycroft sonrió y finalmente asintió. Se sacó los zapatos, su chaqueta y chaleco, sacó su camisa del pantalón, removió su corbata y se sentó al lado de Greg. Greg desabotonó los primeros botones de su camisa, mientras que Mycroft sostenía su carne Satay, haciendo un puchero al verla.
—Ya casi no queda nada.
Greg lo calló, embutiéndole un bocado en la boca, sonriendo cuando Mycroft masticó y tragó.
—Eso fue innecesario, Detective.
—Come —Greg sonrió y se acomodó contra Mycroft, retrocediendo el DVD para que empezara desde el principio.
—¿Por qué son tan pequeños? —preguntó Mycroft veinte minutos después, frunciéndole el ceño a la TV. Claramente había visto fotografías en los periódicos. Los tres jóvenes estrella estaban en todas partes ahora que Harry Potter estaba acercándose a su final.
—Esta fue echa hace unos once años, todos eran niños pequeños. Ahora están en sus veinte años.
—Ah, ya veo.
Greg bufó.
—¿Por qué te ríes de mí?
—Eres divertido —dijo Greg. Fue callado al ser embutido con un langostino frito en la boca—. Eso fue innecesario, Sr. Posición Menor del Gobierno —dijo Greg cuando terminó de tragar el bocado.
Mycroft sonrió y besó a Greg profundamente, su lengua lamiendo la comida en sus labios.
—Eres increíble, ¿lo sabías?
—No tan increíble como tú.
Mycroft sólo negó con la cabeza y le sirvió más comida en la boca.
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Greg había planeado hacer que Mycroft viera toda la película, pero no pudo ignorar más la forma en la que Mycroft lo estaba tocando. Apagó el DVD y la TV, poniéndose de pie para coger las cajas de comida que quedaban y meterlas en la nevera. Sabía que se irían añadiendo más cuanto más se quedara con Mycroft.
Mycroft tiró la basura y permitió que Greg lo arrastrara al baño, donde ambos se lavaron los dientes y se prepararon para ir a la cama.
Greg empujó a Mycroft a la cama y se inclinó para besarlo acaloradamente, habiéndolo extrañado cerca suyo los últimos dos días. Mycroft gimió dentro del beso y observó con ojos perdidos en lujuria como Greg se quitaba la ropa, moviéndose hacia atrás para que Mycroft pudiera hacer lo mismo.
La mano de Mycroft encontró la polla de Greg y la acarició suavemente, disfrutando de los gemidos que hacía sobre sus labios. La temperatura subió rápidamente y no hubo tiempo de coger un condón, sólo lubricante.
Vertiendo el líquido en sus dedos, Greg consiguió esparcirlo por todo su miembro y tiró la botella por encima de su hombro.
—Te has vuelto un animal en mi ausencia —señaló Mycroft.
Greg sonrió y se colocó en la entrada de Mycroft, sin darle advertencia alguna a su novio.
Mycroft jadeó y se estremeció debajo de Greg, estirándose para coger sus brazos.
—Te voy hacer gritar, ¿recuerdas?
Mycroft lo miró, una tímida sonrisa jugando en sus labios.
—Adelante, entonces.
Greg no se tomó la molestia de lubricarlo, simplemente se embistió dentro de Mycroft fuerte y largo. Mycroft jadeó sonoramente debajo de él y se estremeció, sosteniendo los brazos de Greg con firmeza, sus uñas enterrándose con fuerza.
—Joder... Greg... —gimió, cerrando los ojos.
Greg se inclinó hacia abajo para morder los pezones de Mycroft, satisfecho con los sonidos que Mycroft hacia. Los fuertes sonidos.
—¿Mis embestidas satisfacen sus necesidades, Sr. Holmes? —preguntó Greg educadamente.
Mycroft gimió más fuerte, echando su cabeza hacia atrás y se mordió profundamente los labios.
—Joder, ¡sí!
—¿Le gustaría que embistiera con más fuerza, Sr. Holmes? —preguntó Greg, mordisqueando su pecho.
—¡Por favor!
—Lo siento, señor, me temo que no comprendo muy bien su pedido —dijo Greg, sonriendo de lado ante el sonido de molestia que Mycroft hizo—. ¿Fue eso un sí a mi pregunta anterior? ¿Le gustaría que lo folle más fuerte?
—¡Sí, por favor, Greg! ¡Más fuerte!
—Haré todo lo posible por follarle de acuerdo a su pedido, señor —dijo Greg, sonriendo al ver como Mycroft comenzaba a acariciar su propio miembro.
—Joder —gimió el político y Greg empujó con más fuerza, gruñendo cuando empezó a entrar y salir de Mycroft una y otra vez.
Cinco minutos más tarde, después de muchos gruñidos de Greg y gritos de Mycroft, Mycroft se vino con un fuerte grito.
—¡GREG!
Greg embistió una vez más y se vino, con fuerza, el orgasmo sacudiendo todo su cuerpo. Cayó pesadamente encima de Mycroft, ganándose un "humpf" de parte de su novio.
—Lo siento —jadeó, casi sin poder moverse—. Lo siento.
—Bien —murmuró Mycroft—. Está... bien... Greg...
Greg se la arregló para sostenerse sobre sus manos lentamente y miró a Mycroft. El hombre jadeaba pesadamente, su rostro estaba sonrojado, sus ojos cerrados. Estaba mordiéndose el labio inferior y Greg sonrió. El hombre se veía completamente y absolutamente follado, en el mejor sentido.
Greg rodó de encima de Mycroft y se quedó mirando el techo, sintiendo el caliente cuerpo de su pareja presionarse contra el suyo.
—Mejor... sexo... nunca —murmuró Mycroft.
—Mmm, estoy seguro que sí —Greg soltó una risita. Cuando Mycroft no respondió se volvió y sonrió; se había quedado dormido.
Soltando risitas, Greg consiguió levantarse de la cama y cogió una toalla para limpiarse a sí mismo y a Mycroft. Cogió el edredón de la habitación de invitados y se cubrió junto a él, acurrucándose a su lado para dormir.
Llegó a la conclusión, justo antes de caer en la inconsciencia, que era muy agradable tener un novio.
Muy, muy agradable.
